¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?

Historia escrita por:LyricalKris

Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)

Beta:Mentxu Masen (FFAD)

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~ 5 de Junio, 1999 ~

Se suponía que Edward debería haber estado preocupado por haber tenido saltos durante tres semanas. No se le había escapado que no había visto a Alice a través de varios de estos saltos de tiempo y que ese hecho debería ponerlo nervioso.

A pesar de estas anomalías, Edward estaba de buen humor. Era el primer día de vacaciones de verano. Tenía una novia oficial, después de pasar la noche del baile de graduación juntos, habían aparecido como una pareja el siguiente lunes en la escuela. Con todo esto, Edward no podía quejarse.

Bajó las escaleras, encontrándose con sus padres en la cocina, envueltos en una seria sesión de besuqueos.

—Eww. —Se quejó levantando las manos delante de su rostro—. Menor en la habitación.

Sus padres se separaron, lanzándole miradas divertidas. —Te has levantado temprano —dijo Carlisle.

—Eres observador —bromeó Edward de nuevo—. ¿Por qué no se sientan y me dejan hacer el desayuno por una vez?

La pareja intercambió miradas. —Está bien, ¿quién eres y qué has hecho con nuestro bebé? —Esme preguntó, arqueando una ceja, pero sentándose como Edward se lo había pedido.

Edward sólo rodó los ojos. —Lo que sea —murmuró, buscando a través de la despensa los ingredientes que necesitaba para hacer panqueques.

—Así que —comenzó Carlisle mientras Edward sacaba tres tazones—. ¿Cuáles son tus planes para el verano?

—Computador. Novia —dijo Edward alegremente.

—Todos sabemos que tu computador es tu primera novia —dijo Emmett, entrando en la habitación, luciendo adormilado—. Bella se va a molestar si sigues viéndola. —Miró a los tazones curiosamente, adquiriendo esa mirada hambrienta en sus ojos—. ¿Puedo, uh, tener algo de eso?

—No —dijo Edward de inmediato, pero cogió un cuarto recipiente. Junto con la mezcla para panqueques, puso arándanos para sí mismo, coco para su madre, plátanos para su padre y chispas de chocolate para Emmett.

—Edward, realmente creo que es necesario que consideres una mejor manera de pasar tu tiempo este verano —continuó Carlisle—. Este es el último verano que tienes antes de la universidad y…

—Mi aplicación se verá bastante simple. Lo sé. —Terminó Edward, su estado de ánimo decayó ligeramente—. ¿Qué sugieres, papá?

Si Carlisle estaba sorprendido por el consentimiento súbito de su hijo, lo escondió bien. —Bueno, el Dr. Snow ha estado hablando acerca de contratar a alguien a medio tiempo durante el verano para poner en orden algunos de nuestros archivos más antiguos. Estamos cambiando a un sistema computarizado y va a tomar un montón de simple entrada de datos.

Edward asintió con la cabeza, mirando las pancakes marrones en la plancha. —Voy a pensar en ello —dijo, pero no tenía intenciones de pensarlo de nuevo. Había entrado a la universidad por primera vez sin nada que mostrar, a excepción de un historial de adicción y crímenes menores—. Ahora, ¿quién quiere tocino?

~ 0 ~

Después del desayuno, Edward encendió su ordenador, sus ojos pasaron automáticamente a su lista de AIM en busca de Bella. Frunció el ceño al ver que ella no estaba en línea. Era una rareza. Por lo general, si no estaban juntos, estaban chateando.

Jasper, sin embargo, estaba en línea, e hizo clic en él casi tan pronto como el ordenador arrancó.

A medida que iban juntos en una misión en el juego, Edward se burló de Jasper. Había pasado mucho tiempo desde que el rubio había estado en línea, todo su tiempo libre estaba ocupado por su novia.

—Tuve que darle a la niña un descanso. No tiene mucha resistencia —le dijo, mientras meditaban acerca de si la vida real eran más como el juego—. Si le diera todo mi + Stam Gear (1) nunca dejaríamos la habitación.

No fue una sorpresa para nadie que Jasper disfrutara mucho del sexo. Afirmaba estar volviéndose bueno en eso. Cada vez que Jasper se burlaba de él por Bella, Edward solo le aseguraba que un caballero no besaba y contaba.

Antes de darse cuenta, era bien entrada la tarde. Bella no estaba por ningún lado. Edward frunció el ceño pero se distrajo rápidamente por Jasper y el juego.

~ 0 ~

Con el tiempo, la noche cayó y Bella aún no había iniciado sesión o llamado y Edward comenzaba a preocuparse. Estaba a punto de dirigirse a su casa cuando sonó el timbre. Rápidamente, se dirigió escaleras abajo, con la esperanza de que su novia se hubiera detenido inesperadamente.

Cuando llegó abajo, Esme ya había abierto la puerta. La feliz sonrisa de Edward se cayó instantáneamente.

Era Bella, pero ella se veía lejos de estar bien. Tenía los ojos inyectados en sangre, lágrimas frescas los llenaban todavía. Se veía terrible.

—Realmente solo quiero hablar con Edward —le estaba diciendo a su madre.

Automáticamente, el corazón de Edward pareció trasladarse a su garganta. Caminó hasta al lado de su madre, alcanzando a Bella. — ¿Qué va mal? —preguntó, con voz tensa.

Ella tomó su mano como si fuera un salvavidas. — ¿Podemos ir a arriba para hablar?

Esme los estaba observando con una mirada preocupada en su rostro, pero Edward apenas la vio. Asintió con la cabeza a Bella, atrayéndola hacia él y dirigiéndose hacia las escaleras.

— ¿Qué sucede? —preguntó cuándo estaban a salvo en su habitación.

—Por favor, solo... abrázame —pidió ella con voz baja y temblorosa.

Envolviendo sus brazos alrededor de ella, Edward se recostó en la cama, llevándola consigo. Bella, enroscada en torno a él, enterró la cabeza en su pecho. Pasaron solo unos segundos antes de que sintiera sus lágrimas, calientes y húmedas, empapando su camisa.

—Bella, por favor —rogó—. Dime lo que está mal.

Su cuerpo se estremeció en sus brazos mientras sus sollozos se hacían más fuertes. Pasó todo un minuto antes de que hablara e incluso entonces sus palabras fueron amortiguadas. Al ver que no pudo entenderla la primera vez, levantó la cabeza, sus desamparados ojos llorosos encontraron los suyos. —Estoy embarazada.

Los ojos de Edward se abrieron, todo pensamiento abandonó su cabeza. Su cuerpo se puso rígido, su mano se detuvo en medio del recorrido que estaba haciendo en su espalda. Bella bajó la cabeza, escondiendo su rostro otra vez mientras sus sollozos se renovaban.

—Por favor, di algo —pidió después de un momento.

— ¿Cómo qué? —preguntó porque no podía formar un pensamiento coherente.

— ¿Estás molesto conmigo? —preguntó ella, su voz tan pequeña y rota que su corazón se retorció ante el sonido.

— ¿Molesto contigo? —Repitió, un poco de emoción filtrándose en su voz—. ¿Cómo podría estar molesto contigo?

¿Cómo podía explicarlo? Claro, se necesitaban dos para bailar tango, pero no había ninguna excusa por su negligencia. No importaba qué cuerpo estuviera ocupando, tenía 29 años y lo sabía mejor. ¿Cómo pudo haber sido tan estúpido?

Todo había sucedido tan rápido, y a pesar del hecho que había tenido tiempo para pensar en ello, no se le había ocurrido que habían fallado al usar protección.

Edward, instantáneamente, estuvo disgustado consigo mismo. Toda su vida adulta, había sido tan cuidadoso. Sin embargo, había sido irrevocablemente descuidado con la única chica, mujer, que había sido preciada para él.

Sacudiendo la cabeza, Edward los puso de lado para poder mirar a los ojos de Bella. —Vamos a estar bien. —Mintió, ahuecando su rostro y enjugándole las lágrimas.

Lucía dudosa. — ¿Cómo?

Edward no tenía una respuesta para eso. —No lo sé —admitió, con voz temblorosa.

Sin saber qué más hacer, simplemente la abrazó, pasándole la mano por el cabello mientras ella lloraba en sus brazos.

Ciertamente esto no podría ser lo que el destino quería para ella, para ellos. ¿Había reorganizado la vida de Bella solo para destruirla? Tal vez había cosas peores que quedar embarazada a los 17, pero no era lo que ella se merecía.

Se encontró irracionalmente esperanzado con revivir el día. ¿Qué bien podría hacer? No había cometido ese error hoy. Lo había cometido hace tres semanas.

En algún momento, el llanto de Bella y su respiración se calmaron. Edward miró hacia abajo para ver que se había quedado dormida, todavía se aferran a él como si pudiera ser su salvavidas en medio de un mar tumultuoso. La verdad era que se estaba ahogando con tanta seguridad como ella lo estaba haciendo.

Cerrando los ojos, Edward dejó que el sueño lo reclamara.

~ 0 ~

Edward abrió los ojos para encontrarse a una apagada Alice de dieciséis años mirándolo con los ojos llenos de simpatía. Se puso en pie, agarrándola por los hombros. —Dime que puedo deshacerlo. Ella se merece algo mucho mejor que esto, Alice. Tiene que haber una manera de deshacerlo.

Alice buscó sus ojos. —La hay.

El alivio hizo que el cuerpo de Edward se sintiera como gelatina, se sentó pesadamente en el sofá de la sala. —Gracias a Dios.

—Tú no lo entiendes, Edward —dijo Alice lentamente—. Voy a enviarte de vuelta, pero voy a enviarte de vuelta al día del primer baile, el baile en el que la chica elegía. Solo que esta vez, no puedes besarla...

La cabeza de Edward se levantó de un golpe. — ¿Qué? —preguntó tontamente, sin entenderlo.

Alice suspiró y se sentó a su lado. —Siento mucho tener que hacerte esto —dijo, su tono era completamente sincero—. Pero tienes que deshacerlo todo. Tú no puedes… estar con ella.

Se puso de pie, alejándose de ella como si su presencia fuera dolorosa. —No lo entiendo —dijo con los dientes apretados—. Todos estos días... muchos de ellos han sido sobre ella. ¿Y ahora me estás diciendo que ella no está destinada a ser parte de mi vida?

—Ella estaba. Ella está —Alice dijo con voz suave y conciliadora—. La cosa es, Edward, que su relación es algo que ni el destino pudo haber previsto. No importa cómo se mire las cosas, si tratas de estar con ella ahora, se vuelve demasiado intensa, demasiado rápida —explicó.

— ¿Estás diciendo que el estar con ella es el error? —preguntó aturdido.

—Lo siento mucho —dijo Alice con sinceridad.

Edward se quedó mirando el suelo, con las manos en puños. —Dijiste que todo esto de la segunda oportunidad no era un castigo —dijo, su voz era dura, apenas contenía la furia.

—No lo es.

— ¡Bueno, pues se siente jodidamente así! —gritó—. Ella es la única cosa que he querido en mi vida alguna vez.

— ¿Eso es cierto? —preguntó Alice, mirándolo fijamente—. Nadie puede ser tu todo.

—Ustedes fueron los que me tendieron una trampa —acusó—. Reviví días una y otra vez hasta que ya no podía seguir ignorándola.

—Lo sé. Fue un error. —Ella suspiró—. De verdad, Edward. Me gustó verte tan feliz. Me rompe el corazón tener que hacerte esto, pero no hay otra manera. La intensidad de su relación va a destruir demasiado a uno o ambos, no importa la forma en la que vayan.

Edward dejó escapar un gruñido de frustración. Se quedó mirando el techo como si pudiera encontrar una manera de salir de esto en la que no consistiría a él perdiéndolo todo.

—Bien —dijo finalmente, toda la furia estaba saliendo—. Envíame de vuelta. Estoy listo.

—Lo siento mucho —dijo Alice con pesar.

~13 de Marzo, 1999 ~

Edward se despertó con Emmett, literalmente, saltando en su cama como si tuviera cinco años de nuevo. El rostro de su hermano mayor estaba iluminado de felicidad y Edward recordó que él había estado sin dormir cuando se despertó la primera vez.

Porque de alguna manera, Emmett sí podía tener a Rose.

Era imposible no sentir celos, y con el mal humor que tenía ante la perspectiva de lo que tenía que hacer hoy, Edward se levantó, golpeando a Emmett directamente en los intestinos. Su hermano cayó al suelo con un satisfactorio ruido sordo.

—Jesús, ¿qué diablos te pasa? —Emmett gruñó, poniéndose de pie.

—Déjame en paz —murmuró Edward, volviendo a recostarse y tirando de la manta sobre su cabeza.

Medio esperaba que Emmett viniera por él, pero de alguna manera su hermano debió saber que debía dejarlo solo porque salió de la habitación, golpeando la puerta como represalia. Edward sintió una furia irracional con él, y casi se arroja a través de esa puerta para ir tras su hermano. Antes de que pudiera, pareció como si hubiera perdido toda su energía, dejándose caer sobre la cama.

Lo cosa más inteligente sería llamar a Bella y cancelar.

Por supuesto, Edward nunca había sido especialmente inteligente. Lo intentó, pero al oír su voz al otro lado del teléfono, lo único que salió fue que estaba llegando tarde.

—Hey, cariño —dijo Esme, desordenando su cabello cuando se encontró con él en la sala de estar—. Pensé que estabas en camino a Seattle hoy.

—Lo estoy —dijo Edward secamente.

—Bueno, es mejor que te des prisa o ni siquiera valdrá la pena.

Con un suspiro, Edward envolvió sus brazos alrededor de la cintura de su madre, necesitando desesperadamente un abrazo. Esme lucía sorprendida, pero envolvió sus brazos alrededor de sus hombros. — ¿Estás bien, Edward?

—Estoy bien —mintió—. Me desperté del lado equivocado de la cama, eso es todo.

—Bueno, un día con tu amiga te hará bien entonces —ofreció.

Edward resopló. —Sí…

Se duchó y se vistió, ceñudo ante el conjunto original que tenía, el que combinaba con el que Bella llevaba. Ese pequeño estúpido hecho le había hecho tan feliz.

Todo sobre Bella lo hacía feliz.

Ella lo saludó como lo había hecho la primera vez, con una feliz sonrisa. La que se convirtió en una expresión desconcertada e incierta al ver que él no estaba sonriendo. Sintiéndose mal, Edward trató de dejar de lado su melancolía. Solo porque no podía tenerla románticamente no significaba que no podía disfrutar de su amistad.

A pesar de que fue, de nuevo, una mala idea, Edward hizo todo lo que había hecho antes. La llevó al museo en construcción y ella, de nuevo, le dijo que deberían ir a la inauguración. En el camino de regreso al coche, Edward se aseguró de mantener una distancia segura de su mano. Una vez más, ella lo miró perpleja. Tuvo que evocar la imagen mental de su rostro surcado por las lágrimas para recordarse porqué no debería darse por vencido.

Era parecido a la agonía, no ser capaz de reconocer lo que estaba sintiendo. Fue especialmente difícil porque alcanzó a ver la expresión herida en su rostro. No era de extrañar que la pobre chica estuviera tan confundida. En sus recuerdos, habían pasado el último par de semanas sonriéndose el uno al otro con sonrisas secretas. Ahora, él estaba frío como el hielo.

Era consolador saber que solo él sabía lo que su relación podría llegar a ser. Ella estaba herida, pero no devastada como él lo estaba.

En la librería, Edward se apoyó en una de las estanterías, observando la expresión serena de Bella mientras pasaba los dedos por los empastados. Decidió que realmente apestaba que Alice no pudiera borrar sus sentimientos.

Aunque sabía que era infantil, cuando Bella estaba ocupada con los libros en descuento, Edward se alejó para comprar la pluma dorada y La Última Guía del viajero Intergaláctico, ocultando la bolsa en el coche para que ella no la viera. Se mantuvo de espaldas a la mesa donde se sentaron, en otra vida, y se besaron por primera vez. Su corazón sufría en silencio.

De alguna manera, fue capaz de poner una sonrisa fingida cuando Bella lo encontró de nuevo. —Deberíamos salir de aquí antes de que cause más daño —dijo.

Él de verdad esbozó una sonrisa, tomando la pila de libros de sus manos. Eso era una especie de consuelo. La primera vez, Bella había estado demasiado distraída como para comprar libros, aunque eso era lo que habían venido a hacer.

En el trayecto de regreso a casa, Edward apenas pudo mantener su parte de la conversación. No dejaba de recordar las tantas veces que la había mirado para encontrarse con sus ojos brillantes mientras se agarraban de las manos sobre la palanca de cambios. Ahora, a pesar de que atesoraba el tiempo que había tenido con ella, sin importar lo casto que fue, su exposición prolongada se estaba convirtiendo en algo demasiado doloroso para soportar.

Bella no salió de inmediato cuando se detuvieron delante de su casa. Se detuvo, mirándolo por un segundo y luego dos. —Fue muy divertido —dijo lentamente.

Edward se aclaró la garganta. —Sí, lo pasamos muy bien —dijo en voz baja, rogándole en silencio que saliera del coche porque su autocontrol se estaba yendo rápidamente.

—Supongo que te veré en la escuela —murmuró, y el dolor en su voz estuvo a punto de matarlo.

—Nos vemos luego —se obligó a decir.

Finalmente, Bella se bajó del coche. Edward la miraba, agarrando el volante con tanta fuerza para evitar arrojarse a sus pies y rogarle que lo perdonara por ser un bastardo frío hoy.

Sin embargo, no lo hizo, y ella finalmente desapareció en el interior. Edward hizo su camino de regreso a casa en piloto automático. Recuperó su compra desde donde lo había escondido en el asiento trasero.

Durante toda la noche, Edward cuidadosamente hojeó el libro, subrayando citas y pasajes como Bella y él lo habían hecho juntos. Se tomó su tiempo, asegurándose de que cada línea estuviera recta y perfecta.

Cuando hubo terminado, Edward se quedó mirando el libro, pensando en lo que iba a hacer. En su vida anterior, Bella le había dado la combinación de su casillero y Edward la recordaba todavía. Pondría el libro en su casillero entre clases, cuando nadie estaría alrededor para verlo.

Y si a Alice no le gustaba, podía irse directamente al infierno.


Stam Gear es una jerga de los juego en línea que quiere decir "todo el poder" o "toda la potencia".

Gracias por leer esta traducción.