Mil gracias por los review y leer!

El primordial: gracias por comentar y ya lo tenía escrito :(aunque un ShainaxSaga también se ve interesante. Uh lástima que no se me ocurrió.

Andy: =) gracias y lamento la tardanza

sslove: los hermanos son algo muy difícil, uno esta obligados a quererlos por el simple hecho de tener la misma sangre y eso es "triste". Si los espectáculos de luces son simplemente hermosos para los adultos con alma de niños. Je. Sorry se me escapó eso del vino. xP es que ahora Saga es bueno no hace las cosas por maldad


Shaina y Marin habían pasado todo el día anterior entrenando, y este día se disponían a disfrutarlo -dentro de lo mas posible- yendo a relajarse en la playa cuando, no fue su sorpresa qué se encontraron con una barcaza varada en las rocas que no dejaba de azotarse.

— ¿Vayamos a ver si hay alguien herido?—conminó Marin. Entrando rápidamente a la barcaza con sus agiles piernas— ¡Shaina! ¡Entra apresúrate!

La joven afuera, escuchó el grito de su compañera desde dentro del barco. Se decidió a entrar. No quería pasar su día libre ayudando a borrachos que seguramente se quedaron dormidos en alta-mar.

Una vez en el interior, se encontró con un panorama nada usual—Shaina, mira— señaló su compañera, al hombre desparramado sobre el suelo. A su lado había gran cantidad de brillantina y juegos de luces estrambóticas— es el caballero de géminis.

—vaya, ahora sabemos quien no nos dejo dormir anoche— comentó Ofiuco.

—Como dices eso— la mascara de Marin no demostró si estaba o no de acuerdo— mejor cerciorémonos si aun esta vivo.

—no seas tonta, Marin. Su cosmo aun vibra.

La muchacha pelirroja se acercó al caballero dorado y lo movió, al no obtener resultados lo zangoloteó y aporreó. Al final ya lo estaba golpeando.

—Tenemos que ir a decirle al patriarca—sentenció Marin.

— ¡excelente idea! Atravesamos las doce casas sin permiso.

—seguro nos dejaran pasar si decimos que Saga esta desmayado— rodó los ojos detrás de la mascara—. De hecho estoy bastante segura que nos van ayudar.

—bien—concedió—vamos.

Pero ante aquellas palabras tan bien intencionadas, Saga se despertó un poco de la inconciencia.

—No— lo último que deseaba el gemelo, era que los demás supieran de su lamentable estado—no vayan.

—pero estas desmayado—Marin se arrodilló junto a él.

—Como te puedes dar cuenta ya no—confirmó.

—Pero estas mas blanco que el papel — la pelirroja lo tomó del brazo para ayudarlo a parar, pero géminis aun agotado se tambaleó apoyando todo su peso en la joven, quién no lo pudo soportar. Ambos cayeron al suelo en una posición bastante incomoda. Saga tenía la cara enterrada en sus pechos. Marin no solo tenia el pelo rojo ahora, ese mismo tono lo tenía en toda la cara. Ya sea porque el gemelo le quitó todo el aire en la caída o, había atracción sexual ahí.

— ¡Oh!— la muchacha intentaba quitarse al caballero de encima, pero tenia la única mano libre en el rostro para evitar que este sea visto por el dorado. Y así no tener que elegir entre "amar o matar" aunque la decisión estaba bastante clara.

Saga se habría puesto rojo, sino fuera por que aun estaba un poco mareado, y sobretodo por que sentía la mano izquierda de la joven peligrosamente cerca de la zona prohibida. ¡Maldito Milo!

—Marin…—fue lo único que alcanzó a pronunciar, antes de lograr sentarse con ayuda de Shaina.

La pelirroja una vez libre del peso, empezó a buscar desesperada su mascara.

— ¿Ya?—le preguntó la chica de Ofiuco— ¿mejor?

Saga asintió.

—yo…yo—balbuceó Marin, una vez con su mascara puesta—voy a buscar ayuda.

—No, no lo hagas —pidió Saga imaginándose ya a quien se lo pediría.

— ¿Pero…?—la chica no lo miraba

Shaina decidió tomar el toro por las astas. —Marin tu ve a buscar Alcohol por si se vuelve a desmayar —y así se va a ventilarse un rato. —Y comida.

La pelirroja asintió antes de salir corriendo del lugar para arreglarse la ropa.

— ¿Has comido algo, Saga?—preguntó Shaina.

—Soy un dorado mayor que ti en rango, SHAINA— intentó recuperar su dignidad — ¿crees que soy tan débil como para desmayarme por eso?

— ¡Si serás insensible DORADO!— "tostados" inútiles. Ni una sola guerra ganarían sin los de bronce—. Nosotras preocupadas.

Se quedó un poco sorprendido por eso. Nunca las había tratado mucho, también las había usado para sus planes. Además, había mandado a Marin a matar a su querido alumno… Seiya.

Pero se acordó que Shaina también estaba en la bendita, sagrada y venerable lista— ¡guau Shaina!—le sonrió— que inesperado de tu persona ¿Cómo puedo devolver tal gesto de tu parte?

— ¿eh?

— ¿qué, como puedo ayudarte a ser un poco mas FELIZ? Y así devolver tal noble gesto de tu parte.

—pues no te vuelvas loco ¡y ya esta!—dijo la chica, demasiado practica para su propio bien.

—eso no te beneficiaria mucho a ti.

—Tan fuerte te golpeaste en la cabeza—se burló la joven.

— ¿Qué dices?

—Que no suenas "al gran y poderoso Saga de géminis"—quería agregar anterior usurpador—ni siquiera a Kanon.

— ¡Oh vamos Shaina!—hizo puchero— eso, no era nada mas que mi lado malo, qué siempre quiere con seguir sus fines.

No cabe duda que esto de cumplir deseos no es lo mío.

— ¿Y resulto?—inquirió la chica con verdadera curiosidad.

—Pues…ya ves que no—aunque ahora estaba tan cerca de nuevamente obtener su objetivo, solo se interponían otras cinco personas entre ellas nuevamente Sagitario—. Bueno…lamento mucho haber atentado contra la vida de mi diosa.

La joven de pelo verde rio— ¿solo eso? Si mal no recuerdo te acusan de más cosas.

La conversación estaba tomando una dirección demasiado oscura.

—Las cosas son algo mas complejas que el bien y el mal—como decía Shaka "la verdad es profunda y a la misma vez grandiosa"—no todo es blanco y negro… hay cosas que nunca me arrepentiré. Por supuesto otras que si…como mandarte a matar a Seiya, o ser medianamente responsable de la muerte de tu alumno… a pesar que ahora esta vivo, supongo que esos momento no fueron de jolgorio—miró directo a la mascara—¡déjame compensártelo! —se dio cuenta que la chica iba a protestar— ¡eh! Para que no te sientas única y si guardas el secreto, los fuegos artificiales de ayer los hice yo, para alguien a quien se lo debía.

—Mmm—dudó— no se… es difícil.

— ¡dudas de mi poder! Te acabo de decir que Incendié los cielos solo por un capricho.

— ¡No estoy diciendo eso!—estalló Shaina.

— ¿entonces qué "estas diciendo"?

La muchacha suspiró— es que… no creo que colapsando todas las estrellas o galaxias puedas…

Saga se mordió el labio para no reír.

— ¿es Seiya, verdad?

— ¿eh?...—ocultó el rostro a pesar de todavía traer la mascara— ¿Cómo lo sabes? ¿Tan obvia soy?

—te mande a matar al chico y no pudiste—recordó— te interpusiste en el camino de Aioria y su puño contra Seiya. Es bastante evidente… el problema es que Seiya es un poco "apasionado"—por no decir hiperquinético.

—este…yo…una vez el me miró sin mascara.

— ¿y no se murió de un infarto al verte?

— ¡Qué!

Alzó la manos en señal de paz— ya sabes, por tu belleza y todo—. ¡Se estaba comportando demasiado como Kanon! ¡Haciendo bromas estúpidas! ¡Tenia que parar de una vez!—oye, que no es pecado eso.

Ahora voy a tener que hacer de casamentero. Por no decir cupido pero eso era demasiado idéntico a Sagitario ¡y dios está de testigo que no quería parecerse a él!— ¿has pensado en decírselo alguna vez?

—una… una vez —la chica tragó saliva— se lo dije.

Vaya, tenemos un grave caso de "rechazaditis" o "despechaditis" ¿Qué hacemos en estos casos, Doctor?— estoy seguro que se lo mencionaste cuando alguno estaba al borde de la muerte.

La joven asintió.

El gemelo se levantó probando su equilibrio—pues bien, deja que el concede- deseos Saga cumpla tu petición.

— ¿lo harás? — La voz denotaba toda la esperanza de una joven enamorada—. Él… ama a…

—calla, que se todo— le apuntó mientras se bajaba del barco— solo no te olvides quien esta curando tu penas de amor para que puedas ser FELIZ y de paso prohíbe que Marin le diga a alguien…de lo que acaba de pasar.

3/3/3/3/3/3/3/3/3/3/3/

Aun sentía que el piso se le movía un poco, pero tenía trabajo que hacer si quería ocupar la silla de Sumo Sacerdote. Para empezar buscar al bendito caballero de bronce. ¿Dónde te metiste Seiya? Antes te me aparecías aunque no te buscara.

Sus búsquedas se trasladaron por todo el santuario, esperando encontrarlo lo más rápido posible.

— ¡eh! Geki— visualizó al muchacho en el coliseo entrenando contra Unicornio.

El muchacho se giró hacia Saga, lo que aprovechó Jabu para patearlo en toda la entrepierna, el niño puso cara de "póker" por unos segundos.

Cinco segundo aguantó el golpe bajo de su compañero ¡todo un logro!

—no te desconcentres nunca en una pelea— le aconsejó al niño que hacia pucheros pero sin llorar

—pues… es que…usted.

—excusas— apuntó un superior Saga, divertido por la escena— ¿no han visto por casualidad a Seiya?

—Siempre Seiya, siempre Seiya—rezongó Jabu— no, por aquí ni aparece. Existimos mas de bronce ¿sabes? ¿Necesita algo Atena?

— ¿Creen que se fue a Japón?—preguntó preocupado Saga.

—no, no lo creo seguro que esta con su hermana —aportó, un ya recuperado Geki.

— ¿me podrían decir donde es?

Ambos chicos cruzaron una mirada—lo sentimos… no nos sabemos la dirección—antes de que Saga hablara, Jabu se apresuró a agregar—pero le podríamos señalar el camino.

—Ya sabe guiarlo—añadió Geki

—Pues bueno—aceptó géminis.

— ¡Si!—saltó infantilmente Jabu.

— ¡vaya! ¿Y por que tanta felicidad por ir a visitar a Seiya?

Pero ambos niños ya estaban de camino, por lo que Saga tuvo que acelerar el paso para alcanzarlos.

— ¡oigan regresen!—les gritó mientras iba corriendo tras ellos.

¿Y a estos que les pasa? Cuando se volvió a encontrar con los jóvenes, estos llevaban un bolsito cada uno, y sonreían.

— ¿Y para eso salieron corriendo?— les preguntó molesto Saga.

—Sí, ya vamos señor Saga— le sonrió con toda cordialidad Geki de Osa Mayor.

— ¡Pues ustedes son los que saben el camino! ¡Empiecen a señalármelo!— gritó exasperado el gemelo.

—Pero… es que es fuera del santuario— excusó Jabu.

¡Maldita sea, por qué le pedí ayuda a este par de idiotas!

Los tres hicieron su camino fuera del los dominios de Atena, por supuesto Saga salió totalmente despreocupado del santuario, pero no así los de bronce. Los santos de platas que resguardaban la entrada y salida de la gente se los impidieron.

— ¿estáis huyendo? —los amedrentó un caballero de plata. Amaba su trabajo de asustar a niños ¡oh! Y también matarlos

—Paren— ordenó Saga— ellos vienen conmigo, déjenlos pasar.

—Uhh— se lamentó un caballero de plata—. No nos dimos cuenta señor dorado.

Ambos jóvenes nuevamente salieron corriendo al pueblo, para ver algo más que hombre sudados entrenando hasta desmayar, caballeros que te gritan, personas que sangran por cada agujero y gente que siempre parece al borde del ataque de histeria.

— ¡Por dios! parecéis perros a quienes se les suelta la correa—les regañó Saga una vez que los pudo encontrar. Pero calló ante la fascinación de los chicos por la ciudad.

— ¿desde cuando no dan un paseo por Rodorio?

—Desde que llegamos —habló ceñudo Jabu—. A nosotros no nos dejan salir como ustedes los de Oro, no hemos hecho ninguna proeza, como los mata-dioses—suspiró.

—Ni tampoco somos de plata, para ser medianamente poderosos—añadió Geki

—Solos somos de bronce— lamentaron los dos chicos al unísono.

Un sentimiento estaba luchando por salir en el corazón de géminis, era su parte buena hablando. No, gritando.

— ¿Qué edad tienen?

—13—dijo desilusionado Jabu, Saga los había ignorado cabalmente—. Y Geki 15.

Conmovido por las tiernas edades de los chicos los llevó a tomar un helado. Nunca había pensado en Seiya de esa forma, casi un niño. Siempre había pensado en los santos de bronce, como enemigos a los cuales había que derrotar o caballeros, quienes habían obtenido su respeto. Menos que lo perfecto, él, no esperaba de ellos. Y los cinco de bronce siempre habían cumplido, ganando la gloria y el amor de la diosa. Pero no así Jabu o Geki, ellos no eran más que caballeros de bronce.

—Esa que va allí —señaló a una chica pelirroja que cargaba una bolsa— es la hermana de Seiya—. Habló Geki, mientras lamia su helado y observa a la gente pasar.

—A Seiya siempre lo dejan salir del santuario— dijo entre dientes Unicornio—al igual que a Shun, Hyoga, a pesar que ese nunca sale, Shiryu e Ikki—. Miró al imponente dorado— ¿es muy difícil conseguir una armadura dorada?

—si

—Los otros ya la consiguieron— se refería a los cinco sucesores, ya mencionados— ¿tu armadura no tiene sucesor?

—aparte de mi hermano, no— Saga seguía degustando su helado.

— ¿crees que algún día seré tan poderoso como tu?— preguntó ilusionado Jabu.

—No lo creo posible—. Saga nunca daba falsas esperanzas. El niño bajó la mirada pensativo—. Pero tampoco nunca creí, que caballeros de bronce me destronarían del falso patriarcado—les sonrió a sus acompañantes—. Lo que yo crea no siempre resulta.

El gemelo se levantó dispuesto a continuar con la petición de Shaina.

—guíenme a la casa de Seiya y luego tienen el día libre, no hagan nada que se arrepientan luego— les advirtió.

Una vez le habían señalado la casa donde vivía la hermana de Seiya; se quitó la armadura, para parecer menos intimidante y mas humano. Tocó la puerta esperanzado con su plan.

— ¿Kanon?—se sorprendió Pegaso, creyendo que era el gemelo menor, por que no llevaba armadura.

Decidió esta vez, no sentirse insultado por la equivocación—. Soy Saga, pero no te preocupes.

—Ah, genial—el muchacho aun seguía en la puerta— ¿y que deseas?

— ¿Quién es Seiya?—la voz venia detrás de Pegaso, la joven era pelirroja como Marin— ¿y por que no lo dejas pasar?

—es solo un caballero, Seika—abrió mas la puerta— no te preocupes.

—Soy Saga de géminis— se presentó. Tomando la mano de la joven como si fuera una princesa, le depositó beso.

— ¡oye! ¡No me he vuelto invisible!

—Seiya, comportante— le advirtió tranquila su hermana.

—Pero…pero…te beso—y tú eres menor de edad y mi hermana, quería agregar el sobreprotector Pegaso.

—Hablando de besos— apuntó Saga hacia la hermana— ¿saben a quien no han besado?

— ¿eh?

— ¡A Seiya! al parecer nadie lo quiere tocar ni con el pétalo de un palo—. Sentenció géminis. — ¿o así no era la frase?

— ¡Que yo no estoy buscando a nadie!— a cada palabra Pegaso se volvía mas colorado.

—y dime Seika ¿no crees que tu hermano ya esta en edad de dar su primer "lengüetazo"?—. La muchacha asintió cómplice—. Digo, tuvo edad para golpear hombres en las partes baja, no va tener edad para jugar a "manitos sudadas"

— ¿¡Qué!?—Pegaso se atragantaba con su saliva.

—hermanito tranquilízate.

—Sí, Seiya las mujeres no muerden—. Miró a la joven—. Y yo tengo la mujer perfecta para tu hermano. Es una guerrera (no hay que salvarla de flechas, jarrones o pilares) bonita, atlética, apasionada y para mejor ¡te salvó la vida cuando los dioses gemelos intentaron matarte!

— ¿Quién?—demandó un Seiya-tomate.

—hermanito, por fin formaras familia—sonrió complacida Seika.

—¡Qué!

Saga disfrutaba del espectáculo de hermanos, mientras que Seika comentaba ilusionada algo sobre vestidos de Boda, Seiya intentaba volver a su hermana a la realidad. La pelirroja salió feliz mientras le decía que iría por las invitaciones, en modo de burla, claro.

Unos minutos después salió Seiya en busca del amor de su vida. Corriendo como un poseso tras Shaina. Mientras Saga reía para su interior. Contaba con la aprobación de la familia, en este caso la hermana. Y no necesitó mas que el puño diabólico "satán imperial" (que antaño se usó para controlar al dorado Aioria, y ¡oh! Sorpresa matar a Seiya) ahora, lo usaba para exacerbar el sentimiento de amor en Seiya, el cual no era inexistente hacia Shaina. Pero Saga lo volvió "loco de amor" y si algún día quería revertirlo, ya no necesitaría matar a nadie para que salga del efecto. Sino algo tan simple y pervertido como un beso entre hermanos. Seika tendría que besar a Seiya en la boca, cosa que dudaba que pasara en un día cotidiano.

De camino al santuario se encontró con Jabu y Geki. Una de sus nuevas leyes seria que todos los aprendices y bronceados tendría -por los menos- un día a la semana para ir a la ciudad. Quizá fueran Santos, pero si algunos podían salir, entonces todos debían hacerlo. Simple democracia, aunque Saga no creyera en ella.


Esperó les haya gustado... Y lamento la demora