¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?
Historia escrita por:LyricalKris
Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)
Beta:Mentxu Masen (FFAD)
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Para el momento en que Bella llegó a su casa, Jasper y Edward ya había puesto sus ordenadores en el estudio. Lo tenían todo listo, Jasper y Bella jugarían desde el sofá y Edward se sentaría en el suelo.
Tan pronto como Edward vio el equipo de Bella, silbó bajito. —No estabas bromeando. Esta cosa es muy antigua.
—Los mendigos no pueden elegir —respondió Bella con suavidad—. Te dije que no había nada que pudieras hacer.
—No dije que no pudiera hacer algo con él. He dicho que es antiguo —respondió Edward con una sonrisa que estaba seguro era arrogante. Duró sólo cinco segundos. Cuando ella lo miró, sintió que su rostro se sonrojaba por lo que bajó su cabeza para examinar de nuevo el equipo.
Aunque una parte de él quería ser él quien guiara a Bella a través del juego, la mayor parte de Edward se alegró de que Jasper estuviera cerca. En realidad, Edward tenía muy poca paciencia cuando se trataba de personas que estuviera jugando mal. No podía contar cuántas veces había gritado ¡Maldito novato! a la pantalla cuando alguien hacía algo estúpido. Jasper, por otro lado, tenía mucha más paciencia para ese tipo de cosas por lo que se tomó el tiempo para explicarle a Bella como crear un personaje.
Edward disfrutó escuchar las preguntas que hacía Bella. Había medio esperado que ella se comportara como una niñita. En una ocasión, él y su esposa del juego había decidido hacer alts, personajes de bajo nivel, para perder el tiempo en lugar de hacerlo con sus personajes principales, esos fueron los personajes en los que más tiempo y esfuerzo invirtió. A Meawene le había tomado casi dos horas decidir la mejor combinación de rasgos faciales, y para cuando terminó, Edward estaba aburrido de toda la idea.
Bella, por otra parte, parecía estar prestando toda la atención posible a las explicaciones de Jasper, roles y habilidades. Le divirtió hasta más no poder que ella no estuviera rodando los ojos ante los esquemas Dungeons y Dragons y la habilidad de esquivar los árboles de hechizos.
Bella acababa de decidir tener un elfo mágico de la noche cuando los tres adolescentes se distrajeron con el ruido de la puerta del garaje.
— ¿Le dijiste a tus padres que iba a venir? —Bella preguntó.
—Todavía no —admitió Edward—. Pero no te preocupes. Yo me encargo de ellos.
— ¡Edward! —Carlisle llamó desde el pasillo—. ¿Qué es todo esto?
—Ah, diablos —murmuró Edward, rascándose la parte posterior de la cabeza y sintiéndose estúpidamente nervioso. Había esperado que fuera su madre, quien llegara a casa primero—. Quédense aquí —le dijo a Jasper y Bella.
A pesar de que poco a poco iba aprendiendo a dejar salir su lado adolescente, Edward habría disfrutado reclamar su condición de adulto en ese momento. Rogar a su padre para que le dejara tener una pijamada mixta era molesto. Había dormido con chicas por más de una década, después de todo.
Por otra parte, se recordó a sí mismo, que si hubiera sido un adulto intentando dormir con una chica de 17 años de edad, habría sido arrestado.
Pero su cuerpo tenía 17 años, por lo que estaba bien para su cuerpo estar con el cuerpo de ella.
Espera, eso no sonó bien...
— ¿Qué vas a hacer ahora? —Carlisle preguntó mientras él se acercaba. Edward se sintió culpable por un momento antes de darse cuenta que su padre miraba, con las manos en las caderas, los cables que colgaban desde el segundo piso.
—Pedí un módem inalámbrico, pero dijiste que no —respondió Edward automáticamente.
Su padre parpadeó. —Estoy esperando que digas algo para que esa frase tenga sentido, Edward.
—Bueno, si yo tuviera un enrutador inalámbrico y un módem, no habría necesidad de cables —respondió Edward, aunque en el fondo de su mente no tenía idea de por qué estaba siendo tan descarado. Entre otras cosas, ni Jasper ni Bella tenían un módem inalámbrico por lo que el punto era irrelevante. Pero lo más urgente era que quería a su padre del mejor humor posible si iba a pedirle un favor.
Carlisle arqueó una ceja. —Ya te lo he dicho antes, hijo. Si enserio quieres puedes hacer lo que tu hermano hizo y…
—Conseguir un trabajo, lo sé. —Edward terminó por él. Le tomó toda su fuerza de voluntad no rodar los ojos—. Jasper está aquí. Hemos creado una red LAN en el estudio. Necesito obtener la conexión aquí abajo. Sé que es complicado, pero es sólo por una noche. Voy a recogerlo mañana.
— ¿Qué le pasa a tu habitación? Ya has hecho LANs —Carlisle dijo la palabra como si estuviera hablando una lengua extranjera y Edward tuvo que reprimir una carcajada— antes y tu habitación estaba bien, entonces.
—Bueno. —Edward lo evadió, tratando de no parecer nervioso y fallando. Suspiró—. Papá, ¿me harías un favor?
Mirando cuidadosamente a Edward, Carlisle suspiró, se cruzó de brazos y apoyó contra la pared. — ¿Por qué tengo la sensación de que estás tratando de darme úlceras?
—Es sólo que Bella está aquí y quiere jugar con nosotros. El juego —dijo Edward rápidamente, las palabras salían tan rápido como cuando se quita un curita—. Ella quiere jugar con nosotros y, bueno, te agradecería si llamaras a Charlie Swan y le preguntaras si ella puede pasar la noche.
Carlisle se paralizó, mil expresiones cruzaron su rostro una tras otra. Se decidió por la incredulidad y se rió poniendo una mano sobre sus ojos. —Me retracto. No estás tratando de darme úlceras, intentas matarme. ¿Quieres que le pregunte a Charlie si está bien que Bella pase la noche con dos chicos?
—Vamos, papá —dijo Edward, su voz peligrosamente cerca de ser lastimera—. Es una habitación amplia. Tú y mamá van a estar en casa durante toda la noche y vamos a estar con los computadores. Eso no te lleva exactamente a cometer actos infames.
Carlisle parecía divertido con la elección de palabras de su hijo, sonrió ligeramente.
Años de práctica en la sala de juntas permitieron que Edward supiera cuando estaba cerca de cerrar un acuerdo. Carlisle solo necesitaba un pequeño empujón. —Sabes que Jasper y yo probablemente nos caeremos en el sofá. Puede dormir en un sofá totalmente distinto... o en la habitación de invitados.
Carlisle suspiró, apretándose el puente de la nariz. Una vez más, estudió a Edward por un momento y asintió. —Está bien. Voy a llamarlo.
Edward no pudo evitar la sonrisa. —Gracias, papá.
—Recuerda —dijo Carlisle en tono serio, apuntándolo con el dedo—. Ella es la hija de Jefe de Policía. El hecho de que le salvaste la vida no te va a llevar tan lejos si el hombre lleva un arma.
—Voy a tener eso en mente —dijo Edward, rodando los ojos y regresando con entusiasmo a sus amigos.
Cuando volvió al estudio, Jasper estaba riendo tan fuerte que se agarraba el estómago y Bella estaba totalmente sonrojada, viéndolo con el ceño fruncido. — ¿Qué está pasando? —Edward preguntó.
Bella levantó la vista y miró rápidamente hacia abajo de nuevo. —En realidad no es tan gracioso —se quejó ella.
—Esta chica es un imán para los problemas, Edward —dijo Jasper entre risitas—. Su pantalla apenas vivía cuando un estúpido novato lanzó todo su entrenamiento sobre ella. —Él contuvo el aliento—. Entonces, tan pronto como se recupera, se encuentra con un código rojo.
— ¿Qué es un código rojo? —Bella preguntó.
Jasper se calmó considerablemente mientras le respondía, volviendo instantáneamente a enseñarle. —Mira, haz clic en un grupo, ese es un monstruo de todos modos. No vayas hacia él, basta con hacer clic y el código se va a volver verde, lo que significa que está por debajo de tu nivel, amarillo, que se encuentra justo en el tuyo o rojo, que significa que si lo intentas matar, probable morirás.
— ¿Qué te gustaría que diga tu lápida? —Bella leyó el texto.
—Bien. Las zonas de novatos, que es donde estás, solo tienen un monstruo lo suficientemente fuerte como para matarte al instante y lo encontraste. —Se rió entre dientes.
—Da igual —dijo Bella, fingiendo irritación. Levantó la mirada hacia Edward, sonriendo tímidamente—. ¿Has hablado con tu padre?
—Sí —confirmó—. No tiene problemas con que te quedes. Está llamando el jefe ahora.
—Dulce —dijo Jasper, burlándose mientras miraba a Bella—. Porque a este paso, va a tomar por lo menos hasta la medianoche solo para sacarla de la zona de novatos.
~0~
La noche avanzaba mejor de lo que Edward esperaba. Bella era alguien con quien era fácil pasar el rato. Apreciaba a las chicas que aceptaban las bromas. Tomarse el pelo venía junto con el juego y Edward conocía a un montón de chicos que se enfadarían y querrían golpear a Jasper por sus continuos asaltos.
Bella estaba lista para el reto.
—Juegas como una niña, Bella —dijo Jasper cuando Bella se confundió, de nuevo, con sus hechizos.
—Tu personaje tiene dos colas de caballo y una vagina, ya sabes eso, ¿no? —Bella replicó—. ¿Sabes con tu edad y estatura a lo que llaman colas?
— ¿Qué cosa?
—Riendas —bromeó ella, sonriendo maliciosamente.
Edward, que acababa de tomarse un sorbo de Mt. Dew, lo escupió todo sobre sí mismo por la sorpresa. Tosió, con el rostro rojo mientras Bella y Jasper se reían. —Uf —dijo, tratando de sacudirse la vergüenza—. Estoy todo pegajoso.
—Apuesto a que lo estás —murmuró Jasper y Edward lanzó la lata de su refresco, vacía ahora, a la cabeza de su amigo, esperando que Bella no hubiera captado el comentario.
La cena trajo otra revelación: padres, madres en particular, era vergonzoso como el infierno.
— ¿De qué sirve ser madre si no puedo ponértelo difícil la primera vez que traes una chica a casa? —Esme preguntó cuando Edward le siseó intentando cortarla.
— ¡Mamá! —Edward gimió—. No eres John Stewart. Ya basta.
— ¿Quién? —Esme preguntó. Jasper lo miró confundido, también.
Edward suspiró. Sabía que The Daily Show estaba en este período de tiempo, lo había visto. Simplemente no lo captaron. —Nada. Sólo déjala en paz, ¿podrías?
—Está bien —dijo Bella rápidamente—. No me importa. —Ella puso los ojos, sonriendo con cariño—. Mi madre sería mil veces peor.
—Debe ser difícil dejar a tu madre después de pasar la mayor parte de tu vida con ella —dijo Esme en voz baja.
Mirando desde debajo de sus pestañas, Edward captó el breve destello de dolor que cruzó las facciones de Bella antes de que se suavizaran. —La extraño —admitió—. Pero ella está teniendo un buen rato con Phil, su nuevo marido. —Se encogió de hombros ligeramente—. Y yo no creo que mi papá haya tenido una comida decente en unos 17 años, así que...
Golpeó a Edward, no por primera vez, lo afortunado que era. Era obvio que Bella jugaba de padre en lugar que los suyos. Ella fue la que se comportó valientemente para hacerlos felices. Frunció el ceño ligeramente, pensando que no era justo. Él no había perdido exactamente su adolescencia siendo demasiado adulto para su propio bien la primera vez. Ahora estaba alentado por Alice a ser un niño otra vez.
Bella se merecía ser un niño, también. Después de todo, esta era la vida que recordaría.
Edward empujó su comida alrededor de su plato, un plan formándose en su cabeza.
Le gustaba pasar tiempo con Bella, lo que era cada vez más evidente. Es más, ella realmente le agradaba a Jasper también.
Y ahí estaba, su oportunidad de matar tres pájaros de un tiro. Podía disfrutar con esta segunda oportunidad de ser un adolescente despreocupado. Incluso si hubiera algo dentro de Forks que pudieran hacer tres adolescentes que no incluyera emborracharse hasta perder el sentido. Tenía una imaginación vívida. Y sino podía salvar a Jasper, por lo menos podía hacer que su último año de vida fuera pleno.
Edward estaba satisfecho consigo mismo. Era un compromiso que le permitiría tener metas en las que trabajar, y amaba tener metas, mientras obedecía las órdenes de Alice de vivir su vida. Lo que le daba un poco de control sobre la situación, aunque este sea imaginada.
~0~
— ¿Ustedes dos ya han ido a la cama?
Edward y Bella lo miraron con aires de culpabilidad mientras Carlisle entraba en el estudio aún luciendo medio dormido. Eran las siete de la mañana y no, ninguno de ellos había cerrado los ojos todavía. Jasper estaba tirado en el sillón reclinable, profundamente dormido desde las cuatro de la mañana.
—Por fin me deshice de todos los virus de la computadora de Bella —dijo Edward al mismo tiempo Bella soltaba Sólo necesito un ojo del escarabajo de fuego.
Carlisle se pasó una mano por los ojos, negando con la cabeza ligeramente. —Mi hijo es una mala influencia —dijo en voz baja. Los miró de nuevo, tratando de mantener el rostro severo pero solo se las arregló para lucir divertido—. Tus ojos están inyectados de sangre. Descansa un poco antes de que tenga que regresarte a tu padre en un estado zombi. —Se rió entre dientes.
Mientras Carlisle se encaminaba a la cocina, Edward apagaba el ordenador de Bella, frotándose los ojos doloridos. Miró por encima de su hombro como ella tercamente volvía a conectarla, estaba decidida a conseguir el ojo del escarabajo de fuego que necesitaba para completar su misión.
—No está mal, novato —felicitó Edward, señalando que había entendido el juego rápidamente. Bostezó, mirando adormilado a la pantalla—. Eres una chica caliente —murmuró. Cuando ella se volvió para mirarlo, con los ojos abiertos, se despertó un poco—. Quiero decir... tu personaje está caliente. Quiero decir... no es que tú no lo seas. Quiero decir... mierda.
Bella se mordió el labio, mirándolo como si estuviera tratando de no reírse, pero fracasó miserablemente. Rodó los ojos mientras ella se reía. —Tal vez deberíamos ir a la cama —dijo, con la voz ronca por el sueño.
En su estado de privación del sueño, Edward lo tomó de la manera equivocada. Su voz era tan baja que era sexy. Era una chica guapa que estaba metida en el juego. Una chica valiente, desinteresada, con una lengua afilada y piel gruesa, y su rostro estaba solamente a unos pocos centímetros del suyo.
—Quiero decir... —Tropezó, dándose cuenta de lo que había dicho—. Quiero decir. Deberíamos dormir.
Estaba sonrojada. Era tan linda cuando se sonrojaba así. Incluso con los ojos rojos, inyectados en sangre era linda.
—Bien —murmuró Edward—. Dormir.
Tenía miedo de dormir. Alice le dijo que estaba de vacaciones, pero ¿cuánto tiempo durarían? No quería ir a dormir y despertarse en un día diferente.
Sin embargo, sus párpados eran de plomo.
El sofá en el estudio era enorme y en forma de L. Hubiera sido fácil para uno de ellos moverse e ir al extremo opuesto del sofá para dormir. O para Bella dirigirse a la habitación de invitados que Edward le habló, sus palabras empezaban a mezclarse. O incluso para él si se dirigiera a su habitación.
En su lugar, ambos cayeron en direcciones opuestas. Sus pies se enredaron, completamente inocente, en el medio, y se durmieron.
~0~
Algo le hacía cosquillas en la nariz a Edward. Se dio una palmada por la molestia, gruñendo mientras se daba la vuelta, tratando de enterrarse profundamente entre las sábanas. En su lugar, se encontró cayendo y aterrizando en el suelo con un resoplido.
Desconcertado, Edward abrió los ojos. Jasper y Emmett se estaban carcajeando y Bella lucía como si estuviera tratando de no hacerlo. Emmett estaba inclinado sobre el sofá, con una pluma en la mano. Edward estaba completamente confundido hasta que se dio cuenta de que su mano estaba cubierta con alguna especie de espuma.
Crema de afeitar.
Se tocó la cara, rápidamente averiguando lo que estaba pasando. Efectivamente, allí estaba la crema de afeitar en la nariz y en la frente.
—Emmett, idiota —dijo Edward, poniéndose de pie y lanzándose contra su hermano.
— ¡Whoa! —Emmett gritó, golpeando el suelo con sorpresa.
Los chicos lucharon por un rato antes de que Emmett inmovilizara el brazo de Edward detrás de su espalda. —Mierda —gruñó Edward—. Bien, bien, déjame ir.
Emmett se reía mientras liberaba los brazos de su hermano. —Buen esfuerzo, fenómeno.
—Cállate —murmuró Edward, avergonzado. Se pasó la mano con timidez por el pelo, dándose cuenta demasiado tarde de que todavía tenía un poco de crema de afeitar en sus dedos. Suspiró con exasperación mientras Jasper y Emmett soltaban la carcajada de nuevo.
— ¿Excursión a Port Angeles? —preguntó a Jasper y Bella, una vez que todos habían dejado de reír—. Creo que ahora es un buen momento para buscar las clases de artes marciales —dijo mirando a su hermano.
—Espera. Déjame ponerme las botas, para que pueda temblar ante eso —bromeó Emmett, riéndose a carcajadas otra vez mientras se dirigía a las escaleras.
Edward solo rodó los ojos y miró a Bella y a Jasper expectante.
—Voy —dijo Jasper amablemente—. De todos modos, tengo que ver los restaurantes. No hay un lugar decente para tener una cita en este lugar.
— ¿Llamaste a María? —Edward preguntó.
Jasper le sonrió. —Tendrías que haberme visto, amigo. Fui tan encantador. —Señaló a Bella—. Dile que estuve encantador.
Bella arrugó los labios, pensándolo. —Me gustaría, pero mis padres me educaron para no mentir. —Miró a Edward—. Hubo un montón de tartamudez, pero creo que se las arregló para invitarla a salir en medio de todo el uh-uh-uh-uh'ing.
— ¡Oh, golpe bajo, Swan. Bajo. Bajo! Voy a comprobar el poder de tu culo novato ahora —dijo Jasper, sacudiendo la cabeza. Miró a Edward—. Ve a tomar una ducha. Te ves ridículo.
—Gracias —dijo Edward, pero se dirigió escaleras arriba para un nuevo cambio de ropa.
~0~
La tarde en Port Angeles fue sorprendentemente divertida, teniendo el miserablemente frío que hacía. El trío se mantuvo abrigado, caminando bajo los toldos de las tiendas y restaurantes que pasaban a permaneciendo fuera de la lluvia helada.
— ¿Qué tal ese lugar? —Bella preguntó, deteniéndose ante la ventana de un restaurante italiano.
—La Bella Italia —resopló Jasper—. No me extraña que te guste.
—No, pero parece un lugar agradable para una cita —protestó Bella—. Hay... un montón de rincones acogedores. —Su voz sonaba lejana y sus ojos estaban ligeramente desenfocados mientras hablaba—. Es un lugar cálido. En el que te sentirías cómodo sin importar el tiempo que hace aquí.
—Sí, la comida luce bastante sabrosa también —coincidió Jasper—. ¿Qué te parece, Edward?
— ¿Hmm? —Edward preguntó distraídamente. Estaba demasiado ocupado con fantasías extrañas. Se preguntó, de pronto, cómo se vería la piel de Bella con la poca luz que había en la habitación. Se imaginó ver su pasta girar alrededor de su tenedor, y la forma en que sus labios se envolverían alrededor de ella, tirando de las comisuras de su boca…
Un golpe pesado contra su nuca lo trajo de nuevo a la realidad. — ¡Hey!
— ¿Eres idiota? —preguntó Jasper.
— ¿Qué? —preguntó Edward con elocuencia, frotándose la cabeza y mirando a su alrededor. Frunció las cejas, notando demasiado tarde que Bella había desaparecido—. ¿Dónde está Bella?
—Ella fue a ver algo en esa tienda, Cadete del Espacio —respondió Jasper, señalando a una tienda a unos pocos puertas hacia abajo—. Algo sobre el cumpleaños de Charlie. No cambies el tema.
— ¿Cuál es el tema?
— ¡Hola! ¡McFly! —Jasper dijo, chasqueando frente al rostro de Edward—. Si no te diste cuenta por la forma en que te miraba, esa chica estaba prácticamente rogándote para que la invitaras a salir. Aquí. —Hizo un gesto hacia el restaurante.
—Jesús, podrías superarlo. Ya te dije…
—Sí, sí, sí. —Jasper lo interrumpió—. Lo que sea, hombre. Diviértete siendo virgen para siempre —dijo riendo, caminando en la dirección que le había indicado que Bella se había ido.
Edward se quedó atrás unos minutos más, frotándose la cabeza con aire ausente. A pesar de que estaba irritado por la insistencia de que Jasper obrara como un enamorado estúpido, muchacho de la escuela, Edward estaba más interesado en su afirmación de qué era lo que Bella quería.
Esa fue una idea loca, ¿no? Solo unas semanas antes, lo había odiado.
Edward miró hacia atrás en el restaurante y se preguntó si era cierto. Se preguntó si Bella diría que sí ... a una cita ... con él? La idea la encontró, criando esa sensación vertiginosa, burbujeando desde el centro de su pecho. De repente, la temperatura de congelación casi no lo efectúa en absoluto.
Pero eso no era parte de su plan. Su plan era la amistad. Tres pájaros de un tiro. Esa era la idea. No dos pájaros y sus piedras.
Edward gruñó, una vez más, lamentando la frecuencia con la que el sexo había entrado en su proceso de pensamiento. ¿Piensas con la cabeza muy pequeña, Edward?
Como él se encontró con sus amigos, Edward trató de poner todo en la parte posterior de su mente. De cualquier manera, él no iba a invitarla a salir en ese momento. Su amistad era nueva y tenue. Era lógico llegar a conocerla un poco mejor.
Era difícil recordar que cuando entró en la tienda y Bella miró hacia arriba, con una tímida sonrisa iluminando su rostro cuando lo vio. A pesar de su resolución de mantener las cosas sin complicaciones, Edward se preguntó si la observación de Jasper podía ser cierta.
Suspiró, lamentando el hecho de que parecía que iba a tener que aprender la habilidad práctica de la mente sobre la materia de nuevo.
