¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?
Historia escrita por:LyricalKris
Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)
Beta:Mentxu Masen (FFAD)
—Tienes un montón de amigos.
Edward se distrajo momentáneamente, mientras estaba recostado en el suelo. Se encontró mirando un techo lleno de nubes de lluvia. Suspiró, pensando que si algún día se despertaba siendo un mago, probablemente nunca se acostumbraría a cosas como esta.
Por último, se dio la vuelta, encontrando a Alice en el suelo junto a él, sentada con las piernas cruzadas con un traje completo de mago incluidos los lentes. — ¿Qué dijiste? —preguntó, sabía que ella había hablado, pero no tenía idea de lo que había dicho.
—Dije, que tienes un montón de amigos —repitió Alice, hablando lentamente, como si estuviera hablando con un tonto—. Tuviste una gran fiesta.
Edward sonrió ligeramente. —No creo que tenga tantos amigos. Esto es Forks. No hay mucho que hacer y tengo una casa grande.
—Los amigos son algo bueno —dijo Alice con aprobación—. No tenías muchos amigos antes.
Ella tenía razón en eso. Aunque no eran amigos tan cercanos como Bella y Jasper, lo eran, por lo menos se llevaba con la mayor parte de su clase. —Sí, supongo que en realidad podría venir a la reunión de ex alumnos, ¿eh? —dijo facilidad.
—Re... re... ¿qué?
—Nada —dijo, sonriendo con indulgencia.
Ella lo miró fijamente. —Solo queda un poco más, sabes.
Edward miró otra vez hacia el techo encantado. — ¿Está tan cerca?
Alice se puso de pie, caminando hacia él y dándole un beso en la mejilla. —Lo siento —dijo, poniendo sus brazos alrededor de él.
Edward no dijo nada. Sentía que ya sabía cuál era la razón por la que ella se estaba disculpando y era algo que no se sentía ni remotamente preparado para enfrentar. Cerrando los ojos fuertemente, abrazó a la niña acercándola hacia él, sabiendo que no había manera de evitar el futuro.
~5 de Septiembre, 1999 ~
Sin ninguna prisa por levantarse, Edward mantuvo los ojos fuertemente cerrados, incluso después de que la consciencia volviera a él.
Incluso sin mirar el reloj, Edward sabía que ya había pasado un montón de tiempo. Sus recuerdos reproducían momentos de lo que, en realidad, había sido un verano genial. Trabajó con Bella, salió y pasó todo el tiempo con ella y Jasper, ya sea virtualmente o en la vida real.
Edward dejó que sus pensamientos se quedaran en Bella por un momento, disfrutando de lo agridulce que se sintieron los días que compartieron. Ella ya no lucía confundida, y parecía que estaban mejorando en ser solo amigos. Él había mejorado en dejar de mirarle de forma anhelante, aunque todavía sintiera un torbellino de emociones. Su confusión había sido reemplazada por una sonrisa nostálgica que ella no era capaz de ocultar.
Con toda honestidad, eso aliviaba un poco el dolor de estar lejos de ella. Por difícil que fuera, se alegró cuando la vio salir con otras personas en sus recuerdos. Ella salía con Mike, Jessica, y Angela y estaba desarrollando una buena amistad con un chico de la reserva llamado Jacob.
Era más fácil ver de lo que Alice estaba hablando. Mirando hacia atrás, Edward reconoció que cuando él y Bella estaban juntos, era muy fácil perderse en su burbuja privada donde solo estaban ellos dos. Ella debía tener más interacciones que solo con él. Era lo correcto.
Otro aspecto positivo era que Edward mantuvo una relación más cercana con su hermano. Una vez se alejaron por puntos dolorosos, ahora, eran más cercanos de lo que fueron cuando eran pequeños niños. Durante los meses de verano, Emmett había dejado de molestarlo un poco, empezando a salir con Edward más a menudo, incluso llego al punto de arrastrar a su hermano pequeño fuera de casa para llevarlo a un viaje de pesca.
Emmett era un niño a punto de convertirse en un hombre y una parte de él estaba aterrorizado. La escondía bien, pero Edward podía verlo en la forma en que se había aferrado a sus padres ese verano. Edward recordaba bien lo que se sentía, al igual que recordaba que sus padres no habían estado allí cuando finalmente creció.
Recordándose a sí mismo todo lo que había cambiado para bien, Edward finalmente se decidió a abrir los ojos y enfrentar el día.
Mientras se duchaba y se preparaba para la escuela, Edward trató de convencerse de que hoy no era el día que pensaba que era, sin importar lo mucho que el tiempo coincidiera. Seguramente tenía solo un poco más de tiempo.
Cuando llegó a la escuela, estaba sorprendido y alarmado de encontrar a Jasper sentado afuera, en una de las húmedas mesas de picnic, con la cabeza apoyada sobre la mesa y una expresión sombría en el rostro. Edward apretó el paso hasta que prácticamente estuvo corriendo.
—Jasper, ¿qué pasa? ¿Estás bien? —le espetó, asustado de que se hubiera acabado el tiempo tan rápido.
Su amigo se sentó, con los ojos entrecerrados por la confusión. —Amigo. ¿Qué mierda? Cálmate. Estoy bien. —Su rostro se ensombreció y de nuevo golpeó su frente contra la mesa frente a él.
—Está bien... —Edward dijo lentamente—. Algo anda mal.
—Sí, tal vez —admitió Jasper con una voz extrañamente pequeña. Levantó la cabeza, con una expresión pensativa—. María dijo... bueno, que podía estar... ya sabes... tarde.
—Oh. ¡Oh! —Edward parpadeó, porque eso era lo último que se esperaba. Se sentó frente a su amigo, estrujando su mente por algo que decir.
La relación de Jasper y María no había sobrevivido al verano, un hecho que hizo que Edward se sintiera triste y enojado a la vez. Pero había tenido que recordarse, que las relaciones entre adolescentes generalmente no duraban mucho. Ellas quemaban y brillaban intensamente antes de que desaparecieran como si nunca hubieran existido.
Dedicó un breve pensamiento, preguntándose si su relación con Bella habría sido de esa manera, antes de que se volviera hacia su amigo.
—Jasper... tú sabes mejor que nadie que María es, uh... dramática —dijo Edward con cuidado—. Quiero decir, tal vez es mejor no entrar en pánico hasta que estés seguro.
—Lo sé —dijo Jasper, luciendo como si ese pensamiento le hiciera sentir un poco mejor. Se estremeció—. Es jodidamente aterrador, sin embargo. No solo toda la... —Miró a su alrededor precavidamente, bajando su tono de voz a un susurro—. Cosa del bebé, sino la idea de estar atado a María para siempre.
Edward hizo una mueca. María había demostrado ser muy controladora y manipuladora, no era alguien que Edward hubiera querido para su mejor amigo a largo plazo.
Por supuesto, sabía que Jasper no tenía un largo plazo.
—Estoy seguro que todo estará bien, hombre —dijo, poniendo una mano sobre el hombro del muchacho rubio. La campana sonó, distrayéndolos—. ¿Clase?
Jasper gruñó, poniéndose de pie. —Sí, supongo.
Se fueron en diferentes direcciones para sus dos primeras clases, Edward para la clase de Inglés del Sr. Berty con Bella y Jasper a Historia. Se reunieron de nuevo en el tercer período para educación física.
En su primera vida, Edward no había tenido ninguna clase con Jasper en su último año. En un primer momento, Edward no podía entender por qué eso había cambiado hasta que se acordó de que había tenido que repetir dos de sus clases después de reprobarlas al final de su segundo año. Su horario estaba fuera de balance.
—Muy bien, chicos. Es esa época del año otra vez —declaró el entrenador Clapp en voz alta—. Es tiempo de correr una milla. —Se rió entre dientes mientras los estudiantes reunidos gemían—. Mírenlo de esta manera. Hoy es un buen día, por lo que serán capaces de correr en la cancha en lugar de subir y bajar las escaleras aquí —dijo, señalando el gimnasio.
Obedientemente, los adolescentes se dirigieron hacia fuera y no tardaron en salir corriendo.
Jasper sorprendió a Edward saliendo a toda velocidad, dejando atrás a los otros chicos, casi automáticamente. Parpadeando, Edward corrió tras él.
—Hey, tal vez deberías conservar tu energía —sugirió a la ligera, las palabras le salían entrecortadas.
—A la mierda con eso —jadeó Jasper de vuelta—. Quiero terminar con esto.
—Son cuatro vueltas, Jasper. No puedes mantenerte así durante tanto tiempo...
Jasper sacudió la cabeza, obstinadamente mantuvo su ritmo. ¿Qué más podía hacer Edward que mantener su paso y estar a su lado?
La ansiedad creció en el torrente sanguíneo de Edward, como siempre lo hacía cuando tenía que presenciar a Jasper haciendo algo agotador. En el momento en que comenzaron la cuarta vuelta, Edward se estaba mordiendo fuertemente el interior de su mejilla, tratando de contener su nerviosismo. Se estaba maldiciendo por creerle a Alice, eso de que no podía decir nada porque había estado felizmente ignorante de la condición de su amigo. Él podría haber convencido a Jasper de…
Pero en el momento siguiente, ya era demasiado tarde.
Edward miró con horror por el rabillo del ojo como Jasper tiraba de su camisa sin descanso. Los pasos del chico rubio vacilaron antes de que se detuvieran, su mano agarraba su pecho.
— ¿Jasper? —Edward preguntó, deteniéndose junto a él.
Por lo que dura una respiración, los ojos de Jasper encontraron los suyos, completamente abiertos, aterrorizados y confundidos, antes de que rodaran dentro de su cabeza y se desplomara sobre la hierba húmeda.
~ 0 ~
El tiempo pasó en un borrón, y sin embargo, Edward todavía estaba muerto de miedo porque todos y cada uno de los momentos de este horrible día quedarían grabados en su memoria para siempre. El rostro de Jasper, vacío y completamente drenado de sangre, solo resbaladizo por el sudor que brotaba de su piel. Su pecho subía y bajaba a un ritmo demasiado rápido para la comodidad de alguien. El entrenador Clapp gritándole a alguien para que corriera de regreso a la escuela y llamara al 911, y la forma en que las manos del anciano se posaron al azar sobre el pecho de Jasper, como si no supiera qué hacer.
La sala de espera estaba llena de la mitad de la escuela, pero Edward no le prestaba atención a ninguno de ellos. Mantuvo los ojos fijos en el suelo, tratando de no pensar en cómo podría haberlo evitado. Tendría que haber hecho algo para impedirlo.
Bella se unió a él en algún momento, empujando a Mike hacia un lado para que ella pudiera sentarse a su lado. Le agarró la mano y no la soltó. Su peso contra su lado era su único consuelo.
Horas o minutos pasaron antes de que Carlisle apareciera. Puso su mano sobre el hombro de Edward, señalándolo a él y a Bella para que lo siguieran. Cuando estuvieron detrás de las puertas cerradas, Carlisle comenzó a hablar en ese tono suave y compasivo que inmediatamente hizo que Edward quisiera correr en la dirección opuesta. Había oído de muchos que la forma de su padre de tratar sobre los pacientes era consoladora, pero Edward no estaba encontrando ningún consuelo en él, hoy.
Edward solo escuchaba una que otra palabra. El corazón de Jasper estaba dañado. Jasper estaba muriendo. No podían detenerlo. Podría ser horas o días a lo mucho.
Todo en él era a base de reacciones inherentes. Cuando escuchó a Bella llorar, envolvió su brazo alrededor de sus hombros, abrazándola y estrechándola mientras seguía mirando fijamente hacia adelante. Hasta que preguntó. — ¿Podemos verlo? —Con voz mecánica porque sentía que era lo que debía hacer.
En realidad, Edward estaba totalmente aterrado de ver a su amigo por lo que podría ser la última vez. En su primera vida, al oír que Jasper estaba enfermo de muerte, había tomado la botella de Jameson que James le había entregado y había bebido directamente de ella hasta que no pudo pensar más.
Comprendió, sin embargo, que una parte de enderezar las cosas era hacer lo correcto, aunque hacerlas sea difícil.
Carlisle puso una mano en su hombro, apretando con fuerza. —Su madre está con su doctor ahora mismo, así que tienes unos minutos.
Los condujo un poco más a través del hospital, hasta una pequeña habitación de la unidad de cuidados intensivos.
Bella se detuvo, su respiración se quedó atrapada justo antes de entrar en la habitación. Lo miró con ojos llorosos. —Ve —susurró—. Debes ser tú.
Se tambaleó sobre sus pies, preguntándose si era lo suficientemente fuerte para esto. Edward se enfureció, se enfadó consigo mismo y lo egoísta que estaba siendo. Jasper era el que estaba viviendo esta pesadilla. Bella tenía razón.
Tomando una respiración profunda, asintió con la cabeza a ella y a su padre, viendo como Carlisle señalaba una pequeña sala de espera más privada para amigos y familiares. Luchando contra la sensación de mareo, Edward entró en la habitación.
Pudo ver que Jasper estaba despierto, con su vista clavada en el techo. Estaba pálido, un poco menos con respecto al blanco mortal que había tenido cuando se derrumbó, pero seguía luciendo poco saludable. Tenía un tubo en la nariz, una vía intravenosa en el brazo y estaba el pitido constante del monitor que controlaba su corazón, una mala señal dada la situación. No lo regresó a ver ni cuando Edward se sentó.
—Jasper... —Edward comenzó, pero no sabía cómo continuar.
—No tienes que decir nada —dijo Jasper, su voz era suave y entrecortada... débil—. Yo no sé qué mierda decir ¿Por qué habrías de saberlo?
Edward estudió a su amigo por un momento, tratando de determinar dónde estaba. Jasper parecía tranquilo, pero lo conocía lo suficiente como para ver el temblor de su mano mientras rebotaba sus dedos nerviosamente sobre las mantas. —No tienes que... puedes hablar conmigo ya sabes. Lo que sea.
Al principio, Jasper solo se burló, luciendo como si estuviera a punto de discutir. Pero luego, su labio inferior empezó a temblar, inmediatamente lo mordió con fuerza, tomó una respiración ruidosa. —Mi mamá... ella esta... no quiero que ella sepa. —Comenzó, con voz temblorosa. Sus azules ojos calmados se llenaron de lágrimas que pronto se desbordaron y empezaron a caer, una a una, por su mejilla—. Esto es una mierda. Y yo estoy jodido...
Finalmente, volvió la cabeza hacia un lado, sus ojos encontraron los de Edward. No necesitaba decirlo. Edward podía ver plenamente el miedo escrito en su rostro, tan claro como el día. Él no quería que su madre supiera lo absolutamente aterrado que estaba.
Tomando un suspiro tembloroso, calmando sus ganas de enfurecerse, gritar y llorar, Edward eligió sus palabras con cuidado. —Es una mierda —coincidió por primera vez—. ¿De qué es lo que estás más asustado?"
— ¿Más? —Jasper bufó—. De todo —admitió—. Nunca pensé en ello... en lo que viene después. —Negó con la cabeza ligeramente—. Mamá siempre dice que los adolescentes piensan que son inmortales... y pensé que yo no lo hice, pero lo hice.
Edward dudó sólo un momento antes de hablar de nuevo. —Hay un después. Y creo que es… bastante bueno.
Jasper lo miró dudoso. — ¿Cómo demonios lo sabes? —preguntó, con tono amargo.
—Mírame —dijo Edward sinceramente, firmemente—. ¿Te estoy mintiendo?
Jasper lo miró, buscando algo en los ojos de su amigo. —No, no lo estás. —Se dio cuenta.
—Morir... —Fue muy difícil conseguir que esa palabra saliera, pero Edward sabía que Jasper necesitaba a alguien para hacer frente a la realidad de la situación—. No duele. —Lo sabía, ya había muerto una vez—. Y entonces, todo tiene sentido hay una razón para todo... todo la mierda injusta que pasa aquí… todo va a significar algo... no lo sabremos, pero tú sí.
Jasper no dijo nada, volvió a mirar el techo. Por un momento solo hubo el sonido de su respiración, un poco dificultosa. — ¿Cómo lo sabes? —preguntó con voz débil.
Edward con furia se enjugó una lágrima perdida que de repente lo había abrumado. —Lo sé. Solo lo sé. Te prometo que está ahí.
Volviendo la cabeza hacia un lado otra vez, Jasper medio sonrió. —Confío en ti —dijo. Se mordió el labio de nuevo, con los ojos llorosos—. Esto está tan jodido. Quiero tirar cosas... o golpear una almohada de mierda... pero estoy demasiado asustado para moverme —admitió.
—Lo siento —dijo Edward, su voz rompiéndose porque haría cualquier cosa para aliviar el temor de su amigo. Si pudiera, cambiaría de lugar en un instante.
Jasper sacudió la cabeza, borrando el resto de sus lágrimas y luchando por recuperar la tranquilidad que había tenido antes. —Mi mamá va a estar de vuelta pronto. No quiero que ella vea esto —murmuró.
Edward se quedó sin palabras, fue al lavabo de la pequeña habitación y dejó correr un poco de agua fría sobre una toalla de papel. Se la entregó a Jasper, mirando como su amigo se secaba los ojos, recobrando la compostura. Le golpeó el hecho de que Jasper es uno de esos que se enfrentan a su muerte con la cabeza bien en alto.
Al oír la voz de su madre viniendo por el pasillo, Jasper se acercó de repente y agarró la muñeca de Edward. Por un instante, sus ojos estuvieron temerosos de nuevo, casi infantiles. —Tú no... Quiero decir, eres...
—Jasper. —Interrumpió Edward, moviendo su mano para poder abrazar a su amigo—. Lo sé.
Su amigo asintió de nuevo, confiando completamente en él. —No te olvides de mí, ¿de acuerdo?
—Nunca —prometió Edward.
~ 0 ~
Bella se quedó con Edward en el hospital, sosteniendo su mano, tanto tiempo como pudieron. Durante la larga tarde y noche, sabían que Jasper se estaba debilitando rápidamente y se encontraba con su familia.
Cuando Carlisle se acercó, instándolos a ir a casa, ellos obedecieron, excepto que Bella fue a la casa de Edward. Le tomó la mano y lo llevó escaleras arriba, a su habitación. Demasiado cansado para cuestionar lo que estaba pasando, Edward se limitó a seguirla, dejándose cae en la cama junto a ella.
Bella se acurrucó contra él, con la cabeza enterrada en su hombro. Ella había estado llorando durante todo el día. A excepción de una lágrima perdida o dos, Edward no había llorado en absoluto. Venía, sin embargo; podía sentirlo en sus huesos, un dolor tan terrible que probablemente le partiría por la mitad.
Durante horas después de llegar a casa, Edward se aferró a Bella como si ella fuera la única cosa que lo mantenía vivo.
Cuando su padre llamó a su puerta más tarde esa noche, Edward supo que su amigo se había ido. Podía sentirlo en su interior, y la angustia absoluta que había estado reprimiendo ya no podía ser ignorada.
Apretó sus manos en puños, frotándolos fuertemente contra sus ojos tratando de mantener las lágrimas a raya. Probablemente lo hubiera conseguido de no ser que sintió las manos de Bella en su cabello, moviéndolas tan suave y tiernamente, que su corazón se rompió. Le tomó un minuto darse cuenta de que no era el cuerpo de Bella el que temblaba, era el suyo.
La cama se hundió una vez, dos veces y sintió más manos en su espalda, en su cabello. Sabía que sus padres estaban allí. Estaba rodeado, literalmente, por personas que lo amaban.
—Déjalo ir, Edward. —La suave voz de su padre rompió lo último que quedaba de su fuerza de voluntad y Edward comenzó a sollozar.
De alguna manera le parecía ridículo. Había tenido una segunda oportunidad totalmente imposible, nadie era capaz de regresar y arreglar sus errores. Había tenido tiempo extra con Jasper, y la oportunidad de darle a su amigo algunas experiencias, que de otro modo, podrían haber sido pasadas por alto. Edward sintió que no tenía derecho a estar con el corazón completamente roto y totalmente cabreado.
Aún con la mano atrapada en la de ella, Edward se zafó del agarre de Bella y se sentó para agarrar a su padre por la camisa. — ¡No es justo! —gritó, eran las únicas palabras que pudo dejar salir. Su mente estaba demasiado incoherente llena de dolor y culpa. Hundió la cabeza en el cuello de Carlisle como si fuera un niño pequeño otra vez, que necesita a su padre, porque los papás eran más fuertes y podían matar a todos los demonios.
Edward lloró en el hombro de su padre durante unos minutos antes de que sus manos buscaran a su madre. Abrazó a Esme fuertemente porque Jasper ya no podía abrazar a su mamá.
Finalmente, agotado por demasiadas lágrimas y demasiado peso sobre sus hombros, Edward se recostó de nuevo, encontrándose con que Bella todavía estaba allí, esperando. La envolvió en sus brazos, y lloraron juntos hasta que ambos se quedaron dormidos.
~ 0 ~
—Realmente no podrías haberlo detenido, sabes.
Edward abrió los ojos lentamente, encontrándose a una Alice de dieciséis años, recostada junto a él en la cama de su casa. Miró hacia arriba, sin ver nada. No sabía si quería gritar o llorar otra vez. —Yo podría haberle dicho antes. Debería habérselo dicho antes —murmuró con voz ronca.
—No podías —recalcó Alice—. Recuerda, tuvimos esta conversación. Si hubieras tratado de decirle, habrías sido devuelto hasta que no lo hicieras. ¿Dónde está el sentido en eso? —Le palmeó el brazo con suavidad—. Todo el mundo tiene su momento, Edward. Puedes morir antes de tiempo, porque tú de todas las personas sabes que el destino no lo determina todo, pero no se puede vivir más allá de tu tiempo.
— ¡Esto es una mierda! —gritó Edward sentándose. Encontró el objeto más cercano, un cepillo para el cabello, y la arrojó al otro lado de la habitación—. ¡Todo esto es una maldita mierda! Tenía 18 malditos años. ¡Esto es una absoluta mierda!
—Esta es la vida, Edward —Alice dijo con calma—. La muerte es parte de la vida, y niños mucho más jóvenes que Jasper mueren todo el tiempo.
Edward se inclinó hacia delante, agarrando su cabello con sus manos, tratando de conseguir un respiro de sí mismo. ¿Por qué dolía jodidamente tanto ahora que lo sabía? En el mundo del que venía, Jasper había estado muerto por más de una década.
—Nunca te dejaste sentir su muerte la primera vez —contestó Alice, a su pregunta no formulada, en voz baja—. Lo cubriste con el alcohol y todo lo que James y Royce querían que hicieras. Y luego nunca dejaste de correr. —Su sonrisa era pequeña, casi maternal mientras continuaba—. Harías cualquier cosa antes que enfrentarte a estos acontecimientos de tu vida. Esa es una gran parte de porqué tenías que revivir el día de hoy. No, es toda, pero es una gran parte. Y no fallaste. —Su sonrisa, entonces, fue orgullosa—. Sé que querías, pero no lo hiciste.
—Se sentó a su lado, dándole un medio abrazo—. Esta es la forma en que se supone que debe ir. Va a doler como el infierno por mucho tiempo, pero sanará.
— ¿Cuál es la otra parte? —Edward preguntó.
— ¿Qué?
—Dijiste que era una gran parte de la razón por la que tuve que repetir este día. ¿Cuál es la otra parte?
—Oh. Jasper, por supuesto —dijo Alice en voz baja—. La primera vez, no tenía a nadie. Y por ninguna razón dejaría que su madre viera lo asustado que estaba. Necesitaba que alguien le dijera que estaba bien tener miedo. Él...
—Basta —suplicó Edward. La culpa que sentía por haber dejado a su mejor amigo para enfrentarse a la muerte solo, la primera vez, era demasiada para manejar.
Alice puso una mano sobre su brazo. —Edward, tú estabas allí. Se lo hiciste mucho más fácil —aseguró—. La primera vez, lo estuvo retrasando por días simplemente por el miedo. Gracias a ti, se pudo ir en paz. Y fue por ti que había tanta gente pensando en él. Sé que parece ridículo, pero ayuda...
Durante largos minutos, Edward no dijo nada, en su lugar, intentó respirar a través del tremendo dolor de su pecho.
—Soy consciente, ya sabes —dijo Alice sin rodeos.
— ¿De qué? —Edward preguntó, frotándose los ojos.
—De toda esta segunda oportunidad. Te lo dije... es difícil. No se supone que sea fácil. Has tenido que vivir algunos de los días más duros de tu vida a la vez.
Fue agradable oírle decir eso, reflexionó. Nadie más podía saber lo que estaba pasando. Y él no se engañaba a si mismo por no ver la recompensa. Sus padres, por ejemplo. La vida de su hermano era mejor también. Y Edward, en sí mismo, tan desconsolado como estaba, podía decir que su vida parecía encaminarse en una dirección mejor.
— ¿Alice?
— ¿Sí?
—Dijiste que todo pasa por una razón, ¿verdad?
—Sí.
— ¿Cuál es la razón de esto?
Alice no dijo nada de inmediato, luciendo pensativa hasta que Edward finalmente se sentó. — ¿Tú sabes lo que le dijiste, que cuando mueres, puedes entender la razón de todo? ¿De que todas las cosas injustas que ocurren de repente tiene sentido?
— ¿Sí? —Edward dijo, inclinándose hacia adelante con esperanza.
Alice sonrió con dulzura. —Cariño, no estás muerto. Esto no es para que lo entiendas... todavía. Pero lo harás. Algún día.
