Capítulo corregido por decimosexta vez, en serio que ya no puedo quitar más contexto jajaja. Y el primer capítulo, el one-shot, sí está relacionado, sólo que todavía está muuuuuy lejano. Disfruten :).


El cuarto curso en Hogwarts había comenzado y Harry, Hermione y Ron seguían juntos como siempre. Pero los problemas habían empezado desde antes de que iniciara el curso; esas vacaciones de verano habían sido de lo más problemáticas. Los Weasley junto con Harry y Hermione habían asistido a los mundiales de Quidditch, el partido final entre Bulgaría y Holanda, este último había sido el victorioso. Pero toda esa aura de felicidad y festejo se había visto interrumpida por los mortifagos, los seguidores de Voldemort. Realmente no habían causado muchos problemas (solo alboroto)… Pero el Ministerio estaba enloquecido. ¡La marca tenebrosa había aparecido de nuevo! El señor Weasley les había explicado que solamente la invocaban después de matar a alguien. Nadie entendía porque, después de trece años de paz, aparecían de nuevo. Los nervios de todos estaban a flor de piel. A la mañana siguiente, volvieron a la Madriguera.

Días después llegaron sus cartas de Hogwarts, se sorprendieron al ver que incluía un nuevo punto: Una túnica de gala. Ninguno de los señores Weasley les quiso explicar a qué se debía, pero se lanzaban miradas de complicidad cada vez que alguno de los chicos preguntaba. La señora Weasley fue quien compro todos sus útiles, mientras que ellos se quedaban en la Madriguera disfrutando de lo que les quedaba de vacaciones.

Al llegar a Hogwarts (semanas después) se enteraron de su colegio sería la sede de una famosa competición: "El Torneo de los Tres Magos". Dumbledore se había encargado de explicarles en qué consistía la competencia. Tres magos, de tres escuelas, de tres países diferentes. El trío tendría que competir para ganarse la copa y el premio de una gran cantidad de galeones. Sin embargo, su introducción había sido interrumpida por la aparatosa llegada de Alastor Ojoloco Moody.

Cuando llegó con Dumbledore, se saludaron y el anciano director continúo con su explicación. Menciono que los colegios que participaban en esto eran tan solo dos: Beauxbatons y Durmstrang. Habían creado esta competición para la convivencia sana y competitiva entre los tres colegios, pero lo había cancelado en cuanto el número de muertes se había elevado. Hermione frunció el ceño ante esto… ¿Por qué volvían a organizarlo, sabiendo que había causado muertes? El hecho de que Dumbledore les asegurara que esta vez eso no ocurriría tampoco la tranquilizó demasiado.

El primer día de clases hizo feliz a todos los Gryffindor, pues tendrían las primeras cuatro horas de clase al aire libre. Herbología y Cuidado de las Criaturas Mágicas. En la primera habían trabajado con los asquerosos bubotubérculos, y en la segunda con los mortales escregutos de cola explosiva. Hermione aún dudaba de la eficiencia de Hagrid como profesor, pues había calificado a las criaturas como "adorables". Habían pasado toda la mañana tratando de adivinar cuales eran los machos, cuáles las hembras y qué comían.

Todos sintieron un alivio enorme en cuanto dio la hora de la comida, lo cual significaba librarse de aquellos monstruos que Hagrid había etiquetado de "adorables". Igual que en la mañana, Hermione comió rápidamente para después poder dirigirse a la biblioteca.

—¿Qué? —Exclamo Ron sin dar crédito a sus oídos —. Hermione, ¡hoy es el primer día del curso! ¡Todavía no nos han puesto deberes!

Hermione se encogió de hombros y siguió engullendo la comida como si no hubiera probado bocado en varios días. Luego se puso de pie de un salto, les dijo ‹‹¡Los veré en la cena!›› y salió a toda velocidad.

Siguió caminando hasta la biblioteca y una vez ahí, la típica sensación de paz la invadió. Saludo a Madame Pince después de entrar y comenzó a pasear por los pasillos. Pociones, Transformaciones, Historia de la Magia, Adivinación… Hasta que llego a su favorito, Runas Mágicas. Con toda la calma del mundo, paseo por los estantes pensando para sí misma que si existía alguna clase de paraíso, tenía que ser ese. Tomo el primer libro que se cruzó por su vista (aunque sabía que probablemente ya lo había visto el curso anterior) y sentó en una mesita de trabajo para poder leer más tranquilamente. Tenía una hora y los quince minutos restantes de la comida, así que sin preocupaciones, comenzó a leer.

Media hora después había terminado con el libro (una lectura ligera, pero solo para ella) y comenzó a pasear la vista de nuevo por los estantes hasta que después de varios minutos encontró uno. Tenía el título en el lomo, aunque Hermione no entendía lo que decía –probablemente porque desde esa distancia no alcanzaba a ver las runas que estaban labradas sobre el forro de terciopelo rojo-. Con una curiosidad nata de ella, se paró rápidamente y fue a por el tomo y cuando las yemas de sus dedos lo rozaron una extraña sensación se esparció por todo el cuerpo de la chica.

Placer. No del carnal, si no el de satisfacer un deseo. El deseo de saber, que se mostraba como curiosidad. Con ansias, volvió a la mesita y abrió el libro por el que suponía que tenía que ser el índice. Nada.

Bueno, si… Había algo, en un alfabeto rúnico que Hermione no entendía. Identifico unas cuantas runas, pero había ciertas partes donde no tenían un significado coherente (Hermione suponía que en esas partes las runas tomarían un significado astral y toda esa tonterias). Pero había ciertas runas que no entendía, quizás era una descarada mezcla de un alfabeto rúnico distinto, o solamente uno más antiguo.

Cuando se volvió a fijar en su reloj se alarmo al darse cuenta de que faltaban diez minutos para que su clase con la profesora Vector comenzara.

Pero no quería dejar el libro… Hacía unos segundos había decidido ponerlo de nuevo en los estantes pero algo la había detenido, y la propia voz de su conciencia le había sugerido que no era bueno llevárselo. Pero la tentación era más.

Con un susurro y un leve movimiento de varita, encogió el tomo (de por si delgado y alargado de forma exagerada) y lo escondió en su bolsa junto con todos los pergaminos y cuadernos.

Sabía que estaba mal, y cuando estaba por salir de la biblioteca y la señora Pince le gritó un ‹‹¡Adiós, señorita Granger!›› pegó un bote y un escalofrió de culpabilidad la sacudió.

Corrió rápidamente hacía el Aula once para tomar su clase de Aritmancía. Cuando llego a éste, tomo asiento en uno de los primeros lugares junto a una chica de Revenclaw y a los pocos minutos apareció la profesora Vector, dando su típico discurso de bienvenida y después hablando del temario.

Al término de la clase, Hermione salió contenta; La profesora Vector no les había dejado deberes y aparte hasta ahora había sido un gran día. Al alcanzar a sus amigos por el Gran Comedor, escuchó a Ron quejarse:

— ¡Rata vieja! Eso nos llevara todo el fin de semana, ya verás.

—¿Muchos deberes? —Le preguntó ella al alcanzarlos —. ¡La profesora Vector no nos ha puesto nada!

—Bien, ¡bravo por la profesora Vector! —dijo Ron de mal humor.

Llegaron al vestíbulo, abarrotado ya de gente que hacía cola para entrar a cenar. Acababan de ponerse ya en la cola cuando oyeron una voz estridente a sus espaldas.

—¡Weasley! ¡Eh, Weasley!

Harry, Ron y Hermione se volvieron. Malfoy, Crabbe y Goyle estaban ante ellos, muy contentos por algún motivo.

—¿Qué? —Contesto Ron lacónicamente.

—¡Tu padre ha salido en el periódico, Weasley! — anunció Malfoy, blandiendo un ejemplar de El Profeta y hablando muy alto, para todos cuantos abarrotaban el vestíbulo pudieran oírlo —. ¡Escucha esto!

Malfoy alzo el periódico y asegurándose de que todas las personas que estaban en el vestíbulo alcanzaran a oír y leyó la noticia. Era un artículo de Rita Skeeter, en el cuál informaba que "Arnold" (Malfoy se burló ante esto... ¡No se acuerdan ni de su nombre!) Weasley había armado otro escándalo en el Ministerio de Magia al buscarse problemas con unos policías por unos botes de basura bastante agresivos.

—¡Y viene una foto, Weasley! —Añadió Malfoy, dándole la vuelta al periódico y levantándolo—. Una foto de tus padres a la puerta de su casa… ¡bueno, si esto se puede llamar casa! Tu madre tendría que perder un poco de peso, ¿no crees?

Ron temblaba de furia, todo el mundo lo miraba.

—Métetelo por donde te quepa, Malfoy —dijo Harry—. Vamos, Ron…

—¡Ah, Potter! Tú has pasado el verano con ellos, ¿verdad? —dijo Malfoy, con aire despectivo—. Dime, ¿su madre tiene al natural ese aspecto de cerdito, o es sólo por la foto?

—¿Y te has fijado en tu madre, Malfoy? —pregunto Harry. Tanto él como Hermione sujetaban a Ron por la túnica para evitar que se lanzara contra Malfoy—. Esa expresión que tiene, como si estuviera oliendo mierda, ¿la tiene siempre o solo cuando tú estás cerca?

El pálido rostro de Malfoy se pudo sonrosado.

—No te atrevas a insultar a mi madre, Potter.

—Pues mantén cerrada tu grasienta bocaza —Le contesto Harry, dándose la vuelta.

Hubo un ¡BUM! Y después de este, le prosiguió otro. La pata de palo de Moody resonaba por todo el vestíbulo. Y para cuando Harry había dado vuelta, se dio cuenta de que en lugar de Malfoy había un hurón albino. El profesor Moody caminó hasta ellos mientras se burlaba del alumno. Después de que lo pusiera a botar a su alrededor, llegó la profesora McGonagall y lo amonestó por tratar de esa manera tan inapropiada al señor Malfoy. Cuando Malfoy volvió a su forma humana, el profesor Moody lo amenazó con mantener un ojo él. Draco se había quedado lloroso y resentido, después ambos se habían retirado.

—No me hablen —les dijo Ron a Harry y Hermione en voz baja cuando unos minutos más tarde se sentaban a la mesa de Gryffindor, rodeados de gente que comentaba muy animadamente lo que había sucedido.

—¿Por qué no? —preguntó Hermione sorprendida.

—Porque quiero fijar esto en mi memoria para siempre —contestó Ron, con los ojos cerrados y una expresión de inmenso bienestar en la cara—: Draco Malfoy, el increíble hurón botador...

Harry se rio, Hermione fingió la risa. Se supone que tenía que estar burlándose, a fin de cuentas, Malfoy era un bravucón. Pero no podía, no le encontraba la gracia.

—Sin embargo, Malfoy podría haber quedado herido de verdad —dijo ella—. La profesora McGonagall hizo bien en detenerlo.

—¡Hermione! —dijo Ron como una furia, volviendo a abrir los ojos—. ¡No me estropees el mejor momento de mi vida!

Hermione hizo un ruido de reprobación y volvió a comer lo más aprisa que podía.

—¡No me digas que vas a volver ahora, por la noche, a la biblioteca! —dijo Harry, observándola.

—No tengo más remedio —repuso Hermione—. Tengo mucho que hacer.

—Pero has dicho que la profesora Vector...

—No son deberes —lo cortó ella.

Cinco minutos después, Hermione ya había dejado limpio el plato y había salido. Camino todo el largo pasillo hasta el cuarto pasillo, y en uno de ellos se cruzó con el profesor Moody que bebía de su petaca. Le lanzo una mirada de desaprobación y después apuro paso hacía la biblioteca.

Cuando llego, volvió al pasillo de Runas. Tomó todos los libros que poseían alfabetos rúnicos y los apiló en una mesita. Después se dirigió al pasillo de Encantamientos y Hechizos, pero al pasar frente a la Sección Prohibida, escucho como si un leve susurro la llamará. Volvió la cabeza para buscar al emisor, pero la biblioteca estaba vacía –excepto por ella y la señora Pince, que dormitaba tranquilamente contra su escritorio—.

Continúo por su camino y al llegar ahí, tomo tres libros más.

Se acomodó de nuevo en su asiento y ahí comenzó a leer los libros de Historia de la Magia, buscando aquel alfabeto que había encontrado en el misterioso libro, pero nada. En ninguno de los tres, solo hablaban del típico alfabeto Futhark, el más conocido. Exasperada, siguió con los libros de alfabeto rúnicos. Encontró algunas pistas, pero no el alfabeto completo. Al borde de los nervios, Hermione respiro un par de veces buscando una tranquilidad que ya no sentía ni se sentía capaz de recuperar esa noche. Así que sacando un pergamino de su bolso, se dispuso a copiar las pocas respuestas que había encontrado. Solo había descubierto cinco runas más, así que probablemente las demás que aún desconocía fueran adaptaciones de algún pueblo al alfabeto principal.

Cuando la chica termino de tomar apuntes, cerró todos los libros de runas y tomo el primero de encantamientos, buscando un tema en especial: ¿Cómo hechizar un cajón para qué solo pudiera ser abierto por la dueña?

Lo encontró, varios encantamientos protectores de objetos. Y con una sonrisa de oreja a oreja, abandono la biblioteca para volver a su habitación.

Al llegar, quito las colgaduras de su cama, se dirigió a su mesita de noche y guardo ahí el libro encogido junto con los apuntes, con un movimiento de varita protegió eso contra intrusos (o intrusas mejor dicho, ya que ningún varón podía entrar a la habitación de niñas) y después se deshizo del uniforme, se colocó la pijama y se dispuso a dormir plácidamente.

Los días pasaron, y después las semanas. Desde la llegada de Moody, Snape andaba siempre de mal humor. Pero por el contrario, todo los alumnos estaban más que emocionados con el nuevo profesor. Moody les había enseñado como eran las maldiciones imperdonables (para el enojo de Hermione, que pensaba que por imperdonables nadie tenía derecho a hacerlas).

Pero parecía que Hermione había dejado tanto fanatismo por la defensa de derechos obreros para los elfos. Estaba más concentrada en aquél libro, del cual ya llevaba traducido la mayor parte, ya que había logrado dar con un libro extremadamente antiguo con todos los alfabetos (lo había encontrado casi por accidente, en un rincón de la estantería, empolvado y con manchas de humedad).

Llegaron el día treinta de octubre. Las clases se habían terminado media hora antes para que los alumnos pudieran presenciar la llegada de los alumnos extranjeros. Los alumnos de Beauxbatons habían llegado en una enorme carroza, que habían confundido con una casa tirada por caballos igual de enormes. Mientras que los alumnos de Durmstrang habían llego en un enorme barco que poco a poco iba saliendo por el mar negro; Era imponente. Soltaron el ancla justo al límite del Lago Negro y de él salieron varios jóvenes, liderados por un hombre con un gran abrigo de piel.

Era Igor Karkarov, quien saludo a Dumbledore como viejo amigo y después de eso, Harry y Ron descubrieron que entre los alumnos de Durmstrang estaba Viktor Krum.

Todos cenaron y después Dumbledore les explicó el procedimiento para realizas la selección de los participantes en el Torneo de los Tres Magos. Les dio una fecha límite para que se postularan los alumnos mayores de dieciséis años, y cuándo esta llegó, reunió los estudiantes de los tres colegios y comenzó la selección. Viktor Krum, Fleur Delacour, Cedric Diggory y… Harry Potter. Comenzó el revuelo y Harry cada vez entendía menos lo que sucedía. Después de que los directores lo discutieran, decidieron que Harry participara.

Después de unos días, Harry fue al bosque oscuro por aviso de Hagrid y se encontró con cuatro dragones que asumió que eran para la prueba. Dejó aparte a Hagrid y a su novia, Madame Maxime, la directora del colegio Beauxbatons. Cuatro dragones para los cuatro participantes. Cuando fue tiempo de encontrarse con Sirius en la red flu, Harry le contó sobre los dragones. Sirius le sugirió la conjuntivitis como medio para distraerlo y poder escapar. Harry ni siquiera sabía conjurar eso.

Al domingo siguiente, Harry amaneció más nervioso de lo normal. Le conto a Hermione lo que le esperaba en la primera prueba y decidió ayudarlo en lo que pudiera. Ambos habían ido a la biblioteca en busca de información, pero el constante parloteo de Hermione no dejaba a Harry concentrarse, y justo cuando la había mandado a callar de forma no tan amable, Krum había aparecido. Hermione se quejó; después le indico a Harry que quizás sería mejor retirarse a la Sala Común… Ya que no tardaría mucho para que sus seguidoras llegaran a armar escándalo. Cuando llego la hora de ir a clase de Herbolaría, Harry le indico a Hermione que siguiera… Que él la alcanzaba en un momento.

Hermione se adelantó y se reencontraron después en la Sala Común. Siguieron investigando, pero parecía que Harry ya estaba seguro de qué hacer. Después de unos días llegó el día de la competición. Ron y Hermione habían estado nerviosos mientras esperaban a que fuera el turno de Harry, pues sabían que tenía mucha competencia. Los primeros tres participantes lo habían hecho excelentemente. Y a Harry le había tocado el dragón más agresivo, el colacuerno húngaro, con picos en la cola. Sin embargo, Harry había optado por lo simple y con un Accio había conjurado a su escoba y la había utilizado para evadir al dragón y tomar el huevo dorado, que era el principal objetivo.

Los de Gryffindor organizaron una gran fiesta en la Sala Común, celebrando a Harry. Después de insistirle que el chico abriera el huevo, éste lo hizo. Lo que salió de este, fueron chillidos tan agudos y espantosos, que no soportaron más de algunos segundos.

—¡Ciérralo! —Le gritó Fred, tapándose los oídos con las manos.

—¿Qué era eso? —Pregunto Seasmus Finnigan, observando el huevo cuando Harry volvió a cerrarlo—. Sonaba como una banshee. ¡A lo mejor te hacen burlar una de ellas, Harry!

—¡Era como alguien a quien estuvieran torturando! —opinó Neville, que se había puesto muy blanco y había dejado caer los hojaldres rellenos de salchicha—. ¡Vas a tener que luchar contra la maldición cruciatus!

—No seas tonto, Neville, eso es ilegal —observó George—. Nunca utilizarían la maldición cruciatus contra los campeones. Yo creo que se parecía más bien a Percy cantando... A lo mejor tienes que atacarlo cuando esté en la ducha, Harry.

Poco a poco, el tema central dejo de ser Harry y él se permitió disfrutar la noche. Ya tendría hasta Febrero para la prueba, así que aún había tiempo para ser feliz y dejar las preocupaciones a un lado.

Llegó Diciembre, y las clases seguían normales. Después de una excepcional clase de Adivinación (donde la profesora Trelawney había pronosticado la muerte de Harry, por quincuagésima vez), Ron y Harry volvieron a su Sala Común. Y no encontraron a Hermione, la buscaron en la biblioteca –en la que solo encontraron a Krum- y nada.

La esperaron en la Sala Común hasta que la chica apareció. Y cuando la interrogaron, la chica se mostró nerviosa y pasaba de manera casi compulsiva su mano por el tirante de su bolsa.

—¿Dónde estabas? —cuestiono Ron.

—En la… —la chica se aclaró la garganta, ya que había contestado con un chillido—. En la biblioteca.

—¡Claro! ¡Te fuimos a buscar! ¿Y sabes? ¡No te encontramos!

—Pues, es que… Estaba en el área de Runas.

Ron y Harry se miraron confundidos, ¿Todo el tiempo habían estado ahí? Ambos se alzaron de hombros.

Sí, quizás sí. Tal vez ellos no la habían visto.

Lo dejaron pasar, a fin de cuentas, Hermione no les ocultaría nada, ¿cierto? Habían pasado por muchas cosas juntos como para que entre ellos existieran secretos.

Las clases continuaron normales (o todo lo normales que podían ser en un colegio donde en lugar de algebra enseñaban a hechizar objetos y transformar ranas) hasta que en la última clase de Transformaciones, la profesora McGonagall les aviso acerca del baile que se desarrollaría en el castillo por motivo del Torneo. Era forzoso que los tres participantes (en este caso, cuatro) se presentaran para abrir el baile, y los alumnos de cuarto año en adelante serían los únicos que podrían asistir en este (pero claro, si algún alumno quería invitar a alguien de grado inferior como pareja, no se les impediría).

Para las chicas, la noticia les había caído de perlas. Por el contrario, a los chicos se les había instalado una bola de plomo en el estómago.

Y no era para menos. Nadie toma en cuenta la opinión de los chicos sobre los bailes, de hecho, se podría suponer que ellos son los que más se asustan con estas noticias. Ellos eran los que tenían que tomar la iniciativa, acercarse a la chica, aguantar las risitas de quienes la acompañaban (porque claro, las chicas por alguna extraña razón tenían la necesidad de andar en manada) y en caso de no ser el agrado de la chica, tenían que soportar el rechazo, después las burlas de sus amigos y por ultimo fingir que su orgullo no se había visto afectado por la negativa.

Y toda esa presión aumentaba con los nuevos visitantes extranjeros.

Y como a todos, a Harry y Ron les había costado trabajo. Pero secretamente, tenían un consuelo: Hermione tampoco tenía pareja. Así que estaban todos iguales.

Harry había negado varias ofertas de niñas que le habían pedido ir al baile con él, a sabiendas que de no ser uno de los participantes, no lo tomarían ni en cuenta. Por el contrario, Ron era muy exigente a la hora de escoger a una chica; aparte de ser muy tímido como para acercarse a una. Volteando a Harry le dijo:

—Tendríamos que hacer algo, ¿sabes? Pedírselo a alguien. Fred tiene razón: podemos acabar con un par de trolls.

Hermione dejó escapar un bufido de indignación.

—¿Un par de qué, perdona?

—Bueno, ya sabes —dijo Ron, encogiéndose de hombros—. Preferiría ir solo que con... con Eloise Midgen, por ejemplo.

—Su acné está mucho mejor últimamente. ¡Y es muy simpática!

—Tiene la nariz torcida —objetó Ron.

—Ya veo —exclamó Hermione enfureciéndose—. Así que, básicamente, vas a intentar ir con la chica más guapa que puedas, aunque sea un espanto como persona.

—Eh... bueno, sí, eso suena bastante bien —dijo Ron.

—Me voy a la cama —espetó Hermione, y sin decir otra palabra salió para la escalera que llevaba al dormitorio de las chicas.

Al llegar a su dormitorio, se dejó caer sobre la cama y una lágrima se escapó, rodando por su mejilla. Se la limpio con brusquedad y después sacudió la cabeza. Últimamente, todo lo que decía o hacía Ron tenía un efecto especial sobre ella. A pesar de tener pareja, aún tenía la ilusión de que Ronald se lo pidiera…

Suspiro con fuerza. Pero claro, tenía que ser Viktor el que lo pidiera. Ella le había dicho que si con gusto, ya que de antemano sabía que su amigo pelirrojo probablemente jamás se lo pediría.

Se enderezo, recargando la espalda contra la cabecera de la cama y de su mesita de noche, saco un libro encogido. Un tintero, cálamo y unos apuntes.

Con un movimiento de varita, volvió el libro a su tamaño natural. Mediría aproximadamente unos cincuenta centímetros de largo por treinta de ancho. Era bastante grueso (aunque sus páginas estuvieran vacías, a excepción del índice, que solo consistía de una pregunta "¿Qué desea saber?" y justo debajo de esto, un cuadro de texto) y pesado.

Lo había descubierto aquella noche en la que Ron y Harry la habían esperado en la sala común. Había aprovechado que la señorita Pince se había ido a una reunión a la sala de maestros y se había colado en la sección prohibida, en un intento desesperado de conseguir más información para poder traducir el libro que anteriormente había tomado de la sección de runas. Y lo había encontrado. Se había sentido atraída por ese misterioso tomo, sentía que atraía su fuerza mágica. Como si lo absorbiera.

Asustada, había tomado ese libro, lo había encogido (como ya era su costumbre) y había salido corriendo de la biblioteca. El encontronazo con sus amigos no lo habían mejorado, por el contrario, la había puesto más nerviosa.

Respiro, concentrándose en los apuntes. Mayoría del libro de runas ya lo tenía traducido (no había sido difícil, después de todo, era solo un alfabeto rúnico de un pueblo celta no tan conocido; pero si lo suficiente para escribir un libro acerca de éste).

Pero había signos… que traducidos, no tenían coherencia.

Y ya antes había llegado a la conclusión de que tomarían un significado astral, pero ese significado no lo había encontrado entre todos sus libros. Incluso se había metido al área de Adivinación e investigar acerca de la Tirada de Runas (una forma de adivinación que dependiendo de la runa que te salía en cada rubro –amor, suerte, dinero, trabajo-, tendrías que interpretar). Pero se había llevado otra decepción al descubrir que solo eran charlatanerías.

Así que cuando este libro "polifórmico" apareció frente de ella, sus esperanzas se habían visto renovadas. La misma noche que lo había encontrado, en la tranquilidad de su habitación, había anotado "Hipogrifo" en el cuadro de texto, y éste le había mostrado un torrente de información que a Hermione le fue imposible leer esa misma noche. Pero sabía que de cualquier tema, el libro tendría la misma cantidad de contenido. Y se sentía fascinada, ese era el mejor libro que jamás se podía haber encontrado o incluso, imaginado.

Aún no se explicaba porque lo había encontrado en la Sección Prohibida…

Con la mano temblando, tomo el cálamo, lo remojo en tinta y poso la mano sobre el libro, dispuesta a escribir lo que probablemente le ayudaría a traducir aquél libro.

Aquél libro que había presenta un reto desde la primera vez que lo había encontrado. Y que para ser un libro cualquiera, había tomado mucha importancia en su vida.

"Runas Celtas"

Ante ella, aparecieron varias indicaciones (que ya había leído con anterioridad):

El libro Poliformico le da la bienvenida –una vez más-, y le recuerda lo siguiente:

1.-Si desea guardar algún párrafo de información o inclusive un tema entero, tan solo tendrá que para la varita por esto, arrastrar las letras a otro pergamino en blanco, y con un movimiento de varita, dejarlas caer en éste.

2.-Se le recomienda no alterar la información que le ofrece el libro, ya que toda alteración causada en éste tomo, se mostrará en los libros de los cuales se extrajo la información.

3.-Si por algún motivo tiene que interrumpir la lectura de éste libro, sin embargo, quiere seguir leyendo del tema… Tan solo tiene que poner un separador en la última página leída. El libro entenderá la señal.

SE LE RECOMIENDA TENER DISCRECIÓN A LA HORA DE UTILIZARLO.

Hermione sintió cosquillitas en las palmas de las manos al pasar las la hoja y encontrarse con la información que había esperado. Ante ella, la historia de las runas celtas se extendía, mostrándole información que antes en los libros de la escuela no había encontrado.

Hablaba de los pueblos de aquella época, de los rituales más comunes, de cómo se habían desarrollado en Escocia, de los druidas y los templos que éstos construían al tallar runas en largas piedras (denominadas "menhires"). Y lo que tanto había esperado, los significados de las runas. Los astrales. Los que solían darle las adivinas y los monjes druidas de aquél tiempo.

Un nudo se formó en su estómago y sacó el libro de Runas (que el titulo traducido significaba "Rituales Rúnicos para toda ocasión".

Estaban las veinticinco runas. Y en el libro, había cinco rituales distintos. Uno para las cosechas, otro para el amor, otro un tributo para los menhires, el siguiente para tener mayor contacto con la magia natural y el otro… Estaba en blanco

No tenía la explicación del ritual, simplemente tenía el título de "Peligroso" en el margen superior y en seguida: "Anote las runas en piel de venado, después coloqué la varita y recite lo siguiente"

Y después una serie de runas que solo había podido traducir al gales; era un alfabeto rúnico perteneciente a un pueblo dejado en el olvido. No sabía la traducción en inglés. Y estaba muy ansiosa como para buscarla…

El párrafo siguiente dictaba:

"Agor, teithio, amser, rhyfel, unigol.

Gwahanu

Dim ond heddwch llygredig y tywyllwch.

Dim ond person pur lygru iddo

Y ffactor imprecindible eich presennol

Llygru gan eich hun

Eich purdeb yn erbyn ei tywyll

Ei tywyll yn erbyn eich burdeb

Meddyliwch wneud frwydr? "

Y a continuación, las runas.

Había cinco runas anotadas en fila y Hermione comenzó a buscarlas de forma frenética en el libro Polifórmico.

Fue por orden y por fortuna, las cinco runas se encontraban en el gran libro.

Thurizas, la runa que simbolizaba apertura. Camino.

Anzus, señales.

Una runa en blanco, significaba lo desconocido. Era la runa de Odín.
Dagaz, prosperidad. Paz en tiempos de guerra.

Eiz, movimiento. Traslado. Viaje.

Nunca supo lo que la motivo a anotar esas runas sobre un pergamino (aunque la indicación decía sobre piel de venado, ¡Pero por Merlín! ¿De dónde sacaría eso?). Jamás supo cuál fue la fuerza extraña que se apodero de su cuerpo y la motivo a apoyar su varita sobre las runas trazadas. Nunca trato de averiguar porque había tenido el impulso de recitar el párrafo en galés. Nadie, jamás, supo explicarle porque una capsula translucida había rodeado su cuerpo, alzándola unos centímetros de la superficie que representaba su cama. Jamás tuvo idea alguna de porque se había visto cegada por unos minutos, y por más que trataba de captar lo que había a su alrededor, no lograba ver nada. Y nunca jamás se pudo explicar a si misma porque el sentimiento de decepción se instaló en su estómago como una bola de plomo al descubrir que después de haberse reventado la capsula que la había encerrado, todo seguía igual. Fastidiosamente igual. Tediosamente igual.

Harta y cansada de todo, Hermione dejo caer el libro a un lado de su cama junto con los apuntes, la varita, el pergamino, el cálamo y el tintero. Quito el edredón de su cama, se deshizo de su uniforme tan solo quedándose en bragas y sostén, y después se echó a dormir.

Sin sospechar que algo realmente si había cambiado. Sin sospechar que ya no estaba en el mismo espacio-tiempo. Sin sospechar que éste día, sería el banderazo para su peor pesadilla en vida.

Despertó igual que siempre. No había soñado nada –como siempre-, y si lo había hecho, no lo recordaba. Se deshizo a patadas de todo lo que le cubría y se sentó en la cama. Se estiro y escucho con una sonrisita satisfecha como su espalda crujía ante esto. Se paró de la cama, se acomodó las bragas, camino hacía el baño medio despierta/medio dormida, tomo dos toallas del armario, abrió la regadera, se deshizo de su ropa y se metió a la ducha.

Se aseo de forma rápida, realmente detestaba como su dedos se comenzaban a arrugar si estaba más tiempo del correcto bajo la ducha. Cerró las llaves de agua, abrió la cortina, se envolvió en una toalla, atorándola. Después con la que quedaba y se comenzó a secar el cabello mientras que regresaba a su cama. Volteo a su alrededor al llegar a su habitación, todas las colgaduras éstas estaban cerradas.

"Estarán durmiendo" Pensó Hermione, mientras que se alzaba de hombros.

Camino hacía su cama, abrió su baúl y de ahí saco una túnica limpia junto ropa interior. Se vistió, notando con horror como su ropa interior comenzaba a quedarle más chica que antes al igual que la túnica. Se colocó las medias (que eran pantimedias, haciendo que la mueca de horror de la chica aumentara) y después los zapatos. Que estos si le quedaban bien (a diferencia de sus demás prendas).

Recogió el libro que había echado al suelo la noche anterior, junto con lo demás cosas y lo apilo en su mesita de noche, solo quedándose con la varita. Fue a su baúl en busca de su bolso con pergaminos, pero no encontró nada. Extrañada, volvió a rebuscar entre sus pertenencias. ¡Ahí había cosas que no eran suyas!

Alarmada, cerro el baúl, tomo sus libros, apuntes, cálamo y tintero y corrió hacía su sala comunal. Se veía igual que siempre. Igual que siempre, excepto por los alumnos.

A Hermione le comenzaron a temblar las rodillas, no podía ser… De los pocos alumnos que estaban reunidos allí, no conocía a nadie. Empezó a hiperventilar, su rostro perdió todo color, las manos le sudaban.

¿Pero qué demonios? ¿Qué era lo que pasaba? Volvió su rostro hacía su ropa… No era suya. No sabía de quién era, y tampoco le interesaba. Con su cabello trato de taparse el rostro mientras avanzaba a la salida de la Sala Común. Bajo las escaleras rápidamente. No podía presentarse en el Gran Comedor, nadie la reconocería y lo más probable era que se armara un escándalo con su presencia.

Tenía que encontrar a Dumbledore… Si, el profesor Dumbledore era el único que la podía ayudar; Y un escalofrió le recorrió cuando el pensamiento de que quizás el profesor no estuviera en su dimensión inundo su mente. ¡Era el único que no la tomaría como una amenaza! Pero antes… Tenía que descubrir que había pasado… Que había sucedido. Necesitaba saber dónde se encontraba.

Estuvo caminando por los pasillos que daban a la torre donde en su tiempo se encontraba la dirección y oficina de Dumbledore, sin embargo había estado tan entretenida pensando en su problema que no se había dado cuenta de que alguien estaba doblando por la misma esquina que ella, haciendo –inevitablemente- que ambos chocaran. Hermione trastabillo hacía atrás y con mirada aturdida se fijó en lo que había chocado contra ella.

Era un niño. Un niño muy apuesto. Pálido, de ojos azul oscuro, con el cabello negro perfectamente ordenado y mueca de desagrado.

"Oh, bueno… Quizás debería de…"

—Discúlpate —Ordeno el niño fríamente, mientras le lanzaba una mirada dura.

Hermione le miró desconcertada.

—¿Qué dices? —Pregunto ella.

—Que te disculpes. No pienso repetirlo de nuevo.

Hermione arrugo el ceño y repaso al niño con la mirada. Era apuesto, sí. Pero bastante desagradable…

—¿Quién eres tú para ordenarme cosas? —El tono de Hermione se había elevado tres o cuatro octavas más.

—Soy Tom Ryddle.

Hermione trago duro… ¿Tom Ryddle? ¡Demonios! En segundo año, Harry les había revelado el verdadero nombre de Voldemort… ¡Y esa ese! ¿En serio? Joder, maldito sea el día en que el universo había decidido esto por ella. De verdad… ¿En serio merecía eso? ¡Un viaje en el tiempo!, ¡por Merlín! Y más a la época en la que Voldemort era un mocoso de… ¿Trece años? ¡Trece años! Algo así.

El muchacho la seguía viendo de forma despectiva, esperando a que ella decidiera presentarse.

—¿Y tú…? —Cuestionó él, con la paciencia llegando a sus límites.

—Soy Hermione…

La chica le tendió la mano, esperando a que Tom la tomara… A forma de saludo cordial.

Pero nada. No había nada.

El chico solo la miraba con una ceja en alto, esperando a que la chica dijera su apellido. Hermione no era tonta y sabía que no era momento para eso, no quería enemistarse con el mini Voldemort desde su primer encuentro. Tenía que encontrar a Dumbledore, tenía que encontrar la forma de volver a su tiempo… A su dimensión. Y tenía que ser pronto, no quería cambiar nada del futuro. Aunque aún no tenía muy claro cómo funcionaban los viajes en el tiempo, mejor no arriesgarse en su brazo extendido y con una sonrisa nerviosa, volvió a dirigirse al chico.

—Y… Lo siento, por empujarte. Iba caminando sin fijarme. Lo siento en serio.

El chico la miro de forma altiva; —A la próxima vez, ten más cuidado, no vaya a ser que alguien decida enseñarte una lección por ser tan torpe.

Hermione se sonrojo furiosamente. ¡¿Pero quién se creía ese tonto?!

Por fortuna, el sonido de pisadas interrumpió lo que estaba a punto de decirle Hermione al chiquillo insolente frente a ella.

Poco a poco, la figura de un Dumbledore más joven fue apareciendo. En un primer instante, solo se fijó en Tom mientras una sonrisa bailaba por su rostro.

—Joven Ryddle… ¿No debería de estar en el banquete? Estoy segura que querrá estar ahí para cuando Slytherin gane de nuevo el trofeo de las casas.

Tom se fijó en su maestro, asintió en silencio y se dirigió al Gran Comedor sin decir palabra alguna.

Después Dumbledore se volvió a la chica, sonriéndole de forma amable.

—Y dígame, bella señorita… ¿Quién es usted?

Hermione ahogo un gemido y se dejó caer contra el muro rocoso, resbalándose lentamente hasta que su trasero toco el suelo. Volvió su mirada hacía Dumbledore, una mirada suplicante y un tanto perdida.

—Soy Hermione Granger.

El profesor la miró extrañado…

—Disculpe, señorita Granger. No había escuchado su nombre antes, ¿Estudia usted aquí?

—Sí… Bueno, en un futuro estudiare aquí.

Dumbledore la observo, sus ojos brillaron.

—¿Se refiere usted a…?

—Si —Gimió Hermione, mientras que se abrazaba a sí misma y los sollozos comenzaban a salir.

¿Por qué la vida era tan cruel? Una frase muy usada, pero a fin de cuentas, tenía de cierto lo que Dumbledore de loco.

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