¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?

Historia escrita por:LyricalKris

Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)

Beta:Mentxu Masen (FFAD)

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A lo largo de su vida como adulto, Edward, parecía como si fuera súper consciente del nuevo amor. Sin importar si estaba caminando por el campus universitario o por el edificio de sus oficinas, siempre podía verlo.

Había algo inconfundible en una persona enamorada por primera vez. Era el color de la felicidad en sus mejillas, un suave sonrojo que brillaba ligeramente. Cada maquillador en el mundo podría pasar días y meses tratando de recrear ese tono exacto, pero nunca podría acercarse a la realidad. Se trataba de un aura de felicidad tan profunda que simplemente irradiaba de la persona. Había una brillo en sus ojos, porque habían encontrado el secreto de todas las cosas buenas que el universo tenía para ofrecer. Los hacía poderosos. Por último, estaba la siempre presente sonrisa, una sonrisa que solo podía ser removida por la peor de las tragedias de la vida. ¿Y por qué no? Todo era hermoso y nada los dañaba.

En el pasado, o en el futuro, suponía, Edward siempre había rodado los ojos ante eso. En la universidad pensaba que el amor solamente era fugaz. Era amor joven, y las personas involucradas probablemente crecerían y cambiarían, dejando atrás ese sentimiento inútil. A medida que pasaba el tiempo, su amargura crecía, Edward se encontró deseando que valiera la pena. El amor no era todo lo que necesitaba, no por un buen tiempo.

Ahora en su adolescencia, Edward sabía que era el sonriente tonto enamorado. Ahora lo comprendía. El calor en el pecho, la electricidad que existía en lugar de su torrente sanguíneo, sabía qué era el amor. Pero en lugar de hacerlo sentir ridículo o estúpido, se sentía poderoso. Todavía estaba consciente de todo lo que había pensado antes, que el amor no era todo lo que necesitaba, pero desecharía todo eso si quería estar con Bella, si ella quisiese estar con él. Pero el amor lo hacía sentirse invencible, como si pudiera manejar cualquier cosa que la vida decidiera arrojarles.

Edward estaba en el estudio, jugando, por una vez, juegos de consola y tratando de grabar a fuego en su cerebro cada momento de su día con Bella. Desde el momento en que abrió la puerta con su sonrisa satisfecha solo para él, hasta el regreso a casa en el que estuvieron cogidos de las manos casi todo el camino.

Sus padres llegaron a casa primero y cuando le preguntaron acerca de su día, se encogió de hombros, balbuceando acerca de una tienda de cómics en la que habían ido por unos minutos. Es cierto que la tienda tenía algunos artículos en los que estaba interesado, pero apenas hubiera sido capaz de apartar los ojos de Bella en ese punto. No es como si le fuera a decir eso a sus padres, el por qué, aún no estaba seguro.

Era la una y media de la mañana cuando Emmett llegó a casa. Su chaqueta desabrochada, la corbata floja y la camisa fuera del pantalón. Edward tuvo que reírse cuando su hermano se arrojó sobre el sofá, su sonrisa atolondrada lo hacía lucir absolutamente ridículo.

—Buen chupetón —comentó Edward—. Al menos sabemos quién lleva los pantalones en esa relación.

Emmett movió las cejas. —Deberías ver los que le dejé a ella.

—Ew. —Edward hizo una mueca.

—No te pongas celoso, chico —dijo Emmett, cogiendo el otro control.

Edward sonrió porque no estaba celoso en lo más mínimo. Aunque fueron castos, tomaría los besos que compartió con Bella durante ese día como la más voraz sesión de besuqueo.

Aunque si los voraces besuqueos fueran con Bella...

Edward sacudió ese pensamiento y miró a su hermano. —Entonces, ¿cómo fue el baile?

Como si fuera posible, la sonrisa de Emmett se hizo más amplia. A medida que hablaba, Edward no pudo evitar recordar al hombre que Emmett había sido. En la esplendorosa y exagerada boda que Victoria había organizado, Emmett se había quejado en su mayoría. Odiaba su traje. Odiaba la idea de bailar. Verlo presumir de lo caliente que se veía al lado de Rose y de la forma en que habían bailado en círculos alrededor del resto, era un gran cambio. Oh, Emmett había creído firmemente que amaba Victoria, pero Edward nunca lo había visto así de feliz con la bruja.

Un pinchazo de ansiedad comenzó a crecer en los pensamientos de Edward. Trató de quitársela, recordó la amonestación constante de Alice, que debería vivir como un chico de escuela secundaria. Su mentalidad adolescente sentía que su felicidad, la felicidad de su hermano, duraría para siempre, pero sabía por experiencia la rapidez con la que la vida podía cambiar.

Y sabía que, si este nivel de felicidad no era parte del diseño del destino, sería alejada tan pronto como se quedara dormido.

~ 0 ~

A pesar de lo mucho que lo intentara, Edward no duró sin dormir por mucho tiempo. Maldijo la necesidad humana, deseando que nunca tuviera que dormir si eso significaba que podía mantener la realidad que tan desesperadamente quería que estuviera escrita. Pero dormir, lo reclamaba inevitablemente.

Se despertó con el sonido de risas infantiles y una canción familiar siendo tarareada.

—Edward y Bella sentados en un árbol. B-E-S-A-N-D-O-S-E. —La voz de Alice penetró en su somnolencia. De mala gana, Edward abrió los ojos.

Parecía estar tirado en el suelo mientras Alice estaba sentada en el borde de la cama encima de él, mirándolo con una sonrisa tonta. — ¿Tuviste un beso húmedo? —Alice preguntó, deslizándose por sentarse en el suelo junto a él mientras Edward se sentaba.

— ¿Un beso mojado? —preguntó divertido, a pesar de su nerviosismo por si ella lo envía a repetir el día.

—Sí. Cuando Harry besó a Cho, dijo que estaba mojado. Pero ella estaba llorando. ¿Hiciste llorar Bella?

—No, yo no la hice llorar. Y no estaba mojado —respondió Edward.

Alice arrugó la nariz. —Besarse es repulsivo. Incluso cuando no está mojado —le informó—. Mamá dice que voy a cambiar de opinión, pero yo no lo creo.

Edward suspiró. —Alice... me gustaba besar a Bella. Un montón.

Ella lo miró como si estuviera loco. —Eres extraño.

—Sí, pero el punto es... ¿Podré seguir haciéndolo? —preguntó Edward.

—Me gusta Bella —dijo la niña amablemente—. No seas un idiota, ¿de acuerdo? Como cuando papá dice algo tonto y mamá le hace dormir en la habitación de invitados. Eso me pone triste.

—Pero…

— ¡Adiós!

~ 22 de Abril, 1999 ~

Para ese momento, la confusión era algo a lo que Edward estaba acostumbrado. Cada día que se despertaba, estaba confundido acerca de algo. Supuso que debería sentirse aliviado de que había dejado de preguntarse qué es lo que el destino quería que hiciera. Su confusión ahora parecía adolescentemente exasperante, lo que supuso era más normal que preocuparse de sí tendría que vivir el día de hoy para volver a vivirlo de nuevo mañana.

Cuando se despertó, se tomó un momento para dejar que los recuerdos del mes, que se había saltado, empaparan su mente.

Allí había besos. Un montón de besos.

Recordó la primera vez que Bella deslizó su lengua sobre los labios de él, y lo sorprendido que estuvo provocando que su boca se abriera. Sus movimientos eran inseguros, pero una vez que superó la sorpresa, él ahuecó su mejilla y le devolvió el sentimiento. Se le ocurrió que era una jugada genial de su parte el llevarla a ver Crueles Intenciones en Port Angeles.

Todos los jueves iban juntos a las clases de kickboxing justo después de la escuela, normalmente pasaban los quince minutos o lo tuvieran antes de que la clase comenzara, besándose por encima de la palanca de cambios. La tercera semana, la llevó al asiento trasero para que él pudiera sentir su cuerpo contra el de ella mientras la besaba.

Y, debido a que era un friki después de todo, su esposa en el juego, Meawene, se encontró divorciándose virtualmente, tan rápido que su cabeza le daba vueltas.

Edward no estaba del todo confundido con nada de esto. Quería besarla tan seguido como ella lo dejara. Quería pasar cada momento, virtual o no, con su presencia. Lo que lo confundía era que parecía como si ellos fueran un secreto.

Había tratado de decírselo a Jasper. Estaban pasando el rato en su casa, y la conversación se había tornado, una vez más, a María. Jasper estaba obsesionado.

—Sabes que podrías tener mucho más que esto. Te digo hombre, no sabes lo que te pierdes.

Edward casi se lo dijo. Todavía no entendía por qué no lo había hecho.

Tal vez fue solo puro miedo. Los dos eran criaturas lógicas que solían rodar los ojos a sus compañeros "enamorados". Sin embargo, allí estaban... siendo todo mieles y empalagosos, enamorados hijos de puta. Daba miedo el perder el control de esta manera. Emocionante y maravilloso, pero aterrador.

Además, por todo lo que sabía, Bella no había dejado que nadie supiera su pequeño secreto tampoco. No había miradas significativas en el almuerzo, ni preguntas inquisitivas por parte de la reina del chisme, Jessica.

Sin embargo, sí estaba la mano de Bella encontrando la suya debajo de la mesa, y la manera en la que sus mejillas se sonrojaban cuando Edward entrelazaba sus dedos.

No le importaba que fueran un secreto. De hecho, a Edward le encantaba la idea de que Bella era solo suya, no estaba listo para compartir, compartir esa intimidad, con nadie todavía. Solo deseaba que eso no lo confundiera tanto como lo hacía.

—Mira eso —dijo Jasper, lanzando su brazo alrededor de María y apuntando a donde el entrenador Clapp estaba ayudando a dos estudiantes de primer año a colgar una pancarta—. Es tiempo del baile de graduación.

María dejó escapar un grito de placer. —Oh, me encanta el baile de graduación. El año pasado, mi vestido era muy elegante —dijo riendo—. Pero Benito lo disfrutó.

—Benito. —Jasper frunció el ceño, poniendo una mano sobre su boca—. Me veo diez veces mejor en un traje que Benito.

Ella probablemente lamió su mano porque Jasper la quitó, agitándola violentamente. María soltó una risita. —Te perdiste las palabras importantes, Jazz. Elegante y vestido.

—Oh, no, lo tengo —aseguró Jasper, sonriéndole y besándola en la mejilla—. Es solo que si pienso en eso, empezaría a besarte y entonces solo terminaríamos en detención otra vez.

Edward rodó los ojos, a pesar de que estaba secretamente feliz por Jasper, era un completo tonto con esta chica. A pesar de su bravuconería, Edward estaba bastante seguro de que Jasper era virgen cuando murió. Había estado bastante distraído... durante su último año, pero nunca había visto a Jasper con una chica.

—Hey, Edward —dijo Jasper, lanzando una patata en su dirección—. ¿Así que vas a mover tu culo y le vas a preguntar a alguien, ya sabes... ahora que no es desagradable? —Sus ojos traviesos señalaron a Bella—. Estoy bastante seguro de que lograrás de que alguien se apiade de ti.

Tornándose de un brillante carmesí, Bella bajó agachó la cabeza más en el libro que tenía abierto, fingiendo estudiar. Edward movió sus manos unidas a la rodilla de ella, apretándola tranquilizadoramente. Pero con Jasper él simplemente se burló. —Tengo mejores cosas que hacer, perra.

Jasper rodó los ojos, inclinándose para descansar su cabeza en el hombro de María. —Lo que sea.

~ 0 ~

La boca de Bella sabía a chocolate. Había estado comiendo una barra de Kit Kat en el camino, y ahora ella sabía a chocolate.

Él había besado a las mujeres que sabían a buen vino y mujeres que sabían a cerveza barata. El chocolate en Bella era su sabor favorito.

Por supuesto, el sabor normal de Bella era muy delicioso, también.

— ¿Bella? —preguntó cuando se separaron por aire.

— ¿Hmm? —Ella mordisqueó sus labios, su aliento estaba caliente mientras jadeaba.

—No quieres ir al baile, ¿verdad? —La besó con dulzura—. Podemos ir, sabes. Si quieres.

Ella se apartó, mirándolo con una pequeña sonrisa en su rostro. Le acarició la mejilla y le besó la barbilla. —Los bailes de graduación son ineptos —dijo—. Pero... ¿Podemos hacer algo?

—Sí —murmuró—. Lo que quieras.

Ella sonrió ampliamente. —Bien.

~ 15 de Mayo, 1999 ~

Edward se despertó pensando en sexo.

Le tomó un momento para identificar el por qué. Como siempre, cuando se despertaba, tenía que tomar un momento para ubicarse en el tiempo.

Si te despertaras en un tiempo diferente, en un lugar diferente, ¿podrías despertarte como una persona diferente? (1)

Edward movió la cabeza, intentando aclararla. Aún faltaban algunos meses para el Club de la Pelea. Se permitió reflexionar un momento, realmente no estaba viajando en el tiempo, pero tal vez tenía algún tipo de enfermedad mental.

Bueno, si estuviera enfermo mentalmente, esperaba que estuviera perdido en su locura, porque no podía imaginar tener que levantarse de nuevo con 29 años y descubrir que todo había sido una fantasía de su mente fracturada.

Encontrando sus gafas, Edward se rascó la cabeza mientras miraba el reloj. Un salto de tres semanas debería ser un poco desconcertante pero finalmente se estaba acostumbrando a la incertidumbre. Siempre y cuando no tuviera que renunciar a Bella, había decidido que podía manejar cualquier cosa.

Lo que lo trajo de nuevo a pensar el porqué tenía el sexo en su mente. Por supuesto, no es que no fuera anormal. Solo, que hoy, parecía como si lo estuviera pensando cada tres segundos en lugar de los siete requeridos.

Pero esa pregunta fue respondida con facilidad. Era el baile de graduación. Graduación era sinónimo de sexo.

Un par de semanas atrás, Jasper vino y literalmente, empezó a caminar de un lado para el otro a lo largo de toda la habitación de Edward. —Esto es todo. Está pasando —balbuceó, extrañamente saliéndose de su piel. Jasper usualmente era muy tranquilo—. Ella reservó la habitación.

— ¿Ella reservó la habitación? —Edward preguntó, porque le sonaba extraño por alguna razón.

Jasper lo miró, haciendo una mueca. —Ella tiene18 años —explicó—. De todos modos, ese no es el punto, Edward. El punto es... nosotros vamos a... quiero decir, es genial, ¿no? Es impresionante. —Titubeaba como un pequeño niño nervioso.

—Uh... Sí, amigo. Es genial —Edward se trabó. La conversación era un poco surreal.

—Mierda —gruñó Jasper, arrojándose sobre la cama y mirándolo con ojos preocupados—. ¿A quién diablos estoy engañando? Ella ha tenido relaciones sexuales. Yo no. Voy a ser como ese hijo de puta en el tráiler de American Pie... ¿Lo has visto? El chico de mierda le da una buena mirada a una chica caliente y lo pierde. Eso va a suceder.

—El sexo en la escuela se supone que es malo —Edward soltó sin pensar.

Jasper le lanzó una almohada. —Gracias, idiota.

—No, quiero decir... ¿Quién dice que el sexo que tuvo fue bueno? ¿Qué significa de todos modos? —Edward no tenía idea de lo que estaba balbuceando. Solo sabía que este tema era muy incómodo—. De todos modos, no quiero pensar en ti haciéndolo, así que, ¿podemos parar? Quiero decir, sé que tienes tanta pornografía como yo. Mierda, me has dado la mayoría de la mía.

Luego, la semana siguiente, Esme, había anunciado que se uniría a Carlisle en una conferencia en Las Vegas. Emmett había estado eufórico.

—Muy bien, fenómeno, así es como va a pasar. —Emmett comenzó tan pronto como Esme estuviera fuera del alcance para oírlos—. Después del baile, voy a traer a Rose aquí y tú vas a desaparecer. —Había empezado a retorcer sus dedos—. Si te veo arruinando el ambiente, te patearé el culo. Si te oigo arruinando el ambiente, te voy a patear el culo. Y si se te ocurre decirle a mamá y papá que voy a traer a Rosalie aquí...

—Culo. Pateado. Entiendo. El problema es, ¿puedo patearte el culo ahora? —se burló Edward, dando lugar a una predecible lucha. Esta vez, sin embargo, Edward logró mantenerse, a pesar de que había perdido sus gafas en el proceso.

— ¿Qué te parece si estoy fuera mientras lo haces y así no oigo ni veo nada? —dijo Edward, mientras tenía a Emmett, por primera en su vida, con una llave en el cuello.

Emmett agarró su pierna, derribándolo y dejando a Edward sin aliento. —Bien, bien. —Jadeó Emmett—. Es un trato, maldito loco.

En sus recuerdos, la escuela entera había estado plagada de conversaciones sugestivas y planes post-baile. Mientras tanto, se preguntaba qué reacción tendría Bella si intentaba tomarla de la mano mientras caminaban a clase. Pensaba en lo enrevesados que eran. Podían besarse por horas y todavía no tenían mucho contacto en presencia de otros.

No es que le importara. Mientras fuera a él a quien Bella estuviera besando, Edward descubrió que no tenía motivos para quejarse. No es que no pensara en sexo con Bella. Pensaba en eso. Demasiado. Pero podía esperar. Parecía como si el destino hubiera dictado que ella estaba destinada a estar en su vida. Hasta que en realidad pudiera tener sexo con ella... bueno... tenía una mano y una ducha. Y lubricante para las noches.

Sabiendo que Bella y él tendrían la casa para ellos solos esta noche, una sonrisa se puso en el rostro de Edward mientras se levantaba y vestía para el día.

— ¿Por qué estás de tan buen humor? —preguntó Emmett, bajando las escaleras y arrojándose en la silla junto a Edward en la mesa de la cocina.

Edward estudió a su hermano con cuidado y se encogió de hombros. —Hemos derribado a Anar anoche —dijo vagamente, sabiendo que Emmett no tendría idea de lo que estaba hablando.

Efectivamente, Emmett frunció la nariz. —Ugh. ¿Ese maldito juego otra vez? —Negó con la cabeza.

Edward entrecerró los ojos. —Estás nervioso por lo de esta noche. —Se dio cuenta en voz alta.

La cabeza de Emmett se levantó de repente. — ¿Qué? Fuera.

—Lo estás —dijo Edward, divertido—. No hay chistes sobre mí siendo virgen para siempre. No te burlas de mí por ser un friki. Y te ves pálido.

Por un momento, parecía como si Emmett fuera a discutir. En su lugar golpeó su frente contra la mesa. —Es esta chica, hombre. Royce fue malditamente agresivo con ella. —Suspiró, quitándose la furia de encima—. Es estúpido, pero quiero que las cosas sean perfectas esta noche.

—No creo que eso es estúpido —murmuró Edward honestamente, revolviendo sus Cocoa Pebbles alrededor de su plato—. Yo siempre quiero que sea perfecto para ella.

Emmett lo miró, entrecerrando los ojos con suspicacia.

—Quiero decir, lo haría. Si alguien fuera importante para mí de esa manera —cubrió Edward rápidamente, esperando que no se haberse sonrojado tanto como probablemente lo estaba.

Por suerte, Emmett solo se rió. Se puso de pie y agitó el cabello de Edward juguetonamente. —No te preocupes, chico. Tiene que haber alguien por ahí que pueda amar a un friki como tú.

Edward se limitó a sacudir la cabeza, volviendo a las hojuelas de leche con chocolate, que eran su desayuno.

El día avanzaba dolorosamente lento, pero finalmente eran las seis y Emmett salió por la puerta para recoger a Rosalie. —Recuerda —le advirtió antes de irse—. Eres invisible.

No pasaron ni diez minutos cuando sonó el timbre. Edward sonrió, permitiéndose imaginar que Bella estaba tan ansiosa por su cita como él lo estaba. Abrió la puerta, devorándola con los ojos por un momento. No podía lucir más encantadora en un ceñido vestido de fiesta que con la camisa de botones y vaqueros que tenía.

—Hola —saludó suavemente, tomándola de la mano y tirando de ella para que entrara.

—Hola —dijo ella tímidamente, poniéndose de puntillas para besarle.

Edward envolvió sus brazos alrededor de su cintura, sosteniéndola mientras se besaban dejándolos sin aliento.

— ¿Estás segura de que no quieres salir? —Edward preguntó, apoyando su cabeza contra la de ella mientras recuperaban el aliento—. Podemos hacer lo que quieras.

—Esto es lo que quiero —aseguró ella, mirando alrededor—. Además. Me prometiste que tocarías para mí.

Edward había cometido el error de decirle que tocaba el piano, y ella había estado molestándolo desde hace semanas para que le dejara escucharlo. Recordó las palabras de Emmett de esta mañana, cómo quería que todo fuera perfecto para Rosalie. Bueno, Edward quería que todo fuera perfecto para Bella, incluso su música. Incluso él.

Suspirando con renuencia simulada, Edward la tomó la mano, llevándola hacia el piano. La sentó a su lado y cerró los ojos, preguntándose qué tocar para ella. Por una vez, luchó por aferrarse a su yo de 29 años, solo porque ese hombre había estado practicado más de una década con su instrumento favorito, y sabía cómo tocar con su alma, con todo su dolor y emoción, en lugar de sus dedos.

Bella lloró.

Pidieron pizza para cenar y se besaron sobre el sofá mientras esperaban a que llegara. Cuando terminaron, se dirigieron a la habitación de Edward, porque ninguno de ellos había visto Laberinto (2) y coincidieron en que era una afrenta contra todo el espíritu friki.

Fue una experiencia agradable. A pesar de que en su mayoría, ella se reía ante las vulgaridades, había momentos en los que Bella se sorprendía, entonces se apretaba contra su costado y ocultaba su cabeza en su hombro. Y era aún mejor cuando ella se reía, su cuerpo temblaba en sus brazos.

Amaba tenerla cerca.

—Bueno —proclamó Bella, sentándose y estirándose cuando la película terminó—. Personalmente, pienso que hay algunas películas que son buenas debido al valor nostálgico.

Edward puso las manos detrás de la cabeza, mirándola. —Esa es la idea detrás de un culto, ¿no es así?

—Supongo —concedió Bella. Miró hacia abajo y le sonrió, se puso sobre él y se estiró para besarlo—. Un marketing ingenioso, sin embargo, vender una película de los Muppets a chicos que supuestamente ya los superaron.

—Yoda es un Muppet —señaló Edward, besándole la barbilla y las mejillas.

—Yoda es genial —proclamó Bella. Se sentó, dejando su trasero sobre sus muslos. Ella señaló hacia él con fingida gravedad—. Somos seres luminosos, Luke. No esta materia vulgar —imitó ella, pellizcándole la mejilla.

Edward se rió. —Esa es una idea terrible. —Bella sonrió y después rió mientras su cuerpo vibraba sobre el de él, Edward sostuvo un jadeo—. Ah. Bella —dijo, su voz sonaba ahogada—. Tal vez deberías retirarte de encima de mí —sugirió, tratando de mantener su tono casual.

Bella parecía confundida por un momento, pero luego se deslizó hacia atrás, Edward siseó, sus dedos se clavaron en sus caderas ligeramente. Ella jadeó en voz baja, y aunque Edward podía sentir sus ojos en él, los cerró fuertemente. Estaba avergonzado y no estaba muy seguro de qué hacer con todo esto.

Y santo infierno de mierda, se sentía tan bien.

Por un momento ambos estaban quietos. De repente, la mano de Bella sobre él, presionando ligeramente el bulto en sus pantalones. Los ojos de Edward se abrieron de golpe, su aliento lo abandonó en un soplo. La mano de Bella paró, solo por unos segundos. Se empezó a mover sobre él tímidamente.

Vio la expresión de su cara entonces, tan tímida y nerviosa. Bella no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, pero vio el momento en el que ella dejó de lado el miedo, pretendía que sus manos no temblaban mientras desabrochaba el botón de sus pantalones y tiraba de la cremallera. Cuando su mano lo cubrió, ella exhaló temblorosamente, sus dientes mordían su labio inferior. Ella era tan dulce, tan insoportablemente inocente que se sintió, en ese momento, indigno. Una parte de él quería coger su mano, detener sus movimientos y decirle que esto, con ella, debería ser un sacrilegio. Se casaría con ella primero, solo para sentir que tenía el derecho a tocarla, que él era el único que alguna vez tendría ese derecho.

Pero al igual que cuando la besaba, cualquier experiencia que tenía, en teoría, fue arrojada por la ventana. Se sentía como nuevo y vulnerable al igual que ella. Sus manos, al acariciar la mejilla de ella, temblaban, tuvo que concentrarse para poder desabrochar su camisa, una línea de botones que parecía interminable, con su torpeza. Ella se estremeció cuando él pasó sus nudillos por su piel desnuda.

Edward tiró de su brazo, y Bella obedeció su orden en silencio, se recostó contra él con la cabeza escondida en su hombro. — ¿Quieres esto? —susurró, encontrando que su voz no tenía volumen. Él pasaba sus manos arriba y abajo de su espalda debajo de su camisa.

Bella se acomodó para poder mirarlo, asintió con la cabeza lentamente. —Sí. Sí, esto es lo que quiero —susurró de nuevo. Pasó las yemas de los dedos por debajo de los ojos de él, quitándole sus lentes antes de que se inclinara para besarlo.

Mientras la besaba de nuevo, los rodó de manera que era ella quien estaba de espaldas. Sabía que había muchas cosas que debería tomar en cuenta, pero sus pensamientos eran brumosos. La sensación de sus manos mientras tiraba de su camisa, su piel contra la de él, sus perfectos, y pequeños pechos turgentes frotándose contra él, todo le hacía difícil recordar cómo respirar y mucho menos pensar en algo coherente.

—Te amo —le espetó cuando ella estaba desnuda y hermosa debajo de él. Era cierto. Fuera del remolino de confusión, y cualquier mierda que estuviera haciendo, y la lujuria, y porque por Dios, lo deseaba tanto, eso era lo único que sabía con certeza. Amaba a esta terca, fuerte, y a menudo incomprensible chica, mucho más de lo que se hubiera imaginado que era capaz.

Sus ojos encontraron los de él, nerviosos pero cálidos. Había una luz en sus ojos, como si el castaño estuviera salpicado de oro en medio de la penumbra de su habitación. Ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello. —Te amo —dijo, su voz era un susurro, tiró de él acercándolo a su cuerpo.

Estaba temblando tan mal como ella lo estaba cuando se posicionó. Estaba ya tan cerca de llegar que envolvió sus dedos alrededor de sí mismo, luchando por recordar dónde estaba todo. Bella se quedó sin aliento cuando lo sintió en su entrada.

Cada centímetro que se deslizaba se sentía más increíble que cualquier cosa. Apretó los dientes, sabiendo que tenía que ir despacio y no queriendo venirse cuando sabía que ella estaba sufriendo. —Lo siento —susurró, presionando pequeños besos en su frente cuando ella gimió.

—Está bien. Te quiero —murmuró, meciendo sus caderas contra las de él.

Edward gimió porque esta chica lo volvía loco.

Debería haber sido vergonzoso. Solo se movió dentro y fuera de ella, por un minuto antes de que fuera demasiado. Todo en su pequeño encuentro había sido rápido y torpe. Pero cuando salió de ella, Bella aún se aferraba a él, acurrucándose mientras Edward ponía las mantas a su alrededor. Le acarició el pelo suavemente mientras la coherencia volvía a él, pero antes de que pudiera empezar a reprenderse a sí mismo por todo lo que no había hecho bien, Bella besó la comisura de su boca, y acarició con su nariz su cuello.

Poniéndose de lado, aún con los brazos alrededor de ella, Edward la miró a los ojos. Estaban llenos de ternura y tanta felicidad, que cualquier duda, fue arrasada. No pudo hacer nada más que devolverle la sonrisa. — ¿Estás bien? —le preguntó en voz baja.

Ella le sonrió. —Estoy perfecta —aseguró, inclinando la cabeza para darle un beso.

—Sí. —Asintió él, acurrucándose más cerca—. Eso eres.


*Es una frase que creo que dice Brad Pitt en el club de la pelea.

*Es una película de fantasía rodada en 1986, dirigida por Jim Henson y protagonizada, en su mayoría, por títeres y seres fantásticos. Contó con el respaldo y la producción ejecutiva de George Lucas.