¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?

Historia escrita por:LyricalKris

Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)

Beta:Mentxu Masen (FFAD)

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Los carteles en el techo... no estaban muy bien vestidos.

Edward se revolvió en la cama, murmurando para sí mismo sobre el poco control que tenía sobre su cuerpo. Más de una vez había tenido una semi-erección sin mucha provocación. Los carteles estratégicamente situados por encima de su cabeza eran, bueno... provocativos.

Por lo menos era divertido. En lugar de ser la mujer media vestida y de pechos grandes, Edward casi había olvidado su inclinación por los elfos. Elfos Oscuros, elfos del bosque, elfos de la montaña, los iba identificando. Todos ellos con una sonrisa tímida. Llamándolo.

Y por si eso fuera poco, mirando los carteles en su estado actual, con lo que basta decir que se había despertado bastante duro, solo le trajo recuerdos de las otras veces que había tenido ese problema.

Recordaba el cuerpo desnudo de Rosalie y cómo su piel se sentía bajo sus dedos. Recordó a Eric Yorkie codeándolo en el gimnasio y apuntando cada vez que Jessica Stanley saltaba para golpear la pelota de voleibol, porque cada vez que lo hacía, su camiseta se levantaba dejando ver su sostén y como sus senos rebotaban. Y luego estaba Lauren Mallory con su falda demasiado corta en Inglés, el día en que el maestro había puesto sus escritorios en un cuadrado. Por supuesto, Edward y Jasper estaban directamente frente a ella. No ayudaba que, mentalmente, Edward tuviera más de una década de encuentros sexuales en su haber.

A la mierda.

Edward se levantó de la cama y se fue a la ducha, sintiéndose extrañamente cohibido. Nunca había tenido ningún reparo con la masturbación antes. Su ducha en casa, su casa, había sido muy bien bautizada. Solo le extrañaba que sus padres estuvieran alrededor de la casa por lo que su madre probablemente sospecharía si ponía seguro a la puerta.

Pero ella no entraría mientras él estuviera en la ducha.

Había una tienda completa de material para alimentar sus fantasías, oculta debajo de su cama, donde el adulto en él sabía que probablemente su madre ya las había encontrado, pero aun así Edward siempre había tenido una buena imaginación.

Se metió en la ducha, tardíamente se dio cuenta por qué prefería gel para el cuerpo en sus años de adolescencia en lugar de la barra de jabón que prefería como adulto. Puso un poco en la palma de su mano, temblando un poco mientras envolvía sus dedos alrededor de su longitud. Su pene había sido ignorado durante demasiado tiempo por lo que incluso la estimulación leve se sentía increíble. Apoyado contra la pared, dejando que el agua caliente cayera sobre él, Edward cerró los ojos.

Era su intención reproducir cualquier fantasía que hubiera pasado por su mente, algo acerca de enanas siendo de una altura normal. No, no hubo ninguna criatura fantástica.

En su lugar, la vio. Pero entonces, cuando pensaba en sexo, y siendo un adolescente, pensaba en sexo a menudo, algo sobre Bella siempre impregnaba sus fantasías.

Tal vez debería lucir extraño que con toda la experiencia que había tenido, todas las mujeres que habían hecho cosas increíbles con sus cuerpos y el suyo, era esta presumiblemente inexperta adolescente, con la que fantaseaba. Por otra parte, si hubiera pensado a fondo sobre ello, la culpa y la vergüenza lo hubieran detenido, como ya lo habían hecho en el pasado. Hoy, sin embargo, esta mañana, estaba dispuesto a olvidar que en alguna otra vida había crecido hasta tener 29 años. Era mucho más permisible para su cuerpo de 17 años desear el de ella.

Y lo hizo lentamente.

Se acordó de lo suave que eran sus dedos mientras le agarraba la mano debajo de la camioneta. Se sentiría como si seda fría corriera sobre su piel sobrecalentada si ella pasara las yemas de sus dedos por su mejilla. Recordaba, con esa extraño nubosidad, cómo deseaba que ella lo tocara de nuevo, disfrutaba los momentos en que sus manos se rozaban en Biología.

Imaginó sus ojos sobre los de él, nerviosos, pero llenos de la misma lujuria que sentía, mientras sus manos lentamente desabrochaban los botones de su camisa. Podía ver perfectamente la forma en que sus dientes superiores mordían su labio inferior, tratando de ocultar lo errática que se estaba volviendo su respiración. Pero no serviría de nada porque sus dedos descansarían sobre la piel expuesta sobre su sujetador.

Sus pezones, cuando los expusiera, serían respingones y perfectamente rosas, tan sensibles a su toque. Ella jadeó en su imaginación y Edward gimió en voz baja, su mano apretando alrededor de la base de su pene.

Ella desabrocharía el botón de sus pantalones con dedos torpes pero valientes, deslizando sus pantalones y bóxers abajo con determinación, probablemente deseosa de probar que ella también podía hacerlo temblar. Estaría en lo correcto. Sus manos serían tímidas cuando lo tocara por primera vez, mucho, demasiado ligero, pero su respiración tartamudearía como el código Morse.

Edward imaginó que se trataba de sus manos, la suya guiando la de ella, a lo largo de su longitud. Él presionaría sus dedos con fuerza, mostrándole lo mucho que ella podía tomar, lo duro que quería que ella lo tomara, y luego movería su mano. Despacio al principio, pero luego más rápido, y más rápido, y…

Edward gruñó, su cuerpo se sacudía mientras se venía duro, dejando una mancha pegajosa en la puerta helada de la ducha.

Mientras recuperaba el aliento, el primer pensamiento concreto que registró, es que no estaba para nada impresionado con su actuación. Por otra parte, había calmado su ego, el cual había estado reteniendo durante semanas o más, dependiendo de cómo se optaba por medir el paso del tiempo. Parecía una eternidad cuando su cuerpo estaba en todo su apogeo sexual.

Su segundo pensamiento fue sobre Bella, y lo mal que se sentía al tener esos pensamientos acerca de una chica de su edad.

Mientras se duchaba y se vestía, Edward trató de convencerse de que no era peor que cualquier otra fantasía que había tenido. Actuar como si fuera malo, y que no lo volvería a hacer, no serviría de nada. Había fantaseado con personas reales muchas veces. Si Gillian Anderson hubiera sabido las cosas que había pensado, habría presentado una orden de alejamiento inmediatamente.

Por otro lado, nunca había tenido que hacer frente a Gillian Anderson en la vida real. Bella, en cambio, la vería en el almuerzo a más tardar.

~ 0 ~

Resultó que la mayoría de los profesores de Edward estaban, obviamente, en el estado de ánimo del fin de semana. Asignaron trabajo para la clase en lugar de entrar en cualquier tema nuevo. La excepción fue Inglés, por supuesto, donde tuvo una prueba. No es que fuera un gran problema, Edward podía pasar Inglés dormido, pero eso significaba que no podía hablar con Jasper como quería.

Pensando en su 'vacaciones', Edward había decidido que tomaría esta oportunidad para pasar más tiempo con Jasper. Si bien era cierto que su amigo estaba destinado a morir joven, Edward estaba decidido a hacer su último año memorable. De todos modos, ¿qué mejor manera de disfrutar de ser un adolescente que salir con tus amigos? A pesar de que los chicos que lo había ignorado durante años estaban empezando a juntarse con él de nuevo, entre la casi desastrosa fiesta de Royce y casi ser atropellado por el coche de Tyler, era inevitable, Jasper seguía siendo su único amigo de verdad.

Aunque Bella poco a poco comenzaba subir en la lista.

Sus interacciones en los últimos días eran forzadas, pero estaban ahí. Hablaban tímidamente durante Biología y en línea, llegándose a conocer el uno al otro, cosa que tal vez debieron hacer desde el principio.

Ese pensamiento golpeó a Edward mientras se sentaba en su mesa de siempre en el almuerzo. Sus ojos cayeron, donde normalmente lo hacían, en donde Bella estaba sentada al otro lado de la cafetería.

¿Podría ser que Bella estaba destinada a ser algo más que solo otro compañero de clase? Esto ciertamente explicaría por qué los días más recientes que había repetidos parecía girar en torno a ella. Ahora que pensaba en ello, Edward se dio cuenta de que el día que Alice olvidó explicar, el 25 de enero, se había repetido muchas veces, hasta que habló con Bella.

¿Qué significaba?

—Jesucristo Edward. ¿Podrías dejar de hacerle ojitos a esa chica? Es escalofriante —dijo Jasper, dejando caer la bandeja lo suficientemente fuerte como para que Edward saltara ante el ruido—. Invítala aquí antes de que empieces a babear.

— ¿De qué coño estás hablando? —Edward preguntó de mal humor, tomando un poco de su hamburguesa y encorvándose, esperando que su amigo no viera el rubor de sus mejillas.

No tuvo suerte. —Mírate. Eres una maldita niñita de escuela. —Se rió Jasper. Se inclinó sobre la mesa, bajando la voz—. En serio, le salvaste la vida. Si eso no es un bonus, no sé qué es lo que podría serlo. Invítala a salir.

—No quiero invitarla a salir —murmuró Edward detrás de su hamburguesa.

—Lo que sea —dijo Jasper, rodando los ojos y sentándose.

Edward ignoró a su amigo hasta que levantó la vista y atrapó a Jasper mirando al otro lado de la cafetería. Siguió su línea de visión, la cual se dirigía a una mesa en la esquina opuesta de la cafetería. Entonces sonrió. — ¿Por qué no sigues tu propio consejo, imbécil? —dijo, lanzándole una cuchara de plástico en la cabeza.

Luego fue el turno de Jasper para mirarlo sorprendido y un poco culpable. — ¿Qué? —preguntó, fingiendo ignorancia.

—Estás mirando a María —acusó, asintiendo con la cabeza en dirección a la encantadora chica de último año sentada con Emmett y Rosalie.

—Bueno, no puedo evitarlo —gruñó Jasper, encorvado aún más en su asiento—. Quiero decir, ella es toda... —Hizo un gesto de impotencia.

—Muy elocuente —gruñó Edward—. Eres tan niñita como la que me estás acusando de ser.

—Pero, ella es de último año y… quiero decir… mierda, ella es tan caliente —protestó su amigo.

Edward levantó una ceja, mirando a su amigo fríamente. — ¿Qué estás tratando de decir? ¿Crees que Bella no está caliente?

Jasper arqueó una ceja. —Pensé que no querías invitarla a salir.

— ¡Y no quiero! —Edward dijo frunciendo el ceño—. Ese no es el punto.

— ¿Cuál es el punto?

—No lo sé. Eres un maricón —murmuró Edward, cruzando los brazos y preguntándose, no por primera vez, por qué los adolescentes eran tan ridículos.

Hubo silencio entre los dos amigos por unos buenos treinta segundos antes de que Jasper empujara su silla. —Maricón esto —murmuró antes de dirigirse a la mesa de Emmett con paso decidido. Edward miró con curiosidad como Jasper, poniendo su sonrisa más encantadora, hablaba con la mesa. Emmett y Rosalie parecían divertidos. María y las otras dos chicas que se sentaban con ella lucían... totalmente encantadas.

Unos minutos más tarde, Jasper volvió con una gran sonrisa de mierda. Se sentó y se inclinó totalmente hacia atrás en su silla. La sonrisa satisfecha en su rostro hizo que Edward tuviera el impulso casi irresistible de patear su silla. — ¿Te gustan las manzanas? (1) —preguntó Jasper.

Edward lo miró, sin entender la pregunta.

Jasper se dio unas palmaditas en el bolsillo donde sobresalía un trozo de papel. —Tengo su número —dijo con un acento extraño que Edward no entendía para nada—. ¿Qué tal esas manzanas? —Se inclinó hacia delante, apoyándose en la mesa con un brillo travieso en sus ojos—. Ahora, ¿quién es el maricón, maricón?

~ 0 ~

Edward iba luchando, internamente, consigo mismo mientras se dirigía a Biología.

Obviamente, su yo adolescente estaba enamorado de Bella Swan. Ella confundía sus ya confundidos pensamientos, robándole la elocuencia que obviamente había dado por sentada en sus años mayores. Más de una vez su mera presencia hacía que soltara cosas extrañas.

—Hola, Sue. ¿Te gusta el pan? —citó entre dientes, recordando uno de sus monólogos favoritos de Eddie Izzard (2) sobre la pubertad y el hablar con las chicas. Afortunadamente ya había pasado los peores puntos de la pubertad, pero la torpeza con las chicas, o tal vez con esta chica en particular, todavía persistía.

—Hey, Edward —saludó Bella mientras se sentaba.

— ¡Tengo piernas! —Edward soltó, sorprendido por su repentina presencia aunque no tuviera ningún motivo para estarlo.

Bella parpadeó. —Um... eso es ¿bueno? —adivinó, mirándolo divertido.

Rodándose los ojos así mismo, Edward negó con la cabeza. —Lo siento. Es de un monólogo de uno de mis comediantes favoritos —explicó. Se preguntó tardíamente si ya estaba disponible. No era la primera vez que Edward quería su teléfono inteligente y de fácil acceso a IMDB. (3)

Por suerte, Bella no lo presionó.

Cuando el Sr. Banner llamó al orden a la clase, Edward se desconectó. Pese a la insistencia de Alice de disfrutar de sus vacaciones y no tratar de averiguar cuál era el objetivo final del destino, no podía dejar de intentar encontrar la pieza clave del rompecabezas con todo lo que sabía hasta el momento.

Le resultaba difícil creer que un amor de secundaria pudiera tener tal importancia en su vida. Todo se sentía tan importante en la escuela secundaria, los enamoramientos incluidos, pero la experiencia de la vida le había enseñado que no mucha gente interactuaba regularmente con la misma gente que habían conocido en la secundaria, y mucho menos con sus ex.

Tal vez se suponía que debían ser amigos. Edward encontró ese pensamiento mucho más fácil de lidiar. Incluso en los últimos días encontraba que su compañía era infinitamente más agradable que la de la gran mayoría de sus compañeros de clase. Ella era interesante. Un poco frustrante... pero interesante.

—Edward. Hey, Edward.

Edward se dio cuenta de que Bella había estado tratando de llamar su atención por un tiempo. Se volvió hacia ella, dándose cuenta de que el aula estaba silenciosa. Banner estaba en su escritorio, haciendo caso omiso a los estudiantes en su mayor parte. La mayoría tenía las cabezas juntas e inclinadas manteniendo conversaciones en voz baja.

—No estaba prestando atención. ¿Qué se supone que debemos hacer? —Edward preguntó con timidez.

Bella sonrió ligeramente. —Bueno, aquellos que reprobaron el último examen, lo cual fue una gran parte de la clase, se supone que deben hacer la corrección.

—Bueno, malditamente sí. Tenemos A.

—Lo tenemos. —Bella asintió. Luego una mirada claramente nerviosa se apoderó de ella, volviéndose hacia su cuaderno. Empezó a garabatear sin rumbo—. Yo um… solo es curiosidad. ¿Hablabas en serio acerca de tomar algún tipo de clase? Quiero decir... ¿Recuerdas? ¿Equilibrio y fuerza?

— ¡Oh, Uh ... sí! Estaba hablando en serio. Quiero decir, es una buena idea. Yo solo... —Rodó los ojos—. No las he buscado. Probablemente serían en Port Angeles o algo así. Pero me he distraído —admitió.

— ¿EQ? —Bella adivinó, mirándolo el tiempo suficiente para sonreírle a sabiendas.

—Sí —dijo Edward, empujando sus gafas sobre su nariz. Con la mirada fija en la mesa lo soltó—. Oye, pareces saber mucho sobre ello. ¿Por qué no juegas?

—He sentido curiosidad —dijo, todavía haciendo círculos ociosos en su cuaderno—. Pero mi equipo tiene problemas al ejecutar Word. —Sonrió—. De ninguna manera podría funcionar con un juego tan complejo como EQ.

—Hmmm. —Edward tarareó ausentemente, dando golpecitos con el bolígrafo contra su cuaderno.

Sabía lo que quería hacer. De hecho, apenas captó las palabras antes de que salieran volando de su boca. Tenía que dominar el pensar antes de hablar en algún momento. Y que mejor momento que el presente... pasado... lo que sea. Incluso si no estaba tratando de impresionarla, y definitivamente no lo estaba, no podía evitar usar un poco de su encanto.

— ¿Sabes lo que es una LAN? —le preguntó con indiferencia.

—Red de área local —respondió Bella con facilidad.

Edward ignoró la maravillosa sensación de cosquilleo que tuvo cuando ella habló nerd. —Bien, pero por lo general se refiere a un grupo de personas, usualmente jugadores, que traen sus computadores al sótano o sala de estar de alguien y... uh juegan desde una habitación.

—He oído hablar de ello —dijo Bella, asintiendo con la cabeza—. ¿Qué quieres decir?

—Ven esta noche —dijo, felicitándose a sí mismo por no tartamudear a pesar de que su pierna estaba rebotando como loca debajo de la mesa—. Quiero decir... podemos ir a tu casa a recoger tu computador. Déjame trabajar con él, mientras, puedes probar el juego en mi ordenador, si quieres. Invitaremos a Jasper y haremos un mini-LAN.

Bella no dijo nada al principio, sólo lo miraba con la boca ligeramente abierta. Edward se pateó mentalmente, dándose cuenta de que para la mayoría de los adolescentes, jugar no era muy emocionante para un viernes por la noche, incluso en Forks. —Si… si tienes otros planes, o esto no es lo tuyo…

— ¡No! —Bella lo interrumpió, su voz fue un poco más fuerte de lo que esperaban. Algunos de sus compañeros miraron alrededor, Bella se agachó con las mejillas en llamas—. Quiero decir —dijo con la voz unas cuantas octavas más baja—. Que suena como... divertido.

Edward inclinó la cabeza, no creyéndose del todo. —No tienes que ser agradable por mí.

—No, de verdad —insistió Bella—. No creo que seas capaz de hacer algo por mi computador, pero todo lo demás suena divertido. —Se encogió de hombros—. No hay muchas cosas interesantes que hacer en Forks desde que las fiestas, al parecer, no son mi fuerte —dijo un tanto arrepentida.

—Oh, claro. ¿Tu papá ya lo superó oficialmente?

Bella se encogió de hombros. —Él nunca fue bueno en la aplicación de castigos. Además, estar a punto de morir tiene sus ventajas. Dudo que incluso recuerde porqué me castigó en primer lugar.

Edward sonrió y asintió con la cabeza. —Sí. Me metí en problemas la semana pasada por llegar muy tarde a la escuela y mi mamá parece haberlo olvidado convenientemente, también. —La miró, empezando a dejarse sentir emocionado porque pasarían tiempo juntos—. ¿Hablas en serio? ¿Quieres salir con nosotros esta noche? ¿No se molestarán tus otros amigos?

Cruzando los brazos sobre la mesa, Bella apoyó la cabeza y lo miró tímidamente. —Realmente no soy parte de la multitud de la noche del viernes. Ese día en la fiesta... eso no era lo mío.

—Sí, ni lo mío —coincidió Edward. Casi había sido lo suyo, pero no lo fue nunca más. Dejó de lado la nostalgia repentina—. De todos modos, tienes que hablar con tu padre, por lo general las redes LAN van hasta muy tarde… O muy temprano, debería decir… por lo que deberías quedarte en mi casa.

La cabeza de Bella se levantó. —Espera, ¿qué?

—Normalmente jugamos hasta que caemos —explicó Edward—. Eso es parte de la diversión.

Bella se rió nerviosamente. —Sé que me salvaste la vida y todo eso, pero Charlie lo olvidará rápidamente si le digo que voy a pasar la noche en tu casa.

La reacción inicial de Edward fue de confusión. ¿Por qué Charlie se molestaría por su hija casi mayor de edad si pasaba la noche jugando en un ordenador, sobre todo teniendo en cuenta lo que había sucedido la última vez que había salido en una noche de viernes? No habría nada de alcohol en su fiesta.

Pero Edward se acordó de su pequeña fantasía de la mañana. Su rostro probablemente estaba más caliente de lo que Bella lo hubiera tenido nunca. Si Charlie adivinara ni la mitad de su fantasía, sabía que sería hombre muerto.

Aparentemente, era más tenaz y estúpido de lo que él mismo pensaba. —Bueno, Jasper estará allí. —Las cejas de Bella se levantaron aún más. Edward resopló—. Supongo que eso sólo empeora las cosas —admitió negando con la cabeza—. Lo que sea. Todavía lo vamos a hacer... me refiero. —Estaba demasiado nervioso. Recordar su fantasía no había sido la mejor idea. Tomando una respiración profunda, Edward volvió a intentarlo—. Vamos a ir a buscar el computador y vamos a jugar todo el tiempo que puedas —corrigió—. Mis padres estarán en casa esta noche. Ellos... ya sabes... me respaldan. Tal vez tu padre te permita quedarte. Si quieres.

Bella sonrió y asintió lentamente, mirando alternativamente entre su cuaderno y él. —Sí, está bien.

~ 0 ~

Edward se aseguró de ello después de la clase de español, necesitaba encontrar a Jasper antes de que se fuera a casa. Por supuesto, porque el cielo prohibió la gravedad dejándolo con dos pies izquierdos, terminó volando contra un muro cuando se resbaló en el hielo.

— ¡Whoa! —Mientras se levantaba del suelo, buscando a tientas las gafas por donde fuera que habían volado, Edward reconoció la carcajada incrédula de Mike en algún lugar—. Bien hecho, Cullen. ¿Estás bien?

—Estoy bien —gruñó Edward, su orgullo estaba más herido que cualquier otra cosa.

Mike le dio sus gafas y le ofreció una mano para levantarlo. De mala gana, Edward aceptó, dándole las gracias de nuevo mientras se sacudía el polvo. —Es la segunda vez en una semana que el hielo ha intentado matarte —dijo Mike, dándole una palmada en el hombro.

Edward suspiró y asintió. — ¿Aún no es primavera? —Negó con la cabeza, viendo a Jasper salir de su última clase—. Gracias de nuevo —dijo con sinceridad y luego salió corriendo tras su amigo con un poco más de cuidado.

—Amigo —dijo Edward, cogiendo el brazo de Jasper—. Dime que no tienes planes para esta noche.

— ¿Qué, en realidad me estás invitando a cualquier fiesta que vas esta vez? —Jasper preguntó, arqueando una ceja. Todavía era un punto de conflicto entre los dos amigos que Edward no hubiera pensado en invitarlo a la fiesta de Royce.

Edward miró a su amigo. —Como si no pudieras ser invitado a una fiesta si tú... ¿Sabes qué? No importa. Ve a buscar tu ordenador. Bella va a venir para una LAN en mi casa.

Jasper inclinó la cabeza, con los ojos muy abiertos. — ¿Es una broma? ¿Bella es una jugadora?

—Bueno, no. —Edward lo evadió—. Ella quiere probar el juego y yo quiero trabajar con su equipo.

— ¿Así que es así como lo llaman los niños ahora? —Se rió Jasper—. ¿Para qué me necesitas hombre? —Negó con la cabeza—. Tiempo a solas es algo bueno, idiota.

Edward se apretó el puente de la nariz, resoplando con exasperación. — ¿Cuántas veces tengo que decirte que no es así?

—Hey, solo estoy tratando de ayudarte. Deja de intentar de convencerme y no te vas a estar comiendo mierda cuando es así. —Soltó una risita.

—Lo. Que. Sea. ¿Vas a venir o no?

—Bueno, la mierda que sí, si lo que necesitas es un chaperón, por qué no. ¿Mamá va a cocinar? —preguntó con ansiedad. Jasper iba a su casa con tanta frecuencia que había terminado llamando a Esme, mamá. Tanto Edward como Emmett cocinaban a menudo, para ellos mismos o para la familia, dependiendo, pero la comida favorita de todo el mundo, por mucho, era la de Esme.

— ¿Quién sabe? De todos modos, te veré allí —dijo Edward rápidamente, viendo a Bella a punto de llegar a su camioneta.

Corriendo a través del estacionamiento, evitando el hielo, Edward alcanzó a Bella justos antes de que abriera la puerta de su camioneta. — ¿Así que te veo en tu casa?

Bella se detuvo, volviéndose a mirarlo con una expresión confusa. —Puedo llevar el ordenador por mí misma, sabes —dijo a la ligera, aunque no había un dejo de irritación en su voz.

Los labios de Edward se curvaron. —Es justo. —Le dio las instrucciones de su casa antes de que se volviera para alejarse. Le tomó un poco de esfuerzo mantener sus pasos casuales y su calma exterior. Sin importar que interiormente se maldijera por ser tan ridículo, Edward tenía la extraña necesidad de agitar sus puños en el aire.


El chiste de las manzanas es sacado de la película "En busca del destino", se trata de que cuando Jasper le dice ¿te gustan las manzanas?, se refiere a ¿te gustan los pechos?, y ¿qué tal esas manzanas?, se refiere a los pechos de María y sus amigas.

Es un comediante Inglés que tiene un monólogo que habla sobre la pubertad, de hecho la autora explica que para entender mejor a Edward veamos el video Dress to Kill, Puberty, alrededor del minuto 3:40 al 4:45. Es gracioso, se los aseguro.

Una IMDB es una aplicación para smartphones que es como una especie de base de datos para películas y programas de televisión.