Capítulo IV

-¡Oh no! ¡No, no, no! ¡Esto no me gusta nada!- dijo Lanie quien bailaba colgada del cuello de Esposito.
-¿Qué no te gusta? ¿Qué estemos así, tan pegados?- preguntó Javi.
-¡No, guapo! ¡Eso me encanta! Me refiero a Castle. Parece enfadado con Kate…-
-¡Sí, los veo! ¿Qué puede haber salido mal? ¡Sí hace sólo unos momentos estaban exprimiéndose las bocas!- dijo Esposito extrañado.
-¡Pues de veras que no tengo ni la menor idea, pero al parecer, no piensan arreglarlo! Ahí viene Castle…-
Al escritor se lo llevaba el diablo. Estaba tan ciego que cualquier cosa que ella hubiera intentado decirle en esos momentos no hubiese servido de nada. Lo único que escuchaba en ese momento era su propia sordera. Se estaba equivocando con Kate. Ella no se merecía esto, pero él no lograba darse cuenta de ello. En su cabeza sólo podía imaginarse a Beckett diciendo "No puedo tener una relación en serio contigo, Castle. Eres un tipo divertido, sí, pero no lo suficientemente maduro como para hacerte cargo de una mujer como yo. Igualmente, un par de noches no hubiesen estado nada mal" Él sabía muy bien que ella nunca diría le una cosa semejante, pero esa certeza la tenía enterrada muy, muy dentro suyo.
-¡Bro! ¡Ey, Castle!- le dijo Esposito frenándole el paso al ver que no se detenía. Venía como hablando solo, dentro de sus enroscados pensamientos. Lanie aprovechó que Javi intentaba hablar con Rick y se fue a buscar a su amiga.
-Eh?… ¿que?- el escritor sorprendido se frenó frente de él.
-¡Soy yo, bro! ¡Espo!-
-¡Ah! Hola amigo. Perdóname, no me estoy sintiendo muy bien. Creo que debo irme- le dijo Castle a su amigo apoyándole una mano en el hombro. No tenía deseos de hablar con nadie. Sólo quería irse de ahí, no importaba donde. No podía quedarse en el mismo lugar donde ella se encontraba, no quería volver a tenerla enfrente. Podría ser capaz de decirle cualquier cosa…
-Sí…me imagino que a qué tipo de malestar te refieres…-dijo Esposito moviendo la cabeza en dirección donde se encontraba Beckett.
-No. No es eso…creo que mezclé un poco y no me cayó muy bien.- contestó disimulando.
-Escucha, amigo. No sé qué es lo que pasó allá entre ustedes dos, pero estoy seguro de que no es nada que no se pueda solucionar hablando como adultos. Yo los vi cuando bailaban, cuando al fin la besaste ¡Todos estábamos viendo! ¡Se estaban prendiendo fuego y nada parecía importarles! Piénsalo, Rick ¿de verdad prefieres estar enojado que estar bailando otra vez con ella?- dijo Javi guiñándole un ojo.
-No es tan sencillo como parece…Sé que en algún momento ella y yo debemos hablar, pero no ahora. Ahora necesito pensar.-

Lanie se acercó hasta donde estaba Kate aun shockeada por todo lo acontecido segundos atrás.
-¡Kate! ¡Soy yo, Lanie! ¿Te encuentras bien?- preguntó preocupada la Dra. Parish.
-¿Es que todo el mundo se dio cuenta de quién soy?- dijo con un poco de indignación. –Hola Lanie. Estoy bien, no te preocupes.-
-Imagino por tu enfado que cuando dices "todo el mundo" te refieres a Castle ¿no es así, amiga?-
-Sí. Y no fue nada bueno…- dijo Beckett apenada.
-¡No lo entiendo, Kate! ¡Unos minutos atrás se besaban como si sus vidas dependieran de eso! ¿Cómo ese momento maravilloso se transformó en una discusión?-
-No estábamos discutiendo, Lanie. Castle me estaba gritando sin permitirme meter palabra. Estaba verdaderamente endiablado…nunca lo había visto así.-
-¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué se puso así?- dijo Lanie intrigada.
-Es una larga historia, amiga. Viene desde hace un tiempo. ¿Recuerdas que te dije que él y yo teníamos que hablar? -
-Sí, por supuesto que me acuerdo.-
-Bueno, tendríamos que haberlo hecho antes de venir aquí esta noche. Lamento no haberte contado nada de todo este asunto con Castle, pero tenía muchas cosas con las que lidiar después del disparo. Prometo contártelo todo con tiempo, amiga. Ahora quiero irme a casa lo antes posible-
-Estaré dispuesta a escucharte cuando te sientas preparada para hablar, Kate. Sé que no la pasaste bien este último tiempo y respeto tu silencio. Cuando tú lo dispongas estaré ahí para escucharte.-
-¡Gracias, Lanie! Siempre puedo contar contigo.- Beckett deseó que Rick pudiese entenderla como su amiga…
-Y con respecto a Castle ¿Cómo vas a solucionar esto?-
-No lo sé aun. Creo que esta vez lo arruiné de verdad…-
-¡No! ¡De ninguna manera voy a permitirte que te des por vencida! Estoy segura de que Rick no podrá dejar de hablarte así tan fácil. Sólo debes esperar a que las aguas se amansen un poco, no creo que tarde demasiado.-
-No va a ser tan fácil…debiste haberlo escuchado.- dijo la detective con tristeza.
-¡Tonterías! La gente cuando se enoja suele decir cosas que realmente no siente, sólo cuando te enfrías puedes pensar claramente. ¡Deja que se le pase y verás como todo se soluciona entre ustedes!-
-Probablemente tengas razón, Lanie. Ahora no puedo hacer nada para tratar de solucionar esto, así que me iré a casa a descansar. ¿Dónde están los chicos? Pasaré a despedirme de ellos.-
-¡Estamos por aquí cerca! ¡Te mostraré!- Lanie tomó a Kate de la mano y se dirigieron donde estaban sus amigos.

Ryan y Jenny se acercaban a Esposito y Castle después de haber estado desaparecidos por un rato largo.
-¡Hola Rick! ¡Qué gusto verte! dijo Jenny al ver al escritor.
-¡Hola Jenny! Es un gusto verte también. ¡Hola Ryan!-
-¡Hola Castle! ¿Cómo estás?- preguntó Ryan.
-A decir verdad, no me siento muy bien. Estaba por irme a casa. ¡Creo que mezclé demasiado alcohol!-
-¡Es una pena!- dijo al unísono el flamante matrimonio.
En ese momento Lanie se frenó al llegar donde estaban sus amigos cuando notó la presencia del escritor. Kate, quien la seguía atrás, también se frenó al reconocerlo de espalda. ¡Sí que no se lo esperaba! ¿Qué tenía que hacer ahora? Maldijo la hora en que se le ocurrió pasar a despedirse. Él todavía no se había dado cuenta, pero ciertamente no iba a pasar demasiado tiempo sin que eso cambiase. Quería salir corriendo, desvanecerse. No creía poder soportar otra mirada tan dura como la que había sentido hacía un rato. La Dra. miró a su atemorizada amiga sin saber cómo manejar la situación. Beckett le hizo un gesto para que avanzara. No le quedaba otra que comportarse como un adulto y afrontar lo que se viniese, a pesar de que quería huir de ahí llorando como un niña.
-Hola Castle.- dijo Lanie parándose al lado de él.
-¡Hola Lanie! ¡Qué gusto verte!- Castle giró para saludarla y quedó helado cuando la vio parada atrás de la Dra. Parish. Él tampoco se lo esperaba. La miró directo a los ojos sin decir palabra durante unos segundos, pero a ella le parecieron horas. Volvió a girar en dirección al resto y dijo:
-¡Bueno chicos, es hora de despedirme! ¡Espero que sigan divirtiéndose y disfruten el resto de la noche!-
-¿Seguro que no te quedas?- preguntó Esposito.
-No Espo. Me quiero ir de aquí- Contestó el escritor desanimado.
-¡Es una lástima!- dijo Ryan.
-¡Sí, Castle! ¡Es una pena que no te quedes! ¡De todas formas, muchísimas gracias por invitarnos a esta maravillosa fiesta!-
-Por nada, Jenny. Ha sido un placer ¡Ustedes se lo merecen! ¡Adiós amigos!- Esta vez ni siquiera le dedicó una mirada antes de dirigirse a la puerta. Sin pensarlo, Beckett se abrió paso entre la gente para alcanzarlo.
-¡Castle, espera!- El escritor se frenó y dio la vuelta.
-¿Qué quieres Beckett?- contestó secamente.
-Yo sé que en este momento soy la última persona a la que quieres ver, pero, tenemos que hablar. O al menos yo tengo que hablar contigo…tienes que escucharme… ¡Por favor!-
-Hace un rato no querías que supiera quién eras y ahora ¿quieres que te escuche? ¿Qué pasa detective la "reina del hielo" ha comenzado a derretirse y la tapa el agua o sólo te sientes un poquito culpable por que abandone la fiesta tan temprano?- dijo con media sonrisa de costado.
-¡Me llamaste… ¿reina del hielo?! ¡Eres un maldito idiota, Castle! ¡No eres más que un niño caprichoso que llora a los gritos cuando no obtiene lo quiere cuando lo quiere! ¡Pensé que hablando aclararíamos las cosas, pero acabo de darme cuenta que no vale la pena!- Kate estaba furiosa. Había llegado al límite de su paciencia con el escritor. No quería escuchar su sarcasmo y no iba a tolerar que la siguiera agrediendo gratuitamente. Le lanzó una mirada de odio y se dirigió a la salida sin despedirse de nadie. Castle la siguió con los ojos y apretó la mandíbula con fuerza. De verdad que era un maldito idiota. -¿Qué diablos pasa conmigo? ¿Por qué la traté de esa manera? ¡Soy un imbécil, un inmaduro! ¡No la culparía si no quisiera hablarme nunca más!- pensaba el escritor mientras veía como su amada desaparecía por la puerta. Sabía que no debería haberla cruzado. Se tendría que haber ido de inmediato. Pero, lamentablemente no pudo hacerlo a tiempo.

Subió a la limusina unos minutos después sin saber bien a donde quería ir. No quería volver a su casa ya que seguramente su madre y su hija estarían ahí y no quería que lo vieran con esa cara.
-¿Lo llevo a su casa, Sr?- preguntó el chofer de la limusina.
-No. Todavía no he decidido a donde- contestó el escritor sacando una botella de Whiskey del mini bar. La abrió y le dio un largo trago.
-Perdón que lo moleste de nuevo, pero no se para que lado de la ciudad debo manejar.-
-Tú sólo conduce donde se te ocurra. Daremos vueltas, hasta que a ti se te acabe el combustible o a mí el Whiskey. Lo que ocurra primero.- Castle no podía sacarse los últimos momentos de la fiesta con Kate. Realmente se había comportado pésimo y se sentía avergonzado. -¿Por qué no la dejé hablar? ¡Ella tiene razón! ¡Soy un niño encaprichado!- Se reprochaba mentalmente entre trago y trago. Quería ahogarse en esa botella, que el alcohol lentamente adormeciese su cerebro para no pensar más en ella. Pero por más que lo intentaba no podía. No podía olvidar las cosas horribles que le había dicho, pero tampoco podía olvidar su piel de seda, su boca, sus besos, su jadeante respiración en su oído cuando él le besaba el cuello. -¿Cómo no fui capaz de seguirle el juego? A lo mejor cuando estuviésemos solos me hubiese explicado la verdadera razón para no revelar nuestras identidades y todo sería distinto. Quizás en este preciso momento estaríamos enredados en el cuerpo del otro gozándonos una y otra vez ¡¿Cómo pude ser tan estúpido?!- El escritor sentía como su alma se entristecía cada vez más con cada imagen que recordaba. Tenía que solucionar esto. No sabía cómo, pero tenía que arreglarlo. Siguió dando vueltas por la ciudad preguntándose que debía hacer. Todas las veces que buscó una respuesta llegó a la misma conclusión: tenía que hablar con ella ahora. De ninguna manera podía dejar las cosas así esta noche. El problema era como demonios iba a lograr que ella le abriera para escucharlo. Le indicó al chofer la dirección de Beckett. Al llegar no pudo bajarse de inmediato. Se quedó sentado en la limusina durante un rato juntando valor para golpear su puerta.

Beckett entró a su apartamento con lágrimas en los ojos. Sentía como su corazón le dolía al recordar cada palabra de él. -¿Cómo podía ser tan idiota? ¿Tan caprichoso?- pensaba la detective. Nunca le dio la oportunidad de explicarse, de decirle cuanto lo deseaba, cuanto quería estar con él esta noche y un millón de noches más, cuanto lo necesitaba, cuanto lo amaba. Pero no se lo había permitido. En vez de eso la trató como si fuera una manipuladora, una mujer fría, incapaz de comprometerse con nadie. Ahora ella estaba herida, aun sangrando, y en cada gota se diluía la posibilidad de estar juntos alguna vez. Se sacó el traje. El vestido que antes le había parecido el más hermoso del planeta, ahora solo le recordaba esa horrible noche. También le recordaba lo cerca que había estado del escritor, su suave aliento en su cuello, sus dulces labios besándola, su increíble perfume. Negó con la cabeza sacando esas imágenes afuera y fue a ducharse con la esperanza de relajarse un poco y poder dormir, aunque sabía muy bien que iba a ser una tarea bien difícil.
No tardó mucho en salir de la ducha. Se envolvió con la toalla, se pasó un peine para desenredarse un poco el pelo y salió del baño en dirección a su a habitación a ponerse una enorme camisa blanca de hombre y unos mini shorts que usaba para dormir. Miró su cama y no sintió ni el más mínimo deseo de acostarse. Había sido una noche muy intensa. Si se acostaba ahora sabía que lo único lograría es dar infinitas vueltas sin conciliar el sueño. Recordó que Josh había olvidado una botella de un exquisito Whiskey Irlandés de 25 años que alguien le había obsequiado alguna vez. Un par de medidas le vendrían bien para intentar dormir. Fue hasta la heladera. Sacó un par de hielos y los puso en un vaso corto de boca ancha. Busco la botella en la alacena y se sirvió una generosa medida. Se sentó en el living, apoyando uno de sus brazos sobre las rodillas flexionadas arriba del sillón. Giró el vaso sacudiendo los hielos para enfriar un poco el trago mientras no lograba sacarse las palabras de Castle de la cabeza. Se sentía decepcionada ¿Cómo él podía pensar eso de ella? ¿Es que acaso en estos años no la había aprendido a conocer en lo absoluto? Nunca lo había visto tan furioso. Nunca la había mirado de esa manera y eso era lo que más le dolía. Sabía con certeza que la raíz del enojo provenía de que él sabía que ella recordaba todo de aquel fatídico día del disparo. Automáticamente le vino a la mente el momento del interrogatorio dónde ella misma se lo confesaba a un completo desconocido. -¿Cómo no me di cuenta de que él podía estar ahí? ¿Por qué no me esperó y me enfrentó en ese mismo momento? ¡¿Quién es entonces el cobarde?!- dijo en voz alta rellenando el vaso con un poco mas de Whiskey mientras pensaba que futuro podía tener una relación si desde un primer momento se ocultaban cosas y por otro lado pensaba lo difícil que podía llegar a ser no tenerlo cerca nunca más. Y a pesar de que estaba furiosa, decepcionada y sumamente confundida, no podía dejar de desear tenerlo cerca. Su cabeza era un verdadero desastre y pasaba del amor al odio en segundos.
El sonido de su móvil la distrajo de sus pensamientos. Era un mensaje de texto de Castle que decía: "Soy yo. Por favor abre" Kate se fastidió al leer el mensaje. No quería verlo ahora, todavía estaba furiosa. Treinta segundos después se escuchaban tres golpes en la puerta. Ella permaneció en silencio.

-Ábreme, Kate ¡Por favor! Sé que estás ahí, escuché cuando te entraba mi mensaje.- su voz, al principio tranquila, iba subiendo de tono ante el silencio de ella.- ¡Vamos! ¡Tú sabes que tenemos que hablar! No podemos dejar que esto quede así esta noche. Escucha, sé que me porte como un imbécil, ¡pero tienes que darme una oportunidad!- Kate permanecía en silencio dudando si abrirle o no. No quería seguir discutiendo mas esa noche, no se sentía con fuerza. No, no iba a abrirle. Aun estaba muy enfadada con él.
-¡Vamos, Beckett! ¡Abre la condenada puerta! ¡No pienso irme de aquí hasta que no lo hagas!- El escritor parecía estar decidido. El Whiskey que había tomado ayudaba. Así todo, se estaba desesperando ante la posibilidad de que no le abriera. Sus dudas, miedos y paranoias empezaban a alzar la voz nuevamente en su cabeza y la ceguera volvía… -¡Maldita seas, Kate! ¡Si todavía tienes miedo de hablarme a la cara aun puedo ponerme la máscara!- Castle escuchó los pasos furiosos que se dirigían hacia la puerta. Aparentemente había logrado llamar su atención… de una forma estúpida, muy estúpida, pero aun así lo había logrado...

- ¡Eres un maldito estúpido, Castle! ¡¿Cómo puedes ser tan cínico?!- los ojos de Kate estaban inyectados de ira mirando al escritor. Castle la miró de arriba abajo algo sorprendido por la poca ropa que llevaba la detective. ¡No podía creer lo sexy que era esa mujer! ¡Cuánto la deseaba! ¡No podía creer la manera en que había arruinado todo más de una vez!

- Logré que me abrieras ¿no? No parecías reaccionar a nada de lo que te estaba diciendo…- mientras hablaba ingresó al departamento sin darle oportunidad a que le cerrase la puerta en la cara.
-¡¿Qué demonios quieres, Castle?!-
-¡Tenemos que hablar de lo que pasó esta noche, Kate!-
-¿Estás borracho?- le preguntó al notar que olía a alcohol-
-No. O al menos no lo suficiente como para sacarte de mi cabeza ésta noche.-
-¡Pues tendrás que intentar con más fuerza! ¡No pienso escucharte, ya dijiste suficiente!-
- ¡Vas a escucharme te guste o no! ¡Después te prometo que me iré sin objeciones!-
-¿Y que se supone que vas a decirme, Castle? ¿Vas a recordarme nuevamente lo fría y manipuladora que soy? ¿La poca capacidad que tengo para comprometerme? ¿O mi cobardía para afrontar los sentimientos que tengo hacia ti? ¿Con cuál de todas te gustaría empezar, Rick? ¡¿Eh?! ¡Dime! ¡¿De verdad piensas que voy a volver a soportar que me trates de esa forma otra vez?!- Estaba furiosa. En ese momento sentía que lo odiaba y que nada de lo que él pudiera decirle podría cambiar eso.
-Vengo a pedirte perdón por todo lo que dije esta noche. Me comporté como un niño. ¡Peor! ¡Como un completo imbécil! ¡Créeme que estoy muy apenado, Kate! ¡Tengo miles de cosas más para decirte que tengo guardadas desde hace mucho, pero aun eso puede esperar! Lo único que quiero esta noche es que me perdones por todas las cosas horribles que te dije. ¡No es verdad que sienta eso! ¡Mis miedos y mi inseguridad fueron los que hablaron por mí! ¡Estaba como loco, no podía pensar con claridad! ¡Y aun me siento de esa manera! ¡Quiero que me des una oportunidad, que no me odies!- dijo muy apenado bajo la dura mirada de ella, que permanecía en silencio. Castle se acercó y la sujetó por los hombros en señal de desesperación. Sus manos estaban frías otra vez. El frío le traspasó la camisa y sintió como nuevamente se le erizaba la piel ¡¿Como le podía costar tanto tenerlo enfrente?! ¡Qué difícil era no besarlo teniéndolo tan cerca!

-¡Por favor, Kate! ¡Tienes que perdonarme!- otra vez podía sentir como se estremecía al agarrarla.
-N-no lo sé, Castle…No creo que esto nos haga bien…- dijo la detective con notable nerviosismo tratando de separarse.
-Por favor, dame una oportunidad.- El escritor le tomó el rostro con las dos manos y se acercó peligrosamente a su boca. La detective otra vez sentía como se le aceleraba el corazón y como nuevamente se empezaba a perder en sus hermosos ojos.
-No te arrepentirás, te lo prometo- le dijo susurrando mientras sin poder contenerse volvía a besarla con igual o más pasión que hacía unas horas atrás. Ella no pudo más que dejarse besar, otra vez desarmada, nuevamente estando a su merced. Ya no podía resistirse. Sus lenguas se saludaron, ansiosas por tocarse. Lo tomó de la cabeza y le acarició el cabello, bajando por su cara hasta sepáralo un segundo de su boca para mirarlo a los ojos con la respiración completamente agitada.
-¿Estas… seguro de esto, Rick?-
-¡Absolutamente! ¡No hay nada que desee más en este mundo que estar contigo! ¡Te amo, Kate! ¡Como nunca había amado a otra mujer en mi vida!- Volvió a besarla nuevamente sin esperar ni una palabra, sin esperar nada más que ella correspondiera a sus besos. Sus bocas, atraídas como imanes, no lograban separarse a más de un centímetro de distancia, para volver a juntarse segundos después con la misma intensidad que al principio. Sus lenguas se invadían, se chocaban, se bebían, como con vida propia. Sus respiraciones se entrecortaban y la temperatura iba en aumento. Las manos del escritor se enredaban en sus cabellos húmedos y las de ella se perdían en sus anchos hombros. Él comenzó a acariciarle la nuca, bajando suavemente por la espalda hasta tomarla por la cintura para pegarla aun más a él, mientras se separaba de su boca para besar su cuello. Primero, un beso muy suave, abajo, casi en el hueco de la clavícula. Luego fue subiendo muy despacio, disfrutando cada instante, acariciándola con sus labios. Llegó hasta su oreja y susurró: -¡Eres perfecta!- y le mordió suavemente el lóbulo. Kate intentó respirar hondo para ahogar un leve gemido. Sintió como la mano de él se abría paso hábilmente por debajo de su camisa acariciándole la espalda. No pudo más que sonreír cuando sintió las yemas de sus dedos provocándole escalofríos mientras le recorría lentamente la columna vertebral. Buscó su boca, desesperada, sedienta de sus ardientes besos. Al encontrarla se hundió en ella buscando su lengua una y otra vez. Castle se apartó para mirarla sin poder creer todavía todo lo que estaba pasando. La tomó de las manos y empezó a retroceder hasta sentarse en el sillón. Se sacó la parte de arriba del traje de arlequín que todavía llevaba puesto y lo tiró a un costado. Agarró nuevamente las manos de Kate trayéndola hacía él, haciendo que se sentara a horcajadas sobre sus piernas, disfrutando cada uno de los movimientos que ella le regalaba. Le desabrochó un botón de la camisa dejando al descubierto la cicatriz del disparo. Se acercó y le dio un beso justo arriba, después, posó muy despacio sus labios sobre esa herida que solo había sanado superficialmente. Sintió el cuerpo de ella temblar. Todavía su piel estaba sensible.
-¡Lo siento! ¡No quise lastim…!- le dijo separándose asustado. Sin dejarlo terminar lo besó dulcemente –Está todo bien. No duele…- le dijo perdiéndose en su boca. El escritor pellizcaba con sus dientes los sabrosos labios de la detective que se deshacía con cada caricia, con cada beso.
Le desabrochó otro botón. Besó el nuevo pedacito de piel que acababa de descubrir. La empujó levemente hacia atrás, para que se apoyara en uno sus fuertes brazos, mientras le desprendía un botón más y volvía a besar su piel de seda, robándole un gemido encantador. La camisa semi abierta le regalaba al escritor una hermosa vista de sus senos empezando a asomar fuera de ella. Desabrochó otro botón más, repitiendo el ritual del beso otra vez, deseando memorizar con sus labios cada milímetro de su piel. Beckett no terminaba de entender todas las sensaciones que su cuerpo le transmitía mientras Castle jugaba con el libremente. Sentía como las manos del escritor la recorrían entera, encendiendo aun más su ardiente figura, llevándola muy hábilmente, con paciencia, despacio, hacia un mundo de increíble placer sin siquiera haber terminado de desvestirla. -¿Vamos a la pieza? Estaremos más cómodos ahí…- le dijo ella tomándole el rostro con ambas manos, clavándole una mirada algo lujuriosa.
-Lo que tú quieras, detective…- Sonriendo, Castle se levantó del sillón con ella aun encima, apoyando sus varoniles manos sobre su cintura para sostenerla. Ella le rodeó el cuello con sus brazos y se trabó al él con sus largas piernas. Él la fue besando repetidas veces hasta llegar al cuarto.
En la habitación no había más luz que la que se colaba por la ventana desde el farol de la calle, centrándose en la cama, como un spot enfocando el escenario. Castle se paró junto al lecho, aflojando la presión de sus manos sobre la detective, dejándola deslizarse suavemente por su cuerpo hasta llegar a la cama. Muy lentamente le fue sacando el mini short, luego le desabrochó el último botón que le quedaba a la camisa y finalmente, él se quitó el resto del disfraz que aun llevaba puesto. Se quedó mirándola unos instantes con una enorme sonrisa, disfrutando su hermoso cuerpo iluminado por la tenue farola. – ¡Quiero recordarte así, por siempre!- Kate sonrío también, mientras lo atrapaba con sus piernas atrayéndolo hacía ella. Al fin sus cuerpos desnudos se tocaban, se reconocían, se incendiaban. Sus sombras reflejadas en la pared se fusionaban en una, danzando suavemente al son del compás. Ellos eran música: tiempo, ritmo y armonía exquisitamente combinados, creando una sinfonía de sublime goce.
Jugaron mutuamente con sus cuerpos. Incansables, insaciables. Deseando que ese momento se perpetuara en el tiempo y sin la menor intención de separarse, demostrándose a cada segundo cuanto se amaban.

Quedaron tendidos boca arriba aun jadeantes, exhaustos, sin aliento. Castle se puso de costado para poder mirarla, le agarró la mano y se la acerco hasta su boca para besarla dulcemente. Kate giró también quedando enfrentada a él. Lo besó y le dijo: -Gracias...- el escritor frunció un poco el ceño sin entender porque le agradecía… -Lo de recién… ¡fue increíble!- le dijo ella con una sonrisa. – ¡Tú eres increíble!- contestó él besándole la frente.
-¿Kate? ¿Estás despierta?- preguntó al notar su respiración acompasada. Nunca contestó. Se había desmayado del cansancio. Se quedó mirándola durante un rato largo, mientras le acariciaba la mano que nunca le había soltado.
Había pasado de todo esa noche, y a pesar de que lograron terminar bien, todavía quedaban algunas cosas por aclarar. Si iban a tratar de tener algún tipo de relación lo mejor era tratar de empezar diciéndose la verdad. Por eso aun se debían una charla y Castle sabía perfectamente que todo lo relacionado con el caso de su madre sería parte de esa conversación. Tenía miedo, sabía que al contarle a Beckett todo el asunto, la reacción de ella no iba a resultar muy favorable al supuesto inicio de su relación. La conocía lo suficiente como para esperar lo peor, por eso el miedo. Ya había saboreado su dulce néctar, ya había mordido la fruta, sabía que nunca iba probar otra tan exquisita, y, por supuesto, no quería dejar de disfrutarla nunca más.

Continuará...