¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?

Historia escrita por:LyricalKris

Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)

Beta:Mentxu Masen (FFAD)

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Edward estaba un poco más que consternado al encontrarse mirando directamente a la Alice crecida. La Alice de dieciséis años solo aparecía cuando había cosas difíciles que tenía que entender y el vocabulario limitado de la pequeña Alice no sería suficiente.

—No —dijo él sin rodeos, su tono era furioso.

— ¿No? —Ella levantó una ceja.

—No lo voy a deshacer, Alice. ¡No me pidas que lo deshaga!

Ella lo miró, con los labios en una línea delgada. —Después de todo lo que pasaste para deshacer la relación la primera vez, ¿cómo pudiste creer que esto era una buena idea? Solo apresurándote con las cosas. Eso no es lo que una chica quiere. Los dos son personas diferentes ahora. ¿Cómo se te ocurrió que esto iba a funcionar?

Se sentía exactamente como si ella estuviera empujando su cabeza en la orilla de un helado río, con todo el dolor en su cuerpo y la ardiente necesidad de respirar en sus pulmones. Abrió la boca, pero no pudo decir nada.

—Por Dios, Edward. Respira. Estaba bromeando. —Alice rompió en una sonrisa y se rió alegremente—. Deberías haber visto la mirada en tu rostro.

—Alice —Edward gruñó, pero el sonido fue débil. De repente sintiéndose mareado, se sentó en el sofá, con la cabeza entre las rodillas—. ¿Puedo quedarme con ella?

—Lo haces sonar como si se tratara de un gato callejero.

—Alice —se quejó él, necesitaba oírle decir esas palabras.

Ella se echó a reír de nuevo. — ¿Nunca te has preguntado por qué tu segunda oportunidad empezó ese día?

Edward se sentó con la espalda recta, la miró con una expresión confusa. — ¿Qué quieres decir? Morí ese día.

—Bueno, sí, pero eso es un tecnicismo. —Ella le sonrió, tirando de sus piernas sobre el sofá donde estaban sentados—. Ese día, tiraste a la basura tu última oportunidad para arreglarlo.

—No lo entiendo.

Ella le sonrió. —Sí, ¿qué más hay de nuevo? —bromeó. Recogiendo el control de la mesa, Alice encendió la TV—. Mira.

Curioso, y un poco desconfiado, miró a la descomunal pantalla que ocupaba casi toda una pared. Estaba intrigado, un momento después, cuando apareció en la pantalla. Él estaba en una playa. Florida, se acordó de repente. Las vacaciones de primavera en Florida durante su primer año, después de la muerte de sus padres. Se había matriculado en la universidad y comenzó a vivir la vida que pensaba que sus padres querían para él, incluyendo las experiencias normales de cualquier chico universitario.

Estaba sentado en la arena, mirando las olas, en su mayoría ajeno a la gente pululando a su alrededor. Recordaba muy bien lo aislado que se sentía, distanciado de todos los demás, como siempre.

Hasta que uno de los visitantes de la playa le golpeó en la cabeza con una pelota de voleibol.

— ¡Oh, Dios mío! Lo siento.

Él miró a los profundos ojos marrones que ahora le eran tan familiares. En su primera vida, sin embargo, no tenía idea de quién era ella, ella se había cambiado con tanta rapidez, que no llegó a conocerla en la escuela secundaria. —No hay problema —dijo, sin alterarse, devolviéndole la pelota.

—Les dije que no me dejaran jugar. —Suspiró ella.

—Oh, cariño. —Una mujer mayor venía corriendo a su lado. Se veían bastante parecidas por lo que Edward supo inmediatamente que era Renée, la madre de Bella. Ella le sonrió a Edward—. Lo siento. Sigo pensando que tiene que haber algún deporte en el que sea buena —dijo riendo—. Así que... ¿eres soltero?

—Mamá. —Advirtió Bella con los dientes apretados, volviéndose de un rojo brillante. Le dio a Edward una mirada de disculpa—. Lo siento —dijo de nuevo, comenzando a empujar a su madre lejos.

Edward les observó durante un largo rato antes de volverse hacia las olas.

Antes de que Edward pudiera comprender plenamente lo que se le estaba mostrando, la escena cambió.

Estaba sentado en un bar, aunque sabía que la bebida en frente de él estaba llena solo de Pepsi. Clavó la mirada en él, lucía miserable. Había un cartel cerca que anunciaba que estaba en una convención en Phoenix. Debió de ser poco después de que se graduara y obtuviera su primer trabajo, justo antes de empezar su propia compañía.

Una inteligente mujer en un traje de negocios se sentó a su lado, moviendo la mano para conseguir la atención del camarero. —Whiskey por favor, doble.

Impresionado, Edward no pudo evitar mirarla disimuladamente.

Por supuesto que era Bella, pero su yo anterior no lo sabía. Ella le sonrió tímidamente. —Necesito algo para soportar el siguiente panel —explicó.

Él resopló ligeramente. —Sé a lo que te refieres.

—Así que... ¿Qué estás bebiendo? —preguntó ella, mirando su vaso con curiosidad.

—Pepsi —admitió.

— ¿Pepsi? —Ella bufó y negó con la cabeza—. Eso no es lo suficientemente fuerte, mi amigo. Necesitas animarte. Vamos. Incluso te voy a comprar un trago.

La cara de Edward se torció de rabia, aunque la situación fuera irracional. A pesar de estar muchos años sobrio, todavía se molestaba cuando una mujer trataba de colmarlo de alcohol. —No, gracias —gruñó y se levantó rápidamente, alejándose de ella.

La escena cambió de nuevo. Esta vez, Bella estaba sola y él no estaba a la vista. Ella era mayor, incluso más que su encarnación de 24 años, pero por muy poco. Se sentó con las piernas cruzadas sobre una cama de hotel, tenía un portátil abierto sobre su regazo y su BlackBerry descansando sobre su rodilla. Lo cosa sonó y ella apretó un botón, apenas apartó la vista de lo que estaba escribiendo.

—Bella al habla —respondió ella.

— ¿Señorita Swan? Soy Jason Jenks de Cullen Inc. Estoy llamando para reprogramar su reunión con el Sr. Cullen.

Bella miró hacia arriba, el enojo se pintó en sus facciones. —He venido desde Arizona para esta reunión, Sr. Jenks. Si el señor Cullen está buscando expandirse a Phoenix a través de mi empresa, va a tener que venir a esta reunión hoy. Este es el único momento en el que tengo libre.

—Sentimos mucho oír eso, señorita Swan. Tenga por seguro que si no fuera importante, el Sr. Cullen no intentaría reprogramarla. Estoy seguro de que él se pondrá en contacto pronto.

Bella pulsó el botón de desconexión, mirando el teléfono con el ceño fruncido. —Estúpido y arrogante, imbécil —murmuró en voz baja.

No fue una evaluación injusta, Edward reflexionó mientras la pantalla se quedaba en blanco. Se mantuvo en silencio, tratando de entender lo que acababa de ver.

— ¿Lo ves? —dijo Alice, sonriendo con esa sonrisita de suficiencia propia de ella—. Toda tu vida, si solo hubieras abierto los ojos, ella podría haberte salvado. Ella estaba destinada a hacerlo.

Edward frunció los labios, sintiéndose a la vez tonto y muy agradecido. —El destino siguió empujándola hacia mí, pero yo era demasiado terco para verlo.

—Ahora entiendes porqué terminaste aquí.

Asintió con la cabeza. — ¿Ella era feliz en esa vida? —le preguntó en voz baja—. Ella lucía tan diferente. Fría.

—Tan parecida a como tú lo estabas —Alice explicó—. Eso no era lo que ella quería hacer tampoco, negocios. Eso fue simplemente el lugar donde terminó. Era un lugar tan bueno como cualquier otro, o eso es lo que ella creía. —Alice lo miró pensativamente por un momento—. Ella no era infeliz, pero siempre tuvo esa sensación. Como si hubiera algo más ahí fuera.

Fue un gran alivio para Edward. Quería pensar que Bella se había beneficiado con él presente en su vida, tanto o más como él lo había hecho con ella en la suya.

Era impresionante e intimidante, saber con certeza que su relación con Bella estaba escrita en las estrellas.

—Gracias —dijo él bruscamente, sintiendo un nudo de emoción atrapado en la garganta. Era abrumador, en ese momento, todo lo que había ganado. Sus padres estaban vivos. Tenía una relación lo más cercana que cualquier hombre pudiera tener con su hermano.

Tenía a Bella.

—Tú eres el que trabajó para eso —dijo Alice con una risita—. No fue una cosa fácil de hacer, ¿sabes?

Él estalló en una carcajada. —Sí. Confía en mí, lo sé.

—Bueno, esto es todo —dijo en voz baja—. Tienes tu vida de vuelta.

Levantó la vista, sobresaltado. — ¿Qué?

—Eso es todo. —Alice agitó las manos como si estuviera haciendo un truco de magia—. No hay nada más que tengas que cambiar. Cuando te despiertes, tendrás 29 otra vez, y tus días progresará como se supone que deberían hacerlo. Tienes libre albedrío para lanzar el plan del destino por la ventana, si quieres hacerlo.

—Oh, Dios. No soy un idiota. Aprendo rápido. —Frunció el ceño, recordando las veces que el destino había puesto a Bella en su camino—. Bueno... más o menos.

—Más o menos —coincidió Alice con una sonrisa.

La cabeza de Edward estaba llena de preguntas, ¿Qué podría haber cambiado en los cinco años que se iba a saltar? ¿Cómo se suponía que debía reconocer las señales del destino a lo largo del camino? En lugar de preguntar, pensó que ella ya le había dicho lo que le era absolutamente necesario saber, Edward la miró con tristeza. —No es que no me agrades, pero de haber sabido que esta era la última vez, me hubiera gustado hablar con tu pequeña encarnación.

Alice echó la cabeza hacia atrás, riendo. Era un agradable tintineo. Cuando se calmó, sus labios formaron una pequeña sonrisa, sus ojos estaban llenos de secretos. —Confía en mí, Edward. Vas a verla de nuevo.

Antes de que pudiera preguntar, ella puso su mano sobre su rostro y lo empujó hacia atrás.

~6:30 AM. 1 de Julio, 2011~

—Ugh.

Edward se despertó sobresaltado al oír un gruñido de insatisfacción muy femenino. Miró a tiempo de ver el rostro de Bella acomodándose en la almohada junto a él, enterrando un gemido largo.

— ¿Estás bien, bebé? —le preguntó automáticamente, aunque parte de él todavía estaba lidiando con el hecho de que se había despertado en una habitación completamente diferente, a la que nunca había tenido antes. Sus pensamientos se sentían pesados y brumosos por el sueño.

No estaba acostumbrado a levantarse a las seis y media de la mañana.

Bella se dio la vuelta un poco, mirándolo con ojos cansados. —Estoy bien. Solo un poco enferma.

Extendió la mano, retirando tiernamente un mechón de cabello de su rostro. —Siento no haberme levantado contigo —dijo en voz baja, acercándose rápidamente para besarle las mejillas y los labios. Con un suspiro de satisfacción, Bella se acurrucó contra él.

—Todavía es temprano. Voy a volver a dormir —murmuró contra su pecho.

Se quedó dormida al instante, y Edward ociosamente se preguntó si tenía que despertarla para que él pudiera ir a trabajar.

Pedazos de recuerdos del pasado volvieron a él. Hoy no había trabajo. Técnicamente hablando, Edward no tenía un trabajo estable. Tomaba trabajos a su antojo, volaba a Los Ángeles un par de veces al año para componer una canción o dos para una película o un programa de televisión o, una vez, para la entrega de un premio.

El dinero era bueno y tenía más tiempo para pasar con su familia.

— ¡Papá! ¡Papá! Papaaaaaaaaaaa!

Sin darse cuenta se había quedado dormido, Edward parpadeó despertándose de repente de nuevo, automática rodó hacia un lado. Se encontró con su nariz enterrada en cabello. Oscuro, castaño cabello. Oyó un suspiro y un cuerpo caliente presionándose contra él.

Su esposa, tardíamente recordó.

Sacudió la cabeza, tratando de superar el estupor del sueño. Cuando finalmente logró enfocar el reloj, vio que ya eran las siete de la mañana.

— ¡Papi! ¡Mami!

Bella bostezó y se acurrucó contra él, su mano encontró la de él y la envolvió alrededor de su cintura. —Tu hijo está despierto.

Su hijo.

—Antes del amanecer, es tu hijo —se encontró a sí mismo murmurando. Su cerebro aún no estaba funcionando bien, demasiado inundado por los recuerdos perdidos a lo largo de los años. Cualquier cosa que dijera se le escapaba de su boca sin haberlo pensado antes.

Bella resopló y se dio la vuelta, dándole besos somnolientos en la barbilla. —En primer lugar, el sol ya está afuera. Segundo, ser adorable y citar al Rey León no significa que no vas a tener que lidiar con tu hijo.

El argumento era discutible pero un segundo más tarde la puerta se abrió de golpe, el sonido de unos pequeños pies corriendo a toda velocidad llenaban el aire. Con un gruñido, una borrosa mata de cabello rubio se subía a su cama. Se arrastró hacia ellos con una gran y brillante sonrisa y con unos ojos demasiado despiertos.

~ 4 años y 10 meses antes ~

Bella estaba mirando a Edward con nerviosismo, retorciéndose las manos repetidamente. —Por favor, di algo.

—Sólo... dame un segundo —Edward murmuró, tratando de procesar sus pensamientos. Bella acababa de dejar caer la bomba que estaba embarazada.

Ella suspiró, mirándolo con lágrimas. —Mierda. Estás enojado, ¿verdad?

Rápidamente llegó a su lado, tirando de ella en sus brazos. —Lo estoy, pero no contigo. Debería haberlo sabido.

Ella bufó y lo apartó. —Está bien, no hagas esto. Tú no eres el único que sabe sobre control de la natalidad. —Su expresión, en su mayoría, era de preocupación, mezclada con un poco de rabia—. Tú no quieres esto para nada, ¿verdad?

Edward lo consideró. Por supuesto, se le había ocurrido la idea de tener hijos. Él sabía por lo que parecía la mayor parte de su vida que ella era para él. Él lo quería todo con ella. Su nerviosismo por la sorpresa que le habían dado, en su mayoría tenían que ver con su anterior mala experiencia. La última vez, esto lo había destruido todo. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido como para dejar que sucediera de nuevo? En nada más ni nada menos que en la primera vez que estuvieron juntos.

La había perdido una vez. Tendría que cuidar que no vuelva a ocurrir.

—No me gustaría que esto pasara con nadie más que contigo. —Dio un paso hacia ella, tomando sus manos entre las suyas—. Me sorprendió, eso es todo. Solo hemos estado juntos un par de meses.

Ella lo estudió cuidadosamente, evaluando su expresión. Entonces una sonrisa empezó a aparecer lentamente en sus labios. —No somos adolescentes. Somos adultos, estamos enamorados en una relación comprometida. Tenemos grandes carreras. —Hizo una pausa, leyendo su expresión—. Podemos hacer esto, ¿verdad?

Era como si Bella fuera la fuerza que lo mantenía en tierra cuando sus emociones y paranoias se salían de control. Cuando ella hablaba, podía ver la sabiduría en sus palabras. Otras emociones comenzaron a reemplazar al pánico.

Felicidad. Completa y absoluta felicidad.

Atrajo a Bella y la apretó fuertemente, sonrió ampliamente, encogiéndose de hombros. —Podemos hacerlo.

Entonces la besó, exultante, tratando de comunicar todo el amor y la felicidad que sentía en ese momento. —Bella —suspiró cuando ambos estaban sin aliento—. Cásate conmigo.

Ella parpadeó riéndose nerviosamente. —No.

— ¿No?

Se rio de nuevo y lo besó. —No.

~ 4 años y 5 meses atrás ~

Mucho había cambiado en los cinco meses desde que Edward y Bella se habían enterado que habían quedado embarazados durante su primera vez juntos. Por un lado, se habían mudado de vuelta a Seattle, decidiendo que querían estar más cerca de sus familias. Compraron una maravillosa casa rodeada por árboles.

Su paternidad inminente había traído un recuerdo que había atormentado a Edward durante muchos años.

El día de su muerte, Jasper había descargado sus preocupaciones sobre su ex-novia María, la cual le había llamado diciendo que tenía un retraso. Después de su funeral, Edward había tratado de encontrar a María solo para que sus repetidas llamadas fueran ignoradas.

— ¿Qué va mal?

Edward suspiró mientras entraba en su habitación. Se recostó en la cama junto a Bella, que estaba sentada sobre ella, tratando de leer uno de sus informes de laboratorio encima de su vientre gigante.

Verla siempre aliviaba su estrés. Rodando sobre su costado, Edward agarró sus informes de laboratorio y los envió volando sobre el borde de la cama. — ¡Edward! —protestó ella, pero su leve irritación se volvió felicidad cuando él puso su cabeza contra su vientre.

—Realmente es nada — Edward finalmente respondió a su pregunta, apoyando una mano en el lugar donde se sentía que su hijo se movía—. Finalmente he encontrado a María.

La respiración de Bella se detuvo. — ¿Y? —Lo apremió después de un momento.

—Ella no estaba embarazada. Ella solo estaba tratando de sacarlo de quicio, ella odiaba lo rápido que él la había superado —dijo Edward con un suspiro.

—Pareces triste. —Ella le pasó los dedos por el cabello.

—Sé que es una tontería, pero esperaba que hubiera una parte de él por ahí. Alguna clase de… no sé... ¿homenaje?

Ella se quedó en silencio por un minuto. Sus dedos acariciando su cabello casi lo habían adormilado, hasta que volvió a hablar. —He intentado hablar contigo acerca de eso.

Edward movió la cabeza para poder mirarla. — ¿Qué?

—Estaba pensando... —Ella puso su mano sobre la de él, encima de su vientre, mirándolo fijamente—. ¿Qué tal si le ponemos el nombre de Jasper?

Edward se sentó, con las cejas arqueadas. — ¿De verdad? Solías decirle a Jasper que su nombre era anticuado.

—Sigue siendo un buen nombre. —Ella se encogió de hombros—. Todavía lo extraño a veces.

—Sí —dijo Edward, sonriendo mientras se acercaba sus labios a la cima de su vientre—. ¿Qué te parece amigo? ¿Eres un Jasper?

Ambos se rieron cuando su hijo armó una tormenta en su interior.

—Eres un Jasper —dijo Edward, capturando los labios de Bella con los suyos.

Como siempre, sus besos se intensificaron, dejando a Edward con una vaga necesidad palpitando en el fondo de su mente. Nunca tendría suficiente de ella. Siempre ansiaba más. —Bella, por favor, cásate conmigo.

Sintió sus labios estirase bajo sus besos. —No.

Él gruñó y se apartó un poco. — ¿Por qué me odias?

Sonriendo, ella se inclinó para besarlo de nuevo. —Yo no te odio, idiota. Te amo. Y me casaré contigo, cuando nadie pueda decir que nos casamos solo por el bebé.

— ¿Por qué te importa lo que piense la gente? —preguntó, besándola de nuevo. Esperaba convencerla a besos.

—Es un principio —dijo, pero su tono era inseguro ahora. Al abrir los ojos, ella lo miró sospechosamente y luego los rodó—. Bueno, ¿qué tal si no quiero usar un vestido de novia que venga de la empresa de tiendas e implementos deportivos?

Él sonrió, sintiendo la victoria inminente. —No me importa lo que uses. ¡Ni siquiera tiene que haber una ceremonia! Podemos ir al juzgado con unos viejos vaqueros.

Lucía dudosa. —Tu madre nos mataría por negarle el placer de organizar una boda.

— ¿Y? —Él soltó un bufido—. La boda de Emmett y Rosalie fue lo suficientemente grande como para contar por tres. Mamá sobrevivirá.

Exasperada, Bella lo empujó juguetonamente. —Eres tan terco.

— ¡Ha! Mira quién habla.

~ 4 años y 2 meses antes ~

Jasper Malcolm Cullen entró en el mundo después de ocho horas de labor, apenas pasando el cumpleaños de Edward, naciendo el 21 de junio, siete minutos después de medianoche. Fue nombrado por el mejor amigo de la infancia de Edward y Bella, y un personaje de la serie de televisión Firefly, que tanto amaban.

Todavía eran frikis, después de todo, y ese Malcolm era mejor que el de Fox.

~ Julio 1, 2011 ~

—Jasper —se quejó Bella, poniendo su brazo alrededor de su hijo—. ¿Qué haces despierto? —La mayoría de los padres se lamentaban que sus niños de cuatro años se despertaban antes de las siete. Al final resultó que Jasper imitó a su homónimo por ser un ave nocturna. Rara vez se levantaba antes de las 7:30. Fue tan frustrante. Las largas noches que pasó meciendo a un bebé que no quería ir a dormir, había reducido a Edward casi a lágrimas muchas veces.

Jasper se arrodilló para poder mirarlos a ambos. — ¡Es el cumpleaños de la abuela! —declaró como si con eso ya debían sacar las conclusiones obvias—. Tenemos que llamarla para que ella sepa que la amo.

Riendo, su cerebro finalmente se puso al día con el tiempo, Edward se acercó, derribando a su hijo y abrazándolo fuertemente mientras su niño reía. —Si llamamos a la abuela en estos momentos, no va a ser feliz —le informó al pequeño—. Vamos a ir a su casa en poco tiempo, y entonces podrás decírselo en persona. ¿De acuerdo?

Jasper pareció considerarlo, dando golpecitos con el dedo meñique contra sus labios. —Está bien. ¿Puedo dormir con ustedes?

—Por supuesto —dijo Bella con una sonrisa, acariciando el cabello rubio miel que había heredado de su abuelo. Jasper tenía los ojos Swan, algo de lo que Edward estaba agradecido por como amaba los ojos de Bella, y su fuerte mentón.

Era un niño precioso, muy bonito, que probablemente sería perseguido en su adolescencia.

Por ahora, Jasper solo se limitaba a sonreír alegremente mientras se acurrucaba entre sus padres. Fiel a su naturaleza, automáticamente se volvió hacia su madre, usándola como almohada mientras le echaba los brazos, caprichosamente, a su alrededor. Se quedó dormido en un instante.

—Gracias a Dios —murmuró Bella, acariciando la espalda del pequeño—. No estaba lista para levantarme todavía.

Edward se inclinó, con cuidado de no empujar al niño dormido. —Duerme —murmuró, besando primero su frente y luego el cabello de Jasper.

Ella sonrió adormilada, agitando sus pestañas casi cerradas.

Durante mucho tiempo, Edward solo se deleitó con la enormidad del regalo que se le había dado. El tesoro que tenía entre sus brazos era más de lo que merecía y más de lo que jamás hubiera imaginado.