¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?

Historia escrita por:LyricalKris

Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)

Beta:Mentxu Masen (FFAD)

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~3 de Marzo, 1999~

Edward se despertó con un sobresalto, mareado y sintiendo que todo le daba vueltas. —Jodido, traslador —murmuró, agarrándose la cabeza. Definitivamente prefería despertarse con un toque de varita en lugar de la mierda que le había sucedido. Jodidos magos...

— ¿Port quién? ¿A quién te estabas jodiendo? Veamos. ¿Porter? ¿Porky? (1)

Gruñendo, Edward miró hacia la puerta. —Sí, soy gay. Es muy gracioso, Emmett —gruñó Edward, no estaba de ánimo para las bromas de su hermano mayor.

—Estás de mal humor hoy, quiero decir, más de lo habitual. —Se rió Emmett—. Es un jodido sábado, idiota. ¿Por qué estás despierto?

Edward dejó de frotarse los ojos. — ¿Qué? ¿Es qué? —Se dio la vuelta rápidamente, agarrando su despertador. Se quedó boquiabierto, mirando fijamente la fecha—. Santo infierno.

— ¡Eso! Es un oxymoron. (2)

—Me alegro de que estés prestando atención en inglés. Eres más que un simple idiota —murmuró Edward, sin prestarle atención. Estaba llevando la cuenta de los días en su cabeza—. ¿Por qué estás tan sorprendido de que esté despierto si tú también lo estás?

Emmett se rió. —Qué original, chico. Estoy emocionado. El gran baile es hoy, lo que sabrías si hubieras sido invitado. Mi señora y yo vamos a mostrarles algo especial.

Sobresaltado, Edward salió de la cama, sin escuchar el monólogo continuo de Emmett. —No he podido volver a dormir como hace una jodida hora y ya sabes lo que pasó la última vez que entré en la habitación de mamá y papá. —Se estremeció—. No se debería permitir hacerlo con menores en casa.

—Gafas, gafas... ¿Dónde diablos están? —Edward gruñó, se puso boca abajo para mirar debajo de la cama.

—Amigo, ¿qué estás haciendo? Qué asqueroso, puedo ver la línea de tu trasero.

— ¡Emmett! —Edward gruñó desde debajo de su cama—. Esto es lo que pasa cuando irrumpes en las habitaciones de las personas cuando están durmiendo. Vete lo más lejos posible.

—Bien, lo que sea, fastidioso. Solo ven abajo y entretenme... solo ponte unos malditos pantalones antes —dijo sobre su hombro el Cullen mayor, yéndose finalmente.

Encontrando sus gafas, Edward se las colocó en el rostro y se puso de rodillas, mirando el reloj de nuevo.

13 de Marzo, 1999 7:14 AM.

—Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda —Edward decía, poniéndose de pie. Se tropezó en su camino a la ducha, un poco confundido. Una parte de él pensaba que su último recuerdo era de Alice con su país de las maravillas y Harry Potter, pero igual de apremiante, en su mente era el recuerdo de una muy importante conversación por IM la noche anterior.

Edward entró bajo el agua cuando todavía estaba fría, tenía mucha prisa como para esperar a que se calentara, a pesar de que había ocupado la ducha para despejarse de las fantasías más coloridas que había tenido en sus 29 años de vida... y que había hecho acuerdos con empresas de Japón, India y Francia. Sabía cómo maldecir. Una vez que el agua se calentó, fue capaz de concentrarse un poco más.

Le había preguntado a Bella a qué hora quería salir, recordando que había esperado contra toda esperanza que dijera temprano. Temprano era mejor. Temprano significaba más tiempo.

Si vamos a Seattle, a la hora que empieza la escuela es mejor.

Tratando de actuar como caballero, se ofreció a recogerla. Se había opuesto, no quería ser totalmente sincera con su padre. Eso hizo que Edward se sintiera aún mejor. No sólo pasaría el día con ella, también sería su secreto. Eso lo hizo sentirse un poco más... arriesgado.

Su yo de 29 años se rió interiormente del ridículo adolescente que había olvidado por mucho tiempo.

Pero había encontrado una forma de evitar estar atrapado en su camión destartalado durante tanto tiempo, se burló que si trataban de conducir hasta Seattle en el camión solo tendrían el tiempo suficiente para saludar a la ciudad antes de tener que regresar.

Sus planes rayaban en lo ridículo. Por último, habían optado por decir la verdad sobre la fuga. Edward tenía que ir a la puerta y saludar a Charlie, y luego seguirían su alegre camino.

Claro, que sonaba bien solo para Bella, no es como si su padre fuera a disparar o mutilar alguna parte de él. Edward se permitió un momento para reflexionar en lo extraño que era el preocuparse por el padre de una adolescente antes de salir de la ducha. Llegaría tarde si seguía así.

Puesto que ya iba tarde, Edward no se sorprendió en absoluto descubrir que había olvidado su toalla. Temblando como un cervatillo recién nacido, se asomó a la habitación para asegurarse de que Emmett no hubiera vuelto, entró y se estremeció mientras envolvía la toalla alrededor de sus hombros.

Alrededor de mil preguntas se agolpaban en su mente entre el momento en que pasaba de las preguntas de Emmett mientras se dirigía a la puerta y se detenía frente a la calzada de los Swan. ¿Pararían en algún sitio para comer? ¿Qué pasaría si Bella ya había comido? Podía esperar, pero ¿y si su estómago gruñía antes de almorzar? Eso sería vergonzoso. Realmente no tenía apetito de todos modos. ¿Estaría ella tan ansiosa como él lo estaba?

Pero mientras tanto, Edward estaba bastante seguro de que nadie había alcanzado el nivel de ansiedad que había alcanzado en la última hora, al menos estaba parcialmente positivo, que había más significado en esta pequeña excursión que solo una salida de dos amigos. Las dos últimas semanas habían estado llenas de sonrisas tímidas y risas nerviosas mientras hablaban. Más de una vez Edward había atrapado a Jasper rodando los ojos en la mesa del almuerzo e imitando un agresivo besuqueo detrás de la espalda de Bella.

Cuando la puerta se abrió y Bella apareció, Edward olvidó todas sus estúpidas preguntas. Bella le echó un vistazo, sus ojos encontraron los de él y su rostro se iluminó con una sonrisa, como si fuera la reacción más natural del mundo. Salió al porche, cerrando y asegurando la puerta detrás de ella.

—Hey —le dijo, sus ojos iban nerviosamente de ella a la casa. ¿Estaría Charlie mirándolo desde la ventana?

—Charlie fue a pescar —dijo Bella alegremente—. Le dejé una nota aunque probablemente tendré que buscar un lugar para llamarlo. Ya sabes... sólo para que no se preocupe.

—Sí, está bien —dijo Edward con facilidad. También tendría que llamar a sus padres. Luego, mirándola subirse al lado del pasajero, se rió.

— ¿Por qué fue eso? —preguntó ella, sonriendo pero luciendo avergonzada.

—Combinamos. —Señaló, no sabía por qué la idea le agradó tanto. Ambos usaban sacos de color beige junto con pantalones vaqueros.

Ella bajó la mirada y dio un pequeño bufido. —Qué vergüenza —murmuró.

—No —protestó—. Es…

—Estaba bromeando —dijo ella rápidamente—. Es de los X-Files, ¿recuerdas?

Edward arrugó la nariz. —Bella, en serio. ¿Cómo diablos se supone que voy a entender esa referencia? Es demasiado vaga. Chris Carter por sí mismo no habría entendido esa referencia.

—Lo que sea, obviamente uno de nosotros en este coche es un verdadero fanático y el otro es simplemente un impostor —respondió Bella de nuevo.

Se sonrieron el uno al otro, la leve incomodidad que había entre ellos desapareció dejando la comodidad con la que coexistían.

Ella hacía que fuera fácil olvidarse de todo, sin importar que fuera un hombre de 29 años que había destruido su propia vida completamente o un muchacho de 17 años que no sabía qué demonios estaba haciendo.

¿Qué estaba haciendo ella en la primera realidad? ¿En quién se había convertido?

Sus acciones la habían mantenido en Forks. ¿De qué clase de vida la había despojado?

—Hey, ¿cómo era Phoenix, de todos modos? Quiero decir, todo eso de romper un huevo en la acera. ¿Mito urbano o qué? —preguntó.

Bella alzó una ceja. —Se puede romper un huevo en cualquier acera en cualquier lugar. Él apartó la mirada de la carretera un momento para mirarla de reojo. Se rió detrás de su mano y respondió—. Se suele poner un poco caliente.

— ¿Prefieres clima caliente? Nunca he entendido eso. Quiero decir, tienes demasiada ropa para quitarte. Quiero decir, no es que quiero que te quites la ropa. Um.

Bueno, fue bueno saber que lo tarado aún no desaparecía.

Aparte de las risitas ocasionales y el tartamudeo nervioso, el viaje en coche estaba bien. Edward estuvo un poco decepcionado cuando el horizonte de Seattle se alzó delante de ellos. Luchó por disminuir su inseguridad cuando se acercaron al primer destino. No sabía exactamente cómo ejecutar el plan con Bella.

— ¿Por qué estamos en el Seattle Center? —preguntó una Bella perpleja—. No hay librerías aquí... a menos que cuentes las tiendas de regalos.

—Cálmate. Hay algo que quiero mostrarte. Además, no es que como si nos tomara mucho tiempo ir a una librería —Edward bromeó.

Ella se mofó, pero bajó del coche. —Está claro que no me has visto en una librería —murmuró mientras se ponía a su lado.

La necesidad de extender su mano y tomar la de ella era abrumadora. Edward se metió las manos en los bolsillos, convirtiéndolas en puños. La miró por el rabillo del ojo, pensando lo adorable que se veía con las mejillas sonrojadas por el frío. No sabía por qué esta chica lo tenía tan enloquecido, pero en ese momento, no iba a pensar en ello. Ella le había dicho que sí a él a pesar de todos los que se la jugaban y ese pequeño estúpido hecho lo hacía sentir algo cálido y sentimental justo en el centro de su pecho.

— ¿Puedo hacerte una pregunta? —preguntó mientras caminaban. Cuando ella asintió, soltó la pregunta que lo había estado matando—. ¿Por qué no quieres ir al baile de todos modos? Quiero decir, todo el mundo sabe que es un poco estúpido, pero eso no parece ponerlos menos ansiosos, ¿sabes?

—Entonces, ¿qué es lo que hay de mal en mí? —Bella completó.

—No... No es eso lo que quise decir. —Edward se trabó antes de que ella le sonriera.

—Sé que no es lo que querías decir —dijo rodando los ojos. Luego suspiró—. No lo sé. Tal vez nací sin esa parte en mí... la emoción que tiene la gente con los bailes y los gramos de dulce y todas esas otras cosas.

Edward soltó un suave bufido. —Mi mamá no lo entiende en absoluto. Ella no puede imaginar que tengo mejores cosas que hacer que pasarme la noche rodeado de papel crepé y brillo.

Bella asintió confirmándolo, entonces agachó la cabeza. —Hay esto... y siento como si fueras a entender esto, pero ya sabes probablemente jodería los pies de mi pobre cita. Y eso es sólo el comienzo. Sería como uno de esos momentos de comedia. Me caería y acabaría con todo el lugar.

Edward trató de no reír, pero no pudo evitarlo. Pensó que si ella lo hubiera invitado al baile, entre ellos dos, habrían causado una destrucción considerable.

Eso lo llevó a otra duda perturbadora. Este día, hasta el momento, se había sentido más como una cita, y las dos semanas anteriores habían estado llenas de pequeñas miradas y sonrisas significativas.

Pero...

Edward se pasó una mano por el cabello, un poco disgustado. ¿Por qué no podía leer las mentes? —Así que... si hubiera sido, no sé, la chica la que elige para un programa de Star Wars...

—Oh, ¿La Amenaza Fantasma? (3) Estoy muy emocionada por eso. En menos de dos meses —dijo rebotando un poco.

Edward sintió un pequeño pinchazo de disgusto, sabiendo que ella se iba a decepcionar. —No... Quiero decir, en lugar de un baile en el que la chica elige, si ella eligiera para ver la trilogía clásica. Como si convirtieran el gimnasio en un pequeño teatro con el estilo friki de Star Wars…

—Bien. —Bella lo interrumpió—. ¿Cuál es la pregunta?

— ¿Se lo preguntarías a alguien? —preguntó, mirándola de frente.

El silencio se extendió entre ellos el tiempo suficiente para que Edward se pusiera nervioso. Finalmente miró a Bella. Ella estaba mirando sus pies, pero luego levantó la vista y le sonrió con timidez. —Me gustaría hacerlo —admitió, su voz era suave—, pero me hubiera acobardado.

Una vez más, Edward encontró a sí mismo metiendo sus manos en los bolsillos, apretando los puños para evitar tomar su mano. Se aclaró la garganta ligeramente. —Ya llegamos.

Sorprendida, Bella miró lo que estaba delante de ellos, claramente había olvidado que tenían un destino. Entonces sus cejas se juntaron por la confusión. —Es una obra en construcción...

Él sonrió, un poco divertido por su expresión. —Este va a ser un museo increíble. Es el Museo EMP.

— ¿EMP?... Parece raro.

—La estructura... cuando esté listo va a ser increíble —dijo Edward, un poco de nostalgia se filtró en su voz emocionada. Cuando pensaba en las cosas que podrían hacer durante el día, se decepcionó al darse cuenta de que el Museo EMP aún no había sido construido. Muchas veces durante el año, en su vida adulta, Edward se encontraba vagando por sus pasillos, olvidando todo lo demás por una tarde.

Hubiera sido agradable compartirlo con alguien. Sentía como si Bella lo hubiera entendido.

—Es un museo de música, más que nada. Todo lo relacionado con la música. Artistas, música a través del tiempo, música en las películas —explicó.

—Se ve como un edificio de ciencia ficción, la manera en la que está estructurado —señaló Bella. Inclinó la cabeza—. O una ballena destripada...

—En realidad, también va a incluir un paseo de la fama de ciencia ficción. Va a ser increíble. Estamos hablando de naves en tamaño completo con hélice y todo eso —dijo Edward con entusiasmo.

—Sabes mucho acerca de este lugar y aún no se ha construido todavía. ¿Qué, acaso puedes ver el futuro?

Edward se encogió de hombros, sintiéndose un poco cohibido. Puso los ojos en blanco y codeó uno de sus lados. —Ha estado en el periódico, Bella.

—Oh —dijo ella, apoyada en la valla para poder ver mejor—. Está bastante bien —dijo finalmente—. Tal vez regresemos.

Edward sonrió. —La gran apertura es el próximo año —dijo con indiferencia.

—Bueno, eso lo decide entonces —dijo ella determinada, dándose la vuelta.

Al regresar al coche, Edward cautelosamente deslizó su mano fuera de su bolsillo, preguntándose si solo debería ir y cogerla de la mano. Mientras se debatía consigo mismo, casi saltó cuando sintió unos dedos envolviéndose ligeramente alrededor de los suyos. Dio un vistazo, para encontrase a que Bella estaba mirando hacia adelante y sonrojándose furiosamente. Sonriendo, e increíblemente petulante, Edward apretó su mano con firmeza.

—Entonces —dijo Bella, sonriendo ligeramente—. ¿Ahora qué?

—Bueno, yo estaba pensando, si puedes soportar estar lejos de la librería por un poco más de tiempo. —Bromeó, apretando sus dedos—. Estaba pensando que podríamos tener un pequeño almuerzo.

Bella rodó los ojos. —Creo que puedo manejar eso.

~0~

Bella en una librería era fascinante. Pensó en un niño en una dulcería. Él solo miraba, de alguna manera fascinado, como iba y venía.

—Odio el pasillo de las ofertas —se quejó ella—. Quiero decir, ¿cómo puedo decir que no? Este libro vale $ 3,00. Ni siquiera importa de qué es.

Edward tuvo que contener el impulso de comprarle todo a lo que ella sonreía. Sin duda sería una exageración.

—Oh, mira —dijo Bella emocionada. Cogió un libro grueso, encuadernado en piel y pasó la mano por la tapa reverentemente—. Sé que esto es tan tonto... Quiero decir, tengo todos los libros, pero amo estas antologías. Son tan... bonitas. —Ella levantó la mirada, con las mejillas rosadas por la vergüenza.

Antes, cuando el alcohol era un consuelo, un vicio, el favorito de Edward, saboreaba los momentos, donde sea que se sentara a beber, en los que el calor del líquido viajaba por su garganta, quemando un camino placentero antes de que llegara al estómago. Era uno de sus sentimientos favoritos en el mundo, y una de las cosas que más extrañaba. Durante mucho tiempo, mientras vagaba a través de su primera vida, pensó que nunca encontraría algo que lo hiciera sentir tan cálido de nuevo.

Viendo la felicidad en el rostro de Bella mientras pasaba las manos por el libro, viendo el simple placer que sentía al estar rodeada de libros, Edward sintió el eco de esa sensación de calidez despertándose. Se inició en su lengua a través de sus nervios y se extendió poco a poco hasta que la sintió en la yema de sus dedos. Estirando su mano, pasó sus dedos sobre su mejilla, sintiendo el rubor allí.

Tomó un poco de esfuerzo, pero apartó los ojos de la mirada estupefacta de ella, para mirar el libro que había elegido. Se echó a reír, porque, de todas las mujeres que había conocido, esta adolescente, que no le había llamado la atención en absoluto la primera vez, ahora estaba haciendo imposible el ignorarla. — ¿Guía del viajero intergaláctico? (4)

—La última guía del viajero intergaláctico —corrigió ella, golpeando las letras doradas.

Edward frunció los labios, curioso. — ¿Haces eso cuando subrayas las líneas que te gustan?

—Sí —admitió Bella.

Sin dejar de sonreír, porque le resultaba completamente imposible detenerse, Edward le tomó de la mano. Esa era la otra cosa que amaba de la calidez del alcohol mientras iba a través de su sistema. Todos las pequeñas rarezas e irritaciones de la vida, como los nervios de control y la estupidez general que normalmente se mostraba cuando estaba cerca de Bella, perdían su ventaja como el escalofrío siendo expulsado por el calor del agua cayendo. Si no tuviera tiempo de pensar en sus acciones, probablemente habría comenzado a tartamudear y a abrirse camino a través de una conversación inútil.

En su lugar, Edward la llevó primero a una hilera de plumas que se encontraban a un lado del elegante estante. Bella miró un poco desconcertado como él toqueteaba sus labios. Encontró la cosa que quería, un bolígrafo de tinta dorada, y lo agarró. De allí se la llevó a la caja registradora donde compró la pluma y el libro, rodando los ojos ante las protestas de Bella. Desechó la oferta de una bolsa por parte de la vendedora y caminó, todavía de la mano, a uno de los sofás que cubrían la tienda.

— ¿Qué estamos haciendo? —Bella preguntó en voz baja, no tenía prisa por soltar su mano.

El estómago de Edward dio un pequeño giro porque, sinceramente, no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo.

—Bueno, no está completo todavía —explicó abriendo las primeras páginas del libro. Destapó la pluma, leyó por encima las palabras de la introducción hasta que encontró la frase que había subrayado en su propia y muy desgastada copia. NO PÁNICO.

Entendiéndolo rápidamente, y afortunadamente sin decirle el gigantesco idiota que era, Bella le quitó la pluma, pasando al primer capítulo.

Con las cabezas juntas y el libro entre ellos, repasaron todo el libro, subrayando las ingeniosas frases y discutiendo acerca de si poner en un cuadrado o dibujar paréntesis era la mejor manera para subrayar párrafos enteros. Se reían, discutiendo sus frases favoritas de cada libro y si se podía usar alguna de las líneas en una conversación de la vida real.

—Los ladrillos que cuelgan en el cielo en su mayoría son los mismos ladrillos que no lo hacen —dijo Edward.

Bella negó con la cabeza. —Él esperaba y rezaba que no hubiera un más allá. Entonces se dio cuenta de que aquí había una contradicción, entonces solo esperaba que no hubiera otra vida —respondió ella.

—Eso simplemente es un trabalenguas —argumentó.

—No es un trabalenguas. Solo necesitas decirlo con delicadeza, ese es tu problema —insistió.

—Y supongo que tú tienes esa delicadeza, ¿verdad?

Ella soltó un bufido. — ¿Me estás tomando el pelo? Nunca podría agregar eso en una conversación. Pero vamos. ¿Con qué frecuencia serías capaz de tratar toda esta cosa de la nave dentro de una conversación?

— ¿Qué? Aves, aviones... mariposas. Todos están en el aire. A diferencia de un ladrillo.

Bella lo miró por un momento, como si estuviera tratando de no reírse de él, pero se rindió rápidamente. Cuando ella se rió, Edward también lo hizo, sabiendo que su conversación bordeaba lo completa ridiculez y sin embargo...

La calidez había llegado a esa etapa, esa maravillosa etapa, en la que su cuerpo hormigueaba y la habitación se balanceaba placenteramente. En ese momento, el humor en sus ojos, su cercanía, sus momentos compartidos, todo lo atraía. Era incapaz de hacer otra cosa que obedecer al impulso.

Para dos personas usualmente torpes, el primer beso de Edward y Bella fue totalmente coordinado. Bella levantó la cabeza, encontrándose con los labios de Edward. Pararon por un momento, como si no supieran qué hacer a continuación, pero para Edward, aunque ya tenía sobrada experiencia, el que fuera con Bella, lo hacía nuevo.

Movió los labios lentamente, presionando ligeramente al principio. Sus labios se curvaron, y él apretó más fuerte, tomando el labio superior de ella entre los suyos. Bella suspiró, su mano posándose en su mejilla mientras sus labios respondían a los de él.

Ninguno de ellos, se dio cuenta, que todavía estaban en una bulliciosa librería.


*Hace ese juego porque "traslador" en inglés es "Port Key, entonces Emmet escucha a Ed maldiciendo al traslador por lo que empieza a molestarlo con nombres que empiecen con "Port"

*Es una expresión literaria que contradice algo, convirtiéndolo en algo imposible. Es como decir que un eclipse solar se da en medio de la noche.

*La Amenaza Fantasma es la cuarta película de la saga de Star Wars

*La Guía del Viajero Intergaláctico, son un grupo de novelas de ciencia ficción de Douglas Adams, originalmente fue una radio comedia de la cual se derivaron películas, historietas, series de televisión y libros.