¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?
Historia escrita por:LyricalKris
Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)
Beta:Mentxu Masen (FFAD)
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—Tocas lindo.
Edward sonrió gentilmente al levantarse, mirando el ahora familiar cuarto de Alice. Hoy estaba cubierto por rojo y dorado, con una gran pintura de una rotunda mujer, que parecía fulminarlo con la mirada.
Él devolvió la mirada, solo para ver qué sucedería. La mujer se vio pálida. —Bueno, yo nunca… —gruñó y pronto dio un paso fuera de la pintura. Los ojos de Edward se agrandaron y sacudió su cabeza para asegurarse de estar viendo lo que creía que había visto.
— ¡Hey! Presta atención.
Edward miró a Alice de nuevo, tratando de recordar lo que le acababa de decir. —Umm. Gracias. ¿Entonces me estás diciendo que debía ir a Julliard?
—Se suponía que hicieras algo que te haga feliz. —Le sonrió—. Eres un presumido.
— ¿Eso significa que entro? —preguntó él, curioso y algo desconcertado—. ¿Cómo funciona eso? Si no hubiera llegado a vivir a los 29, no hubiera sido tan bueno tocando el piano.
—El talento es, uh, una parte de ti —explicó ella—. Es una trampa, pero una pequeña. —Sonrió triunfante, separando sus dedos un par de centímetros—. Siempre fuiste capaz de hacerlo.
Edward pensó que era mejor no buscarle el diente a caballo regalado. Con las reglas de este juego tan confuso, era bueno conseguir un fácil beneficio.
Alice sacó su varita y la movió en el aire. — ¡Accio bola de cristal!
Edward tuvo que agacharse cuando una gran bola de cristal pasó volando por el aire. —Cielos.
—Lo siento —dijo Alice, pero estaba riendo.
Alice miró la bola con una expresión de concentración en el rostro, su pequeña lengua saliendo de sus labios mientras movía sus manos sobre el cristal. Cuando la bola comenzó a mostrar lo que se veía como niebla, comenzó a saltar con emoción. — ¿Lo ves? Podría ser taaaan buena en la adivi…divi… adivinación.
Sin pretender que sabía de qué rayos hablaba, Edward se acercó curioso de ver qué le iba a mostrar.
En la niebla de la bola, se vio a sí mismo, sentado en su mesa. Había un sobre de manila enfrente de él. Sus padres estaban sentados al lado opuesto y Bella se sentaba a su lado. Todos estaban viendo el paquete como si fuera a explotar.
—Cielos —dijo Bella finalmente, tomando el sobre. Lo abrió mientras que los tres Cullen la miraban con los ojos abiertos. Al revisar las primeras líneas, mostró la sonrisa más grande que Edward pudiera recordar—. ¡Entraste! Oh, Dios mío, Edward. ¡Entraste!
Edward vio mientras estaba quieto como una piedra, una expresión graciosamente sorprendida en su cara, en lo que su padres y Bella lo abrazaban con orgullo evidente en todos ellos.
Tan feliz como estaba, tanto por poder ver a sus padres complacidos como porque tenía que admitir que la idea de ir a una escuela como Julliard lo emocionaba a más no poder, aún había una pesadez en la escena. — ¿Y Bella? —le preguntó con suavidad a Alice.
Alice inclinó su cabeza, mirándolo con curiosidad. No dijo nada, pero pasó su mano sobre la bola de cristal de nuevo.
La escena en la niebla cambió y Edward pudo ver que estaba en el cuarto de Bella, viéndose algo aburrido. Ocioso –y algo malcriado, pensó– vio que buscaba algo entre las cosas en su escritorio. Sus cejas se fruncieron cuando tomó una hoja de papel. Era una letra de "Lamentamos informarle"… de la Universidad de Nueva York.
—Solo fue una idea estúpida —dijo Bella con quietud acercándose detrás de él. Tenía la mirada dirigida al suelo—. Es decir, tienen un estupendo programa de ciencias. Es una buena escuela. —Se encogió de hombros.
Él no dijo nada al inicio pero entonces, dubitativamente, se le acercó, estrechándola en sus brazos. —Te voy a extrañar mucho —admitió cerca de su oído—. Pero no vamos a olvidarnos. Eso no va a pasar. Y vas a hacer cosas maravillosas en Berkeley.
La escena se desvaneció, dejando a Edward resignado. Obviamente, Bella estaba destinada a estar en Berkeley. Le daba gusto que su relación no se interpusiera en su futuro. —Oye —dijo repentinamente, dándose cuenta de la diferencia entre esta ocasión y todas las veces pasadas—. Nunca me has mostrado el futuro antes. Siempre me muestras el pasado.
— ¿Sabes qué? —exclamó Alice, ignorándolo totalmente—. ¡Deberías escribir una canción sobre mí! Algo feliz… Escribes canciones que me dan ganas de llorar. —Le frunció el ceño.
—Lo consideraré —murmuró—. Pero Alice, en serio. ¿Por qué ahora me mostraste el futuro?
Alice inclinó su cabeza. —Porque es el pasado.
Antes de poder responder, Alice alzó su varita. —Nox —dijo, y el mundo se oscureció.
~2 de julio, 2005~
Los golpes en la puerta despertaron a Edward con un sobresalto.
—Vamos, bastardo. ¡Si me fallas patearé tu trasero! ¡Levántate!
Edward parpadeó rápidamente, su mente nadando mientras que los recuerdos le llegaban. Tantos recuerdos.
Ciegamente, buscó sus lentes en la mesa de noche, pero su mano sólo encontró varias monedas y su billetera. Parpadeó otra vez, dándose cuenta de que podía ver sin la ayuda de sus lentes.
Claro. El regalo de sus padres cuando se graduó hace un par de meses. LASIK. Recordó estar vergonzosamente aterrado por segunda vez en sus múltiples vidas cuando entró para iniciar el procedimiento.
Poner cosas en sus ojos siempre le había dado escalofríos.
Espera, ¿cuándo se graduó?
Edward miró su cuarto –un cuarto muy diferente al que dejó en Forks–. Vio una calcomanía del emblema de Starfleet en una laptop en su escritorio y se rió. Parecía que no había cambiado tanto.
Continuó su análisis del cuarto, sus ojos finalmente cayendo en un calendario, un calendario de World of Warcraft.
Decía julio de 2005.
—Qué diablos…
— ¡Edward! —La persona al otro lado de su dormitorio la golpeó de nuevo—. Vamos. Vamos a perdernos el primer panel, ¡y me voy a molestar!
Garrett. El chico tratando de tirar su puerta abajo era Garrett Larsen.
Se habían conocido en el primer año de Edward en Julliard. Edward nunca había visto a un bailarín tan ágil como Garrett. Las actuaciones del hombre de cabello castaño lo dejaban sorprendido y algo más que celoso de sus piernas musculosas, si era honesto.
Después de graduarse, Edward y Garrett habían encontrado trabajos en la ciudad de Nueva York, al menos durante el invierno. Edward estaba tocando piano por una demostración de jóvenes artistas mientras que Garrett se había unido al Ballet de la Ciudad de Nueva York. Habían encontrado un buen departamento equidistante a ambos trabajos.
—Ya me levanté —gritó Edward, molestándose cuando Garrett volvió a golpear su puerta—. Dios, parece que vas a morir si no ves el panel de Battlestar Galáctica.
—No tienes más jefes que Edward James Olmos, señor. Hace que las personas con tu nombre sientan orgullo. Apresúrate.
Bien, bien.
Caminando a su baño, Edward optó por una ducha para aclarar su cabeza. Aún estaba acomodando sus recuerdos, averiguando dónde estaba en el presente.
Sus pensamientos, como siempre, fueron primero hacia Bella.
Primero recordó la forma en que lo había abrazado el día antes de que ella fuera a California. Por un momento, ella lo miró, con un dolor tan grande en sus ojos que él pensó, por un terrible momento, que ella sabía. ¿Pero cómo iba a saber? ¿Cómo iba a entender de lo que se estaba alejando? Entonces le sonrió, limpiándose las lágrimas. —Esto es como… el primer día del resto de nuestras vidas, ¿verdad?
Él se rio y jaló su coleta con diversión. —Vas a estar genial.
Se mantuvieron en contacto al inicio, hablando casi cada noche en línea. Fue inevitable que la vida pasara, y gradualmente se fueron separando.
Bella y Edward comenzaron a hacer amigos. Edward la animó a salir cuando su compañera de cuarto le dijo que era demasiado estudiosa. Lentamente, cuando entraba en línea y buscaba su ícono, más y más aparecía desconectada. Aunque la extrañaba, le alegraba saber que estaba pasándola bien.
Edward no tuvo mucho tiempo de fijarse en su conexión que se desvanecía. Su programa era intenso, a menudo manteniéndolo ocupado por días. Estaba en su elemento, perdiéndose en un mundo de música y creaciones. Era genial trabajar con personas que pensaban igual a él.
Aunque Edward estaba generalmente feliz, había puntos de frustración, el mayor de ellos era que sus amigos no entendían por qué se resistía tanto a las fiestas que había cada semana.
Edward estaba encaminado a recluirse cuando conoció a Garrett. El otro chico pareció entender su deseo de alejarse de sus colegas. Era, como Edward, un nerd, y se acostumbró a visitarlo de vez en cuando. Dijo que Edward tenía muchas fallas en su "actitud nerd", y le presentó Firefly, junto con otras cosas.
Poco a poco, Garrett se ganó su confianza, y Edward le dijo la mayor parte de la verdad por la que no le gustaba salir. Editó la parte de los viajes en el tiempo, por supuesto, hablándole a Garrett de su breve relación con Bella, que terminó, y cómo, aunque intentaba atraerse a otras chicas, no podía hacerlo.
Garrett sintió compasión. Le contó a Edward sobre su primera novia. Habían estado en ballet juntos. Fueron, como Edward y Bella habían sido, personas desesperadamente enamoradas, aunque eran jóvenes. Tristemente, ella era anoréxica y murió antes de que él o sus padres pudieran ayudarla. Como Edward, entendía la incomodidad. Ambos eran de los chicos más atractivos en su escuela. Rechazar a personas interesadas –chicas y chicos también– nunca se sentía bien.
Como resultado, Garrett era exactamente lo que Edward necesitaba. Tenía una sed por aventura y llevaba a Edward por toda la ciudad, sin dejar que se encerrara en su caparazón. Él fue quien lo registró en Facebook y agregó a todos sus amigos del instituto. Por eso, Mike Newton había contactado a Edward y fue a uno de sus conciertos con su novio… Tyler Crowley.
Edward tuvo que admitir que sentía satisfacción al saber que la cita y primer beso de Bella disfrutaba la compañía exclusiva de los hombres.
Conforme pasó el tiempo, ambos tuvieron algunos momentos con mujeres. Un beso o dos. Varias citas que ocasionalmente llevaban al sexo. Nada se quedaba. En un momento de solitaria ebriedad, tuvieron el beso de requisito, exploratorio, preguntándose si podrían llenar el vacío que tenía el otro.
Rápidamente decidieron que sólo eran amigos.
Todo eso lo llevó al presente. Garrett estaba llevando a Edward a una convención de ciencia ficción.
Con todo eso, aunque aún extrañaba a Bella y se preguntaba qué estarían haciendo si hubieran seguido juntos, Edward tenía una vida feliz.
~0~
Edward miró inquieto a su alrededor. No era que no sintiera la misma atracción hacia las cosas nerds, lo hacía. Era solo que, como muchas cosas, gran parte de la pasión se había ido de sus viejos pasatiempos. Hacía que su corazón doliera. Caminando por los pasillos de recuerdos de la cultura pop, escuchó la voz de Jasper debatiendo lo bueno y malo de la publicación original de la trilogía de libros de Star Wars.
—Sí, tuvimos que lidiar con mucha mierda estúpida, pero sacamos a Mara Jade de la ecuación. Es muy malo que Timothy Zahn no pudiera hacer todos los libros, y quizás Aaron Alston.
En otros pasillos, fue la voz de Bella la que escuchó.
— ¿Qué? Tengo la copia ilegal de los carretes de The X-Files, Temporada el Especial de Navidad de Star Wars. ¿Acaso no lo tienen todos?
—Por supuesto, ahora es más fácil porque YouTube lo tiene todo. Pude haber ahorrado 18 dólares si hubiera esperado, oh… han pasado cinco años desde que lo compré…
La cabeza de Edward se alzó de repente. En el lado opuesto del puesto que estaba explorando, vio a la chica –mujer– que había hablado, de perfil. Largo cabello castaño cayendo en su rostro al inclinarse sobre la mesa, viendo los DVDs ilegales; habría reconocido su voz donde sea.
— ¿Bella? —preguntó, con su voz atorada en la garganta.
Se enderezó tan rápido, que literalmente se tropezó, cayendo contra un estante. Los modelos de los barcos de Star Trek se movieron peligrosamente. — ¡Oh! —Miró a Edward y al dueño del puesto—. Lo lamento mucho.
—No hay problema —musitó el dueño del puesto.
— ¿Edward? —preguntó Bella, dando un paso hacia él.
Antes de poder controlarse, se acercó, tomando su mano y sujetándola en un fuerte abrazo. —Oh, mi Dios, ¿qué estás haciendo aquí?
Ella soltó una risa, devolviendo el abrazo. —Estoy en Nueva York en un internado de verano —dijo ella.
Él la sujetó a un brazo de distancia. — ¿Y no me lo dijiste? ¿Por qué no lo mencionaste?
—No lo sé —admitió, bajando la vista—. No hemos hablado en mucho tiempo…
—Bueno, ahora estás aquí. Creo que eso es lo que cuenta —concedió él, sonriéndole.
—Parece que se olvidaron de que existimos —escuchó murmurar a Garrett desde algún lugar detrás de él. Edward y Bella se dieron la vuelta, dándose cuenta de que estaban siendo mal educados con los amigos que los acompañaban.
—Um, este es mi buen amigo y compañero de cuarto, Garrett Larsen —lo presentó Edward—. Garrett, esta es Bella Swan. Fuimos juntos al instituto.
—Y esta es Katrina Delaney. Está en el mismo programa que yo —dijo Bella, señalando a la mujer que Edward no había notado hasta ese momento. Se veía adorable, con cabello rubio claro y una hermosa cara.
Pero Edward, como siempre, solo tenía ojos para Bella.
—Dime Kate —dijo Kate, estrechando la mano de Edward, y entonces la de Garrett.
—Entonces serás Katie —bromeó Garrett, tomado su mano por un momento más que el necesario.
Edward puso los ojos en blanco, disculpándose con Bella con su mirada. Garrett no podía evitar ser encantador. La sonrisa que recibió como respuesta era divertida.
~0~
No pasó mucho tiempo antes de que Edward y Bella encontraran una excusa para irse solos.
—Garrett y Kate parecen llevarse bien —dijo en tono conversacional mientras se dirigían al metro –y al departamento de Bella.
—Sí —concordó Bella con una sonrisa—. Aunque Kate no es tímida con los chicos.
—Garrett no es exactamente tímido, pero es raro verlo tan cautivado —musitó. Se rió, nervioso de repente porque estaba desesperado por saber acerca de los hombres en la vida de Bella, y no tenía ni idea de cómo mencionarlo en una conversación casual. Los años intermitentes habían sido buenos para Edward, físicamente. Era apuesto y él lo sabía. Había recuperado todo el encanto y suavidad que había perdido cuando regresó de los 29 a tener 17 años.
Y aún así, con Bella, todo parecía salir por la ventana. De nuevo.
Bella eligió ese momento para distraerlo, soltando los botones de su chaqueta. Todo pensamiento distinto en su cabeza se fue cuando tuvo un vistazo de su blusa. Veía a una mujer sexy con gafas y una bata de laboratorio, sentada en la cima de la tabla periódica de los elementos, con el título: "Los Químicos lo hacen en la mesa periódicamente."
Sentado a su lado en el metro, puso su cabeza en su hombro, riéndose alegremente.
— ¿Qué? —Bella preguntó, sin comprender hasta que miró su blusa. Entonces rodó los ojos—. Supongo que sabes qué decidí estudiar, después de todo.
— ¿Eres una química? ¿En serio? —Ladeó su cabeza, impresionado.
Hablaron un poco sobre eso y antes de saberlo, estaban subiendo las escaleras a su departamento en el cuarto piso.
— ¿Vives en el departamento 42? —preguntó divertido otra vez—. La respuesta a la vida, al universo, y a todo.
Ella lo miró por encima de su hombro, sonriendo tímidamente. —Como Mulder.
Dejándolo entrar, Bella se quitó su chaqueta, dejándola en el sillón. —Siéntete como en casa, ¿de acuerdo? Volveré en un minuto.
Edward se alegró por la oportunidad de dar un vistazo alrededor. En el momento que entró por la puerta, se encontró ansioso de enterarse de cada parte de su vida. Tenía curiosidad de la mujer en la que se había convertido, preguntándose cuánto había cambiado la chica que recordaba.
Riéndose para sus adentros, vio que no pudo cambiar mucho. Es decir, la había encontrado de nuevo en una convención de cómics y al revisar su colección de DVDs, encontró varias de las películas viejas y frikis que eran sus favoritas. Sacudiendo su cabeza entretenido, fue hacia su colección de libros. Sus estantes eran variados, pero entre ellos había varios libros que estaban en sus propios estantes: las palabras de Christopher Moore, Chuck Palahniuk, Neil Gaiman, Terry Pratchett y…
Se acercó, tomando un tomo familiar en sus manos.
La Guía del Viajero Intergaláctico obviamente había visto mejores días. Estaba bien gastado, el polvo dorado en el borde de las páginas casi desaparecido. Con dedos temblorosos, abrió el libro en una página aleatoria. Se encontró con las marcas doradas que había hecho cinco años antes.
—Ese es mi libro favorito —dijo Bella suavemente, acercándose a él. Tomó el libro de sus manos, pasando sus dedos sobre las palabras subrayadas y sonriendo privadamente.
—Subrayas los pasajes —le dijo con lentitud—. También hago eso.
—Sí, subrayo mis libros, pero… —Frunció sus labios, como si pensara entre contarle algo o no—. No subrayé este libro. Alguien lo dejó en mi casillero un día, al final de mi segundo año en el instituto. —Lo miró, estudiándolo, y Edward tuvo cuidado de no mostrar ninguna expresión—. Extraño, ¿verdad?
— ¿Que tuvieras un admirador secreto? —Le dedicó una sonrisa, sin poder evitar recorrer su barbilla con su pulgar—. No lo encuentro extraño, para nada.
Después de que Bella le diera un recorrido del departamento, se sentaron en su sillón para platicar. Era tan fácil como Edward lo recordaba. El pasar del tiempo no había borrado sus sentimientos hacia ella, y escuchar a la versión adulta de la chica que siempre había amado, solo aumentó su adoración.
¿El destino fue cruel al ponerla en su camino así, aunque la última vez que la había visto fue hace dos años cuando ambos estuvieron en Forks al mismo tiempo? ¿Cómo se esperaba que se mantuviera alejado de ella cuando todavía despertaba cada día pensando en ella?
Pero entonces… si se había despertado hoy, había una decisión que tomar. Algo importante; se había perdido muchos años. Podía esperar…
— ¿Tienes tiempo para cenar? —preguntó antes de considerar su decisión. Después de todo, aunque terminara repitiendo su día, valdría la pena tener una oportunidad más con ella.
Su sonrisa era tímida, pero sus ojos brillaban con felicidad. —Oh, bueno. Tendré que mover un par de asuntos, pero estoy segura que puedo hacer un espacio para ti.
