Declaración: Los personajes principales son propiedad de sus respectivos autores (Kyōko Mizuki e Yumiko Igarashi). Otra vez Sol Granchester me reto de nuevo y yo acepté. Escrito para el cumple de nuestro inglés favorito.


Inspirado en la canción "Esperaré" interpretada por el trío italiano "Il Voló", (escrita por Marco Marinangeli, Wayne Hector, Lars Halvor Jensen y Martin Michael Larsson) y en "Luna" de Ana Gabriel.


Luna

By: Gissa A. Graham


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Summary: Primero Terry se sumergió en sus recuerdos con una taza de té, narcisos amarillos y ella en su mente. Luego la luna se vuelve testigo de los días de espera de Candy. Conjuntos de Songfics también inspirado en CCFS.

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El "Hogar de Pony" es un pequeño orfanato escondido en las montañas del norte de Illinois, muy pegado al lago Michigan, cercano a la ciudad de Chicago y casi colindando con Canadá, ahí un par de religiosas dirigen la institución que cuida de una veintena de niños que es todo lo que sus recursos les permiten, tanto monetarios como de personal ya que aparte de ellas, un reciente ganado médico, y una maestra, sólo existe otra joven que en los últimos años les ha brindado apoyo sin esperar nada a cambio sino por el contrario colaborando en la ampliación de las instalaciones del lugar, esto último con ayuda de la familia adoptiva de dicha joven ya que ella misma alguna vez fue una de esos niños que habitaban el lugar en calidad de huérfana a la espera de una familia.

La chica de veintitrés años llegó ahí de nuevo a los diecisiete, de principio pareció algo temporal, pero de unos meses pasó a seis años, claro que habían existido momento eventuales donde había salido buscando su propio rumbo, pero inevitablemente siempre regresaba cual bumerán, incluso las religiosas les hubiese encantado que alguna de sus vacaciones se convirtiera en una partida definitiva, no porque no la quisieran, sino por todo lo contrario, porque la querían mucho es que deseaban un mejor futuro para la joven, el cual incluyera un esposo e hijos. Sin embargo cada vez que volvía esa idea parecía más lejana pues la melancolía instalada en su mirada parecía haber acrecentado un poco más.

Por períodos de tiempo las directoras creyeron que ella saldría rápido de esa constante depresión que parecía rondarla, incluso creyeron que el amor había tocado a su puerta nuevamente cuando viajo con el que era su tutor hacia el sur del continente, pero no, ese tiempo en que viajaron juntos únicamente sirvió para afianzar sus lazos invisibles de hermandad, aquellos lazos que jamás se romperían y los mantendrían juntos por siempre pero no como pareja, ese, el amor entre dos personas que no se ven como familia sino como eso que se suele llamar almas gemelas, no llegaba, ni siquiera con los variados pretendientes que la buscaron, claro que estos al final cansados de esperar ponían distancia, no como ella, que al parecer no se cansaba, esperaba, por que algo sucediera, por ese alguien que llegaría.

Así llevaba ya seis años, aunque la eterna melancolía había crecido el último año y medio, justo después de que leyó aquella noticia en el periódico y que nadie supo exactamente cuál fue, se encerró por horas en su habitación, salió hasta el siguiente día con la cara descompuesta por el cansancio de llorar y no dormir, para luego simplemente continuar con su rutina diaria.

Otra noche más, esa chica con bucles rubios y una cara cubierta por dimitías manchintas caminó hacia la que desde pequeña nombró como "La Colina de Pony", luego subió al viejo padre árbol para sobre una de sus ramas mirar a la luna como era su costumbre desde unos años atrás. Veía a ese milenario satélite como si ella pudiera comunicarle sus pensamientos a la otra persona que añoraba, solía quedarse ahí al menos una hora, imaginando, hablando a la nada, sonriendo, luego bajaba del árbol y su sonrisa menguaba. La intención era recordar a ese que esperaba sin importarle las habladurías, los chismes que se tejían a su alrededor sobre que ya se había convertido en una solterona, todo eso no le interesaban en absoluto ella vivía su día a día soñando con alcanzar aquel futuro que el destino le había negado infinidad de veces, las misma que había corrido tras él, tras Terry sin nunca haber podido alcanzarle. Así que ahí estaba nuevamente, en el viejo "Padre árbol", mirando a la luna, siempre era a la luna a quien le platicaba sus sueños rotos, donde le recriminaba haber tenido que vivir una prueba de vida tan difícil a una edad tan inmadura.

Viendo al infinito cielo, sólo con la luna adornando aquella oscuridad, ese día sin estrellas, todo era negrura, o tal vez sólo era que así lo veía ella. Todas las noches habían perdido su brillantes, las estrellas habían dejado de tintinar para ella.

CANDY'S POV

«El día que me entere de la muerte de Susana, no lo podía creer, como en unas líneas tan breves podían anunciar la muerte de alguien. Esas líneas eran casi insignificantes pérdidas entre tantas otras esquelas que apenas pude asimilar que la halla encontrado, muy probablemente algo en mi interior me llevó hasta esa página para anunciarme esa pérdida. Me sentí mal, por supuesto, la muerte de alguien no es para menos. Pero independiente a eso cuando leí aquello, algo se rompió "Esa noche es como si una parte de mí yo la hubiese perdido". Algo se resquebrajan en mí, sentí que nada había valido la pena, ni cinco años duro ese capricho suyo, está mal hablar así de una muerta, pero ¿de que otra manera llamar al retener a alguien, sino en contra de su voluntad, si encontrar de sus sentimientos?

Cada que los veía en una foto del periódico o revistas, estaban juntos, ella sonreía sin embargo Terry jamás lo hacia. Era como si realmente no estuviese ahí, como si el chico del que me enamore no estuviese más. Con cada imagen que veía suya me realizaba una y otra vez las mismas insanas preguntabas "¿Dónde estás? ¿Por qué? ¿Me dejas así? Sólo con recuerdos que me dolerán." Y que aún duelen.

No obstante desde el primer día siempre lo supe, desde aquella noche de invierno en la que camine sin mirar hacia tras con intención de regresar a mi refugio en Chicago, desde ese instante también sabía que:

"Esperaré, estrellas yo veré

Un día tú volverás y tu sonrisa brillará

Te sentiré, yo te respiraré

Amor, te prometeré que, sin límites, yo te esperaré"

Sin embargo en ese entonces, existió algo que me dolió muchísimo más, después de leer aquella pequeña esquela, lo que provocó más dolor fue ver pasar los días y que tú no aparecías, nada me decía que me buscabas aunque yo le deseara tanto. Los días se volvieron semanas, meses, un horrible año paso sin tener noticias de ti, fue cuando me resigne, en apariencia, porque mi esperanza no disminuye ni un ápice, hasta hoy que otro medio año ha pasado y sigo sin saberte.

Los recuerdos continúan en retroceso, no quiero llegar, pero es inevitable, aquella terrible noche en la que camine bajo la nieve neoyorquina "Qué noche, parece que los minutos no pasen ya saben a eternidad", era el único pensamiento en mi cabeza, porque si pensaba en ti regresaría a buscarte de nuevo, a perseguirte como ya lo había hecho antes, en el puerto de Southampton, en la Colina de Pony, en Chicago en cada hotel, en Chicago tras el tren, nunca te alcance y al final Broadway, ahí ya no corrí, sí, te vi pero no llegue a ti, ahora pregunto "¿Y por qué te encerraste en ti?¿Por qué?" ¿Por qué no me hablaste de lo que sucedió?, ¿no querías perderme tan rápido?, ¿no querías que yo pensara en la solución para apoyar al que creía el más débil de los tres?, ¿por qué? Después de dejarte en el St. Jacob, de que tú no me advertiste nada sobre la situación, de sentir mi corazón apabullado, creo que también de cierta manera quise desquitarme de alguna manera contigo, quería que te sintieras igual, ilusa de mí, claro que sentías lo mismo. Mientras "tú te marchaste así" yo me fui "sin mirar hacia atrás."

Y aún así, aunque duela, aunque crea que ya te he perdido estoy segura que:

"Esperaré" el tiempo que sea necesario para tenerte otra vez frente a mí. "Estrellas yo veré" cuando "Un día tú volverás y tu sonrisa brillará" como en el San Pablo, como en Escocia.

"Te sentiré, yo te respiraré", me llenare de ti y tú de mí.

"Amor, te prometeré y sin límites yo te esperaré."

Heme aquí nuevamente con lágrimas recorriendo mi pecoso rostro, pecas que también me hacen pensarte, recordar cada sobrenombre. Por momentos ya no quiero recordar. "Y no sé, si sola, en la oscuridad" sólo con esta luna que te ve y me ve, podré seguir ocultando mi sentir, no sé cuanto más podré evitar que todos noten lo que me consume desde adentro.

Más lágrimas corren por mis mejillas, no puedo detenerlas, porque algo me dice que esto es mutuo. Porque duele el darme cuenta, justo ahora que ya puede ser muy tarde, que no te di la oportunidad de hablar, que no te pregunte tu sentir, que ni siquiera te ofrecí unas palabras de consuelo, hasta hoy me doy cuenta que te deje solo a enfrentar ese problema, y lo peor es que te volví a dejar cuando te vi en esa vieja carpa ambulante en Rockstone, en ninguna de las dos ocasiones fui lo suficientemente valiente para ayudarte a enfrentar las cosas juntos, con mi tonta actitud de proteger al más débil, de no construir mi felicidad sobre la infelicidad de alguien más, ¿y tú felicidad?, una estúpida promesa de ser felices no sirvió de nada, no para mí al menos.

Terry creo que yo tampoco me buscaría… pero tampoco me seguiste aquella noche, aunque ¿habría cambiado en algo si lo hubiese hecho?, sino cambio en Rockstone meses después… esa noche menos lo hubiese hecho. Aún así, sigo esperando porque estoy segura que en algún momento también "Tú recuerdas momentos intensos de este amor." No sólo intenso, también profundo, inquebrantable amor.

Luna cuando lo veas susurra a su oído que a pesar de todo, a pesar del tiempo yo:

"Esperaré, estrellas yo veré

Un día tú volverás y tu sonrisa brillará

Te sentiré, yo te respiraré

Amor, te prometeré que sin límites yo te esperaré. Por siempre. Esperaré."»

CANDY'S POV END.

Ese noche particularmente se tomó más tiempo del habitual sobre el "Padre árbol", hasta que finalmente las lágrimas se habían secado unas sobre otras en su rostro fue que Candice decidió que era momento de regresar a su realidad. Miro al cielo una última vez donde sólo veía a la luna, cada día que pasaba creía que ella misma se iba apagando de apoco, como el cielo que ya no veía con estrellas.

En esa ocasión no le importo que la evidencia de dolor siguiera presente en su cara, ya sospechaba que no engañaba a nadie aunque todos pretendieran que sí, además ya era muy entrada la noche no creía posible encontrar a persona alguna despierta. Camino los metros que separaban al "Padre árbol" del edificio que era el "Hogar de Pony" abrasada a su chal que la protegía del leve frío del bosque. Su pisadas fueron más suaves al llegar a su destino, procurando no hacer mucho ruido al entran al orfanato para no despertar a los niños que seguramente ya estarían durmiendo.

Al pasar por la estancia, grande fue su sorpresa al encontrar ahí a la hermana María quien sentada sobre un sofá con una humeante taza de té en una mano la estaba esperando. La religiosa sintió un fuerte pinchazo de dolor directo en su corazón al notar que de nuevo su hija de alma había llorado, sin embargo algo le decía que lo que tenía en sus regazo oculto bajo la otra palma seria la solución a esa perenne tristeza, por lo que optó por no comentar sobre su rostro rojo y ojos hinchados.

—Buenas noches Hermana María, hoy ha regresado más tarde de su visita al monasterio.

—Buenas noches Candy, sí, hubo más cosas que hacer de lo habitual.

—No la entretengo más, voy a mi habitación. Que descanse –se despidió la rubia para dirigirse a su cuarto.

—Candy, hija –la amable mujer la detuvo con esa frase a la cual añadió–, una carta llegó para ti hoy.

—Albert contándome de su vida otra vez –dijo escuetamente pues eran de él de quien acostumbraba a recibir más misivas –mañana la leeré –dijo pretendiendo continuar con su camino.

—No mi niña. Esta viene de Nueva York –no hubo respuesta solo una extraña expresión en el rostro de la joven quien había girado espontáneamente al oír el nombre de la mencionada ciudad–. El señor Matthew la trajo por la mañana algo apenado pues tiene cosa de dos semanas que había llegado pero se había traspapelado siendo apenas hoy que la volvió a encontrar. La trajo cuando tu saliste a realizar las compras para la despensa, poco después yo también salí olvidando decirle a Pony que te la entregará –viendo que la enfermera no hacía por moverse la monja se levantó para retirarse pero antes colocar aquel sobre en un lugar plano–. Te la dejo en la mesa, luego de leerla ve a descansar que creo te hace más falta a ti que a mí.

Ella vio el sobre por interminables minutos sin atreverse siquiera a tocarlo. No quería abrirla. Tenía pánico de su posible contenido.

—¿Por siempre esperaré? –se preguntó para sí misma.

Así que con decisión abrió el sobre. Seis líneas aparte de su nombre y el remitente era todo el contenido del cual únicamente la quinta línea y las iniciales finales tuvieron importancia para ella.

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«Nada ha cambiado»

T. G.

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Candy no tuvo más que pensar, al instante de leer aquello su rostro se iluminó, corrió a su habitación, tomó su maleta y comenzó a seleccionar lo que podría llevarse, todo le parecía anticuado, aniñado, entonces se dirigió al espejo más cercano, si bien ya hace tiempo que no utilizaba su infantil peinado sus rizos tampoco estaban muy bienpues no tenían una forma definida, se miró toda y noto que no se veía del todo bien, bueno su rostro con trazos de tristeza tampoco facilitaba las cosas. Pero así no creía que le gustaría a Terry otra vez, así no se veía Annie quien siempre estaba a la moda, tenía mejorar su apariencia para poder encontrarse con él.

Al día siguiente partió en el primer tren rumbo a Chicago, visitó sin anunciarse previamente la residencia de la reciente formada familia Cornwell-Brighton dejando muy sorprendida a su hermana de crianza al solicitarle la acompañara a comprar un par de vestidos nuevos y para hacerse un peinado de esos que ella usaba con el cabello corto. Para suerte de la rubia George, a nombre de Albert, depositaba para ella mensualmente una cantidad en una cuenta personal misma que sólo utilizaba para cubrir necesidades del "Hogar de Pony", pero siempre dejando la mayor parte intacto. Por vez primera utilizaría ese dinero para sus gastos personales y hasta cierto punto banales.

En cuanto Annie supo la razón de todo aquello un grito de alegría se dejó escuchar por el lugar para comenzar el atareado día donde la pelinegra llevó a Candy de un sitio a otro, comprando, probando, usando, etc. la llevó a que le arreglaran el cabello, que le colocaran accesorios, incluso que le enseñaran a maquillarse un poco. Para su desasosiego duró dos días en la ciudad. Al tercero al fin pudo adquirir un boleto directo a Nueva York, impaciente lo compró sin tomar en cuenta que llegaría de noche, obvio buscó un hotel cercano a la estación para pernoctar.

Al día siguiente después de un desayuno y meditar que hacer decidió que era hora de partir. Pidió al cochero la llevara a la dirección marcada en la carta, para sus sorpresa fueron directo al "Circuito Broadway", más preciso a la Compañía Stratford, ahí la única persona que había le dijo que era día de descanso, que hasta el próximo miércoles se reanudaban ensayos. Su siguiente opción era ir a donde alguna vez fue llevada por Terry, a ese pequeño departamento, aún recordaba muy bien la dirección pues la escribió decenas de veces en cada carta.

Detuvo otro carruaje, dio la dirección con todas sus esperanzas puestas en encontrarlo. Llegó y por no estar segura de sí ahí le encontraría le pidió al conductor aguardará un momento, incluso dejó ahí su maleta, sólo llevó consigo su preciada carta. Para ese entonces ya era más de medio día, encontró a la casera acomodando correspondencia.

—Buenas tardes, disculpe ¿aquí sigue viviendo Terrence Graham?

La asombrada mujer detuvo su quehacer viendo detenidamente a la chica «Otra admiradora» pensó de inmediato.

—Se equivoca señorita aquí no vive nadie con ese nombre.

—No puede ser –pero eso no la detendría–. Pero de casualidad ¿sabrá dónde encontrarlo?

—¿Por qué sabría yo esa información?

—Él vivió aquí hace como seis años, sé que un tiempo no lo hizo, pero tal vez –resignada suspiro–. Tiene razón es difícil que sepa dónde encontrarlo luego de ese tiempo –luego miro el entorno–. Aunque parece que todo está igual a cuando vine aquella vez.

—¿Cómo?, ¿usted ha estado aquí antes?

—Sí, Terry y yo éramos… amigos, fuimos al mismo colegio en Londres. Me invitó cuando hizo de Romeo.

Habló más para sí misma, la Sra. Thomson al comprender aquello se dio cuenta que esta joven no era una admiradora más, que en verdad si conocía a su inquilino.

—¿De casualidad usted podrá comprobar que conoce al señor Graham?

Con una amplia sonrisa Candy metió sus manos en sus bolsillo para mostrar su valioso tesoro.

—Por supuesto. De hecho él me… pidió venir. Vea es su letra –mintió un poco.

La casera tomó el sobre, en efecto era la letra de Graham. La señora sonrío, al parecer su hosco huésped no estaba tan solo como creía.

—Sabe, sí vive aquí, sólo que es…

—En serio, sí sé que es algo difícil.

—Voy a avisarle, permítame.

Candy se le veía feliz, pero de momento recordó al cochero, fue a pagar y por su maleta. Al regresar lo primero que sucedió fue que escucho la hermosa voz de Terrence molesta.

—¿La dejó ir así nada más? ¿Cómo era la joven?

Ella respondió ese cuestionamiento que él realizó.

—Pecosa, muy pecosa.

Terry volteó al escuchar la voz de Candy, ambos se miraron, el joven inglés mostró su sonrisa brillante, la rubia se dejó envolver en aquellas profundidades azules, en ese rostro tan apuesto que añoraba, le miró más alto, parecía que cada vez que lo veía el crecía un poco más, más varonil que en cualquier fotografía, que en cualquier recuerdo, pero al ver que no se movía ella preguntó inquieta.

—¿No dices nada?

Como respuesta él fue hacia ella para tomarla en sus brazos.

—Bienvenida Pequeña Pecosa —fue lo que dijo para sin esperar más besarla. En ese precisamente instante ella pudo sentirlo, pudo respirarlo, mientras que las estrellas volvieron a brillar en el cielo, aunque fuese de día Candy podía volver a verlas.

La espera había valido la pena.


Aquí dejó la dirección para que oigan la canción, sólo copien esto en su buscador de YouTube: uSf7xg8FITc

Esperaré

Esta noche es como si una parte de mí yo la hubiese perdido

¿Dónde estás? ¿Me dejas así?

Solo con recuerdos que me dolerán

Esperaré, estrellas yo veré

Un día tú volverás y tu sonrisa brillará

Te sentiré, yo te respiraré

Amor, te prometeré que, sin límites, yo te esperaré

Qué noche, parece que los minutos no pasen ya

Saben a eternidad

¿Y por qué te encerraste en ti?

¿Por qué? tú te encerraste en ti sin mirar hacia atrás

Esperaré, estrellas yo veré

Un día tú volverás y tu sonrisa brillará

Te sentiré, yo te respiraré

Amor, te prometeré que sin límites yo te esperaré

Y no sé si sola, en la oscuridad

Tú recuerdas momentos intensos de este amor

Esperaré, estrellas yo veré

Un día tú volverás y tu sonrisa brillará

Te sentiré, yo te respiraré

Amor, te prometeré que sin límites yo te esperaré

Por siempre

Esperaré

Esperaré


De mis letras:

Como mencioné en un comenzó Sol Grandchester me reto la primera propuesta de ella fue "Cenizas", luego " Luna", de esta segunda tome la idea de la conversación constante de Candy con la luna, pero mientras escuchaba a mi grupo favorito "Il Voló" cantando "Esperare" empezó a llegar la historia, pero la idea principal de hacer la versión de Candy de ese tiempo separados es de Sol.

Gracias por estar presentes.