¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?
Historia escrita por:LyricalKris
Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)
Beta:Mentxu Masen (FFAD)
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Edward se levantó en una casa desconocida, parpadeando ante la luz del sol.
¿Dónde diablos estaba?
Miraba fijamente a una pared que le parecía más un set de película que otra cosa. La mayor parte de la pared estaba cubierta por un pintoresco lago. Ubicado en la esquina de la habitación estaba un castillo de piedra, una parte de él estaba pintado en la pared y la otra era un increíble juguete. Le llamó la atención un extraño animal colgado de un árbol pintado en la pared.
¿Qué mierda era eso?
— ¡Ooooooo! —La voz de una niña se rió de él. Edward estiró el cuello, dándose cuenta de que estaba en una habitación. Más específicamente, estaba en la habitación de una niña, la cual estaba sentada con las piernas cruzadas sobre la cama, cubierta con una colcha de Harry Potter y llevando las gafas de Harry Potter.
—Hola, Alice —se quejó Edward, giró para verla de frente.
— ¡Hola! —dijo alegremente.
—Entonces, ¿qué es esa cosa? —preguntó, señalando al animal en la esquina.
—Un Nargle (1) —le informó, meciéndose hacia adelante y hacia atrás con las manos en sus tobillos. Entonces su rostro se puso serio cuando se deslizó fuera de la cama, llegando a pararse frente a él con las manos en las caderas—. Escucha. Todavía lo estás arruinando.
La furia amenazaba su paciencia. —Bueno, ¿qué se supone que debo hacer? Solo me dijiste que tenía que arreglar el futuro... el pasado... lo que sea. ¿Qué es exactamente lo que debo arreglar?
Alice suspiró, mirándolo solemnemente. —Todo.
Frustrado, Edward se apretó el puente de la nariz. — ¿Tienes que ser tan jodi... tan críptica?
Alice pareció considerarlo. — ¿Qué es cri ... cri-ti-ca?
Los labios de Edward se curvaron. —Significa que no estás siendo clara. ¿Por qué no me dices lo que tengo que hacer?
— ¡Oh! —Alice dijo, dibujando la palabra con sus labios—. Porque es contra de las reglas —dijo con un tono de 'duh, se supone que debes saberlo.'
—Sería útil si supiera a qué estoy jugando, en lugar de saber las reglas del juego —se quejó Edward.
Rodando sus ojos, Alice se levantó y le ofreció su pequeña mano. Dudoso, Edward la tomó, dejando que la enana lo llevara a otra habitación. Se sentó con las piernas dobladas frente a un enorme televisor y dio unos golpecitos al espacio junto a ella. Comprendiéndolo, Edward se sentó donde le había indicado.
—Mira. —Alice comenzó—. Se supone que debe ser difícil. Recibiste una segunda oportunidad.
— ¿Así que es un castigo? —Edward supuso—. Por joder la vida de otras personas.
Alice resopló. —No. ¡No! —Cogió el mando que estaba a un lado de ella poniéndolo en pausa, mirándolo preocupada. Se levantó y se subió a su regazo, enterrando la cabeza en su camisa—. Pulsa reproducir —ordenó, ofreciéndole el mando.
Confundido, Edward instintivamente puso un abrazo alrededor de la pequeña manteniéndola cerca de él mientras presionaba el botón.
En la pantalla, reconoció su casa por la noche, la casa en Seattle que compró con su propio dinero. Estaba confundido hasta que se vio vagar en la pantalla, obviamente estaba ebrio, mientras se tambaleaba por el segundo piso. Recordando lo que sucedió justo después de eso, Edward se encogió, acercando más a Alice. No es de extrañar que la niña haya escondido su cabeza.
—Jesús —murmuró, mirando con horror cómo se tambaleaba y caía. Su cuerpo inerte aterrizó en la parte inferior de la escalera, una larga cortada en su sien permitía que la sangre brotara como si fuera agua—. Estoy muerto... —murmuró mientras la pantalla se quedaba en blanco.
—No estás muerto —dijo Alice levantando la cabeza—. Pero las segundas oportunidades son realmente duras. Va contra las reglas que te diga lo que tienes que hacer. —Golpeó con sus pequeños nudillos su frente—. Sólo piensa. Todo pasa por algo.
~7:01 A.M., 8 de Enero, 1999~
Edward se despertó sobresaltado, sus manos tanteaban el aire enfrente de él. Alice se había ido. Hogwarts ya no estaba. El puto Nargle también. No podía ver sus carteles de Geeks-R-Us, pero estaba seguro de que estaban allí. Burlándose de él.
—Niña demoníaca —gruñó poniéndose bocabajo y enterrando su cabeza en la almohada. Para colmo, además de tener 17 de nuevo, Edward odiaba fracasar, su almohada soportó toda su furia.
— ¿Edward?
— ¿Qué? —gruñó.
—Bueno... alguien se despertó del lado equivocado de la cama esta mañana.
Edward respiró profundamente antes de darse la vuelta para mirar a su madre. —Lo siento, mamá —dijo arrepentido.
—Está bien. —Le sonrió—. Solo no hagas de eso un hábito. —Le revolvió el cabello juguetonamente—. Ahora, levántate. Vas a llegar tarde a la escuela si te quedas más tiempo.
— ¿A quién le importa? —Edward murmuró cuando Esme se marchó. Estaba molesto con la idea de repetir sus clases, las mismas clases, una y otra vez, por lo que le pareció que esta era la billonésima vez.
Imágenes de su roto y golpeado cuerpo asaltaron su mente, recordándole cuál era la otra alternativa. Sin duda, valía la pena un poco del purgatorio no solo para seguir viviendo, también para arreglar las vidas de otros.
Pero, ¿Cálculo 11?
Edward intentó con todas sus fuerzas no golpear su cabeza contra su escritorio mientras el maestro daba su explicación sobre ecuaciones.
Alice dijo que todo sucedía por algo. Debía tener un gran significado, porque por algo estaba repitiendo este día en particular. ¿Pero ya no lo había cambiado en todos los sentidos imaginables?
Obviamente no.
Pero si no era solo con sus padres, ¿qué se suponía que debía arreglar? ¿Cuánto podrían afectar sus decisiones a alguien más?
Los más importantes puntos cruciales de la vida de Edward habían sido salir con James y Royce, la muerte de Jasper, ser enviado a rehabilitación y la muerte de sus padres. Sólo uno de esos acontecimientos sucedía hoy. James y Royce... pero Edward había frustrado el comienzo de esa amistad... ¿Verdad?
Si iba a la fiesta, se embriagaría y terminaría en la cama con Rosalie. Pero eso no había funcionado.
¿Qué estaba pasando por alto?
Inquieto, Edward pasó sus ojos por la clase, en busca de cualquier cosa en la que poner atención en lugar de las matemáticas, además, que contrariamente a la insistencia del maestro, sabía a ciencia cierta que nunca las iba a volver a usar. Sus ojos revoloteaban por encima de sus compañeros de clase, uno por uno, distrayéndose de su frustración al concentrarse en sus vidas por un momento.
De inmediato fue evidente que él no era el único que no prestaba atención al maestro. A su derecha, Ben Cheney tenía su cabeza apoyada en sus brazos, los cuales estaban sobre la mesa. Miraba fijamente a Angela Weber, su lengua lamía su labio inferior mientras ella mordisqueaba la punta de su lápiz. Edward sonrió al ver la expresión en el rostro del muchacho, que mostraba que estaba soñando despierto. Tenía problemas para aguantar la risa, cuando un momento después, Angela levantó su cabeza, capturando la mirada que le daba Ben. Él se puso rojo brillante, pasando rápidamente las hojas del voluminoso libro de matemáticas que estaba sobre la mesa como si estuviera buscando algo. Entonces fue Angela la que le miraba nostálgicamente.
Ah, lujuria adolescente.
Un poco detrás de Angela, los ojos de Edward cayeron sobre Rosalie. Su mente reproducía lo poco que recordaba de su encuentro, encuentros, se retorció en su asiento cuando su cuerpo reaccionó de forma automática.
Maldita lujuria adolescente.
Eso era un misterio que aún no podía entender, pero tampoco había tenido tiempo de pensar en ello. ¿Cómo había sobrevivido su amistad con Royce si había terminado acostándose con su novia?
Había un zumbido en el fondo de su mente y Edward tenía una incómoda sensación de que se le estaba escapando algo. Durante todo el período de clase, sus ojos seguían revoloteando sobre Rosalie. Ella nunca lo miró. Ni una sola vez. Parecía completamente inconsciente de su presencia.
A medida que la mañana avanzaba, Edward observaba mientras recorrían el pasillo. Era obvio que los otros niños se notaban entre sí. Estaban un par de parejas, colgados el uno del otro caminado por ahí ... incómodos flirteos en los pasillos ... repulsivos muchachos pretendiendo agarrar el culo de las chicas a sus espaldas mientras que sus amigos se reían ... niñas riendo tontamente entre sí después de haber sonreído tímidamente a los niños.
Edward comenzó a darse cuenta que el sexo y la lujuria en la escuela secundaria eran totalmente diferentes al sexo y la lujuria del mundo del cual venía. A los 29 años, el sexo no era de gran importancia. Cuando salía por negocios o simplemente para alejarse de sus pensamientos, era consciente de que era atractivo. Cuando se sentía atraído por alguien, llevaba a una mujer a casa, sin pensar en algo más que solo el intercambio de su placer por el de ella. No había nada dramático en esas relaciones.
Pero en la secundaria, todo parecía un asunto de vida o muerte. Así que, borracho y caliente, tal vez pensó como solía hacerlo a los 29.
Rosalie no tenía 29 años. Ella era una normal chica adolescente. El sexo, para ella, tenía mucha más importancia que eso. Y el hecho es que, no importa cuántas veces haya vivido ese día, ella nunca lo miró hasta que James y Royce lo arrastraron hasta sentarse con ellos en la fiesta.
Ella no tenía sentimientos hacia él... no estaba atraída en absoluto.
Edward juraba, que podía sentir cómo el contenido de su estómago empezaba a revolverse asquerosamente.
—Amigo. —La voz de Jasper irrumpió en medio del sonido de los latidos alocados de su corazón que se reproducía en sus oídos—. ¿Estás bien? Estás verde...
—Creo que voy a vomitar... —Edward murmuró una fracción de segundo antes de estar en cualquier lugar menos allí. Salió corriendo de la cafetería lo más rápido que sus piernas le permitían, pasándose del baño y arrojándose por la puerta lateral de la escuela. No se detuvo allí, en su lugar, corrió hacia el borde del bosque que rodeaba la escuela. A pesar de que oyó a Jasper gritando su nombre, no se detuvo. Sentía que no podía. Se sentía vil y oscuro, demasiado jodido para estar cerca de los otros niños, niños inocentes.
Cuando estuvo protegido por el bosque, Edward se desplomó sobre sus rodillas, con los pulmones ardiéndole mientras jadeaba por aire pesadamente. Su estómago se retorció y, antes de que pudiera recobrar el aliento, estaba dejándose hasta las tripas sobre el musgo húmedo y las agujas de pino que estaban a su alrededor.
—Edward... mierda. ¿Estás bien? —Jasper respiraba con dificultad y obviamente aterrado ante el repentino comportamiento errático de su amigo.
Jasper dio palmaditas en la espalda torpemente pero Edward se lo quitó de encima, sentía que el tacto del otro chico lo quemaría como el agua bendita lo hace con un demonio impuro. —No —dijo entrecortadamente, estaba sediento porque no había nada en su estómago más que solo bilis.
— ¿Qué pasó? ¿Debo buscar a la enfermera? —preguntó Jasper.
Edward se sentó de nuevo, todavía sin aliento. Inclinó la cabeza hacia arriba, dejando que la tenue lluvia que caía a través de la cubierta de los árboles refrescara su ardiente rostro. —Creo que... —Lo intentó, tragó saliva intentando limpiar el mal sabor en la boca—. Creo que violé a Rosalie...
El silencio en el bosque era impactante. Era como si hasta los pájaros hubieran escuchado su confesión.
— ¿Qué? —Jasper finalmente dijo, completamente atónito—. ¿Cuándo...? Edward, ¿qué coño estás hablando?
Poniéndose de pie, Edward comenzó a caminar una corta distancia de ida y vuelta. —Yo no le gustaba. Ella apenas me toleraba cuando hicimos ese proyecto... No hay manera de que ella hubiera estado cerca de mí si hubiera estado sobria.
— ¡No tiene ningún sentido! —Jasper dijo, mirándolo impotente.
Edward se detuvo y miró a su amigo con los ojos atormentados. —No importa lo que ella hizo... si ella no quería tener sexo conmigo cuando el alcohol no estaba afectando su juicio, es una violación. —Cayó sobre sus rodillas otra vez, con las manos en su cabello y la cabeza inclinada por la culpa.
Jasper se acercó más a él, aún de pie. — ¿Has tenido sexo con Rosalie? ¿La novia de Royce King? ¿Rosalie?
Edward asintió miserablemente.
— ¿Cuándo mierdas pasó?
La pregunta trajo un poco de claridad a los frenéticos sentimientos de culpa. —No… no ha pasado. No lo he hecho.
A medida que el pánico disminuía, más información comenzó a filtrarse en la mente de Edward. Tal vez veía al sexo de una manera poco saludable para un chico de secundaria... pero Eric Yorkie no. Y para el caso, la primera vez que Edward tuvo 17, fue bastante ingenuo e inocente.
Quitando todas las emociones de la situación, Edward se obligó a situar el día como una ecuación matemática, o uno de esos rompecabezas de lógica con los puntos y XS.
Encontrar las constantes.
Rosalie era una constante. No importa cuál sea el escenario, había terminado en una habitación a oscuras teniendo sexo con un chico. Edward no podía imaginar teniéndolo con alguno de ellos con la luz brillante del día. A menos que Rosalie albergara una serie de enamoramientos secretos que no dejaba salir a flote, alguien estaba tomando ventaja de ella.
Reproducía el día que había vivido una y otra vez, la única otra constante que Edward pudo encontrar fue James y Royce. Ellos siempre se las arreglaban para acorralarlo, y cuando no pudieron acorralarlo, habían acorralado a Eric...
¿Fue sólo una coincidencia que Eric terminara desnudo junto a Rosalie?
— ¡Edward!
Edward levantó la cabeza y le dio un vistazo a su mejor amigo. Deseaba desesperadamente poder explicarle la situación. En cambio, tomó una respiración profunda. —Nada. No es nada.
Jasper lo miró como si le hubiera crecido otra cabeza. — ¿Estás drogado ahorita? ¿Qué está pasando contigo?
—Drogado...—Edward consideró brevemente darle esa explicación, pero lo último que necesitaba era a Jasper pensando que estaba en drogas... o peor aún, pidiéndole que compartiera—. No. .. eh ... —se trabó—. No lo sé. Creo que me estaba acordando de una pesadilla que tuve o algo —terminó sin convicción.
Jasper arqueó una ceja. — ¿Una pesadilla? ¿Saliste de ahí como si tu trasero estuviera en llamas y perdiste tu almuerzo por una pesadilla de la que te acabas de acordar?
Edward le ofreció una débil sonrisa. — ¿Reacción retardada?
Sacudiendo la cabeza, Jasper le tendió una mano y le ayudó a ponerse de pie. —Hombre, eres un puto fenómeno ¿lo sabías?
Edward le devolvió una sonrisa irónica. —Sí. Lo sé.
~0~
Frotándose las sienes, Edward utilizó toda su clase de español tratando de llegar a un escenario, cualquier escenario, que no involucrara a James y Royce, de alguna manera, organizando la violación de Rosalie.
Dios... y si había sucedido de esa forma la primera vez, ¿por qué no se había dado cuenta?
El estómago de Edward se retorció. En algún lugar en lo más recóndito de su mente, recordó que había tratado de hablar con Rose después. Todo era un borrón. Su vida había pasado de ser muy sencilla a muy complicada rápidamente.
Era gracioso. Esme y Carlisle se habían preocupado que la vida de Edward se fuera a pique porque pasaba demasiado tiempo frente a su ordenador. Fue cuando ganó amigos de carne y hueso que se había metido en tantos problemas.
Pero a pesar de todo, el caos que habían traído a su vida, Edward era reacio a pensar que sus dos posibles amigos harían algo como esto. Eran ruidosos y patanes, sí, pero hacer daño a alguien de esta manera era una historia completamente diferente. Además, Rosalie se suponía que era la novia de Royce.
Por otra parte, Edward siempre supo que James y Royce estaban llenos de problemas.
—Hey, Fenomenoide —dijo Emmett, pateando la silla—. La campana sonó hace un minuto. Vámonos.
Recogiendo sus libros, Edward siguió a su hermano fuera del aula. Una y otra vez, procesaba todos los fragmentos de información que tenía. Un pensamiento al azar salió a la superficie y se volvió ligeramente para mirar a Emmett. —Oye, ¿Em?
—Hey, ¿Edward? —Emmett dijo en broma, subiendo al Volvo.
— ¿Qué piensas de Rosalie Hale?
La mano de Emmett dejó caer el llavero, chocando contra el volante. Tosió ligeramente para cubrir su reacción y se rió. —Es una chica genial —dijo sin comprometerse.
Ladeando la cabeza, Edward estudió a su hermano con atención. — ¿Tú... escribiste las cartas de amor? —preguntó, un poco incrédulo.
El Volvo se desvió cuando un Emmett sorprendido se volvió para mirar a Edward. — ¡Mierda! —dijo Emmett mientras enderezaba el coche—. ¿Cómo diablos sabes eso?
—Eras tú. —Edward se golpeó la cabeza contra el reposacabezas—. A ti te gusta.
Unas pocas piezas faltantes caían en su lugar. Si su hermano sentía algo por Rosalie, y él se había acostado con ella, especialmente en circunstancias sombrías, podía imaginar que ella, probablemente no quisiera tener nada con ningún Cullen.
—Ella tiene novio, sabes —murmuró Edward distraídamente.
Emmett es generalmente un rostro sonriente, pero ahora estaba apretado por la ira. —Royce es un hijo de puta. Ella sabe que es un hijo de puta.
—Él piensa que soy yo, ya sabes... escribiendo esas cartas —dijo Edward volviendo a mirar por la ventana.
—Mira, chico, si Royce y ese imbécil de James te están dando mierda, me lo dices —se burló—. Yo cubro tu espalda.
Edward se giró para mirar a su hermano, su corazón dio un extraño y pequeño brinco. Por un momento, se permitió pensar en un futuro en el que él y Emmett eran cercanos, no distanciados y tan incómodos el uno con el otro como lo recordaba.
Alice tenía razón... las segundas oportunidades eran duras. Pero entonces, ¿sus padres no le habían enseñado que nada que valiera la pena era fácil?
Y si él no solo salvaba a Emmett de Victoria, sino que lo emparejaba con su amor de la escuela secundaria, a pesar de no entender el gusto de su hermano con las mujeres, eso serían puntos extras.
—Hey Emmett... ¿quieres ir a una fiesta?
~0~
El plan era simple. Edward no tenía idea de lo que Royce y James estaban planeando. Obviamente, había sido totalmente ajeno a lo que sucedía antes. No confiaba en sí mismo para comprenderlo antes de que fuera demasiado tarde... de nuevo.
Pero si Emmett era como cualquier otro adolescente, sus ojos estarían constantemente sobre su amor platónico, analizando cada movimiento.
Por supuesto, cumpliendo su papel de hermano mayor, Emmett, era también bueno en ser un dolor en el culo.
—Jesús, Edward. Toda esa cosa friki no es cool —murmuró, señalando lo que Edward llevaba puesto.
— ¿Qué? —Edward miró su ropa y luego la de su hermano—. Al menos me quedan los pantalones. Como si alguna persona quisiera ver tu culo.
Aún peleando, los chicos se despidieron de sus padres y se dirigieron a la casa de King.
Emmett lucía extrañamente de mal humor cuando salió del Volvo. —No sé por qué insistes en estar aquí, muchacho. ¿Tu novia no se enojará porque no estás jugando ese estúpido juego esta noche? Se fue bastante molesto el otro día...
—No metas a Jasper —dijo Edward, rodando los ojos.
En ese momento, Emmett sonrió. Puso una mano sobre el hombro de Edward. —Tú sabes, hermano, si necesitas ayuda para decírselo a mamá y papá, estoy totalmente a tu disposición.
Edward empujó a su hermano, y entraron en la casa bruscamente.
Tropezando después que Emmett le golpeara el hombro, Edward casi se cae dentro de la sala de estar que estaba a su derecha. Era una habitación en la cual Edward no había pasado mucho tiempo las veces anteriores en las que había vivido este día. El estéreo sonaba un poco más suave que en la sala principal.
Casi al instante, los ojos de Edward se clavaron en el centro de la habitación donde un grupo de tres chicas estaban bailando y cantando la canción que salía del estéreo.
Chickity China the Chinese chicken
You have a drumstick and your brain stops tickin'
Watchin' X-Files with no lights on
We're dans la maison
I hope the Smoking Man's in this one
Los labios de Edward se curvaron en una sonrisa. No podía evitarlo. Su compañera de laboratorio... Bella… lucía como nunca la había visto antes. En vez de tímida y con el ceño fruncido, ella sonreía, su cara tenía el rubor revelador de una chica que ya había tomado un trago o dos, bailando entre Jessica y Angela. Ella soltó una carcajada cuando las lenguas de las chicas se enredaron con las palabras complicadas de la canción. Todas se reían, pero no podía dejar de mirarla solo a ella.
—Es hermosa —murmuró sin saber que estaba hablando en voz alta hasta que oyó las carcajadas de su hermano. Sorprendido, miró hacia atrás y hacia adelante entre Emmett y las tres chicas que ahora lo estaban mirando—. Yo um... Me gustan mucho los X-Files —murmuró.
Las chicas se reían. Incluso Bella sonrió, aunque era evidente que estaba tratando de no hacerlo. Eso casi valió la mortificación total y completa de Edward. Casi. —Yo estaba um... yendo a... sí.
Salió corriendo de la habitación antes de que pudiera avergonzarse aún más. Deseaba fervientemente tener menos de su idiotez de 17 años y más de su encanto de 29 años. Cristo...
Edward estaba tan ocupado regañándose internamente a sí mismo que no notó a James hasta que chocó directamente contra él.
—Whoa, Cullen. Cálmate hombre. Tú no eres mi tipo —bromeó el otro chico, riendo ruidosamente de su propia broma. Pasó un brazo alrededor de sus hombros, llevándolo en la dirección en la que Edward, sabía por experiencia, conducía a Rosalie, Royce y el alcohol—. Te estaba buscando.
—Hey, Damon. Tienes que pedirme permiso antes de salir con mi hermano pequeño. —La voz de Emmett era ligera y jovial, pero Edward pudo oír la amenaza en ella. Estaba agradecido y a punto de salir de debajo del abrazo de James. Hasta que, y él no lo necesitaba, Emmett agarró la muñeca del otro chico, quitando su brazo de los hombros de Edward.
La sonrisa fresca de James vaciló pero volvió a sonreír apretadamente, mirando de Emmett a Edward. — ¿Trajiste a tu hermano mayor?
—Na, solo lo seguí. No se puede dejar que el muchacho se meta en problemas, ¿no? —Le revolvió el cabello a Edward. Gruñendo, él golpeó su mano—. De todos modos —dijo Emmett, riendo—, lo tratas bien ahora, ¿me oyes? Tiene un toque de queda.
Riendo de nuevo, Emmett se volvió y se mezcló entre la multitud. La sonrisa de James desapareció. —Hombre, tu hermano es un idiota. Vamos. Vamos por un trago.
~0~
— ¿Edward?
Gimiendo, Edward trató de abrir los ojos. Estaba confundido y desorientado. Mierda. ¿Había vuelto a pasar?
—Hijo. Despierta.
— ¿Papá? —Se oyó a sí mismo murmurar.
Finalmente, arrastrando sus ojos para abrirlos, Edward trató de concentrarse. Todavía debía tener puestas sus gafas porque cuando sus ojos desorientados encontraron un rostro delante de él, pudo ver a su padre con claridad. Carlisle lo mirada preocupado y furioso. —Lo siento —dijo al instante, aunque no estaba seguro de porqué se estaba disculpando.
La expresión de Carlisle se suavizó. —Está bien, Edward. Sólo necesito que bebas un poco de agua. ¿De acuerdo? —dijo, poniendo una pajita en los labios de Edward—. Poco a poco —le reprendió cuando Edward comenzó a beber demasiado rápido, encontrándose con que estaba demasiado sediento.
Obedeció a su padre instantáneamente y, mientras bebía, se tomó el tiempo para mirar a su alrededor. Estaba en la sala de su casa, tendido en uno de los sofás. Sus ojos se posaron en las dos personas que se apiñaban en el sofá opuesto. Su madre se sentaba con su brazo alrededor de una llorosa y despeinada Rosalie. Emmett estaba detrás del sofá, lucía mucho peor de lo que Edward recordaba, su labio estaba partido y su mejilla amoratada, estaba flexionando su mano como si recién hubiera golpeado algo. O alguien.
Y de pie a la derecha de su padre estaba... el Jefe Swan.
La respiración de Edward se volvió rápida y entrecortada. Miró a su padre y de vuelta al jefe de la policía, se sentía culpable y estaba entrando en pánico y culpa, sus emociones estaban fuera de control. No podía pensar con claridad y por eso no pudo evitar comenzar a balbucear. —Lo siento. Lo siento tanto. No quise hacer nada. No me acuerdo. Se los juro, yo no le haría daño a nadie.
—Edward —dijo su padre, poniendo sus manos sobre sus hombros y empujándolo suavemente hacia el sofá—. Cálmate, hijo. Estás bien. Te han drogado, ¿de acuerdo? Estás en casa y estás a salvo.
— ¿Drogado? —repitió. No era capaz de hacer que su cerebro se concentrara el tiempo suficiente como para procesarlo.
Carlisle suspiró y se volvió al Jefe. —Lo siento, Charlie. No creo que Edward esté en condiciones de responder a tus preguntas en este momento.
—Está bien. Sólo necesitaba asegurarme de que todo está bien por ahora. De todos modos, tengo a Bella congelándose el trasero en el asiento de atrás —dijo con firmeza. Se volvió hacia Esme y Rosalie—. ¿Están seguro de que no hay problema con que Rosalie se quede aquí por esta noche? El Señor y la señora Hale están en camino, pero no van a llegar hasta mañana en la mañana.
—No hay ningún problema, Charlie —aseguró Esme, acariciando el brazo de Rosalie tratando de consolarla—. Probablemente nos vamos a quedar despiertos cuidando de Edward esta noche, así que no es problema. Tenemos mucho espacio.
Charlie asintió con la cabeza. —Que te sientas mejor, Edward —dijo con sinceridad. Cuando se volvió para salir por la puerta, le tendió la mano a Emmett—. Extraoficialmente… buen trabajo el de esta noche chico.
Los labios de Emmett se curvaron en una pequeña sonrisa mientras estrechaba la mano de Charlie.
—Vamos, Edward. Bebe un poco más de agua. —Su padre le persuadió.
Mientras bebía, Edward trataba de mantener la compostura. Tenía ganas de llorar, estaba tan confundido y avergonzado. Pero estaba empezando a entender que no había hecho nada malo... al menos, de acuerdo a lo que sus padres y Charlie Swan pensaban.
— ¿Qué pasó? —preguntó por fin, pero las palabras eran apenas audibles, incluso para sus propios oídos.
—No te preocupes de eso ahora —dijo Carlisle en voz baja, pasando los dedos por el cabello de Edward y acomodándolo de la manera en la que solía llevarlo cuando era un pequeño niño—. Sólo ve a dormir. Hablaremos de esto en la mañana.
Edward intentó protestar, pero sus párpados ya estaban teniendo problemas para mantenerse abiertos. —Está bien. —Finalmente accedió antes de que sus pensamientos se volvieron demasiado borrosos, desvaneciéndose por completo
~0~
Cuando Edward abrió los ojos, se encontró a sí mismo sentado en una gran mesa. Había un montón de pastelitos delante de él, cada uno adornado con una de figurilla Harry Potter en el centro.
Alguien aplaudiendo captó su atención y Edward miró a alrededor para encontrar a Alice en su traje de mago con el que la conoció, brindándole una sonrisa a la cual le faltaban algunos dientes. — ¡Mira! ¡Sabía que podías hacerlo! —cantó.
Edward le sonrió débilmente a la niña, frotando sus ojos con las manos. —Así que… ¿Me drogaron? —dijo, más para sí que para ella, intentando procesar los retazos de recuerdos que tenía de la noche que acababa de vivir. Nunca se le había ocurrido pensar que había sido drogado. Por un lado se sentía violado y horrorizado. Por otro lado... todas las veces que pensó que había sucumbido a la tentación del alcohol... en realidad no había sido su culpa—. Todo este tiempo... me han estado drogando. ¿Por qué?
Alice saltó desde su lado de la mesa y se dirigió hacia él. Le tendió su mano. Un poco nervioso, Edward se levantó y la tomó, dejando que lo arrastrara a otra habitación de su misteriosa casa, nunca antes vista.
En medio de esta nueva habitación había un caldero. Alice arrastró un taburete hacia la enorme cosa y miró dentro.
—Um... si la explicación incluye un ojo de tritón, no estoy seguro de querer saberla...
Alice le dio una mirada de "chico, eres tonto". —Es un pensadero (2).
—Ok, entonces…—dijo Edward amablemente, todavía confuso.
Alice rodó los ojos y sacó su varita. Ella tocó con la punta de la cosa su sien y luego la alejó lentamente. Para sorpresa de Edward, una delgada y transparente tela que lucía más como humo blanco salió de su piel. Cuando ella tenía, lo que parecía un hilo de algodón de azúcar en la punta de su varita, lo dejó en el caldero y le hizo señas para que se acercara.
—Mira...
Edward obedientemente miró dentro del caldero, estaba sorprendido por la forma en las que las telitas daban vueltas, por lo que parecía, su propia voluntad. Entonces, al mirar más de cerca, pudo ver las imágenes. Una en particular parecía el pasillo de la secundaria de Forks.
De repente, Edward estaba cayendo.
Aterrizó junto a James y Royce, caminando junto a ellos mientras corrían por el pasillo. Se tropezó, casi cayendo sobre ellos. —Lo siento, yo uh...
—No pueden oírte. —Alice, apareciendo a su lado, le informó—. ¿Ves? —Ella saltó deliberadamente en frente de uno de los otros estudiantes.
—Esa puta me está poniendo de los nervios —Royce se quejó a James—. Ya han pasado bastantes meses y ella no me deja ir más al sur del borde de sus pantalones. Frígida vaca de mierda.
—Heh —bufó James. Desaceleraron. Edward se sorprendió al verse a sí mismo caminando a una corta distancia—. ¿Realmente crees que Ed-raro le está escribiendo las cartas?
Royce se burló. —A quién le importa. Quiero enseñarle a esa perra una lección. No puede rechazar a Royce King. Si supiera todas las chicas que mueren por un pedazo de mí... —Se encogió de hombros—. Tienes las cosas para esta noche, ¿verdad?
—Claro.
—Está bien. Vamos a hacerlo.
La visión se desvaneció siendo sustituida por instantáneas.
James y Royce riéndose en la fiesta mientras le ponían droga a dos bebidas, la suya y la de Rosalie, asumió Edward.
Luego lo que tuvo que ser la mañana después de que él había dormido con Rosalie. Royce le estaba gritando sobre que era una puta que lo había traicionado mientras Edward negaba con la cabeza, luciendo totalmente confundido y desorientado. La amiga de Rosalie, una chica que Edward vagamente recordaba como Vera, le gritaba a Royce, empujándolo lejos de Rosalie.
—Vamos, Rose. Vamos a casa —dijo ella, guiando a su llorosa amiga hacia la puerta.
Riéndose, James y Royce se volvieron hacia él, dándole palmadas en la espalda. —No pensé que tenías eso en ti, Cullen —dijo James jovialmente.
—Ha. ¡Él tenía eso dentro de ella! —Royce se rió.
La visión cambió de nuevo, y Edward se vio a sí mismo tratando de llamar la atención de Rosalie en el pasillo de la escuela. Ella se dio la vuelta y huyó de él, con el rostro lleno de furia. Dio un paso tras ella, pero entonces Emmett estaba allí, empujándolo hacia atrás con una mueca en su rostro.
—Déjala sola, mierda Edward. ¿Ya no has hecho suficiente?
El pasillo se congestionó más cuando James se acercó a Emmett, irrumpiendo su espacio personal. —Aléjate. No es su culpa que la chica sea una puta. —Dio unas palmadas en los hombros de Edward—. Un hombre no puede decir que no cuando una mujer está sobre su polla ¿verdad amigo?
Emmett asqueado, se alejó.
Había más instantáneas y Edward entendió el mensaje. Rosalie no sólo no habló nunca más con él, y tampoco habló con su hermano de nuevo. Ella era objeto de burlas, mientras que Edward fue alabado. Él empezó a ganar confianza mientras ganaba popularidad. El fuego de Rosalie se iba apagando hasta que finalmente lo hizo. Hubo incluso algunas visiones vagas en las que se le veía tartamudeando tímidamente en varias entrevistas a lo largo de su vida. Fue horrible y doloroso de ver.
Finalmente, Edward regresó a la casa de Alice. Se sentó pesadamente en el suelo, enjuagando sus ojos con su mano. —Todo eso ha cambiado, ¿verdad? Todo eso no va a suceder.
—Está todo bien ahora —confirmó Alice.
Edward dejó escapar un suspiro de alivio. — ¿Ya puedo volver a tener 29 otra vez?
Alice sonrió y agitó su varita hacia él.
(1) Es una criatura fantástica de la que no está probada su existencia, ni siquiera en los libros de Harry Potter... Luna Lovegood dice que habita en los muérdagos y que roba las cosas de las personas para luego devolverlas de maneras extrañas.
(2) "El Pensadero"es un "objeto mágico", que se encuentra en la oficina de Albus Dumbledore, el director de la escuela de Hogwarts y es una especie de pileta con agua que está junto a un armario enorme con muchas botellitas de cristal, selladas con un tapón, que en su interior resguardan una sustancia que no es sólida, sino más bien es como una especie de vapor o humo luminoso, que no es otra cosa más que un recuerdo.
En el mundo mágico de Harry Potter, los recuerdos de una persona son almacenados así. Los extraen de la mente y con la punta de una varita de mago, se depositan con mucho cuidado en uno de esos frascos de cristal y cuando alguien quiere ver en concreto uno de esos recuerdos, destapa el frasquito y vierte el contenido en el agua de la pileta… Esta se disuelve como si fuera tinta china y luego tienes que sumergir la cara en el agua y entonces "El Pensadero" te succiona y te transporta para que veas todo lo que sucedió realmente en el momento y lugar en que se vivió lo que esa persona almacenó en el frasco como recuerdo.
