¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?
Historia escrita por:LyricalKris
Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)
Beta:Mentxu Masen (FFAD)
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Suaves dedos acariciando su barbilla despertaron a Edward de nuevo. Por un momento, contuvo el aliento, aterrorizado momentáneamente de que se despertaría para descubrir que todo había sido un sueño, toda esa cosa de la segunda oportunidad, y que estaría en una cama de hospital acabando de salir de un coma.
Se preguntó cuánto tiempo le tomaría desaparecer por completo a sus temores. Esperaba que nunca se desvanezcan en su totalidad porque, entonces, daría todo por sentado.
Algo se retorcía en contra de él, pequeñas piernitas estaban peligrosamente cerca de patear las partes sensibles de Edward. Dejó que sus ojos se abrieran, encontrándose a Bella sonriéndole sobre la cabeza de Jasper. El niño se quejaba en su semi-sueño, luchando somnolientamente con todas sus fuerzas.
— ¿Qué hora es? —preguntó con voz grave mientras agarraba su muñeca y sujetaba su mano contra su mejilla.
—Las ocho y media —respondió ella en voz baja—. Tengo que ir al laboratorio por un par de horas antes de ir a Forks.
Él gimió, alzando su brazo sobre su hijo para aferrarse a los dos. —Di que estás enferma. Culpa al niño.
— ¡Hey! —Jasper protestó, no del todo consciente, pero captando esa parte. Abrió los ojos, mirándolos aún adormilado, tenía el ceño fruncido—. Yo no hice nada.
Riéndose, Edward revolvió el cabello de su hijo. —Mamá está tratando de dejarnos para ir a trabajar.
— ¡No! —Jasper gritó, agarrándose a ella con más fuerza—. No te vayas, mami. ¡Hoy no!
Bella rodó los ojos. —No juegas limpio, Cullen.
Entrelazando sus dedos con los de ella, sobre su mejilla, deslizó su mano para poder besarla, deteniéndose un momento en el anillo de oro en su dedo anular. —Mira quién habla. —Le sonrió con adoración—. Señora Cullen.
~ 3 años y 8 meses atrás ~
—Sabes que cuando te apoyas alrededor de la puerta de esa manera, pareces una enredadera —dijo Bella, mirando desde donde estaba sentada en la mecedora del cuarto del bebé, sosteniendo a su hijo de seis meses de edad, mientras lo amamantaba.
Edward solo le sonrió. La verdad del asunto era que había momentos en los que solo la madera sólida del marco de la puerta era lo único que le mantenía erguido. A menudo, en momentos como este, en el que miraba la suave sonrisa de Bella mientras miraba amorosamente a su hijo, acariciándole su fino cabello rubio mientras sus manitos se apoderaban de la tela de su camisa con sus deditos cada vez más diestros, las rodillas de Edward se debilitaban. Nunca entendería cómo había llegado a ser tan extremadamente suertudo.
—Bella —murmuró, caminando hacia ella y arrodillándose delante de la mecedora—. El bebé tiene seis meses. Te ves mejor que nunca. —Le tomó la mano libre, estrechándola entre la suya—. Cásate conmigo, Bella —dijo, su voz profunda y grave, declararse mientras la miraba desde debajo de sus pestañas—. Casi estoy por encima de la mendicidad.
Ella quitó su mano de entre la de él y ahueco su mejilla, estudiándolo atentamente. Ella gimió. —Está bien, pero tengo condiciones.
~ Ahora ~
Justo después de que Jasper naciera, Bella trató de convencer a Edward para tomarse fotos familiares en una completa nave Jedi. Edward se había resistido solo porque sabía que Emmett se burlaría de él sin piedad. Bella rodó los ojos, diciendo que ya no eran unos niños.
No tenía hermanos, entonces ella no entendía.
Por supuesto, desde que quería casarse con Bella más que a nada, la condición de ella colgaba en la pared, en toda su gloria friki: su pequeña familia, todos vestidos como Jedis, el bebé Jasper lucía bastante lindo con las orejas de Yoda.
Emmett le había dado un día intenso, pero valió la pena.
Bella se rió entre dientes, suspiró y rodó sobre su espalda estirándose. —Está bien. Pero tenemos que ir a buscar mi portátil en el laboratorio ahora. Voy a hacer el análisis de tus padres —dijo mientras se sentaba en la cama. Jasper se movió y se subió a su regazo, aferrándose a su cuello malhumorado. Odiaba las mañanas.
—No hay problema, nena —dijo, rodando de la cama y poniéndose de pie—. Vamos, amigo —dijo, llegando a través de la cama para tratar de desenvolver a Jasper de los brazos de su madre.
—Nooooo —se quejó Jasper, aferrándose tercamente.
—Es el cumpleaños de la abuela, ¿recuerdas? ¿No quieres estar guapo para la abuela? —Bella preguntó, frotándole la espalda ligeramente.
Jasper la miró, arrugando la nariz. —Yo siempre estoy guapo.
Bella rodó los ojos, entregándole el niño a su padre. —Este niño es definitivamente tu hijo.
Edward cogió a Jasper en sus brazos, riendo. —Vamos a tener que hablar de tu ego en algún momento, pronto.
— ¡Huevos! (1) —Jasper dijo alegremente. Amaba los waffles para el desayuno.
~ 0 ~
Bella estaba, de nuevo, profundamente dormida cuando se detuvieron frente a su trabajo, Edward llevó a Jasper al interior en busca de su portátil. Dejó al niño en las manos capaces de los colegas científicos de Bella mientras se dirigía a su escritorio.
Por un momento, Edward se permitió mirar alrededor de la pequeña oficina. Era un espacio febrilmente organizado donde los dibujos infantiles de Jasper compartían espacio en la pared con imágenes de organismos complejos y átomos. Edward pasó sus dedos a través de una foto enmarcada de ellos dos. Se echó a reír al recordar ese día. Ella llevaba una camiseta con la Princesa Leia mirando hacia la derecha, diciendo: "Te amo." Él estaba de pie junto a ella con una camiseta de Han Solo mirando hacia la izquierda diciendo: "Lo sé."
La pieza más destacada en la pared era una cita enmarcada que él le había dado cuando ella consiguió el trabajo en las instalaciones del mejor centro de investigación de Seattle.
"Soy un científico y sé lo que constituye una prueba. Pero la razón por la que me llamo a mi mismo por mi nombre de la infancia es para recordarme que un científico debe ser, también, completamente como un niño. Si él ve una cosa, él va a decir que la ha visto, sin importar si era lo que pensaba que iba a ver o no. Mira primero, piensa después, y luego ponlo a prueba. Pero siempre mira primero. De lo contrario sólo verás lo que estabas esperando ver. La mayoría de los científicos olvidan eso".
~ Douglas Adams
En los estantes estaban sus estudios, algunos de los artículos que había escrito y la maestría que había completado seis meses atrás.
Al mirar alrededor, fue golpeado, de nuevo, por el descubrimiento de lo que su vida, la vida de ella, se había convertido. Ella no era una cansada mujer de negocios o una madre adolescente. A pesar de que había sido un infierno para él decidir estar lejos de ella, había sido la decisión correcta. Sus vidas estaban completas, y ambos habían madurado bastante durante el tiempo que estuvieron separados.
Recogiendo la portátil y a su hijo, Edward, finalmente, regresó al coche. Bella estaba despierta, un tanto atontada, pero despierta, y en el teléfono.
— ¿Quién era? —Edward preguntó después de haber colocado a Jasper en su asiento para niños.
—Kate y Garrett. —Bella bostezó, estirándose en su asiento—. Van a visitarnos el próximo mes. Les dije que se podía quedar con nosotros, si eso está bien contigo.
—No los he visto desde su boda. Va a ser divertido.
~ 0 ~
Cuando se bajaron del coche un par de horas más tarde en Forks, Jasper tomó sus manos. —1-2-3 —gritó saltando y esperando que lo sostuvieran. Edward miró a Bella, quien le devolvió una sonrisa indulgente, sacudiendo la cabeza.
La puerta se abrió antes de que pudieran llamar, con lo que Jasper se lanzó hacia su abuela. — ¡Abuelita!
—Jasper —exclamó Esme de vuelta, abrazando al niño contra ella. A pesar de que Emmett y Rosalie habían hecho una adición reciente al clan Cullen, Jasper tenía un lugar especial en el corazón de su abuela, era el primer nieto.
— ¡Feliz cumpleaños, abuelita! —Jasper dijo alegremente, besándola en la mejilla con unos infantiles besos ruidosos.
—Gracias, cariño —dijo Esme, besando su frente antes de inclinarse sobre él para besar a Bella primero y luego las mejillas de Edward—. Llegan temprano.
—Espero que eso esté bien —dijo Edward.
—Por supuesto que sí.
Edward tuvo una extraña sensación de déjà vu cuando entró en la casa. Se tomó un momento para recordar.
Hoy fue el día en que su vida había cambiado, el día en que fue enviado de vuelta. Ese día, uno como éste, había entrado en la casa para una fiesta de cumpleaños totalmente diferente.
Dolió más de lo que pensó... saber que su dulce sobrina, Bree y su sobrino Riley no existiría. Como Alice le había dicho, siempre había cosas positivas en cualquier elección de vida, no importaba si iban en contra del plan del destino. Esperaba que sus brillantes almas estuvieran en algún lugar del universo.
Pero también había aspectos negativos en esta vida, efectos adversos de sus decisiones.
Era bastante cierto que Edward era impresionantemente feliz, más feliz de lo que había imaginado estar en su primera encarnación. Tenía una inteligente, hermosa y apasionada esposa, que era su alma gemela y un hijo saludable que, inexplicablemente, le recordaba demasiado al mejor amigo que había perdido.
A medida que avanzaban más en la casa, Edward miró a su alrededor, recordando el aspecto que tenía cuando Emmett era el propietario. Los gustos de Victoria eran tan estériles. Ahora... todavía se veía como un hogar. Se sentía como si perteneciera allí. Fotos de su familia salpicaban las paredes y descansaban encima de mesitas. Bella y Jasper. Emmett, Rosalie y su pequeño hijo, Henry.
En su primera vida, Emmett había sido el padre de dos hijos con demasiada facilidad, atrapándolo en un matrimonio sin amor. Su amor por Rosalie era profundo, pero los niños no habían venido fácilmente. Fue una lucha larga y triste que a menudo era demasiado desesperada. Rosalie, por mucho que lo intentara, estaba un poco resentida con Bella por poder quedarse embarazada tan fácilmente. Fue un distanciamiento relativamente pequeño, que cada vez se hacía menor, una vez que la pareja tuvo a su hijo, Henry, a través de una madre sustituta.
— ¿Carlisle sigue durmiendo? —Bella preguntó en voz baja.
Esme sonrió forzadamente. —Está despierto, pero está descansando. Él quiere tener toda la energía que sea posible cuando todo el mundo llegue. Puedes ir a verlo, si quieres, cariño.
Edward tragó con fuerza.
Carlisle no había vivido lo suficiente para ver a sus nietos en su primera vida, al morir tan repentinamente como lo hizo. Él no había vivido lo suficiente como para ser diagnosticado con cáncer.
Mirar a su padre pasar por tratamientos agotadores y horribles, fue difícil. Como cualquier hijo, Edward no podía imaginar que su padre pudiera ser frágil y débil. Este era el mismo hombre que asesinó a todos sus demonios cuando era un niño, y que siempre había estado allí para apoyarlo cuando lo necesitaba.
Ahora, a pesar de que había vencido a la enfermedad que amenazaba con robarle a su familia, por más causas naturales en esta ocasión, obviamente estaba agotado. Todavía se cansaba fácilmente y lucía más demacrado de lo que Edward nunca podría haber imaginado.
Agarró la mano de su madre, apretándola con fuerza. Ella suspiró y luego sonrió. —Se pone mejor. Cada día está mejor. —Ella se rió un poco—. Todavía se muerde las uñas por volver al hospital. ¿Te imaginas?
Edward negó con la cabeza, sonriendo con tristeza. —Por supuesto. Bueno, si alguien puede hacerlo, es papá. —Miró a su hijo, preguntándose si Jasper pensaba que era un superhéroe de la forma en que pensaba que lo era Carlisle.
Entraron en la sala, donde Esme finalmente bajó a Jasper. Edward se acercó al piano, magnetizado por su llamado. Había dejado a sus padres que se lo quedaran porque les gustaba escucharlo tocar cuando venía a casa.
Había retos, pero ¿cómo podría lamentarse? Aunque Carlisle hubiera perdido la batalla, había vivido para ver a sus dos hijos graduarse con prometedoras carreras por delante. Ambos se habían casado con mujeres que eran sus iguales y tenían niños fuertes y sanos.
Edward pensó que había trabajado duro por su vida, y no iba a lamentarse por las bolas curvas que el destino le arrojaba a él y al resto de su familia. Había acabado con eso.
— ¿Quieres tocar algo para mí, Edward? —Esme preguntó en voz baja, predeciblemente.
Sonrió, deslizando su brazo alrededor de su madre y la abrazó fuertemente contra él. —Por supuesto.
— ¡Sí, sí! —Jasper saltó arriba y abajo a su lado. Cogió la mano de su padre y lo arrastró hacia el piano, sentándose en el banco junto a él—. Toca mi favorita.
Hace un par de años, habían llamado a Edward para que compusiera el tema musical para una serie infantil sobre una valiente, niña aventurera. Recordando la petición de Alice, de que escribiera algo feliz por ella, Edward había compuesto la pieza con ella en mente. Incluso con dos años de edad, y a pesar de todo lo que había compuesto, esa siempre había sido la cosa favorita de Jasper.
Así que Edward, complaciendo a su madre y a su pequeño hijo, empezó a tocar la canción de Alice. La melodía hablaba del misterio y la magia, pero sobre todo mantenía el optimismo que Alice siempre irradiaba.
Cuando llegó al final de la pieza, se sorprendió al escuchar una vagamente familiar risita. — ¡Eso. Fue. Asombroso!
Edward se dio la vuelta en la banca, automáticamente envolvió su brazo, protectoramente, alrededor de su hijo. El pánico se disparó por su torrente sanguíneo, y sus ojos escanearon a su alrededor en busca de su esposa. No tenía ninguna intención de dejarlo ir. No podía ser solo un sueño. Simplemente no podía.
Pero, qué otra cosa podría explicar el hecho de que la pequeña Alice lo miraba fijamente, rebotando en su lugar y sonriendo vertiginosamente.
—Oh, hola. No oí el timbre de la puerta —dijo Esme, levantándose y dirigiéndose hacia las dos personas que estaban de pie detrás de Alice, las cuales Edward todavía no había visto—. Te acuerdas de Peter y Charlotte, ¿no es así? —Esme le preguntó a su hijo.
Y de repente Edward lo hizo. Le tomó un momento, pero recordó que Peter y Charlotte habían estado en la fiesta de Bree... con su hija. Por supuesto. Su Alice le había dicho que solamente estaba tomando prestado el cuerpo. —Sí, claro, el compañero de cuarto de Emmett en UDUB. —Edward asintió, estrechando primero la mano de Peter y luego la de Charlotte—. Ha pasado mucho tiempo.
—Nos mudamos aquí —explicó Peter—. En realidad, Charlotte fue contratada en el hospital, por lo que vas a vernos mucho si vienes aquí con frecuencia.
—Bueno, felicitaciones —dijo Edward.
—Whoa ... —Edward se distrajo con la suave exclamación de su hijo y el hecho de que normalmente su inquieto y extrovertido pequeño, estaba, de repente, incrustado a su lado. Tenía los ojos cómicamente abiertos mientras miraba a Alice.
Edward casi se echó a reír. Conocía la sensación.
Charlotte se inclinó entonces, poniendo sus manos sobre sus rodillas para poder mirar a Jasper frente a frente. —Bueno, entonces él tiene que ser tu hijo. ¿No eres todo un muñeco?
Los ojos de Jasper se estrecharon, mirando entre Alice y Charlotte. —No soy un muñeco. Soy un hombre —dijo en el gruñido más serio del que cualquier niño de cuatro años era capaz.
—Jasper —reprochó Edward en advertencia—. Se cortés.
—Oh, confía en mí, no somos ajenos a los niños precoces —dijo Peter, sacudiendo la cabeza con una sonrisa de adoración—. Hablando de eso, esta es nuestra hija, Alice.
Curioso, Edward le tendió la mano. Alice, que había estado concentrada en lo que parecía ser un concurso de miradas con su hijo, sonrió ampliamente y le estrechó la mano con entusiasmo. —Soy Mary Alice Brandon, y tengo cuatro.
Tenía los ojos marrones.
Dos ojos marrones.
Edward le devolvió la sonrisa. —Encantado de conocerte, Alice.
Ella saltó hacia un lado, sonriendo hacia Jasper. — ¡Hola!
—H-hola —dijo Jasper, aferrándose al lado de Edward como si su vida dependiera de ello.
Ajena a eso, Alice se acercó más, agarrando su mano. — ¿Tienes una varita?
— ¿Una qué?
—Una. Varita —Alice aclaró, sacando la suya y agitándolo en su rostro.
— ¿No? —Jasper adivinó—. Tengo un sable de luz... pero está en casa.
Alice suspiró, poniendo una mano en su cadera. —Los sables de luz no son lo mismo que las varitas. No se puede luchar con ellos juntos.
—Está bien —dijo Jasper, sin amago de discutir.
Ella haló su mano y tiró de él desde la banca. —Vamos. Podemos hacer una. Con una rama.
—Está bien —dijo Jasper de nuevo, la expresión de su rostro decía que él la seguiría a donde sea.
—Por cierto —gorjeó Alice mientras se lo llevaba—. Me has hecho esperar por mucho tiempo.
—Lo siento —dijo el niño con sinceridad, como si estuviera sinceramente arrepentido ante la sola idea de causarle dolor—. No fue mi intención.
— ¡Ya lo sé! —dijo alegremente, desapareciendo por la puerta que Bella estaba cruzando.
Los vio alejarse, tenía una mirada perpleja en su cara. Divertida, miró a Edward. — ¿Deberíamos preocuparnos acerca de eso?
Sonriendo, le tendió la mano, atrayéndola hacia sí. —No, en absoluto.
~ 0 ~
Poco a poco, más invitados llenaron la casa.
— ¡Fenómeno! —Emmett saludó cuando vio a Edward. En lugar de estrecharle la mano tendida, el hermano mayor de Edward tiró de él dentro de una llave estranguladora. Por supuesto, había pasado mucho tiempo desde que Edward era un adolescente desgarbado y sin coordinación. Entre las clases de artes marciales y con solo crecer, ya casi era igual a su fornido hermano. De pronto estaban luchando en la hierba como si fueran niños otra vez.
— ¡Edward Cullen! Si ibas a tener manchas de hierba en tu ropa, deberías habérmelo dicho. Metí un cambio de ropa para Jasper, pero no para ti —se quejó Bella, observándolos.
—Si tenemos más niños, más nos vale tener niñas —murmuró Rosalie, parada junto a Bella con su hijo entre sus brazos—. La vida podría ser revoltosa.
Esme se rió. —Bienvenidas a mi mundo. Esa es la definición de un niño, ya sabes. Ruido con suciedad incluido. —Dejó a los chicos pelear por un minuto antes de que los llamara duramente—. ¿Será que podrían pararlo y actuar según su edad? Se están avergonzando a sí mismos. —Ella soltó una risita—. Al menos, están avergonzando a sus esposas.
Obedientemente, Emmett y Edward se ayudaron a ponerse de pie. —Lo siento, mamá —dijeron arrepentidos y al mismo tiempo.
Ella negó con la cabeza. —Ya saben dónde están sus ropas de repuesto.
Una vez que los chicos se habían cambiado, la fiesta comenzó en serio. Emmett y Edward discutían sobre quién iría a la parrilla hasta que Esme les repartió las tareas ella misma.
— ¿Dónde está tu hijo? No lo he visto en horas —Edward escuchó a Rosalie preguntarle a Bella.
Bella bufó. —Es lo mismo que me pregunto. Alguna dulce niñita huyó con él.
Rosalie soltó una risita. —Ha comenzado temprano, ¿verdad?
Edward, que trabaja sobre la parrilla, se quedó inmóvil, un recuerdo lo golpeó repentinamente.
La misteriosa niña que había deambulado hasta él en la fiesta de Bree, sentada en su regazo diciéndole cómo le había estropeado el futuro.
—Y ahora, mi niño no ha nacido.
Edward se rió, el sonido salió estrangulado por el nudo en su garganta. —De ninguna jodida manera.
Oyó un jadeo y bajó la mirada para ver a su hijo de la mano con Alice, los dos mirándolo con los ojos muy abiertos. —Oooooooooo —dijo Alice.
Jasper sólo se rió, poniendo su mano libre en su boca para ahogar sus risitas infantiles.
—Lo siento —murmuró Edward con pesar, más por Alice que por Jasper. Su hijo le había oído maldecir a menudo.
Sonriendo, Alice le hizo una seña. Comprobando primero que nada se le iba a quemar, Edward se puso en cuclillas quedando a su nivel. La niña le dedicó una feliz sonrisa deslumbrante, se inclinó, besando su mejilla. —Gracias —dijo ella con sinceridad.
— ¿Por qué? —Edward preguntó, aunque pensaba que lo sabía.
Ella inclinó la cabeza. —No lo sé —admitió. Entonces ella sonrió de nuevo, tiró de la mano de Jasper y salieron corriendo alejándose de él.
Edward los miró irse, de alguna manera entendía que esta era la última pieza del rompecabezas. —Voy a estar jodido —murmuró, preguntándose si debería molestarle.
Pero, ¿quién mejor que él sabía que el destino trabajaba de manera misteriosa?
~ 0 ~
Finalmente, llegó a la parte favorita de Jasper, los regalos. Edward y Bella se sentaron juntos en el sofá, viendo como Jasper insistía en transportar todos los paquetes de su abuela desde la mesa a sus pies antes de ayudarla a abrirlos.
Si con ayudar significaba desgarrar el papel haciendo un lío espectacular.
— ¡No hay más! —Jasper anunció con tristeza cuando la pila se había ido—. Lo siento.
Esme se rió entre dientes, agitando su cabello. —Eso fue un poco bastante más de lo que necesitaba, así que no te preocupes. —Alargó la mano, tomando la de su marido y sonriéndole con adoración—. Tengo a mi familia y a mis amigos. Es más de lo que se puede pedir.
—En realidad —dijo Bella, aclarándose la garganta con nerviosismo—. Tenemos un regalo más. —Ella miró a Edward, inclinando la cabeza expectante.
— ¿En serio? —Esme preguntó.
Edward sonrió, moviendo la mano para envolver su brazo alrededor de los hombros de Bella. —Me temo que todavía está en proceso. Debería estar listo en aproximadamente 32 semanas.
Un jadeo de sorpresa salió de la multitud reunida. Las manos de Esme volaron a su rostro, se puso de pie, caminando hacia Bella. — ¿Estás embarazada?
Bella asintió con la cabeza, sonriendo y parándose.
Esme le abrazó con fuerza. —Oh, mi amor. ¡Qué fantástico regalo!
Edward se encontró a sí mismo en medio de un realmente fuerte abrazo por parte de su padre. —Felicidades, hijo —dijo Carlisle, con una amplia y orgullosa sonrisa.
—Gracias —murmuró Edward.
— ¿Qué significa? —Jasper le preguntó a Alice.
—Significa que vas a tener una hermanita, como yo. —Ella frunció el ceño—. Los bebés huelen mal y lloran, y no hacen nada divertido.
Jasper arrugó la nariz. —Ewwwww.
A medida que los abrazaban y felicitaban, Edward miró a su alrededor, de nuevo se tomó un momento para apreciar su vida. El futuro guardaba promesas ilimitadas. Aunque, sin duda, habría obstáculos, tenía una familia maravillosa a su lado, y la creencia de que había una razón para todo, para lo bueno y lo malo.
Una vez, había desperdiciado su vida, pero ese hombre había cambiado para siempre. Edward solo podía prometer aferrarse a las lecciones que había aprendido, y a vivir cada día con un propósito.
En inglés huevo se dice egg por lo que el pequeño Jasper se confunde y por eso dice huevos.
