¿QUÉ HARÍAS SI DESPERTARAS CON 17 AÑOS OTRA VEZ?
Historia escrita por:LyricalKris
Traducido por:Sasita Llerena (FFAD)
Beta:Mentxu Masen (FFAD)
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Epilogo
— ¿Tienen todo lo que necesitan?
Edward miró alrededor de la mesa con expectación mientras cuatro rostros miniatura asentían, felices buscaban la sorpresa dentro de la cajita feliz de McDonald. Sus ojos hicieron un escaneo final, comprobando que no había nada por ahí que pudiera a matar a su hijo de ocho años, a Alice, a su hermana pequeña, Cynthia, de cuatro años y a su hija de tres años, Kaylee.
—Están bien —dijo Bella contra su oído, deslizando su mano en la suya y tirando suavemente.
—Jasper, estas a cargo, ¿de acuerdo? —Edward dijo, dirigiéndose por el pasillo con su esposa.
Su hijo levantó el pulgar. —Lo tengo, papá —dijo con la boca llena de McNuggets.
Rodando los ojos un poco, Edward dejó que Bella lo arrastrara un lejos, por el pasillo del baño. Ella tiró de él para que entrara, sus manos fueron automáticamente a la parte delantera de su camisa donde agarró la tela en sus puños. Inclinando la cabeza hacia abajo para capturar sus labios, Edward cerró la puerta del baño con el pie y envolvió sus brazos alrededor de su cintura.
—Dios es magnífico que los lleve una eternidad comer McDonalds —susurró Bella, gimiendo en voz baja mientras él besaba su cuello.
—Sí, no sé cómo lo hacen, por cierto —Edward preguntó, levantando la cabeza—. Quiero decir, ¿has visto el tamaño de esas hamburguesas? Podría acabar con ellas en dos bocados y sin embargo, les lleva quince minutos.
— ¡Cullen! —Bella soltó, cortando sus reflexiones. Sus manos volaron al botón de sus pantalones—. Menos charla, más acción.
Él le sonrió, dejando que sus manos bajaran hasta ahuecar su culo, tirando de ella más cerca de él. —Como ordene, mi comandante —dijo contra sus labios antes de que la besara con fuerza, poniéndose, finalmente, ansioso como ella.
Durante un minuto no hubo más ruido que el de ropa siendo quitada y arrojada a un lado. Como cualquier pareja con dos niños pequeños, encontraban tiempo para la intimidad cuando y donde podían. Un polvo rápido en el cuarto de baño, mientras sus hijos devoraban lentamente cada una de las papas fritas de su cajita era uno de sus favoritos.
Cuando sus pantalones estaban alrededor de sus tobillos, Edward la empujó suavemente hacia atrás para que su culo se apoyara sobre el mostrador. Inclinándose sobre ella, apoyó una mano en el mostrador, Edward tomó entre sus dientes el lóbulo de su oreja, dejando que su mano libre bajara para acariciar su sexo.
—Te amo —gimió en su oído mientras sus manos rodeaban su longitud, acariciándolo.
Ella le sonrió. —Lo sé.
Sabiendo que tenían poco tiempo, él la penetró rápidamente con un ritmo frenético. El inconveniente de esta posición era que necesitaban sus manos para hacer palanca, ambos se apoyaban en contra del mostrador. Pero su cuerpo pegado tan fuerte contra el de él y el movimiento de sus labios con su boca hacía que valiera la pena.
—Nunca —dijo jadeando, con su boca contra la de ella, mientras le robaba besos—. Nunca tendré suficiente de ti.
—Edward —ella gimió, arqueando su cuerpo para encontrarse con el de él.
Cuando llegó, ella le besó con fuerza, amortiguando el sonido de sus gritos.
Tan pronto como su cuerpo dejó de frotarse con el de ella oyeron el grito inevitable desde la mesa de la cocina. — ¡Papiiiiiiiiiii!
Apoyando la frente contra la de Bella, Edward se echó a reír. La besó dulcemente. — ¿Lo intentamos más tarde?
Empujando hacia abajo su camisa, Bella besó la comisura de su boca. —Si no lo haces, te montaré mientras duermes.
—Oooh, la forma en la que hablas —gruñó él, empujándola contra el mostrador de nuevo por un beso más profundo.
— ¡Papá!
Edward se separó de su mujer de mala gana. — ¡Estoy yendo, Kaylee!
Bella se rio. —Literalmente.
—Genial. ¿Besas a tus hijos con esa boca? —bromeó.
—Es mejor salir de aquí antes de que todos vengan a buscarnos —le advirtió, esquivando otro de sus besos a favor de recogerlo todo.
A regañadientes, Edward se subió los pantalones. Cerró la puerta del baño justo cuando Kaylee empezaba a caminar, si por caminar se entiende tambalearse, su bonito rostro se encontraba con un profundo ceño.
Edward tomó a su hija de tres años, besando su mejilla mientras lo hacía. Jade Kaylee, se llamaba así por dos de los personajes de ficción favoritos de Edward y Bella, tenía el cabello de su madre y sus ojos verdes.
En este momento, sus ojos verdes estaban descontentos. —Papá, Jaspa nos dejó —se quejó.
Caminando de regreso a la cocina, Edward se dio cuenta de que en la mesa faltaban los dos niños de ocho años. Cynthia seguía sentada, jugando con el juguete mientras tomaba bocado tras bocado de una papa frita.
— ¡Jasper! —Edward llamó.
— ¿Qué? —su hijo contestó desde el cuarto de estudio.
— ¿Les mataría dejar a sus hermanas ver la televisión con ustedes?
Se produjo una pausa. — ¿Y si me mata? ¿Qué pasa con eso?
—Jasper —dijo amenazadoramente.
Hubo un gruñido y Jasper salió del cuarto de estudio. Con un suspiro, levantó los brazos, dejando que Kaylee subiera en ellos. —Uf —se quejó. Le hizo una mueca a su hermana—. Estás pesada.
Ella arrugó la nariz. — ¡Na-uh!
Rodó los ojos. —Vamos, pequeña —dijo, haciéndole señas a Cynthia. Sonriendo, la niña saltó de su asiento y saltó detrás de ellos.
~ 8 años después ~
— ¿Bella?
Edward estaba un poco preocupado de que no pudiera encontrar a su esposa en el caos que era su casa.
— ¡Estoy aquí! —gritó desde la sala de estar.
La encontró sentada en el sofá, ayudando a Kaylee a sujetar lo que parecía una espada, casi de su tamaño, a su espalda. —Um, ¿por qué hay tantas chicas en nuestra casa y por qué estamos armando a nuestra hija?
Ella lo miró. —Kaylee y sus amigas van a hacer dulce o truco.
— ¿Qué se supone que eres, princesa? —Edward preguntó, abrazando con cuidado a su hija para no estropear el trabajo.
— ¡Es de mi juego! —dijo emocionada, saltando un poco.
Él se rió y miró a su mujer sobre la cabeza de su hija. — ¿Cuánto follamos para tener a una gamer?
—Estás orgulloso de las cosas extrañas —dijo con cariño—. Jasper y Alice necesitan un aventón a la fiesta a la que van. —Ella le guiñó un ojo—. Y cuando vuelvas, vamos a tener la casa para nosotros.
—Estoy en eso —dijo Edward, cogiendo las llaves del coche de nuevo. Se inclinó y besó la mejilla de Kaylee, y luego le dio a su madre un beso mucho más profundo.
—Ugh. ¿Podrían no hacer eso? —Kaylee se quejó, sacudiendo la cabeza mientras corría a reunirse con sus amigas en la cocina.
—Voy a tomar una ducha antes de que el timbre empiece a sonar —dijo Bella, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello—. Date prisa para que puedas volver.
La abrazó con fuerza durante un momento, besándola una vez más antes de ir en busca de su hijo y a la mejor amiga de su hijo.
— ¡Jasper! ¡Alice! Si no quieren caminar, les sugiero que… ¡Guau!
Edward se detuvo cuando se encontró cara a cara con Alice.
Sus ojos eran de dos colores, uno negro y uno amarillo.
Tragó saliva.
Sus cejas se fruncieron. —Señor C... se ve como si hubiera visto un fantasma...
—Es sólo que... —Tuvo que reírse de sí mismo.
Incluso después de tantos años, una parte de él aún estaba asustado de que todo se le podría ser arrebatado.
—Son tus ojos —dijo finalmente—. Sólo me impactaron por un minuto.
Ella sonrió. —Lo sé, ¿verdad? Son tan extraños. —Ella se rió y dio una pequeña pirueta—. ¿Y qué piensa?
Se tomó un momento para mirar por encima del resto de su traje, y para el caso, el resto de su maquillaje. Se había maquillado más pálida que de costumbre, con lápiz labial negro y sombra de ojos oscura. Su traje lucía bastante gótico. —Uh ... —Decir lo correcto a chicas adolescentes todavía no era su fuerte.
Alice sacudió la cabeza. — ¡Soy un vampiro! —explicó, enseñándole los dientes, donde, de hecho, estaban unos colmillos.
Edward se rio entre dientes. —Genial.
—Ali siempre se pone un buen disfraz.
Los dos se volvieron para encontrarse con Jasper bajando por las escaleras. Edward se tapó la boca para evitar reírse a carcajadas.
Finalmente, haciendo honor a su segundo nombre, Jasper estaba vestido con el traje completo del Capitán Malcolm Reynolds. La única cosa fuera del lugar eran los lentes que descansaban en su nariz.
De tal palo, tal astilla.
Si Alice pensó que Edward no se dio cuenta cuando se quedó sin respiración y se mordió el labio, ella estaba equivocada por mucho.
Pero la niña se recuperó rápidamente, agarrando el brazo de Jasper y tirando de él por el resto del camino de las escaleras. —Vamos, Capitán pantalones apretados.
Edward elevó una oración breve para que las interminables conversaciones abiertas que había tenido con su hijo significaran que no tenía que preocuparse acerca de convertirse en abuelo por el momento.
Cuando Alice y Jasper fueron dejados de forma segura en su fiesta, Edward condujo a casa.
Encontró a su mujer durmiendo en el sofá y se tomó un momento para admirar la vista antes de que la despertara.
Incluso después de todo este tiempo, todavía le aterrorizaba, la facilidad con la que podía haberla perdido, con la que podía haber perdido todo esto.
Pero allí estaba, todavía hermosa. Sus ojos se posaron en su camisa y se rio. "Mírame, todavía hablando cuando hay ciencia que hacer". Todavía era una friki después de todo. En las buenas y en las malas habían caminado juntos a través de su vida.
Yendo a su lado, se puso de rodillas delante del sofá. Le dio un beso en el estómago y sus manos volaron a la parte delantera de sus pantalones vaqueros.
—Hmmm. —Tarareó, sus manos fueron a su cabello mientras ella se despertaba—. Edward... es Halloween. El timbre va a sonar.
Deslizó la cremallera de los vaqueros. —Apuesto a que puedo conseguir que te vengas antes de que el primer dulce o truco llegue.
—Apuesto a que no puedes —dijo ella, riéndose.
Él le sonrió con malicia. Probablemente ella tenía razón... pero eso no lo iba a detener de intentarlo.
~ 8 años después ~
—No estás sorprendido —acusó Jasper.
Edward le levantó una ceja a su hijo. —Por supuesto que no me sorprendió.
—Todo el mundo se sorprendió. Papá, cuando tu hijo viene y te dice que va a casarse, se supone que es una descarga.
—Bueno, no sé qué decirte —dijo Edward riendo—. Alice me dijo que se iban a casar cuando tenían cuatro años. Sabía que esto se venía desde hace 20 años. Encuentra la sorpresa en eso.
Sorprendido, Jasper se rió con incredulidad. — ¿Le creíste a una niña de cuatro años?
Edward se frotó la parte posterior de su cuello. —Créeme... ella me dio un argumento bastante convincente.
~ Fin ~
Llegamos al final de una mas de nuestra traducciones, les agradecemos mucho su compañía.
También queremos agradecer inmensamente a Sasita la traductora que llevo sola toda la historia y a Mentxu una beta maravillosa que juntas formaron un excelente equipo.
