¡Hola! Aquí les dejo el OS correspondiente al día dos. No tengo mucho que agregar, solo que siendo sincera este escrito se convirtió en uno de mis favoritos. Estoy un tanto desanimada al ver que no hay reviews :c Pero, eso nunca será motivo suficiente como para rendirme o abandonar este proyecto (L) Sin más, espero que disfruten.

Advertencias:

-OoC. (Sin embargo, me gusta, me atrae bastante jugar con las personalidades de los personajes).

-Posibles faltas de ortografía. Me disculpo inmediatamente.

|Los personajes no me pertenecen, son de Hiro Mashima, creador de Fairy Tail. La idea de este OS es de mi completa autoría. Prohibido el plagio de esta historia o subirla sin mi permiso a cualquier otra plataforma.|

Día dos: "Hogar"

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"Entonces amor,

¿Puedo decir que eres mía por el resto de mi vida?

Mi mente finalmente confía en mi corazón.

Solo te pido, no te vayas de mi lado."

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La brisa se desliza sutilmente entre los tonos llamativos de las hojas, incitándoles a que sean parte de esa danza suave, desprendiéndolas, provocando que estas caigan con gracia al compás de una serena sinfonía formada por los latidos sincronizados de dos corazones joviales y de almas agitadas, que siguen el vaivén influenciadas por el revoloteo angustioso de mariposas en las esquinas de entrañas, donde el ritmo de la canción es adornado por las emociones retenidas en el fondo de los hilos dorados, de esas palabras que aun cuesta pronunciar, lágrimas que tratan de no ser liberadas, gritos de euforia que colapsan entre sí hasta extinguirse, como el fuego del inframundo, como esas llamas anaranjadas de un odio intenso e infinito, que termina por desaparecer convirtiéndose solo en cenizas, pequeños vestigios de tristeza que se dejan arrastrar por las olas del mar, por el agua cristalina y transparente, trayendo consigo una nueva era que carece de preocupación o miedos, esos que carcomen la razón hasta adentrarte en la agonía.

El agua finalmente se ha llevado los matices turbulentos, agrietó por completo la barrera de hielo, y sumergió el universo infinito de cierto varón en la calidez de un amor incondicional.

El hombre ya no pelea contra su mente. Da permiso a que su parte más vulnerable salga a la luz y le devuelva siquiera la mitad de lo que ha hecho por él a la mujer de precioso cabello azulado.

El sol brilla con arrogancia en el punto más alto del firmamento, sin embargo, la temperatura del día resulta ser agradable, pues el viento otorga una sensación de alivio a la piel que reconforta y te hace sonreír sin motivo aparente.

Los días transcurrieron con prisa, convirtiéndose en semanas, las cuales avanzaron sin piedad como una montaña rusa sin freno, dando lugar a meses. Tres meses para ser más exactos.

Noventa noches desde la confesión de Gray, y la inesperada respuesta de Juvia.

Y esa misma semana el azabache indirectamente reclamó a la Loxar como su novia, provocando que esta se sonrojara hasta la punta de las orejas. El gremio entero festejó por días completos la oficialización de esa tan esperada relación. Él ha ido cada día, mostrando un poco más de sus sentimientos a la mujer de tez porcelana, lo que realmente brota de su pecho cuando posa sus pupilas en los océanos tranquilos de ella, en esos diamantes por luceros, tan esplendorosos que tiende a sentir que sus propias emociones se funden con esa paleta de colores que por alma posee ella. Percibe las esquinas de su corazón teñirse de rojo, formar fisuras las cuales avanzan lento pero seguro, casi como la marea.

Calor, un amor repleto en pasión y ternura.

Y que es completamente correspondido.

Observa de soslayo a su pareja, ruborizándose al ser consciente de su natural belleza, y esa alegría que se desprende con cada gesto de ella, con sus adorables expresiones, su voz aterciopelada, el ligero temblor de sus orbes y como sus pupilas se dilatan cada vez que se encuentran con los grises posos masculinos.

Se ha vuelto tan adicto a ella que a veces piensa que ha perdido la cabeza.

Y no le molesta.

Después de comer en Fairy Tail, Gray le propuso a Juvia en privado su idea de que ya era momento de vivir juntos. La mujer chillo de felicidad y se lanzó a los brazos de su amado, robándole un beso cargado en amor que él correspondió gustoso, apegando la anatomía femenina a la suya. En Fairy Hills no podía ser, y él sentía que su apartamento no era un lugar adecuado para ella.

Por primera vez en su vida, desea entregarle todo de sí a alguien más. Y su vivienda, supuestamente y bajo su jurisdicción, no es suficiente para alguien tan maravilloso como Juvia.

Y ahí están, después de un viaje en tren, caminando hacia una cabaña que para ambos o más para ella, es donde toda esta perfecta historia comenzó.

Porque para él, fue mucho antes.

La Loxar sugirió visitar la casa de madera, solo para cerciorarse de que sigue estando igual a como la dejaron, y que quizás, sería un buen lugar para empezar a convivir.

Pero ya no como compañeros, sino como una pareja de verdad.

Los rayos amarillos se refractan en las hebras oscuras varoniles, además de seguir el camino por la dorada piel, logrando que esta resplandezca como un pedazo de oro, destacando sus esferas metálicas y estrechas, misteriosas y que te atrapan tal como una red, anclándote sin un pronto regreso. Juvia siente sus mejillas adquirir un bonito tono carmín y su labio torcerse hasta que sus incisivos muerden el mismo sutilmente, maldiciendo internamente por lo inalcanzable que parece su novio.

Y aun así, a pesar de lo imposible que se ve, es suyo.

Y de nadie más.

Lo ha reclamado tantas veces que ya a nadie se le pasa por la cabeza contradecir ese hecho.

Así como ella es de él. Y el varón lo ha dejado más que claro.

Y la piel enrojecida de Juvia es la prueba de sus palabras.

Ella instintivamente lleva su diestra hacia su cuello, subiendo un poco su abrigo para que cubra mejor aquella zona.

Y esconda los minúsculos rastros de sus noches de pasión y amor.

Gray continúa mirando a la fémina por el rabillo de su ojo, esbozando de manera inconsciente una diminuta curva, dejando a sus orbes inspeccionar con parsimonia cada detalle ajeno, el cómo su tez iluminada por el astro rey centellea, acentuando esa delicadeza propia, pareciendo tan inocente como la nieve, y tan dulce como la crema batida. El tono cielo de sus largos mechones se intensifica, difuminando un cosquilleo a través de la yema de sus dedos de forma automática, esa sensación de querer estirar su brazo y enterrar sus dígitos en esa espesa y suave cabellera, que incita a hundir la nariz y aspirar el aroma a flores de cerezo que embriaga al cerebro de Fullbuster, que destruye su cordura pero trae consigo recuerdos añorables, y premociones de un futuro feliz.

Un mañana con Juvia.

Su delicada figura, sus mágicas sonrisas y tiernos sonrojos, sus carnosos labios que solo avivan más las llamas de su candente amor en el espesor de su alma. Su personalidad. Su cálido corazón, tan grande y puro como todo lo que ella es. La alegría que se disipa en forma de aura cada instante en el que su cantarina risa resuena y golpetea las terminaciones nerviosas de sus huesecillos auditivos. Su voz angelical, sus palabras dulces y carentes de odio.

La paz que puede encontrar al unir ambas esquinas de sus espíritus.

La serenidad que se apropia de su mente cuando entrelaza sus dedos con los finos de ella.

La indiscutible felicidad que se difumina en su interior como si de ponzoña se tratara.

Una droga a la cual se ha vuelto un adicto sin remedio. Y planea seguir así hasta la eternidad.

Y no dice hasta la muerte, porque ni siquiera de ese modo se va a alejar de Juvia. El ente huesudo que carga la enorme y amenazante hoz no es frente para él y para su determinación, sí, esa misma que tiene por dejarse ver como realmente es.

Vulnerable.

Cálido.

Débil.

Sin barreras, sin corazas de frialdad como protección, sin su arrogancia destellando o su orgullo arrasando con todas las cosas buenas de su vida. No va a retrasar más su oportunidad de ser completamente feliz.

Pudo haber aceptado sus sentimientos por la joven maga de agua hace mucho, tan así que cuando recuerda lo imbécil que fue le dan ganas de golpearse.

Cuando a su mente regresan memorias oscuras, esos instantes en los que tanto daño le hizo a la mujer. Por eso, y cuando se confesó, se hizo una promesa a sí mismo.

Juvia nunca más sufrirá por causa suya.

Ni por nadie.

Él se encargará de quitar esas traviesas lágrimas y reemplazarlas por instantes efímeros pero repletos de cariño.

Ella estuvo mucho tiempo para él sin recibir casi nada a cambio.

Ahora, es su turno.

Y le agrada avanzar a su lado, tomados de las manos y sin decir absolutamente nada. Le encanta la sensación de que entre sus silencios se esconden oraciones de fidelidad, palabras amorosas y juramentos eternos, compromisos que se hacen a sí mismos, y que no descansarán hasta llevarlos a cabo.

A veces no es necesario exteriorizar lo que esconden sus rojos órganos vitales, pues esos movimientos y expresiones cómplices es todo lo que necesitan para cerciorarse de que ambos van en una sintonía similar, que están cantando la misma canción y que las palpitaciones de sus cuerpos son armoniosos.

No quieren tener una partitura establecida, no les interesa seguir estereotipos sobre relaciones o leyes de lo que tienen o no que hacer. Ellos mismos forman su propia orquesta, su vals suave y lento, al compás del roce de sus corazones, de la respiración calmada, casi inexistente.

Pero que a veces se torna eufórica, cargada en sensaciones indescriptibles.

Porque así son ellos.

Un océano que se congela por momentos para guardar el instante y que perdure por más pestañeos, y que se descontrola en otros sucesos donde la calidez se desborda y el fuego les consume los pensamientos hasta incinerar sus consciencias.

Donde el paraíso solo está a unos ligeros centímetros.

No podría haber tomado una mejor decisión. Juvia es su mundo ahora. Su infinito y su parte tangible también.

Lo concreto y lo abstracto.

¿Sol? ¿Para qué elegir quemarse bajo el insoportable astro rey si puede optar por empaparse en esa lluvia serena? Esa que borra amargos instantes para traer consigo momentos llenos de matices intensos.

¿Para qué elegir a alguien más si tiene a Juvia a su lado?

¿Para qué escoger ser medio feliz si puede ser completamente dichoso?

-Gray-sama, Juvia piensa que ya estamos cerca.-Murmura la mujer, sonriendo cálidamente hacia su pareja.

-Sí. Creo que estamos a unos cuantos minutos de llegar.-Habla asintiendo, jugueteando levemente con los dedos de la joven maga.

-¿Gray-sama cree que nuestra cabaña siga igual?-Pregunta con cierto deje de preocupación, viendo de reojo al susodicho.

-Espero que sí. Tranquila, si es que tiene algún desperfecto lo arreglaremos.-Aclara esbozando una sincera curva, de esas que solo tiene para la peliazul.

Ella adquiere un lindo tono granada en la zona de sus pómulos, y le devuelve el gesto mientras se acerca un poco más a su novio. Gray suelta la diestra de la fémina para acto seguido rodear los hombros de la misma y acercarla a su costado, caminando ambos casi pegados, sin desear distanciarse siquiera centímetros, con sonrisas suaves y llenas de verdaderos sentimientos.

-Oh, Gray-sama, ¿Podría después acompañar a Juvia al centro de Magnolia? Ella quiere comprar un gorrito que vio en vitrina hace unos días. Si Gray-sama no quiere no importa, puede esperarle en el gremio.-Murmura sin quitar la gentileza de sus facciones, apoyando su cabeza en el costado de Fullbuster.

-Tsk. ¿Por qué no querría ir? Apenas lleguemos iremos, a menos que esté anocheciendo. En ese caso será mañana.-Musita con su ceño algo fruncido, afianzando con cuidado el agarre en el cuerpo de su chica.

-¿Eh?-Logra articular la fémina, sonrojándose levemente por las palabras del varón y su acción, asintiendo. Y él solo puede sonreír con algo de ternura al ver que a pesar del tiempo, su Juvia sigue siendo tan tímida y tierna como el primer día en que empezaron a salir.

Aunque claro, en el transcurso de su relación ha podido descubrir otras facetas de su mujer.

Facetas de las cuales también se enamoró con fervor.

Así como ella ha ido encontrando otras maneras de ser de Fullbuster. No solo es ese hombre frívolo y calculador, sino que debajo de todo ese hielo se esconde un simple mortal, que ansía entregar seguridad y protección, que desea manifestar sus emociones, otorgar calidez y felicidad, cumplir sus sueños y tocar las estrellas, bajar la luna si así su persona favorita lo pide.

Descubrió que ella es esa alma especial.

A la cual siempre le correspondió.

Y que el miedo y el orgullo se oponían a que algo brotara entre ellos.

Juvia con cada segundo que pasa se siente más cautivada por Gray.

Él le permitió adentrarse en un inicio solo a su realidad, y sin darse cuenta, terminó adueñándose de sus sueños, ilusiones, miedos y esperanzas, de su espíritu y de todo lo que puede ser y no.

Ella es capaz de hacer bailar a sus células simplemente con sonreírle u observarle, de que el aire quede trabado en su tráquea con dos simples y hermosas palabras, que el escarlata suba por su piel y sienta un calor infernal abrazarle la espalda como consecuencia de un beso femenino.

Ella fue sutil, empezó como una llovizna sumisa, casi invisible, pero terminó empapando todo su metálico corazón hasta sumergirlo sin piedad entre las gotas saladas y cargadas en ternura. Olas serenas que fisuraron sus esquinas hasta romper la pesadilla.

Como un golpe certero que impacta de lleno con el cristal de la falsedad, una realidad que te choca y te sientes perdido, no comprendes en qué momento pasó, cuando fue que tu barrera echa de dolor y sangre pasó a ser nada más que brisa de verano, agua cristalina que te sucumbe en la embriagante agonía de un amor intenso pero lento.

Él no sabe en qué instante se volvió tan dependiente de Juvia.

No obstante, no cambiaría ese hecho por nada del mundo.

-¡Mire Gray-sama! ¡Nuestra cabaña!-Vocifera la peliazul, saltando de alegría al estar frente a la estructura de madera, con una enorme sonrisa en sus labios, trayendo de regreso al azabache.

Él parpadea algo sorprendido de que la noción del tiempo se quedara enredada entre sus cavilaciones, para acto seguido mover su cabeza hacia los lados.

-Por fuera se ve casi igual a cuando me fui, Gray-sama.-Habla la mujer avanzando hasta la entrada del lugar, entrelazando sus dedos con los masculinos, los cuales corresponden su gesto.

"Cuando me fui."

Sí, ¿Cómo olvidar ese hecho de mierda?

El mago de hielo siente su corazón encogerse ligeramente.

Quiere disipar esos molestos y dolorosos recuerdos.

Mira detalladamente cada rincón, deteniendo sus pupilas en una blanca banca algo desgastada, frunciendo a la vez su ceño.

Quiere preguntar, sin embargo algo en su interior le dice que es mejor no averiguarlo.

No obstante, su curiosidad siempre es mayor.

-Juvia, ¿Ese asiento…-Deja inconclusa su pregunta, con un casi inexistente temblor en sus cuerdas vocales, formando una mueca.

-Gray-sama… J-Juvia estuvo sentada aquí por mucho tiempo, esperando a que u-usted regresara, pero eso ya no importa porque Gray-sama esta con ella ahora y e-eso ya p-paso…-Habla la joven apresuradamente, agitando su mano libre en señal de nerviosismo mientras sus labios dan con una curva torcida.

Esperando a que él regresara.

Eso fue suficiente para que el mundo de Gray se detuviera.

Cierra sus ojos con fuerza, apretando su extremidad siniestra hasta formar un puño, sin interesarle en lo más mínimo el que sus uñas se claven en su piel al punto de percibir aquel espeso líquido carmesí escurrir con parsimonia.

Seis meses, seis malditos meses en donde le abandonó, le dejó a su suerte y ni una explicación le dio por su actuar, sabiendo el como aquel vacío terminaría por destrozar la poca calma que Juvia tenía.

Y no. No es como si a él no le importó ni sufrió. Hasta el día de hoy, duda si su decisión realmente fue la correcta. Porque él también sintió los pedazos de su corazón distanciarse más, una punzada en el centro de su pecho que se expandía como puñal, que se movía y agrandaba más el agujero que por alma se le estaba instalando.

Esa asquerosa sensación que ahora mismo está reviviendo.

Porque sabe que ella se desmoronó, que le hizo tanto daño que la lluvia cayendo a cantaros fue su única compañía. Su fiel recordatorio de que el ciclo se repetiría una y otra vez, y que supuestamente, siempre terminaría así: Sola.

Y eso le enfurece. Que lleguen a su mente imágenes que ni siquiera vivió, pero que sabe reconstruir, interpretar y sentir.

Sabe cómo es el dolor de Juvia.

Porque él sintió que su universo se caía, se fragmentaba, y la paz que había alcanzado al estar a su lado se esfumada sin dejar ni un rastro.

Porque para ese entonces, ya estaba amando a la maga de agua.

Y dejar a quien amas anclado a una estructura, teniendo certeza de lo corrompida que quedará y que todo es por tu culpa, es peor que quemarse en el infierno.

Siente un sabor amargo en su boca, un escozor en su lengua que golpea el inicio de su tráquea, un grito ensordecedor intestado en rabia que forma un nudo que se agranda hasta expandir su garganta, hasta pulverizarla sin la intención de piedad ni mucho más. Palabras que desea manifestar pero que se enredan dando con hilos torpes, oraciones burdas y que no tienen lógica. Sentimientos negruzcos, opacos y que amenazan con destruir la serenidad que ha ido amoldando durante las doce semanas pasadas. Una angustia que consume la calidez en su pecho, que se disemina hasta mezclarse con su sangre y viajar por sus vasos sanguíneos, enredando conexiones y colapsando su cerebro.

Su corazón se comprime, se fisura con la advertencia de fragmentarse y regresar a ser esa coraza de hielo y roca, esa impenetrable fortaleza de plata.

Su columna vertebral vibra, percibe los espasmos atravesar sus pequeñas vértebras de forma centellante, llegando a su medula para hacer un catastrófico cortocircuito. Su mirada queda escondida por su flequillo, al tiempo en que trata de controlar los temblores de sus huesos.

La imagen de Juvia sentada, empapada, con sus pupilas vacías y sus orbes tan claros opacados por la soledad, es una fotografía que le perseguirá hasta siempre, un hecho que ni siquiera presenció.

Pero que su imaginación es suficiente como para presentársela.

Él se prometió nunca más dañarle, llenar su mundo de sonrisas e instantes alegres, corresponder sus gestos y dejar que se apropie de su parte más blanda y cálida, que conozca sus miedos y pánicos y que disipe su odio hasta formar luz.

Sin embargo, aquella cabaña solo trae consigo sentimientos penosos, sufrimiento y agonía.

Sin querer, un gruñido ronco escapa de su boca, llamando rápidamente la atención de la peliazul, preocupándole más.

-¿Gray-sama? ¿Está bien?-Pregunta algo angustiada, apretando suavemente el enlace de ambas manos, deteniéndose justo frente a la puerta del lugar.

Ella ya se había percatado, y se siente culpable, pues si nunca hubiera mencionado lo de la banca, su amado no estaría pasando por aquello.

Gray por su parte inhala profundamente, y exhala del mismo modo. Acto seguido, traga saliva intentando recuperar la compostura, levantando su mirada hacia la mencionada puerta, suspirando cansino.

-Sí. Yo…Te esperaré aquí. Quiero vigilar que no venga nadie peligroso. Tú entra e inspecciona que todo esté bien.-Musita sin atreverse a mirarle, solo con sus pupilas fijas en la manilla dorada.

-¿Sola? Pero Juvia…-Deja su frase a la mitad, entristeciendo su semblante.-Gray-sama no está confiando en Juvia…

Eso le descolocó. Sus párpados se separaron, y giró su cabeza para poder enfocar su vista en el rostro aterciopelado de su pareja. Arruga su frente al descifrar la expresión de su novia, ese palpable terror que reflejan sus mares azulados, tan cristalinos que parecen dos espejos.

Esa sensación de aborrecer completamente el que su relación vuelva a ser un otoño. Ella se niega a aceptar que todo por lo que han luchado se desmorone en un abrir y cerrar de ojos.

Y él se siente un idiota, porque lo único que hace al callar sus problemas es crear falsas realidades en la cabecita de la maga.

Ya no es sólo él.

Ahora son ellos.

Ya no son sus problemas.

Ahora son los problemas de ambos.

Ya no tendrá que buscar soluciones por su cuenta.

Ahora tiene a alguien que le ayudará en encontrar la tranquilidad.

-No es eso, Juvia, es que yo…-Carraspea tratando de encontrar algo más de valor entre los recovecos de su corazón.

-¿Gray-sama ya no quiere vivir con Juvia? Si es así, Juvia lo entiende, ella puede esperar…Juvia ya esperó varios meses, un poco más no la va a matar…-Aclara con una sonrisa inocente, sin entender el peso de su frase.

Él abre desmesuradamente sus ojos, soltando su mano para ubicarse frente a la mujer de precioso cabello, sujetándole con delicadeza por los hombros, provocando que una exclamación de sorpresa dance entre los rosados labios de la fémina.

-¿Gray-sama?-Murmura ladeando su cabeza, parpadeando un poco estupefacta, acercándose a él.

-Tienes razón, Juvia. Te hice esperar por bastante, ya no es justo que sigas haciéndolo. Sí quiero vivir contigo, por eso te lo propuse. Pero…Yo aún no puedo entender cómo diablos haces para seguir queriendo esta cabaña. ¿Cómo eres tan fuerte? ¿Acaso…No te dan ganas de odiarme al regresar a este lugar?-Su boca esboza una sonrisa nostálgica, mientras desvía sus pupilas hacia el suelo bajo sus pies.-Yo aún no puedo perdonarme. No soy capaz de olvidar el cómo te hice sentir, a pesar de que jamás me has reclamado algo, sé que esos seis meses para ti fueron terribles, porque…P-para mí fueron un calvario, y no deseo repetir la experiencia por nada del mundo. Me siento culpable, que no te merezco, que soy un zángano y que debes alejarte de mí. Sólo traeré más tristeza a tu vida, y la soledad que te hice brotar supera con creces la mitad de año que convivimos…-Concluye en un suspiro, apretando leve su agarre al cuerpo femenino, sin atreverse a observarle.

No obstante, dos largas extremidades rodeando su espalda, y un pequeño pero delicado cuerpo aferrándose a su pecho fueron sus detonantes, obligándose a subir su cabeza, impresionándose.

Sin querer demorar más, con su brazo derecho pasando por la pequeña y definida cintura atrajo más a su anatomía el bien formado cuerpo femenino, queriendo cortar todo espacio entre ellos, apoyando a la vez su barbilla en la coronilla de ella, aprovechando esa maravillosa cercanía para aspirar el embriagante olor de flores de su pareja. Él la estruja un poco, y enreda los dedos de su mano libre en la espesa cabellera azulada, sonriendo inconsciente por la adictiva textura de sus hebras. Baja al cabo de ciertos minutos sus dígitos por la espalda de la maga, acariciándola sin un patrón definido, disfrutando simplemente del instante, de tenerla entre sus brazos sin el constante temor en que desaparecerá.

Porque esto es real.

Ella es real.

Ella está viva, no murió ese día en la batalla.

Juvia pasa la punta de su nariz por la piel descubierta de su pareja, juntando sus párpados al llegar hacia su cerebro aquel olor a bosque y tierra mojada, ese aroma tan masculino pero único, que es capaz de otorgarle una sensación de completa paz. Pasa la yema de sus dedos por los músculos de la espalda del varón, formando leves círculos y figuras. Ella no pudo evitar su actuar, menos al saber la razón del rechazo de su novio hacia la cabaña. ¿Odiarlo? ¿Ella? Nunca. Y le entristece de sobremanera que él todavía no sea capaz de perdonarse.

¿Qué no entiende que ella lo hizo apenas le vio sano y salvo?

Tiene la certeza de que la razón por la que le dejó, era de vida o muerte. Y eso basta.

Está sumamente segura de que le protegió indirectamente al irse. Y aunque no fuera cierto, ya no es de su interés.

Porque él regresó a su lado.

Y ahora está aquí, correspondiendo todos y cada uno de sus gestos, escondiendo su orgullo y permitiendo que se exteriorice lo que alberga en su corazón.

Y eso es suficiente para Juvia.

Ella le ama. No sabe lo feliz que le hizo al pedirle vivir juntos, los sueños que volvió realidad con esa pequeña frase, sin contar todos sus deseos que se han ido realizando desde el momento en que él confesó su amor por ella.

Nunca haría algo que pudiera dañarle, ni mucho menos, tenerle rencor.

-Gray-sama…-Habla tranquila, subiendo su vista hasta poder fusionar sus océanos en esos pozos espesos de plata fundida, percibiendo como las esquinas de su corazón se rozan con las ajenas.-Juvia jamás podrá odiarle, independiente de cualquier cosa. Sí, es cierto que Juvia se quiso morir en el minuto en que usted se fue, que creyó que ese era su futuro, estar sola y vacía, tan gris como la lluvia, su única y fiel compañera. Que perdió esperanza y que llegó a cierto punto en donde ya no sabía cuantos días habían pasado, o si todavía estaba respirando. No obstante, Juvia ve más allá de esa realidad…Esta casa guarda muchas memorias, algunas dulces y otras amargas. Pero para Juvia, aquellos instantes oscuros se ven muy pequeños al lado de los recuerdos mágicos que juntos fueron formando cuando vivieron en compañía. La felicidad que esta casa le entrega a Juvia es mucho más grande que la soledad que en puntuales casos, le representa. Gray-sama hace muy feliz a Juvia, nunca debe dudar de eso o poner en tela de juicio todo el amor que Juvia siente por usted.-Finaliza escondiendo su rostro en el espacio formado por el hombro y cuello de Fullbuster, con un notorio y lindo sonrojo coloreando sus pómulos.

Y Gray solo atinó a apretujarle más, a sentir en su piel ese calor delicioso que desprenden los gestos de Juvia, su dulzura y comprensión, su libertad y dependencia, su protección desmedida y su pasión incontrolable y deseada. Su Juvia Loxar. Su pedazo de cielo, de océano y paraíso.

Su sueño y realidad. Todo lo que siempre buscó de forma inconsciente, lo que necesita para estar pleno, la única con la que visualiza una familia, un final después de años, ambos de la mano contemplando el atardecer, dejando que el tiempo haga estragos en su físico pero sus corazones continúen latiendo al son de esta canción de amor que se profesan en silencio, que se dedican entre toques y caricias, entre sonrisas pequeñas y lágrimas silenciosas.

Porque él a veces no entiende que fue lo tan increíble que hizo como para tener a su lado a una mujer como ella. Sin embargo, no perderá tiempo analizando ese hecho, prefiere gastarlo en hacer feliz a la pieza esencial de su rompecabezas.

Juvia es su camino. Su sendero, quien le guiará y no le dejará a la deriva, solo y devastado como todo el mundo siempre hace al encontrar a alguien roto.

Porque la diferencia, es que ambos están quebrados, trizados al punto de desaparecer. Pero si juntas todas esas grietas, formas un único espíritu.

Sólo un hilo rojo.

Una oportunidad de empezar de cero.

-Gray-sama, pero si usted no quiere, pueden buscar otro lu-No obstante, la maga de agua se vio interrumpida por el índice masculino sobre sus carnosos, acentuando con este gesto su rubor.

Y el mago de hielo por su parte, sonríe de esa manera especial, esa que muestra en situaciones puntuales y que involucran a la peliazul, además de un pequeño tono carmín en las mejillas.

-No, Juvia. Mi hogar no es esta cabaña, el departamento, Fairy hills, u otro lugar. Mi Hogar es en donde tú estés. Puede ser bajo un puente o en una maldita mansión. Porque mientras tú estés a mi lado, yo siempre me sentiré como en casa.-Aclara pegando al final de su oración sus labios a la frente femenina, depositando un suave beso.

Y Juvia abre sus ojos en totalidad, estupefacta y conmovida, permitiendo que las lágrimas de alegría dancen libremente por su rostro, empapando su blanquecina tez, intensificando ligeramente su matiz carmesí.

-Juvia te ama Gray-sama.-Espeta con su voz corrompida, tomando entre sus frágiles dedos la cara de su amado.

-T-tú sabes que yo s-siento lo mismo por t-ti…-Musita algo nervioso, sonrojado hasta la punta de las orejas.

-Y eso es lo que hace más feliz a Juvia…Porque para ella, Gray-sama es su dulce hogar.-Y antes de que ella pueda llorar otra vez, Gray silencia sus sollozos con un beso lento, una caricia en donde promete que siempre estarán juntos, para formar recuerdos nuevos e intentar avanzar cada vez más, pero en compañía del otro.

La fémina corresponde a sus labios, besándole con lentitud, tratando de prolongar el instante hasta que el oxígeno sea completamente vital.

Porque él va a protegerla de todo.

Su otra mitad.

Su peliazul preferida.

Porque eso es una casa. Esa zona a la cual siempre que llegues serás bien recibido, donde puedes mostrarte libremente, sin miedo a ser juzgado, sin pánico o temor, donde te sientes en confianza, seguro de que ahí dentro jamás te pasará algo. Un lugar al que amas y sabes que eso será recíproco, donde el aroma a dulzura te asalta el cerebro y te hace sonreír solo al pensar en ello, serás acogido y cuando tengas problemas, sabes que ahí podrás esconderte para poder pensar y tener la solución.

El alma de Juvia Loxar es la casa de Gray Fullbuster.

Y el corazón de Gray es el lugar favorito de Juvia.

"Hogar dulce hogar."

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"Espero que puedas ver a través de mis barreras.

Nunca dejé que alguien se acercara tanto a mí.

Pero es que tú pones tus brazos a mi alrededor, y estoy en casa."

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Fin día dos.

¡Bueno! Espero que les haya gustado (L) Si es así, agradecería de todo corazón el que pudieran dejarme algún review c: Que tengan un maravilloso fin de semana.

¡Nos leemos!

Jaaii.