¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?
Historia escrita por:LyricalKris
Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)
Beta:Mentxu Masen (FFAD)
Esa noche, Edward se resistió a quedarse dormido tanto como pudo.
Para empezar, a pesar que fue más como una pesadilla, había sido un día sorprendentemente bueno. Después de que su madre lo cubrió de besos por el alivio, avergonzándolo completamente delante de Bella, Carlisle los había puesto en libertad para ir a casa.
— ¿Tienes AIM(1)? —Bella le murmuró en voz baja. Esme y Charlie estaban conversando detrás de ellos, mientras salían de la habitación del hospital. Aún no habían llegado a la sala de espera donde estaba casi la mitad de la escuela rebotando por conseguir noticias.
—Sí —susurró Edward de nuevo.
—Solo pensé que... ya sabes, no hay nadie más con quien hablar porque todo el mundo está en la escuela —dijo Bella, trabándose nerviosamente con sus palabras.
Edward notó que su corazón había empezado a revolotear erráticamente. Una chica le había pedido su AIM. No cualquier chica... Bella. Era ridículo porque sexys y encantadoras mujeres adultas habían pedido su número o le habían dado el suyo, pero nunca había sentido este nivel de emoción. Estaba completamente atolondrado, a pesar de intentaba, desesperadamente, lucir cool ante esto.
Murmuró su mail casualmente justo antes de que salieran al caos de la sala de espera.
El momento en que llegó a su casa y pudo escapar de las agobiantes muestras de cariño de Esme, Edward corrió a su habitación para poner en marcha su sistema de mensajería instantánea.
No era la primera vez desde que todo este suplicio había comenzado, que sorprendió a Edward la importancia que tenía su computador con su yo de la escuela secundaria. En la vida real fue, como su hermano era tan aficionado a decirle, tarado. Su lengua se enredaba en su boca tan fácilmente como sus piernas parecían tropezar con nada en absoluto. No era encantador, sin embargo, Edward sabía a ciencia cierta que tenía carisma sin explotar con creces.
El anonimato de su precioso ordenador le permitía eludir la culpa que lo atormentaba mientras vagaba por los pasillos de la secundaria de Forks. Cuando jugaba Everquest, podía dar órdenes, así como recibirlas. Ahí tenía un montón de amigos.
Y, lo más importante para él esa noche, podía hablar con Bella sin tener que ponerse el pie en la boca. La elocuencia que extrañaba dolorosamente fluía de sus dedos mientras estos bailaban sobre el teclado.
Charlaron de vez en cuando por el resto de la tarde, compadeciéndose a sí mismos por la exageración de sus madres, con lo que Edward se sintió de alguna manera culpable porque sabía muy bien lo cerca que habían estado de morir.
Edward se quedó hasta tarde, evitando ir a dormir porque no podía evitar preocuparse de que tal vez podría despertarse para comenzar el mismo día de nuevo. Tenía todos los motivos para tratar de prolongar el período de paz, incluso de felicidad, que sentía.
La tercera vez que Edward casi se fue de boca contra la pantalla, finalmente cedió y se arrastró a la cama. En medio del ferviente deseo para despertarse en un día diferente, cualquier otro día, se dio cuenta que era comprensible que él se hubiera quedado hasta tan tarde, Bella, por lo que sabía, no tenía ningún motivo para quedarse hasta tan tarde como ella lo había hecho. Su lado más lógico lo reprendió. Casi había muerto hoy. Eso era suficiente para mantener despierto a cualquiera.
Pero ahí estaba un poco de esperanza tonta creciendo como una pequeña chispa de fuego en el centro de su pecho, porque tal vez, ella se había quedado hasta tarde porque estaba disfrutando de hablar con él tanto como él había disfrutado hablando con ella.
~ 0 ~
—Despierta, despierta. —Una voz suave y melódica lo llamó.
—Oh, no —se quejó Edward abriendo los ojos, encontrando a una Alice de 16 años, parada junto a él.
Ella frunció el ceño, pero sus ojos reflejaban su buen humor. —Hey. No me digas que no estás contento de verme.
Edward suspiró y se enderezó, mirando a su alrededor para ver que estaba sobre un sofá. Se revolvió el cabello, mirando a Alice con cautela. —Echo de menos a la tú de cinco años. Cuando tienes 16 años, es porque me vas a explicar cosas que no quiero oír.
—Técnicamente, esa pequeña señorita tiene 4, y es una mierda intentar que sus pensamientos sean coherentes y se mantengan unidos el tiempo suficiente para hablar contigo —dijo Alice, dejándose caer en el sofá junto a él—. Hablando de habitar cuerpos, estás mejorando en ser un adolescente. Bien por ti.
—Luchar contra ello me estaba dando dolor de cabeza —dijo Edward. Frunció el ceño—. Alice, por favor... dime que lo hice bien. —Su voz era suplicante, pero no pudo sentir vergüenza. Se sentía cansado y desgastado, como un hombre mucho más viejo que sus 29 años.
Ella lo miró, con los ojos curiosos. —Realmente te pondrías delante de la camioneta de nuevo, ¿verdad? ¿Por ella?
Edward se enfureció. —No se trata de Bella. Esto está mal. Entiendo que mis padres no debieron haber muerto, pero ella sobrevivió la primera vez.
—Ese futuro se ha ido —dijo Alice sin rodeos—. ¿Has pensado alguna vez en tu sobrina y sobrino?
— ¿De qué estás hablando? —Edward gruñó, frustrado por la incapacidad total de Alice para responderle una pregunta directa. Pero después de su furiosa reacción inicial dejó que su pregunta le calara hondo. No, no lo había hecho—. Oh, Dios mío.
Alice asintió, sabiendo que él había llegado a la conclusión a la cual quería que llegara. —Emmett y Victoria no tienen ningún motivo para conocerse, ambos sabemos que es algo bueno. Sin embargo, eso significa que Riley y Bree no existirán.
Edward dejó caer su cabeza entre sus manos, sus pensamientos eran confusos y su corazón estaba oprimido por el dolor. Recordó a su pequeña sobrina envolviendo sus brazos alrededor de su cuello y apretándolo con fuerza. Recordó su susurro final, Te voy a extrañar, y se preguntó si ella, de alguna manera, ya lo sabía. Recordó el poco característico abrazo de Riley.
No importaba lo que pensaba de su madre, los hijos de su hermano siempre habían sido preciados para él.
— ¿Qué he hecho? —susurró.
—Oh, Edward —suspiró Alice, frotándole la espalda ligeramente—. Aun cuando una vida se tuerce más allá de lo que está dentro de los planes del destino, siempre hay cosas positivas. Riley y Bree eran las cosas buenas que salieron de tus errores.
—Pero se han ido ahora —gruñó Edward con voz ronca.
—Lo siento. No sabía que lo te pagarían tan duro.
—Eran los hijos de mi hermano —ladró Edward.
—Él no se acordará de ellos. Si le mostraras una foto, Emmett no tendría ni idea de quiénes son —señaló Alice suavemente.
—Pero yo sí los voy a recordar —murmuró. Sintiéndose más confundido que nunca, Edward se apretó el puente de la nariz, tratando de funcionar a pesar del dolor inconsolable—. ¿Y Bella? —preguntó con su corazón retorciéndose de temor.
—Relájate, por favor —ordenó Alice—. Hiciste lo correcto.
— ¿Ella no va a morir? —confirmó.
—Hoy no. —A pesar de la mirada que él le dirigía, ella continuó rápidamente—. Ella va a tener una vida larga, Edward.
El alivio se apoderó de él, haciendo que cada músculo tenso en su cuerpo se relajara. Se dejó caer hacia delante, cayendo del sofá, poniéndose de rodillas sintiendo como si fuera a llorar.
—Solo recuerda que las cosas siempre pueden cambiar —advirtió Alice—. Sé que esto es una versión alterada de la vida... pero aun así es la vida real.
Movió la mano en su dirección, riendo repentinamente. A pesar de todo lo demás, la culpa, confusión, frustración, se estaba sintiendo completamente mareado.
—Por Dios —dijo Alice, rodando sus ojos—. Lo estás perdiendo.
— ¿Qué esperabas? Arrojaste un coche sobre mí —dijo Edward con ironía, la cual se estaba empezando a apodera de él.
—Yo no hice nada —protestó.
—El destino, lo que sea —dijo Edward, rodando los ojos—. Quiero decir, qué demonios. Lo del coche no pasó la primera vez. Parece cruel solo joder nuestras vidas porque sí. ¿Cuál es el punto?
Deslizándose por el suelo a su lado, con la espalda apoyada en el sofá, Alice tiró de su oreja y miró dentro, hasta que dio un aplauso bastante molesta. —No, no parece que tus oídos estén dañados. —La expresión de su rostro era poco impresionada—. Edward, te acabo de decir hace no más de 30 segundos que esto es la vida real. Cosas malas le pasan a la gente buena. Solo porque Bella no murió cuando era un adolescente en la línea de tiempo original no quiere decir que está a salvo en esta ocasión. Aunque... —Se interrumpió, golpeando ligeramente un dedo contra sus labios—. A fin de cuentas, ella está más segura que la mayoría.
Edward se frotó los ojos con fuerza. A pesar del hecho de que no estaba en su cuerpo adolescente, era difícil superar la tentación de quejarse. Con toda honestidad, estuvo solo a segundos de una rabieta total. Quería gritar y retorcerse porque deseaba de vuelta su vida.
Eso no era muy preciso. Había algunas piezas de su antigua vida que quería de vuelta. Mayormente quería estar seguro de sí mismo, confiado y elegante. La arrogancia tal vez no era algo por lo que debería esforzarse en conseguir, pero se sentía una mierda mejor que la confusión. Y en su antigua vida al menos no era consciente de lo que sus acciones le provocaban a otros. Ciertamente, había tenido el peso de la muerte de sus padres en sus hombros, pero lo de Rosalie y Bella había estado completamente en la oscuridad. ¿Quién sabía qué más había hecho sin saberlo?
Pero al igual que Emmett, que nunca recordaría sus hijos, Rosalie y Bella no sabrían que inadvertida e irreversiblemente habían alterado sus caminos. Ese simple conocimiento le hizo un poco más fácil respirar.
Absorbía llevar este tipo de secretos.
—Sé que lo hace —dijo Alice reconfortándolo.
Edward la miró sorprendido. — ¿Dije eso en voz alta?
—No. —Sonrió Alice—. ¿Qué? ¿Crees que puede cambiar de cuerpo a voluntad, pero no puedo leer la mente?
Lo consideró, riendo ligeramente. — ¿Por qué este cuerpo? —Esa era una de las muchas preguntas que se estaban filtrando desde el fondo de su mente.
—Conveniencia, la verdad —dijo Alice, tratando de alcanzar un bolso que estaba cobre la mesa de café en frente de ellos. Siguió hablando mientras empezaba a revolver dentro de él—. Esta niña estaba en la fiesta de tu sobrina —dijo ella, sacando un cepillo y una polvera. Abriéndola, sonrió con picardía—. Quiero decir, mírame. ¿No soy adorable? Y para su futuro tú tienes que... —Alice se detuvo, mirándole nerviosamente por un momento. Era evidente que había hablado demasiado.
— ¿Tener qué? —le preguntó. No se había olvidado de todo el panorama. Gran parte de su tiempo libre lo pasaba intentando juntar las pocas pistas que tenía. Su mente se enredaba, buscando la pieza clave del rompecabezas—. ¡Eso es! —exclamó emocionado de repente—. Tú... er... Alice dijo que nunca se iba a casar por mi culpa. —Su nariz se arrugó ante el desconcertante pensamiento—. ¿Qué…?
—Ugh. —Alice lanzó su cepillo y se cruzó de brazos—. Haces demasiadas preguntas. No te preocupes por ella, mí, lo que sea. Ni siquiera he nací… cido —dijo ella, rodando los ojos a su deliberada mala pronunciación.
—Te gusta The X-Files, ¿no? —Ella esperó a que asintiera antes de continuar—. No era común que Scully no pudiera explicar con la ciencia lo que estaba pasando. Hay una lógica a lo que está sucediendo, pero es probable que no entiendas hasta el final de este pequeño viaje. Si intentas ponerlo todo junto, vas a agotar tu pobre cabeza. Te sigo diciendo…tienes 17 años. Tu cuerpo humano no puede soportar tanto. El estrés puede y va a hacer que te enfermes por lo que si no quieres estar enfermo a los cuarenta re-la-ja-te. —Ella negó con la cabeza—. Eso es lo que he estado tratando de decirte. Necesitas unas vacaciones. —Agitó su mano—. Por así decirlo.
Edward sonrió. — ¿Por qué la idea de unas vacaciones me pone más nervioso?
Alice se rió. —Voy a enviarte de vuelta, pero solo quiero que vivas el momento. No hay nada que tengas que corregir sobre el día al que te voy a enviar de vuelta. —Lo miró directamente a los ojos—. ¿Entiendes? Solo sé un niño. Disfruta de la vida. Normalmente.
Edward estaba escéptico por decir lo menos. —Solo tú podrías llamar unas vacaciones el enviarme de vuelta a la escuela secundaria.
—Oh, por el amor de Dios —dijo ella, levantando las manos—. Juega con tus amigos. Juégale bromas a tu hermano. Y sí, haz su tarea. Siéntate y disfruta de la poca responsabilidad que te da la secundaria. —Rodó los ojos—. Dicen que la juventud se desperdicia en los jóvenes, pero al parecer también se desperdicia con los Edwards.
Tan desesperado como estaba por poner todo en orden para finalmente entender lo que estaba pasando, Edward tenía que admitir que la idea de enfrentarse a un día solo porque sí, era tentadora. — ¿No cambiará el futuro? —Verificaba, sin poderse creer que no era otro truco.
—Técnicamente cada día que vives cambia el curso de tu futuro —señaló Alice—. Pero no. Nada tan importante como lo que has estado haciendo últimamente.
—Hey, el 25 cambió de repente y nunca me dijiste por qué. ¿Qué pudo cambiar ese día? —Edward preguntó, de pronto, recordando, el día sin importancia que había vivido 19 veces.
—No. —Alice sacudió la cabeza—. Estás de vacaciones.
—Pero dime por qué…
Alice puso su mano sobre su boca. —No, aquí no hay un porqué —dijo en una impresionante imitación de Yoda—. No te voy a enseñar nada más hoy. Despeja tu mente de preguntas.
Edward no pudo evitar esbozar una sonrisa. —Sigue tu camino.
—Siempre —dijo Alice con una sonrisa.
—Hey, ¿Alice? —Edward preguntó después de un momento.
Ella lo miró advirtiéndolo. —Si la siguiente cosa que va a salir de tu boca es otra pregunta, te juro que te voy a patear el culo —amenazó.
Edward sonrió. —Sólo una aclaración. Sólo quieres que sea un niño por un rato, ¿verdad?
—Así es. Unas vacaciones. Para que te relajes porque piensas malditamente mucho.
Edward asintió. —Pensé que habías dicho que todo sucede por una razón.
La sorpresa cruzó por el rostro de Alice, echó la cabeza hacia atrás, riendo tan fuerte que agarró su estómago. — ¿Quieres decir que tengo motivos ocultos para enviarte de vacaciones?
—Lo estoy diciendo —dijo Edward sin rodeos.
—No eres tan tonto como pareces, después de todo —dijo ella, asintiendo con aprobación—. De todos modos, no es menos cierto. Este es tu propio tiempo. Trata de relajarte. —Le puso la mano sobre los ojos, oscureciendo su vista—. Ten cuidado.
~29 de Enero, 1999 ~
Edward se dio la vuelta, buscando sus gafas y el reloj, incluso, antes de que abriera los ojos.
Cuando vio la fecha se rió.
Alice había comenzado sus 'vacaciones' en un viernes. Edward estaba agradecido. Mientras menos escuela tuviera que volver a repetir, mejor.
Solo otro día.
Edward rodó ese concepto una y otra vez en su cabeza, sintiendo como la libertad se metía en cada célula de su cuerpo. Lentamente, una sonrisa se dibujó en su rostro.
Incluso antes de que esta segunda oportunidad empezara, no podía recordar la última vez que había despertado de buen humor. Por una vez, se sentía como si tuviera algo que esperar entusiasmado. Hizo la decisión de dejar de lado su frustración y confusión, y como Alice había pedido, simplemente disfrutar de los regalos que se le había dado.
