¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?

Historia escrita por:LyricalKris

Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)

Beta:Mentxu Masen (FFAD)

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~ 25 de Septiembre, 1999 ~

Los recuerdos de Edward no lo asaltaron inmediatamente.

Recordaba el funeral de Jasper. A lo largo de todo el servicio se sintió completamente vacío. Se sentó con su madre a un lado y con Bella del otro. Su padre y su hermano, Emmett, que faltó a sus clases para estar allí para Edward, se sentaron junto a ellos. A pesar de que no podría entender como inició, Edward se dio cuenta que en algún momento durante el servicio él y Bella terminaron cogidos de la mano. Pero fue inocente, más como un salvavidas que alguna especie de muestra de afecto.

Ambos lo echaban de menos.

Edward odiaba los funerales con todo su corazón. Ellos no ofrecían ningún consuelo, en su lugar era una tarea, en la cual, debía sentarse a enfrentarla. Solo era otra razón de porqué la muerte era una mierda. Toda la experiencia no tenía sentido para él. Ya era bastante doloroso que Jasper muriera, especialmente tan joven como era. El funeral fue casi un insulto a su memoria de. Él había sido el tipo de chico que animaba a la gente cuando pensaba que estaban tristes o como cuando ayudaba a Edward a que admitiera sus sentimientos por Bella, él siempre instaba a las personas a que hiciera lo que los haría felices. Su funeral no reflejaba nada de eso.

Por suerte, los gamers sabían mejor cómo honrar su memoria. Fires of Heaven celebró un funeral en línea, al que asistieron el gremio y un buen número de jugadores de algunos otros grupos. Era una rareza que se desplegaran juegos artificiales on-line y que los jugadores se pusiera de acuerdo para empezar a beber, lo que causó que sus pantallas se deformaran y que los textos parecieran un borrón. Hizo sonreír a Edward, el leer los mensajes confusos y el tratar de entender lo que la gente decía. Por el micrófono, los miembros del grupo hablaban de Jasper, compartían historias y recuerdos.

El tiempo, como siempre, seguía avanzando, y como Alice había prometido, el dolor terrible en el centro de su pecho empezaba a apaciguarse minuciosamente. Había pasado menos de un mes y al fin podía respirar a través del dolor. Aunque cada vez se hacía más fácil, no era difícil ver por qué había elegido borrar sus emociones con el alcohol en su vida anterior. Día a día, era difícil.

Mientras que los días se convertían en semanas, la vida comenzaba a recuperar su ritmo normal, sin importar si Edward estaba preparado para ello. Sus maestros, en vez de ser comprensivo cuando entregaba su tarea tarde, comenzaron a esperar que se adaptara a las normas de nuevo. Sus compañeros dejaron de mirarlo compasivamente. Edward ya no escuchaba el nombre de Jasper en los susurros del pasillo.

Estaba molesto porque sentía como si lo estuvieran olvidando. Era horrible, exasperante incluso, ¿acaso no se daban cuenta de lo que el mundo acababa de perder?

Solo había una persona con la que siempre podía contar.

Además de sus clases, seguían yendo juntos a taekwondo. Edward y Bella continuaban pasando mucho tiempo juntos, lo mismo que hacían cuando Jasper estaba vivo. Junto a Bella, cuando un momento lo golpeaba particularmente duro, haciendo que extrañara aún más a su amigo, saber que ella estaba pensando en Jasper también. Era reconfortante.

Habían celebrado su décimo octavo cumpleaños tranquilamente, justo a los pocos días de que Jasper fuera enterrado. Cualquier otro día, Edward se hubiera sentido culpable por no organizar la celebración que Bella se merecía, pero ninguno de los dos tenía ganas de celebrar.

Desde entonces, habían empezado a redefinir la normalidad de sus salidas juntos, acostumbrándose, constantemente, en ser un dúo cuando, una vez, habían sido un trío.

El timbre sonó antes de que Edward estuviera completamente listo. Se puso una camisa y corrió escaleras abajo justo a tiempo para ver a su madre abrirle la puerta a Bella.

—Hey —saludó, y le ofreció una sonrisa.

Con Bella, era un poco más fácil sonreír de nuevo.

Esme los atendió esmeradamente durante unos minutos antes de que Carlisle se la llevara. Iban a hacer algunas compras en las tiendas de antigüedades de Port Angeles para un trabajo de Esme. Se ofrecieron a llevar a Edward y Bella a la cafetería para desayunar, pero los adolescentes lo rechazaron, optando por asaltar la nevera para su sustento.

Una vez que habían comido hasta hartarse, se recostaron en la sala viendo unas películas. Edward estaba distraído cuando Bella buscó en su mochila y sacó una jodida tonelada de folletos.

— ¿Qué es todo esto? —preguntó, agachándose y agarrando uno. Era un folleto de la Universidad Northwestern.

Rápidamente, Bella lo agarró de sus manos. Se rió al ver de qué universidad se trataba dejándolo a un lado. —Nunca entraría en Northwestern —murmuró—. Y no quiero vivir en la costa este de todos modos. Solo agarré todos los folletos que tenían en consejería.

— ¿Estás buscando universidades? —Edward preguntó, tratando de mantener la conmoción e indignación fuera de su voz. Simplemente no se le había ocurrido que ella se iría tan lejos para la universidad. Debería haber sido obvio. Hablaba de Arizona, y más específicamente, del sol, con nostalgia en su voz.

Se merecía eso: estar en el sol en algún lugar.

Bella lo miró, con una expresión un poco arrepentida. —No tenemos mucho tiempo para presentar solicitudes. ¿No has pensando acerca de la universidad en absoluto?

Edward volvió su vista a la pantalla encogiéndose de hombros. —Ya lo tengo todo planeado. Estoy bastante seguro de que podré entrar en UDub. Es tan buena como cualquier otra para especializarse en negocios.

—Hmm —Bella tarareó no muy convencida.

— ¿Qué?

Ella frunció el ceño. —Sé que ya lo has dicho antes, pero sigo pensando que no te conviene. Negocios. Y... —Resopló, con los ojos inseguros, la misma mirada que tenía cuando estaba a punto de decir algo que no sabía si sería bien recibido—. Edward, eres realmente... honestamente eres brillante. Podrías hacer cualquier cosa que quisieras hacer, ser quien sea que quieras ser.

—Hablas como mi padre —se quejó Edward.

—Bueno, no estoy poniendo leña a tu culo. Realmente creo eso —dijo Bella, sentada sobre sus rodillas en el sofá—. Vamos. Mírame a los ojos y dime que quieres ser un hombre de negocios.

Edward la miró, dispuesto a decir esas palabras, pero algo en sus ojos se lo impidió. Ahí estaba esa chispa, ese fuego que había extrañado desde que deshicieron su relación. Ella solía mirarlo de esa manera, con fe apasionada. Él entendía esa mirada. Él la había mirado de la misma manera, la amaba tanto que si tuviera algún deseo en el mundo, desearía que ella fuera feliz, sin importar lo que implicara.

—Todos tenemos que hacer algo —murmuró en su lugar, su voz estaba completamente falta de convicción. El hecho de que sabía, que sin duda, sería bueno en emprender su propio negocio era algo poderoso. No había muchas personas que tenían garantizado su éxito, sin importa que campo han elegido.

Sabía que sería exitoso, y sus padres estarían orgullosos. Eso era lo que importaba, ¿verdad?

—He estado pensando mucho desde lo de Jasper —dijo Bella en voz baja—. Es un cliché, pero es cierto. Él no llegó a vivir su vida. Si no vas a ser realmente feliz emprendiendo tú negocio, no estarías viviendo tu vida a su máximo potencial, ¿y eso no sería un insulto para él? —Cuando Edward no respondió, ella lo empujó ligeramente—. Vamos, Edward. Tus padres estarán orgullosos de ti, siempre y cuando no te conviertas en un vago.

Para entonces, los brazos de Edward estaban cruzados fuertemente sobre su pecho y hundido en el sofá. — ¿Quién diablos sabe lo que quiere ser para el resto de su vida a los 18, de todos modos? —murmuró—. ¿Qué estás buscando, al final? ¿De repente decidiste lo que quieres hacer?

—Tal vez. —La voz de Bella fue ligeramente cantarina, casi como si le estuviera tomando el pelo, como si le estuviera diciendo, si yo puedo hacerlo, ¿por qué tú no? Ella sonrió—. Quiero decir, no he decidido nada en concreto. De hecho, he dado muchas vueltas sobre lo que dijiste acerca de la ciencia.

En ese momento, Edward se animó, y se estiró un poco. — ¿Oh?

—Sí. Tiene mucho sentido. Hay tantos campos en los que podría ir, tantos tipos de ciencia —dijo pensativa—. No tengo que decidir de inmediato. Pasas los primeros dos años cursando materias de colegio general, ¿verdad? Podría usar ese tiempo para decidir en qué quiero especializarme. —Ella rebuscó entre sus panfletos, tomando uno para mostrarle—. ¿Berkeley? Tienen un departamento de ciencias fantástico. ¡Y oh, el sol! ¿Qué sol es mejor que el de California?

Al oír su voz soñadora, Edward no pudo evitar sonreír. —California sería bueno para ti —admitió. Se preguntó si ella podía oír la nota de tristeza en su voz.

—Tenemos el Internet, ¿no? —Bella preguntó, al parecer recogiendo el hilo de sus pensamientos.

—Sí. —Edward hizo todo lo posible para ofrecerle una sonrisa tranquilizadora—. Por supuesto.

Ella sonrió de nuevo y suspiró. —Bueno, ya veremos. La matrícula es fantástica también. Si no recibo una beca, es un caso perdido de todos modos.

—Supongo que tendremos que buscar becas entonces, ¿no es así?

~ 0 ~

Al caer la tarde, Bella se fue a su casa para terminar su tarea, ya que tenía que trabajar al día siguiente.

En las últimas semanas, cuando estaba solo en casa, Edward se encontraba a sí mismo gravitando alrededor de su piano.

Para aliviar la preocupación de sus padres, Edward había visitado al consejero de la secundaria Forks, para hablar sobre Jasper. A pesar de que la mujer no había sido particularmente inspiradora, le había ofrecido un consejo que ya había escuchado. Le animó a encontrar una manera de honrar y recordar a su amigo, una forma de expresar su dolor saludablemente.

Como lo había hecho con sus padres en su primera vida, Edward descubrió que sólo había un lenguaje que podía expresar adecuadamente lo que estaba sintiendo. Llevó sus dedos a las teclas, dejando que la música hablara por él, recordando a su amigo a través del sonido.

La música se apagó con el tiempo, y apoyó sus brazos cruzados sobre su piano, sumido en sus pensamientos.

Odiaba ser un hombre de negocios. Lo hacía sentirse miserable.

Apartándose de su piano, Edward entró en la sala de estar. Se dejó caer en el sofá, con los ojos en la pila de folletos descartados de Bella. Los agarró, rebuscando entre el montón.

Era algo que realmente no había considerado antes. Siempre fue una conclusión inevitable que su padre quería que fuera un empresario, un doctor o algo por el estilo. En realidad, nunca había pensado en el hecho de que él podía elegir.

Cuando pensaba en la universidad, era en el futuro de Bella en el que se concentraba. Cuando estaban juntos, pensó que podían ir a UDub juntos, no podía imaginar estar lejos de ella. Bella estaba, en esa vida, dispuesta a cualquier cosa. Al igual que él, a ella no le importaba donde estudiaría, siempre y cuando él estuviera junto a ella.

Ahora que había tenido la oportunidad de pensar en ello, pudo ver que su actitud soñadora, en la cual habían estado tan envueltos el uno con el otro, los había distraído de, en realidad, concentrarse en su futuro, en lo que podrían llegar a ser. Era algo positivo, aunque a regañadientes, estar obligado a no estar junto a ella. Estaba casi seguro de que ella no estaría pensando en todas sus opciones si aún estaban juntos.

Si se permitía considerar con optimismo el plan del destino, pensaba en lo que sea que motivaba a Alice a trabajar en su felices para siempre. ¿Se suponía que podía ser posible que encontrara una carrera con la cual estuviera apasionado?

Edward se detuvo repentinamente, de su ojeada aleatoria, cuando se encontró con un folleto de Juilliard.

Trazó sus dedos reverentemente sobre la imagen del frente, preguntándose cómo sería estar en una escuela con personas que hablaban su mismo idioma. Había aprendido el lenguaje de los negocios, pero siempre se sintió muy incómodo. La música, por otro lado, fluía en su sangre, nació para tocar. Era la única cosa por la que se sentía apasionado, y solo de pensar en la música como parte de su futuro...

Edward tiró el folleto en la pila, disgustado consigo mismo. Juilliard... era algo infantil solo pensarlo. Muy pocas personas en el mundo merecían componer música, sobre todo clásica. Los que lo hacían eran los que se levantaban a las 5:00 am todos los días para poder practicar.

Poniéndose de pie, Edward recogió todos los folletos. Entrando en la cocina, tiró toda la pila en la papelera de reciclaje y se alejó.

~ 25 de Septiembre, 1999 ~

Edward estaba confundido cuando nuevos recuerdos no lo asaltaron. Rodó sobre su costado, con las manos a tientas a lo largo de la mesita de noche, hasta que encontró sus gafas. Cuando vio a la fecha, gimió, tirando de la manta por encima de su cabeza.

Durante unos minutos recordando la frustración que traía cuando los días se repetían. Casi se había olvidado de su lugar en el juego que era su vida.

Quería estar listo para cuando Bella llegara, por lo que finalmente salió de la cama.

El día se desarrolló igual que el anterior. Bella y él se prepararon el desayuno y se dejaron caer frente al televisor. Edward miró, sin decir nada esta vez, como ella sacaba la pila de panfletos y folletos.

Cuando cogió el folleto de Juilliard, ella dio un pequeño bufido, e intentó ponerlo en la pila de los no definitivos. Él lo agarró antes de que ella lo descartara.

Bella lo miró perpleja inclinando su cabeza hacia él.

Frunciendo los labios, Edward debatió consigo mismo durante unos segundos antes de que se levantara, extendiéndole su mano. —Quiero mostrarte algo.

Ella tomó su mano, dejando que la llevara al piano. Él hizo un gesto para que se sentara, y luego se sentó a sí mismo en el banquillo antes de que pudiera pensar más en lo que estaba a punto de hacer. Tomando una respiración profunda, Edward comenzó a tocar la canción que había compuesto para tratar de explicar el dolor por la muerte de su amigo.

Edward escuchó el jadeo ahogado de Bella cuando comenzó a tocar, pero continuó. Dejó que sus dedos fluyeran sobre las teclas. Bella siempre entendió cómo se sentía acerca de Jasper. Esperaba que ella entendiera el mensaje de la misma manera como si estuviera hablando.

Cuando llegó al final de la pieza, de pronto, se dio cuenta de que Bella estaba de pie detrás de él. —Edward —susurró—. Eso fue Jasper. Lo pude escuchar ahí.

—Sí —reconoció.

— ¿Eso es... eso es tuyo? —le preguntó sonando asombrada.

Edward se volvió para mirarla. —Sí —dijo cuidadosamente.

—Eso fue increíble. No tenía ni idea de que podías hacer eso.

Volviendo de nuevo al piano, Edward tentativamente arrancó el folleto de Juilliard de encima del estrado. Se lo ofreció a ella, una mirada contemplativa en su cara. — ¿Crees que es estúpido pensar en ello?

—Bueno, yo no sé mucho acerca de cómo calificar este tipo de cosas... Pero Edward, eso fue hermoso. Si puedes componer algo tan complejo... —Ella negó con la cabeza—. Bueno, vale la pena intentarlo.

~ 0 ~

A lo largo de la cena, Edward estuvo callado, algo que sus padres al parecer no se dieron cuenta mientras hablaban de sus compras. Parecía que Carlisle había comprado una pintura que según Esme discutía, no encajaba en la decoración de ninguna habitación.

—Mamá. Papá —interrumpió Edward su ligera pelea. Los dos se volvieron hacia él—. ¿Estarían decepcionados si yo quisiera hacer algo no tradicional? Ya saben, ¿para trabajar?

Las cejas de Carlisle se fruncieron al instante, y miró a Esme con una expresión cautelosa antes de volverse hacia Edward. — ¿Qué quieres decir? Edward, si estás pensando en no ir a la universidad…

—Eso no es de lo que estoy hablando —Edward interrumpió. Bajó la mirada a sus manos, sintiéndose ridículamente nervioso—. Quiero decir, ¿y si yo quisiera ir a algún lugar como... Juilliard?

Ambos padres parecían sorprendidos. Carlisle tosió en su mano. —Juilliard es una escuela maravillosa, pero no es el tipo de lugar en el que puedes entrar por un capricho, hijo.

Sin decir palabra, Edward empujó su silla hacia atrás. Les hizo una seña para que sus padres le siguieran. Sentado en el piano, interpretó la composición que había escrito para conmemorar su muerte, recordando cómo habían reaccionado cuando la tocó para ellos durante una de sus días repetidos.

Cuando terminó, se volvió en silencio esperando su opinión.

—Mi Dios, Edward. —Esme respiraba, con los ojos llenos de lágrimas—. Eso fue muy hermoso. Ni siquiera puedo recordar la última vez que tocaste el piano.

— ¿Creen que hay alguna posibilidad? ¿Que pueda entrar? —preguntó en voz baja.

—Honestamente no tengo idea, pero un talento así... Incluso si no entras, podrías fácilmente obtener una beca para una gran escuela —dijo Carlisle emocionado.

Edward sintió que una sonrisa empezar a tirar de sus labios. — ¿Pero eso te molesta? Que yo quiera seguir una carrera en la música en lugar de algo... no sé, más respetable.

Sus padres se rieron un poco. —Esta es tu vida, cariño —dijo Esme, despeinando su cabello—. Tú eres el que tiene que vivirla, no nosotros.

—Sí, pero... no quiero que estén decepcionados. —La voz de Edward sonó más infantil de lo que quería.

Esme y Carlisle se dieron una mirada de complicidad, levantando una ceja y cruzando los brazos. Carlisle suspiró y se volvió hacia su hijo. —Edward, si... Si alguna vez te ha dado la impresión de que solo estaría orgulloso de ti si persigues un cierto camino, lo siento. —Se frotó la parte de atrás de su cabeza, mirándolo tímidamente—. Debo admitir que me tenías preocupado durante algún tiempo allí - cuando parecía que no te importaba nada más que ese juego. Sin pantalones, eso es lo que tu abuelo habría dicho.

—Nunca hablaste de tener algún interés en algo —añadió Esme a la ligera—. Si hubieras mostrado algún signo... Nosotros te habríamos dado todo lo que quisieras. Lecciones... aunque no parece como si las necesitaras.

Carlisle puso su brazo alrededor de los hombros de Edward, mirándolo a los ojos. —No importa si eres aceptado o no, esto es un talento increíble. Tu madre y yo nunca estaríamos nada más que orgullosos, no importa lo que decidas hacer con tu vida. —Se rió entre dientes—. Solo haz algo.