¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?

Historia escrita por:LyricalKris

Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)

Beta:Mentxu Masen (FFAD)

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Edward volvió a su apartamento con la emoción de la anticipación haciendo sus pasos ligeros. A pesar de que estaba emocionado por esta noche, también estaba exageradamente nervioso.

Entró en su apartamento, encontrándose con que Garrett ya estaba allí con la televisión encendida.

—Tengo una cita —dijeron los dos hombres al mismo tiempo.

Garrett se echó a reír. —Tú primero.

—Bueno, no sé si es una cita —admitió Edward, dejándose caer en el extremo opuesto del sofá—. Quiero decir, sola la invité a cenar. Viejos amigos salen a cenar también, sin ninguna expectativa. No es que tenga alguna expectativa.

—Edward, respira —dijo Garrett con una sonrisa—. ¡Mírate! Estás como un adolescente enamorado que acaba de ver su primer par de tetas.

—Con clase. —Se quejó Edward.

—Esta es la chica, ¿verdad? —su amigo le preguntó, en un tono todavía divertido.

Edward suspiró, mirando a otro lado. —Sí. Esa es mi Bella.

—Hmm. —Tarareó Garrett con expresión pensativa. Luego sonrió—. Espero ser el padrino de tu boda, hijo de puta. No te olvides de eso, o me reservo el derecho a estar enojado.

— ¿De qué estás hablando? —Edward se burló, arqueando una ceja—. Como dije, ni siquiera sé si es una cita. Han sido tantos años desde que la vi...

Edward frunció el ceño, los nervios irracionales se agitaban en la boca de su estómago. Era una extraña manera de vivir, avanzar rápidamente a través de partes de tu vida. Por un lado, podía sentir todos los años que habían pasado. Tenía todos los recuerdos de su vida. Por otro lado, técnicamente hablando, habían pasado solo algunos días desde que él y Bella se besaban en cada oportunidad que podían poner sus labios el uno sobre el otro.

Pero Bella nunca recordaría eso. Para ella, nunca había ocurrido. Por no hablar que Bella probablemente no era la misma persona que había estado en la escuela secundaria. Todo el mundo cambiaba y para la mayoría, el cambio entre la escuela secundaria y la adultez temprana era, a menudo, sorprendente. Él todavía estaba enamorado, pero eso no significaba que ella iba a estar igual de interesada como lo había estado años antes.

—Vamos, ¿no puedes verlo? Estabas totalmente enamorado de esta chica. Mierda, todavía estás enamorado de esta chica, y te encuentras con ella en una de las ciudades más grandes del mundo. —Garrett negó con la cabeza—. Hasta yo puedo ver que es cosa del destino. Está destinado a pasar.

— ¿Quién demonios eres y qué has hecho con Garrett?

Su compañero de cuarto se encogió de hombros. —Estoy de buen humor. Esa chica, ¿Katie? No lo sé.

— ¿La invitaste a una cita? —Edward preguntó.

—Sí, y ¿sabes? Es diferente con ella. —Garrett se dio un golpecito en la barbilla, con una pequeña sonrisa en sus labios—. No recuerdo la última vez que estaba emocionado por una cita.

Los labios de Edward se fruncieron, pensando en la perpetua soltería de su amigo.

¿Y que, si hoy no se trataba de volver a conectar con Bella? ¿Y si todo era por Garrett? No sería la primera vez que una decisión empezaría una reacción en cadena en la vida de alguien más.

No tenía sentido sin embargo. No se había tomado ninguna decisión. Encontrarse con Bella y Kate fue un completo accidente.

Destino.

Él se echó a reír. —Puedes ser mi padrino si puedo ser el tuyo.

Un poco de positividad era agradable de vez en cuando.

—Está bien. Puedes ser mi padrino si puedo tener el apartamento esta noche.

Edward resopló. — ¿En serio? ¿Estás negociando por el puesto? Simplemente estás lleno de clase esta noche. —Miró a su compañero de cuarto—. Voy a encontrar otro lugar para quedarme, señor. —Le prometió con un pequeño saludo—. Parece poco caballeroso desearte suerte en tu esfuerzo.

Garrett ladeó la cabeza con una extraña expresión en el rostro. —Sabes algo... siento como que no necesito suerte esta noche.

—Sí. —Coincidió Edward—. Conozco el sentimiento.

~ 0 ~

Cuando Bella admitió que todavía era nueva en Nueva York y que quería una experiencia única en NYC, Edward la llevó a Coney Island. Comieron en Nathan's y caminaron por el paseo marítimo, rellenando los espacios que se habían perdido en la vida del otro.

—Emmett y Rosalie lo están haciendo muy bien. Ella trabaja desde casa rastreando piezas para coches de otras personas. Ya sabes para esos coches realmente antiguos o muy raros.

Bella lucía impresionada. —Eso es ingenioso. Recuerdo que Jake pasaba tiempos muy jodidos buscando piezas para su Rabbit.

Edward hizo todo lo posible para mantener su rostro impasible. — ¿Jake?

Por suerte, Bella pareció no darse cuenta de su incomodidad. —Sí. ¿Te acuerdas de Jacob Black? ¿Mi amigo de la reserva?

—Recuerdo un niño de la secundaria con un retorcido flechazo por ti —bromeó Edward, sintiéndose aliviado.

Bella se rió un poco y se sonrojó. —Sí, nuestros padres trataron de unirnos un verano, cuando llegué a casa de la escuela.

— ¿Qué? —La palabra salió un poco más estrangulada de lo que a Edward le hubiese gustado.

Bella sonrió. —Creo que mi papá estaba empezando a sospechar que jugaba para el otro equipo. —Ella se chupó los labios, tragándose su diversión. Se detuvo a un lado de la barandilla, mirando hacia el agua oscura de la bahía—. Supongo que no tenía muchas citas como las otras chicas de mi edad.

— ¿Por qué no lo hacías? —Edward preguntó suavemente, apoyándose en la barandilla junto a ella.

—No lo sé. Estaba demasiado ocupada, demasiado concentrada en la escuela. —Se encogió de hombros.

— ¿Entonces, no tienes novio? —Estaba tratando de mantener su voz ligera, pero no estaba funcionando del todo.

Ella vaciló pero luego lo miró con una sonrisa y un encogimiento de hombros. —Nada que valga la pena contar realmente. Era una novia bastante desatenta en realidad.

Por un largo momento, Edward no dijo nada, con esa información dando vueltas en su cabeza. No podía imaginar a Bella siendo desatenta con alguien que le importara, pero no quería presionar para obtener información. La idea de que hubiera intimado con alguien lo ponía irracionalmente furioso, y lo peor es que sabía que eso era bastante hipócrita.

—Entonces —comenzó, moviéndose a temas más seguros—. Has vivido en Phoenix, Berkeley, Forks y Nueva York. Eso es una gran variedad. ¿Dónde está casa?

En un primer momento, Bella no respondió. Sus cejas se juntaron como si estuviera absorta en sus pensamientos. Sus manos, apoyadas en la barandilla, se retorcieron irregularmente, como si estuviera nerviosa.

— ¿Quieres escuchar algo extraño?

—Siempre. —Sonrió Edward notando su expresión melancólica mientras miraba por encima del agua.

—De todos los lugares donde he vivido, todas las grandes ciudades con todo esa emoción y cultura y... —Ella hizo un gesto a su alrededor, a las atracciones—. Todo esto... echo de menos Forks.

— ¿Forks? —Se tomó un momento, asimilando ese bocado de información, tratando de que calzara.

— ¿Qué? —ella preguntó, ladeando la cabeza con curiosidad.

—Es solo que... todas las cosas de las que eres capaz, toda la vida de la que eres capaz. —Él extendió la mano, pasando las yemas de sus dedos por su mejilla rápidamente—. Eres demasiado grande para ese lugar.

Sus labios se separaron ligeramente, como si estuviera a punto de decir algo, pero no salió nada. Estuvo bien porque probablemente él no hubiera escuchado nada. El impulso de besarla era demasiado increíble.

Ella parpadeó esporádicamente y miró hacia el agua otra vez. —Sé que suena tonto. Pero si quieres saber la verdad… —dijo vacilante, con las mejillas en llamas. Algunas cosas nunca cambian—. ¿Mi segundo año y el verano contigo y Jasper? Es solo que simplemente, el verano, ya no se siente así para mí.

— ¿Cómo?

Su sonrisa era dulce y melancólica de nuevo. —La gente está siempre envuelta en su propio drama. Es muy raro, incluso en todos estos años, que alguien realmente se tome el tiempo para escucharte. —Ella resopló ligeramente—. ¿Quién lo iba a pensar? ¿No? Fueron dos chicos adolescentes quienes realmente me vieron. —Levantó la mirada hacia él—. Tal vez eso es lo que extraño, a veces la ciudad parece demasiado grande para…

Ella no llegó a terminar la frase porque la fuerza de voluntad de Edward se rompió. Él inclinó la cabeza, tomando su labio superior entre los suyos. Ella jadeó, pero el sonido se quedó en el fondo de su garganta cuando sus labios comenzaron a responder a los de él. Su mano se acercó y sus dedos se cerraron alrededor de su nuca.

Sus labios se separaron después de solo unos minutos, pero Bella no lo soltó. Sus ojos estaban muy abiertos y sorprendidos. Edward se mordió el interior de su mejilla para reprimir un gemido cuando su lengua salió, como si ella estuviera lamiendo el sabor que él había dejado en sus labios. Con esa expresión de sorpresa, lucía como si tuviera diecisiete de nuevo.

Ella había sido hermosa entonces y era hermosa ahora.

Levantó su brazo, acariciando su mejilla con los nudillos. —He estado queriendo hacer esto por un largo tiempo —admitió, su voz apenas era un murmullo.

— ¿Por cuánto? —Respiró.

Él se echó a reír. —Desde la secundaria. —Ahuecó su mejilla—. Lo siento. Lo siento tanto, no te lo podía decir entonces.

Bella exhaló, mirándolo con incredulidad. Luego se rió. —Yo también lo siento. Eso hubiera cambiado todo.

Los labios de Edward se curvaron. No tenía idea de cuánta razón tenía. — ¿Es demasiado tarde?

Ella inclinó la cabeza, con una sonrisa en su rostro mientras se daba la vuelta para mirarlo directamente. Edward observaba, sintiendo como su corazón latía rápidamente, mientras ella lo tomaba de la mano. Con sus dedos entrelazados con los suyos y esa mirada en sus ojos, sintió como si finalmente estuviera en casa. —No es demasiado tarde. No para nosotros.

Entonces ella se puso de puntillas, reclamando sus labios como si fueran de su propiedad.

-0-

—Estamos haciendo una escena. —Se rió Bella entre besos.

—Este es el sistema de trenes de la ciudad de Nueva York —gruñó Edward en su oído, mordiendo suavemente el lóbulo de su oreja dejándola sin aliento—. Están acostumbrados a las escenas. —Se apartó un poco—. A menos que no seas fan de las PDAs (1).

Sus ojos estaban encapuchados mientras lo miraba. —Podría acostumbrarme a ellos —murmuró, besando su cuello.

Durante todo el viaje en tren al apartamento, Edward no la dejó ir. Sus labios estaban constantemente ocupados mientras daba pequeñas mordidas a lo largo de su cuello, tocando con sus dientes la piel donde comenzaban sus hombros. Las manos de ella se mantenían enredadas en su cabello, y se sentía increíble.

Casi perdieron su parada.

La caminata a su apartamento fue un poco incómoda pues no podía dejar de envolverla en sus brazos en cada cuadra o algo así. Bella no discutía. Cuando él la jalaba más cerca, de hecho, ella envolvía sus brazos alrededor de su cuello o cintura, inclinando su rostro para encontrarse con sus labios ansiosos.

Una vez que estuvieron dentro y a salvo, Edward empujó a Bella contra la puerta, apoyando su cuerpo contra el de ella mientras su lengua se deslizaba por sus labios. Ella emitía pequeños gemidos mientras se besaban conduciéndolo rápidamente al borde de la cordura.

Jadeando, Edward consiguió apartar sus labios de los de ella. Él la miró a los ojos, viendo el reflejo de sus caóticas emociones en el oscuro marrón de su iris. Por un momento, Edward estuvo confundido. Todas sus vidas y las diferentes líneas de tiempo que había experimentado parecían mezclarse, y ya no sabía lo que era real y lo que no.

— ¿Esto es demasiado rápido? —preguntó en un susurro irregular, necesitando desesperadamente saber si estaban en la misma página. La deseaba tanto, siempre la había deseado, pero ella era más importante para él que solo una noche en la oscuridad—. Yo quiero... más que solo algo rápido contigo.

Bella pasó la lengua por sus labios, respirando con dificultad. —No lo sé —admitió—. ¿Tal vez? —Negó con la cabeza—. Pero no me importa.

Él buscó sus ojos, viendo fácilmente la lujuria que hacía que todos sus movimientos fueran desesperados y muy intensos. Más allá de eso, sin embargo, estaba esa conocida adoración teñida con incertidumbre. Ella estaba asustada. Entendía por qué. Lo que había entre ellos era terriblemente intenso, y aunque, para él, era como volver al hogar que siempre había querido, para ella era todo nuevo e inexplicable.

Inclinándose, la besó despacio, apasionadamente, quitando el peso de su cuerpo del de ella. Le tomó el rostro entre las manos, acariciando su mejilla con los pulgares.

Ella fue la primera en hablar, sus palabras eran como un borrón. —Sé que suena estúpido, pero siempre has sido tú. Yo... yo...—Ella bufó, llevando sus manos a las de él que ya estaban sobre sus mejillas—. Yo pensé que era solo un enamoramiento de una niña de secundaria que se desvanecería. Pero no lo ha sido. Nunca lo ha sido. He intentado tan duro... pero lo único que veía era a ti. Todo lo que quería eras tú. —Los ojos de ella vacilaron y miraron hacia abajo—. Es estúpido, ¿verdad?

—No —susurró, rozando sus labios contra los de ella—. No.

Ella movió sus manos a ambos lados de su cuello, mientras su boca se movía con la suya, las rozaduras de labios se convirtieron en besos completos de nuevo. Él movió sus manos hasta su cintura, sus dedos se deslizaron bajo el dobladillo de su camisa para tocar la piel caliente de su vientre. — ¿Quieres esto?

Una vez, en una vida diferente, le había hecho la misma pregunta. Entonces, ella había sido una adolescente, completamente inocente y tal vez demasiado joven para tomar la decisión que había tomado. Ahora, ella era una mujer madura, hermosa y convencida de su belleza. Ambos habían tenido la oportunidad de vivir la vida fuera del otro, descubriendo cosas sobre sí mismos que de otra forma hubieran pasado por alto.

Ahora, era su tiempo.

—Sí —dijo ella, moviendo sus manos hacia los botones de su camisa—. Sí, esto es lo que quiero.

La misma exacta respuesta, en una vida totalmente diferente.

Mientras la besaba profundamente, Edward dejó que sus manos vagaran hasta su trasero, apretándolo y haciéndola gemir. Él se rió en su boca, apoyando una mano firmemente contra su espalda mientras enganchaba la otra debajo de su rodilla. La tomó en sus brazos sin romper el beso.

Con su necesidad por ella, la necesidad por el otro, creciendo rápidamente, Edward levantó su cabeza, echando una mirada por la habitación para saber dónde tomarla. Cuando sintió sus labios en su barbilla y su lengua saliendo para lamerlo allí, supo que no llegaría hasta la habitación. Sonrió con malicia, una idea se estaba formando en su cabeza. —Bella, ¿qué tan fuerte es tu mesa de la cocina?

—Uh. ¿Qué? —preguntó, distraída.

Sacudiendo la cabeza, se la llevó a la cocina, complacido al ver que la mesa era bastante fuerte de hecho. La sentó allí, moviendo rápidamente los dedos por la piel de su estómago y a lo largo de los costados. Ella se estremeció, besando la comisura de su boca. — ¿Qué estamos haciendo?

—Lo estamos haciendo como un químico —gruñó él, inclinando la cabeza para besar un lado de su cuello—. ¿Ya sabes? ¿Sobre la tabla? ¿Periódicamente? (2)

Ella se echó a reír, enterrando el sonido en su hombro mientras se inclinaba hacia él, con los brazos alrededor de su cuello. —Eres un friki —le acusó, pero su tono era de adoración.

—Pffft. Lo dices porque tú también lo eres —murmuró, besándola tiernamente. Se tomó un momento para apreciar que él ya no era el inepto, torpe adolescente. Otra diferencia entre la primera vez, que ella nunca recordaría, y esta ocasión.

Se quedaron en silencio, besándose mientras Bella desabrochaba su camisa y él se agachaba para quitarle los zapatos. Finalmente él se quitó la camisa y pasó los dedos a lo largo de la parte posterior de las piernas de ella. Bella tiró de su propia camisa, su expresión era un poco tímida cuando se recostó sobre la mesa, dejando que él la mirara.

—Dios, eres tan hermosa —murmuró mientras sus dedos acariciaban el interior de sus muslos y se la comía con la mirada. Su figura era más grande de lo que recordaba, delgadas y largas extremidades formaban una figura atractiva. A pesar de que fuera pequeña, sus piernas eran largas, haciendo que Edward se mordiera fuertemente el labio mientras sus manos exploraban su longitud. Supuso que sus pechos se podrían considerar pequeños, pero para él eran perfectos, complementaban su cuerpo de la manera correcta.

No podía esperar a tener sus labios alrededor de sus pezones.

De hecho...

Moviendo una mano de mala gana lejos de sus muslos, llegó a ellos, sus dedos titubearon por solo un momento antes de que desabrochara los ganchos del sujetador. Una vez que la tela sedosa se quitó, se inclinó, tomando un pezón en su boca.

— ¡Oh! —gritó, arqueando su pecho para encontrarlo—. Edward —susurró cuando él le dedicó el mismo respeto al otro—. Dios, por favor. Te deseo.

Edward gimió, sus palabras lo ponían dolorosamente duro. ¿Por qué todavía seguía con sus pantalones?

Se puso de pie con la espalda recta, desabrochándose los pantalones y empujándolo hacia abajo junto con sus bóxers. Eso era mejor, pero le dolía no estar dentro de ella.

Inclinándose para besarla de nuevo, Edward pasó sus manos debajo de su falda, haciéndole cosquillas ligeramente a lo largo del borde de sus bragas antes de que metiera los dedos en su ropa interior, tirando de ellas por sus piernas y sacándolas finalmente.

Apoyó sus manos a lo largo de sus muslos mientras ella abría más las piernas, envolviéndolas alrededor de su cintura.

Parecía un giro del destino que su mesa estuviera a la altura justa. Estaban alineados perfectamente, y no era para nada incómodo mientras se deslizaba dentro de ella.

—Jesús —jadeó, brevemente abrumado. ¿Cómo había podido dejarla? Al instante, se había convertido en un adicto de nuevo.

No iba a dejar ir. Se negaría completamente. Incluso si Alice se lo exigía, ella simplemente no lo conseguiría.

El pensamiento hizo que empezara a embestirla desesperadamente. La idea de dejarla ir de nuevo era demasiado por lo que la atrajo hacia sí con fuerza, como si quisiera desaparecer por completo dentro de ella.

—Edward —susurró ella con sus labios contra su oído. Tenía las manos apoyadas en sus hombros desde que él hizo que se irguieran, Edward sabía que ella podía sentir su tensión.

Respiró más tranquilo, relajándose en ese momento. Ella estaba allí con él, rodeándolo. Podía saborear su piel y sentir su calor resbaladizo mientras se movía en su interior. Podía oír los pequeños ruidos que le provocaba, gemidos y quejidos, mientras la llenaba.

Poco a poco, sus manos se movieron de nuevo a sus muslos y ella se recostó en la mesa sobre sus codos, ambos solo apreciando lo que les daba la vida mientras su ritmo crecía suave y frenéticamente. Sus talones presionaban su trasero mientras él se deslizaba dentro de ella, lo que lo volvía loco.

—Bella —gruñó él, sabiendo que estaba cerca.

Ella le respondió con su nombre saliendo de sus labios con voz aguda. Arriesgó su agarre sobre ella para deslizar una mano hacia abajo, donde se unían, empujó su falda más arriba para que fácilmente pueda llegar a su clítoris.

— ¡Oh, oh! —gritó ella con la cabeza echada hacia atrás y el pecho agitado mientras empezaba a apretarse a su alrededor—. ¡Edward! ¡Dios!

Fue perfecto. La vista y el sonido de ella terminando antes que él, fue mejor de lo que se había imaginado durante todos estos años. Se vino duro, enterrándose hasta la empuñadura en su interior. Se recostó sobre ella.

Pasaron minutos antes de que alguno de ellos se moviera. Bella dejó escapar un ligero gemido mientras se sentaba en la mesa. Suponiendo que sus piernas probablemente estaban adoloridas, Edward se las masajeó mientras la ayudaba a desenvolverlas de alrededor de su cintura. Sonriendo, ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello, besando sus labios en un lento y completamente lánguido ritmo.

Nunca tendría suficiente de ella.

Ella suspiró. —Bueno, es oficial.

— ¿Qué cosa?

—Me has arruinado para otros hombres. —Ella se rió, le sonreía con una mirada traviesa en sus ojos—. Ahora vas a tener que quedarte conmigo.

Él se rió y la besó profundamente. —Creo que puedo vivir con eso.

Envolviendo sus brazos a su alrededor, la llevó a su habitación donde se besaron frente a frente, rozando sus cuerpos con todas sus extremidades entrelazadas.

Eran las primeras horas de la mañana cuando sus besos se convirtieron perezosos y sus dedos empezaron a ir más despacio mientras exploraban el cuerpo del otro. Sin embargo, Edward se negaba a cerrar los ojos.

—Te ves cansado —murmuró Bella, sus ojos entornados por el sueño también.

Él sonrió. —Alguien me agotó —bromeó, haciéndole cosquillas en la mejilla con su nariz.

Ella se rió ligeramente. —Puedes dormir, sabes. Quiero que te quedes.

—No quiero dormir —respondió él, tratando de que no se filtrara la desesperación en su voz. Tenía tanto miedo de solo despertar para enterarse que había tomado la decisión equivocada y que tenía que repetir este día de nuevo.

Ella se acercó más a él, con las manos sobre su pecho, acariciándolo con dulzura. —Está bien. —Le besó el pecho y levantó la cabeza para besarle la barbilla—. Voy a estar aquí cuando despiertes. Lo prometo.

La besó de nuevo, envolviendo sus brazos alrededor de ella posesivamente. Cerró los ojos, deseando fervientemente que no necesitara dormir, que este día durara para siempre.

Enredados en su abrazo, el sueño reclamó a Edward casi sin que él se diera cuenta.


Significa Public Demostration of Affection. Demostraciones públicas de cariño.

Es un juego de palabras, ya saben que mesa es table y que tabla periódica es periodical table, por eso le dice sobre la tabla cuando están sobre la mesa.