¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?
Historia escrita por:LyricalKris
Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)
Beta:Mentxu Masen (FFAD)
~26 de Enero, 1999~
Edward miró boquiabierto a su reloj, frotándose los ojos fuertemente para asegurarse de que había visto bien.
Bueno, esto era inaudito.
Lo inaudito ponía a Edward extremadamente incómodo. Entender las reglas de este juego en particular ya era bastante difícil, pero no le gustaba que esas reglas se enredaran como la mierda. Si había hecho algo bien, esperaba ver a Alice para que pudiera mostrarle lo que había ido mal en el primer lugar. Por lo menos que le diera una especie de meta a la que aspirar, o un indicio de orden y sentido a su mundo.
¿Significaba que había hecho las cosas bien el 25 de enero? ¿O lo que sea que haya salido mal el 25 de enero era una situación de dos partes? ¿Acaso era como un juego cuyo nivel es de dos partes y si lo arruinabas en algún lugar te tocaba empezar desde el principio, es decir, desde el 25 de enero?
Edward odiaba esos juegos con todo su corazón.
La analogía del juego planteó una cuestión interesante. ¿Tenía vidas ilimitadas? La mayoría de los juegos te daban más de una oportunidad, pero ¿hay un límite? ¿Va haber un momento en el que Alice se limpie las manos por su estupidez y lo deje morir?
¿O lo dejaría en medio de cualquier lío que hubiera creado para sí mismo y los que le rodean?
— ¿Edward? —La voz de Esme lo hizo saltar cuando entró a la habitación, Edward gimió.
El último pensamiento que había tenido antes de ir a la cama la noche anterior era que, si tenía que repetir el día por veintiunava vez, al menos podría hacerlo sin meterse en problemas. Tal como había predicho, su madre y su padre no estaban muy contentos de que él hubiera perdido su primera clase del día y que estuviera en detención durante el almuerzo por el resto de la semana. Le había costado un poco de persuasión, pero había logrado disuadirlos de arrebatarle su computador.
El compromiso de Esme era que si iba a insistir en estar pegado a esa cosa desde tan temprano, debía estar haciendo algo productivo.
—Son las 5:30 de la mañana, mamá —se quejó.
—Así es —dijo alegremente—. Lo que significa que tienes un poco más de una hora para transcribir datos antes de que tengas que alistarte para la escuela. —Puso una gran pila de papeles sobre su escritorio y Edward hizo una mueca. Sabía que su madre quería convertir todos sus archivos hechos a mano, empezando desde los días en que todo se hacía a mano, a archivos computarizados.
—Siempre puedo quitarte el computador si es lo que quieres —amenazó con dulzura.
Gimiendo de nuevo, Edward se arrastró fuera de la cama. —Eres una persona horrible —murmuró mientras se desparramaba petulantemente en su silla.
Esme se rió y lo besó en la frente. —Lo sé, pero me amas de todos modos.
Edward rodó sus ojos, pero sonrió y le dio un abrazo a su madre antes de que saliera de la habitación.
Algún tiempo después, bajaba las escaleras tropezando, vestido y listo para ir a la escuela. Llegó al vestíbulo justo cuando su padre se iba.
—Edward, las carreteras están heladas hoy —dijo Carlisle, haciendo una pausa antes de salir por la puerta—. Deja que tu hermano te lleve a la escuela.
— ¿Qué? No —protestó Edward, frunciendo el ceño. Amaba a su coche. El Volvo se manejaba bien en el hielo. Era sólo un corto trayecto en coche hasta la escuela, después de todo.
Abrió la boca para resaltar esos puntos, pero Carlisle lo señaló en advertencia. —No discutas conmigo. Deja que Emmett te lleve.
Emmett salió de la cocina con un tazón de cereales en la mano, masticando audiblemente. —Sí, hermanito. Después de todo, un Jeep es un auto de hombre.
Carlisle sacudió la cabeza ante su hijo mayor y se fue con una sonrisa divertida en su rostro. Efectivamente, cuando abrió la puerta, Edward vio que Forks tenía una capa de nieve fresca cubriendo el suelo. Más que eso, la lluvia del día anterior se había congelado dejando placas de hielo desperdigadas por la calzada y la calle.
Entendiéndolo, Edward accedió a ir con Emmett sin problemas, por lo que una vez sentado en la mesa de la cocina, engulló un plato de cereal... y luego otro.
A pesar de que Edward todavía luchaba por ignorar su psiquis de 29 años de edad y ceder a los caprichos de su cuerpo y mente adolescente, algunos cambios eran más fáciles que otros. Todos los días anteriores, había ignorado el deseo constante de comer ya sea en casa, con sus padres, o afuera. Estaba decidido a no ser una bestia voraz como Emmett. No moría de hambre exactamente. Sin embargo, desde su conversación con la Alice adolescente, se había permitido consentirse.
Hey, por lo menos no estaba sorbiendo los restos de su leche como Emmett lo hacía.
Cuando los dos muchachos se alimentaron adecuadamente, se dirigieron a la escuela. Edward cedió a su impulso natural por molestar a su hermano mayor por ser un conductor a la defensiva. Emmett le amenazó con dejarlo a un lado de la carretera. Por supuesto, esto sólo hizo que Edward lo molestara mucho más.
— ¡Fuera! —Emmett exigió, parando a un lado de la carretera.
Edward lo miró incrédulo. —Em, vamos.
—Na-uh, chico. Te lo advertí. —Los hermanos se miraron fijamente. Después de un momento, Emmett sonrió—. Mira, si sales ahora, podrás avanzar el siguiente bloque tranquilamente antes de que suene la campana. Me estás haciendo esperar, por lo que solo vas a conseguir otra detención.
—Les voy a decir —respondió Edward.
— ¿Crees que me importa una mierda? ¿Piensas que mamá y papá me van a mantener lejos de mi trabajo o las actividades extracurriculares que papá está muriéndose por poner en mi expediente? —Emmett se rió.
Sabiendo que estaba acorralado y que en realidad solo era un bloque, Edward bajó del Jeep, asegurándose de cerrar la puerta con un gran golpe. Lo único que escuchó fue la carcajada de Emmett mientras se alejaba.
Apretando su abrigo a su alrededor, Edward comenzó a caminar, murmurando para sí mismo acerca de las muchas maneras en que iba a matar a su hermano. ¿Por qué aún no hablaba con sus padres sobre las artes marciales?
Edward se distrajo de sus pensamientos asesinos por el fuerte ruido que hacía un camión destartalado que se le acercaba. Miró, molesto, hasta que vio quien conducía el camión.
— ¿Necesitas que te lleve? —Bella gritó por encima del rugido del motor.
Ahuecando su mano alrededor de la oreja, Edward le gritó. — ¿Qué? —Luego sonrió para hacerle saber que estaba bromeando.
Bella rodó los ojos, moviendo su mano para que entrara y Edward agradecido subió a la cabina.
—Entonces, ¿cómo terminaste caminado en un día como este? —preguntó Bella mientras conducía.
Edward bufó. —No tienes hermanos, ¿verdad?
—No.
—Bueno... suertuda.
Edward le explicó la situación mientras se detenían en el estacionamiento. Frunció el ceño cuando Bella se rió de su historia. — ¿Qué? ¡No es divertido!
—Sí es un poco divertido —dijo ella con suavidad, y Edward no pudo evitar sonreír cuando ella sonrió. Se bajó y se apresuró a su lado cuando se deslizó, apenas aferrándose a un lado de la camioneta antes de caer.
—Aquí —dijo, extendiendo la mano para estabilizarla—, deja que te ayude…
Fue interrumpido por el espantoso sonido del chirrido de neumáticos cerca... en realidad muy cerca de ellos. Su cabeza se levantó a tiempo para ver una masa de metal azul girando salvajemente hacia él. Bella gritó, pero ninguno de los dos tuvo tiempo para reaccionar. El instinto le hizo tirar de ella hacia delante, poniendo su cuerpo contra el suyo y alejándola del vehículo sin control, como si pudiera protegerla. Allí estaba el horrible sonido de metal crujiendo y retorciéndose mientras los cuerpos de Edward y Bella eran arrojados hacia adelante, atrapados entre el camión y el otro vehículo. Por un instante, todo lo que Edward sintió fue un dolor insoportable, la agonía alejó cualquier otro pensamiento.
Entonces, sólo hubo oscuridad.
~0~
Edward se despertó con un grito, una reacción retardada de ver un auto, una furgoneta, girando hacia él demasiado rápido como para lograr salir del paso. Apretó su cuerpo, comprobando que estaba de una pieza. Cuando sus manos se apartaron libres de sangre, Edward las miró incrédulo.
— ¿Bella? —gritó como si de repente se acordará de que había estado allí con él—. ¿Bella? —gritó más frenéticamente. Se sentó y miró a su alrededor, pero saber que estaba en casa de Alice no lo calmó. Sólo sirvió para avivar su pánico.
Poniéndose de pie, Edward caminó a través de la casa, gritando el nombre de Alice.
No podría terminar así. ¿Había salvado a sus padres sólo para que vieran su cuerpo destrozado? Y Bella... ¿Cómo podía ser justo para Bella? En la realidad original ella estaba viva, o eso asumía. Definitivamente no había muerto en un accidente automovilístico en la secundaria. Incluso tan distraído como estaba, recordaría si alguien hubiera muerto en el estacionamiento.
—Al… —El grito furioso de Edward se interrumpió cuando tropezó con la sala de TV.
Alice estaba tirada en el suelo sobre su vientre, las piernas pataleando en el aire mientras veía una película. Ella había regresado a los cinco años, lo que lo confundió. Toda la programación de Edward le decía que debía ser amable con los niños. No se sentía bien exigir respuestas acerca de si era realidad o no que había sido destrozado en un loco accidente de tránsito.
—Alice —dijo lentamente, obligándose a calmarse.
—No sé por qué estás molesto —dijo ella sin mirarlo.
Edward se mordió el labio, luchando por no perder la paciencia. — ¿Me acabo o no de morir de nuevo?
Alice lo miró con calma, una expresión de aburrimiento en su rostro. — ¿Qué sucede cuando haces las cosas mal? El día desaparece. ¿Entonces, por qué estás molesto?
Apoyándose contra la pared, Edward exhaló un largo suspiro de alivio. —Así que lo entendí mal. Gracias a Dios.
—Bien —dijo Alice con impaciencia—. Ahora tengo que ver todo esto otra vez. Vete ya.
~26 de Enero, 1999~
Tomó toda la fuerza de voluntad de Edward para afrontar la mañana sin volverse loco. Tuvo que recordarse a sí mismo cuando su madre lo despertó a las 5:30 de que nadie estaría en el estacionamiento después. Pensó en correr con Bella... advirtiéndole para que llegara temprano o tarde, o... algo. Pero dudaba que fuera a algún lado. Era más probable que su padre lo ahuyentara.
Así que Edward trató de concentrarse en la entrada de datos, luego vestirse y a continuación en los dos tazones de avena que su madre había optado por hacer en lugar de cereal. No discutió con su padre cuando Carlisle le dijo que vaya a la escuela con Emmett y no peleó con su hermano mayor. Tal vez Bella, ahorrándose de recogerlo, haría toda la diferencia.
En el momento en el que se detuvieron en un espacio del estacionamiento de la escuela, Edward estaba fuera del Jeep, subiendo a la parte de atrás para poder ver mejor.
— ¿Qué te pasa? —Emmett preguntó, saliendo del auto—. Estás más idiotizado de lo normal.
—Idiotizado no es una palabra —murmuró Edward.
—Lo que sea. ¿Qué demonios estás haciendo ahí?
Antes de que Edward pudiera responder, alguien gritando su nombre los distrajo. Miraron de vuelta, era Jasper, con los ojos entrecerrados por el sueño y las manos hundidas en los bolsillos.
Todavía sintiéndose de mal humor y con pánico, Edward cuidadosamente bajó de la parte trasera del jeep y se dirigió hacia el frente de la escuela.
—Oh, ya veo. —Se rió Emmett, empezando a caminar junto a él—. Estabas esperando a Jasper.
Rodando los ojos, Edward le gruñó a su hermano. —Si fuera gay, no estaría avergonzado de ello, pero no soy gay, así que superarlo.
—Por Dios, muchacho. Cálmate. No hay necesidad de estar a la defensiva. —Se rió Emmett, sacudiendo la cabeza mientras cambiaba de rumbo, dirigiéndose en la dirección de Rosalie.
— ¿Por qué viniste con Emmett hoy? —Jasper preguntó, bostezando mientras se acercaba a su lado.
Edward comenzó a explicar toda la situación, pero se cortó cuando vio que la vieja camioneta de Bella entraba en el estacionamiento. —Espera un segundo —le dijo a Jasper rápidamente antes de agitar las manos enérgicamente—. — ¡Hey, Bella!
Era increíble el instantáneo y profundo alivio que sintió. Fue capaz de tomar una respiración profunda, por primera vez ese día, al verla con vida y completa. Ella lucía confundida y un poco preocupada, pero cuando lo vio sonriendo, y Edward tuvo que admitir que debió estar sonriendo como un idiota, le dio una pequeña sonrisa a cambio.
Acomodando su mochila en su hombro, Bella empezó a dirigirse hacia los chicos, pero se detuvo de pronto, algo en los neumáticos de su camioneta capturó su atención.
— ¿Bella? —Edward la llamó de nuevo, ese grueso ladrillo de temor y preocupación apareció de nuevo en el centro de sus entrañas. Ella lo miró, con los ojos llenos de una emoción que no pudo comprender.
Entonces sucedió.
Un segundo estaba deleitándose con este impulso inherente que tenía por ir con ella y enjugar las lágrimas que amenazaban con derramarse por sus mejillas. Y al siguiente, estaba el horriblemente familiar, chirrido de los neumáticos deslizándose contra el asfalto.
— ¡Bella! —gritó, ya se está moviendo mientras veía que sus ojos se abrían por el miedo. Se movía tan rápido que el resto del mundo parecía un borrón, aunque ella se mantuvo firme en su mira.
— ¡Edward! —Apenas oyó la voz asustada de Jasper antes de sentir algo agarrar la parte de atrás de su chaqueta, tirando de él fuera de la catástrofe que se aproximaba.
El borrón azul, lo que Edward ahora reconocía como una furgoneta azul, lo golpeó en su costado mientras daba vueltas. Edward se encontró volando hacia atrás, todo el aire salió a la fuerza de él dejando una sensación aplastante a un lado de su pecho. Aterrizó en el suelo, boca arriba y mirando el cielo nublado sobre él. Pero más allá del increíble dolor que parecía consumir su cuerpo, Edward fue más consciente del terrible grito que solo fue interrumpido por el chirrido de metal retorcido.
A pesar de que sabía que estaba herido, trató de levantarse. Una mano le obligó a regresar al suelo y Edward se dio cuenta de que Jasper estaba arrodillado a su lado. Aunque se estaba debilitando rápidamente, luchó.
—Detente. Edward, para —dijo Jasper con urgencia, su voz se quebraba—. Jesús, estás tan jodido, hombre. Esto es tan jodido.
—Bella —se quejó Edward. Tenía que verla, necesitaba, desesperadamente, saber que estaba bien—. ¡Bella!
Pero la mirada en los ojos de Jasper se lo contó todo. —No hay nada que puedas hacer por ella. Por favor, Edward. Tienes que calmarte —suplicó.
Edward reflexionó vagamente que nunca había oído a su amigo tan desesperado. Era difícil concentrarse con el dolor y la forma en la que su cabeza estaba dando vueltas. Todavía la buscaba, no era capaz de creer que era verdad.
Todo a su alrededor era un caos. Chicos corriendo sólo para gritar al verlo... o la chica aplastada entre dos coches. El tiempo dejó de tener sentido para Edward, sólo una serie de imágenes que apenas podía comprender.
La mayoría de sus pensamientos volvieron a Bella. La desesperación lo sacudió tan fuerte que no pudo contener las lágrimas. Tenía tanta frustración e ira, pero no podía hacer nada, torcido y roto en el asfalto. Pero estaba vivo cuando ella no lo estaba. No le parecía justo. No podía ser verdad. No ella. ¿Por qué ella?
—La ambulancia ya casi está aquí. —Alguien le consoló, confundiendo la causa de sus lágrimas. Emmett, Edward se dio cuenta vagamente. Emmett estaba sosteniendo su mano.
La peor parte, la peor cosa que Edward recordaría a pesar de todas sus vidas, fue cuando el jefe Swan llegó a la escena. Para un hombre que Edward recordaba sólo como estoico, no había palabras para sus gritos de angustia absoluta. Les tomó al entrenador Clapp y al Sr. Banner un esfuerzo considerable evitar que tratara de separar los autos por sí mismo. Edward estaba contento de que sus gafas hubieran desaparecido, probablemente se rompieron, por lo que no tendría que ver el rostro de Charlie Swan.
Fue su culpa. Tenía que serlo. En su vida original, Bella Swan había vivido al menos durante su primer año.
Edward trató de decir que lo sentía, pero tosió, ahogándose en sangre. Todavía no era capaz de cuidar de sus propias heridas, aunque ambos, Jasper y Emmett estaban tratando de mantenerlo calmado.
Un rostro canoso apareció en medio de la multitud que lo rodeaba. Brett Warner. El nombre surgió de la bruma nebulosa de su cerebro y Edward gimió. Claro, podía recordar a un paramédico al azar pero no recordaba a Bella.
Parecía una idea tan ridícula. ¿Cómo fue tan insignificante para él la primera vez?
El pensamiento se esfumó junto a todo lo demás. Brett estaba intentando llamar su atención. — ¿Edward? ¡Edward! —llamó bruscamente, tratando que se enfocara—. Vamos, muchacho. Quédate conmigo.
Edward se mantuvo en un estado de semiinconsciencia todo el viaje al hospital. En el momento en que la ambulancia se detuvo, pudo oír la voz frenética de su padre, además de que lo empezaban a mover un poco.
—Jesús. Edward. —La voz de su padre, era estrangulada y horrorizada, Edward luchó por abrir los ojos lo suficiente para mirarlo.
—Puedes ayudarlo. Puedes salvarlo, ¿verdad, papá? —La voz de Emmett llegó desde alguna parte. Debió haber seguido la ambulancia.
—Emmett, tienes que quedarte aquí chico. —Brett lo atrapó antes de que pudiera avanzar más.
—Dr. Cullen. No debería…—Alguien intentó que Carlisle retrocediera, pero él no hizo caso a eso. En su lugar, Carlisle empezó a dar órdenes a la gente a su alrededor, usando palabras que hicieron que Edward se sintiera como un asustado niño de cinco años. Captó "sala de operaciones" y "pulmón colapsado", entre una larga lista de otras cosas que en realidad no quería pensar.
—Dr. Cullen. —Uno de los médicos lo intentó de nuevo—. No puede realizarle una cirugía a su propio hijo.
—Dr. Snow, lo que no puedo hacer ahora es ayudar al chico Crowley —Carlisle gruñó, con tanta ira en su tono que Edward nunca había oído antes—. Estoy seguro de que lo entiendes. Y en este momento no hay suficientes doctores para cuidar de él y de mi hijo sin mí.
Cierto o no, Edward pensó que probablemente estaba más cerca de lo falso, Carlisle debió haber ganado esa discusión porque en medio de todo el empuje y toqueteo, una mano consoladora acomodaba su cabello. Edward abrió los ojos, encontrándose con la mirada de su padre. Podía ver que Carlisle estaba a punto de llorar, pero también había determinación allí. —Hijo, escúchame. No trates de hablar, sólo escucha. Vamos a darte algo y el dolor va a desaparecer, ¿de acuerdo? Sé fuerte. Sólo espera, y estarás mejor cuando despiertes.
Edward sostuvo la mirada de su padre todo el tiempo que pudo, esperando con todo su ser que tuviera razón. Cuando se despertara, todo estaría mejor.
