¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?
Historia escrita por:LyricalKris
Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)
Beta:Mentxu Masen (FFAD)
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~ 22 de Abril, 1999 ~
Edward no estaba de buen humor. La primera vez que se había despertado en esta fecha, había sido inundado con maravillosas imágenes de besos con Bella.
En cambio, en esta ocasión, se acordó de las miradas inseguras que difícilmente intentaba ignorar. Sus interacciones con Bella habían sido forzadas. Todavía podía hablar con facilidad y a menudo se encontraban discutiendo con naturalidad. Discusiones que acababan con ellos sonriéndose el uno al otro con esa chispa de complicidad. Por un momento, había una tensión deliciosa que se quedaba en el aire, muchas veces quiso inclinarse en su dirección. Ella no lo rechazaría, obviamente, lo sabía.
Sin embargo, siempre se separaba, intentando no ver la mirada confundida en sus ojos. Odiaba hacerle daño, incluso en lo más mínimo.
Pero era lo mejor, se convencía, recordando la manera en la que lloraba en sus brazos. Amaba a Bella lo suficiente como para querer lo mejor para ella. Si su relación ahora, le quitaba el resto de su vida, podía ser fuerte.
Es solo que... dolía demasiado.
Sobre todo en días como hoy.
Hace apenas unos días, la primera vez que vivió este día, había estado en la cima del mundo. Ahora todo había cambiado.
Fue a la escuela, haciendo caso omiso de todo el mundo, logrando no explotar antes de la hora del almuerzo. Sin embargo, en la mesa, surgió la misma conversación sobre el baile de graduación y Jasper, otra vez, trató de incitarlo a que invitara a Bella. Esta vez, sin embargo, Bella se sentó tan lejos que ni siquiera escuchó las burlas de Jasper.
—Déjame en paz —dijo molesto a su mejor amigo. Encontrándose que, por primera vez, no estaba hambriento, botó su comida intacta en el bote de basura y se alejó de la mesa con las manos metidas en los bolsillos.
Cuando Bella se presentó en biología, estaba un poco más calmado. Era más fácil estar en clase, a pesar de que ella estuviera a su lado. Por suerte, no estaban haciendo un laboratorio por lo que tuvo una excusa para estar prestando atención al maestro.
Después de la escuela, yendo al kickboxing, fue una historia totalmente diferente. Al verla comer su Kit-Kat por el rabillo del ojo, recordó sus besos con sabor a chocolate. No se dio cuenta de que estaba agarrando el volante con tanta fuerza hasta que sus nudillos empezaron a dolerle.
—Hey, ¿Edward? —Bella preguntó insegura.
— ¿Sí?
— ¿Vas al baile?
Miró al frente, obligándose a no mirarla en absoluto. —No —dijo con voz apagada.
— ¿Quieres... tal vez hacer algo? ¿Como antes? —preguntó en voz baja, podía oír el nerviosismo en su voz.
Edward tuvo que apretar los dientes para no decir que sí. Por un momento, casi se lanza, tratando de convencerse de que podía pasar un buen rato con ella sin llevar las cosas demasiado lejos.
Pero entonces recordó que su no – cita en Seattle había sido una tortura. Simplemente no creía que su autocontrol durara para tanto. —Yo... um. Tengo una cosa ese día. Tengo que ir a otro lugar.
—Oh —dijo después de un momento.
Suspiró, sabiendo que le estaba dando señales mixtas, necesitaba parar. —Vamos. Lleguemos temprano. Podemos tener un poco más de práctica.
Ella sonrió ante eso. —Está bien —dijo.
~ 15 de Mayo, 1999 ~
Edward se despertó, automáticamente rodando y alcanzando sus lentes. Cuando se dio cuenta de qué día era, se quejó en voz alta. El día del baile de graduación. Una vez había sentido que fue el mejor día de su vida. De alguna manera, sabía que, esta vez, no resultaría de esa manera.
Y se puso peor un momento después cuando los recuerdos lo asaltaron.
Una semana después del 22 de abril, Bella y él habían estado otra vez en su camino hacia las clases de kickboxing cuando ella, tranquilamente, le dijo que Tyler Crowley la había invitado al baile y ella había aceptado. Edward cerró los ojos fuertemente, recordando la pelea que habían tenido después.
—Pensé que no te gustaban los bailes —dijo, tratando de mantener un tono neutral y fallando miserablemente.
—Y no me gustan. Pero no necesitas bailar en los bailes de graduación. —Se encogió de hombros.
— ¿Así que Crowley es el elegido? —Edward preguntó, su genio estaba empezando a sacar lo mejor de él—. Por el amor de Dios, Bella. ¿Sabes lo cerca que estuvo de matarnos?"
— ¡Fue un accidente! No es como si fuera un asesino psicótico. —Resopló Bella—. Y no, no me siento atraída por él ni nada. Solo me lo voy a sacar de encima con lo del accidente.
—Esa es una buena razón para salir con alguien. Realmente genial —murmuró en voz baja.
—Oh, ¿en qué te afecta? Ni siquiera vas a estar aquí el fin de semana, e incluso, si lo estuvieras, no irás al baile. ¿Por qué estás tan cabreado de todos modos? —Lo desafió.
— ¡Porque... tú ni siquiera quieres ir! —se trabó.
Ella suspiró. —No quiero bailar —admitió ella, con voz suave—. Pero, no lo sé, Edward. Es bueno que Jessica y Angela estén emocionados por ayudarme a escoger un vestido... porque Dios sabe que no tengo ni maldita idea de eso, en primer lugar. Sí, va a ser cursi y artificial y... lo que sea. Pero será bueno, ya sabes, estar con amigos. —Rodó los ojos—. Y lo creas o no, es bueno que un chico quiera pasar tiempo conmigo.
—Soy un chico. Me gusta pasar tiempo contigo —dijo a regañadientes.
—Lo sé, imbécil —dijo Bella, golpeándole juguetonamente el hombro—. Pero sabes lo que quiero decir.
—Sí —admitió Edward—. Lo sé.
Edward suspiró, tirando la almohada de debajo de la cabeza y tapándose el rostro y las orejas con ella. Lo hizo durante un largo minuto para intentar ahogar al resto del mundo, solo olvidar que el día de hoy existía. ¿Por qué estaba forzado a revivir estos días? Si ignorar la mirada esperanza de Bella ya no había cambiado algo, ¿qué es lo que tenía que cambiar? Ella iba al baile de graduación, nada más ni nada menos que con Crowley.
Se quedó en la cama todo el tiempo que pudo, durmiendo a ratos y en su mayoría acurrucado en una bola de miseria. Hizo caso omiso del golpeteo persistente de Emmett en su puerta y el ligero pinchazo de vacío en su estómago hambriento.
Finalmente, incapaz de mantenerse inmóvil por más tiempo, Edward se arrastró fuera de la cama. Lamentando que faltara mucho, incluso, para Napster(1), por lo que tuvo que recurrir a cavar a través de su colección de CDs y casetes, familiarizándose con toda la música de los años 90 que se conectara con su yo emocionalmente dañado, que pudiera encontrar.
El tiempo pasó tortuosamente lento.
En el momento en el que la tarde se convirtió en noche, Edward ya no pudo ignorar sus pensamientos sobre Bella. Su cabeza estaba llena de demasiadas preguntas. ¿Estaba pasando un buen rato? ¿Y si le empezaba a gustar Tyler? ¿Qué pasaba si Tyler, como Jasper y Emmett, tenía la intención de llevar su relación al siguiente nivel? Era el baile de graduación después de todo. ¿Qué pasaría si Tyler esperaba eso de ella? ¿Qué pasaría si Bella también quería eso?
Edward alejó todos esos pensamientos, conocía bien a Bella. Ella nunca se acostaría con Tyler, un chico, que como ella había admitido, ni siquiera se sentía atraída.
Pero... aun así. Se preocupaba.
Se preocupó hasta que cedió a sus impulsos, corrió por las escaleras y entró en su coche antes de que pudiera pensar en lo que estaba haciendo. Se detuvo en la calle de los Swan y apagó sus luces. Estaba lo suficientemente lejos de la casa de Bella para que ella no viera su coche, sin embargo, él sería capaz de ver si... cuando Tyler la trajera a casa.
—Porque esto no es para nada raro —murmuró Edward para sí mismo, encogiéndose en su asiento con los brazos cruzados con fuerza sobre el pecho. A pesar de que sabía que estaba siendo un poco demente, no pudo obligarse a alejarse.
Pasó una hora y luego otra media hora más cuando el coche de Tyler se detuvo detrás de la patrulla de Charlie.
Cuando Bella salió, Edward se quedó sin aliento. Estaba absolutamente impresionante en azul, con el cabello largo cayendo en ondas por su espalda. De repente, no podía recordar por qué no había querido ir al baile con ella en primer lugar. Solo mirarla vestida de esa manera hubiera sido suficiente para que sea una gran noche. Apostaba que la hubiera convencido de bailar y se hubiera sentido maravilloso tenerla entre sus brazos...
Bella se frotó los brazos por el frío de la noche y Edward sintió una explosión de desagrado con el chico que estaba saliendo del lado del conductor. Debió ofrecerle su abrigo.
En su lugar, Tyler puso su brazo alrededor de los hombros de Bella mientras la acompañaba a la puerta, lo que hizo que Edward se enfureciera aún más. En el porche, se demoraron, intercambiando algunas palabras.
Para Edward, el momento era como estar en medio del público, viendo una película de terror. Podía oír la música tensa, subiendo y agudizándose, advirtiendo del peligro que había por delante. Quería gritar ante la escena en frente de él, decirle a la chica ingenua e inocente que tuviera cuidado con el terrible monstruo que estaba a punto de saltar.
No hizo ningún ruido, al menos ninguno que Bella pudiera oír, mientras Tyler se inclinaba para besarla. Por mucho que doliera, Edward no trató de apartar la mirada. Vio cómo se besaban, el brazo de Tyler todavía estaba alrededor de sus hombros.
Su primer beso, si Edward no se equivocaba.
Ese pensamiento lo hizo cerrar los ojos por un momento. Odiaba con todo su corazón que alguien más pueda tener su primer beso, su primer todo. Esos momentos le pertenecían. Eran el uno para el otro. Y quería tener todas sus primeras veces, ahora que las tenía de vuelta, con ella.
Pero entonces se dio cuenta de que Bella nunca se enamoraría de Tyler tan locamente como se había enamorado de él. Este era un pequeño beso para finalizar la noche del baile de graduación y no era nada como el beso que ella y Edward habían compartido en la librería, después de que se habían conectado en muchos niveles. Efectivamente, cuando Edward abrió los ojos, Bella ya tenía un pie en la puerta. Le dio una sonrisa a Tyler, pero luego se volvió para entrar. Su sonrisa no era tan amplia como cuando Edward la había besado, y con él, siempre se quedaba tanto tiempo como le fuera posible.
Tomando algo de consuelo de eso, Edward condujo a casa.
~ 0 ~
Se despertó en lo que parecía ser una gran piscina de pelotas. Yendo en su dirección, con su pequeña lengua fuera, como gesto de concentración mientras maniobraba, estaba una Alice de cuatro años de edad.
— ¿Una piscina de pelotas? —preguntó, su voz sonaba muerta, incluso para sus propios oídos.
Ella lo miró con atención. —Las piscinas de pelotas me hacen feliz —explicó.
Frunció el ceño cuando él no sonrió. Con un suspiro, sacó su varita mágica de entre las bolas de colores brillantes y la agitó. La piscina de pelotas desaparecido y estaban sentados en el sofá.
Alice se paró y caminó a lo largo del sofá hasta que estuvo de pie junto a él. Ella se inclinó, y besó su desaliñada mejilla con un infantil beso ruidoso. Entonces rápidamente se subió a su regazo, envolviendo sus delgados brazos alrededor de su cuello y aferrándose tan fuerte como pudo.
En un reflejo automático, Edward envolvió sus brazos alrededor de ella, su mano firme y protectora en su espalda. Quería preguntarle qué le pasaba, pero eso, por supuesto, era una pregunta estúpida.
Enfrentándose, por una vez más, a todos esos días, deshaciendo la hermosa historia que tan desesperadamente quería, Edward no se había permitido llorar. En el maravilloso mundo de Alice, era verdad que su cuerpo y su mente tenían 29 años pero eso no cambiaba el hecho de que acababa de perder un amor verdadero y profundo. Claro que, los protagonistas de la historia de amor no habían sido más que dos niños. Y era cierto, que el romance no duró mucho, pero contando tanto su vida original como la vida que estaba recreando, Bella, era indiscutiblemente el amor de su existencia. Tal vez era el ingenuo estereotipo adolescente, pero dudaba que el amor fuera más que eso.
Pero no era tan ingenuo como para creer que el amor era todo lo que había en la vida.
El cálido cuerpecito de Alice era un reconfortante peso en su pecho. De repente, se encontró aferrándose a ella como ella se había aferrado a él. La abrazó tan fuertemente como pudo, balanceándose hacia delante y detrás mientras las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.
Aferrándose a la pequeña niña, lloró. Cuando se dio cuenta de toda su frustración y desamparo, sollozo más fuerte. A pesar de todo esto, Alice no dijo nada y no hizo nada aparte de mantener sus brazos aferrados alrededor de su cuello. En algún momento, eso le molestó. Cierto o no, ella no era solo el mensajero, era ella la que le decía qué días se vivieron bien y cuales estaban mal. Tener su consuelo, se sintió, momentáneamente, aborrecible. Se dio cuenta rápidamente de que ahí no había nadie más. Nadie más entendía lo que estaba pasando.
Se rindió completamente, dejando que su corazón herido se calmara. Sorprendentemente, cuando las lágrimas comenzaron a menguar, su cólera disminuyó. Empezó a ver las cosas un poco más claras y se dio cuenta de que había sobrevivido a esos días.
Después, Edward tuvo la idea de hacer un balance del regalo que se le había dado. El haber tenido la oportunidad de conocer a Bella completamente, cuando la había pasado por alto la primera vez, debería ser suficiente. Además, no la había perdido, no del todo. Podría haberlo hecho. La furgoneta de Tyler lo había demostrado por mucho. Seguían siendo buenos amigos, mejores amigos que los que tenía como adulto en su primera vida.
Las cicatrices de su pérdida eran profundas, dejando un espacio que solo ella podría llenar, estaba seguro de eso. Pero también sabía que cuando Alice lo regresara, seguiría siendo un niño con toda una vida por delante.
Como el tiempo le había demostrado, en repetidas ocasiones, no sabía lo que el futuro traería.
Napster fue un servicio de distribución de archivos de música (en formato MP3). Su popularidad comenzó durante el año 1998. Su tecnología permitía a los aficionados a la música compartir sus colecciones de MP3 fácilmente con otros usuarios, lo que originó las protestas de las instituciones de protección de derechos de autor.
