Aclaración: Los derechos de Saint Seiya son solo de Masami Kurumada.
Guest: gracias =) ;)
Coralito: hola, y gracias por la sugerencia =) no hago los capi muy largo por temor a caer en la redundancia, pero creo que este quedó muy largo XP solo espero que no te parezca muy tedioso y repetitivo. Besitos
sslove: pobre Marin 8( se humilló frente al gemelo. Mi peque Jabu ; _: nadie se acuerda de él, y era tan bonito en el torneo galactico. PD: yo tambien soy del medio, me toco mandar y que me mandaran. Cuidate y gracias por comentar
Muchas gracias por leer.
3/3/3/3/3/3/3/3/3/3/3/3/
No sabia muy bien donde encontrar a Sorrento, bueno, eso era mentira -en parte- lo mas seguro es que esté en territorios de Poseidón, pero el mar era inmenso. Además, no es como si pudiera andar a sus anchas por los pilares buscando al Marina. Y no conocía a nadie que le pueda ayudar a comunicarse con el general, bueno, eso también era mentirita, si conocía a un "ser" pero no pensaba pedirle ayuda.
"Sorrento" empezó a silbarle al mar, por si acaso el tipo estaba nadando y aparecía por milagro. Pero al parecer los milagros solo ocurrían en navidad, por que ni un pez salió a su encuentro. Regresó a géminis derrotado y cansado ya de andar cumpliendo deseos para intentar a ser feliz a la gente. ¿Por qué no había alguien que se conformara con "me basta con tu sonrisa" "soy feliz con un atardecer"? No, pedían las cosas más irreales posibles.
—Oye Saga, mira lo que encontré— y como no, la cereza del pastel aguantar a su hermano.
—a que bueno—se dirigió a su cuarto, dentro de la no decorada casa de géminis.
—ni si quiera lo miraste, antipático—. Se burló Kanon, aun llevando en sus manos escondido algo.
—conociéndote seguramente a de ser una idiotez—. Metiéndose en su cuarto, le cerró la puerta en la nariz a su gemelo. Seguramente le iba hacer una broma.
Desde fuera del cuarto, Kanon gritó— ¡era un pez dorado! ¡Tarado! ¡Esta muerto, pero es muy bonito!
— ¡No te creo, me ibas a ser una broma estúpida, seguramente!—ya se conocía de memoria las artimañas manipuladoras de su gemelo.
— ¡solo te iba a ser una broma! Por que el pez es tan dorado y aburrido como tú—. Escuchó los pasos de Kanon alejándose.
Aun así, todavía no pensaba salir. Aunque gracias a la molestia de Kanon, ya tenia un plan.
Esperó a hasta que su hermano se hubiera quedado dormido, es decir, cuando todo queda en un hermoso silencio. Salió del cuarto decidido a cumplir con lo que tenía que hacer, mordió su labio. El fin justifica los medios ¿no?
Tomó el casco de la armadura de géminis y con él le dio un fuerte golpe en la cabeza a Kanon, escuchó el grito ahogado y por supuesto, no bastó un solo golpe para desmayarlo. Pero Saga ya se lo esperaba. Por eso se había puesto un pasa-montañas, para que no lo reconociera después.
"dulces sueños hermanito" le dio golpe tras golpe, no lo quería matar ni nada, solo que no se despertara, digamos qué como por un día. "Si que tienes la cabeza dura, Kanon."
Listo. Primer paso de su plan, ahora tenia que ir por la escama de General Marino de su hermano. Él casi nunca la usaba cuando se quedaba en el santuario, pero todavía la conservaba por que técnicamente pertenecía al ejército de Marinos, y Saga ni de broma pensaba compartir su armadura, así que Kanon se tuvo que traer las escamas.
Ahora, la pregunta era, donde las había dejado, no podía ser tan difícil, era una gran caja. Miró a su alrededor habían rastros de comida en la mesita de noche, un pez dorado muerto "eh, no mentías."
Y finalmente arriba del gran armario dio con la dichosa caja, se subió la única silla que había en el cuarto para poder alcanzarla. Una vez arriba del armario, de la caja sacó las escamas de Dragón marino, dejando la caja ahí mismo, por si se despertaba Kanon, no sospechara y escondió la armadura de géminis para que creyera que él había salido con su armadura.
Se acomodó un poco el pelo y ¡ya! Era igualito a Kanon, o Kanon se parecía a él, como fuera
Fue a Cabo Sunion, desde donde podría entrar al territorio de Poseidón.
—Señor, general no esperábamos verlo a esta hora— unas voces que custodiaban la entrada se dirigieron a él mientras hacían la señal de respeto.
Se aclaró la voz para hablar mas cómo Kanon—no pasa nada solo extrañe mí… pilar.
Los soldados se miraron unos a otros—pues pase.
Saga asintió, pero no se movió, ahora que lo pensaba no sabia donde estaba el pilar ¡Ni siquiera sabia que pilar custodiaba su gemelo!
Se volvió hacia los soldados— por casualidad— dijo, como quien no quiere la plática— no habrán visto al General Sorrento de Sirena.
Los muchachos se miraron nuevamente inseguros—por su puesto, esta en su pilar.
— ¡Perfecto!— dio un palmetazo al aire. Y como yo se donde queda el pilar, debí haber planificado mejor esto.
Empezó a caminar sin una dirección fija. Caminó y caminó hasta que se encontró con el gran templo de Poseidón. No, por ahí no es.
Cuando por fin había logrado encontrar a Sorrento, decidió que para evitar mal entendidos, se presentara como Saga y no como Kanon. Tenia que saber la identidad de quien lo ayudaba. El General lo miró curioso,
—Sorrento ¡por fin te encuentro!— Saga se llevó una mano al corazón— ¡ah! Y por cierto soy Saga no mi hermano, aunque no lo creas
El joven le miró molesto— ¿Qué quieres? ¿Y por que usas las escamas de Dragón marino?
—No, la pregunta es ¿Qué quieres tú?— decidió omitir la última pregunta.
—Y ahora a ti ¿Qué te pasa?— le miró extrañado Sorrento.
— ¿Desconfías de mí?— quiso saber Saga, poniendo cara de compungido
— ¡por supuesto!
—pero si solo quiero compensar las "malas acciones"—se defendió Saga falsamente— pido perdón por todas los actos malvados de mi hermano.
—no te creó— confirmó Sorrento tras unos instantes de asombro.
— ¿Pero por qué?
—por que te conozco
—difícilmente siquiera hemos cruzado palabra. Es más yo creó que ni siquiera nos hemos visto más de dos veces.
— ¡Con eso basta!— gritó convencido Sorrento.
—eres demasiado injusto con alguien que no conoces. Porque alguien –Kanon- te ha mostrado un retrato parcializado y prejuicioso de mi persona.
—Mis razones tengo ¿no?— se encogió de hombros el Marina.
—claro, tus razones se deben a cosas que no hice y no, a las que hice.
El muchacho que le recordaba Afrodita, su belleza, sus delicados movimientos, su admiración a lo bello, al arte. Decidió darle por ese lado. Tenia que tranquilizarse y cambiar de tecnica, sino iba a pasarse la vida en conversaciones sin sentido. Saga estaba convencido que esto de cumplir deseos era condenadamente dificil. Pareciera que el patriarca le daria el santuario con la condición que se volviera loco. Ya se estaba cansando de la insolencia del general. Pero respiró hondo y prosiguió—. Dicen que eres capaz de tocar las melodías mas bonitas.
Sorrento tocó unas notas, extrañado por el cambio de conversación—. No, no lo creo. Escuché que hay un caballero que es capaz de conmover a lo dioses…— el joven tenia una mirada soñadora— ojala pudiera conocerlo.
— ¿Te haría feliz?— Saga se frotó las manos. ¡Por fin alguien que pedía algo sencillo!
—sí ¿sabes? Nunca he conocido a otra persona que ame tanto la música como yo—el joven de 16 años cada vez se ilusionaba mas, dejando salir por un instante sus infantiles deseos—. No me mal entiendas, quiero a mis compañeros… incluso a Kanon—le colocó el dedo índice en el pecho—. Aunque jamás le perdonaré que hubiese usado a Poseidón
—y yo por eso estoy aquí—era increíble como las mentiras cada vez le salían mas fáciles— no le digas nada a mi hermano ¿ya?— el chico asintió— bien, yo solo quiero enmendar mi camino… a mi hermano, Milo le puso una prueba—en realidad Saga no lo había visto, pero se lo contaron— ponme una prueba y déjame demostrarte que solo busco… ¿redención?—la ultima parte le quedo medio incongruente.
El joven alzó su ceja incrédulo— ¿que tal si te dejo encerrado por una semana en un pilar y que el agua lentamente te llegue al cuello? Ya sabes, para que sientas lo que sufrió tu diosa, por no tener a sus caballeros dorados cerca.
Y por cosas como esas, no mentía Saga, siempre le salía el tiro por la culata—si… es una buena opción… pero si en vez de estar una semana ahogándome, la aprovecho para ayudarte a superar tus traumas
— ¿Cuáles traumas?— el general disfrutaba el momento. Sabia que detrás de esta farsa se ocultaba algo ¿quizá una apuesta con su hermano? Pero ni se acercaba a la verdad, tan solo para molestar al gemelo, le dijo lo primero y mas irreal que se le ocurrió. Pensado que Saga solo se burlaba. Pero no era así y Sorrento estaba apunto de casi desatar una guerra.
Tras escuchar la exótica petición, y sentir que esto cada vez mas se le salía de las manos, fue en busca del caballero de la Lira pero ¿en donde podía estar?
Lo buscó por medio santuario y los caballeros de plata con los que se topó no lo habían visto en días. ¡Si! Esta es la suerte de Saga tener que buscar al caballero que esta desaparecido ¡bien, muy bien!
Al final optó por ir a encontrarlo al pueblo, por si acaso. Esperaba no tener que ir más lejos. Por su puesto que había dejado las "escamas" de su hermano en donde las encontró y para su sorpresa Kanon un seguía dormido-desmayado, cualquiera sea el caso.
La gente se apartaba a su paso. O le pedía ayuda y Saga "buena persona" se detenía a ayudarlos. Mientras auxiliaba a unos hombres a cortar leña, pensando que este era mejor trabajo para Shura, y su hacha de mano. Escuchó, como los hombres hablaban de residencias abandonadas y entonces su mente se iluminó ¡Lo tenia!
Como diablos no se le había ocurrido antes. Orfeo estaría en la antigua casa de la chica que el amaba ¡Eurídice! Terminó de hacer el trabajo de sierra manual y se fue.
Antes de verlo, escuchó las tristes melodías de la lira. Atena había tenido la resurrección de todos los caballeros de diferentes rangos, al igual que Poseidón y Hades. Pero no así de civiles. Orfeo había venido aquí, seguramente todos los días, a tocarle a la hermosa casa de su amada que ahora estaba abandonada.
—Orfeo— lo llamó.
—Caballero Saga— se giró el muchacho, con los ojos rojos y rostro de echarse a llorar ahí mismo— ¿Qué desea? ¿Me mandó a llamar la diosa Atena?
¿Cómo hacia esto? Era medianamente su sub-ordinado en rango le debía respeto y obediencia, pero le estaba resultando medio difícil manipular al chico, que ya parecía un estropajo humano, por amor.
—Orfeo ¿Qué vas hacer durante estos días?
El músico cerró un instante los ojos y luego los abrió dolorosamente— nada.
Ahora, como le decía que necesitaba que fuera a una especie de competencia musical con Sorrento y qué dejara ganarse—. ¿Cuándo te lo pida, me podrías acompañar a dar un paseo cerca del mar?
— ¿Por qué? ¿Ocurrió algo en el santuario?
—No— mintió— ya sabes un rato entre caballero… músicos
El joven de la Lira lo miró extrañado—. ¿Pero tú no eres músico?
—Pero invitare a otros músicos— acotó.
—Ah, bueno, supongo. — y se dispuso a seguir con su serenata triste.
Bien, al menos tengo al primero y mas fácil de la lista de músicos ¡malditas "listas" como os aborrezco, cuando sea patriarca las voy a mandara quemar todas!
Ahora Mime, él no había hecho nada malo en Asgard, pero su hermano sí ¡malnacido Kanon!
Usó la velocidad de la luz para llegar lo más pronto posibles a las frías tierras. El viento le cortaba la respiración alentando su marcha, vaya, ya veía por que la gente decía que Asgard era uno de los peores lugares para vivir. El sol no parecía querer salir. La gente del pueblo estaba sepultada tras toneladas de ropa que los ayudaba a capear el frio.
—disculpe señora, ¿sabe donde esta el palacio de la señorita Hilda? O mas bien ¿Dónde esta el guerrero Mime?
La viejita qué, con suerte tenia dientes en la boca le señaló unas montañas —. Por allá esta el palacio de Valaya y nuestros amados Dioses guerreros; algunos están en allí, otros están en camino ayudando a despejarlo de la nieve y otros están ayudando a proteger la cosecha del granizo.
Saga se llevó su helado mano al rostro— es decir, pueden estar en cualquier parte.
—pues si— asintió la viejita. El gemelo intentó quitar su mano del rostro, pero esta se había pegado al labio inferior debido al frio.
La anciana suspiró— extranjero, aquí nadie se TOCA mucho ni siquiera a uno mismo, por riesgo a quedar pegados para siempre.
Pero el dorado no la escuchaba aun luchando por sacar su mano del labio inferior. Al final dio un gran tirón quedando con parte de su labio en los dedos. ¡Oh por dios!
—no se preocupe por la herida se congelara en unos minutos— le aconsejó la anciana antes de irse cargando con baldes.
¡Quién me manda a venir Asgard! el resto de la tarde se la pasó preguntando a la gente si habían visto a los guerreros. Prefirió ir primero por los "liberadores de nieve"
Rápidamente se dio cuenta que era una labor muy necesaria, aunque un tanto humillante para guerreros que se pasaron toda la vida entrenando para terminar haciendo qué ¿recolectar nieve? ¿Luchar contra el clima? Vio a Thor de Phecda con sus grandes mazas apartando toneladas de nieve de un espacioso y traicionero camino.
Se iba burlar del hombre. — ¡Oye Thor!—agradeció a su diosa por no encomendarle tareas tan "estúpidas"
Y entonces, vio como la nieve de otro pequeño cerro parecía querer ocupar el espacio ya liberado, por Thor, pero fue detenida ¡oh, dios, no!
— ¡Trueno atómico!
Ante aquella palabras que ya conocía muy bien, se llevó la mano a la boca espantado, ¡por que tenia que aparecer siempre!
— ¡Creo que hay alguien atrapado por allí!— escuchó la voz de Aioros —¡no se preocupe, lo ayudaremos!— gritó hacia Saga, que se había tirado al suelo para que no lo viera, camuflado por la nieve. Aunque la armadura dorada era algo bastante difícil de ocultar.
Ya sentía como Sagitario se acercaba peligrosa y amablemente, a ayudar a la persona que creía estaba atrapada por la avalancha de nieve. El infarto que se iba a llevar al darse cuenta que era Saga ¡necesitaba una buena excusa para justificar su presencia aquí! Algo mas que "ahora me eligieron de patriarca a mi, siendo que yo te maté y traicioné".
—Aioros, aun queda mucha nieve que retirar, vamos— una voz detuvo a la impaciente necesidad de Sagitario de ayudar.
—escuché a alguien hablar por allí—negó
—Mmmm… seguramente fue el viento— intentó convencer el otro.
—el viento no grita "oye".
—No, ese… ese fui yo— escuchó que replicaba el otro— vamos, vete ayudar a Thor. —y para su gran alivio sintió como Sagitario se retiraba.
Ya se estaba empezando a ponerse en pie, antes de que se mojara por completo gracias a la nieve, aliviado de no ser descubierto.
—Saga ¿Qué haces aquí?
Estaba en el suelo, así que lo primero que vio fueron las botas doradas, alzó los ojos para encontrase con Camus. ¡Perra suerte! Bueno… no tanto, pudo ser peor.
Lo primero, colocarse de pie, ¡diablos! Se había olvidado del consejo de la anciana, ahora volvía a tener pegada la mano a la boca sin poder quitársela.
Camus llevaba una gran y cálida capa sobre la armadura dorada, y veía un poco escéptico como el gran Saga de géminis, luchaba por quitarse la mano de la cara.
—Quédate quieto— le ordenó
En realidad nunca sabia que pensar de Saga. Era cierto había sido un asesino y lo manipuló por casi trece años. Pero luchó junto con él contra Hades y era imposible negar el poder del geminiano, había cumplido el deseo de Milo. Pero había veces, que sentía que no lo conocía de nada.
Puso las manos sobre la boca y manos de su compañero para quitar el hielo de este. No era llamado el "mago del hielo" por nada.
Poco a poco el hielo cedió. Vio el labio ya herido del dorado. Estaba aquí hace un buen tiempo
— ¿Qué haces aquí, Saga?—volvió a preguntar— ¿y por que te escondes?
— ¡Yo!— se extrañó falsamente— yo no me escondo. Y en todo caso ¡que haces tu aquí!—decidió devolver la pelota.
—ayudando a la gente de Asgard. Y aun no me explicas por que te escondes de Sagitario.
— ¡no me escondo de Sagitario! Y busco al dios guerrero Mime.
— ¿Por qué?
—Por que Orfeo me lo pidió— mintió nuevamente.
—Supongamos que te creo, Mime no se encuentra aquí— confirmó Camus— aquí solo estamos yo, Thor y Aioros.
— ¿sabes donde está?
—Si ayudando en la planicie a los aldeanos, hacia el sur —señaló Acuario
—perfecto, gracias— Saga se dispuso ya de una vez por todas a irse del lugar mas frio del mundo.
—Espera —le advirtió— también ahí esta Aioria. Y dado que te estas escondiendo, dudo que te quieras encontrar con él.
— ¿¡y que hacen todos aquí!?— habló indignado Saga ¿el patriarca había dado una orden? Y no lo mando a él, era uno de los más competentes ni que decir de su poder.
—no es oficial, solo vinimos nosotros ayudar, el invierno llegó Asgard.
— ¿Y Shaka?— quiso saber Saga, el siempre parecía dispuesto a este tipo de cosas.
Pero Camus hizo una mueca. ¡Ah, claro! se acordó Saga, lo matamos. Pero Shaka no era de los que guardaban rencor. Después de todo aun seguía teniendo una buena relación con Virgo, quizá el que tenia ciertas reticencias era Camus y no Shaka.
Bueno, después arreglaría eso. Ahora tenía que ir a conseguir a músicos para que la "ratita" estuviera contenta o ¿"el flautista de Hamelin" iba a ser Sorrento y los ratones, Orfeo, Pharaon y Mime?
Esta vez fue con mucha mas cautela, y con la constante voz de no tocar nada. No hizo falta buscar mucho, ahí estaba Mime.
Aquí, a los pies de la montaña todos parecían estar haciendo algo. Hagen "derretía" literalmente el hielo de los arboles con su "prisión ardiente" que luego eran cortados por Mime y las cuerdas de su lira. Que a su vez eran cargados por Aioria -Saga no pudo evitar reírse- con ellos hacían fuego, reparaban las casas o fabrican unas especies de represas para aguantar las nieves venideras. Mientras los demás estaban ocupados con sus actividades, Fenrir un poco mas apartado que el resto, guiaba a con sus lobos a los animales desalojados hacia un lugar nuevo y seguro.
Tenia que acercarse a Mime sin ser detectado. Todo el mundo parecía estar bastante ocupado así que optó por solo ir hacia el dios guerrero.
—Buen día Mime—saludó cortésmente.
El muchacho abrió los ojos un poco asombrado— ¿Y tú? —entrecerró los ojos sin saber que gemelo era.
¡Y ahora necesito convencerlo para que me acompañe a jugar con el estúpido de Sorrento! — ¿estas muy ocupado?
El hermoso muchacho enarcó una ceja— ¿tu qué crees?
— ¿vas a tardar mucho?
— ¿tu qué crees?
Se iba a llevar la mano a la cara fastidiado, pero se acordó ya de su pobre labio.
— ¿Qué deseas, en las heladas tierras de Asgard?
—que me acompañes por un día como máximo— aclaró— no es nada malo, solo… tómalo como… ¿por amor a la música?
— ¿crees que yo, me voy a ir a vuestra tierra, ahora que es invierno en Asgard?
¡Por que todo siempre tenia un horrendo "pero"!—vamos, va a ser solo por un día. Hay otros seis dioses guerreros más.
—siete— puntualizó Mime siguiendo con su trabajo —y no.
— ¿si te ayudo a cortar estos arboles me acompañarías? Es visto que esta no es una labor para uno solo.
El chico sonrió—no, tienes razón aquí debería estar ayudando el maldito de Alberich, pero encuentra que es muy denigrante ocupar su preciosísima espada en cortar arboles.
Lo es, es realmente penoso, pero Saga necesitaba al músico para cumplir el deseo de Sorrento para luego por fin ¡convertir en patriarca! Nada lo iba a evitar. NADA. Haría lo que fuera necesario.
—bien, entonces que dices ¿vienes conmigo si te ayudo con los troncos?
— ¿crees que son solo estos?
— ¡los que sean! Solo mantén alejado Aioria por un rato ¿si?
— ¿Por qué?—indagó Mime, un tanto confundido con el actuar de todos los dorados general.
— ¡por que si!
Una vez solo, Saga ya tenía un plan. Un tanto estúpido si se mira desde la perspectiva de afuera. Pero funcionaria. Usó la otra dimensión para mandar los grandes troncos hacia EEUU. Sabía que allí tenían grandes maquinarias y no tendrían muchos problemas con la cantidad. No le costó nada convencer a la gente, para que le cambiara los troncos enteros por leña ya cortada. Usando nuevamente la otra dimensión transportó toda la cantidad. No era para nada algo elegante. El antiguo portador de géminis se ha de estar revolcando en su tumba al saber que para esto se usaba la armadura dorada.
— ¡Ya! Mime he cumplido con mi parte del trato—informó una vez que oscureció y ya no quedaban arboles. Por ahora
— ¡Guau! Si que me necesitas—confirmó un sorprendido y arropado Mime—gracias… géminis.
Se quería dar un palmetazo en la cara pero el dios guerrero lo detuvo.
—Saga. Saga de géminis— ¡el único e irremplazable!— ¿entonces qué? Puedo contar contigo para mañana.
El dios guerrero negó con la cabeza— lo siento mañana no…
— ¡Qué! ¡Pero si hice lo que pediste! —Increpó Saga— ¡ya casi no quedan arboles en esta zona!
—Tranquilízate— le conminó Mime—pero pasado mañana sí. Tengo que pedirle permiso a la señorita Hilda. Y que conste, que aun no me dices que tengo que hacer. Estoy confiando en ti.
Bueno, pasado mañana también le servía, mientras tanto podía ir pensando como encontrar Pharaon de Esfinge en el inframundo. Sorrento podía tener su querida competencia de música un poquito tarde.
—Ya. Pero no le digas a la señorita Hilda que yo te lo pedí. —le ordenó antes de irse, al ver que Mime ponía cara de interrogación.
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Estaba atardeciendo cuando llegó al santuario. Sentía que se iba a desmayar, había pasado casi todo un día y parte de la noche acarreando palos de un continente a otro. Todo lo que quería hacer, era dormir.
—Saga, hasta que por fin llegas— le recriminó Kanon desde la puerta del templo de géminis.
—no molestes—. Para lo último que tenia ganas era para ser la broma de su hermano. Intentó pasar por la puerta.
—Oye, que te ausentaste como por dos días—se interpuso nuevamente, su gemelo en la puerta.
—No sabía que tenia que darte explicaciones—empujó a su hermano hacia dentro. Pero el otro se mantuvo firme.
—No. pero pregunté por ahí y me dijeron que no estabas en misión ¿Qué hacías Saga?
Al menos, no sospechaba nada del golpe que le dio para quitarle sus escamas— ¡Kanon déjame pasar con un demonio!
—No te estreses tanto—le sonrió de medio lado— ¿Cuáles son las palabras mágicas?
Al final, después de tanta palabrería, amenazas e improperios acabó dejándolo pasar.
Temprano al otro día Saga se levantó con el ánimo de mil diablos ¡y todavía tener que ir al infierno a buscar al otro músico! Y solo había una forma de llegar al territorio de los muertos que no sea el suicidio. Mascara de Muerte.
Para su suerte al menos no se encontró con Kanon en su camino a la cuarta casa. Tocó la maciza puerta de los interiores del templo. Pero nadie abrió. Volvió a golpear la puerta con el mismo resultado al final acabó por patear, aporrear e insultar a la puerta.
— ¡abre de una miserable vez, Mascara! ¡O sino te juro que te mato!—su paciencia tenia un limite y ya se había rebalsado.
—no importa cuanto soples lobo, el cerdito no esta en casa— se giró hacia la voz. Afrodita
— ¡Que diablos quieres!—le gritó iracundo.
El bello muchacho alzó unas herramientas para luego abrir los ojos un poco asustado.
—Saga…— susurró. Acercó su mano al pelo del gemelo y cortó un mechón. — ¿pero que…?
El geminiano vio sorprendido como el mechón de cabello era blanco.
—dime que te teñiste el pelo
El gemelo no sabía que contestar. Nuevamente se iba a interponer entre él y el poder. ¡No! Ahora que estaba tan cerca, nuevamente de ser patriarca. ¡No dejaría que nadie se enterara!
—salgo un instante de mi casa y ya tengo una fila de Fans—Mascara de Muerte había llegado con su típica y cruel sonrisa.
Saga se apresuró a quitarle el mechón a Afrodita, que lo miró un poco suspicaz—. Solo vine a devolverte las herramientas que me prestaste la otra vez— explicó a Cáncer.
Mascara de Muerte abrió la pesada puerta solo con su cosmo, al ser su guardián. Al ver que Afrodita no tenia muchas ganas de marcharse, Saga, empujó a Mascara adentro y cerró las puertas tras si.
— ¿pero que te pasa? — le preguntó, un poco enojado por el trato, el guardián del cuarto templo.
—Nada. Solo quiero pedirte algo. —el gemelo intentaba tranquilizarse.
— ¿Tú?— Mascara de Muerte se paseaba por su siniestra casa decorada con rostros.
—sí, escucha, necesito que me lleves a Yomotsu.
— ¿ah, si? ¿Y si se pude saber, porqué? —cáncer lo analizaba—. Estoy casi seguro que esto no es oficial
—Necesito buscar a un espectro menor—. Le quitó importancia— nada interesante.
—No creo que esto le haga mucha gracia al Patriarca —meditó un poco— o Atena, sea el caso.
—Mascara, si caigo yo—lo intentó convencer— solo caigo yo. No mencionaré tu nombre. Solo llévame a Yomotsu y ya esta.
El italiano rio— ¿solo caes tú? Dímelo la ultima vez que te seguí "patriarca"
—yo no te obligue, Mascara—se defendió Saga.
—No estoy diciendo eso—rio—solo estoy marcando el hecho que siempre que te sigo acabo mal—. Lo miró divertido— pero lo volvería a hacer.
El macabro caballero tocó unos de los rostros de la cuarta casa, la gente lo despreciaba por eso, pero era él, quien tenía que vivir con sus constantes gritos y llantos. Saga era uno de los pocos, que sabia lo que era escuchar voces constantemente. Y saber que jamás te desharás de ellas. "Ser empujado por fuerza que los demás no podian ver ni oír, y percibir la obligación de un deber mas importante que uno mismo" le había explicado un día Saga. Desde aquel entonces lo habia seguido y a su ideal de justicia
—¡ondas infernales!
Géminis vio al siguiente instante a los muertos caminar. Le provocó un escalofrió. Todas las almas vagaban apenadas, esto era peor que el frio.
—pero Saga, no pongas esa cara de muerto que fuiste tu quien me pidió que te trajera.
— ¿te acuerdas…?
—Sí y no lo quiero recordar— le cortó cáncer— y dime ¿Qué espectro buscamos?
—Pharaon de Esfinge
—¡Qué! —Mascara de Muerte casi se atraganta con su risa—. ¡Creí que dijiste un espectro menor!
—Bueno no es un juez del infierno, Mascara— alzó las manos inocente.
— ¡ay! Que alivio— le hizo morisqueta— ¡dioses! Nunca mas te ayudo en nada ¡siempre es una locura tras otra!
— ¡Oye! No lo vamos a matar, solo le vamos a pedir que nos acompañe por un día al exterior— le sonrió— vamos Mascara no seas gallina.
— ¡yo! Como te…
Ambos callaron al escuchar pasos. Se giraron. Y sí, ahí estaban Minos de Grifo y Radamanthys.
— ¡Que hacen en los territorios de nuestro señor Hades!—les apuntó el juez de Wyvern
—Te lo dije, había sentido una extraña presencia—habló Minos.
—nosotros solo venimos a… —pero a Saga, se le congelo el cerebro en media mentira.
— ¡venga! Se lo dirán a nuestro Dios— ordenó Radamanthys.
— ¡ondas…! —Saga negó con la cabeza. Tomó el brazo de Mascara de Muerte y se puso a correr hacia el rio Aqueronte.
— ¡oigan regresen cobardes!—intentó detenerlos Minos. Pero ya los dorados estaban bastante lejos.
—Tiene que pagarme para…. —nuevamente Saga no dejó que la gente terminara su oración, por que le lanzó el Satán imperial a Caronte para manejarlo por un tiempo.
Mascara de Muerte tomó un remo para llegar lo mas pronto posible a la otra orilla, Saga lo imitó.
— ¡esto nos va a costar otra guerra Santa! ¡Nos van a echar la culpa a nosotros!
— ¡cállate! ¡Estoy pensando!
— ¡ojala hubieses hecho eso antes de venir aquí!—lo inculpó Cáncer, ya viendo como nuevamente lo sacaban de la orden.
Cuando lograron llegar a la otra orilla, es decir, netamente la primera prisión que era custodiada por Minos; por supuesto al vivir en el infierno y tener alas habían llegado primero con Wyvern; rápidamente lanzó su mas querido ataque "marioneta cósmica" atrapando a Mascara de Muerte y Radamanthys se dispuso a golpear al gemelo.
— ¡ya seas Kanon o Saga! No deberías estar aquí— le dio un golpe en el estomago. — ¿a que vinieron?
—Solo buscamos alguien— respondió Mascara de Muerte entre jadeos de dolor.
— ¿A quien?—le preguntó Minos.
—a Pharaon de esfinge.
— ¡Qué!— gritaron los tres. Saga no podía creer lo rápido que lo había delatado. Y Minos lo soltó, sorprendido de que su subordinado haya hecho tal cosa.
Los instante de sorpresa los aprovechó Mascara de Muerte para tomar del brazo a Saga y salir corriendo. No tuvo ni tiempo de recriminar cuando llegaron a la segunda prisión.
— ¡por que…!— pero Mascara ya sabia con lo que se encontraría allí. Le dio un fuerte empujón a Saga para sacarlo del camino del perro de tres cabezas. Ambos rodaron por el suelo. Logrando esquivar ser comidos por Cerberos.
Pero no así los dos jueces, quienes los seguían de cerca, que fueron literalmente "engullidos" por dos cabezas del perro. Se podía ver las patitas de los jueces luchando contra la saliva.
— ¡mi señor Minos! —Gritó un horrorizado Pharaon, guardián de la segunda prisión— ¡por Hades, que hiciste Cerberos! ¡Escúpelos!—el espectro le daba patadas y manotazos al perro para que devuelva su comida.
Saga hizo el ademan de levantarse para ir ayudar, pero Cáncer lo detuvo.
— ¡Mi señor Minos!—vociferó el espectro con toda su "alma", antes de envestir con su cuerpo el estomago del gran perro provocando un arcada en el mismo. Y así devolvió a ambos jueces. Todos babeados y sin sus cascos que fueron escupidos después. Golpeando, por supuesto, a los mismo jueces. Minos se estrujó un poco su largo pelo para quitárselo de la cara.
—Vámonos Mascara, ya hemos causado suficientes problemas— habló bajito Saga. Esto se había salido de control habían humillado a los jueces. Eso no era ni de cerca divertido.
—espera.
Los ojos de ambos jueces se fijaron solo por un instante en los dorados, para luego depositar su ira en Pharaon.
—Mi señor Minos —intentó disculparse el espectro de esfinge— no fue mi intención yo solo quería…
— ¡Marioneta cósmica!—Furioso Minos por creer haber caído ante la broma del espectro. Por su parte Radamanthys, empezó a golpear al famoso perro de tres cabeza, ante las suplicas de su dueño.
—Por favor no era mi intención… ¡ah!—chilló de dolor el espectro, al retorcerse los hilos.
—¡Invitaste a los dorados para que sirvieran de carnada y así humillarnos!— estrujó un poco mas lo hilos.
— ¡No!—apenas si pudo negar Pharaon entre los lamentos.
—Minos eso…—Saga intentó hablar a favor del espectro. Pero Cáncer se interpuso nuevamente.
—Cállate. Tengo un plan —le susurró—. Si en realidad—intervino Mascara de Muerte—me pidió que trajera a Orfeo, pero solo conseguí a Saga.
— ¡Que!— lo miró incrédulo el espectro de la esfinge, antes de que sus extremidades se movieran de manera poco natural por los hilos de Minos.
—Es por que la otra vez te mande a recoger los excrementos de Cerberos. —Le acusó Minos—. Es que era muy asqueroso pasar por la segunda prisión y oler siempre mierda.
— ¡Traidor!—le gritó Radamanthys dejando al perro para golpear al pobre espectro.
—Sí es horrible tener un traidor en las filas— le echó leña al fuego Cáncer. Que no se inmutaba con los gritos de dolor, no correspondidos de Pharaon. Saga se mordía la lengua aun no sabiendo donde quería llegar su compañero. El luchaba por la justicia esto no parecía ser muy justo—. Yo solo aprendí amar ser un caballero cuando pase un tiempo como espectro ¿saben?
— ¿Eh?— Minos se giró hacia Cáncer curioso, aun rompiendo los huesos de su sub-ordinado.
—Sí. Para que valoré ser espectro, déjenlo unos días con seres tan horribles como nosotros, los santos.
Radamanthys rio— ¿crees que somos idiotas? ¿Y que les cuente todo?
—Bueno—argumentó Mascara de Muerte—así matan dos pájaros de un tiro. Saben si es leal o no. Y de paso lo castigan.
Ambos jueces se miraron. Al final Minos le soltó los hilos y Radamanthys lo dejó de golpear.
—Mi señor Minos yo no….
— ¡Cállate!—le ordenó Grifo quitándole la surplice— te la devolveré cuando seas de nuevo un espectro ¡ahora vete!
—Pero… ¿A dónde?— Pharaon luchaba por ponerse pie.
— ¡No me importa!— gritó iracundo Minos—solo vete, del territorio del Dios Hades por unos días. De hecho ¡vosotros fuera! ¡Ahora!— apuntó también a los dorados.
Mascara de Muerte les reverenció de manera burlona y también para tranquilizarlos. Así ambos dorados y un espectro hicieron su camino de regreso al monte Yomotsu desde donde los podía sacar Cáncer. Nadie dijo nada por el camino, pero una vez fuera.
— ¿Por qué lo hiciste Mascara?—le susurró Saga.
—oye, eras tu quien necesitaba al espectro.
—sí, pero ahora no va a poder volver con su gente.
—Minos dijo solo por unos días— le sonrió Mascara de Muerte— cuídalo mientras aparece su papi.
— ¡maldito! ¿Por qué dijiste eso?—Pharaon de esfinge parecía desarmado. Ahora que había perdido su rango de espectro, su surplice, su Benet y su perrito—. El señor Minos no me lo perdonara.
—Oye—Cáncer le puso una mano en el hombro— cuidado que se te sube el azúcar—. Inhaló y exhaló de manera dramática— ¿lo ves? No eras la primera persona o "espectro" que pierde lo que mas desean…— miró a su compañero— o sino pregúntaselo a Saga. Él ha perdido dos veces su mayor sueño… a manos de gente que ni siquiera lo deseaba ¿y lo ves ahí lloriqueando?
Mientras Mascara de Muerte soltaba su monologo, Saga iba estrujando cada vez mas y mas su mano. Finalmente soltó— bueno, al menos a mi, no me ha derrotado ningún caballero de bronce— y antes esas palabras la sonrisa de medio lado se transformó, en una línea en la cara de Cáncer— y lo peor es que… él te ganó. No un empate. Solo tú, ostentas tal logro de perdedor— se burló de su compañero.
Mascara de Muerte le apuntó iracundo— Afrodita, Camus, Shura hasta el venerable Shaka, también caíste ante Seiya…
—No, no, no —lo calló Saga, no sabia por que seguía discutiendo. Sentía la ira fluir por su sangre— tu fuiste el único que perdió. Afrodita logró detener a Shun, sino hubiese sido por la diosa Atena él hubiera muerto por la rosa sangrienta. Al igual que con Camus. Gracias a Shura, Shiryu logró vivir, sino ambos hubieran muerto. Un "empate técnico"— pudo ver y disfrutar como el rostro de Cáncer era desprovisto de toda alegría— Shaka no perdió la vida, él solo encontró a Atena y ayudó Ikki a volver.
— ¿¡Que estas tratando de decir!?—Mascara de Muerte alzó su puño amenazador— ¡que soy un dorado patético! ¡Que jamás he logrado ganar a alguien!
Géminis rio despectivamente— baja el puño. No eres rival para mí. Y sí, eres una deshonra para Cáncer…tanto que te abandonó.
La expresión de Mascara de Muerte fue cambiando, él odiaba que lo menospreciaran ¿Quién era Saga para lanzarle todo eso en cara? Exacto ¿Quién era Saga?
Pharaon había mirado la discusión, en un principio quería intervenir y gritarles qué, quien tenia verdaderos problemas era él. Pero a medida que las palabras iban subiendo de tono opto, por cerrar su boca. Finalmente fue Cáncer quien después de gritarle que se vaya al demonio, se fue.
— ¡Guau!— se aventuró a hablar el espectro— y yo creía que el señor Minos me trataba mal.
Géminis se refregó las manos por la cara—. No debí decirle eso—suspiró— ¿se veía muy molesto?
—sí se veía muy molesto… aunque se lo merece por mentiroso. ¿Sabes? Soy yo quien tiene verdaderos conflictos aquí, ni siquiera se donde estamos.
—Grecia, cerca del santuario
Quería ir a disculparse con Cáncer, no se merecía eso. Aunque nada de lo que había dicho era mentira… pero así era Mascara, Saga había aprendido a tratarlo, soportarlo e incluso sentía simpatía por Cáncer y su exótico comportamiento… ¡basta! Se calló, así mismo, intentando enfocarse en las prioridades, el espectro y Sorrento. Decidió omitir el hecho, que por unos instante quiso matarlo, por el simple pecado de no cumplir con las expectativas de poder de los dorados.
Ya tenía a todos los músicos, uno de cada ejército. Tronó los huesos de sus manos—. ¿Dónde esta tu lira?
Pharaon, antiguo espectro, rodó los ojos al cielo—numero uno, es un Benet. Numero dos, ¡no escuchaste que me lo quitaron por que tu y ese otro dorado traidor dijeron que…!
—Ya…ya — lo apaciguó. Cáncer tenia razón— inhala y exhala. Te conseguiremos otra, y no te preocupes Minos volverá a buscarte— Pharaon lo miró escéptico— mientras tanto porque no disfrutas un poco del mundo…vivo.
— ¿si?
—yo tengo…—mentiras y mas mentiras— Orfeo, el santo de plata… dice que él seria mejor "espectro músico" que seguro Hades… ¿lo contrata?... por que no vamos y le demostramos lo contrario.
Pero Pharaon no mordió el anzuelo— tengo mejores cosas que hacer que preocuparme de lo que dijo ese llorón que quiere ser espectro.
Yo no dije eso, pensó Saga, pero aun tenia que lograr llevar al tipo—. Bueno ¿y por que no haces algo productivo en estos momentos? Seguro que Minos se alegra, cuando se entere que humillantes a un santo de Atena.
El muchacho lo meditó, en eso se llevó la mano a la nuca dándose cuenta que estaba sin pelo— ¡por que no me dijiste que estaba calvo!—se quito la camisa y la colocó en su cabeza para tapar su calvicie.
—Bueno…—sonrió Saga divertido— supuse que ya lo sabias, digo, es tu cuerpo ¿no?
— ¡nadie me puede ver así!—.
Acostumbrado Saga a las escena de desnudismo propio, no le llamo la atención que Pharaon mostrara medio torso, pero no, su cabeza rapada. Pero a medida que caminaban -y Géminis le intentaba convencer para que fuera a la "reunión" musical de Sorrento- la gente le miraba cada vez más raro. Hasta que alguien le grito ¡cúbrete los pezones, pelón!
El espectro saltó atacar al hombre; pudo haber perdido su Surplice pero no la fuerza; aunque Saga le detuvo, no podía dejar que atacara a la gente.
— ¡No doy ni un paso más!—hizo berrinche el antiguo espectro— me quedare aquí hasta que venga mi señor Minos o me muera de inanición.
—No te puedes quedar aquí— Saga se sentó a su lado—seguro que Minos se retracta si sabes que venciste aun caballero— omitió mucha mas información.
— ¿y con que lo voy a vencer, genio? Si no tengo mi Benet—, se burló Pharaon
— ¿no lo tienes?
— ¿A dónde? ¿Escondido detrás de mí oreja?
—Y sin "eso" no puedes tocar— concluyó el gemelo. El otro le sonrió "feliz" ¡Por qué, todo siempre resultaba tan complicado!
— ¿Si te la traigo tocaras?— le preguntó esperanzado, aunque no tenia ni las mas mínima idea que era, o como lucia un Benet.
— ¿y por que harías eso?
—bueno… mmmh… porque traicionó a Atena
Pharaon rio divertido—pero si tu también lo hiciste. Además no solo necesito mi Benet, ya dije que sin peluca, NADIE me puede ver.
Sintió su parpado pestañar de manera extraña, como si tuviera un tic — solo esas dos cosas ¿verdad?—
— ¿Por qué te importa?
— ¡por que si!—estalló. Se puso de pie, para ir en busca, nuevamente, de una "nueva lista" — Por venganza, por que soy un maldito perro sin corazón, elige una— le gritó mientras iba en busca de las cosas solicitadas.
— ¡y tráeme comida que tengo hambre!— escuchó que le decía desde atrás Pharaon— ¡y ropa que sea egipcia!
— ¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate!— Saga se tapó los oídos con las manos, apunto de sufrir un ataque.
Peticiones, peticiones, peticiones. ¡Como los odiaba a todos!
Una vez había llegado al pueblo. Repasó las solitudes de Pharaon, comida, ropa, peluca y Benet.
Fácil. Fácil. Raro. Y no sabía que era.
La ciudad fluía como un mar en calma, la gente le saludaba cordial, Saga siempre fue bien recibido entre la gente. Pero esta vez él no quería eso. Pero se esforzó a responder los saludos, y ayudar a la gente cuando le pedían cosas pequeñas. Fue al mercado por la comida. Compró pasteles y carne. Se dio cuenta que tenia problemas, no sabia donde conseguir un Benet, era un instrumento musical, eso estaba claro. Pero mas haya de eso no llegaban sus conocimientos. Pensó en ir con Shaka, seguro que Virgo sabia algo. Pero se retractó al pensar en las preguntas que le haría este. Preguntas a las cuales no quería darle respuesta.
Mascara era su siguiente opción, pero le acababa de gritar "inútil" en plena cara. No debió haberlo hecho, se arrepintió nuevamente. Esas eran sus dos opciones, a la única gente que le pediría ayuda de alguna manera. Era triste si se veía desde cierto Angulo; pero Saga no tenia tiempo para colocarse depresivo.
Una señora iba pasando de la mano con una niña de quince años. Las detuvo—disculpen señora me podría decir donde se consigue un… ¿Benet?
Ambas mujeres se miraron, para luego dar un barrido completo al cuerpo del dorado.
—Ni la más mínima idea—jugueteó con su pelo la joven— pero le podríamos ayudar.
— ¿Cómo?— la muchacha se le acercó sensualmente, pero su madre la agarró del brazo.
— ¿Esta buscando un Benet?— un hombrecillo calvo, narigón, se inmiscuyó en la conversación, al ver el oro en la vestimenta de Saga— yo se lo podría conseguir. Claro esta, a su debido precio—se lamió los labios al terminar la oración.
—si, si lo que sea yo lo pago—Saga se iba a arrepentir mas temprano que tarde de sus palabras.
3/3/3/3/3/3/3
Pharaon aun seguía arrodillado tapando su calvicie con la camisa, mientras observaba desde la distancia, la cotidianidad de la vida de la gente. Para cualquier otro esto, seria desde hermoso, a sencillamente contemplativo; pero no para él. No solo pensaba en que manera habría de morir esa gente. Si tuviera su Benet, el juzgaría sus almas. Y los condenaría. Si estuviera en el infierno esa gente no sonreiría tan feliz, ni se preocuparían por la comida. ¡Todos morirían!
En esos tan dulces pensamientos estaba cuando llegó Saga con sus "pedidos". Sabía que algo tramaba el caballero aunque aun no sabía qué.
—Toma— le tendió la ropa, una túnica negra con rayas doradas y blancas— la última moda en Egipto. Hermoso ¿no? y aquí esta la comida ¡buen apetito!— le pasó una caja de cartón que al abrirla olía a una mezcla de dulce y salado— ¡oh! lo mas fundamental — le tendió una bolsa— ahí tienes una variedad de pelucas para elegir. No sabia que tan "egipcio" querías ser— hurgó dentro, la primera peluca que salió era una negro azabache con ¡rizos! El gemelo tragó saliva, y apunto al "Benet" que traía.
— ¿Es en serio?—Pharaon se paró ofendido señalando al "Benet"— ¿de donde sacaste eso? ¿¡De la edad de las cavernas!? ¡Crees que puede sonar, siquiera, una bonita nota cuando las clavijas están oxidadas! ¿Qué clase de peluca es esta? ¿Se la pediste a un travesti?— dorados inútiles, hasta para ser inútiles eran condenadamente inutiles—. Y por ultimo, vuestro querido "santuario" no te enseñó nunca que el negro atrae el calor—el sol brillaba en su punto mas álgido, y parecía no querer ceder— ¿Me quieres rostizar como un pavo?
A medida que Pharaon iba desahogando cada una de sus críticas, sus ansias de matar al muchacho iban creciendo. Pero lo necesitaba para cumplir con el bendito encargo. Tomó al antiguo espectro de las axilas y lo estrelló contra el suelo, se montó encima de él impidiendo sus movimientos.
—Me vas a escuchar muy bien— le sonrió— tu no sabes lo que tuve que hacer para conseguirte el condenado Benet. ¡Qué! ¿Crees que estamos en la época, donde la gente quiere la música clásica, se viste con togas o usa pelucas, para otra ocasión que no sea una fiesta de disfraces?—quitó su peso al espectro, y sonriéndole conciliadoramente, agregó—y no te olvides qué, tu ya no tienes surplice, no tienes amigos "en la superficie" y Atena no le hará ninguna gracia saber de tu presencia—. Le colocó las peluca con rulos— tu único amigo soy yo, así que no cuestiones mis ordenes. Ahora te vestirás, comerás, pondrás una bonita sonrisa en tu cara y me vas acompañar ¿de acuerdo?
— ¿A dónde?— se extrañó el joven, quien no se espero que el gemelo cambiara de carácter tan rápido, cuando estuvo en el infierno no se comportó así. Hades nunca habría contratado a alguien tan bipolar. ¡Ahora soy un traidor! ¡Ahora ya no!
— ¡silencio! No te he dado derecho hablar. Pon atención— le amenazó— tocaras una bonita canción, te comportaras como un dulce chico, que derrama azúcar y litros de caramelo, harás sentir a Sorrento especial y todo eso ¿entendido?
—¿A quién? ¿Al General de Poseidón?—Saga asintió. — ¡Ja!—se burló Pharaon— ¿y por que yo haría eso?
—por que si no, te degollaré— en el rostro del gemelo no quedaba rastro de diversión, solo la firme convicción de sus actos.
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¿quedó demasiado largo? Se aceptan criticas y consejos. Gracias!
