¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?

Historia escrita por:LyricalKris

Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)

Beta:Mentxu Masen (FFAD)

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El día fue un poco diferente debido al hecho de que a la hora del almuerzo, Jessica lo invitó al baile.

— ¿Qué? Er... yo. .. Um. ¿Sí? —respondió Edward con brillantez.

No tenía ni idea de por qué le dijo que sí. Ni quería ir al baile y mucho menos con Jessica. Pero le pareció insoportablemente grosero decirle que no. Ella estaba justo delante de él, con los ojos esperanzados, le puso un poco nervioso, tanto que no quería ver el dolor en sus ojos y, si estaba siendo honesto consigo mismo, estaba realmente halagado de que quisiera ir con él.

Bella se fue antes de que sonara la campana. Cuando Jessica se fue a la otra mesa, Jasper le dio un golpe en la cabeza. — ¿Eres idiota?

— ¡Ay! ¿Qué demonios, Jasper?

—Tú, demonios —siseó Jasper—. Has estado loco por esa chica —señaló con la cabeza en la dirección en la que Bella se había ido— durante años y luego le dices que sí a Jessica. Ni siquiera te gusta Jessica. —Hizo una mueca—. Ni siquiera a mí, me gusta Jessica.

—Ella me preguntó —Edward murmuró, sintiéndose confundido y ya arrepintiéndose de su decisión. Se encontró así mismo con la esperanza de repetir este día de nuevo. Se preguntaba si había una manera de avisarle a Alice para que aplastara el botón de reinicio temprano... Si es que su vida era un juego, podría volver al último punto cuando supiera que lo había jodido.

Al menos, por supuesto, que el destino quiera este resultado para él.

Sacudiendo la cabeza ante ese pensamiento, Edward se excusó diciendo tener deberes de Biología con los que ponerse al día, y se dirigió a su salón de clases.

Edward se detuvo en seco al ver que Bella ya estaba en su escritorio. Ella no levantó la vista de lo que estaba haciendo mientras caminaba en su dirección. Edward frunció el ceño. — ¿Qué va mal?

—Estoy bien —respondió ella—. ¿Por qué no iba a estarlo?

—No lo sé. Pareces tensa... —Una extraña sensación de déjà vu lo golpeó y Edward ladeó la cabeza, preguntándose por qué. Le tomó un minuto darse cuenta de que habían tenido la misma conversación el día anterior, o más bien la primera vez que había vivido este día, excepto que los papeles habían cambiado.

Bella se encogió de hombros, todavía sin mirarlo. Curioso, miró lo que estaba manteniendo su interés solo para descubrir que estaba garabateando una larga fila de bucles. Frunció el ceño, preguntándose qué estaba pasando con ella.

Las chicas eran confusas, esta chica, era el doble.

Antes de que pudiera preguntarle otra vez, ella dejó caer su pluma, se irguió en su silla y cruzó los brazos con irritación. —Ella sólo lo hace para llamar la atención de Mike, sabes.

— ¿Qué?

—Jessica —Bella susurró el nombre de su supuesta amiga mordazmente—. Ella lo invitó al baile temprano, pero le dijo que tenía que pensar en ello. Ella está tratando de darle celos.

Se enojó. — ¿Qué… osea que es imposible que alguien realmente quiera ir a un baile conmigo?

—Yo no he dicho eso —dijo ella rápidamente.

—Lo que sea —murmuró, cruzando los brazos y deslizándose en su asiento, con aire taciturno—. Solo porque tú no quieres ir conmigo no significa que nadie más quiera hacerlo.

Ella bufó. —Edward, no quise decir eso.

Se encogió de hombros, preguntándose por qué estaba siendo una perra furiosa pero era incapaz de detenerse. Nunca se sentiría bien ser la segunda opción de alguien, incluso si no tenía ningún interés en Jessica, lo que obviamente no tenía. Se sentía aún peor que Bella encontrara la idea de que alguien más quisiera salir con él tan desagradable. No era capaz de disuadir la idea de que tal vez, solo tal vez, ella quería preguntarle.

A medida que su temperamento y su indignación se apagaban, Edward estaba considerando pedir disculpas cuando la campana sonó. Un minuto más tarde, Mike estaba allí, preguntándole acerca del baile. Ella era la razón por lo que tenía que pensarlo, se dio cuenta, y eso, inexplicablemente, lo enojó más.

Pero de nuevo, Bella, cuidadosamente, le mandó indirectas. A pesar de su enojo, Edward sonrió para sus adentros. Ella era evidente mucho más valiente de lo que él era, no tuvo miedo de ver la cara de cachorro decepcionado de Mike.

En el siguiente período junto a Emmett en español, Edward recordó a su hermano contándole acerca de los planes de Tyler para invitar a Bella al baile. Todavía le molestaba. Pero más que eso, quería la oportunidad de pedirle disculpas a Bella.

Después de la clase, se apresuró a su casillero ansioso por llegar al estacionamiento y alcanzarla. Todavía había una posibilidad de arreglar el día. Si ella le dice que sí otra vez, ellos irían juntos a Port Angeles, irían a clase y luego esperarían la cena. Edward sonrió, recordando la expresión en el rostro de Emmett cuando Bella lo botó al piso.

Su sonrisa se cayó cuando dobló la esquina, encontrando a Tyler apoyado en su casillero, hablando con una Bella que lucía irritada. —Tyler, no lo sé... —ella estaba diciendo, se detuvo cuando lo vio. Sus ojos se estrecharon ligeramente y vio una expresión de determinación cruzar su rostro mientras miraba de nuevo a Tyler—. ¿Sabes qué? Sí.

— ¿En serio? —Tyler le preguntó, sonando sorprendido.

—Sí. Tyler, te elegí —dijo ella, asintiendo mecánicamente—. Nos vemos más tarde. —Se alejó rápidamente, sus mejillas eran de un rojo llameante.

Resistiendo, de alguna manera, el impulso de golpear a Tyler justo en su cara presumida, Edward caminó rápidamente detrás de ella. — ¿Tyler? —preguntó con voz dura—. ¿En serio?

Ella se encogió de hombros, sin mirarlo. —Lo que sea. Al menos no tengo que lidiar con el drama de Mike y Jessica. Y tal vez se calle con eso de que me lo debe por el accidente.

—Él nunca podrá compensar el accidente —espetó Edward, recordando el sonido de su grito con demasiada claridad—. Especialmente no de esta manera.

Bella se detuvo en seco. — ¿Y a ti qué te importa, Edward? —preguntó ella.

No podía mirarla. —Yo sólo... él no... —Resopló, pasándose una mano por el cabello con nerviosismo—. No me cae bien, ¿de acuerdo? Ni siquiera te gusta.

—A ti no te gusta Jessica —respondió ella.

No tenía una respuesta para eso.

Bella dejó escapar un largo suspiro. —Mira, olvídalo. Solo es un baile estúpido. No voy a aceptar casarme con él. —Ella suspiró y sacudió la cabeza—. Tenemos que irnos si queremos llegar a clase a tiempo.

Esta era la oportunidad perfecta para preguntarle si podían ir juntos, después de todo, en su auto llegarían con un montón de tiempo de sobra. Pero Edward descubrió que estaba demasiado irritado y confundido. Se sentía petulante y no podía persuadirse de actuar el papel. —No voy a ir a clases hoy. —Se encontró diciendo antes de que pudiera pensar en ello.

Eso llamó la atención de Bella. Ella levantó la vista, verdadera decepción se reflejaba en sus ojos. — ¿Qué, por qué?

—No me siento bien —dijo. No era exactamente una mentira. No estaba de buen humor para nada, se sentía celoso, irritado y rechazado. Empezó a alejarse, sin querer ver la mirada de sus ojos—. Que te diviertas.

Ya en su coche, huyó a toda velocidad antes de fuera consciente de lo que había hecho. Ante una señal de alto, Edward golpeó su frente contra el volante. Dio un salto cuando la persona detrás de él tocó la bocina.

En el momento en que llegó a su casa, Edward todavía no podía explicar qué es lo que se había apoderado de él. Odiaba haberle dicho que sí a Jessica. Odiaba sentirse tan poco atractivo, qué ridículo e inútil sentimiento.

Odiaba que Bella le hubiera dicho que sí a Tyler.

Edward fue sacado de sus refunfuños internos cuando entró en la casa, se encontró con Emmett y Rosalie envuelto el uno alrededor del otro en el sofá. Besándose y toqueteándose. Con fervor.

— ¡Ewww! —gimió, haciendo una mueca al verlo.

Los dos se separaron, mirando a Edward en la puerta. Emmett simplemente sonrió, acercado a Rosalie a su lado. —Bueno, ¿qué carajo, chico? Pensé que tenías tus clases de kung-fu.

—No es kung-fu —Edward murmuró por billonésima vez—. Y no me siento bien. Voy a acostarme. —Si fuera posible, Emmett besando a su novia, aumentó el mal humor de Edward.

Él lo hacía lucir malditamente fácil...

Edward se tumbó en la cama y se acurrucó a su lado. Miró alrededor de la habitación, a todos sus carteles frikis y a su computador que, incluso ahora, lo estaba llamando. A pesar de que había vivido más tiempo que solo los años de escuela secundaria, sabía a ciencia cierta que podía y tendría éxito... y sería deseable para muchas mujeres, aun así Edward se sentía como un perdedor.

Gruñendo para sí mismo, Edward se quitó sus gafas, arrojándolas sobre la mesita de noche. Cerró los ojos y deseó que el mundo desapareciera.

~2 de Marzo, 1999~

Edward casi se sintió aliviado cuando se despertó a las siete de la mañana el 2 de marzo de nuevo. Por un lado, todo el lío con Jessica y Bella no había sucedido. Por otro, todavía tenía que lidiar con el baile.

Por supuesto, la buena noticia fue que el destino, obviamente, no quería que estuviera con Jessica. Eso tenía sentido. Él no había tenido la oportunidad de ir con Jessica la primera vez, a pesar de la arrogancia de Tyler, era la chica quien elegía.

Si no era eso, ¿qué se suponía que debía cambiar?

Mientras se duchaba y vestía, Edward tuvo que recordarse que iba a freír sus nervios otra vez si trataba de averiguar lo que el destino quería. Era mejor solo vivir su vida. Por supuesto, sus pensamientos estaban ocupados con el baile y Bella y si Bella lo invitaría al baile y por qué ella no querría preguntárselo, de todos modos.

Con un poco de distancia, era más fácil tener perspectiva de lo que había sucedido el día anterior. La primera vez que había vivido el día, Bella había rechazado a todos. Ella no se molestó cuando la acusó de que no le gustaba Tyler, y ella había estado burlona acerca del baile en general.

Tal vez no era que ella no quisiera ir al baile con él... tal vez ella no quería ir y punto.

Edward lo entendió definitivamente. Él tampoco quería ir. Él quería que ella lo invitara, era verdad. Pero si ella se lo preguntara, estaba bastante seguro de que su euforia duraría solo lo suficiente antes lo tontos y aburridos que eran los bailes escolares.

Tal vez...

Edward se preguntó de repente si Bella estaría dispuesta a algún plan alternativo. Podrían hacer algo. Si estuvieran fuera del pueblo, nadie los molestaría con lo del baile, ¿verdad?

Antes de que pudiera elaborar bien su plan, Edward saltó por las escaleras.

—Hey freak, hiciste…

—No tengo tiempo, Emmett —dijo Edward rápidamente—. Solo asume que me irritaste y empezamos a gritarnos. Blah, blah, blah —gritó por encima del hombro mientras se alejaba de su hermano.

— ¡Edward!

Edward maldijo interiormente, retrocediendo unos pasos cuando Carlisle lo llamó. — ¿Sí, papá?

Sus padres lo miraban. — ¿No vas a desayunar? —Esme preguntó, mirándolo perpleja.

Inseguro por un momento, Edward dio unos pasos en la cocina, cogió una banana de la cesta de fruta y se despidió de sus padres. — ¡Hasta luego!

Conduciendo a la escuela, Edward se encontró pasándose los dedos por el cabello nerviosamente y practicando cómo se le iba a acercar. Sabía a ciencia cierta que podía ser encantador... si tan sólo pudiera recordar cómo.

Edward se estacionó, y se agachó, miraba por el espejo retrovisor mientras esperaba que su viejo cacharro apareciera. Estaba inexplicablemente nervioso, su pie golpeaba el tablero fuera del tiempo de la música que salía a través de sus altavoces.

Solo le estaba haciendo un favor a un amigo, ¿verdad? No era como si le estuviera pidiendo una cita.

¿Si la invitara a una cita, le diría que no?

Por suerte, Bella llegó poco después de que él lo hiciera, así que ya no sufriría de sus inseguros y ridículos pensamientos hasta el punto de que estuviera a punto de salirse de su piel.

—Hey, Bella —saludó, acercándose a su lado.

Ella sonrió por encima del hombro, cerrando la puerta. —Hey. Estás aquí temprano.

—Sí —dijo encogiéndose de hombros—. Hey, escucha. Quería preguntarte...

Ella lo miró, perpleja. — ¿Sí? —Lo motivó.

Encantador, se recordó. Le sonrió, una sonrisa casi cercana a la que había usado muchas veces para deslumbrar a alguien para lograr lo que él quisiera. —Me preguntaba si, la semana del sábado... ya sabes, el día del baile...

Vio como el shock se instaló en el rostro de Bella. Sus cejas estaban juntas en el centro y ella lo miraba, medio deslumbrada medio...

Era extraño. Cuando se mordía el labio de la manera en la que lo estaba haciendo, por lo general significaba que estaba nerviosa. O emocionada.

— ¿Sí? —Bella volvió a decir, su voz era mucho más entrecortada de lo que había sido un minuto antes.

Casi se la invitaba al baile. Casi. —No quieres ir a ese baile estúpido, ¿verdad?

Ella parpadeó rápidamente y se miró los pies. —Um. No. Yo realmente no soy de bailes.

—Sí, yo tampoco —murmuró—. Así que estaba pensando, que tal vez sería mejor tener una excusa para todos tus pretendientes. Si tienes algo que hacer antes de que pudieran invitarte al baile…

—Espera, ¿qué te hace pensar que alguien quiera llevarme al baile? —Bella preguntó.

Edward hizo una mueca, mentalmente golpeándose el rostro. —Yo um... —contestó—. Tengo la sensación de que tienes más admiradores de los que piensas.

Ella lo siguió mirando con incredulidad. —Pero, ¿por qué es importante? La chica es la que elige.

—Sí —dijo Edward con una carcajada—. Tú podrás pensar que eso importa, pero no es lo mismo para el resto.

—Oookkay —dijo Bella lentamente—. De todos modos... ¿Qué decías?

—Estaba pensando, ¿qué tal si creamos una excusa? Podríamos decir que hay alguna pelea de kick-boxing o algo así —dijo rápidamente, dejándolo salir todo antes de que se retractara—. Podríamos hacer algo más, algo divertido, en su lugar.

Bella se apoyó en su camioneta, frunciendo los labios. — ¿Realmente crees que alguien va a invitarme al baile? —preguntó.

Edward rodó sus ojos. —Bella, sabes que eres... eres... um. —Ella lo miraba como si tuviera un moco colgando de la nariz. A propósito se limpió el rostro. Demasiado trabajo ser encantador—. Confía en mí, ¿de acuerdo?

Parecía dudosa pero asintió. —Está bien. He... um... —Ahora era ella la que lucía nerviosa—. He querido ir más allá de Port Angeles. —Hizo una mueca—. No hay ninguna librería buena por aquí —dijo tímidamente.

—Está bien. Seattle entonces. U Olympia —sugirió Edward, luchando por mantener la sonrisa que amenazaba con surgir. Sonreír como un idiota no sería útil.

Ella le sonrió. —Está bien. —Asintió.

Sí. Ella me dijo que sí a mí. —Cool —dijo con indiferencia—. Nos vemos en el almuerzo.

~0~

La hora del almuerzo transcurría, y cuando Bella se sentó a la mesa, Edward no pudo evitar la sonrisa que curvó sus labios. Y tampoco podía evitar que sus entrañas revolotearan cuando ella le devolvía la sonrisa.

Al igual que como había pasado las dos primeras veces, las chicas estaban charlando y riendo sobre a quién deberían o no invitar al baile. Ahora que sabía qué buscar, podía ver la tensión alrededor de los ojos de Jessica y la forma en que miraba ansiosamente a Mike.

—Entonces, ¿estás pensando en preguntárselo a alguien, Bella? —Angela preguntó.

—En realidad, tengo planes ese día —dijo Bella, rompiendo su bastón de mozzarella en trozos pequeños. Se aclaró la garganta—. Edward y yo tenemos planes.

Tanto los ojos de Jessica como de Angela se agrandaron. Se miraron la una a la otra, y luego a Edward y de nuevo a Bella. — ¿En serio? —Jessica preguntó con voz desdeñosa.

—No, quiero decir... —Bella se trabó, sus mejillas se ruborizaron—. Quiero decir, no es una... no somos... Sólo vamos a un torneo de kick-boxing.

—Oh. —Jessica frunció el ceño. Obviamente, esa respuesta fue mucho más aburrida de lo que quería oír.

Jasper se rió entre dientes. —Me preguntaba por qué diablos lucías tan pagado de ti mismo en Inglés —dijo lo suficientemente bajo para que solo Edward y María pudieran oírlo.

—No sé de lo estás hablando —dijo Edward inocentemente.

—Bien —su mejor amigo le dijo, riendo de nuevo—. Lo que tú digas, amigo.

Edward no pudo evitar la sonrisa que apareció en su rostro mientras escuchaba a Bella repitiendo la excusa a Mike.

—Vamos. El baile es en la noche, ¿no podrás regresar a tiempo? —Mike insistió.

Le tomó un poco de esfuerzo seguir mirando el dibujo en su hoja en lugar de fulminar a Mike.

La voz de Bella, cuando habló de nuevo, fue gélida, lo que calmó un poco la ira de Edward. —Es importante para mí.

Después de la escuela, dobló la esquina para ver que Tyler había atrapado a Bella de nuevo y ella volvía a contar la mentira acerca del torneo en Seattle. Edward se permitió su impulso infantil de darle una sonrisa presumida a Tyler antes de ir tras de Bella, se burló de su camión como lo había hecho la primera vez que había vivido ese día.

En el camino a Port Angeles, la atmósfera en el coche parecía ser al menos unos cuantos grados más cálido de lo normal. Edward se encontró sujetando el volante fuertemente para evitar colocar un mechón de su cabello detrás de la oreja.

Algo estaba cambiando entre ellos. Su enamoramiento, un pequeño encaprichamiento antes, se avecinaba más grande en el horizonte, como si hubiera un destino físico al que llegar. Un enamoramiento era un deseo anónimo, deseo de que todo saliera bien. Esto era algo... más.

A pesar de que había pensado antes en que Bella era, bueno, impresionante, el factor de genialidad parecía haber subido algunas escalas. La miraba en clase, admirando la manera, cuando cometía un error, en la que una mirada de completa concentración cruzaba su rostro y como trabajaba duro hasta que lo conseguía. Ella era tímida, pero cuando se sentía ofendida, su lengua era rápida y fuerte.

Y fue más caliente que el infierno que pudiera tirar abajo a su hermano como si fuera un muñeco de trapo.

Edward se fue a la cama esa noche repasando sus pequeñas sonrisas, cómo se había ruborizado cuando le había dicho que sí a él.

Su último pensamiento, mientras se dormía, era que realmente, realmente, esperaba que esta fuera la manera en la que se supone que el día debería ir. Había sido uno de los mejores días de su vida.

~0~

Edward se despertó con risas infantiles. Nervioso, mantuvo los ojos cerrados. Sabía que era Alice, solo que no sabía si esperar que le dejara pasar o le diría que es un idiota o... algo así.

Ella se rió de nuevo y algo le dio un codazo en el costado. Resignado al hecho de que tenía que enfrentarse a su destino, Edward abrió los ojos e inmediatamente se volvió bizco al mirar la varita que le apuntaba el rostro.

—Vas a picar el ojo de alguien, niña —murmuró sentándose. Hizo un ruido de sorpresa con su garganta cuando se dio cuenta de que Alice estaba colgando boca abajo, sus pequeñas piernas de pollo colgaban de una cursi escoba.

Que la escoba flotara era un poco desconcertante, pero este era el país de las maravillas de Alice. Nada le descría sorprender en este punto.

Afortunadamente, un lado de él todavía se ponía un poco paranoico cuando los niños pequeños estaban haciendo cosas peligrosas. Alice se giró y saltó de la escoba, sobre el estable piso. — ¿Tiraste de la cola de caballo de Bella?

Edward cerró los ojos un momento, tratando de que las palabras tuvieran sentido antes de que tuviera que preguntar. Suspiró. — ¿Qué? —preguntó por fin.

—Mira, este niño en el parque, su nombre es Ben-Jin-Man, tiró de mi cola de caballo. Mamá dijo que solo era porque le gustaba y que tal vez debería empujarlo. Pero papá dijo que era mejor empujar a los muchachos en lugar de gustarles antes de los 35. —Finalmente se detuvo, tomó una respiración profunda mientras lo miraba—. Así que, vi que Bella te empujaba, pero no tiraste de su cola de caballo, o tal vez yo no estaba mirando.

Los labios de Edward se curvaron. — ¿Te refieres a la práctica? Bella me derribó en la práctica —dijo con una sonrisa.

Alice se encogió de hombros, luciendo totalmente desinteresada. —Lo que sea —dijo. Entonces levantó su varita otra vez—. ¡Adiós!

—Espera, ¡Alice! —Edward gritó, agarrando la punta de la varita para que dejara de agitarla—. ¿Lo hice bien? El día, me refiero, ¿cambió lo que tenía que cambiar?"

Ella rodó los ojos. En lugar de responder, alargó la mano, agarrando un zapato desgastado que estaba en el suelo cerca de ellos. —Aquí. Coge esto.

Él le dio el gusto, lo que sea para obtener respuestas. Ella se echó a reír. —Es un traslador (1).— Se rió descaradamente y luego el mundo desapareció.


*Es un artefacto mágico que con solo tocarlo te transporta a otro lugar.