¡Hola a todos! Uff, perdón la tardanza jeje, sé que dije que era muy probable el que hoy no actualizara, pero ¡Lo logré! :D Aquí está el OS de hoy c: Ni siquiera lo he revisado así que cualquier error, me disculpo de ante mano jeje. Sin más, ¡Disfruten!
Advertencias:
-OoC. (Sin embargo, me gusta, me atrae bastante jugar con las personalidades de los personajes).
-Posibles faltas de ortografía. Me disculpo inmediatamente.
-Contenido sexual explícito pero que no llega a ser un Lemon.
|Los personajes no me pertenecen, son de Hiro Mashima, creador de Fairy Tail. La idea de este OS es de mi completa autoría. Prohibido el plagio de esta historia o subirla sin mi permiso a cualquier otra plataforma.|
Día cuatro: "Ropa compartida."
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Tú estuviste ahí para mí.
Ahora es mi turno de estar para ti.
Tú siempre serás lo único que amo.
No, nunca te dejaré ir.
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|Narrador Omnisciente|
-Mierda.-Espeta entre dientes el mago de hielo, con su cara pegada a la blanca almohada, sus brazos rodeando la cabecera y la sábana cubriéndole la mitad inferior de su cuerpo.
Siente un profundo dolor en su cabeza, como si alguien se la estuviera martillando sin piedad. Su lengua está seca como un desierto, al punto en que mataría por una ínfima gota de agua. No se atreve a levantar el rostro, pues teme que la habitación le dé vueltas, similar a estar en una montaña rusa.
Resaca.
El enemigo de todo mortal.
Tiene pequeñas lagunas mentales de lo que ayer ocurrió. Aun así, su cerebro se las ingenió para compactar los sucesos importantes de la alocada noche en el gremio.
Repasando los acontecimientos, hubo una gran fiesta ya que flamitas y Lucy finalmente oficializaron su relación, por lo que los magos no desaprovecharon el momento e iniciaron una desenfrenada velada, llena de alcohol y baile por doquier, sí, de esas muy típicas en Fairy Tail.
Recuerda que bebió hasta quedar casi inconsciente, peleó con el cabeza de cerillo por cualquier estupidez, le suplicó a Juvia de que nunca le abandonara y le lloró en su pecho, para posteriormente seducirle a que lo hicieran en el baño. Gracias al cielo ella se abstuvo de tomar bebidas fuertes, solo consumió jugo, por lo que fue capaz de calmar al moreno con sutiles palabras. También tiene ligeros trozos de otras imágenes, donde compitió con Natsu por cuál de sus mujeres tenía más "regalo delantero", quedando al final ambos en un empate y el pelirrosa con un buen coscorrón cortesía de la rubia maga. Y para cerrar la noche con broche de oro, se atrevió a decirle a Erza-solo porque se encontraba fuera de sí-, el que debería ser más femenina y no una bruta sin remedio. Después de eso por alguna "extraña" razón todo se puso negro y borroso y no puede rememorar nada más, salvo de un abominable dolor en sus partes nobles y los lloriqueos de su novia peliazul.
Suspira cansino, sudando frío y tragando saliva sonoramente al pensar en la paliza que le espera apenas cruce la puerta del gremio.
Quizás sea una buena idea no ir a Fairy tail por unos, no sé, ¿Tres meses? Aunque el problema será convencer a su mujer de seguirle la corriente.
Gruñe por lo bajo al percibir otra punzada en su nuca, palpitaciones lentas y tortuosas que solo añoran prolongar su agonía. Instintivamente se lleva su diestra hacia esa zona, masajeando el lugar con el propósito de aliviar su tormento.
Y se promete no volver a beber nunca más en su vida.
Sí, claro. Todos hemos dicho eso y a la semana regresamos a lo mismo. Es casi un chiste de mal gusto.
Han transcurrido seis meses desde que empezó su relación con la maga de agua.
Desde que empezó a ser verdaderamente feliz.
Con pereza desmedida, mueve su extremidad superior hacia el lado izquierdo de la cama, queriendo palpar con sus dedos el sedoso cabello de su compañera. No obstante, grande es su sorpresa al pillar un espacio vacío, pero que aún conserva cierta calidez.
-¿Qué diablos?-Masculla molesto, levantando de un sopetón la cara de su almohada, arrepintiéndose al sentir como las pulsaciones en su cráneo aumentan en intensidad, provocando que un pequeño gemido de frustración se escape de su boca.
Botando todo el aire que mantenía en sus pulmones, se alienta mentalmente a tratar de incorporarse, lento y sin esforzarse en demasía. Con esa idea fluctuando entre las circunvoluciones de su cerebro-o lo que queda de él después de todas esas cervezas-, apoya las palmas de sus manos en el colchón, presionando levemente hacia abajo para acto seguido afirmarse de sus rodillas y levantar su torso de la sábana, quedando afirmado por sus cuatro extremidades en la cama, inspirado y expirando de manera corta y frenética, con sus músculos masticatorios ejerciendo fuerza desmedida hasta sentir el ligero rechinido de sus incisivos producto del hachazo que se mantiene constante en su coronilla. Cuidando cada uno de sus movimientos, logra sacar las piernas hasta sentir el piso bajo la planta de sus pies, suspirando aliviado por este hecho. Y, con la ayuda de sus brazos, se da impulso hasta finalmente incorporarse. Sin embargo, rápidamente debe sostenerse de la pared más cercana, pues la pieza gira a su alrededor, mareándole inmediatamente.
Maldice por lo bajo, lanzando varias palabrotas y rosarios eternos, queriendo sacarse los pelos por su inmadurez y descontrol de anoche. Y además, ¿Dónde carajos está su novia?
A punto de gritar el nombre de la fémina que le tiene flotando entre las nubes, se detiene a medio camino al llegar a sus fosas nasales el inconfundible aroma a café recién preparado. Ese que solo su compañera sabe hacer como a él le gusta, sin crema ni azúcar, ni muy caliente o frío, la taza solo a ¾ y con un ligero y casi imperceptible toque a vainilla.
La única mierda capaz de aliviar su resaca.
Sus molestias se esfuman casi por completo, llegando a esbozar una brillante sonrisa con sus pómulos de un perfecto granada, relajando sus músculos y suspirando de alivio.
Observa su cuerpo para comprobar que al menos trae puesto su bóxer, lo cual es suficiente para él. Aun así, sus pupilas inspeccionan el suelo de madera, sin dar con su camisa blanca. No obstante, le resta importancia a esto.
Encandilado por la deliciosa fragancia de los granos sumergidos en agua, comienza a avanzar lentamente hasta salir del cuarto, sintiendo sus entrañas retorcerse y apretarse, formando un nudo en su estómago que presiona con fuerza, exigiendo ese café con más prisa que antes.
Camina por los pasillos siendo su combustible el rugido en su abdomen y su luz aquel olor que le aturde las neuronas y calma su jodido dolor de cabeza. Finalmente, después de terribles segundos avanzando y procurando no caer de bruces al suelo, llega a la cocina. Sus orbes platinados inspeccionan meticulosamente cada rincón del sitio, separando levemente sus párpados al fijarse en la silueta femenina que le da la espalda.
Podría reconocer esas curvas del infierno y ese cabello del cielo en cualquier situación.
Sus labios se mueven hacia la derecha, olvidándose instantáneamente de todos sus malestares e incluso de la golpiza que le espera en el gremio.
Juvia tiene ese efecto en él.
Calmar sus penurias y apaciguar el escozor de las heridas.
Es capaz de hacerle olvidar su desesperación, que solo reine en su interior la tranquilidad, la calma y felicidad. Ella le conoce tan bien, sabe cuáles son sus debilidades.
Y por supuesto, la más grande de todas es ella misma.
Loxar sabe que cuando su pareja bebe de más solamente la cafeína por las mañanas puede esfumar su resaca, que le da una sed del demonio y que siente más calor del habitual, que añora quedarse en casa hasta sentirse mejor y que le dan apetitos voraces que solo puede saciar con carne y croquetas. Que su deseo carnal aumenta y al mismo tiempo se pone más idiota y testarudo. Su paciencia se encoge y la rabia tiende a burbujear entre los recovecos de su corazón.
Lo que la maga no sabe, es que la principal medicina de Gray tiene nombre y apellido.
Juvia Loxar.
Porque mientras ella esté a su lado, puede resistir mil y un resacas más.
Pero si se va, prefiere morir ahogado en alcohol.
El moreno recorre la anatomía ajena con cautela, empezando desde sus descalzos pies, subiendo por esas piernas eternas y suaves que mantienen más de una marca rojiza cortesía de Fullbuster. Continúa su análisis pasando por los llamativos y bien proporcionados muslos femeninos, relamiéndose los labios al subir y fijarse en los glúteos que son cubiertos hasta la mitad por una tela blanca, esos redondos y maravillosos glúteos que él en más de una oportunidad ha palmeado. Asciende sus ojos por las anchas y definidas caderas hasta llegar a esa pequeña cintura de muñeca-que aunque no ve bien ninguna de estas dos zonas por la prenda superior, sabe que están ahí- además de su menuda espalda que es adornada por esos delicados bucles cerúleos, ese cabello sedoso que desprende una fragancia más embriagante que el café o que cualquier otra cosa. Y, termina finalmente en la cabeza de su compañera, donde lleva su típico y lindo gorrito azulado.
Sus mejillas arden y se tornan tan rojas como una manzana, mientras que en su rostro resalta una sonrisa un tanto boba aparte de un cómico hilillo de sangre que corre por su narina siniestra. Todo por el espectáculo que resulta ser la peliazul. Sus ganas de tomarla por el culo, atrincarla en la mesa y empujar en su interior hasta escuchar su nombre en un dulce grito salir de esos labios rojizos y encantadores inundan su cerebro, sintiendo las corrientes dispersarse por sus vasos hasta acumularse en cierta parte de su cuerpo.
No obstante, rápidamente sacude su cabeza hacia los lados y retira el líquido carmesí de su piel con el dorso de su mano, sin poder de todas formas bajar el color de sus pómulos.
Él carraspea para llamar la intención de su mujer, que hasta entonces no se había percatado de la presencia del varón al estar ocupada con el café.
-Hey Juv.-Habla rascando su nuca para parecer más despreocupado, aun cuando las descargas eléctricas no cesan.
-¡Gray-sama!-Exclama la susodicha, girándose para quedar frente a su amante, con esa sonrisa radiante y una taza entre sus dedos.
Él parpadea y se fija en los relucientes océanos femeninos, perdiéndose en la inmensidad de matices y fragancias, en esos mágicos sucesos cargados en sentimientos, en esas emociones tan indescriptibles que Juvia alberga en su alma y transmite sin una gota de egoísmo a través de los tintes celestes y púrpuras, percibiendo sus esferas metálicas fundirse en cada centímetro de agua.
Sin embargo, también aprovecha y guarda aquella curva en el fondo de su corazón, con todos los otros recuerdos amenos que ella le ha provocado.
Su vista se desvía y baja por su níveo cuello, abriendo sorprendido sus ojos al encontrar su camisa sobre el encantador cuerpo femenino. Y, lo siguiente le hace tragar saliva con bastante esfuerzo.
Su ropa, en primer lugar le queda bastante grande a su novia, por lo que se ha privado de abrocharla, manteniendo de ese modo los bordes de la tela cubriendo lo justo y necesario de sus atributos, destacando además el que solo lleva debajo de la camisa sus delgadas braguitas negras de encaje.
Siente calor, tanto que busca con cierta desesperación el botón de sus pantalones, pegándose una bofetada mental al percatarse que se acostó sin ellos.
-¿Gray-sama está bien?-Inquiere la ojiceleste con preocupación, trayendo de regreso al azabache quien ya no puede evitar el cosquilleo en los pulpejos de sus dedos.
-S-sí, s-sólo me duele la c-cabeza…-Tartamudea y muerde a la vez su labio inferior, conteniendo su instinto animal.
-Oh, está bien. Juvia le hizo café, ella sabe que a Gray-sama le gusta mucho tomar cuando ha bebido demasiada cerveza.-Agrega aun con sus hoyuelos prominentes, acercándose a su pareja hasta quedar separados por dos centímetros, tendiéndole la humeante taza.
-A-Ah, G-Gracias Juvia.-Asiente sosteniendo lo que ella le ofrece, tomando el contenido de un sorbo, sorprendiendo a su novia.
-¿Gray-sama quiere otra?-Dice parpadeando, ladeando su cabeza hacia la izquierda, curiosa por la acción del mago.
-Eh, no. Estoy bien así.-Suspira al percibir la cafeína circular por su sistema, apaciguando levemente esas ganas carnales que su mujer ha despertado. Deja la taza sobre el mesón y vuelve a su posición anterior.
-¡Yai! Juvia se alegra Gray-sama…Etto, Gray-sama no le ha dado a Juvia su beso de buenos días.-Menciona con un adorable puchero, jugando con sus dígitos por detrás de su espalda, resaltando de ese modo sin querer su voluptuoso busto, moviendo la camisa hasta estar a punto de descubrir por completo su seno izquierdo.
El Devil Slayer se atraganta con su propia saliva, percibiendo el sudor recorrer su sien y sus palmas, sabiendo de antemano que si cumple su petición, su autocontrol se irá a la misma mierda.
¿Y qué diablos importa?
Están en su casa, solos, y no tienen ninguna misión programada para hoy. ¿Qué tiene de malo si se quedan ahí y hacen el amor hasta quedar ambos satisfechos?
Nada, porque son adultos y saben lo que hacen.
Se aman, y demostrarlo de esa u otras formas no es un error.
Y si lo fuera, realmente correrían el riesgo.
Él cierra sus ojos momentáneamente, queriendo tranquilizar siquiera un poco sus deseos.
Por tanto tiempo calló lo que sentía, silenció sus emociones y no dejó que sus instintos tomaran el mando de su vida.
Ahora está aprendiendo a compartir, a permitir que su corazón también pueda ser partícipe de sus decisiones, en demostrar lo que siente y no guardarse todo para él.
Y entonces, ¿Por qué no podría dejar ver ahora sus ansias lujuriosas?
Porque a veces se le torna un tanto difícil.
Porque el miedo a ser rechazado y humillado tiende a opacarle.
Pero cuando se centra en los arrecifes de Juvia, en sus sentimientos puros y cálidos, en sus múltiples sonrisas y berrinches, sus gestos dulces y otros que le hacen delirar, en su esencia hipnotizante e hilarante, en su amor incondicional e infinito, ese pánico se esfuma.
Y siente a su alma nuevamente danzar a la par de la femenina, seguir con ese vals sereno y repleto de sorpresas, ese futuro que a veces puede parecer insípido y desbastador, pero que sabe que logrará salir de eso, que solo son obstáculos y que su lazo eterno será la guía del camino.
Y aunque ya parezca cliché y repetitivo, mientras Juvia esté al lado de Gray, nada más importará.
Con ese pensamiento en su mente, se acerca a su compañera hasta romper la distancia entre sus cuerpos, enrollando su brazo derecho en esa maravillosa cintura esculpida por los dioses. Ella rodea el cuello masculino con sus extremidades superiores, juntando ambas puntas de nariz al tiempo en que un precioso rubor pinta sus mejillas.
-Lo siento Juvia, lo había olvidado.-Susurra rozando sus labios con los ajenos, sintiendo leves temblores reptar por sus vértebras.-Pero, te advierto que quiero más que un simple beso.
Esas palabras fueron suficientes como para desconcertar a la fémina, quien siente el calor intensificarse en su rostro, además de cierta energía acumularse en su bajo vientre.
Y una sonrisa arrogante surca la cara de la maga, al tiempo en que sus dientes jalan con parsimonia el labio inferior de su pareja, dejándolo ligeramente perplejo.
-Juvia ya sabía, Gray-sama. Ella también quiere mucho más que un pequeño beso.-Musita mordiendo y soltando suave el carnoso contrario, con el deseo centellando entre los claros tintes marinos, aun así, con esa vergüenza bailando entre sus cuerdas vocales, esa timidez tan característica de ella.
Y que Gray ama por sobre todas las cosas.
Fullbuster esboza una curva perversa, sintiéndose fascinado por la faceta provocativa de su mujer, esa que solo muestra cuando se trata de él. Su diestra comienza a descender con lentitud por el costado ajeno, corriendo la camisa hasta dejar descubierto uno de los pechos femeninos, pasando la yema de sus dedos por la piel de su vientre, percibiendo como se intensifica su ambición carnal al identificar un jadeo cargado en placer emitido por la pequeña pero llamativa boca contraria.
-Me alegro que estemos de acuerdo. Porque no pienso dejarte ir hasta que ambos nos sintamos saciados.-Ronronea pasando la punta de su lengua por los bordes de los labios de Juvia, suspirando por el sabor delicioso de sus carnosos, succionando al final de su caricia la zona de la comisura de ella, a la par en que pega la anatomía ajena a la suya, gimoteando ambos al sentir como el seno desnudo de su compañera se aplasta suave contra el musculoso pecho de Gray, quedando en íntimo contacto ambas aureolas.
-G-Gray-sama…-Murmura con su voz teñida en lujuria, su rostro ardiendo y sus pupilas dilatadas por las ansias.
-Espera.-Dice moviendo su otra mano hasta la cabeza peliazul, quitándole el gorro hasta posicionarlo sobre sus propias hebras azabaches.-Para que estemos a la par.-Sonríe tirando el labio superior de Loxar, acariciando lentamente el muslo siniestro.
-J-Juvia quiere be-Pero antes de poder terminar su oración, la boca masculina se tragó las palabras de ella, envolviendo sus labios en un apasionante beso, el cual roza los límites de la locura.
La maga de agua gime entre los belfos del moreno, mordiendo y estirando en cada oportunidad que se le da, siguiendo el ritmo desesperado y candente de Gray, saboreando y chillando de satisfacción por el adictivo sabor de la boca masculina mientras se aferra con todas sus fuerzas a la espalda de su novio, frotándose inconsciente en contra de él.
Fullbuster gruñe de placer al sentir como los senos femeninos se pegan mucho más a sus pectorales, a la vez en que sus manos aprietan y acarician los glúteos de Juvia por encima de su braga, aprovechando el instante en que ella gime para introducir su lengua en la boca de su amante. Ella jadea y enreda su sin hueso con la que se mantiene saboreando cada hueco de su boca, mezclando ambos sabores, percibiendo el fuego roerle los huesos y surcar su sangre hasta hacer temblar a su interior.
Ella enrolla su pierna izquierda en la cadera de su amante, para luego enrollar la otra gracias a la ayuda de él, quedando anclada y con ambas zonas íntimas rozando deliciosamente por encima de la ropa interior, arrancando verdaderos gemidos de placer de las gargantas de los magos.
Una pelea entre ambas lenguas se desata, mientras que la piel se pega y se frota sin medida alguna, dando pie a ese infierno exquisito que les quema las almas y les incinera la cordura, un placer gigantesco que arde en las entrañas y que se difumina con velocidad, aturdiendo neuronas y conectando sentimientos, carnales y cálidos.
Él deshace el beso con prisa, descendiendo su boca por el largo cuello femenino, repartiendo certeras lamidas y chupetones en puntos específicos, gruñendo al escuchar los gimoteos lujuriosos de Juvia resonar por toda la casa. Sin terminar el abrazo, camina rápido hasta llegar al sillón de la sala, sentándose y dejando a su novia encima de él.
La peliazul sin poder resistir, mueve sus caderas por encima del enorme bulto que se esconde en el bóxer de su pareja, jadeando en el oído ajeno, mordisqueándolo mientras su respiración se hace rápida y frenética.
-Mierda Juvia.-Masculla Fullbuster entre roncos rugidos, apresando las caderas de ella entre sus manos, moviéndole con mayor velocidad.
-G-Gray…-Ronronea besando la mejilla del varón, aferrando sus dedos a los hombros de él sin cesar el vaivén de su cuerpo.
-S-Si vamos a acabar así cada vez que compartamos ropa…-Agrega con su voz distorsionada por el placer, sin embargo, un haz de luz resalta entre la espesa oscuridad que ha dominado en sus orbes, esa prueba de que su amor por ella es más grande que cualquier otro sentimiento que danza en su alma.
-J-Juvia piensa que deberían hacerlo m-más seguido…-Menciona con sus ojos entrecerrados, repartiendo pequeños besos en el cuello de su amante.-G-Gray-sama…J-Juvia te ama…
Y él, dentro de toda lujuria pecaminosa sonríe encandilado, extasiado en felicidad, tan satisfecho que no soporta y besa con dulzura los labios de su novia, deteniendo un poco el movimiento de ambas pelvis.
-Y-Yo también te amo…-Susurra algo apenado, para volver a besar a su mujer quien le corresponde con una sincera sonrisa y una ínfima lágrima circundando su rosada mejilla.
Y sin querer, la camisa y el gorrito terminaron juntos en la misma esquina de la sala.
¿Quién diría que todo esto comenzaría por una resaca…
Y finalizaría por unas prendas compartidas?
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Quiero gritar que te amo, pero tengo miedo.
Es como una tonelada de ladrillos que me aplastan.
Pero por ti, lo haré.
Ahora estás en mi corazón, y esto está fuera de control.
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-Bonus.-
-Es increíble que se haya puesto a nevar, ¿No Gray-sama?-Pregunta la mujer con una bella sonrisa, mientras aprieta un poco más el enlace de su mano con la ajena, caminando ambos con tranquilidad por el blanco sendero hacia Fairy Tail.
-Sí. Hace poco empezó el invierno, creí que tardaría más tiempo en nevar.-Comenta sin darle mucha vuelta al asunto, jugueteando de vez en cuando con los delicados dedos de su amada, marcando sus hoyuelos por lo bajo al distinguir las mejillas de ella rosadas por el frío de la tarde.
Siguen avanzando en un silencio que se escapa de lo incomodo, más bien, resulta reconfortante, como si a través de sus pequeños gestos fueran capaces de transmitir todo lo que añoran decir, sin la necesidad de hablar.
Gray cada vez se siente con más confianza como para demostrarle sus sentimientos a Juvia, su frialdad ya no resulta ser un problema, al menos con ella no, porque claro, con el resto sigue siendo el mismo hombre de pocas frases.
Y ella ha ido aprendiendo todos los días algo nuevo de su novio. Un capricho, una nueva faceta, comidas que le gustan y otras que le desagradan, los libros que le interesan, la música que le relaja, lo que le molesta en demasía y lo que funciona para tranquilizarle. Sus deseos para el futuro, lo que no añora que suceda, sus penas pasadas, su historia anterior, su familia que le fue arrebatada, todo.
A ella, por increíble que parezca, le cuesta contar sucesos de su niñez. De a poco ha ido soltando detalles, pero aún falta.
Y no es porque no confíe en su mago de hielo.
Es porque no confía en ella y su fortaleza.
Un ligero suspiro se mezcla con su aliento que se manifiesta por las bajas temperaturas, mientras sacude con discreción su cabeza y vuelve a acariciar los dedos masculinos.
Ninguno de los dos se percata del momento en que la temperatura empezó a descender otros tres grados Celsius.
Fullbuster se dio cuenta del trance algo nostálgico de la peliazul, sin embargo, decide no preguntar.
Él esperará. Juvia esperó meses por él, ahora es su turno.
Continúan su serena caminata, empezando a hablar de algunos temas sin mayor importancia, desatando de vez en cuando la risa en los dos compañeros, además de las sutiles sonrisas y sonrojos.
Ya llevan seis meses y dos semanas juntos como pareja, y prometieron que al llegar el año celebrarían en grande, ya sea viajando hacia alguna ciudad como vacaciones, o con una alocada fiesta en el gremio. Cualquiera de las dos opciones es suficiente para ellos.
Natsu y Lucy cumplieron el día de ayer catorce días juntos. Y, por lo que el moreno pudo averiguar, Gajeel está planeando una declaración amorosa para Levy.
Una diminuta curva se forma en su rostro al pensar en el desastroso acto de su compañero come hierro. Ya se lo imagina, con su guitarra y su grandiosa voz, dejando a todo el mundo sin tímpanos.
No obstante, el ligero temblor del cuerpo femenino le hizo detenerse, observando con atención como los dientes de su pareja castañean por el helado clima.
¿En qué momento empezó a hacer tanto frío?
-¿Juvia?-Musita viendo con algo de preocupación a su mujer, quien le observa con una sonrisa algo doblada por el temblor.
-Ju-Juvia e-e-está bien, Gr-Gray-sa-sama.-Tartamudea producto de la vibración de todos sus músculos, moviendo su mano libre hacia los lados para restarle importancia a la situación.-E-E-Ella debió tr-traer una ch-chaqueta aparte, Ju-Juvia es u-una to-Sin embargo, las palabras quedaron atoradas en su garganta, abriendo grande sus ojos al sentir como su novio pone su chaqueta de cuero sobre los hombros femeninos, desconcertándole.
-Tsk, no digas boberías. Yo siempre te voy a proteger, Juvia. Incluso del frío.-Murmura el azabache para acto seguido atraer a la maga hacia su torso, abrazándole con fuerza y restregando sus manos por la espalda de ella para brindarle más calor.
Y Juvia solo puede asentir, sonrojada y feliz, correspondiendo su gesto mientras hunde su nariz en la piel dorada de su pareja, disfrutando del maravilloso momento, dejando que los pequeños copos de nieve se deslicen por sus hebras cerúleas como el mar.
-Ah, Gray-sama.-Habla separándose escasos centímetros de él, llevando sus manos hacia su cabeza hasta tener entre sus dedos su gorro característico. Posterior a esto, sonríe y lo posiciona sobre los mechones oscuros del varón, quien parpadea y se ruboriza sin compasión, sintiéndose algo apenado.-Así ella y Gray-sama estarán iguales-
Y él solo puede sonreír de esa manera especial, única y sincera.
Esa sonrisa que pertenece solamente a Juvia.
Fullbuster toma las mejillas de su amada entre sus manos, y termina con la distancia entre sus bocas para besarle con parsimonia, transmitiendo toda su calidez en esa sutil caricia, queriendo entibiar aún más a su pareja. Y ella corresponde al instante, dejándole hacer, abrazándole por el cuello sin interesarle a ninguno de los dos el quedar cubiertos por los copos de nieve.
Un beso de invierno con más calor que el propio sol.
Ropas compartidas que simbolizan su apoyo y protección.
Su condescendencia y fidelidad.
Un silencioso:
"Estoy aquí contigo. Hoy y siempre."
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Los finales felices no existen.
Porque las buenas historias…
Nunca terminan.
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Fin día cuatro.
¡Bueno! Aquí el final. Gracias por haber leído, si te gustó agradecería de todo corazón el que pudieras dejarme un review, por favor c: ¡Besitos! Y que tengan un buen lunes ^^
¡Nos leemos!
Jaaii.
