3. Dentro del vacío... Éxtasis
Los padres de Lucy tal vez hubieran notado el shock en el que estaba su hija si su piel no fuera ya de por sí bastante pálida y sus ojos no estuvieran cubiertos todo el tiempo. Lo único que la delató fue su boca, los labios torcidos en una combinación de sorpresa y horror. Lucy no podía creerlo, simplemente le resultaba imposible. Pero ¿Qué más pruebas quería? La araña, la mordida y ahora esto… Ese libro era una amenaza muy real.
-Cariño, ¿Estás bien? –El señor Loud preguntó confundido -¿Acaso no querías los libros?
-Papá, d-¿dónde encontraste este libro? –Lucy levantó un poco el objeto para que su padre pudiera observarlo.
-Pues junto con los otros libros, ¿Dónde más?
Esto no estaba pasando. Todo tenía que ser una horrible pesadilla, o alguna alucinación producto de la pérdida de sangre. Ay, por favor, ¿Por qué seguirse engañando? Su mente luchaba por no inflamar su cerebro y salir fuera de su cráneo a presión. Era una lucha entre lo que quería creer y lo que debía creer.
-Suspiro… creí haberlo dejado en otro sitio, solo eso. Gracias, papá.
-¿Quieres que te acompañemos o…?
-Preferiría estar sola, si eso no los molesta.
-No te preocupes, hija. Nos vemos en unas horas.
Los Loud salieron de la habitación, Lucy perturbada a más no poder, con un sudor frío recorriendo su espina dorsal.
-¿Crees que Lucy esté bien? –Lynn Loud parecía preocupado por la actitud de su hija. Sabía que era ya bastante asocial, pero había algo… una sensación recorriendo sus neuronas. Algo no iba bien con su hija.
-¿Por qué lo dices amor?
-Nuestra hija está muy rara últimamente, ¿No lo crees? Me refiero a, sé que ella es así, pero no lo sé, la noto un poco más "ida"…
-No pasa nada cariño, está bien. Estoy segura de que sigue conmocionada, después de todo, no fue golpecito, cielo.
-Supongo que tienes razón, pero no sé… Ya veremos cuando vuelva a casa.
Lucy estaba frente a frente con el libro, incapaz de mover un solo dedo. Sus músculos se habían vuelto de piedra y su sangre se sentía hecha polvo, seca y áspera contra sus venas. Respirar era pesado y difícil, y sentía una presión extraña en su pecho. No podía hablar, moverse, o pestañear. Era presa del pánico y la preocupación. Era como si un mazo la golpeara en la cabeza y su cráneo se negara a romperse, duro como acero, pero frágil como el hielo. Todo esto era una mierda total. ¿Por qué le pasaba esto a ella?
-[Tu sabes perfectamente por qué]
Ya no podía más. Decir que estaba asustada hubiera sido una ligereza. Hubiera gritado, pero le faltaba el aire, y un quejido seco fue el único sonido que su garganta pudo emitir. Intentó moverse, pero le resultó imposible, al intentar mover cualquier musculo esté se quedaba rígido, como si una descarga eléctrica fluyera por todo su sistema nervioso.
-[Tranquila. No tienes por qué ir a ningún lado.]
La voz que provenía (?) del libro era profunda y penetrante, transportaba una sensación gélida a sus huesos y le erizaba los cabellos de la nuca. Era como si le hubieran dado voz a un agujero negro. Hablaba despacio, como si su voz estuviera a cámara lenta, con una gravedad capaz de romper muros de concreto. Lucy intentaba levantarse para salir corriendo pero, parecía que, entre más esfuerzo pusiera en su objetivo, más rígidos se volvían sus músculos.
-[Para ya, por favor. Te ves ridícula.]
Ni siquiera podía llorar. Era como si estuviera en un sueño lúcido, incapaz de hacer acción alguna, y la desesperación la envolvía cada vez más.
-[¿Cuánto tiempo vas a seguir con esto?]
Lucy poco a poco se dio cuenta de que no había forma de luchar. Su cuerpo estaba paralizado casi por completo y apenas había logrado moverse un par de centímetros. Se sentía pesado y duro, como si fuera de plomo. Como si estuviera muerta.
-[Muy bien. ¿Ya vas a escucharme?]
-¿Qué quieres? –La niña se sorprendió un poco. No esperaba ser capaz de pronunciar palabra alguna. ¿Acaso el libro le estaba dando permiso para hablar?
-[Tu sabes exactamente lo que quiero, pequeña. Te quiero a ti.]
-¿Por qué?
-[Vamos a ir por partes, niña. Sin ti, no soy nadie, y sin mí… estarías muerta. ¿O acaso crees que encontrarme fue casualidad?]
-¿Que…
-[Tuve que usar las fuerzas que me quedaban para hacer que me notaras, pero valió la pena.]
-¿Hacer que te notara? ¿Qué estás diciendo?
-[No voy a suavizarlo. Aproveché tu debilidad y tu miedo… y te di fuerza. Si no fuera por mí, ahora mismo serías comida para los gusanos. Esperé ese momento por mucho tiempo… de otro modo nunca hubieras accedido…]
-Déjame entender… Usaste mi intento de suicidio para darme ¿"fuerza"? Perdóname, pero no veo cómo pudiste ayudarme.
-[Dime, ¿Qué hubiera pasado si no me hubieras encontrado? Estabas harta y cansada de la gente. Si no te hubiera dado otra perspectiva, no estarías aquí. ¿Es tan difícil de entender?]
Aunque odiara admitirlo, tenía razón. De no ser por él, ella habría acabado con su vida sin dudarlo. Pero aquel libro… aquel ente le había mostrado un camino nuevo, una meta distinta que podía alcanzar… Le había ofrecido una simbiosis a la cual podría llamar hogar.
-[Soy el único que te comprende, Lucy. Soy el único que puede ver a través de ti, de sentir tu ira, tu miedo, tu pena y tu rabia interna. Soy tú único amigo.]
-Y… ¿por qué yo?
-[¿Acaso no es obvio? Todas tus hermanas son despreciables, insulsas, con metas que no superan la banalidad material. Fama, belleza, trofeos… egoísmo, todo eso y más es lo que representan tus hermanas, y lo sabes. Pero tú… tú eres distinta. Tú eres capaz de ver más allá de todo eso. Tu comprensión de la vida y tu entendimiento de la existencia rebasan por mucho tu edad. Eres un ser excepcional… Si te hubieras quitado la vida, no sé qué habría hecho.]
Lucy no pudo evitar sentir un poco de halago al escuchar aquellas palabras. Por lo general nadie hablaba con ella, mucho menos le daban palabras de aprecio… Era la primera vez que escuchaba elogios. Y se sentía bien. Se sintió feliz.
-[La realidad es, que te amo, pequeña. Cada parte de ti, y cada pensamiento. Y se de lo que eres capaz. Junto a mí, podemos lograr cosas grandes, maravillosas. Y puedo darte control, y conocimiento. Podemos ser felices juntos. Pero tienes que dejarme entrar en ti, ser parte de ti.]
Había algo en ese tono de voz, una dulce sensación de calma y tranquilidad implícita entre cada oración, una poderosa sensación de aceptación que la hacía sentir cálida y, poco a poco, Lucy fue dejándose atrapar por esa voz, acurrucada por sus palabras, y se dejó llevar.
-En… ¿verdad dices todo eso en serio?
-[Claro que sí, mi querida Lucy. Lo único que deseo es verte feliz, y satisfecha contigo misma. Darte un completo entendimiento de todo lo que creías conocer. Así nunca necesitarás a nadie más. Solo a mí. Y juntos estaremos por mucho tiempo.]
Las palabras embriagaban la mente de Lucy, haciéndola sentir por las nubes. Por un momento dejó la cama del hospital para estar en algún otro plano existencial, donde solo estaba ella, y esa voz tan profunda, que podría estar recitando una receta de cocina y aun así sonar poética. Pero, saliendo un poco de su fantasía, se atrevió a preguntar;
-¿Y qué es lo que quieres a cambio? Nadie da nada gratis. Mucho menos tú.
-[Me gusta tu forma de pensar. Y esa es precisamente la razón por la cuál te ofrezco mis conocimientos. Me gusta tu mente. Sería un desperdicio no aprovecharla a su máximo potencial. Solo necesitas dejarme entrar. Abre tu mente y déjame habitar en tus pensamientos y recorrer tus sueños. Déjame ser parte de ti. Puedo mostrarte, y luego, tú podrás decidir… ¿De acuerdo?]
La niña, convencida, hizo un gesto de aceptación con la cabeza, y de pronto, sus ojos se pusieron en blanco. Empezó a sentir algo recorriéndola por dentro y por fuera, penetrando y saliendo por todos los poros en su piel. Apretó los puños y sintió un mareo como nunca antes lo había sentido. Y por un momento pudo verlo todo. Ni siquiera ella podía entenderlo bien, pero su mente le decía que estaba viendo eso. Todo. Simplemente todo. Ciencia, historia, cálculo, filosofía, arte, vida, muerte, cielo, infierno… millones de imágenes, sonidos, olores, colores y sabores transitaban por todos sus sentidos, haciéndola sentir un éxtasis mental. Hechizos y conjuros que no había visto antes, frente a ella, mientras volaba entre pasajes y sonidos, viendo esculturas, construcciones y civilizaciones que ni siquiera sabía que existían, estrellas, planetas y cometas, pólvora, incienso, humo, cristal, moléculas, polvo, insectos, razas extintas, bebes, ancianos, odio, ira, felicidad, gozo, desesperación, tristeza, alegría. Podía oler los colores, saborear los sonidos y escuchar los olores, pudo ver la razón de la existencia misma, sin lograr comprenderla, y pudo verse a si misma a través de un ojo de cristal agrietado, cada fragmento reflejando una Lucy distinta, … Era como si su cabeza fuera una olla express a punto de volar en pedazos... Y de pronto todo se volvió oscuro. Sus pupilas volvieron a su lugar, y se encontró de nuevo, recostada en la vieja cama del hospital, con tubos entrando por sus brazos.
-[Todo eso puede ser tuyo, pero necesitas tiempo para asimilarlo. Poco a poco, entenderás, con mi ayuda. Y tendrás todo lo que desees. Solo necesito que me dejes unirme a ti, que me des acceso, que me digas que sí… que me ames.]
Lucy estaba mareada, pero no confundida. Había visto suficiente. Ya había hecho la decisión.
-Soy tuya. Enséñame.
Perdón por tardar tanto, he estado algo ocupado, así que ni siquiera puedo prometer nada sobre nuevas actualizaciones. De cualquier manera, disfruten, y buenas noches, tardes, o lo que sea. Getcha' Pull!
