¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?

Historia escrita por:LyricalKris

Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)

Beta:Mentxu Masen (FFAD)


— ¡No lo puedo creer!

Todo el aliento abandonó el cuerpo de Edward cuando alguien aterrizó sobre su estómago. Abrió los ojos para encontrase a una alegre Alice sentada sobre él, o mejor dicho, rebotando sobre él. Estaba tumbado de espaldas en la extraña casa en la que la pequeña vivía.

Por un momento, el techo lucía como si no estuviera ahí, Edward podía ver las nubes oscuras y la lluvia cayendo libremente. Pero la lluvia se detuvo, dejando ver el contorno del tejado flotando en el cielo. El techo de esta habitación estaba encantado, se dio cuenta.

Bueno, ¿qué más podía ser? No era lo más raro que había experimentado últimamente.

Colocó las manos sobre las caderas de Alice para detener el rebote, Edward tomó unas cuantas respiraciones para mitigar el dolor. — ¿Qué es lo que no puedes creer?

— ¡Eso. Fue. Sorprendente! —Alice exclamó, riendo—. ¡Lo hiciste a la primera!¡ Wow!

Edward se sentó con cuidado, manteniendo su brazo alrededor de la niña para que no se cayera. Se apoyó contra el sofá que estaba en el centro de la habitación y miró a los ojos inusuales de Alice. — ¿Qué hice?

—Arreglaste el día —explicó ella, con voz paciente pero la expresión de su cara era bastante condescendiente.

— ¿Qué? —Edward repitió tontamente—. Alice, no tengo ni idea de lo que estás hablando. Nada sucedió hoy. Fui a la escuela. Regresé a casa. Mis padres, por una vez, se alegraron de que estuviera en frente del computador, en casa, en lugar de meterme en más problemas...

Se puso de pie, dándose la vuelta volvió a sentarse en su regazo, con la espalda contra su pecho. Recogiendo su fiel varita, lo saludó con grandilocuencia. —Accio Quisquilloso. (1)

Edward estaba confundido hasta que algo con la forma de una revista entró rápidamente en la habitación. Alice lo agarró en el aire antes de que lo golpeara en el rostro. Ella señaló una foto de la portada. — ¿Ves?

Esto no era una revista normal. Los titulares, mientras Alice hojeaba la revista, iban por todas partes, todos ellos en diferentes tipos de letra y tamaños. Edward se dio cuenta de que muchas de las palabras estaban mal escritas. Uno de los titulares decía: Queridos Padres, Los guisantes son REPUNANTES.

Pero eso no era lo que más le llamaba la tención, las imágenes del periódico se… movían.

Miró la imagen que Alice estaba señalando, dando un pequeño respingo cuando se dio cuenta que era él. Para ser más preciso, parecía ser el momento en que colisionó con Bella fuera de la clase de Biología. Mientras observaba, ellos se acercaban el uno al otro, ninguno de los dos prestaba atención hasta que aterrizaron en una maraña de extremidades, libros y papeles que iban por todas partes.

—No lo entiendo —murmuró Edward—. ¿Me estás diciendo que cambié algo que salió mal la primera vez... chocando con ella?

Alice lo miró, alzando la mano para tocar la parte inferior de su mandíbula. —Hey, estás todo rasposo hoy —dijo distraídamente.

—Alice —se quejó—. ¿Qué ha cambiado?

—Oh —dijo la niña, como si de pronto recordara la pregunta. Golpeó la foto con su varita—. Mira.

Esta vez, la imagen continúo desde donde inició la vez anterior. Bella y él cayendo al suelo, Bella completamente encima, y él maldiciendo.

— ¡Mierda! ¡Sal fuera! —gruñó su miniatura, empujándola lejos bruscamente. Edward hizo una mueca, frunciendo el ceño en desaprobación con su comportamiento.

Bella se veía herida por un momento antes de que lo mirara fijamente. —Como si hubiera querido chocar contigo. Ocúpate de ti mismo.

—Bueno, ¿puedes al menos tratar de ver por dónde vas? ¡No es mi culpa que estés tan distraída! —gruñó.

—Sí, Swan. —Interrumpió otra voz cuando James y Royce entraron en escena. James cruelmente golpeó un libro fuera de sus manos justo cuando estaba a punto de recogerlo. El Edward de la imagen frunció el ceño, como si quisiera decir algo, pero cuando Royce pasó su brazo alrededor de sus hombros, se quedó callado—. No seas tan malditamente torpe la próxima vez —se burló James.

Bella miró a los tres chicos, su boca fruncida en una línea apretada. Ella no dijo nada más, se levantó a sí misma del suelo y recogió los libros antes de refugiarse dentro de la clase.

La imagen cambió, y lucía como si Royce y James se complacieran en burlarse de Bella. James le puso el pie a Bella, cuando ella obviamente distraída, pasaba, haciendo que se cayera en medio del pasillo. Royce le gritó insultos en lugar de ayudarla cuando la vio deslizarse sobre una placa de hielo. Ellos no salían de su camino para atormentarla, pero en Forks, la escuela era pequeña, y no le iban a hacer la vida fácil.

El efecto era previsible. James y Royce eran populares por lo que muchos de los adolescentes seguían como ovejas su liderazgo. Cuando más cuidado tenía, más torpe parecía. Aun así, ella no perdió esa chispa de furia en sus ojos, pero Edward imaginó que no podría defenderse cada vez que alguien se reía de ella.

Por último, hubo una breve escena de Bella en lo que debió haber sido su habitación. Estaba hojeando un álbum de fotos, mirando con nostalgia las fotos de ella y sus amigos en un lugar cálido y soleado. Se dio cuenta que debieron ser de donde venía. Suspirando, levantó el teléfono. —Oye, mamá... Si Phil consigue el puesto de entrenador te vas a quedar en Phoenix, ¿no? ... Bueno, ¿puedo volver a casa... si lo haces?

— ¿Por qué hice eso? —Edward preguntó, con la voz cargada de vergüenza y culpa—. ¿Por qué le dije esas cosas? ¿Y por qué no la recuerdo en absoluto?

—Tú estabas... uh... —Ella resopló, en busca de la palabra—. Al igual que cuando yo le cuento a papá una historia y él dice:"uh huh, uh huh, uh huh "; pero luego le pregunto sobre ella y dice: '¿qué?'

Edward parpadeó, tratando de seguir la lógica de la niña. — ¿Distraído?

— ¡Sí! Eso y enojado.

Edward lo consideró en el contexto del fin de semana original que había vivido. Se despertó al lado de una chica con la que apenas recordaba haberse acostado. Estaba aturdido y confundido, ahora sabía que lo habían drogado. Había pasado el fin de semana sintiéndose un poco fuera del lugar. Sus padres tenían sus sospechas. Su hermano estaba furioso. Rosalie no quería hablar con él y, de repente, James y Royce eran sus mejores amigos. Sintiéndose tan confuso y fuera de sí, obviamente lo dejó distraído y muy molesto, por lo que imaginó que cuando Bella chocó con él, pudo haber dado una reacción exagerada. Desde las instantáneas que Alice le mostraba, no se veía que él la molestara. Probablemente ella lo ignoró lo más que pudo al igual que Rosalie hasta que se fueron todos de la escuela.

Eso explicaría por qué no tenía ningún recuerdo de la pobre chica. A diferencia de la gran mayoría de sus compañeros de clase, no había crecido con ella. Si nunca interactuó después de ese día, obviamente había desaparecido de sus pensamientos.

Pero eso todavía no explicaba una cosa.

—Alice, ¿qué hice para que me odiara desde el viernes?

—Nunca te odió, tonto —advirtió Alice—. Heriste sus sentimientos.

Eso ya lo sabía. Edward se recordó a sí mismo que debía tener paciencia con la niña. — ¿Me puedes mostrar lo que hice? ¿Cómo la herí?

— ¿Cuál es la palabra mágica? —preguntó ella.

Edward sonrió. —Por favor.

Asintiendo con satisfacción, Alice golpeó de nuevo la foto. Esta vez, se vio a sí mismo sentado en su escritorio, con cara de aburrimiento mientras dibujaba su nombre en letras mayúsculas que sospechosamente se parecían a las de Star Wars. La hoja estaba cubierta por lo que Edward vagamente recordaba era Aurebesh, el alfabeto del universo de Star Wars.

En su periferia, la chica morena, Bella, entró en el aula junto a un parlanchín Mike Newton. Ella tenía un papel en la mano que le entregó al Sr. Banner mientras Mike tomaba asiento. Banner lo firmó, le entregó un libro y señaló el asiento de al lado. Mientras tanto, Edward aún no levantaba la mirada, estaba más interesado en tratar de perfeccionar la W de su nombre.

Ella se sentó a su lado y Edward la miró con horror mientras sus ojos se dilataban perceptiblemente. Recordó el extraño efecto que parecía tener sobre él, cómo su corazón se aceleraba y su lengua se volvía pesada e inútil en su boca. Ella lo puso nervioso. Al parecer, ella siempre lo ponía nervioso.

Bella lo miró, su expresión era reservada y tímida, pero sus ojos se iluminaron al ver su cuaderno. Automáticamente, extendió la mano y tiró el cuaderno hacia ella.

Antes de que ella pudiera hablar, Edward reaccionó, agarró el cuaderno con tanta fuerza que el alambre suelto en la parte superior del espiral le lastimó la piel, haciéndola jadear de dolor. — ¡No toques eso! —gritó, con el rostro totalmente sonrojado.

Ella lo miró fijamente, con una mezcla de vergüenza y furia en su rostro. Tal vez quiso decir algo, pero Banner eligió ese momento para comenzar la clase. Ninguno de los dos prestó atención en toda la lección. Bella hervía por dentro mientras que él lucía... amargado.

Edward sabía exactamente por qué había reaccionado de la manera en la que lo había hecho. Al estar atrapado repitiendo las mismas clases una y otra vez, Edward había explorado el contenido de su mochila y su casillero bastante bien. Le divirtió encontrar las últimas páginas de su cuaderno llenas de dibujos de personajes desnudos. La princesa Leia aparecía más de una vez. Los otros lucían como personajes de videojuegos, cinturas imposiblemente pequeñas, tetas gigantes y trajes que eran más apropiados para strippers que aventureros.

Era suficiente decir que su libido adolescente estaba viva y en funcionamiento.

La imagen continúo con el final de la clase. Cuando la campana apenas sonó, él ya estaba fuera de su asiento. Se puso de pie tan rápido, que tiró al suelo los libros de Bella, mientras tropezaba más de una vez con sus piernas no coordinadas. Ella se le quedó mirando, con la boca abierta ante su rudeza, hasta que Mike Newton se inclinó para ayudarla a recoger las cosas que estaban esparcidas por el suelo.

Tuvo que admitir que, desde su perspectiva, parecía como si lo hubiera hecho a propósito.

Se preocupó ante la pequeña punzada que sintió en el corazón. Eso fue, en el gran esquema de las cosas, un incidente sin importancia. Sin embargo, descubrió que odiaba haber herido sus sentimientos. Al parecer, eso no se podía deshacer.

Edward suspiró, pasándose la mano por los ojos con cansancio mientras Alice se levantaba y se dirigía a un estante lleno de juguetes. —Todavía no estoy seguro si lo he entendido. ¿Lo que originalmente pasó ese día cambió la vida de Bella? ¿Significa que supuestamente ella debía permanecer en Forks?

Alice lo miró brevemente desde donde estaba sentada con las piernas cruzadas, jugando con las figuras de acción que había sacado de la estantería. Se encogió de hombros ligeramente antes de volver a lo que estaba haciendo.

Usando el silencio para darle un descanso a sus confundidos pensamientos, otra curiosa idea se le ocurrió. —Hey, Alice, ¿por qué tuve que repetir ese día? ¿La vida de Bella cambió simplemente porque James y Royce no estaban allí?

Con un suspiro dramático, Alice dejó los juguetes de lado y volvió a su lado. —Aún así podías arruinar todo. Mira, Mike Lamebotas está en tu clase. Vio como tú y Bella chocaron. Él pudo haberse burlado de ella porque los chicos pueden ser tontos y malos. Excepto que le pediste disculpas, por lo que él no dijo nada.

—Porque se sentía culpable por ser amigo de Royce y James… —concluyó Edward.

Alice se encogió de hombros otra vez. Los motivos de otras personas significaban muy poco para los niños, Edward consideró. —Pero dime…

— ¡No! —Alice golpeó el suelo con el pie, mirándolo disgustada. Ella dio un pequeño gruñido—. ¡Haces demasiadas preguntas! Te dije que algunas cosas son el destino. Las personas pueden hacer lo que quieren de todos modos, pero en las segundas oportunidades, tienes que hacer lo que el destino quiere que hagas.

—Y tú no me puede decir lo que el destino quiere —dijo Edward obedientemente.

Ella asintió con la cabeza, luciendo complacida. Luego agitó su mano alegremente. — ¡Adiós!

25 de Enero, 1999.

Edward mantuvo los ojos cerrados, cuando regresó a la realidad. Cada vez que veía a Alice, tenía que tomarse unos minutos para convencerse de que no estaba en el infierno.

Pero entonces, solo le tomó escuchar la voz de su madre para recordar todo lo que había recibido. Era justo trabajar por ello. Por mucho que odiara su frustración y que detestara con todo su ser la sensación de no tener idea de lo que estaba haciendo, el precio valía la pena.

Después de todo, su vida había sido bastante monótona y aburrida. Al menos estos cambios le ofrecían un reto... un enigma el cual tenía que averiguar día a día.

—Edward —le regañó su madre—. Segunda advertencia. Levántate de la cama.

En lugar de responder u obedecer, Edward murmuró incoherentemente contra su almohada.

—Edward Anthony Cullen. Si no te levantas de la cama en este instante, voy a bloquear tu computadora. La señora Yorkie me contó todo acerca de ellas así que no pienses que no puedo hacerlo. —Amenazó Esme—. Me aseguraré de que tu ordenador se apague después de las 9 PM.

—Cristo —murmuró, rodando en la cama y cayendo al suelo dentro de un enredo de mantas—. No seas tan dramática. Estoy levantado.

Esme le rodó los ojos a su hijo y le revolvió el pelo cariñosamente.

En el closet, Edward se encontró con que su guardarropa había pasado por una enorme transformación. Sus camisetas frikis, estaban escondidas en el fondo. En su lugar había algo de ropa un poco más elegante. Todavía se vestía como un adolescente... un adolescente mejor vestido.

Mientras Edward buscaba entre su ropa, recordó haber estado en la tienda con su padre y su hermano la semana anterior. A pesar de que tenía 18 años, Emmett ya no crecía de alto pero sus hombros se estaban ampliando, por lo que necesitaba ropa nueva frecuentemente. Edward, por otro lado, simplemente estaba ahí para sustituir la suya.

En sus recuerdos, Carlisle se rió entre dientes cuando Edward cogió una corbata, mirándola con curiosidad. —No te apresures en crecer, Edward.

Era extraño. El último día que Edward había vivido la realidad, fue hace dos semanas. Pero el recuerdo de ir de compras con su familia, un día en el que no estuvo presente, estaba fresco en sus pensamientos. No eran viejos recuerdos, como los que tenía al recordar sus días de escuela secundaria cuando todavía tenía 29.

Cuando pensó en el día de ayer, un par de memorias vinieron simultáneamente. Una de ellas era del mundano lunes que había pasado, básicamente, viviendo su vida. El segundo era de él despertándose mucho después del mediodía del domingo, tropezando dentro de la cocina para conseguir comida y luego tropezando de nuevo al subir a su habitación. Jugando, riéndose por los audífonos con Jasper y otros de su grupo. Esa noche, él y Jasper miraron el último episodio de los X-Files juntos.

La extraña sensación de recuerdos yendo y viniendo por su cabeza continuó hasta cuando llegó a la escuela. En lugar de ignorarlo como siempre lo hacía, Rosalie levantó la vista cuando él se sentó y le ofreció una pequeña sonrisa antes de volver a revisar su tarea de matemáticas. Edward recordó que ella había revisado su Volvo la semana anterior, aunque sospechaba que era más bien una excusa para ver a su hermano que ayudarlo.

En el almuerzo, la curiosidad tuvo a Edward mirando la mesa de Emmett. Efectivamente, él y Rosalie estaban jugando Footsie(2). No era la versión lasciva del juego que Edward tantas veces había sido objeto durante las reuniones de trabajo o cenas de lujo. No, este juego era más inocente. Emmett dio un empujón juguetón con sus pies, haciéndola sonrojar y reír.

Edward vio hacia otro lado cuando su hermano lo sorprendió mirando. Jasper estaba haciendo la tarea a última hora por lo que no era una gran compañía. A falta de algo mejor que hacer, Edward continuó tratando de resolver el misterio del destino.

Sus ojos se dirigieron hacia donde Bella se sentaba con sus amigos. Todavía le sorprendía. Recordaba a Rosalie a pesar de los años que había pasado desde que la vio por última vez. No recordaba a Bella en absoluto. Sin embargo, el simple hecho de toparse con ella tuvo un efecto enorme en su vida.

Pero, ¿por qué es tan importante? Una adolescente siendo miserable no era tan raro. Así que huyó a Phoenix, de donde, asumió, venía. ¿Era eso un gran problema? Comprendía por qué el destino de Rosalie tuvo que ser cambiado. Toda su vida fue destrozada aquella noche. Bella regresando con su madre parecía más mundano... incluso natural.

Edward se dio cuenta demasiado tarde de que Jessica Stanley, sentada al lado de Bella, veía como la miraba fijamente. Sólo se dio cuenta cuando ella se inclinó, susurrando en el oído de Bella. Ella debió delatarlo porque Bella lo miró. Edward sintió su rostro ruborizarse mientras se agachaba, pero cuando se arriesgó a mirarla desde debajo de sus pestañas, vio que su rostro también estaba enrojecido y que sus labios se curvaban en una leve sonrisa.

Al instante, Edward se sintió culpable. Tal vez estaba programado para tener un flechazo adolescente con ella, porque obviamente eso es lo que era, pero se sentía realmente mal tener esos sentimientos cálidos y hormigueos en el cuerpo por una chica de 17 años.

Algo divertido por la situación, Edward interiormente debatía la ética del juego. Por un lado se sentía como un adulto de 29 años. Sin duda, parte de su mente tenía la experiencia de esos años. Si quería, estaba seguro de poder utilizar su considerable encanto para entrar en los pantalones de cualquier chica de la escuela. Seguramente no era legal.

La mente de Edward vagó, notando la manera en el que las chicas estaban reaccionando hacia él en las últimas semanas. La mayoría de los chicos habían dejado de mirarlo. Las chicas, sin embargo, parecían actuar diferente a su alrededor. Tal vez era la tarjeta de simpatía combinado con el hecho de que su nuevo vestuario era muy halagador, pero las chicas que lo rodeaban se habían vuelto mucho más risueñas. Las más audaces, como Lauren Mallory, incluso le habían coqueteado un poco. En sus recuerdos, su yo adolescente parecía desconcertado, pero no del todo disgustado por el giro de los acontecimientos.

Pero había otro enigma. Si estaba reescribiendo su propia historia, no le parecía justo impedir su propio desarrollo solo porque se sintiera culpable. No iba a tomar ventaja de nadie, pero ¿las primeras novias eran parte de crecer? ¿Verdad?

Interiormente, Edward rodó sus ojos. Si algo tenía que pasar, estaba seguro de que acabaría repitiendo el día hasta que hiciera que pasara.

La campana sonó, trayendo a Edward de vuelta al presente. Jasper se quejó, recogiendo su tarea. —Es hora de afrontar las consecuencias —murmuró.

Edward le dio una palmada en el hombro a su amigo. —Buena suerte.

Mientras se dirigía a Biología, los pensamientos sobre Bella, de nuevo, se deslizaban en su cabeza. El último par de semanas habían sido menos que amigos, pero más que enemigos. Conocidos, tal vez. O compañeros amistosos. Se preguntaba qué tan castigada estaba. Charlie no era muy bueno en hacer cumplir las reglas, especialmente cuando Bella era nueva en el pueblo y sabía que debería animarla a tener amigos.

No se le escapó que su paso se aceleró cuando pensó en hablar con Bella. Estaba sonriendo sin ninguna razón.

Sin duda, un flechazo adolescente.

Bueno, ¿acaso eso no era tierno?

Pero cuando finalmente llegó a clase, Bella estaba desplomada en su asiento. Tenía los brazos cruzados con fuerza y su cabello cubría su rostro. Todo en ella gritaba que quería estar sola.

Por supuesto, la boca de Edward comenzó a trabajar antes de que su cerebro pudiera detenerla. Al parecer, su boca no era buena con las pistas visuales. —Bella. ¿Estás bien?

Ella dejó escapar una bocanada de aire, relajándose a sí misma. —Estoy bien.

Estaba mintiendo. Estaba seguro de ello. La idea lo confundió aún más.

Como hombre de negocios, cuando la gente estaba teniendo un mal día, lo más cortés que se podía hacer era dar a la persona un poco de espacio para que se reponga y así todos continuaban con su día. Nadie quería que su jefe o compañeros de trabajo estuvieran sobre ellos cuando las emociones se salían de control.

Pero con Bella, Edward tuvo que detenerse así mismo de tocarla. Deseaba retirar el cabello de sus ojos y ahuecar sus mejillas para descubrir su preocupación. O tal vez reiría si le hacía cosquillas. Mil cosas estúpidas se le ocurrieron, y Edward tuvo que recordarse así mismo controlar sus modales. Ni siquiera eran amigos. Definitivamente no se había ganado el derecho de tocarla... de consolarla.

Seguramente no le gustaría su intromisión. Además, cuando se trataba de Bella, Edward se encontró cayendo incómodamente dentro de la categoría de retardado. No confiaba en sí mismo para no volver a hacerle daño.

Sin embargo, le sorprendió lo mucho que eso le dolía. Estaban haciendo un laboratorio ese día, por lo que el abatimiento en su voz se hizo más evidente a medida que discutían profase vs anafase. Ella no estaba prestando atención, lucía como si se desconectara con frecuencia. Edward sabía por sus recuerdos que era bastante buena en Biología.

Toda la experiencia le puso de mal humor. Cuando llegó a su casa, la angustia parecía ser una entidad casi física que corría por su sangre. Edward no sabía muy bien qué hacer consigo mismo. Tenía la extraña urgencia de pelearse con alguien. Afortunadamente, nadie estaba en casa.

En su lugar, Edward se sintió inquieto entrando y saliendo de habitación en habitación. El efecto dominó en su cerebro parecía ineludible. Recordar los ojos tristes de Bella le dio ganas de golpear algo. Entonces se sintió ridículo por estar afectado por el extraño comportamiento de una chica. A partir de ahí se sintió amargado por tener que volver a vivir su vida, sobre todo esta parte. Todo se sentía tan ridículamente importante. Bella estaba molesta probablemente por algo insignificante, la adulta en la que finalmente se convertiría rodaría sus ojos.

No era la primera vez que Edward se sentía frustrado con su tarea. Era otro día mundano. Mirando hacia atrás, no podía ver nada importante que debiera ser arreglado.

¿Sería mucho esfuerzo para el destino lanzarle un maldito hueso?

Edward vagó de nuevo al vestíbulo, sus inquietos ojos, de repente, cayeron sobre el piano junto a la puerta principal. Inclinó la cabeza, sintiendo a sus dedos retorcerse.

Su piano. Este piano era una de las pocas cosas que aún tenía. Una de las pocas cosas que le daban placer puro. Con sus dedos moviéndose sin problemas a través de las teclas, podía sacarse un poco la frustración y la soledad de su vida.

Ansioso, Edward se sentó. Sus manos se situaron solas sobre las teclas, comenzando a tocar algo que encajaba con su estado de ánimo. Era algo oscuro e impaciente, permanecía, en su mayoría, a lo largo de la parte derecha de las teclas, el pedal controlado con el pie haciendo los acordes retumbantes y estruendosos.

Esta casa tenía una mejor acústica que su casa. La idea le agradó, calmando la ansiedad. La música que tocaba cambió, sonando un poco perdida. Así era como se sentía acerca de su tarea. Pero al final, esa es la vida ¿no? Cuando estaba llevando a cabo algún tipo de plan, ir a la escuela, empezar su propio negocio, etc. Siempre estuvo seguro de sí mismo. Pero las veces que había reflexionado sobre el significado de su vida, se había sentido perdido de esta manera.

Al pensar en su vida y en las personas que estaban en ella, las personas a las que había hecho daño y a las personas que había perdido, de nuevo, la música cambió. Estaba tocando a los maestros: Beethoven, Chopin, Debussy. Ahora empezó a tocar sus propias composiciones. A lo largo de sus años de soledad, había trasladado a todos sus seres queridos en una canción.

Luchando contra una persistente depresión que ya no podía calmar con alcohol, Edward transfirió toda la belleza de su vida a la música. La canción que tocaba la recordaba muy bien. Pensó en sus padres, lo amorosos y buenos que era. Su mano izquierda, firme y fuerte en las notas más profundas del piano, hablaba de la seriedad y compasión de su padre. Su mano derecha, saltando delicadamente a lo largo de las más delicadas y bellas notas altas, hablaban del amor de su madre por la vida y su familia. Cuando sonaban juntos, su belleza dolía.

—Oh, Dios mío, Edward. Eso fue maravilloso.

Edward dio un respingo, girando un poco sobre el banco para encontrar a su madre y padre observándolo.

—Nunca te había escuchado tocarlo —continuó Esme—. ¿De quién es?

Se aclaró la garganta, tratando de tragarse la emoción que brotaba en él. —Yo lo escribí. Es suya. Quiero decir...

Ridículamente, se sentía cohibido con su admisión.

— ¿Desde cuándo compones? —Carlisle preguntó, impresionado—. Ha pasado mucho tiempo desde que te oí tocar.

Luchando contra una mueca, Edward se encogió de hombros.

~0~

En la cena de esa noche, Carlisle aún no dejaba el asunto. —Es un talento maravilloso, Edward. Creo que podrías obtener una beca con un talento así. Si hubiera sabido que todavía estabas interesado en tu piano, lo habría sugerido antes.

Edward frunció el ceño, empujando su comida alrededor de su plato. —Dios, papá, ¿te mataría dejar en paz algo que me gusta? —murmuró, sin saber que se sentía de esa manera hasta que las palabras salieron de su boca.

Carlisle lo miró por encima de la mesa. —Tu aplicación para la universidad se va a ver bastante seca en este punto, hijo. Poner juegos excesivos de Internet como tu único interés no te va a llevar a ninguna parte —dijo enfáticamente—. Puedes ser lo que quieras, Edward. Lo harías excelente en negocios... leyes. —Se encogió de hombros—. Incluso serías un gran doctor si te lo propones.

—Igual que tú —murmuró Edward a su plato, preguntándose por qué se sentía tan irritado. Su padre tenía razón, después de todo.

—Eres capaz de grandes cosas, Edward. —Carlisle presionó—. En este momento, no tenemos mucho, además de buenas notas para conseguir una buena escuela. Emmett tiene sus actividades extracurriculares y un trabajo…

—Y yo sólo soy un friki holgazán. Sea lo que sea, lo entendí —gruñó Edward, encorvándose en su asiento.

Edward siempre fue consciente de la decepción de sus padres. Y tenían razón. No solo la malgastaba, sino que lanzar su vida por la borda les había costado las suyas a ellos.

Eso fue lo único que lo había motivado todos esos años. Cuando sus padres murieron, había ganado un propósito en la vida. Los haría sentirse orgullosos a título póstumo. Eso fue lo que lo hizo volcar toda su energía en controlar su adicción y luego ir a terminar la escuela. Era poco probable que sus notas y el tiempo que había pasado fuera de la escuela lo convirtieran en un médico o un abogado, por lo que eligió negocios. Había prosperado, al igual que Carlisle sabía que lo haría.

Tal vez la decisión que tomó hoy, tocar el piano de nuevo, serviría para cambiar el futuro de la manera correcta. Esta vez sus padres podrían verlo lograr las cosas que habían soñado para él.

Cuando Edward se fue a dormir, se permitió sonreír ante la posibilidad de que, en esta ocasión, podría llegar a ver las sonrisas orgullosas de sus padres.


Accio es un hechizo de Harry Potter que permite que las cosas vengan a ti o se activen. El Quisquilloso es el diario que circula por el mundo mágico, donde las imágenes se mueven al igual que las letras.