¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?
Historia escrita por:LyricalKris
Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)
Beta:Mentxu Masen (FFAD)
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Edward tenía miedo de abrir los ojos.
En su opinión, había repetido el 25 de enero unas 19 veces. Quizá más. Las líneas del tiempo se estaban empezando a juntar en un borrón.
No importaba cómo lo intentara, no podía entender lo que se estaba perdiendo. Nada importante ocurrió el 25 de enero. Mientras recorría los pasillos de la escuela, había logrado detener que un grupo de tercer año arrojara al bote de basura a un estudiante de primer año llamado DJ Garrett. También había tropezado con Mike Newton besándose con Lauren Mallory en el bosque detrás de la escuela. Detener los dos eventos con su mera presencia no había cambiado la situación.
A veces discutía con sus padres, a veces no lo hacía, les contó todo sobre el negocio que iba a comenzar y manejar en el futuro. Vio el orgullo en sus rostros, y aunque había sido gratificante, seguía despertando el 25 de enero.
Alrededor de la cuarta o quinta vez que repitió el día, Edward había empezado a hablar con Alice en la noche. Supuso que era similar a orar, a pesar que se sentía extraño asociar esa palabra con la niña. Aún así, le preguntó, no, le suplicó, por respuestas. Pero noche tras noche, dormía y se despertaba sin tener ni un sueño con la niña demonio.
Suspirando, Edward finalmente abrió sus ojos.
No estaba en su habitación. Estaba en la habitación de alguien, en la cama de alguien para ser exactos, pero que no era la suya.
Edward se sentó con cuidado, analizando lo que había a su alrededor. Automáticamente buscó sus gafas, sólo para encontrarse con una mesa de noche llena de productos para el cabello. Había un cepillo, cintas para el cabello, lo que parecía un iPad o algo similar y un teléfono celular.
¡Un teléfono celular!
Edward agarró la cosa. Cómo había extrañado los teléfonos celulares. Un par de veces le había dicho a Jasper que le texteara en su siguiente clase sólo para que su amigo lo mirara como si estuviera loco. Volver a un mundo donde muy poca gente poseía teléfonos celulares era una de las cosas más odiadas por Edward sobre las segundas oportunidades.
Si estaba en una habitación con un teléfono celular, ¿significaba que algo había cambiado?
Se dio cuenta de que aún no llevaba gafas, y sin embargo, podía ver todo claramente.
Emocionado ahora, Edward miró frenéticamente alrededor de la habitación hasta que encontró la cosa que deseaba desesperadamente. Corrió hacia el espejo sobre la cómoda.
¡Su rostro! ¡Su rostro! Barba de tres días, toda la redondez de la juventud se habían ido volviéndose facciones más adultas, rasgos cincelados, su rostro ya no era el de un chico de 17 años.
Se abrió una puerta en algún lugar de la habitación y Edward saltó. Sus ojos se posaron en la figura que emergía de lo que debía ser el baño, a juzgar por todo el vapor que salía de la puerta y el hecho de que la joven que había surgido estaba vestida sólo con una toalla.
Una mujer muy joven.
Ella gritó al mismo tiempo en el que él lo hacía por la sorpresa.
—Mierda, mierda, lo siento —dijo de forma automática, mostrando las palmas de sus manos intentando calmarla. Desvió la mirada, mirando cualquier parte excepto a ella—. Te juro que no sé lo que estoy…
—Edward.
—…Haciendo aquí. No estoy intentando ser un pervertido o…
—Edward.
—…Mira, solamente voy a salir de aquí…
— ¡Edward!
Edward cerró la boca, congelándose como una estatua. Respiraba con dificultad, sintiéndose escandalosamente culpable por ser atrapado en la habitación de una jovencita. Ella no podría tener más de 16 años. Sus ojos se posaron en los carteles que cubrían las paredes de su habitación. No reconoció a los chicos en los afiches pero la pose sexy del ídolo adolescente no parecía cambiar, no importaba qué año fuera.
—Mírame —exigió la chica.
—No creo que sea una buena idea —dijo Edward secamente.
—Oh, por el amor de Dios —murmuró, suspirando dramáticamente, sonando extrañamente familiar—. Bien. Quédate ahí un segundo. No te muevas.
Oyó pisadas suaves en el piso y luego como se abría otra puerta detrás de él. Edward había considerado huir, pero ahora que el pánico comenzaba a ceder, de verdad estaba curioso. La chica obviamente sabía quién era. Tal vez debería quedarse para averiguar en qué época había aterrizado.
Además, no quería ser atrapado por algún padre furioso saliendo de la habitación de una niña menor de edad.
Se oyó algunos susurros por uno o dos minutos antes de que lo llamara. —Está bien. Te puedes dar la vuelta ahora. Estoy completamente vestida, te lo prometo.
Se volvió lentamente, con cuidado, en caso de que la chica intentara jugarle una mala pasada. Dejó escapar un largo suspiro de alivio al ver que se había puesto unos vaqueros y una camiseta. Ella se rió de él mientras se dejaba caer sobre la cama, frotando una toalla sobre su largo cabello negro azabache. —Lo siento. Aún no te esperaba. No estaba lista.
Edward no respondió de inmediato. Su familiaridad con él lo estaba confundiendo, pero cuanto más la miraba, más se daba cuenta de que la conocía. Sus ojos casi se salieron de su cabeza cuando la miró completamente.
Un ojo negro, uno color ámbar.
— ¿Alice?
Ella le sonrió, sacudiendo la cabeza con tristeza. —Te tomó bastante tiempo.
—Pero... estás toda crecida.
Ella frunció los labios. —Más o menos.
Críptica como siempre. —No lo entiendo —admitió. Se volvió un poco, mirándose en el espejo para asegurarse de que no había imaginado su rostro—. Si tengo 29 otra vez, ¿cómo es que tú... ¿Cuántos años tienes?
— ¿Yo? No tengo edad. Pero este cuerpo tiene dieciséis años, si eso es lo que estás preguntando —dijo Alice con un brillo en sus ojos—. Siempre tendrás 29 aquí.
Al ver a una silla detrás de él, Edward se sentó pesadamente, pellizcándose el puente de su nariz mientras trataba de dar sentido a un mundo sin sentido. Dio un pequeño gruñido de frustración.
—Ves, ese es tu problema —dijo Alice alegremente. Levantó la vista justo a tiempo para verla rebotando ligeramente, se recostó de tal manera que su cabeza colgaba del borde de la cama, con el cabello derramándose sobre el suelo—. Aquí estás, repitiendo tus días de escuela secundaria una y otra vez, buscando algún tipo de lógica para todo esto. —Se dio la vuelta, apoyando la barbilla en sus manos mientras lo miraba—. Eres una especie de tonto del culo, amigo.
Los labios de Edward se curvaron. —Eres mucho más malhablada de lo que recuerdo.
—Tú más que nadie deberías saber que hay cosas que vienen con el cuerpo en el que estás. ¡Tengo 16! Soy atrevida y pienso que lo sé todo —dijo con una sonrisa.
— ¿Cuál es la diferencia de cuando tenías cinco? —preguntó.
Ella se rió. —Menos Harry Potter —señaló.
—Harry Potte... ¡Oh! —Edward le revolvió el pelo con tristeza—. Es verdad... nargles, pensaderos y varitas.
— ¡Oh, Dios! —Alice bromeó.
Edward sonrió y suspiró de nuevo, frotándose las manos sobre los ojos con cansancio. —Bueno, tal vez soy un idiota, pero no puedo entender lo que se supone que debo hacer con este día. —Dejó que sus ojos se encontraran con los de ella—. A menos que tenga algo que ver con Jasper… —Intentó. Era lo único en lo que podía pensar. Todo lo que había salido terriblemente mal en su primera vida había cambiado o cambiaría. Jasper tenía que ser la última pieza. ¿Cierto?
La sonrisa de Alice cayó, su expresión era seria y extrañamente suave. —No lo puedes salvar.
—Pero... estaba pensando, que tal vez si lo supiera, podría conseguir un trasplante, o…
—Lo siento. No hay nada que puedas hacer. Jasper está destinado a morir.
Edward frunció el ceño, apartando la mirada de la chica. Apretó los puños, luchando contra la amargura que crecía dentro de él. Parecía tan injusto. Todo este tiempo, se había obligado a no pensar en ello, pero la esperanza de que de alguna manera pudiera cambiar el destino de su amigo siempre estuvo presente en el fondo de su mente. Este "no", le sentó como una piedra en el estómago, haciendo que la bilis subiera a su garganta.
— ¿Es lo mismo para mis padres? —Edward se obligó a decir, preguntándose si tendría que hacer frente, eventualmente, con esa pérdida junto con la de su mejor amigo.
—No —dijo Alice en voz baja—. Sus muertes se pudieron evitar la primera vez. Ellos van a estar alrededor sacándote de quicio por un tiempo muy largo —bromeó.
Sus palabras le dieron un poco de consuelo. Edward cerró sus ojos y se obligó a respirar hondo, guardando, por el momento, su angustia por el destino de Jasper. — ¿Entonces qué? No entiendo lo que se me está escapando.
—Tu problema es que piensas demasiado —dijo Alice pensativa. Rodándole los ojos—. Vas a tener canas prematuras, ¿sabes? No deberías poner tanto estrés en ese cuerpo. Es solo un adolescente después de todo.
— ¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que estás tratando toda esta situación como si fuera trabajo. Deseas tiempos límites y puntos de acción. ¿Por qué? Ugh. ¿Sabes cuántos adultos matarían por ser niños otra vez? —dijo Alice, sentándose con las piernas cruzadas y echando los brazos al aire—. Y esto es importante para ti, Edward. Eres un adolescente. No vas a tener otra adoles… cencia".
Ella lo miró seriamente. —Te frustras demasiado rápido con tu cuerpo y las cosas que dices que no puedes controlar, porque tus dos lados están en guerra el uno contra el otro —explicó—. Deja que gane el adolescente. Sé un niño. Respóndeles a tus padres sin sentirte culpable. Sé un poco perezoso. Ten un estúpido flechazo con una estúpida chica. Te prometo que no te convertirá en un pervertido. Ve al centro comercial.
—No hay un centro comercial en Forks —murmuró Edward, haciéndose el difícil.
Alice le lanzó una mirada asesina.
—Ser un niño... —Edward repitió con escepticismo.
Alice rodó los ojos. —Si necesitas que tenga sentido, piénsalo de esta manera. Esta es tu vida. Todo lo que el destino desea que suceda ya hubiera ocurrido la primera vez. Esa es una de las razones por las que no puedes ayudar a Jasper. No sabías que estaba enfermo, por lo que no le podías advertir la primera vez. ¿Entiendes?
—Más o menos —dijo Edward a regañadientes.
—Así que simplemente, relájate. Tropezaste con la respuesta correcta, el otro día. Deja que el destino y el instinto te guíen —dijo enfáticamente. Ella se encogió de hombros—. Si no hay nada más, simplemente disfruta de ser un niño.
Se puso de pie, caminando hacia un estante que Edward no había notado antes. En él, había una serie de libros bien ordenados y algunos artículos. Edward se dio cuenta que era la saga de Harry Potter. Miraba con una sonrisa perpleja como Alice tomaba su leal varita.
—Por los viejos tiempos —dijo con un guiño. Luego agitó la varita hacia él—. ¡Evanesco! (1)
25 de Enero, 1999
Edward se despertó, parpadeando, intentando quitarse el sueño de sus ojos, mientras enfocaba los ahora tan familiares, formas difusas de sus pósters en el techo. Respiró hondo y dejó escapar el aliento lentamente.
Aún aturdido, buscó sus gafas, dándole una mirada al reloj a pesar de que sabía lo que iba a ver. Por supuesto. No sólo era 25 de enero, también faltaba una hora y media para que tuviera que levantarse.
Los adolescentes no debían ser madrugadores, ¿verdad?
Pero estaba completamente despierto.
¿Qué es lo que haría el Edward adolescente?
Su libido tenía algunas sugerencias. La exploración de su habitación y su computador había lanzado más de un título pornográfico. Edward estaba muy seguro que su mano derecha había sido su mejor amiga en su vida original, pero ahora no podía hacerlo debido a lo incómodo que se sentía.
Después de todo, Esme siempre entraba sin llamar.
Pero, de nuevo... siempre existía la ducha.
Edward golpeó su cabeza contra la almohada, irritado. A la mierda la regla de los "ocho segundos" (2) para ser más precisos.
Con un suspiro, Edward se levantó y se tambaleó hacia la ducha, poniendo el agua helada. Cuando estuvo vestido y listo, todavía faltaba mucho tiempo para empezar las clases.
Edward miró a su ordenador. El anhelo siempre estuvo ahí, la urgencia de iniciar sesión. Había algo en el clickity-clac de las teclas bajo sus dedos que era tan relajante. A veces sentía como si perteneciera al mundo en línea en lugar que a la vida real.
Bueno, razonó, si finalizaba su misión esta mañana, tendría tiempo para hablar con sus padres para que lo inscribieran en algún tipo de clase de artes marciales. Eso los haría felices. Un poco de equilibrio. Y empezaría a trabajar en esos músculos que echaba de menos.
Esa justificación era todo lo que necesitaba. Edward sacudió el ratón, despertando al ordenador de su inactividad, e hizo clic en el icono EQ.
—Edward, levan…
— ¡Ack! —Edward saltó cuando su madre entró en la habitación.
—tate. —Finalizó Esme, mirándolo perplejo. Luego suspiró—. Jovencito, ¿ya has ido a dormir?
— ¿Qué? Sí, mamá —dijo Edward, distraído por la rapidez con la que había pasado el tiempo. Podía jurar que sólo pasaron 10 minutos desde que se sentó, pero el reloj decía que faltaba media hora para ir a la escuela—. Te lo juro. Me levanté temprano y no pude volver a dormir.
Esme lo miró con escepticismo. —Simplemente no entiendo por qué tienes que estar en esa cosa mañana, tarde y noche.
—Quiero hacer jiu-jitsu o algo así —murmuró Edward, más preocupado por el monstruo que estaba a punto de matarlo.
— ¿Qué?
— ¡Nada! Mira, estoy vestido. Ya estoy listo —dijo Edward con desdén—. ¡Mier...coles! — exclamó, editándose a sí mismo justo a tiempo mientras el monstruo le daba un golpe sorpresa.
Esme suspiró, no queriendo presionar más el asunto. Señaló a su hijo. —Tengo que ir a trabajar temprano, por lo que no puede asegurarme de que lleguen a la escuela a tiempo.
—No soy un niño pequeño —murmuró Edward—. Tengo mi propio coche. No necesito que vigiles a qué hora voy a la escuela. —Dejar salir su lado adolescente era siempre más fácil con sus padres. Se preguntaba por qué.
—Recuerda, ya te lo advertí.
~0~
—Mierda, mierda, mierda, mierda.
Edward iba muy tarde a la escuela, la campana señalando el final del primer período ya estaba sonando cuando llegó al estacionamiento. Como aparcó en la parte de atrás, tuvo que correr para entrar en el edificio a tiempo.
Y, por supuesto, mientras se deslizaba por el pasillo, se topó de frente con el Director Greene.
Cuando llegó a inglés junto a Jasper, Edward no estaba de buen humor.
—No puedo esperar para el almuerzo —se quejó Jasper, luciendo cansado.
—Yo puedo —se quejó Edward. Agitando la hoja de detención delante del rostro de su mejor amigo.
Jasper silbó mientras la leía. —Detención durante el almuerzo. Eso... es una mierda.
—Puedo manejar la detención. Mi mamá se va a volver un basilisco —se quejó Edward, desplomándose en su asiento. Volvió a pensar en lo que Alice había dicho, que cualquiera quisiera ser un niño de nuevo. Seguro… porque la detención y el hecho de que sabía que iba a ser castigado cuando Esme tuviera que firmar la nota del Director, era vivir la gran vida.
A medida que el día continuaba, Edward se forzó más de una vez a relajarse. En lugar de mirar a su alrededor, constantemente alerta por si algo salía terriblemente mal, Edward mantuvo sus ojos en su cuaderno. En lugar de mantener a raya su inmadurez, dejó que el lápiz dictara sus garabatos... aunque optara por dibujar pechos. Y cuando llegó el almuerzo, Edward cumplió su castigo en silencio.
Por lo menos, era algo nuevo...
Edward entró a clase con los hombros caídos, extrañamente perturbado acerca de lo que su madre iba a hacer cuando llegara a casa. Si le quitaba su computador por una semana, sentía como si fuese a morir sin ella.
No era la primera vez, Edward le rodó los ojos a sus preocupaciones. Sería mucho más fácil seguir la corriente si los adolescentes no fueran unas reinas del drama.
Su diálogo interno se desvaneció cuando entró en la clase de Biología, sus ojos aterrizaron en la chica que se encontraba descansando con su cabeza sobre sus brazos. El corazón le dio un vuelco extraño, y de repente su desesperación por la pérdida inminente de su computador ya no parecía importante.
No importaba cuántas veces había repetido el día, Bella siempre estaba abatido durante todo el período de clase. Tuvo que recordarse a sí mismo una y otra vez que no era de su incumbencia.
Pero esas eran las reglas de los adultos. Los adolescentes eran entrometidos... y apenas discretos. Al menos, esa fue su excusa.
—Hey, Bella. —La saludó en voz baja mientras se sentaba a su lado.
Bella sólo asintió en respuesta.
— ¿Qué va mal? —le preguntó sin rodeos.
Cuando la mayoría de las muchachas hubieran saltado ante la oportunidad de suspirar y descargar sus problemas, Bella solo sacudió mínimamente la cabeza.
Eso lo confundió aún más. Se aclaró la garganta, sin querer dejarlo de lado, ahora que había decidido a seguir esta línea de cuestionamientos. Buscó algo más. —Así que... ¿Viste el episodio la otra noche?
—Claro —dijo Bella inexpresivamente, aún sin mirarlo—. Es la segunda vez que le han disparado a Scully en esta temporada.
—Pero es la primera vez que fue real —Edward remarcó.
Bella se encogió de hombros.
Edward frunció el ceño al verse hechizados por el enigma que ella presentaba. Quería que ella hablara con él, pero ¿cómo lo lograba?
Durante todo el período de clase, Edward mantuvo una conversación de un solo lado. Incluso cuando hicieron el laboratorio, las respuestas de Bella eran cortas y superficiales. Lo terminaron antes de que alguien más lo hiciera, dejándole a Edward demasiado tiempo para pensar en cómo romper el silencio antinatural de la chica. Sabía por experiencia que ella no era una persona desagradable, así que algo debía estar molestándola para que sus respuestas fueran tan cortas.
Alguien despejando su garganta hizo que ambos miraran hacia arriba.
El Sr. Banner estaba allí, mirándolos un poco molesto. —Isabella, ¿no crees que Edward debe tener la oportunidad con el microscopio?
Bella frunció sus cejas, mirando al señor Banner, un poco nerviosa y perpleja. — ¿Señor?
—No puedo permitir que hagas el trabajo de Edward. No lo ayudara a largo plazo y…
—Disculpe, Sr. Banner, pero yo no hice el laboratorio sola —dijo Bella, su voz sonaba molesta.
—En realidad, hice tres de los cinco —dijo Edward, irritado igualmente.
El Sr. Banner los veía con sospechas. —La señorita Swan es una estudiante de alto rendimiento, atrapada lamentablemente en una clase regular de Biología —informó a Edward—. Y llegados a este punto, usted ha mostrado poco o ningún interés en mi clase Sr. Cullen. ¿Espera que crea que terminó esto tan rápido?
Le tomó un gran esfuerzo, pero Edward se mordió la lengua antes de decir nada demasiado mordaz. Había estado en el tope de la cadena de mando durante demasiado tiempo. Tuvo que recordarse a sí mismo que ya no era el gran jefe. Era un humilde chico de escuela secundaria y, por regla general, los profesores de secundaria no respetaban a los alumnos.
Antes de que pudiera formular una respuesta que no incluyera "mierda" y "tú", Bella tomó la palabra. —Señor Banner, Edward hizo su parte del laboratorio. Estoy segura de que si fue capaz de identificar las diapositivas la primera vez, estaría más que feliz de identificarlas de nuevo si trae otras.
La cabeza de Edward se giró, su corazón se aceleró. No estaba del todo seguro de poder identificar las diapositivas unas de otras. Había repetido este día tantas veces que se había aprendido de memoria el orden. No podía permitir que el Sr. Banner viera lo que estaba pensando, por lo que contuvo el aliento y lo miró fijamente.
Por último, el Sr. Banner resopló. —Eso no será necesario.
—Por Dios —susurró Edward cuando el maestro se alejó.
—Dan ganas de darse al abandono, ¿no? —Bella dijo, sacudiendo la cabeza.
—No me doy al abandono —protestó Edward, frunciendo el ceño.
Bella hizo un ruido de incredulidad, con una pequeña sonrisa.
Edward rodó sus ojos, pero no insistió con el asunto, se encontró con que disfrutaba de la pequeña sonrisa divertida en su rostro. —Así que... ¿estabas en Biología de alto rendimiento? Eso es bastante impresionante.
En lugar de contestar, Bella se encogió de hombros con desdén, pero vio como sus mejillas se sonrojaban y su sonrisa vacilaba. Frunció las cejas, un poco confundido. Entrar en una clase de alto rendimiento era algo de lo que debes estar orgulloso, pero ella lucía avergonzada.
—Eres tímida. —Se dio cuenta, su voz reflejaba lo confundido que estaba.
Bella lo miró furtivamente, arqueando los labios ligeramente, como si no estuviera segura de si debía fruncir el ceño ante su revelación. —No. Quiero decir... creo que solo un poco.
—Pero... lucías tan audaz cuando estabas frente al Sr. Banner. Y cuando me gritabas —dijo Edward, divertido y un poco incrédulo.
Como se estaba convirtiendo rápidamente en algo predecible, las mejillas de Bella se sonrojaron, pero sus labios se curvaron ligeramente en las esquinas. —Cuando me siento frustrada, me olvido de ser tímida —admitió.
Edward frunció el ceño, apartando el dolor de su rostro. — ¿Yo te frustro?
Sus ojos se encontraron y él pudo ver la breve lucha que se desataba antes de que respondiera. —Yo nunca te había visto antes, nunca hablé contigo, y me trataste como si me odiaras sólo por existir.
Era sorprendente cómo la expresión de dolor en su rostro le hacía sentirse inferior al hongo que crecía en los excrementos de las vacas. Extendió la mano, las yemas de sus dedos rozaban sus nudillos tentativamente mientras la miraba a los ojos. —Realmente siento mucho eso.
Ella se quedó sin aliento y tartamudeó, sus ojos se ensancharon cuando lo miró. Fue solo lo que duro una respiración, luego negó con la cabeza ligeramente y se encogió de hombros. —Gracias —dijo ella con sinceridad—. Y para ser justos, probablemente sobre reaccioné. Simplemente me frustra cuando alguien me trata injustamente.
—Es un mundo injusto —murmuró Edward, pensando en cómo sus acciones involuntarias habían causado mucho más daño del que había pensado.
—Es difícil, a veces, porque no entiendo el por qué de ese comportamiento. Quiero decir, entiendo que la vida no es justa, ya sabes, algunos nacemos genéticamente predispuestos a tener terribles enfermedades, algunos tienen deformidades y así… —dijo, haciendo un gesto con la mano—. Lo que no entiendo es, ¿por qué los seres humanos podemos ser tan crueles los unos con los otros... y de qué sirve?
Ella negó con la cabeza. Luego sonrió mientras cogía una de las diapositivas. —Es por eso que me gusta la ciencia. Es la supervivencia del más apto ya sea para las plantas, los animales... incluso los planetas y las estrellas, pero al menos todo tiene sentido. Si un animal mata a otro, es por sustento o para defender su supervivencia, no porque no le gustaba el color de su piel, ¿entiendes? —Se encogió de hombros otra vez—. No lo sé. Hay algo reconfortante en mirar una de estas diapositivas y saber lo que está pasando.
Cuando levantó la vista, se encontró con que los ojos de él buscaban los suyos, se sonrojó hasta su cuello. Bella se cruzó de brazos, acomodándose en su asiento. —Lo siento —murmuró—. No sé por qué te dije todo esto.
—No —dijo Edward rápidamente—. Lo entiendo. —A pesar de su incredulidad, él sonrío—. De verdad. Por eso me gustan los juegos. Juego juegos en línea, ¿sabes?
— ¿Estamos hablando de... poker online o los MMO?
La sonrisa de Edward se hizo más amplia. Ella sabía sobre juegos... "EQ" intentó.
—Ah. Sé de él, pero no lo he jugado.
—Es un mundo bastante dinámico, ya que tiene tantos jugadores, que el grado de dificultad es lo suficientemente alto como para ser fascinante. Y, sin embargo, todavía se puede ganar en EQ, ¿sabes? —Se encogió de hombros, rodando los ojos un poco—. Al menos, si no lo estropeas.
—Pero aún así, los errores se pueden corregir —dijo Bella, asintiendo con la cabeza.
—Exactamente.
Se quedaron en silencio, sonriéndose con timidez. Edward tuvo la súbita idea de que podía vivir solo para ver una de sus hermosas y pequeñas sonrisas. A pesar de que todavía estaba curioso por saber qué la había tenido triste, se emocionó ante la idea de que podía levantarle el ánimo.
*Es un hechizo para hacer desaparecer las cosas.
*Es una regla que se usa en el basquetbol y antes de empezar una pelea callejera quiere decir que tienes ocho segundos para analizar tus opciones, ya sea pasar el balón o cómo golpear a tu oponente. A lo que se refiere es que debería obviar esa regla, o sea, dejar de pensar todo y solo hacerlo.
