Capítulo IX
Beckett llegó muy temprano al precinto. Curiosamente, no le había costado tanto dormirse la noche anterior. El recuerdo del beso, el sabor de sus labios, la suavidad de sus manos, todo eso la había acunado dulcemente hasta cerrar los ojos atrapada por el sueño.
Ninguno de sus compañeros había llegado todavía. Miró al despacho de Gates y como era de esperarse estaba sentada con un expediente en la mano. Fue hasta su oficina a preguntarle si ya había mandado el mail a lo que su Capitana le respondió que "por supuesto, soy sumamente responsable en mi trabajo, detective. A estas alturas ya debería saberlo". Y era cierto. En el preciso momento que entró en su despacho supo que era innecesaria la pregunta. La nota dejada por ella la tarde anterior había bastado para que su jefa hiciera su trabajo.
Se preparó una taza de café con algo de nostalgia. Hacía unos cuantos días que el escritor no le traía uno. Se quedó pensando unos minutos con la taza en la mano, soplando la bebida humeante. Se dio cuenta que a pesar de haber estado con él hacía solo unas horas ya lo extrañaba. ¡¿Cómo puede un hombre revolucionar toda mi vida de esa forma?!- se reprochó al no poder dejar de pensar en él. Volvió a su escritorio para intentar volver a trabajar. Llamó al laboratorio preguntando si ya tenían los resultados de los análisis toxicológicos. Estarían en unos momentos y se los enviarían por mail. También preguntó a qué hora liberarían la escena del crimen. Les explicó, aunque ellos deberían saberlo, que tenía que ir con la dueña de la casa para que ella pudiese realizar un reconocimiento de las cosas que podrían faltarle y cuanto más rápido, mejor. Si le habían robado algo de valor seguramente estarían tratando de venderlo. Sería una buena pista a seguir. Los del laboratorio le confirmaron que para las 10:00 de la mañana estaría liberada.
Ryan llegó a los pocos minutos. Saludó y preguntó si había alguna novedad sobre el caso. Beckett lo puso al tanto de la charla con Félix y de la respuesta del laboratorio. Esposito, que recién entraba, se unió a la conversación.
-Deberíamos mostrarle a Gina las joyas que usaba la víctima. Necesitamos la confirmación de que son de ella. Sólo tenemos los que nos dijo Castle en la escena del crimen…- dijo Javi
-Sí. Tienes razón, Espo. En un rato se las llevaremos a lo de Castle. También hay que llevarla a su casa para que revise si falta algo, así que haremos todo junto.- contestó la detective tratando de disimular la emoción que tenía por verlo.
-Ok. Voy a buscar las joyas a evidencias.- dijo Ryan dirigiéndose al ascensor.
Sonó el teléfono en el escritorio de Esposito. Era de la compañía telefónica avisándole que ya le habían mandado un mail con el código de rastreo del móvil de Margarita. Javi les agradeció por la pronta respuesta, a lo que le respondieron que no podía ser de otra manera después de leer el correo que le había mandado la Capitana Gates, donde le sugería a la empresa que no se tardara demasiado, sino se vería obligada a detener al presidente del directorio por obstruir una investigación policiaca. Espo, le contó a Beckett riéndose por lo de Gates, mientras buscaba el código para llevárselo a los geniecitos de comunicaciones para rastrear el móvil.
-¡Perfecto! Encárgate de eso Javi. Encontrar ese teléfono puede darnos información muy importante sobre el último día de Margarita. Yo iré con Ryan a lo de Castle a llevarle las joyas a Gina. Esposito sonrió guiñándole un ojo y dijo:
-¡No te aguantas sin verlo ¿No?!
-No es una visita social, Esposito. Es por trabajo.- contestó seria.
-¡Como tú digas, jefa! Te mantendré al tanto de lo del teléfono.- Javi no pudo evitar sonreír mientras se iba.
Beckett revisó el mail del laboratorio. No había rastros de drogas. Lo único que la víctima parecía haber consumido era alcohol. Unas cuantas copas, al parecer. El nivel en sangre era de 1.8 g de alcohol por litro, lo que supone una borrachera interesante, no lo suficiente como para dejarla inconsciente, pero si lo bastante como para hacer alguna locura; por ejemplo, dejarse atar de pies y manos y disfrazarse de Gina con una media en la cabeza. No se había encontrado ninguna botella o copa en el lugar, por lo que se suponía que el asesino se había llevado todo junto con la soga que usó para matarla, o bien podría haber ingerido alguna bebida en algún otro lado.
Todavía había muchas preguntas y pocas respuestas, así que no quedaba otra que seguir investigando. Ryan volvió y le entregó a Beckett las huellas que se habían encontrado en la casa. Esposito, al tomarle declaración a Gina, también le había tomado las huellas para después poder descartarlas del lugar del hecho más adelante. Javier tenía la particularidad de adelantarse a ciertas situaciones y eso lo convertía en un excelente detective.
-Ya se descartaron las huellas de la dueña de casa y las de la víctima. Solamente se encontró una huella parcial desconocida en el marco de la puerta de salida.- dijo Ryan mirando a su jefa con algo de desanimo –Pero no creo que sea suficiente para identificar a alguien.
-No importa. Algo es algo…- se quedó pensando unos minutos y tomó el teléfono para hablar con Lanie.-
-¡Hola amiga! ¡Buen día! ¿Lista para trabajar?- preguntó la joven detective.
-¡Hola Kate! ¡Se te escucha muy bien, amiga! ¿Tienes alguna novedad interesante que contarme?- Lanie sonaba divertida.
-¡Yo no, pero quizá tú si tengas algo para mí!
-¡Eres mala, amiga! ¡Está bien! De todos modos no sé si quiero saberlo…- soltó un suspiro. -¿En qué puedo ayudarte, Kate?
-Dime Lanie…según tu experiencia como forense, las ligaduras de pies y manos ¿te parecieron parte de un juego sexual o más bien crees que fue para inmovilizarla y matarla con mayor facilidad?
-Según mi experiencia…profesional…-soltó una risilla y continuó:-…yo creo que era parte del juego. Cuando le saqué las sogas, noté que no estaban demasiado ajustadas. Apenas tenía marcas en los tobillos y muñecas. Si hubiese querido podría haberse soltado con facilidad.-
- Lo suponía. A mí también me pareció que las ataduras estaban flojas… ¡Gracias por tu ayuda, Lanie! Nos hablamos luego.
-¡Por nada, Kate! ¡Avísame si necesitas algo más!
-¡Ok! ¡Adiós!- colgó el teléfono y le hizo señas a Ryan para que se acerque.
-Iremos a lo de Castle a llevarle las joyas a Gina y después la llevaremos a su casa para que realice un reconocimiento.-
-Agarro el saco y te alcanzo, Beckett.-
Kate llamó al escritor a su móvil para avisarle que estaba en camino. Estaba apagado y entraba directamente a la casilla de mensajes. Cortó y llamó al teléfono de línea. Ocupado. -¡Maldita sea!- dijo en voz alta y volvió a llamar al móvil. Otra vez la casilla. Dudó un segundo para dejarle un mensaje, pero no le encontró ningún sentido, ya que estaba yendo para allá, así que cortó otra vez. Ryan subió al auto y ella arrancó. Le pidió a su compañero que siguiera intentando con los teléfonos, pero no pudo comunicarse tampoco. Castle recibiría, entonces, una gran sorpresa.
Dormía plácidamente en su habitación hasta que su pacifico sueño fue interrumpido por una voz femenina bastante familiar.
-¡Richard, dulzura! ¿Estás dormido?- preguntó Gina entrando en su cuarto sin esperar respuesta.
-Mmññ… Sí… lo estoy… profundamente… al borde de la inconsciencia… No molestes ¿Quieres?- contestó poniéndose la almohada sobre la cabeza.
-¡Vamos, Rick! ¡Despierta! Necesito usar tu baño… ¡No sé qué pasa con el otro! No sale bien el agua y necesito ducharme…- dijo sentándose en el borde de la cama y agregó -No te molesta ¿Verdad?-
-En realidad si me molesta… pero no tengo otra opción ¿no?- se incorporó como para levantarse y siguió: -Déjame al menos lavarme la cara y los dientes- su fastidio era más que evidente.
-¡Gracias, Rick! ¡Te serviré una taza de café mientras tú te aseas!- Gina seguía hablando mientras salía de la pieza en dirección a la cocina. El escritor se levantó de mala gana, se puso la bata y se dirigió al baño. Se tiró abundante agua en la cara para despertarse un poco, se lavó los dientes y se peinó un poco el cabello con los dedos. No dedicó demasiado tiempo en su peinado ya que después de Gina le tocaría bañarse a él. Salió rumbo al living donde lo esperaba su ex con una humeante taza recién servida.
-¡Estaré en el baño! ¡No me extrañes!- dijo Gina saludando con la mano.
-¡No lo haré, no te preocupes!- contestó el escritor en voz baja, mientras observaba a su madre pasearse con el teléfono en la oreja charlando a cuatro voces con una amiga. Le hizo un ademan con la taza a su hijo, el cual entendió perfectamente cuál era su significado. Tomó la cafetera y le rellenó la taza. Martha le agradeció moviendo los labios exageradamente y volvió a su habitación para continuar con la charla.
-¡Al fin! ¡Silencio! Perfecto silencio…- pensó mientras saboreaba su café sabiendo que duraría muy poco. Por supuesto, su mente pensó exclusivamente en Beckett y en las ganas que tenia de verla. Moría por besarla cada vez que la veía, casi sin poder contenerse.
El timbre lo devolvió a su departamento, bajándolo de un golpe de su nube esponjosa. Se levantó en dirección a la puerta y la abrió.
-¡¿Beckett?! ¡¿Ryan?! ¿Qué hacen aquí tan temprano?- preguntó sorprendido. Recordó a Gina en su baño y se puso un poco nervioso. Estaba completamente seguro que a Kate no le haría mucha gracia verla salir de su habitación en bata… Sobre todo, teniendo en cuenta que él también estaba en bata. Definitivamente, no se vería bien. Así todo trató de disimular.
-Tenemos que hablar con Gina. Tiene que reconocer las joyas que tenía margarita.- dijo Beckett entrando al loft.
-¡Te estuvimos llamando desde que salimos del precinto! Tu móvil estaba apagado y el de línea ocupado todo el tiempo. Quizá deberías hacerlo ver…- Ryan palmeó un hombro del escritor cuando entraba.
-¡Debo hacer ver a mi madre! ¡Hace horas que está hablando!... Adelante, detectives. Gina se está bañando- dijo tratando de evitar la mirada de Kate. –Les serviré una taza de café mientras la esperan.
-Gracias, Castle.- dijo Beckett con una sonrisa. De verdad la ponía muy feliz que Rick le sirviera café. Era un gesto tan simple, tan dulce, que la detective lo valoraba como al mayor de los tesoros. Él también sonrió mirándola con verdadero amor.
-Gracias.- Ryan recibió la taza y dijo:-En un rato podemos ir con Gina a su casa. Debe fijarse si falta algo de valor. No va a ser fácil, pero lamentablemente no tiene otra opción.-
-Ya se lo expliqué ayer. Dijo que no tenía problema en ir…- Richard, recordó que le había prometido a su ex que la acompañaría, pero decidió permanecer en silencio. Los dos detectives lo pusieron al tanto sobre la nueva información que tenían sobre el caso. Castle escuchó atentamente cada detalle mientras sacaba sus propias conclusiones. Entre tanto, Gina salía de la habitación del escritor con sólo una bata puesta. Se hizo un silencio sepulcral y todas las miradas se dirigieron a la ex de Rick.
-¡Ups! ¡Perdón! ¡No sabía que teníamos visitas! ¡Rick, ¿Por qué no me avisaste?! No hubiese salido así del baño… - dijo fingiendo un poco de vergüenza.
-No me di cuenta… perdón. Los detectives quieren mostrarte las joyas que tenía Margarita…-
-¡Me cambio y enseguida estoy con ustedes!- Beckett la siguió con la mirada hasta que desapareció. Después clavó sus ojazos verdes en los del escritor. Castle se sintió intimidado…
-Kate, te aseguro que no es lo que estas pensando…-
-Y ¿Qué crees tú que yo estoy pensando, Castle?- el escritor sintió el filo de su mirada sobre él, cortándolo al medio. Ryan se había alejado un poco, tratando de disimular lo incomodo que se sentía por la situación. Para alivio de él, Martha se acercaba con una sonrisa para saludarlo.
-Créeme, Kate. Hay una explicación para esto…- Rick trató de agarrarle la mano. Ella lo esquivó.
-Créeme que no tienes nada que explicar.- dejó de mirarlo y saludó a Martha con un abrazo.
Gina se cambió en pocos minutos y se les unió en el living. Se acercó a Rick y le dio un beso en la mejilla. Él, instintivamente trató de apartarse, pero no lo logró.
-¡Gracias, Rick!- le susurró al oído, lo suficientemente fuerte para que la detective escuchara. Castle no pudo evitar mirar a Kate sabiendo que esto empeoraba aun más las cosas. Beckett miró con odio a la publicista. No terminaba de entender lo que pasaba entre Gina y Richard. Mientras que él le aseguraba que todo estaba terminado entre ellos, toda esta situación que se había presentado desde que llegó al loft, la hacían dudar bastante de todo. Se sentía insegura y sumamente estúpida por casi haberse rendido a sus encantos otra vez.
Volvió a concentrarse en su trabajo. Ryan ya le había mostrado las joyas y le estaba comentando que la llevaría a su casa.
-¿Me acompañarás no, Rick? Me lo prometiste anoche…- dijo Gina de forma sugerente. Beckett frunció el ceño y se mordió los labios. Hervía de celos y no podía evitarlo.
-Sí, Gina. Ya te dije que iría contigo.- contestó de mala gana. –Necesito 10 minutos para tomar una ducha. Pueden servirse más café si gustan.- Castle se fue rumbo a su habitación. Kate intentó disimular su bronca y comenzó a preguntarle a Gina sobre la vida amorosa de Margarita. La publicista le contó que su empleada nunca se lo presentó oficialmente, pero que estaba segura que estaba noviando con un joven de unos 27 o 28 años. Su nombre era Michel McDowell y trabaja para una fundación que se encarga de ayudar a niños con HIV en la que ella y Castle hacen donaciones. Conocieron a la fundación por intermedio de Margarita y ella les presentó a Michel.
-¿Sabes qué tan seguido se veían?- preguntó la detective.
-Bastante. Te diría que tres o cuatro veces a la semana pasaba a buscarla y la acompañaba al centro comunitario donde daba asesoramiento. Pero últimamente estaba viniendo más seguido y más temprano que de costumbre.- El móvil de Beckett sonó interrumpiendo el interrogatorio. Era Esposito informándole que ya habían hallado el celular y estaba en el laboratorio siendo examinado. En un rato tendrían la información del chip y la tarjeta de memoria. Kate le contó a Ryan de la llamada. Luego, le comunicó que él se encargaría de llevar a Gina y ella se iría al precinto con Javi a trabajar con la información del teléfono. Así podría ahorrarse el mal trago de tener que soportar a la Srta. Cowell tirándole indirectas a Castle todo el tiempo. Tenía la excusa perfecta para escapar de ahí sin tener que verlo de nuevo. Saludo a todos y se fue rápidamente a la comisaría.
Castle salió de la habitación. La elegancia que lo caracterizaba para vestirse no pasaba nunca desapercibida por las mujeres. Mucho menos para su ex, aunque su intención, claramente, fuera deslumbrar a su musa.
-Mmm… ¡Qué guapo estás, Rick! ¿Otra vez ese perfume…? ¡Está comenzando a gustarme!- dijo Gina de forma insinuante cuando él volvió al living.
-¿Dónde está Beckett?- le preguntó a Ryan.
-Esposito le avisó que habían encontrado el móvil. Se fue de inmediato al precinto. Yo los acompañaré a ti y a la Srta. Cowell a su casa. Castle no pudo evitar mirar a Gina frunciendo el ceño.
-Está bien. Cuando quieras…- le dijo acercándose a la puerta.
Beckett se reunió con Esposito en el laboratorio para ver cuánto habían avanzado. El aparato estaba bastante deteriorado. Apareció en un conteiner de basura en un callejón a unas 10 cuadras del lugar del hecho. Pudieron recuperar las llamadas, pero nada lograron con las fotos. Encontraron huellas parciales. Mayormente pertenecían a la víctima, pero había otra desconocida. Éste pedazo de huella tenía una particularidad: era exactamente igual a la encontrada en el marco de la puerta de Gina. Esto sorprendió a los detectives ya que era prácticamente imposible hallar la misma parte de una huella en dos lugares diferentes. Ambos se miraron desconcertados al comparar las impresiones.
No tenía lógica alguna así que pasaría a formar parte de la lista de interrogantes con la que contaban los investigadores. La detective le contó sobre la posible relación sentimental con Michel McDowell. Esposito dijo que se encargaría de investigarlo en cuanto terminaran con las llamadas. Se dividieron el registro de números obtenidos y sin más demora se pusieron a investigar a quien pertenecía cada uno. Después de un rato se reunieron para intercambiar información.
-Yo tengo 2 perdidas del móvil de McDowell a las 9:30 y a las 11:00. Una de la fundación Elizabeth Glaser Pediatrics Aids. Raro que la fundación abra un domingo ¿no?- un gesto de extrañeza se dibujó en el rostro de Javi, quien había levantado la vista del papel un segundo para mirar a Beckett. Luego, prosiguió:
-Tengo 3 más, también perdidas de la casa de la madre de la víctima, a las 22:00, 22:10 y 22:35 2 del hotel Santa Rita, a las 23:02 y a las 23:50; 4 de un teléfono público a dos cuadras de lo de Gina 22:40, 22:55, 23:00 y 23:10. ¡Parece que el teléfono no paró de sonar en todo el día!-
-Espera. ¡Aun hay más!- Kate agarró su lista y comenzó - Estas fueron las llamadas que sí atendió: tengo 3 de un teléfono de línea con característica de NY, registrado a nombre de McDowell a las 12:00, 14:00 y a las 19:00. Una llamada de Gina a las 15:45, seguramente la que realizó desde el aeropuerto para avisar de su regreso. Dos más de McDowell, pero esta vez desde su móvil a las 18:00 y a las 21:00. Y por último tengo las llamadas que realizó ella; dos al celular de McDowell una a las 11:10 y otra 18:15 y una a la casa de su madre a las 15:53. Si Félix nos dijo la verdad, esa llamada, probablemente haya sido para suspender la clase con sus hermanos.
-¡Puff! ¡Lo dicho! ¡Ese teléfono estuvo al rojo vivo!- comentó Espo - ¿Las del hotel Santa Rita serán de Félix? Tendría una coartada para la hora del crimen…-
-Puede ser. Debemos averiguar quien llamó desde el teléfono público… ¿Roberto, quizá? También tendría una coartada… - Beckett se quedó pensando un segundo, -Félix dijo que Roberto había pasado por lo de Gina cuando no se pudieron comunicar con Margarita… Llama a los del laboratorio para que tomen huellas del teléfono público de inmediato. Yo trataré de comunicarme con Félix al hotel. Tenemos que, además de hablar con los dos hermanos, tomarles las huellas. – dijo la detective.
-No va a ser fácil con los hermanos… Quizá Castle pueda darnos una mano…- Javi la miró de reojo intentando no sonreír.
-Sí… quizá. Todo depende del tiempo libre del que disponga. Se lo vio muy ocupado atendiendo a su huésped.- contestó frunciendo un poco el entrecejo.
Llamó por teléfono al Motel pidiendo por la habitación 11. Le transfirieron la llamada y Félix atendió.
-Hola ¿Quién habla?- preguntó algo nervioso.
-Félix, soy la detective Beckett. Tengo nueva información sobre el homicidio que podría llegar a exonerarlos a los dos, pero necesito hablar contigo y con Roberto, hoy sí o sí. Cuanto antes mejor.-
-¡Mi hermano está muy asustado, detective! ¡Yo intenté convencerlo de hablar con usted, pero no confía en nadie!-
-Félix, escúchame. Si no puedo tomarles declaración para terminar de encajar las piezas, no podré ayudarlos y pasaran a ser sospechosos. ¡Por favor, Félix! Tienes que hacer entrar en razón a tu hermano.-
-¡Le prometo que lo convenceré, Srta.! Beckett! ¡Perdón, quise decir Sra.!-
-Srta. o detective, Félix.- dijo secamente. – Te dejo mi celular. Llámame en cuanto sepas algo de Roberto.-
-¡Sí, detective! ¡La llamaré lo antes posible!
Mientras Beckett hablaba con Félix, Esposito comenzó a investigar a Michel McDowell. No tenía antecedentes, sólo unas multas por mal estacionamiento y exceso de velocidad. Trabajaba en la fundación hacía ya 5 años. Vive en la ciudad desde hace 10 años, paga sus impuestos y últimamente también estaba colaborando con la residencia de ilegales. Parecía estar limpio, pero de todos modos debían interrogarlo ya que había sido el último en hablar por teléfono con la víctima. Además tenían que preguntarle por su supuesta relación con Margarita.
-Iré a buscar a McDowell a la fundación y lo traeré para tomarle declaración.- le dijo Esposito a Beckett.
-Probablemente esté en su hora de almuerzo. Ve a comer algo tú también. Después puedes ir a buscarlo.
-Tienes razón. Es hora de almorzar y tengo mucho hambre ¿Vienes?- preguntó acariciándose la panza.
-¡No, gracias! Aprovecharé mi hora de almuerzo y entrenaré un poco en el gimnasio del precinto. ¡Nos vemos en un rato!- dijo Beckett dirigiéndose al ascensor.
Se cambió rápidamente y comenzó a estirar un poco los músculos para no lastimarse. Después se vendó las manos, se calzó los guantes de box y comenzó a pegarle a la bolsa con todas sus fuerzas imaginando a Gina en cada puñetazo y a Castle en cada patada. Paraba solamente cuando le faltaba el aire. Sabía que le estaba exigiendo mucho a su cuerpo de golpe, pero se sentía renacer con cada encuentro con la bolsa. Estuvo más de media hora haciendo catarsis. Estaba exhausta. Ya era hora de darse un buen baño.
Castle y Ryan volvieron al precinto después de llevar a Gina al Loft. Habían estado examinando la casa y no se robaron nada de valor. Sólo le faltaban unas imitaciones que la publicista tenía en su casa, las verdaderas estaban seguras en la caja de seguridad de un banco. Esposito llegó justo atrás. Los puso al tanto del avance del caso con la lista de números telefónicos que habían recuperado del móvil.
-Tenemos que ir a buscar a Michel McDowell a la fundación. Beckett se comunicó con Félix para tratar de convencerlo para encontrarse con él y con Roberto. Está esperando que le conteste.
-Recuerdo a Michel. Margarita nos lo presentó a Gina y a mí como intermediario para realizar las donaciones a la fundación. McDowell conoció a Margarita hace un tiempo atrás cuando ella necesitaba ayuda para un niño mexicano que tenía sida y no conseguía la atención adecuada para su situación. La fundación actuó de inmediato y eso nos terminó de convencer para colaborar con ellos.
-Él fue el último que hablo con la víctima, así que tendrá que explicarnos un par de cosas…- dijo Espo.
-Y… apropósito… ¿Dónde está Beckett? ¿Se fue a almorzar?- preguntó el escritor mirando hacia todos lados buscándola.
-No. Está aquí, en el gimnasio. ¿Vienes con nosotros, bro?- le preguntó Javi a Castle.
-No. Prefiero esperar a Kate. Por si llama Félix…- disimulo.
-¡Buena idea! Nos vemos luego.- dijo Ryan.
Castle esperó a que se fueran y se dirigió al gimnasio. No había nadie. De pronto una agente salió del vestuario.
-¡Hola! Disculpa… ¿has visto a Beckett?- preguntó con una gran sonrisa.
-¡Hola Sr Castle!- lo saludó alegremente la señorita. -La vi entrar en la ducha hace un rato.
-¡Gracias! ¡La esperaré aquí!- por supuesto que no la esperaría afuera. Todavía no sabía cómo pero de alguna manera se las ingeniaría para escabullirse en las duchas.
-No queda nadie más que ella ahí adentro.- dijo la joven agente en voz baja guiñándole un ojo. Castle sonrió y le agradeció nuevamente ingresando al vestuario. Se dirigió hacia donde estaba el agua abierta y espero unos segundos parado enfrente de la cortina. Kate cerró el agua, se escurrió el pelo y sacó la mano afuera de la ducha buscando la toalla que estaba colgada de un gancho. No lograba encontrarla. El escritor la tenía en sus manos. Beckett abrió bruscamente la cortina y pegó un grito entre cortado.
-¡Maldito seas, Castle! ¡Vas a matarme de un susto! ¡¿Qué diablos haces aquí?!- preguntó furiosa mientras se cubría con la cortina.
-¡Te dije que te haría cambiar de opinión con respecto a las duchas…!- le contestó con su hermosa sonrisa.
-Eres un idiota… ¿Quieres darme la toalla y largarte de aquí para que pueda cambiarme?-
-Te la daré si me escuchas un momento… quiero explicarte lo de esta mañana con Gina.-
-¡¿Y no pudiste elegir mejor momento?! ¡Podrías haber esperado a que esté sentada en mi escritorio con algo de ropa encima!-
-¡¿Y perderme la oportunidad de verte desnuda en una ducha otra vez?! ¡Ni loco!- Castle levantó las cejas con una enorme sonrisa.
-Ya te dije que no tienes nada que explicarme así que, por favor, quiero mi toalla.-
-Te oí. Ya sé que no tengo ninguna obligación de contarte lo que pasó, pero quiero hacerlo. Ahí está la diferencia. Así que escucha: No sé por qué demonios no funcionaba el agua en el baño de huéspedes, entonces Gina vino a despertarme porque necesitaba bañarse. No me vestí porque después de ella tendría que entrar yo a ducharme, por lo que no le encontré sentido. Y justo llegaste tú. Sé que no se vio bien toda la situación de "yo estando en bata y Gina saliendo de mi habitación también en bata". Pero tienes que creerme, todo fue una serie de eventos desafortunados.-
-Ok. Ya te escuché y puedes hacer lo que te plazca con tu vida. Ahora quiero mi toalla y es la última vez que te lo digo.- Kate trató de mostrarse severa, aunque se moría de ganas de desvestirlo y meterlo adentro de la ducha. Castle agarró la cortina y la abrió de un tirón arrancándosela de la mano a ella. La recorrió con la mirada, de abajo hacia arriba, lentamente hasta llegar a sus ojos. Se acercó muy despacio y la envolvió con la toalla, abrazándola, aprisionándola entre sus fuertes brazos.
- ¿Me crees, Beckett?- le dijo muy próximo a su boca.
-Suéltame, Castle. No empieces con tus jueguitos de galán seductor.- el escritor se acercó a su oído y le susurró:
-Pídeme que me vaya y lo haré… - le besó el cuello y sintió como su pulso aumentaba. Beckett tomó aire, trago saliva y le dijo:
-No… debemos estar… aquí.- fue lo único que atinó a decir. Castle la besó apasionadamente soltando la toalla para agarrarla de la cintura. La giró apoyándole la espalda desnuda sobre los fríos azulejos. Comenzó a darle besos en el cuello, la mordía suavemente. Volvía a besar sus labios, a morder su lengua, a saborearla. Beckett le saco chaqueta a los tirones y empezó a desabrocharle la camisa mientras le acariciaba su ancho pecho con locura. El escritor se separó unos centímetros de su boca y comenzó a bajar su mano por su rostro, acariciándola. Empezó por sus labios. Ella le mordió suavemente uno de sus dedos sonriendo. Él no dejaba de mirarla. Continuó bajando lentamente por el cuello hasta llegar a sus senos. Le rozó uno de sus pezones con el pulgar, sintiendo como se ponía aun mas erguido. Luego, lo besó atrapándolo muy despacio entre sus dientes, jugueteando con su lengua. Beckett respiró hondo ahogando un gemido. El escritor hizo lo mismo con el otro pezón, solo que esta vez lo apretó suavemente con sus dedos mientras su boca se dedicaba a morderle el lóbulo de la oreja. Ésta vez, ella no pudo hacer más que regalarle un hermoso gemido en el oído al escritor. De pronto, escucharon voces. Alguien había entrado al vestuario. Los dos se separaron abruptamente y quedaron mirándose en silencio.
-¡Tienes que irte! ¡Ahora, ya! ¡No nos pueden encontrar aquí, Castle! ¡Puedo tener muchos problemas con mis superiores!- Beckett le susurraba a los gritos (¡si es que esto es posible!) con sus ojazos verdes abiertos de par en par.
-¡Lo sé! ¡Lo sé! ¡No te preocupes! ¡Nadie sabrá nunca que estuvimos aquí!- Agarró su chaqueta del piso. Estaba empapada. Por suerte no se había terminado de desvestir, sino estaría envuelto en un problema aun mayor. Esperó a escuchar cómo se metían a las duchas y salió escabulléndose como si fuera un ladrón. Hizo dos pasos y volvió para atrás. Le estampó un beso y le dijo:
-¡Te prometo que terminaremos esto más tarde! Te veo en tu escritorio.- Beckett se quedó en silencio aun tratando de entender lo que casi había sucedido en la ducha. Todavía estaba tan acalorada que decidió bañarse de nuevo. Realmente su cuerpo lo necesitaba.
Castle logró salir del gimnasio sin que nadie lo viera. Apenas podía sacarse el recuerdo de Kate en la ducha. Sacudió la cabeza. A él también le hubiese venido estupenda una ducha helada, pero era un lujo que no se podía dar. Empezó a pensar en pavadas para despejar su mente y relajar su cuerpo. Pensó en su madre haciendo payasadas, por ejemplo. Se le ocurrió, entonces, llevar el saco a la tintorería antes de que empezaran las preguntas embarazosas. Al salir del negocio sintió su móvil vibrar en el bolsillo. Lo miró para ver quien llamaba. El número estaba bloqueado.
-Hola ¿quién habla?-
-Soy yo, Sr. Castle.- al escritor se le congeló la sangre al reconocer la voz. –Imagino que todavía me recuerda ¿No?- dijo el hombre al otro lado del teléfono.
-Por supuesto ¿Qué es lo que quiere?- inquirió. Aunque realmente no quería saber la respuesta…
-Para ser un escritor exitoso tiene poca imaginación, Castle. Lo llamo porque usted aparentemente no está cumpliendo con su parte del acuerdo. El lunes muy temprano Beckett fue a la casa de Montgomery y ellos lo saben. Entienda, Castle, sabrán cada movimiento que ella realice con respecto al todo el caso. Tienen todo muy bien estudiado y usted no está haciendo lo suficiente para alejarla.
-Créame que lo intento, pero Beckett no es una mujer fácil y usted lo sabe.- contestó Richard ofuscado.
-Ellos también lo saben. Ésta vez me advirtieron a mí, la próxima no sé lo que puede pasar… Se lo repito una vez más, Castle. Aléjela lo más posible de esto o ya sabe cómo termina todo. Es por su propio bien.
-¡Le juro que hago todo lo que está a mi alcance!- el escritor comenzaba a sonar desesperado.
-Imagino que sí, pero al parecer no es suficiente. Adiós, Castle. Espero no tener que llamarlo de nuevo.- Rick, cortó la comunicación y se guardó el teléfono. Estaba realmente asustado. No sabía que mas hacer para mantenerla a salvo. –Espera un momento, Rick…el hombre dijo que había pasado por lo de Evelyn el lunes por la mañana. Lo que significa que actuó por impulso después de la pelea del domingo… todavía estaba furiosa conmigo…- se decía a sí mismo en voz alta, como si fuese un loco, mientras caminaba de vuelta al precinto. –todavía tengo una chance de que abandone… es lo único que me queda pensar... ¡No puedo rendirme justo ahora! - . Apuró el paso para reunirse con ella mientras pensaba de qué manera continuaría con todo esto. No había decidido aun si le contaría lo del llamado. De enterarse, seguramente, brotaría en cólera otra vez pidiéndole que se aleje de ella y que la deje vivir su vida como le parezca; pero, por otro lado, el quedarse callado, sería algo parecido a empezar con la mentira de nuevo.
-¡Maldita sea! ¡¿Podría el mundo alguna vez no complotarse contra nosotros dos?! ¡Cada vez que estamos a punto de estar juntos, de ser verdaderamente felices, siempre sucede algo que lo arruina!- se decía a si mismo sumamente desanimado. Tendría que ser muy cuidadoso con cada paso. El frágil castillo de naipes que precariamente había levantado para proteger a su princesa a lo largo de los últimos días, corría grave peligro de derrumbarse con un simple soplido. Pero eso no lo detendría. No lograría pararlo de ninguna manera.
Continuará...
