Advertencias: Primera muerte, ¡yey! Descripción gráfica de la misma, lol (tampoco demasiada, no me apetecía explayarme).


2. Las tres coronas.

El conocido como "El segundo peor incidente en la historia de la humanidad" ni siquiera se vio venir. No era como si el primero hubiera golpeado menos rápido pero Kirigiri Kyoko siempre había sospechado que si las cosas se hubieran hecho de otro modo se habría podido parar antes de que se descontrolase hasta el nivel en el que se encontraban, sin embargo, no estaba segura de cómo lidiar con el surgimiento de aquella nueva amenaza. Se había extendido entre ellos como un virus del que no te percatabas de su existencia hasta que era demasiado tarde. Había estallado con tal virulencia que había dejado en bragas a más de uno de los trágicos sucesos de la historia y lo peor era que se había asentado en el mundo como si aquel siempre hubiese sido su lugar en primera instancia.

—¿Vais a seguir repasando ese vídeo? Lleváis horas aquí encerrados —la preocupada voz de Asahina Aoi la obligó a separar sus cansados ojos violeta de la pantalla. Munakata Kyosuke, que se encontraba a su lado, por el contrario ni siquiera parpadeó.

—Intentamos encontrar respuestas que nos ayuden a resolver este problema, Asahina —le explicó ella pacientemente a la nadadora.

—Con todo el respeto del mundo… no veo como observar una y otra vez el discurso de un loco nos va a ayudar a resolver nada —se quejó la castaña. Kirigiri emitió un lento suspiro. El líder de aquel nuevo desastre se había dado a conocer cuatro días después al incidente mediante un comunicado televisado a todo el mundo. Huelga decir que quizá lo más traumático para ella fue ver que miembros de la Fundación que se suponían muertos aparecieron rodeando a aquel hombre tan vivos que casi había creído que se trataba de alguna clase de engaño por muy irónico que fuera teniendo en cuenta su... milagrosa resurrección.

Su creencia de que era un engaño había durado hasta que aquellos "generales" habían empezado a extender el caos con sus talentos. Por mucho que le costase admitirlo aquello era muy difícil de emular. Tres días después Munakata había irrumpido en la Fundación durante una reunión de los actuales líderes y les había contado todo lo que sabía de aquel hombre. Un antiguo estudiante de la promoción del setenta y cuatro de la Academia Pico de Esperanza. Damocles Kurosawa. El SHSL cirujano.

Tenían la cara del enemigo, un nombre, un pasado.

Un nuevo concepto.

Lo que seguían sin tener era una manera clara de cómo derrotarlo.

Al final a Asahina no le quedó más remedio que claudicar y dejarles seguir con su intento de sacarle al Damocles del vídeo más de lo que había dicho en su comunicado. Aunque Kirigiri empezaba a tener dolores de cabeza. La voz de Damocles era ronca y debido a la paralasis parcial de su rostro aquel sujeto pronunciaba cada palabra como si la deletrease.

—De acuerdo. Ella tenía razón. Esto no va a ningún lado —sentenció la mujer—. Repasemos lo que sabemos —Kirigiri sacó su libreta y miró a Munakata. El hombre torció un poco el gesto pero asintió—. Hace un mes un brote de… Orden estalló afectando a gran parte de la población que aún estaba desesperada y una pequeña parte de la que estaba cuerda dando lugar a un tercer frente a combatir debido a la agresividad que mostraron los… afectados ante todo aquello que se saliera de unas reglas que desconocemos.

Munakata asintió sin nada que añadir.

La luz de la pantalla parpadeaba lentamente alumbrando la penumbra de la habitación. La bombilla estaba fundida y debido a pequeños problemas en el presupuesto estaban ahorrando allí donde podían (la revelación de que antiguos miembros de la Fundación ahora eran reconocidos genocidas no le había sentado especialmente bien a los inversores).

—Cuatro días después nuestro intento de dictador se reveló al mundo poniéndole rostro y nombre a la catástrofe —guardó silencio. Al menos podía reconocerle a aquel tipo que les había ahorrado todo el trabajo que Enoshima les había obligado a hacer en su momento—. Damocles Kurosawa. De tu promoción. Experto cirujano. Muy bien. Hablemos de lo que recuerdas de esa época sobre él.

—Era arrogante y tenía la cara en perfectas condiciones —respondió Munakata secamente. Kirigiri rodó los ojos un poco. Kyosuke no había variado un ápice su respuesta desde la primera vez que le pidió aquello.

—Tenías su teléfono móvil —apuntó ella. Volvió a intentarlo.

—En un cuaderno con todos los teléfonos móviles de la gente de mi promoción —replicó el hombre, lacónico—. Lo viste.

—No vi cómo le llamaste.

—Lo hice y para mi sorpresa sigue usando el mismo móvil. Me respondió. Deja los rodeos, Kirigiri —espetó el espadachín.

—¿Tanta fue la humillación verbal para que no quieras contarme el contenido de la conversación? Podría haber datos importantes en ella que se te hayan escapado entre lo que no quieres contarme —Kirigiri era una mujer paciente pero Kyosuke Munakata estaba agotando su paciencia. Había sido amable las primeras veces pero después de medio mes de evasivas estaba, metafóricamente hablando, hasta el gorro.

—No nos ayudaría. Ya te lo he dicho. No me dio ningún dato nuevo salvo que le ha sacado a nuestros antiguos miembros toda la información que tenían sobre la Fundación y sus Divisiones —Munakata lucía… incomodo.

—¿Te considera una amenaza? ¿Alguien potencial para su Orden, quizá? —Kirigiri Kyoko podía ser implacable y dado que Munakata había decidido no contarle la conversación por las buenas había decidido sacársela por las malas. Había descubierto algo muy interesante de él en aquel tiempo. Munakata Kyosuke era el peor mentiroso que había conocido en su vida.

—Ambos, supongo. Intentó… desestabilizarme. Tener a tus enemigos con la guardia baja es algo… útil para las víboras —Kyoko imaginó que no solo hablaba de Damocles.

—¿Notaste algún cambio en su personalidad? —una pregunta fácil. Quizá después una difícil.

—Seguía siendo arrogante pero estaba más… comunicativo que en nuestros días en la Academia. ¿Es esto un interrogatorio? —terminó preguntando.

—Quizá —contestó ella. Lo era, obviamente—. ¿A qué te refieres con más comunicativo?

—Nunca le caí bien. Según él no era nada personal. No le gustaba mi personalidad —resopló.

—Sobre los… resucitados…

—No —interrumpió bruscamente Munakata. Ella frunció el ceño.

—No vamos a evadir el tema eternamente, Munakata —espetó la detective. Su paciencia estaba en el límite. En el límite del límite.

—No pudo hacerlo solo, obviamente. No me dio nombres ni ninguna pista que nos ayude a identificar a sus ayudantes —siseó en respuesta.

—¿Te dijo al menos por qué ellos? —preguntó exasperada. Se rascó la sien con el bolígrafo. Arrancarle las respuestas a Munakata era como intentar sacarse la sangre de debajo de las uñas de los pies.

—Utilidad, cercanía —respondió escueto.

—Le preguntaste por Yukizome —una afirmación, un dardo envenenado. Kirigiri vio como le temblaba el labio inferior ante la mención de aquella mujer. No le gustaba usar ese tipo de tácticas y no lo hacía a menudo pero el grano en el culo que no les dejaba sentarse y avanzar necesitaba ser explotado. Y si la pomada no hacía efecto usaría la fuerza.

—No. Él saco el tema que yo no quería sacar —si las miradas matasen… oh, si las miradas matasen—. Te lo dije. Intentó desestabilizarme mentalmente.

—Ya veo. Entonces, ¿cómo fue? —carraspeó—. "Seguramente tú habrías escogido a Yukizome antes que a Sakakura pero a mí un exboxeador manco me es más útil que una simple ama de casa" ¿Algo así? —no necesitó más confirmación que su cara tornándose pálida para saber que había acertado de lleno—. Así que básicamente se dedicó a hurgar en la herida de tu implicación en la casi muerte de Sakakura.

Una respiración lenta. Aliento contenido.

—Sí —respondió con la voz ahogada.

—Está vivo, Munakata —le recordó ella.

—No gracias a mi —espetó el albino—. Eso no cambia lo que yo le hice creyendo que estaba en la Desesperación y ahora…

—Es una marioneta en manos de algo igual de malo —completo ella por él. No era que Kirigiri no se sintiese mal por el asunto. Ella tenía sus propios quebraderos de cabeza con respecto a los resucitados. En concreto con el que había dado la vida por ella. La culpa le atenazaba la garganta al pensar que había sido tan descuidada como para permitir que profanasen el cuerpo de Kizakura para convertirlo en un genocida.

¿Aunque a cuantos habían matado ellos ya en nombre de la Esperanza?

No es que se diferenciaran mucho de ellos a esas alturas.

—No quiero hablar de esto, Kirigiri —le oyó decir.

—Pero lo necesitas —replicó ella menos cansada de lo que se sentía—. ¿Fuiste a algún terapeuta después del juego? Tu salud mental es importante. La de todos. Ha pasado más de un año desde… —aspiró profundamente. Había sucedido en el aniversario de su segundo juego. El primero de Munakata. Todo les había estallado en la cara el día más doloroso posible.

—No tengo tiempo para preocuparme por mi salud mental cuando la suya ha sido mancillada hasta el punto de creer que lavarle el cerebro a todo el mundo es la mejor de las soluciones —Munakata escupió las palabras como si le quemasen en la lengua.

—Suena un poco como Tengan —confesó Kirigiri.

—Los déspotas están cortados todos por el mismo patrón —siseó irascible.

—¿Te arrepientes de haberle llamado?

—No lo sé. Me dijo a la cara las mismas cosas que yo pensaba en vez de intentar consolarme con palabras vacías. Me echó en cara mis errores y tenía razón en la mayoría de sus acusaciones —contestó cansado.

—Munakata… —negó suavemente con la cabeza. Nada de lo que ella pudiera decir convencería al contrario de que sus acciones no eran las responsables de lo que había pasado. Tengan era más responsable de aquello que nadie. Él le había proporcionado de manera indirecta los cuerpos de aquellos que más le servirían—. ¿Crees que Kurosawa está afectado por la Desesperación? —terminó preguntando.

—No sonaba como ella —respondió Kyosuke—. Pero no soy el más indicado para… juzgar el tema, ¿recuerdas? Tampoco es que sonase demasiado cuerdo, de todas formas.

—Quizá… ¿podría haberse auto inducido su propio estado? —se preguntó en voz alta.

—Sin saber cómo funciona el Orden es complicado deducirlo, Kirigiri —comentó Munakata.

—Tampoco sabemos cómo funciona la Desesperación y conseguimos… una cura provisional —que por desgracia no curaba a todo el mundo.

—¿Crees que podremos conseguir algo así con esto?

—¿Querrías? —preguntó la detective. Él guardó silencio por unos minutos.

—No me pidas que lo mate de nuevo. Antes me arrancaría el otro ojo —confesó en voz baja.

—Nadie podría echártelo en cara esta vez pero… Naegi está decidido a salvarles así que no hay mucho que podamos decir al respecto —una sonrisa muy débil apareció en el rostro de Kyoko.

—¿Oh?

—Sakakura le salvo la vida y Kizakura me la salvo a mí. Naegi se siente en deuda. Siente el deber de saldar esas deudas —explicó.

—¿Y los demás?

—Estamos hablando de Naegi —esa respuesta debería bastar para cualquiera que le conociese. Su teléfono móvil empezó a sonar de improvisto cortando la conversación. Un mensaje de texto—. Togami quiere vernos —informó. Munakata frunció los labios. Eso nunca, nunca era una buena noticia.

No lo fue tampoco esa vez.

La habitación donde Togami les esperaba si estaba iluminada por la luz eléctrica del edificio. Había sillas y mesas esparcidas por su interior, las paredes eran blancas y a través de las ventanas entraba la luz nocturna. La pantalla del ordenador estaba encendida mostrando el escritorio del mismo. El fondo de pantalla era un campo verde con un cielo azul.

—¿Ha habido algún avance en el contacto con los antiguos remanentes? —fue lo primero que Kirigiri preguntó. Necesitaba una buena noticia. Algo de esperanza en la que poder creer.

No la tuvo.

Togami negó con la cabeza.

—No responden en la isla y somos incapaces de localizar el barco. Es como si… se los hubiera tragado el mar —reconoció el rubio. Fukawa estaba a su lado sentada en una silla a la que no paraba de darle vueltas, dando vueltas ella también por lo mismo. Munakata detuvo el movimiento apoyando sus manos en el respaldo.

—¿Entonces? —preguntó el albino.

—Nos han enviado algo que creo debéis ver —contestó con simpleza el millonario—. Mandamos a un equipo a peinar la zona norte en busca del lugar donde podrían ocultarse nuestros nuevos y encantadores amigos cuando nuestros hombres encontraron… esto —apretó un botón del teclado del ordenador que tenía enfrente. Kirigiri ni siquiera parpadeó cuando la imagen de una mujer crucificada boca abajo se grabó en sus retinas. Aunque lo más perturbador de la imagen era el estado del cuerpo de la víctima. La mitad derecha de su rostro estaba totalmente quemada y en su pecho estaba incrustada una corona de plata.

—¿Esa no es…? —dijo la voz de Munakata.

—Monaka Towa —confirmó Byakuya—. Encontramos otros dos cadáveres en las mismas… circunstancias.

—Creía que Fukawa y Komaru dijeron que se había marchado al… espacio —acertó a apuntar Kyoko.

—E-eso hizo —protestó la novelista.

—Irrelevante. Probablemente regresó en cuanto empezó el nuevo desmadre. Son como polillas con la luz ese tipo de personas. ¿Importa? No es por ella por lo que os he traído aquí —explicó el rubio sin humor. Apretó nuevamente el botón y una nueva fotografía hizo acto de presencia.

La misma escena pero desde una perspectiva aérea se mostró ante ellos. Diez círculos rodeaban la cruz en la que se encontraba el cuerpo de Monaka. Togami empezó a pasar una fotografía tras otra centrándose en los círculos los cuales contenían palabras en su interior. Kirigiri reconoció el idioma en el que estaban escritas. Italiano.

—Los círculos de Dante —murmuró la mujer cuando los tradujo en su cabeza.

—Pero eran nueve, no diez —señaló Munakata. Su ceño estaba fruncido. Su único ojo fijo en las fotografías.

—El último circulo contiene la palabra "Orden" en su interior —se apresuró Togami a explicar mientras mostraba la fotografía del mismo. Fukawa se mordió el dedo pulgar.

—¿Se cree Dante? —preguntó la escritora—. Q-qué a-arrogante y pre-presuntuoso.

—Demuestra un carácter narcisista —concedió Togami.

—Eso es bueno —replicó Kirigiri—. Los narcisistas tienden a cometer errores.

—¿Pero qué significa todo esto? —preguntó Munakata señalando la pantalla.

—Probablemente no es más que una declaración de intenciones —teorizó el millonario—. Creo que quiere decirnos que traerá el Orden a cualquier costa. No es más que una teoría. Sin conocerlo personalmente es lo máximo que puedo hacer.

Kirigiri miró su libreta, frotó su nariz y suspiró.

—Sea lo que sea significa que ha empezado a moverse. Tenemos que prepararnos adecuadamente —sus enguantadas manos acariciaron el lomo de su libreta.

—Es complicado, Kirigiri. Seguimos sin saber cómo narices se está extendiendo está mierda. De la nada encontramos que algunos de nuestros agentes habían sido infectados —Togami se quitó las gafas para limpiárselas. No parecía nada feliz.

—Entonces encontrar la manera de detener su expansión es nuestra prioridad número uno —replicó ella. Se cruzó de brazos—. Analizaremos mañana por la mañana todo lo que sabemos del asunto. Preparad mucho café. Algo me dice que lo vamos a necesitar.

Togami apagó el ordenador y no fue hasta que Kirigiri y Munakata se marcharon que Fukawa se giró hacía él.

—¿T-tienes una te-teoría, verdad? —preguntó la novelista.

—Lo único que hago es tener teorías últimamente —aseveró el rubio, se le veía frustrado—. Es… aquellos que están en el Orden actúan como… como maquinas a las que les han introducido el mismo comando. Reacciona a la vez, de la misma forma, con los mismos movimientos y eso… eso tiene que significar algo. Que los únicos que parezcan tener algo más de libre albedrío sean los antiguos miembros de la Fundación también pero…

—¿Cómo se pu-puede co-controlar a tanta gente a la ve-vez? —preguntó Fukawa. Togami suspiró.

—Eso es lo que tenemos que averiguar.


NdA: A todos los escritores que leo últimamente les gusta mucho Dante así que me decidí a hacerle un pequeño homenaje, lol. Tengo muchas ideas con esta mierda y estoy cambiándola cada poco (y eso no es bueno). Veremos a ver como acaba todo esto, HAHAHahahaha...

Nos leemos.