Capítulo VI

Richard salió del departamento con un profundo dolor en el alma. Su corazón con cada latido le inyectaba medio litro de miedo. Por más empeño que pusiese en explicarle el peligro en el que se encontraba, a Beckett parecía no importarle. No le importaba morir y aparentemente tampoco le importaba que alguien más saliera perjudicado. Estaba completamente enceguecida por el dolor, sedienta, ya no de justicia sino de venganza. Sentía que él ya no lograría contenerla de ninguna forma. Ya no podía protegerla. Había fracasado y ciertamente no tardarían demasiado en llegar a ella en cuanto empiece a investigar otra vez. ¿Cuánto tardarían en encontrarla? ¿Cuánto tiempo faltaba antes de recibir la llamada en la que le decían que le habían pegado un tiro en la cabeza? -¡Dios! ¿Por qué es tan necia? ¿Por qué?- pensó en voz alta. Manejó como un loco por la ciudad dando vueltas sin dirigirse a ningún lado, inmerso en sus pensamientos, consumido por la tristeza. Tristeza por no poder cuidarla, por no poder estar a su lado en éste momento tan duro. Y además, culpa. Inmensa culpa, porque en definitiva, y a pesar de sus advertencias, él había consultado a un forense entrometiendo las narices en el pasado de Beckett cuando ella lo tenía muy enterrado dentro suyo. Él y su estúpida investigación lograron que su antiguo dolor la quemara nuevamente. -¡¿Cómo pude ser tan idiota?! ¡Tan egoísta! ¡¿Qué pretendía con eso?! ¡¿Quedar como el héroe que resolviera el caso de su madre para que ella me viera con admiración?! ¡Estúpido ególatra! ¿En qué demonios estaba pensando?- se decía a si mismo dándole golpes al volante entre pregunta y pregunta. No tenía respuestas. Ahora ya era tarde y ella ni siquiera quería verle la cara. Decidió volver a su casa a tomarse un par de tragos para ver si lo ayudaba a conciliar el sueño. Hoy, con poder dormir se conformaba. Sabía que los días por venir iban a ser difíciles. Sabía que sacarla completamente fuera de su vida le llevaría tiempo y seguramente, más que un par de botellas para intentar olvidarla. Entró a su loft sabiendo que Alexis no se encontraba, pero nada sabía de su madre.
-¡Richard, querido! ¡Te vi salir tan arreglado y perfumado que no te esperaba hasta mañana!- dijo Martha sorprendida al verlo entrar -¡Tienes suerte de encontrarme sola!- agregó para aflojar la cara de preocupación con la que había entrado su hijo.
A Castle se le dibujó una mueca muy parecida a una media sonrisa.
-Perdón, madre. Prometo no incomodarte. Voy a encerrarme en mi escritorio, a ver si logro escribir algo…- contestó agarrando una botella de Bourbon.
-¡Sabes que es una broma, hijo! Sólo trataba de cambiarte un poco esa cara. ¿Qué pasó con Beckett?-
-¡¿Cómo sabes que estoy así por ella?! Yo no te dije que iría a verla…- preguntó extrañado.
-Primero y principal: soy tu madre y te conozco como nadie. Y segundo: por la única persona que te he visto ponerte de ese modo cuando le pasa algo es por Alexis. Acabo de cortar con ella y está en perfectas condiciones, divirtiéndose en la casa de su amiga…así que usando simple lógica asumo que algo sucede con Kate.- dijo usando sus dedos índice y mayor para enfatizar su discurso.
-¡Nunca terminas de sorprenderme, madre!-
-¡Vamos! ¡Sírveme un poco de ese whisky y cuéntame todo! Te hará bien desahogarte con alguien.- le dijo Martha haciendo un ademán con su mano para que se acercara al sofá.
Castle sirvió un par de vasos y se sentó junto a su madre para contarle absolutamente todo lo que había pasado en estos dos días. Ella lo escuchó atentamente durante un rato largo sin decir palabra. Martha solamente miraba como la tristeza se iba apoderando del rostro de su hijo y no podía más que sentirse de la misma manera.
-¡No sé que más hacer para hacerla entrar en razón, madre! ¡Ahora que sabe lo que yo sé no va a parar hasta descubrir quién es la voz al otro lado del teléfono! ¡Te juro que me aterra la sola idea de verla otra vez tendida en el suelo con un disparo! ¡¿Qué hay si esta vez no fallan?!- los ojos del escritor se llenaron de lagrimas. Agachó la cabeza un poco avergonzado. Era la primera vez que su madre lo veía así por una mujer.
-Lo sé, Richard. Kate tiene una tenacidad admirable y no creo que haya nada que puedas hacer con respecto a eso. Aparentemente, ha tomado una decisión sobre su vida, y lamentablemente deberás respetarla. Aunque eso signifique alejarte definitivamente de ella.- le dijo levantándole suavemente de la barbilla.
-Sí. Eso me lo dejó bien claro. ¡Sólo que todavía me niego a aceptarlo! ¡Siento como que voy a presenciar cómo se vuela la cabeza con el arma que yo le regalé!-
-¿Y qué pretendes hacer, cariño? ¿Secuestrarla llevándola hasta algún lugar remoto y mantenerla allí hasta que logres hacerla razonar?-
-¡Si ella me dejase yo podría sacarla de aquí, desaparecer! ¡Llevármela bien lejos, a una isla desierta o algo así!-
-¡Bien dijiste! ¡Si ella te dejase!- su madre lo tomó de las manos -Hijo, no te olvides la razón por la cual se hizo policía en primer lugar. El peso que carga sobre su espalda sería intolerable para la mayoría de las personas, pero ella lo canaliza convirtiéndose en la voz de todas las víctimas de los casos que resuelve. Imagínate la frustración que debe sentir sabiendo que una de las pocas voces que permanece en silencio es la de su propia madre.- Martha llenó los vasos de nuevo y le pasó uno al escritor.-
-¡¿Y qué hago, entonces?! ¡¿Me voy a Los Hamptons para no tener que cruzarla más en la ciudad y me quedo ahí esperando que me avisen cuando es su funeral?!- Rick tomó un largo trago.
-Sí, si es necesario. Tú mismo lo dijiste: no hay nada que puedas hacer para que cambie de opinión. Si ella está dispuesta a morir por su causa, a ti no te quedará otra opción que resignarte y aceptarlo. ¡No puedes echarte la culpa por el inicio de todo esto! Y aunque debo decirte que estuvo muy mal entrometerse de esa forma, tarde o temprano todo hubiese salido a flote. ¡Entiende, Richard! Esto forma parte de su ser. Su personalidad se terminó de forjar en base al asesinato de su madre. Es muy difícil que logre darse cuenta que existen otras cosas por las que vivir cuando ella encontró algo por qué morir. Sé que va a ser muy duro para ti afrontar esto, más aun, después de la maravillosa noche que pasaron juntos, pero a mi entender es lo único que puedes hacer.- El escritor permaneció en silencio unos segundos, pensando.
-Probablemente tengas razón, madre. Lo mejor será alejarme. Me voy a dormir, o al menos a intentarlo.- Castle se levantó con el trago aun en la mano, se acercó a Martha, le dio un beso en la frente y agarró la botella de Bourbon -Que descanses, madre. Hasta mañana.- dijo mientras se dirigía a su habitación rellenando su vaso.
-Hasta mañana, Richard. Intenta descansar ¡Mañana será otro día!- Martha se quedó hasta terminar su copa y también se fue a dormir, pensando en lo injusta que podía ser la vida al ponerle tantos obstáculos, impidiendo que dos personas que se aman con locura estén juntas.

Beckett se levantó muy temprano. Como era de esperarse no había dormido casi nada después de la discusión con Castle. Lloró durante horas, con odio, con rencor, con dolor, con profunda tristeza, hasta que, vacía completamente de lágrimas, logró dormitar un rato hasta el amanecer.
Lo primero que hizo al levantarse fue prender la cafetera, como todas las mañanas, como la mañana en la que se despertó a su lado. Negó con la cabeza y se dirigió al baño a ducharse. No podía comenzar la mañana pensando en él y en la estupenda noche que había disfrutado después de la fiesta. Eso no hacía más que recordarle cuanto lo iba a extrañar cuando no lo tuviese cerca. Pero, no podía perdonarlo, no después de haberle mentido durante tanto tiempo. ¿Cómo después de esto podría volver a confiar otra vez en él? Trató de relajarse un poco abajo del agua tibia, repasando como se iba a desarrollar su día. Tenía algunas cosas que hacer antes de ir al precinto, sólo esperaba tener el tiempo suficiente.
Después de cambiarse se sirvió una taza de café y se sentó en el living. Todos los fantasmas llenos de recuerdos, los buenos, los malos y los peores se reunieron con ella. Intentando engrilletarla, atarla a esos momentos, como una cruel condena. No debía permitirlo. Miró su reloj y decidió que era lo suficientemente tarde como para hacer un llamado telefónico sin matar del susto a nadie. Tomó su móvil, buscó un número en la agenda y presionó send.
Habló durante unos minutos con una mujer. Terminó su taza de café y salió poniéndose su chaqueta de cuero. Sin demora se subió a su auto mientras organizaba en su cabeza toda la nueva información que había adquirido la noche anterior. Según lo que le había confesado el escritor, el receptor del paquete es una persona de confianza del Capitán. Un amigo. Seguramente para confiarle semejante responsabilidad debe ser un amigo muy fiel, de hace muchos años, probablemente alguien que estuvo al tanto en todo momento de este gran lio. Alguien cercano a la familia. O al menos es algo de donde agarrarse para empezar. Estaba casi segura que la información que necesitaba estaba en la casa de su antiguo Capitán. Su mente armó todas las piezas del rompecabezas en el trayecto de su casa hasta la del fallecido Roy Montgomery, inclusive, también encajó la mentira que debía decirle a Evelyn en caso de que ésta sospechara más de lo necesario. Se bajó del auto y en segundos estuvo parada en el porche de entrada. Tocó el timbre esperando ansiosa a que la atendieran. La puerta se abrió y Evelyn la recibió con una gran sonrisa.
-¡Hola Kate! ¡Qué gusto verte!- le dijo dándole un abrazo a la detective.
-¡Lo mismo digo, Evelyn! ¡Lamento tener que pasar a esta hora, pero estoy tapada de trabajo!-
-No hay problema. ¡Sabes que con tres hijos dormir hasta tarde es un lujo! ¡Ven! ¡Siéntate! ¿Te sirvo un café?-
-¡No, gracias! Estoy algo apurada. ¡Dejaremos el café para otro día! ¿Tuviste oportunidad de juntar los expedientes de antiguos casos? Sé que no te di mucho tiempo…-
-Algo tengo. Aquí está su portátil. Y un par de cajas llenas con lo que parecen ser carpetas. Ya sabes que él era bastante reservado con su trabajo y no sé exactamente de que se trata lo que hay adentro.-
-¡Excelente! Con esto tendré para empezar. Dime, Evelyn… ¿Podrías facilitarme fotos viejas?- Kate notó de inmediato la cara de sorpresa de la esposa del Capitán. Sabía que era bastante arriesgado pedírselas ya que no podía contarle nada con respecto a su verdadera investigación, pero estaba segura que la voz misteriosa podía adquirir un rostro en alguna de esas fotografías.
-¡¿Fotos viejas?! ¿Qué tipo de fotos?... No sé si tengo muchas aquí… - dijo Evelyn rascándose el mentón pensativa.
-Fotos de fiestas o reuniones a las que hayas asistido con Roy a lo largo de su carrera como policía. ¿Podrás encontrar algunas? Estoy tras la pista de un nuevo caso que podría llegar a tener relación con uno o más casos antiguos del Capitán y tengo la esperanza que algún viejo compañero de él me pueda decir algo útil. Pero no tengo nada concreto aun como para informar al resto de mi equipo. Con los expedientes y su portátil creo que es bastante como para comenzar, pero estoy segura de que las fotos me pueden aportar un indicio de con quién puedo ir a hablar.- dijo la detective con absoluta seguridad de lo que estaba diciendo.
-¡No hay problema con lo de las fotos! Tendrás que darme unos días para buscar las que necesitas. ¡Te llamaré en cuanto las haya reunido! ¿Te parece?-
-¡Muchísimas gracias, Evelyn! ¡Te prometo que cuando tenga más tiempo vendré a tomar una taza de ese café delicioso que preparas!- Kate se dirigió hacia la puerta con una de las cajas, la esposa del Capitán llevaba la otra con la Laptop arriba. La acompaño hasta el auto y se despidieron con un dulce abrazo. La detective acomodó las cajas en el baúl. Había pensado en pasar por su casa y dejar todo ahí, pero ya era tarde y debía dirigirse al precinto. Subió rápidamente, se colocó el cinturón de seguridad y puso la llave dando arranque al vehículo. Escuchó su celular y lo atendió antes de salir.
-¡Buenos días, amiga! ¡De más esta preguntarte como amaneciste ¿No?!- dijo muy alegremente Lanie del otro lado del teléfono.
-Buenos días, Lanie. Mejor ni preguntes. Escucha. Estoy a punto de manejar, te llamo luego ¿Si?- contestó secamente.
-¡Esa no era la respuesta que esperaba, amiga! ¿Qué pasó? Se te escucha muy rara, Kate…- dijo la Dra. preocupada.
-Te dije que era una historia muy larga y ahora se alargó un poco más, es todo. Ahora estoy apurada. Te llamó en cuanto tenga un rato y arreglamos para vernos ¿Te parece?-
-¡No hay problema! Llámame cuando quieras. ¡Adiós, amiga!-
-Adiós, Lanie.- Beckett cortó rápidamente. No tenía ganas de ver a nadie. Ni siquiera tenía deseos de ir a trabajar. Lo único que le interesaba en ese momento era encerrarse en su apartamento a desmenuzar toda la información que le había dado Evelyn y esperar por las fotos. Algo tenía que encontrar. Seguramente algo se le había escapado a lo largo de este tiempo y necesitaba con desesperación encontrarlo o perdería la cordura. Pero tenía que esperar. Ahora debía presentarse a trabajar
Llegó al destacamento apenas pasadas las 8:30. No estaba tan mal, después de todo. Saludó a sus compañeros y se sentó en su escritorio a terminar algo de papeleo que tenía atrasado.
Ryan y Esposito se miraron después del saludo de la detective algo extrañados por la distancia que ésta había adquirido esa mañana. Ambos estaban convencidos que tenía algo que ver con la fiesta del sábado ya que tampoco tenían noticias de Castle. Sin embargo ninguno dijo una palabra al respecto.
-¡Ey, Beckett! Ryan y yo vamos por un par de tazas de café ¿quieres una?- Espo pensó que seguramente el café no tendría ni el mismo gusto ni el mismo significado que el que le traía el escritor cada mañana, pero al menos alguien tendría esa pequeña atención con ella.
-¡Sí, gracias Espo!- contestó con una tenue sonrisa.
Al rato los muchachos llegaron con tres tazas humeantes de café recién hecho. Le dieron una a su compañera y se dirigió cada uno a su escritorio para seguir trabajando en el aburrido papeleo. La mañana transcurrió de lo más tranquila, hasta que alrededor de las 11:30 recibieron un llamado sobre un aparente homicidio en un lujoso apartamento de la zona. Ryan les informó a Esposito y a Beckett sobre los detalles del llamado. Al escuchar la dirección pensó rápidamente que le quedaba camino a su apartamento, ofreciéndole la oportunidad perfecta de vaciar el baúl de su auto antes de ir a la escena del crimen.
-Adelántense ustedes chicos. Termino de llenar éste informe y enseguida saldré para allá.- contestó rápidamente.
-Ok. Nos vemos allá.- dijo Ryan poniéndose el saco.
Beckett esperó unos 10 minutos y salió rumbo a su casa para esconder las cosas. Se sentía rara haciendo eso, mintiéndoles a sus compañeros, ocupando su tiempo laboral en sus asuntos personales. Se sentía caminando por el borde de la legalidad. Todavía estaba adentro, pero ¿Cuánto tardaría en cruzar para el otro lado? Cada minuto que pasaba se alejaba más de todo y de todos. La coraza que se había empezado a resquebrajar en éste último tiempo parecía haberse auto reparado en las últimas horas, sellándose tan bien que pronto no dejaría paso ni siquiera a un pequeño haz de luz.

La habitación se hallaba en total oscuridad. Las persianas estaban bajas y las puertas cerradas. El celular de Castle sonaba insistente por tercera vez sin recibir respuesta. Manoteó con fastidio el teléfono y contestó sin fijarse quién era.
-¡Espero que sea importante para molestar a estas horas!- dijo con voz de ultratumba.
-¡Rick! ¡Gracias a dios que atendiste! ¡Tienes que venir a casa! ¡Pasó algo terrible!- la voz de la mujer sonaba muy alterada.
-¡¿Gina?! ¡¿Eres tú?! ¡¿Qué pasó?! ¡¿Te encuentras bien?!- el escritor se incorporó preocupado.
-¡Sí, Rick! ¡Yo estoy bien, pero necesito que vengas! ¡No sabía a quién llamar! ¡Por favor! ¡Es horrible!- Gina no paraba de llorar mientras le hablaba.
-¡Tranquilízate, Gina! ¡En unos minutos estaré en tu casa!- Castle se dirigió al baño de inmediato para darse una ducha rápida mientras terminaba de hablar con su ex mujer.
-¡Oh! ¡Gracias, Rick! ¡No tardes ¿quieres?!-
Se metió bajo el agua tratando que le pegara en la cara para despabilarse un poco. No sabía a qué hora se había dormido, ni cuánto tiempo había dormido, ni exactamente qué hora era en ese preciso momento. No sabía absolutamente nada, excepto que la botella de whisky estaba vacía al lado de su cama y su mente no estaba muy lúcida aun. -¿Qué diablos estará pasando? Se suponía que Gina estaba de viaje y no volvería hasta la semana próxima…- Pensaba mientras se vestía. Ni siquiera pensó en perder tiempo afeitándose. Seguramente hubiera favorecido a su semblante, pero no quería demorar demasiado. Gina, realmente lo había dejado preocupado. Agarró su reloj y miró la hora, sorprendido de que fuera tan tarde. Necesitaba un café, aunque fuera la hora del almuerzo. No tenía tiempo de preparárselo en casa, así que compraría uno en el camino.
-¡Richard, querido! ¡¿Donde te diriges con tanta prisa?! ¡Podrías haberte afeitado! ¡Sabes que a cierta edad ese aspecto pasa de ser sexy a desprolijo!- dijo Martha al verlo encarar directo a la puerta de salida.
-¡Después te explico, madre! ¡Algo pasó con Gina, pero aun no sé que es!-
-¡Oh! ¡Por dios, hijo! ¡¿Pasó algo grave?!- la cara de Martha se transformó en verdadera preocupación.
-No lo sé. ¡Te prometo que cuando averigüe algo te avisaré para que te tranquilices!- Castle besó a su madre y se dirigió a lo de su ex.
De camino no le quedó otra que pasar por la cafetería donde compraba el café para Beckett. Instintivamente pidió dos para llevar, como todas las mañanas. Estuvo por tirarlo al salir pero pensó en llevárselo a Gina, después de todo era un buen café como para desperdiciarlo. Se bajó de un taxi a la vuelta de la esquina para no perder más tiempo. Al aproximarse se asustó al ver un par de patrulleros en la puerta. Apuró el paso hasta casi correr.
Explicó rápidamente al oficial que estaba en la puerta quien era para que lo dejara entrar. -¡Qué fácil es todo con Beckett!- pensó con nostalgia mientras terminaba de convencer al uniformado que necesitaba ver a su ex. Se escuchó una voz del otro lado de la puerta:
-¡Richard! ¡Gracias a dios que llegaste!- dijo Gina abrazándose con fuerza al escritor.
¡Tranquila! ¡Ya estoy aquí! ¡¿Qué diablos está pasando?! ¡¿Por qué esta la policía?!- preguntó ansioso abrazando a la rubia algo incomodo por los dos vasos de café que tenía en la mano.
-¡Es Margarita! ¡Ella esta… está… muerta!- volvió a romper en llanto.
-¡¿Cómo que está muerta?! ¿Qué pasó? Dime…-
-¡No lo sé Richard! ¡Llegué hoy de viaje y la encontré muerta en mi cama! ¡Estaba atada de pies y manos con una media de nylon en la cabeza! ¡La habitación estaba revuelta, como si hubiesen estado buscando algo! ¡Dios! ¡No puedo sacarme esa imagen de mi cabeza!- Rick apoyó los vasos en una mesita para abrazar a Gina.
-Tranquilízate. Aquí estoy. Ahora hablaré con la policía para ver qué debemos hacer.- su voz se tornó protectora.
-¡Tengo mucho miedo, Rick!- se aferró mas al escritor.
-No te preocupes. No te dejaré sola. Ten, te traje un café. ¡Te vendrá bien!- le acercó uno de los vasos y bebió largamente del suyo. Gina aceptó el café sin decir nada. El escritor la acompañó hasta un sillón y la hizo sentar, luego se dirigió hasta uno de los agentes que se encontraba adentro.
-Disculpe. ¿Podría decirme que es lo que saben hasta ahora de lo que ocurrió aquí adentro?-
-Lo siento Sr. Castle, no podemos tocar nada. Estamos esperando a los del laboratorio, al forense y a algún detective de homicidios. Porque parece que eso es lo que es…Y de todos modos aunque tuviese más datos tampoco podría proporcionárselos ¿Entiende? A partir de ahora estamos en el medio de una investigación y no podemos compartir cierta información con un civil.- dijo en tono solemne –Mire.- agregó -¡Casualmente, ahí vienen dos detectives de la 12!- Richard giró de inmediato deseando que no fuera ninguno de sus antiguos compañeros.
-¡¿Castle?! ¡¿Qué haces aquí, bro?!- dijo Esposito sorprendido- ¡Dios! ¡No puedo tener tanta mala suerte! Pensó mientras se acercaba a sus amigos.
-Hola chicos. Acá vive mi ex, Gina. Al parecer llegó de viaje ésta mañana y encontró a la empleada domestica muerta en su cama. Me llamó muy asustada… me gustaría poder ayudarla.- mientras hablaba con Ryan y Esposito, miraba de reojo comprobando si la detective estaba cerca. – ¡Quizás mi suerte no sea tan mala! ¡A lo mejor la asignaron a otro caso y ni siquiera tenga que cruzarla!- pensó al no encontrarla por ningún lado. Se moría de ganas de volver a verla, pero estaba seguro que apenas ella se cruzara con él le pediría que se aleje lo más posible para no entorpecer la investigación y por supuesto, para no tenerlo cerca. En su exhaustiva recorrida visual su mirada si se cruzó con Lanie que llegaba junto con los del laboratorio forense.
La Dra. Parish también se sorprendió al ver al escritor en la escena del crimen antes que ella. No sabía muy bien cómo tratar a Castle. -¡Al fin y al cabo, con estos chicos nunca se sabe! ¡Un rato están juntos para toda la vida y al siguiente están gritándose, o aun peor ignorándose como dos niños de jardín de infantes!-pensó. No sabía muy bien que pasaba entre su amiga y él, y la verdad es que el escritor le caía muy bien como para tratarlo secamente. Decidió saludarlo como siempre pensando en el enfado de Kate por no solidarizarse con la situación de ella.
-¡Hola, Castle! ¡¿Qué haces aquí?! ¡Lindo look adolecente! ¡Te sienta bien la desprolijidad!- dijo divertida.
-¡Hola Lanie! ¡Gracias… supongo! Verás… aquí vive Gina. Te acuerdas de Gina ¿No?-
-¿Tú ex? ¡Por supuesto que la recuerdo! ¡Oh! ¡Mi dios! ¡No habrá pasado algo con ella ¿No?!- dijo preocupada.
-No. No con ella. Con su empleada domestica. ¡Pobrecita, era muy joven todavía! Durante el tiempo que estuvimos casados Gina y yo trabajó con nosotros. La conocía desde hacía bastante…- dijo con algo de tristeza.
-Me voy de inmediato a trabajar. Trataremos de resolver esto, Castle- dijo la Dra. mirando al escritor a los ojos.
-Sé que harán lo posible. De verdad me gustaría ayudar, pero dudo que Beckett me lo permita…- su voz fue bajando de volumen a medida que terminaba, pero Lanie lo escuchó clarísimo. Sabía que su amiga podía reaccionar de esa forma si de verdad estaba enfadada con él. Ryan y ella se dirigieron hacia la habitación donde se encontraba el cuerpo. Esposito se quedó hablando afuera con los agentes que habían llegado primero a la escena del crimen. Castle volvió con Gina y se sentó a su lado. Parecía un poco más tranquila, pero de a ratos le agarraban ataques de llanto y se abrazaba al escritor como una niña asustada. Mientras él seguía observando a todo aquel que entraba y salía. Esposito desapareció de su vista yendo en dirección a la salida. A los pocos segundos reapareció hablando con la bella detective que caminaba a su lado.
-Tengo que decirte algo mas con respecto al asesinato, Beckett… - dijo Javi caminado junto a ella. -…la chica muerta…era la empleada de Gina…la ex de Castle. Ésta es su casa y nuestro amigo está con ella en el living…-
-¡Genial! ¡Lo único que me faltaba!- pensó resoplando con fastidio. Avanzó rápidamente para pasar el mal trago de encontrárselo ahí, con tanta suerte que vio a la rubia acariciando el rostro áspero sin rasurar del escritor.
-¿Por qué nunca te dejaste de afeitar un par de días cuando estábamos juntos, Rick?- dijo Gina con media sonrisa. –Te da un aspecto muy sexy…- Beckett observaba la escena en silencio. Los vio sonreír a ambos mientras se miraban, tomando el mismo café que tomaba ella junto al escritor cada mañana. ¡Sintió unos celos horribles! Tensó sus mandíbulas y endureció por completo la mirada mientras seguía acercándose.
-¡Me lo han dicho!- sonrió -¿Sabes? Recuerdo una vez estando de vacaciones que intenté no rasurarme… también recuerdo que dijiste que no volvería a tocarte un pelo hasta que mi rostro no tuviese la suavidad digna de un bebe…- Gina soltó una pequeña risita. Él se alegró de poder sacarla, aunque sea unos segundos de esa situación horrible. Kate se acercó hasta pararse enfrente de ellos. Castle levantó la vista y automáticamente la sonrisa se le borró del rostro.
-Castle.- dijo ella secamente.
-Beckett.- el escritor contestó de igual forma. Gina miró a la detective y la saludó.
-Hola Beckett. Me alegro que seas tú quien se haga cargo de este caso…-
-Hola Gina. Esposito me puso al tanto de todo. En un momento él te tomará declaración mientras yo hablo con el forense. Es muy importante que le cuentes todo lo que viste al entrar y todo movimiento que hiciste desde que abriste la puerta ¿De acuerdo?-
-De acuerdo. Gracias detective… ¡¿Rick?! …Puedo quedarme en tu casa ¿No? ¡No quiero estar sola! ¡Por favor!- Dijo Gina levantándose sin dejar de mirarlo para ir hablar con Javier.
-Sí…Puedes quedarte el tiempo que sea necesario.- contestó levantándose también quedando frente a Kate. Ciertamente, no quería a Gina en su Loft, pero considerando la situación, no había mucho que hacer al respecto. Esposito hizo señas a Gina de aproximarse. Beckett dio media vuelta sin siquiera mirarlo para dirigirse a la habitación dónde se encontraban la Dra. Parish y Ryan examinando la escena. Castle quedó helado por la frialdad de la detective. Quedó básicamente petrificado sin saber cómo continuar. -¡¿Justo ahora tenía que pasar esto en la casa de Gina?! ¡Maldita sea mi suerte!- pensó mientras veía como se alejaba sin animarse a hablarle como un niño asustado.

Continuara…