¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?
Historia escrita por:LyricalKris
Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)
Beta:Mentxu Masen (FFAD)
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Todo el mundo, en algún punto de su vida, ha tenido un sueño en el que siente como si estuviera cayendo. Generalmente, se dispara el instinto para levantarse. Hubo toda una película que giraba en torno a este concepto. Sin embargo, el subconsciente de Edward, al igual que el resto de él, parecía estar muy jodido.
Estaba cayendo por el aire, esa sensación enfermiza en la boca del estómago se apretaba y giraba mientras caía. El aire soplaba en sus orejas, sus manos y pies se revolvían instintivamente intentando agarrarse de algo que no estaba allí.
Cayó, no en el suelo, sino en agua; así lo demostraba el tremendo splash que escuchó un segundo antes de que lo envolviera el silencio. La presión que se ejercía sobre su cuerpo era demasiada, además de que peleaba con la presión que producía el bombeo de sangre desde su corazón, en su pecho, hacia todos los rincones de sus oídos. Era una sensación desagradable. Estaba demasiado profundo, fue muy rápido y no sabía cómo había terminado aquí.
Edward se obligó a calmarse. Sus opciones estaban esparcidas en 360 grados. Encontró una dirección que llevaba a aguas más claras y otra a aguas más oscuras, optó por la luz y avanzó en esa dirección. Sus pulmones estaban quemándose por el esfuerzo, desesperados por aire. Seguramente estaba a punto de asfixiarse cuando…
Finalmente salió a la superficie. Edward se quedó sin aliento, con los brazos todavía chapoteando violentamente. Cuando sus manos encontraron algo sólido, se agarró como si la vida se le fuera en ello, mareado por el alivio. A medida que recuperaba el aliento, después de cada inhalación, fue más consciente de su entorno. Más específico, sus ojos se centraron en un pequeño rostro que lo miraba fijamente.
Era una niña, una familiar de hecho. Estaba sentada en el borde de una tumbona, mirando todo su despliegue con una desinteresada expresión cómica en el rostro. Mientras parpadeaba para mirarla mejor, la pequeña niña se quitó un par de grandes lentes de sol y lo miró condescendientemente. Cuando pudo ver sus ojos, Edward dio un pequeño respingo al reconocerlos. Un ojo negro y el otro dorado, Alice, recordó.
Ella suspiró, sacudiendo su cabeza tristemente mientras se colocaba de nuevos las lentes de sol. —No eres muy listo.
Edward parpadeó. — ¿Qué? —exclamó, se dio cuenta tardíamente que eso no lo estaba ayudando.
De nuevo, dio un suspiro melodramático. Moviendo sus manos y rodillas, Alice se recostó bocabajo en la tumbona, mirándolo fijamente. — ¿No recuerdas lo que te dije la última vez?
Obligándose a salir del agua, Edward se sentó en el borde de la piscina, en la que aparentemente había caído. Decir que estaba desorientado, era como llamar a un huracán una gentil brisa marina. — ¿Te refieres a la fiesta? —preguntó recordando la loca conversación con la niña, la cual no estaba exactamente dentro de las prioridades de su mente—. ¿Te refieres a que no te vas a casar? —Las palabras sonaban tan crueles como para decirlas a una niña tan pequeña, pero obviamente, la realidad estaba muy lejos de donde se encontraba en este momento.
—Nooo. —Ella resopló—. ¡La última vez que estuviste aquí! —Esbozó una pequeña sonrisa y de repente estaba riendo. Risas infantiles llenaron el aire—. Estuviste muuuuy divertido. —Se puso seria emitiendo una sonrisita de vez en cuando al mirarlo—. ¿Estabas ebrio? Mami dice que los borrachos actúan como los payasos solo que no tienen maquillaje. Tú eras algo así.
Pellizcando el puente de su nariz, Edward respiró profundamente. Todo esto era un sueño, pero sería un maldito si perdía la paciencia con un niño, sea real o no. —Si estuve aquí antes, tal vez deberías recordarme qué fue lo que me dijiste.
Alice se sentó cruzando las piernas y quitándose sus gafas de sol, se puso seria... o por lo menos, tan seria como un niño pequeño sería capaz. —Mira, hay cosas que son el destino. Pero la gente puede hacer un verdadero desastre. —Ella arrugó la nariz—. De lo que se supone que la vida debería ser. Tú. —Lo señaló, con voz acusadora—. Has arruinado a otras personas. —Se inclinó, sus ojos eran intensos mientras lo fulminaba con la mirada—. ¡Arréglalo!
~0~
Edward se despertó sobresaltado, con el corazón amenazando con salir de su pecho ante la acusación de Alice que hacía eco en su cabeza.
— ¿Edward?
Al oír la voz de su madre, los ojos de Edward se abrieron, tratando de encontrarla. Todo estaba borroso. Una vez más. Automáticamente, su mano se extendió, buscando sus gafas que estaban en la mesita de noche.
Cuando Esme finalmente apareció a la vista, su cara estaba un poco preocupada. — ¿Estabas teniendo una pesadilla? —Le retiró el cabello de sus ojos y el pecho de Edward se sintió cálido empapado de consuelo maternal.
—Sólo un sueño —murmuró, aclarándose la garganta un poco.
—Hmm —murmuró Esme—. Bueno, despierta. Después de hoy, será fin de semana. —Le sonrió, agitando su pelo una vez más antes de salir de la habitación.
—Es viernes...—Edward murmuró sin dirigirse a nadie en particular. Le preocupaba que todavía tuviera 17 y viviera en casa de sus padres. Pero lo que parecía más importante era que cuando se fue a dormir, o se desmayó, de todos modos, había estado en una cama que no reconocía al lado de un desnuda Rosalie Hale. Esa fue la noche del viernes. Pero esto era viernes por la mañana...
Con temor, que parecía como una piedra en la boca de su estómago, Edward giró la cabeza para ver al reloj junto a su cama.
7:01 AM, 8 de Enero de 1999.
Edward cerró los ojos fuertemente, los volvió a abrir.
7:01 AM, 8 de Enero de 1999.
Cerrando sus ojos de nuevo, contó hasta 10 mientras inhalaba, y de nuevo, cuando exhalaba. Tenía que tratar esta situación como lo haría con cualquier problema en su vida normal. Tenía que resolverlo lógicamente.
Una fuerte explosión anuló el ejercicio calmante que Edward acababa de realizar. — ¡Hey! ¡Fenómeno! —Emmett llamó desde la puerta—. Levántate. Tenemos que coger el coche y Berty me va a matar si llego tarde otra vez. —Deslizó en la habitación su largo brazo, agarrando un par de llaves de la cómoda y dándole a Edward una sonrisa pícara—. ¡Hoy conduzco!
Al igual que antes, Edward sintió una oleada de irritación y un fuerte y curioso deseo de correr tras su hermano, gritando hasta el tope de sus pulmones. Se las arregló para sofocarlo, especialmente cuando sus piernas se enredaron en las mantas y tratando de patearlas para quitárselas de encima, terminó dentro de una pila sin gracia en el suelo. De mal genio ahora, Edward se levantó y se dirigió al baño, tratando de recordar en lo que había estado pensando.
De acuerdo. Lógica.
Pero el hecho de que estaba viviendo el 08 de enero de 1999 por tercera vez en su vida era ilógico e imposible.
Mientras caminaba de vuelta a su habitación, un pequeño cartel cerca de su computadora le llamó la atención. El emblema de la flota de Viaje a las Estrellas. Una vieja cita se deslizaba en su memoria. Spock ... Sherlock Holmes delante de él:
Una vez que se ha eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad.
No importaba que fuera imposible que estuviera viviendo este día por tercera vez, era un hecho. Las únicas dos opciones que podrían surgir eran que, igual que Sísifo al subir la roca por la colina, fue condenado por un dios cruel para repetir este día una y otra vez hasta el fin del mundo, o que le habían enviado de vuelta para un propósito. La segunda opción era la más segura, dadas las circunstancias, y tangiblemente apoyada, por la extraña y mística, niña duende de sus sueños. ¿O eran visiones? Y si fueran visiones, ¿qué papel cumplía la niña? ¿Su guía espiritual?
Bueno, supuso que tener a una niña como guía espiritual era preferible a pensar en ella como una entidad demoníaca, otra parte de su castigo en esta infernal situación.
Edward pensó en esta posibilidad en el camino a la escuela y a lo largo de sus primeras clases.
Alice tenía razón, por mucho, en una cosa. Sus errores les habían costado demasiado a dos personas en particular. Sus padres...
Y eso tenía más sentido que cualquier otra cosa en mucho tiempo. Esme y Carlisle habían tocado la vida de tantas personas. Eran buenos trabajadores, buenos amigos y padres increíbles. Una de las muchas razones por las que Edward apenas podía soportar ver a su sobrina y sobrino, era porque les había robado el amor de sus abuelos. Dios sabía que los padres de Victoria eran tan idiotas como lo era ella.
Debieron haber vivido para ver nacer a sus nietos. Debieron ser capaces de ver a Emmett cumplir sus expectativas y a Edward, hacer algo más que malgastar su vida.
Pero, ¿cómo podía impedir que pasara algo que no iba a pasar hasta dentro de algunos años?
La respuesta fue simple. Cuando el juez le ordenó ir a rehabilitación, Carlisle y Esme habían optado por enviar a su hijo a uno de esos centros ostentosos que simulaban ser un refugio de montaña. La carretera que conducía al lugar atravesaba el bosque. Viniendo por una curva cerrada, su coche golpeó a un venado haciéndolo girar hasta pegarse contra un árbol. No habría pasado si Edward no hubiera hecho su berrinche, pero tampoco habría pasado si nunca hubiera estado en el centro de rehabilitación en primer lugar.
La mejor manera de no volverse un alcohólico era no beber en absoluto.
Obviamente, la abstinencia no era algo con lo que podía jugar. Su cuerpo de diecisiete años no era adicto al alcohol, pero una buena parte de la enfermedad era psicológica. Edward sólo podía recordar que tomó una cerveza la noche anterior. Pero debió haber bebido más. ¿Si no, cómo había terminado en la habitación con Rosalie sin recordar cómo había llegado allí?
Aún bastante perdido en sus pensamientos, Edward siguió a Jasper a la línea del almuerzo. Estaba ridículamente hambriento por lo que llenó rápidamente su bandeja con comida chatarra hasta rebosar. Jasper se burló de él. —Por Dios, Edward. Sé por experiencia que tu mamá te alimenta más que suficiente —dijo riendo, cogiendo una manzana de la bandeja.
Edward hizo una mueca, porque la manzana era la única cosa remotamente saludable en su plato.
Mientras Jasper balbuceaba acerca de Everquest y el Plano del Tiempo, los ojos de Edward vagaron a la mesa donde James, Royce y Rosalie se sentaban. Golpeaba sus labios con su dedo distraídamente, mirando a Royce y Rosalie que estaban obviamente discutiendo.
— ¡Hey! —Jasper chasqueó los dedos delante de la cara de Edward—. Hombre, ¿dónde estás? —Miró por encima del hombro y de nuevo a Edward, sus ojos se abrieron—. ¿Estás mirando a... Rosalie Hale, amigo?
—No —dijo Edward rápidamente, odiando que sus mejillas se ruborizaran, porque las palabras de Jasper provocaron un torrente de imágenes, el cuerpo desnudo de Rosalie, entre ellas. Se removió en su asiento, tratando de calmar su reacción natural. Se obligó a imaginar al señor Banner haciéndolo con la señorita Cope. Él miró a su amigo y sonrió—. Ella y Royce están discutiendo otra vez. Solo esperaba poder ver un show de Jerry Springer (1).
—Ja. —Sonrió Jasper—. Rosalie obviamente es una reina del drama, pero no sé si protagonizaría alguna especie de escena. Al menos, no aquí. —Él negó con la cabeza—. De todos modos, me estaba preguntando si tenías todo lo necesario para la incursión de esta noche. Si todavía necesitas trabajarla…
—Creo que no voy a estar ahí —interrumpió Edward.
La cabeza de Jasper se levantó rápidamente. — ¿De qué estás hablando? Ah, mierda. ¿Te metiste en problemas con tus padres de nuevo?
—No, no. Quiero decir. Hay una fiesta esta noche... —Edward comenzó, pero se fue apagando. Mierda. Él no tenía que saber acerca de la fiesta todavía, y él definitivamente aún no era invitado.
— ¿Qué fiesta de mierda? —Jasper preguntó, mirándolo confundido y molesto.
Edward suspiró. Se estaba confundiendo con el tiempo. —Tengo la sensación de que Royce me va a invitar a su fiesta, eso es todo.
Jasper frunció las cejas. — ¿Qué? Royce ni siquiera sabe que existimos. ¿Por qué demonios iba a invitarte a su fiesta?
Una vez más, Edward suspiró. Esto se estaba yendo rápidamente por un camino en el que estaba luchando con las palabras, además, necesitaba una explicación que no implicara una especie de viaje en el tiempo. — ¡Simplemente es eso! —explicó brillantemente. Ladeando la cabeza hacia un lado, los ojos de Edward se iluminaron un poco cuando tuvo una idea—. Oye, deberías venir.
— ¿Qué? —Su amigo lucía completamente atónito.
—Sí —dijo Edward, un poco emocionado—. Sería algo diferente. Ya sabes, sería genial hablar con la gente fuera del tra… de la escuela que no estén pixelados.
Jasper lo miró boquiabierta. De repente, su expresión de sorpresa se volvió furiosa. — ¿Qué demonios está pasando con contigo hoy? Suenas como tu madre.
En la estimación de Edward, ese no era un mal plan. Pero entonces, se le ocurrió que a los adolescentes no les gustaba parecerse a sus padres. —A lo mejor tiene razón. Sería bueno tener una vida de vez en cuando —espetó a la defensiva.
—Genial —dijo Jasper, entrecerrando los ojos. Empujando la silla, se levantó y cogió su bandeja—. No sé qué mierda le pusiste a tus Cheerios hoy, pero si ves a mi amigo Edward, espero que le digas que hay una incursión esta noche y que más le vale que jodidamente esté ahí.
El pecho de Edward se apretó mientras observaba a Jasper pisando fuerte al alejarse. Él, después de todo, era un faltante en su vida adulta. El tiempo que pasaba con su difunto mejor amigo era tan importante para él como molesto para sus padres. Gruñendo, golpeó la frente contra la mesa. —Malditos adolescentes melodramáticos —murmuró.
—Aww, ¿cuál es el problema, Cullen? ¿Tuviste una pelea con tu novia?
Alzando la cabeza, Edward miró a Royce irónicamente. —No, ¿y tú? —Le retó.
Royce y James se miraron cómplices. — ¿Estabas viendo esa mierda? Tú uh… ¿Tienes algo para mi novia?
Aquí vamos de nuevo…
~0~
Edward no tenía ninguna intención de beber en la fiesta.
Pero...
Bueno, la cuestión era que estaba mareado y con náuseas cuando sus ojos parpadearon para abrirse. Él conocía esa sensación demasiado bien, se despertó todavía borracho, la habitación daba vueltas.
No recordaba haber bebido nada. James y Royce lo habían presionado, pero resistió y fue sorprendentemente difícil. Las tendencias alcohólicas estaban a un lado, todo su ser se moría por encajar con los chicos 'cool', aunque su lógica lo consideraba ridículo.
Después de todo, razonando consigo mismo, a los29 años, sabía que James estaba en prisión por golpear a su novia y al hombre que la acompañaba. Royce tenía dos hijos de dos madres diferentes, una barriga cervecera y un cheque bastante fuerte cuando trabajando. Ninguna de esas cosas cabían dentro de lo "cool".
Pero en la escuela secundaria, eran los reyes del castillo.
O bien eran muy convincentes, o Edward era demasiado impresionable para su propio bien.
Gimió, luchando contra el sueño el tiempo suficiente para girar la cabeza a un lado. Efectivamente, Rosalie estaba tendida de espaldas, con sus perfectos y redondeados senos descubiertos. Edward estaba lo suficientemente cerca que ni siquiera necesitó gafas para verlos... verla.
Gimiendo de nuevo, Edward se dio por vencido y dejó que el sueño lo llevara.
~0~
Los días pasaron y Edward perdió la cuenta, todavía se despertaba el 8 de Enero. Pequeñas cosas habían cambiado. Se levantaba rápidamente cuando su madre lo despertaba, escondía sus llaves en un cajón para que Emmett no las encontrara mientras se bañaba y vestía. Un par de veces, pasó de la ducha para desayunar con su padre.
James y Royce lo enfrentaban en momentos diferentes. A veces en el almuerzo. A veces antes de clases. La mayoría de las veces lo interrogaban acerca de las cartas para Rosalie aunque algunas veces no las mencionaban. Sin embargo, nunca dejaban de invitarlo a la fiesta. Y él no dejaba de despertar junto a una Rosalie desnuda y con pequeñas imágenes en su cabeza, pequeños destellos de recuerdos, pero nada concreto que explicara cómo llegó ahí.
Le molestaba sin medida con qué frecuencia su voluntad se reducía cenizas. Pelear contra su adicción no había sido fácil. Si Edward se daba crédito por algo, era que él controlaba su enfermedad y no al revés. Había sido capaz de resistir su tentación cuando esta era tan fácil como solo sacar la lengua para probarlo una vez más. En realidad, más de una vez la lengua de alguna mujer exploraba su boca y él podía sentir el sabor agridulce, persistente y agudo del alcohol en sus labios y en su boca. Su cabeza solía nadar y hubiera sido tan pero tan fácil caer, entonces…
Pero había resistido hasta que se tropezó con una botella olvidada de vodka en su congelador. Como tantas veces que había encontrado su vicio en el ámbito empresarial, en su mayoría con sus colegas de trabajo o con las pocas mujeres con las que se había juntado, el alcohol nunca tocó su santuario, su hogar. Este hecho combinado con la pesada culpa, había sido su perdición.
Salirse de la ruta era lamentable pero estadísticamente explicable. No poder parar, era simplemente imperdonable.
Con el hecho de que no recordaba en qué punto su autocontrol se deslizaba, no podía encontrar una manera para evitar que sucediera. Fue tan lejos hasta tomar el ejemplo de la morena linda, la hija del jefe de policía, trajo su propia bebida. Sin embargo esa noche también se levantó desnudo y pegajoso junto a una igualmente desnuda Rosalie a su lado.
A pesar de que odiaba la idea de no poder controlarse, Edward tenía que admitir que la idea de que alguien lo entendiera no le vendría mal en este momento. Por supuesto, su apoyo tenía 15 años actualmente y vivía en Egipto junto con su padre, un militar que estaba desquiciado por el control, quien lo conduciría a beber a una edad temprana. A Edward le hubiera gustado hablar con Benjamín sobre el problema al cual se enfrentaba. El hombre siempre ha tenido una visión única a los problemas que enfrentaban ambos.
Se volcó en encontrar otro tipo de apoyo. Intentó que Jasper lo acompañara, fastidiando a su amigo en diferentes grados de enfado durante el almuerzo y de nuevo después de la escuela. A veces lograba que él realmente lo considerara pero el odio a los autocoronados príncipes de Forks era tan grande, que no lograba conseguir que aceptara.
— ¿Por qué demonios es tan importante para ti? —Jasper le gritó exasperado en una ocasión, la pregunta cogió a Edward con la guardia baja.
Había estado muy concentrado en su enfoque. La necesidad de probarse a sí mismo que todavía podía ir a una fiesta sin beber, era casi tan grande como su ferviente deseo de cambiar el futuro y así salvar a sus padres. No se le había ocurrido que la mejor manera de evitar beber en la fiesta era evitar la fiesta del todo.
La idea lucía mal a varios niveles.
Primero y más importante, era su ferviente deseo de complacer a sus padres. Ellos no lo sabían, pero él nunca sería capaz de compensar por lo que les había hecho pasar. No podía ni pensar en las noches sin dormir, o como los había afectado ver a su bebé caer tan fuerte y rápido como él lo había hecho. Y luego, obviamente, les había quitado la oportunidad de evitar esa tormenta y que tengan otro final, uno en el que verían a Edward comenzar y mantener un negocio exitoso.
Cuando llegó a esta etapa, corregir errores y buscar perdón, le parecía tan injusto que sus padres no hayan vivido lo suficiente para hacer las paces.
De alguna manera tenía esta segunda oportunidad, y estaba desesperado por aliviar sus preocupaciones. Entonces, sin saber los retos a los cuales se enfrentaría en el camino, Esme y Carlisle se habían preocupado aún más por su huraño comportamiento.
—Tenías tantos amigos, Edward —su madre le recordaba—, ¿qué sucedió contigo y Mike? Siempre estaba por aquí.
Edward se burló. —Sí, bueno, que tengas suerte esperando a que aparezca de nuevo. —Llo que no sabían sus padres era que Mike odiaba inmensamente a Edward. Claro que habían sido amigos… hasta que Lauren Mallory usó a Edward para que Mike tuviera celos. Él lo había culpado. Las reglas del código adolescente sostenían que él debía ser aislado del resto de la población masculina, además de que los incesantes graznidos de Lauren hicieron que todas las niñas lo miraran con la nariz alzada. En Forks no había muchos grupos a los que unirse por lo que estuvo solo por un tiempo hasta que Jasper vino a la escuela—. Todos me odian mamá.
—Solo habla con ellos Edward. —Su padre lo animo—. ¿Cómo podrían perdonarte o incluirte si tú no hablas con ellos?
Pero semana tras semana, prefería la compañía de Jasper y los demás miembros de su grupo. Sus padres no entendían que todos ellos eran tan reales como los estudiantes de Forks. Su esposa, en el juego, era una niña de 18 años llamada Megan, de Nueva York, que tenía tres hermanos y el pelo largo, rubio y rizado. El líder era un hombre de 27 años, en el sur de California, con dos hijos y una esposa caliente.
Al mirar hacia atrás, Edward nunca se sintió socialmente aislado. Sus amigos en línea eran variados e interesantes, ofrecían una diversidad de personalidades a las cuales nunca hubiese estado expuesto en Forks.
Sin embargo, sus padres aún estaban preocupados. Había valido la pena asistir a una estúpida fiesta de la escuela secundaria para ver como su madre se hacía la idea de que estaba fuera socializando con una casa llena de gente. Lo que condujo a la segunda razón por la que Edward no había considerado no ir a la fiesta después de todo lo que hizo. James y Royce habían sido los últimos amigos que tuvo después de que Jasper muriera. Claro, con el tiempo, la vida los condujo en diferentes direcciones, sobre todo después de que Edward dejó de beber, pero el tiempo que habían pasado juntos no fue completamente negativo.
Al final, Edward tuvo que reconocer que la preocupación de sus padres valió un poco ya que sin ella, tal vez, nunca, se hubiera hecho amigo de los otros dos chicos. Por lo menos, tuvo algo nuevo que probar. James y Royce estaban más que decididos a invitarlo a la fiesta. Era una de las pocas cosas que nunca cambiaban, no importaba cómo viviera ese día.
Así que Edward se escondió en la biblioteca durante la hora del almuerzo, con la esperanza de que Jasper se lo perdonara. En realidad, casi había llegado a biología cuando vio a James y Royce por el pasillo. Sin pensar en lo que estaba haciendo, Edward agarró el brazo de su compañero más cercano.
—Hey, ¿hiciste la tarea de anoche? —preguntó apresuradamente, tirando a la chica de al lado. Él dio un respingo cuando se encontró mirando a la chica nueva. La expresión de su rostro era de shock.
Ella parpadeó durante unos segundos antes de que sus ojos se estrecharan. — ¿Qué crees que estás haciendo, Edward? —preguntó, tirando de su brazo.
Un sentimiento de satisfacción cálida, se extendió por su pecho, tirando de sus labios. — ¿Cuál es tu nombre? —se preguntó en voz alta y luego tuvo que detener el impulso de pegarse a sí mismo en la frente. Eso no fue precisamente amable.
Por un segundo, le pareció ver dolor en su rostro, pero luego ella sólo lo miró. —No tienes que ser tan idiota. Dejaste claro el lunes que crees que soy la suciedad de tus zapatos caros. ¡Sólo tienes que volver a olvidar que existo!
Se colocó bien la mochila en su hombro, se dio la vuelta y se dirigió de nuevo a la clase de biología. Hubiera sido una gran salida épica si no hubiera tropezado en la puerta, apenas estabilizándose antes de que su rostro conociera el suelo.
Edward se apresuró, perplejo y preocupado. Pero la muchacha ya se había recuperado, dejándolo tomar su asiento a su lado en silencio.
—Escucha —comenzó—, yo no…
—Está bien, todos. Vamos a empezar por revisar el capítulo... —El señor Banner empezó. La muchacha se acomodó en su asiento, tirando de su cabello en una cola de caballo por lo que ya no podía esconderse detrás de él. Se quedó mirando hacia adelante con esmero, y Edward solo suspiró.
Deseó recordar lo que le había hecho a esta chica. Claro, él tenía sus defectos, pero nunca había sido un idiota con las mujeres. Obviamente, él no le había dado una buena impresión a ella, así que, ¿por qué no podía recordarla en su vida original?
— ¿Quién tiene una respuesta para nosotros, una prueba de que en realidad si lee el capítulo? ¿Bella?
La chica a su lado se aclaró la garganta y habló con una voz un tanto temblorosa. — ¿El ciclo de Krebs?
Una cálida sensación se dibujó en su pecho. Se encontró sonriendo con placer. Bella.
En lugar de solo fingir que estaba prestando atención a clase, Edward se encontró reproduciendo todo lo que ella dijo una y otra vez en su cabeza. Se mantuvo distraído por el perturbador pensamiento de que había ofendido gravemente a esta chica. Sólo que se quedó atrapado en los detalles. Ella no dudó en enfrentarlo, acusándolo de cualquier mierda que él había olvidado pero fue innegablemente tímida cuando el Sr. Banner la llamó.
¡Swan! Ese era su apellido. Por supuesto. Edward conocía al Jefe Swan mejor de lo que quería admitir. Se removió en su asiento, al recordar el rostro decepcionado del hombre cuando lo vio, tenía 18 y fue arrestado por estar borracho y conducta desordenada. La decepción del Jefe fue nada en comparación con la de sus padres, pero aún así, eso se quedó con él. Edward nunca disfrutó decepcionar a la gente que respetaba.
Edward se distrajo de los pensamientos sobre Bella al recordar cómo muchas de sus travesuras vergonzosas fueron incitadas por James y Royce. En su momento, fueron irrelevantes, ambos se habían separado de su vida con sus propios problemas, pero mientras Edward hacía camino a través de la terapia, le habían enseñado una y otra vez que parte de su recuperación era analizar a sus amistades.
Incluso si hubieran tenido la oportunidad de estar ahí, Edward sinceramente dudaba que sus dos amigos le hubieran sido una buena influencia.
La campana sonó y Edward se mantuvo en su asiento viendo como el resto salía, torció el labio cuando su compañera de escritorio no le dirigió ni una mirada mientras salía.
Manteniéndose alerta, salió de clase y prácticamente corrió a Español. Su poco equilibrio lo envió en contra de un chico a quien reconoció como Eric Yorkie. Eric estaba más pálido de lo normal, Edward miró tras él y pudo ver a James y Royce entrando al edificio, por las miradas asustadas y furtivas que les lanzaba, supuso que habían atosigado a un diferente "E" con sus preguntas sobre Rosalie.
No es mi problema.
Edward no pudo evitar sentirse culpable mientras se levantaba del suelo y entraba a la clase.
Después de la escuela, se despidió de Emmett y fue a casa con Jasper. En el camino, Edward puso a prueba a su amigo sobre los más finos detalles sobre la batalla en el Plano del Tiempo. No fue difícil mantener a Jasper ocupado. Edward sonrió, recordando lo fascinando que estaba su amigo con las tácticas.
Debido a su grupo, Fires of Heaven, estuvo entre los primeros puestos de todos los servidores, dependía de ellos comenzar nuevas peleas. A pesar de que estaban en constante competencia con Circles of Eternity y con algunos otros grupos, Fires of Heaven era con frecuencia el primero en descubrir nuevo contenido. Si sus tácticas eran exitosas, todo grupo que estaba tan metido en el juego como ellos, las copiaba para mejorar sus estrategias.
A pesar de sí mismo, Jasper se detuvo en la puerta principal, Edward estaba emocionado con la batalla que se venía. Subió las escaleras, sabiendo que tenía que recordar cómo jugar antes de ayudar a alguien.
Una pelea con su madre y varias horas después, la noche había caído. Edward apenas recordaba que había una fiesta en algún lugar de Forks. Él y el resto de los Fires of Heaven luchaban en el Plano del Tiempo, haciendo su camino a través los últimos monstruos antes de la batalla final.
Meawene dice: Es sabido que Sony nunca da vidas, solo te toca sanar.
Sonriendo para sí, Edward se tomó un momento para calmar el ego de una adolescente.
Arcanion dice: Si me curaras, te verías hermosa, ¿qué de malo hay en eso?
Sonrió cuando Meawene bailó con Arcanion en medio del campo de batalla.
—No se pongan cursis. Esto en un negocio serio. ¡Los estamos aplastando esta noche! —El líder del grupo, Furor, en el juego, los llamó por el micrófono.
Isli dice: Sí, concéntrense en el juego malditos bastardos.
No importaba cuántas veces la viera, el personaje de Jasper siempre lo hacía reír. Isli era una mujer, un paladín… con barba. Muchos chicos en el grupo tenían personajes femeninos, pero eso se lo dejaba a Jasper, él era el que manejaba a la corpulenta y barbuda chica.
A medida que la noche avanzaba, Edward se sumergía más en el juego, casi se olvida lo que le estaba pasando. Olvidó que en realidad tenía 29 años, y que ya había vivido este día antes. Olvidó que intentaba cambiar su destino y el de sus padres. Olvidó a James, Royce y Rosalie hasta casi la media noche.
Isli dice: Amigo… Tyler me acaba de contar. ¿Recuerdas la fiesta a la que estabas tan desesperado por ir? Katie encontró a Eric Yorkie y Rosalie Hale haciéndolo en la habitación de los padres de Royce. Drama. No debió ser un espectáculo agradable.
Edward se quedó mirando a la pantalla, un extraño sentimiento de culpa se torció en sus entrañas.
— ¡Maldita sea! ¡El primer Rathe está perdido! Arcanion, ¿qué coño? —Furor sonaba furioso.
—Lo siento —dijo Edward rápidamente, corriendo detrás del monstruo fuera de control. Se concentró de nuevo en el juego, pero una parte de él estaba pensando en la fiesta.
No podía evitar sentir que había algo ahí que se le estaba escapando.
