Capítulo X
Después de recobrar la compostura de su anatomía abajo del agua fría, Beckett salió de la regadera envuelta en la toalla mojada que el escritor había tirado al piso. Agarró otra que estaba en una pila sobre un estante. Mientras se secaba seguía pensando en la irrupción de Rick al final de su baño, no lograba olvidar que casi había profanado las duchas de su lugar de trabajo teniendo sexo con él como si fueran adolescentes en el gimnasio del colegio. Siempre hubo rumores sobre "amoríos" dentro del precinto, pero nunca nada se había comprobado. A Kate nunca le había parecido demasiado inteligente arriesgarse de esa forma, ya que aparte de la vergüenza de ser pillado, habría también alguna sanción disciplinaria. Pero hoy, no parecía importarle nada. Hoy, lo único importante era él; sus fuertes brazos rodeándola, su lengua colándose en su boca, sus azules ojos mirándola con profundo deseo. Kate sacudió la cabeza. Debía pensar en otra cosa si no quería terminar bajo el chorro de agua fría otra vez. El sólo recuerdo de ese episodio todavía le erizaba la piel.
– ¡Definitivamente, Castle ha logrado cambiar radicalmente mi opinión sobre las duchas!- se dijo a si misma mientras volvía a la realidad. Ya se había tomado demasiado tiempo y debía volver a trabajar cuanto antes, así que sin demora terminó de cambiarse y volvió a su escritorio.
Echó una ojeada al lugar preguntándose dónde estaría Castle. No lo vio por ningún lado, cosa que la alivió bastante. Supuso que la situación sería algo incomoda, al menos al principio.
Ryan y Esposito no habían vuelto todavía de hablar con McDowell, así que encontrándose sola, se concentró en su trabajo. Tomó la lista con las llamadas del móvil de Margarita y comenzó a ordenarlas en la línea de tiempo de la pizarra.
A los pocos minutos de haber empezado sonó su celular avisando que tenía un mensaje de texto. Al mirarlo, recordó que no lo había revisado al salir de la ducha. Y la verdad es que nadie podría culparla. Lo más lógico, después de lo ocurrido hacía un rato con Castle, es que no pudiese pensar en otra cosa que en él; pero por supuesto que a ella ese olvido le sacudía toda su perfecta estructura, desestabilizando su rutina y se reprochó mentalmente lo fácil que se distraía últimamente con el escritor.
Miró el texto. Era de Evelyn Montgomery diciendo que ya tenía una caja llena con fotografías y que podía pasar a buscarlas a partir de mañana. Ahora se estaban yendo a Washington, a alentar a Evan en una competencia intercolegial. Pasarían la noche allá y volverían al amanecer, así que la invitó a desayunar con ellos. Beckett se quedó pensando. Los sucesos de los últimos días provocaron una revolución interna que la había dividido en dos. No obstante eso, no había prendido la portátil del Capitán para intentar investigar ni una sola vez y ni hablar de las cajas con expedientes a la que ni siquiera le había sacado la tapa.
La conversación que había tenido con su amiga la ayudó a bajar la guardia, permitiéndole a él comenzar a atacar. Toda la persecución seductora que había utilizado Rick estos dos días lograron distraerla, no dejándola pensar en otra cosa que no fuera él; susurrándole al oído en el ascensor todo lo que haría para convencerla, besándola en el auto, y por supuesto lo de recién en las duchas. Y sin que ella tomara verdadera conciencia de ello, poco a poco lo estaba logrando. Kate sentía que no podía resistirse a tenerlo en frente. Había llegado al punto de entregarse a él sin importar el momento y el lugar; cada mirada, cada beso, cada vez que sus manos se posaban en su piel ella perdía toda la autonomía que podía llegar a tener de su propio cuerpo. Richard había adquirido el poder de hacer con ella lo que quisiera cuando quisiera y ya no podía luchar contra eso. Decidió, entonces, posponer indefinidamente su investigación. Todavía no estaba lista para decidirse a abandonarla definitivamente, pero al menos por ahora dejaría todo como está. Trataría de intentar ser feliz de una vez por todas y no tenía oportunidad mejor que permitir que Castle la ayudara. Le mandó un mensaje a la esposa de Montgomery diciendo que por ahora no iba a necesitarlas, pero de todos modos aceptaría la invitación a desayunar para poder devolverle lo que se había llevado.
Después de responder a Evelyn, siguió anotando la data en la pizarra hasta que llegaron sus compañeros con novedades.
-¿Pudieron hablar con McDowell?-
-No. Según nos dijeron en la fundación, nunca cumple un horario fijo.- mientras hablaba Ryan sacó una foto del joven que había obtenido del legajo de empleados y la agregó a la pizarra.
-El último día que lo vieron fue el sábado y le comentó a su secretaria que tendría que viajar a Long Island a visitar a unos posibles nuevos colaboradores.- dijo Esposito
-La secretaria también nos dijo que McDowell seguramente había estado trabajando el domingo por la mañana ultimando unos papeles que necesitaría para su viaje.- Ryan se sentó en el borde del escritorio mirando la foto y continuó: - Intentamos llamarlo al celular pero está apagado o fuera del área de cobertura…pensé que iba a ser más fácil localizarlo.
-Le dejamos nuestras tarjetas para que se comunique con nosotros en cuanto llegue.- Esposito se sentó en una silla enfrente de la pizarra a observar el conjunto de pistas, huellas, fotos y demás información que tenían para resolver el caso.
-¡Lástima! Creí que avanzaríamos bastante hablando con McDowell. Por lo menos sabemos por la llamada realizada el domingo desde la fundación que todavía se encontraba en la ciudad por la mañana- Kate anotó el nombre del joven en la línea de tiempo.
-¿Dónde está Castle? ¿No dijo que esperaría a que Beckett vuelva del gimnasio?- preguntó Ryan mirando a Esposito.
-¡Sí, bro! Insistió en quedarse…- contestó divertido mirando de reojo a Kate, quien se estaba sentando en su silla.
-No lo sé. Cuando llegué aquí no había nadie.- contestó ojeando una carpeta que había sobre su escritorio. No quería mirar a sus compañeros temiendo delatarse con su nerviosismo. Pasó unas cuantas hojas del expediente para disimular y luego dijo:
-Bueno, muchachos. Ordenemos un poco esto ¿Qué es lo que sabemos hasta ahora?- sus compañeros miraron la pizarra y empezaron a organizar las ideas que tenía cada uno para compartirlas con el resto, como siempre hacían.
El transito en la ciudad comenzaba a espesarse como era habitual a las tres y media de la tarde. Castle caminaba dando vueltas sin querer volver aun al precinto. Pensó que antes de regresar debía tranquilizarse un poco, actuar lo más normal posible. No le estaba resultando fácil, por eso seguía dando vueltas. Pasó entonces por la cafetería donde suele almorzar Beckett. Supuso que no habría tenido tiempo para comer nada después del gimnasio, más aun, después del tiempo extra de las duchas que él le había obligado a tomarse, así que decidió comprarle un sándwich para que no estuviera todo el día con el estomago vacío. Al salir, decidió que ya era hora de regresar. Después de todo, se moría de ganas de verla y no tenía ningún sentido seguir deambulando buscando una respuesta que no encontraría.
A los pocos minutos el escritor salía del ascensor mirando en dirección a la pizarra. Recién estaban empezando a desarrollar sus conjeturas cuando se les unió. Esposito lo miró diciendo:
-¿Y tú dónde te habías metido?
-¡Perdón por desaparecer! Es que me agarró hambre y pensé: ¿Por qué no me voy a comer un exquisito Hot dog de los que preparan en la esquina mientras espero a Beckett? Y así fue ¡y estaba exquisito! Pero por desgracia, unas cuantas manchas de mostaza quedaron como recuerdo en mi chaqueta. Tuve que llevarla a la tintorería si es que alguna vez quiero volver a usarla. ¡Amo a esa chaqueta! Tengo unos recuerdos increíbles con ella… - mientras Castle relataba su almuerzo miraba a todos sin detenerse en ninguno en particular, pero esa última frase fue dedicada a Kate y sus profundos ojos se clavaron en ella, provocando que la detective se sonrojara levemente. Rick sonrió con dulzura y extendió el brazo hacía ella con una bolsa de papel que tenía en la mano
-Te compré un sándwich. Sé que hay veces que se te olvida comer… Beckett sonrió tomando la bolsa.
-¡Gracias! ¡Eres una dulzura!- Kate deseó que no se le hubiese escapado ese último comentario. Sus compañeros se miraron divertidos.
-¡Escucharon! ¿No es así, chicos? ¡Me dijo que era una dulzura! ¡Habría que dejarlo anotado en algún lado! ¡Es un día memorable!- Castle bromeó y todos rieron al instante siguió: -¿Qué les parece si preparo unas ricas tazas de café y charlamos sobre el caso?-
-¡Excelente idea!- dijo Ryan. Castle pasó intencionalmente por al lado de Kate que se había sentado para darle un bocado a su emparedado, esbozó una gran sonrisa ladeada y le dijo en un tono apenas audible:
-Te dejaré la boleta de la tintorería… Me parece lo justo después de haberme arrancado la chaqueta en la ducha…- Beckett tragó de golpe abriendo los ojos de par en par sorprendida por el cometario. Después sonrió viendo como él se alejaba. Volvió con una pequeña bandeja con cuatro tazas de café y comenzaron a hablar nuevamente sobre el asesinato, del cual tenían pocas certezas y muchas dudas.
Alrededor de las cuatro de la tarde sonó el móvil de Kate. Atendió de inmediato.
-Detective Beckett- dijo mirando a sus compañeros.
-Hola, detective. Soy Félix Valdéz. La llamo porque mi hermano está aquí en el hotel conmigo. Todavía no está del todo convencido de dejarse ver, pero si vienen ahora con el Sr. Castle no le quedará otra que hablar con ustedes. Le pido, por favor detective Beckett, que no malinterprete a Roberto… verdaderamente está aterrado con que lo deporten y no confía en nadie.- el chico sonaba sincero.
-Está bien, Félix. Saldremos para allá en un momento. Tú sólo procura que Roberto no se marche a ningún lado.-
-Lo haré, detective. ¡No se preocupe! Adiós.
Kate les contó la conversación a sus compañeros. Miró a Castle y le dijo:
-Vienes conmigo ¿No?
-¡Por supuesto!- contestó con seriedad.
-Chicos, vayan al laboratorio a ver si pueden lograr que se apresuren con las huellas del teléfono público. Cuanto antes tengamos las muestras, mejor.- diciendo esto fue caminando hacía el ascensor con Rick a lado.
-Listo, Beckett. Te llamaremos si tenemos alguna novedad.- dijo Javi
El escritor y su musa ingresaron al elevador. Apenas se cerraron las puertas, Kate se acercó hasta donde estaba el escritor, atrapó su rostro con las dos manos y lo beso ardientemente, zambulléndose en su húmeda boca. Él se dejó, completamente entregado.
-¡Mmmm… detective! ¿Intentas matarme?- preguntó frunciendo levemente el entrecejo.
-Intento agradecerte.- contestó antes de hundirse en su boca nuevamente.
-¡Vas a hacer que el corazón se me salga del cuerpo!- Rick le agarró la mano apoyándola sobre su pecho. Sus latidos casi podían oírse. -Tienes idea hacia donde se está dirigiendo toda esa sangre ¿No?- dijo el escritor con una de sus seductoras sonrisas.
-Puedo imaginarme…- contestó ella mordiéndose suavemente el labio inferior. A él lo enloquecía ese gesto tan característico de su amada…La tomó por la cintura besándola. No quería dejar de hacerlo nunca.
-Dime por favor que la llamada de recién fue todo una farsa para poder escaparnos juntos…- Kate rió con la cara de suplica de él.
-¡Ya sabes la respuesta, Rick! Primero el trabajo y después…- se separó del escritor al mismo tiempo que el ascensor llegaba a planta baja. Rick levantó las cejas diciendo:
-Tienes todo perfectamente calculado ¿No?- ella giró la cabeza mirándolo de reojo y sonrió.
-Siempre.- contestó mientras salía del elevador.
Llegaron al hotel donde se encontraban los hermanos Valdéz. Fueron hasta la habitación, golpearon la puerta y esperaron a ser atendidos. El menor abrió y los hizo pasar rápidamente. Roberto se sobresaltó. Félix le explicó porque los había llamado y le pidió por favor que colaborase con ellos para ayudar a esclarecer el crimen de su hermana. Al principió se mostró un poco hostil, pero a medida que iba contando su versión se fue aflojándose poco a poco.
Les contó que apenas su madre le dijo que no se había comunicado con Margarita, Roberto le dijo a Félix que se vaya para el hotel y siga intentando llamarla desde ahí. Estaban seguros de que algo había pasado no sabían bien qué, pero estaban convencidos de que si algo malo había ocurrido, no tardarían en pasar por su casa a preguntar.
Él salió de inmediato hacía la casa de la Srta. Cowell. Tocó el timbre varias veces, pero nadie atendió. Se dirigió entonces al teléfono público para llamarla desde ahí. Estaba preocupado y tenía un mal presentimiento. Llamó también al teléfono de línea de Gina con la esperanza de que lo atendiera, pero en ninguno de los dos obtuvo respuesta. Estuvo intentando llamarla hasta pasadas las 11:10 de la noche. Después se vino a encontrar con Félix aquí y volvieron a llamarla, esta vez, cerca de la medianoche. Sin saber que más hacer, decidieron quedarse ahí escondidos hasta que saber que estaba pasando. Éste lugar es una especie de refugio que utilizan cuando migraciones aparece por el barrio en su habitual "caza de brujas".
-Ya cuando suspendió la clase tan de golpe mi hermano y yo nos dimos cuenta de que algo no andaba bien. Nunca nos había hecho esto.- Roberto agachó levemente la cabeza.
-Estaba muy extraña últimamente, detective. Se estaba alejando cada vez más de nosotros, su familia.- dijo Félix
-¿Desde hacía cuanto que la notaban extraña?- preguntó Beckett.
-Desde hace unos dos meses más o menos…- contestó Félix.
-¡Desde que conoció a ese tal McDowell! Ese tipo la estaba cambiando. La alejaba de su familia…- dijo Roberto ofuscado.
-¿Tú qué opinas Félix? ¿Crees que tu hermano tiene razón?- preguntó Castle mirando al menor de la familia.
-Sí, Sr. Castle. Sí lo creo. Desde que empezó a tener contacto con ese sujeto nuestras clases se empezaron a espaciar. Empezó a vernos menos, cuando antes nos juntábamos todos con nuestra madre dos o tres veces por semana como mínimo para cenar juntos.
-Un día me preguntó cómo le quedaría el cabello si se lo teñía de rubio. Le dije que tenía un color de pelo maravilloso y sería una verdadera pena que se lo estropeara de esa manera. No necesitaba cambiar nada… era preciosa así como estaba… Ella se enojó conmigo diciéndome que tenía la mentalidad de un cavernícola… En ese momento pensé que estaba loca por ocurrírsele algo así, pero después sentí que ella intentaba cambiar su imagen para poder encajar mejor como ciudadana norteamericana. Su forma de vestir también había cambiado y cada vez tenía menos acento en su pronunciación… Margarita estaba abandonando sus raíces…- Roberto se sentó en la cama, abatido.
-Lo único que no había dejado de hacer es de llamar a mamá todos los días. Supongo que nuestra madre era el lazo que todavía la tenía atada a nuestra familia, a nuestros orígenes… No puedo creer todavía como pudo cambiar tanto…- Félix también se sentó en la cama, junto a su hermano.
Kate y Rick se miraron luego de mirar a los hermanos. Los dos creían que los Valdéz decían la verdad. Los habían notado sinceros en sus relatos. Los horarios de las llamadas fueron bastante exactos y coincidían con los que tenía la detective. Les faltaba solamente el registro de llamadas de la Srta. Cowell y con eso terminarían de cotejar el relato de los hermanos.
-Necesito sus huellas. Así los podré descartar de la escena del crimen.- dijo la detective. Los dos hermanos se miraron con preocupación. Beckett los apuró:-Podemos hacerlo aquí o en el precinto. Ustedes deciden...-
-Está bien… preferimos aquí.- dijo Félix.
-¡Perfecto! Voy a buscar las cosas al auto.- Castle se quedó en la habitación conversando con los muchachos. Los sintió realmente destrozados y estaba seguro de que ninguno podría haberle hecho daño su hermana, pero el tiempo que había trabajado con la policía le había enseñado a no dejarse llevar por lo que la gente dice, sino por la evidencia que se tiene o no en su contra.
La detective volvió a los pocos minutos con una almohadilla empapada en tinta y unas planillas con los espacios delimitados para imprimir las huellas de cada dedo. Tomó las impresiones digitales de los Valdéz y las estampó en el papel. Al terminar les pidió que se quedaran en el hotel hasta que pudiesen comparar sus huellas con las encontradas en la casa de la publicista y en el teléfono público. Se despidieron y salieron en silencio hacía el automóvil de la detective.
-¿Qué opinas, Castle?- preguntó girando la cabeza para mirarlo.
-Creo que dicen la verdad. Se los ve muy tristes…
-Estoy de acuerdo con eso… pero, bien sabes que no nos podemos dejar llevar por las expresiones de sus rostros….-
-Cierto… Igualmente… pensando un poco en lo que dijeron ¿Crees que McDowell le insistía a Margarita para que cambie su forma de vestir, su pelo y demás? Eso explicaría en parte lo de la peluca rubia…- dijo el escritor pensativo.
-Sí… es probable. Si su novio quería que fuese más "norteamericana" lo de la peluca tendría sentido… lo que todavía no entiendo es…- Castle la interrumpió, como de costumbre.
-…lo de la media de nylon en la cabeza.- Beckett sonrió al mirarlo.
-¡Exacto! No le encuentro mucho sentido aun… en realidad todavía existen muchas cosas que no comprendo de este caso…- la detective abrió la puerta del auto y se sentó. El escritor hizo lo mismo.
-Tengo que llevar las huellas al laboratorio y agregar la nueva información en la pizarra. Después podemos tomar algo…- dijo ella con algo de timidez.
-Me encantaría, pero antes debo ir a casa. Tengo que arreglar unas cosas pendientes con mi publicista. Creo que ya es hora que salga del loft… Te diré que haremos: Tú vas al precinto, yo voy a casa y después nos vemos para cenar ¿te parece?-
-Ok. Haremos eso. Te llevaré- una enorme sonrisa se dibujó en sus labios.
Beckett detuvo el auto en la puerta del edificio. Castle sabía que no podía bajarse sin contarle lo de la llamada.
-Escucha, Kate. Hay algo que quiero decirte.- dijo muy seriamente.
-¿Qué sucede?-
-Yo… no sé cómo empezar…- El escritor bajó la vista un instante.
-Por el principio… Castle, estas empezando a asustarme. Habla de una vez.- La expresión de su rostro se iba endureciendo.
-Sé que estuviste con Evelyn Montgomery en su casa el lunes por la mañana.- largó todo de golpe y sin pausa. La cara de la detective se transformo en pura sorpresa y la mirada de él se llenó de tristeza.
-Tú… ¿Cómo lo sabes?- inquirió frunciendo el ceño.
-Porque el amigo del Capitán. Me llamó hace un rato para decírmelo, Kate. Me dijo que yo no estaba cumpliendo mi parte del trato evitando que siguieras investigando. Se comunicaron con él para advertirle que te están observando…- A Beckett se le congeló la sangre. Se lo quedó mirando pensativa. Castle, continuó: -Te lo estoy contando porque no quiero ocultarte más nada, y porque todavía tengo la esperanza que me escuches y entres en razón. Me volvió a asegurar que si te mantengo alejada nada malo va a pasarte.
-Escucha, Rick… - dijo Beckett finalmente. -…No voy a mentirte. El lunes todavía estaba furiosa por todo lo que había pasado la noche anterior, así que me levante a primera hora y llamé Evelyn. Pensé en pedirle todo lo que tuviera en su casa sobre antiguos casos de Roy para ver si podía encontrar algo, pero finalmente me arrepentí y decidí solamente ir a desayunar con ella y con sus hijos.- La detective mintió. Creyó que contarle que se había llevado un montón de expedientes y la portátil del Capitán a su casa, haría que se preocupe aun más por ella y no le encontraba el menor sentido ya que había decidido posponer todo lo relacionado al caso de su madre.
-¿En serio? ¿Vas a abandonar completamente la investigación?- a Rick se le dibujó una sonrisa.
-Al menos lo intentaré, Rick. No puedo prometer aun que nunca más haré nada por descubrir quién está detrás de todo esto. Eso no sé si podré hacerlo algún día, lo único que puedo afirmar es que ahora y gracias a ti me di cuenta que tengo otros caminos para continuar con mi vida.- diciendo esto se acercó lentamente para darle un pequeño beso al escritor.
-¡No tienes idea de lo feliz que me hace escucharte decir esto! ¡Siento un alivio enorme!- su rostro reflejaba su inmensa alegría. –Entonces… ¿nos vemos a la noche y terminamos lo que empezamos en las duchas?- dijo Castle levantando las cejas dos veces.
-¡Por supuesto! Siempre y cuando no haya ninguna novedad importante sobre lo de Margarita…- contestó sonriendo.
-Ok. Avísame si hay algo nuevo sobre el caso o si sabes algo de McDowell.- el escritor abrió la puerta y antes de bajarse se acercó a su boca y le dio un dulce beso en los labios. Bajó del automóvil con una gran sonrisa y una inmensa felicidad.
Beckett volvió al precinto a contarles las novedades a sus compañeros. Estos, a su vez, le informaron que el laboratorio tendría las huellas procesadas en un rato. Kate le pasó la planilla con las huellas de los hermanos Valdés a Ryan.
-Hay que pasarlas por el escáner así las podremos comparar con las del laboratorio.
-Yo me encargo.- dijo Esposito agarrando el papel.
-Gracias. También tenemos que conseguir el registro de llamadas de la casa de Gina.
Ryan levantó la mano como en la escuela: -¡Yo lo pediré!
El teléfono del escritorio de la detective sonó y ella lo atendió al instante.
-Detective Beckett.- dijo al ponerse el auricular en la oreja.
-Detective…Mi nombre es Michel…Michel McDowell. Mi secretaria me acaba de avisar la terrible tragedia…- la voz del joven se quebró. Kate puso el manos libres para que sus compañeros escucharan la conversación.
-Sr. McDowell. Me alegra que llamara. Necesitamos hablar con usted cuanto antes ¿Se encuentra en la ciudad?- preguntó
-No. Todavía estoy en Long Island. Estaré en New York mañana por la mañana. Puedo pasar por ahí y le contaré todo lo que sé… Aun no puedo creer que Margarita esté muerta ¿Qué fue lo paso?
-La encontró la señorita Cowell cuando llegó de viaje. Estaba atada y al parecer fue asfixiada ¿Qué relación tenía usted con la víctima?- la detective no quería darle demasiados detalles.
-Se podría decir que estábamos empezando a tener algo… Ella venía de una relación de muchos años… ¿Cómo decirlo?... bastante… enfermiza y todavía le costaba encarar algo nuevo, pero lo estábamos logrando…- dijo tristemente.
-¿A qué se refiere con "bastante enfermiza", Sr McDowell? ¿Conoce a su antigua pareja?- inquirió Beckett.
-Sí… lo conozco…- se quedó callado un instante.
-Si lo conoce, dígame su nombre. Podría ser un sospechoso.-
-Es… delicado, detective… Margarita me confesó que ella y su hermano Roberto habían salido durante años… ¿Entiende? Margarita era muy joven y él siempre había tenido un dominio especial sobre ella. Hasta que un día decidió salirse de toda esa aberración y lo dejó. Él, por supuesto, no lo tomó del todo bien. Comenzó a acosarla, la llamaba a toda hora, la seguía cuando salía, incluso llegó a enfrentarme una vez que me vio con ella…Ese tipo estaba loco… un enfermo… No me sorprendería que tuviera algo que ver en todo esto…- Beckett miró a sus compañeros. No podía creer lo escuchaba ¿Cómo Roberto le había ocultado algo tan importante? ¡Había encontrado un móvil para el asesinato y un sospechoso en segundos! Así todo, había algo en el discurso de McDowell que a ella no le cerraba todavía.
-Sr. McDowell, usted sabe que Roberto es adoptado ¿no? No corría la misma sangre por sus venas…-
-¡Aun así, detective! ¡Los criaron juntos como hermanos! Es asqueroso el solo pensarlo…- contestó el joven. Beckett no estaba tan de acuerdo con el punto de vista tan absoluto que tenía Michel McDowell sobre el asunto, de hecho la sorprendió lo asqueado que parecía el joven.
-Escuche, McDowell. Mañana hablaremos bien de todo esto. En cuanto llegue a la ciudad venga lo antes posible al precinto, así podré tomarle declaración. Lo espero.-
-A primera hora estaré ahí, detective. Hasta mañana.-
Beckett apretó el botón del manos libres cortando la comunicación mientras miraba a sus compañeros.
-De veras que no me lo esperaba…- dijo Ryan rompiendo el silencio.
-Ni yo…- agregó Espo.
-Sí…yo tampoco. Pero ahora tenemos un móvil y a Roberto como principal sospechoso. Tendremos que arrestarlo hasta aclarar todo… Todavía no tenemos ninguna prueba concluyente que lo señale como el verdadero asesino, pero me ocultó la verdad y eso no lo hace muy confiable…-
-Cierto… Tendremos que ir con cuidado si no queremos que se nos escape- Mientras hablaba Ryan se rascaba el mentón pensativo.
-¡Tenemos que ir con Castle! Los hermanos lo conocen y al parecer le tienen confianza. Con él, será mucho más fácil. – dijo Esposito.
-Tienes razón. Pasaremos a buscarlo por su casa y después iremos al hotel. Espo, tú ven conmigo. Ryan, tu quédate por si llegan los resultados de las huellas. Necesito que las compares con las de Roberto de inmediato. –Kate se puso su abrigo y se dirigió al ascensor.
-¡Como tú ordenes, jefa!- contestó Ryan haciendo una venia al estilo militar.
El transito a esa hora en la ciudad era verdaderamente insufrible, así que tardarían un rato en llegar a lo del escritor. Durante el viaje siguieron comentando la reciente llamada. Beckett guardó silencio un instante, luego tomó su teléfono para llamar a Ryan. Le pidió que pusiera vigilancia en la casa de McDowell. Quería estar informada de la hora real de su llegada, además de controlar todos sus movimientos. Esposito la miró cuando terminó la llamada.
-No confió en él… prefiero tenerlo vigilado.
-Estoy de acuerdo.
Los autos avanzaban a paso de hombre y esto comenzaba a irritar a Javi, quien estaba detrás del volante. Al parecer tardarían aun más de lo que tenían planeado.
