es una historia que llevo casi un año abandonada, pero la verdad aun me acuerdo de Saint Seiya y lo mucho que me gusta, Pero el tiempo es un bien que se agota rápido :( gracias a las personas que comentaron en el anterior capitulo. De verdad muchas gracias.

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En un primer momento fue difícil, para Saga, ya que Sorrento en realidad no quería "esto" (Tener a un Soldado de Asgard, a quienes le habían utilizado el pueblo; A un Espectro de Hades, con quienes nunca se llevaron bien. El caballero de plata no estaba mal, solo triste, y era deprimente tenerlo cerca)

—Bien, Sorrento, ya he cumplido tu deseo—. Saga esperaba una confirmación por escrito, y un agradecimiento, nada menos, por su esfuerzo. Pero solo obtuvo una mirada de Pánico.

—Era una "broma" Géminis—ahora entiendo cuando dice Kanon: Con mi hermano no se pueden hacer bromas. Pensó el Marino— ¿¡y ahora que voy a hacer con estas "personas"!?

Saga no estaba para bromas. Después de todos sus quebraderos de cabezas le venia a decir eso. Hubiese estallado en ira, excepto por que, la situación se le estaba saliendo de las manos. Mime por su lado, no sabía que venia Sorrento y los acontecimientos con Hilda ya Poseidón no eran aguas pasadas.

Orfeo tampoco, sabia que estaba Pharaon, y el que su amada aun estuviera muerta no le hacia ninguna gracia.

—Creo… que Poseidón me llama— susurró tímido Sorrento—. Mejor me voy

— ¿para que? ¿Para ir a embaucar a otra mujer? ¿Qué le haga el trabajo que él, como hombre, no puede?—le preguntó Mime sin levantar la vista de su lira.

— ¡No fue culpa de Poseidón!— defendió a su señor Sorrento—. Él estaba siendo manipulado… en todo caso seria culpa de Atena.

— ¡Oye!— esta vez fueron Orfeo y Saga los que gritaron al unísono— ¡no te metas con Atena!

Pharaon rio— como se complementan, ni que fueran gemelos.

Saga se Tiró de su hermosos cabello para tranquilizarse. Todo era por una buena acusa, se auto convenció, el merecía ser Patriarca. Todo esto era solo una prueba. Todo saldría bien. Nadie matará a nadie, y todos serán amigos.

—Estimados presentes— Habló saga pausado—. Les presento a Sorrento de Sirena… General de Poseidón, viejo conocido para algunos…

En un principio todos empezaron a "platicar" y entre si, a medida que avanza la conversación se fueron dando cuenta que en realidad tenían muchas cosas en común. Bueno todos menos Pharaon, él Saga estaban al margen. Géminis solo se quedo para checar que nadie iniciara otra guerra, Santa o no. Después de un tiempo, y varias lágrimas, palabras, y promesas, los jóvenes se separaron del abrazo, que se habían dado por la reconciliación, los ya mencionados Pharaon y Saga no participaron.

—Bien, es uno menos dentro de mi lista de las personas con las que debo conversar— habló triste Mime.

— ¿Y quien mas está?— preguntó interesado Orfeo.

—Mis padres son quienes la encabezan—. Suspiro el dios guerrero Mime—. Y mi padre adoptivo

— ¿Por qué?

—Lo maté, — acto seguido se vio rodeado por los otros dos músicos, Sorrento y Orfeo, muy compresivos que le pedían que les contara su triste historia.

— ¿Saga, no tienes unos clavos? ¡Necesito sacarme los ojos!—. El antiguo espectro miraba la escena asqueado. Escuchó que mencionaban que el tal padre de Mime, era un respetado guerrero—. No te preocupes seguramente se ha de estar pudriendo en cocytos, allí van todos quienes mataron.

—¿Es que tu no tienes alma, Espectro?— demandó el santo de plata.

Pharaon se llevó su mano al pecho para sentir sus latidos—. Si, definitivamente corazón, pero no piedad.

—No te preocupes Mime, seguro que esta orgulloso de ti—. Tranquilizo el ambiente Sorrento, que aunque no lo dijera estaba agradecido con Saga

—No siempre ser guerreros significa que podamos proteger a los que mas queremos— Habló triste Orfeo.

—Si en muchos casos significa que le hacemos más daños—concordó Mime.

—¡Mátame, Saga! ¡Mátame por favor si tienes piedad!—. Suplicó Pharaon. El gemelo estuvo a un paso de asentir, al ver como los 3 músicos conversaban sobre las desgracias de la vida. Que su padre adoptivo mató a sus padres biológicos, Que si traciano a su diosa, que si Hades era un tramposo, Que nunca fue un buen general, en fin puras desgracias. Saga odiaba la autocompasión, a pesar que él era bastante propenso a ella.

Después de un tiempo de lamentaciones, los tres músicos, Mime, Orfeo, y Sorrento empezaron a interpretar las melodías mas triste que se les iban ocurriendo, las dos liras hacían duetos, mientras que Sorrento era solista. Por su parte Pharaon intentaba no desentonar y solo regañaba por lo bajo, el pobre espectro, tenia un verdadero Benet egipcio muy grande e incomodo de tocar.

Debido a las lastimeras, pero bellas melodías algunas personas se acercaron, como los chicos eran todo corazón, a al General de Poseidón se le ocurrió la magnifica idea de ir a tocar al pueblo, como los otros dos estuvieron de acuerdo a Saga y Pharaon no le quedo mas remedio que seguirlos.

—Esto es sencillamente, patético— le dijo el espectro al gemelo.

—cállate y toca bonito. Que en vez de notas parecen maullidos de gato

— ¡oh, discúlpame! Si te hubieses dignado a conseguirme un Benet de este siglo…—. El espectro no haya que hacer con su pelo postizo, con el sol que no menguaba y la gente viva, respirando, él era un espectro, vamos no un muñeco danzarín.

Para su suerte Minos lo necesitaba, Para apaciguar al perro del infierno. Así que no tardo en venir al mundo de los vivos para buscarlo, o raptarlo. Pero como nadie le estaba poniendo mucha atención, pasó desapercibido.

Aunque Saga no tuvo la misma suerte. Entre charla y charla, desgracia y desgracia se les había ocurrido la genial idea de ir a buscar a la novia de Orfeo. Y justo la persona que pudo haberlos ayudado, Mascara de Muerte; Saga le había gritado que era un dorado tan útil que podía ser perfectamente reemplazado por una planta. O una papa.

—Saga no podemos dejarlo así. —Sentenció Sorrento, quien jamás tomaba la iniciativa, pero ahora sentía "el poder de la amistad" que tanto usaba Seiya y compañía.

—No creo que sea buena idea—. "quizá tu no tengas que hacer nada, Sorrento, pensó Saga, pero existimos personas que estamos intentado ser Patriarcas y no solo nos dedicamos a hacer estupideces como reuniones de amigos…"

—¿Por qué? ¿Acaso le temes a la muerte?—. Le desafió el General.

— ¿Alguna vez has estado muerto, Sorrento? ¿Has conocido el infierno? Entonces no hables sin saber —. Recriminó Saga. — Es una fina línea la que nos separa de la guerra. El dios de la muerte no nos hará ningún favor.

—¡Yo iría al infierno por Eurídice!—. Gritó Orfeo— Si supiera que regresaría con ella…con vida, sin trampas.

El General Marino le pasó una mano el hombro—lo haremos.

—¿Por qué haces esto? Ni no nos conocemos— Sonrió Orfeo agradecido, ni siquiera sus propios camaradas se lo habían propuesto.

Sorrento le dio una sonrisa cómplice. La clase de sonrisa que solo, la gente que ama la música puede entender, así que Saga no lo entendió. Solo se llevó la mano a la cara frustrado. — ¡Par de idiotas!

Pero ambos jóvenes, menores de edad, lo ignoraron y solo se fueron. Con Mime que no estaba muy convencido del todo.

—¡Imbéciles donde pensáis ir! ¡Creen que están fáciles ir al infierno! — salió corriendo tras ellos, el pobre Saga

Sorrento, Mime y Orfeo se dirigieron guiados por el último hacia el inframundo por la misma entrada que usó la última vez que fue en busca de la muchacha.

El Marina estaba un poco nervioso él nunca había ido al "infierno" solo conocía a los espectro de vista, y no le gustaba desobedecer a Poseidón pero no pudo quedar inmune al sufrimiento del músico.

— ¿Estas seguro que es por acá?—el otro joven con una lira, Mime, también parecía contrariado por lo fantasmagórico del lugar.

—Si pero lo mejor es que bajen su cosmo y no den una sola nota—. Aconsejó Orfeo.

—Esto es una locura—murmuró de vuelta Mime.

El caballero de plata se giró y le sonrió de manera tranquilizadora—. No tienes que hacer esto si no quieres. No quiero que tengas problemas con la señorita Hilda.

—No, esta bien —. Siguió caminando Mime—. Se lo debo a los santos de Atena—. Recordó su último enfrentamiento con Ikki. Le había dicho que si volviera a nacer le gustaría tener un amigo como él. No había cumplido su promesa. Y la verdad se sentía igual de solo que antes.

Los tres jóvenes lograron entrar gracias a la memoria de Orfeo para encontrar el castillo Helstein. Anterior casa de Pandora, y quien sabe cuantas tragedias mas.

— ¿Y ahora qué?—preguntó Mime. Viendo que para ser una entrada al territorio del dios de los muertos esta totalmente desprotegida.

—Eurídice esta en la segunda prisión—. Informó Orfeo

—Todo están silencioso—. Comentó Sorrento. Pensaba que innumerable cantidad de personas murieron aquí. Las paredes tenían sus lamentos.

Orfeo les ordenó que tenían que bajar por la famosa escalera de caracol, los otros tres asintieron y se dispusieron a seguir al caballero de plata. Estaban ya dentro cuando escucharon pasos.

— ¡Alto ahí!—. La voz venia detrás de ellos, pero no pertenecía a Saga ni a nadie que conocieran mucho.

—Vamos, sigan ustedes yo lo detengo—. Apremió Sorrento a sus compañeros.

Por un instante Orfeo dudó, el General Marino se estaba arriesgando por él sin apenas conocerlo. No era justo—. No, vayan ustedes solo prome…

Sorrento solo los empujó "delicadamente" escaleras a bajo(con liras y todo). Sonrió al ver como rodaban por los centenares de peldaños, tal sacos de papas en caída libre. Ni hablar de las liras. Solo esperaba, que no hicieran mucho ruido al estrellarse contra el piso.

Se hubiese reído menos si supiera que se enfrentaría con Radamanthys. A Orfeo se le olvidó mencionar un pequeño detalle "la barrera de Hades" y el juez era excelente en usar esta para barrer el piso con sus rivales. Como ha sucedido en innumerables guerras Santas.

—Hace un día tuvimos caballero aquí en el infierno—. Hizo acto de presencia Radamanthys—. Ahora un Marina. Parece que la "Muerte" se esta volviendo muy popular en estos días

—¡Eh!—. El muchacho alzó las manos—. No te preocupes ya me voy.

— ¿Y por que la prisa?—. El juez empezó a rodearlo, mientras caminaba—. ¿Acaso no te gusto el castillo?

—No, solo vine… a mirar—. Sorrento deseó ser Kanon para poder mentir fácil y sencillo.

— ¿Así?—Wyvern sonrió—. Yo te daré el recorrido completo.

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— ¿Seguro que es por aquí?— Preguntó mientras corría Mime con su lira abrazada. La pobrecita se le había raspado en la caída.

—Sí, con suerte y no nos encontraremos con Minos o Pharaon—. Sus labios se fruncieron en una mueca—. Aunque seguro que esta cerberos—. Los pensamientos del Santo de Plata se fueron junto al joven Marina—. ¿Crees que Sorrento este bien? ¿No debemos volver?

—No—. Negó Mime, intentando calmar al Santo —. Fue él quien tan amorosamente nos empujó escaleras abajo, Además es uno de los Generales mas fuerte, soportó la última técnica de Sigfried, y no murió.

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—¿Qué dices?—. Se burló el Juez mientras golpeaba el estomago de su contrincante—. No entiendo tus explicaciones.

—Que pagaras por esto—. Apenas si pudo susurrar, entre jadeos el General.

—Tú me dices en que momento tengo que empezar a correr —. Burlándose con sorna Radamanthys mientras Lo agarraba del pelo clavándole sus uñas en la nuca, sintió la sangre y también el poder. Acercó el rostro de su contrincante al suyo—. Dime que es lo que planean.

— ¿Qué dices?

—No juegues conmigo—. Le advirtió al general, mientras le propinaba otro golpe en el abdomen. Que si no fuera por que lo tenía sujeto del cabello hubiese ido a parar al suelo—. ¡Que están tramando Poseidón y Atena contra mi señor Hades!

Se podía decir todo de Radamanthys, menos que él era un traidor.

—¡Nada!—. Sorrento no entendía como podía estar perdiendo de esta forma. Poco y nada pudo hacer con sus melodías antes que el juez lo usara de juguete.

— ¿Ah, si? Entonces es coincidencia que dorados y luego tú entraran a territorios donde ¡No han sido invitados!—ladró Wyvern.

—Te lo sigo diciendo… solo vine a curiosear—. Sorrento no pensaba delatar así de fácil a sus ¿Compañeros? ¿Camaradas? ¿Amigos?

Pero el Juez no le creía. Tomó al muchacho y lanzándolo al pozo, pero antes que cayera lo sostuvo del brazo. Tal cual -anteriormente, en la guerra- había hecho con Leo— ¿Ahora me dirás? O te dejo caer primero.

—¡Suéltame!

Wyvern sonrió con malicia antes de propinarle un fuerte golpe. La barrera de Hades le quitaba casi todo el poder al Marina. Sus escamas apenas si pudieron protegerlo. Sus gritos se escucharon por todo el castillo.

—Si no me lo dices a mi, hablaras con Pandora.

La estrella de la ferocidad pisó la mano del joven, sin muchas contemplaciones—. Y sigues testarudo—. Esta vez saltó con todo su peso sobre el bello rostro del general de Sirena—. Débil resultaste ser. Bien siente mi mejor técnica ¿Sabes qué con ella acabé a 3 dorados?—. Le amenazó— ¿¡Vas a hablar ahora!?

Esta vez, si pensó en decir algo, no quería desatar nuevamente otra guerra entre su Señor y el dios del Inframundo. Lo peor, qué ahora seria por su culpa. Pero tampoco quería delatar a Orfeo y su amor por Eurídice. Pero cuando intentó hablar, se atragantó con su sangre impidiendo hacer otra cosa más que eructar globos rojos por su boca.

—¡Gran Causion!

Lo primero que vio fue las botas de oro, de un dorado maravilloso y hasta irreal para un lugar tan tétrico como el "castillo de Hades"

Descansó unos instante los ojos, ¡oh! Ansiada calma. Pero no sintió ningún golpe.

—Basta, Radamanthys.

Sintió entonces su presencia.

"Mi señor" Al lado de él, impidiendo que el ataque le impactara -gracias al tridente de Poseidón- estaba Julián Solo. Había una gran diferencia entre éste y el Dios del mar, tanto en poder como en carácter. El joven dios seguía apuntando a Radamanthys. Saboreó ver el miedo qué, cruzó por la mirada al igual que la rabia en el Wyvern

—¡Esto es una invasión!—. Proclamó—. El señor Hades…

—No—. Cortó Julián—. Solo vine por mi general que claramente esta debilitado por la barrera.

¡Maldito Radamanthys! ¡Solo pelea conmigo por que sabe que voy a perder! ¡Tramposo, mentiroso, sádico, imbécil! No tenía ninguna cualidad buena y el estar en el suelo no ayudaba a encontrársela, refunfuño el humillado Sorrento.

—¿Usted cree que me voy a creer que solo vinieron aquí a dar un paseo?—. Radamanthys se acercó al Dios—. ¿Eh? ¿Por qué vino Sorrento si no fue por su orden?

"Sorrento ¿Por qué?" le preguntó su señor a través del cosmo.

Realmente no le quería mentir a su dios, pero tampoco estaba en sus planes poner en evidencia a Orfeo. Se lo diría cuando ya todos estén fuera.

"Lo siento, señor"

El Dios lo miro molesto.

"Lo lamento no quería causarle problemas con su hermano" dudó el Marina, entre tanto se ponía de pie o lo intentaba "Solo pretendía ayudar a unos… amigos"

Julián le dio una sonrisa despectiva "buenos amigos tienes que te dejan para que recibas el castigos por ellos"

Se giro hacia Radamanthys que tampoco había perdido el tiempo y con su cosmo había llamado a un espectro bako su cargo—. Pronto la señorita Pandora sabrá que tuvimos visitas ¡Y que hay una conspiración contra el Dios Hades!

— ¿Así?—. El joven de cabello azul se le acercó—, Te lo he dicho yo no tramo nada.

—Sé que no eres Poseidón, puedo notar tu debilidad—. Se encogió de hombros el espectro—. No eres nada más que Julián Solo sino fuera por el tridente te podría derrotar.

Sorrento quería gritarle, pero ya había probado el sabor de la bota del Juez infernal. Patético.

—¿Y si te propongo "algo" con tal de que no le digas nada a Pandora?—. Preguntó soberbio el Dios.

—¿Y que podría ofrecerme que yo quiera?—. Se burlo Wyvern— ¿Una linda piscina? ¿Alguna sensual sirena?

—No —. El dios sonrió— algo mejor. Venganza

"Kanon" murmuró el joven de Sirena, al visualizar que tras el dios aparecía el dragón marino ¿Y por que vendría ,ahora, Kanon a obedecer al señor Julián? Pensó Sorrento, Vale era su subordinado. Pero, para nada confiable. "¡te dije que era pésima idea idiota!" le llegó un chillido a través de su mente.

Saga.

—¡Maldito Kanon! Si yo no hubiese perdido ante ti ¡estoy seguro que habríamos ganado la guerra!—. Rugió el juez mientras caminaba amenazante. Olvidado ya, quedaba Sorrento como Julián.

—No te creas tan importante Wyvern—imitó Saga lo mejor que pudo a su hermano. No le salió tan bien pero Radamanthys estaba en modo sicótico, así que no podía razonar muy bien que digamos.

Rápidamente se lanzó contra el géminis golpeándolo con todo su odio-que no era poco-. Sorrento pasó saliva al ver lo brutal que podía ser el rencor. Él estaba dispuesto a matar, sí. Pero su estilo de pelea era mucho más sutil.

Wyvern no se guardó nada, rompió la mano derecha de Saga y no satisfecho con eso dobló cada dedo de la derecha. Mientras le gritaba traidor, e insultos de diferente índole.

Saga pensó que algunas personas realmente odiaban a Kanon ¡con todo su corazón! Lastima que era él quien estaba sufriendo la golpiza. Básicamente era Sorrento quien estaba en la "lista" no Orfeo, si dejaba sufrir a la marina no lo haría "feliz" a pesar que ya había cumplido su deseo. Después de una discusión interna consigo mismo decidió seguirlos. Alcanzó a distinguir el cosmo de Wyvern. Eso se veía feo, eventualmente caerían en la trampa aunque se sorprendió que fuera solo Sorrento ¿tanto deseas a tu amada Orfeo? No cabe duda que el amor es un veneno.

Pensó en que quizá Shaka, seria de ayuda, pero de camino, en su templo, se encontró con su hermano. En un día normal lo hubiese ignorado, pero hoy vestía como General Marino; lo que significaba que había problemas, problemas serios. Kanon era poco dado a obedecer a Julián Solo. Y no le quedó más remedio que contarle.

Por su puesto a este se le ocurrió un retorcido, doloroso y humillante plan. Aunque para su sorpresa también incluida la verdad.

—Julián lo entenderá—. Kanon parecía concentrado en las palabras de su hermano. Saga solo le dijo que Sorrento, Mime y Orfeo habían ido al infierno por que este último iba a ir a buscar por segunda vez a su "amada". Y cuando Kanon le preguntó que pintaba él en todo el cuadro. Le mintió diciendo que solo fue por que los encontró de camino.

Kanon no le creyó ni media palabra, Saga ocultaba algo. Pero era cierto que Sorrento no aparecía, y conocía de sobremanera que Julián se identificaría con la necesidad de "raptar chicas" de lugares prohibidos.

Julián Solo, era un hombre que entendía las dolencias de amor. Una vez en el templo de Poseidón Dragón Marino no necesito mucho para que el "dios" se dispusiera ir a buscar a su más leal General y de paso ayudar en temas románticos.

Luego estaba el problema "jueces" con suerte y el trio de músicos los agarraba Radamanthys. ÉL siempre parecía estar dispuesto a tomar la iniciativa.

Wyvern estuvo por lo menos unas horas disfrutando de la paliza, aunque claro, no lo mató. No por faltas de ganas, pero Radamanthys no iniciaría una guerra sin el consentimiento de su señor

Finalmente cansado y realizado uno de sus sueños—. Muy bien pueden irse. Pero como los vuelva a ver por aquí—. Le advirtió—. Mi señor Hades lo sabrá.

Una vez que acabó la tortura. Cumpliendo el trató el espectro los iba a dejar salir pero no se movió. Quería ver con sus propios ojos la humillación. Tanto Sorrento como Saga estaban en pésimas condiciones. Julián los tenia que ayudar a parar. Pero él era un dios, no podía denigrarse a ello. Por lo que sólo les quedaba una alternativa, arrastrarse para salir de ahí. El dios del mar recogió la flauta tirada en suelo de su general y se la tendió, a quien a penas si podía mantenerse en pie.

Saga sabía que a quien realidad estaban humillando era a Kanon, todos pensarían que era su hermano quien recibió la paliza, no el caballero dorado Saga de géminis. Suspiro aliviado, su muy querida reputación aún seguía intacta. Pero aún así no quería arrastrarse a la salida, pero la barrera de hades mermaba mucho su poder.

Pero el dios del mar trasmitió un poco de su cosmo lo que le permitió recuperarse.

Radamanthys Habló con voz melosa—. Se van a ir o quiere que les de el paseo completo.

Kanon esperaba unos kilómetros lejos de la mansión Helstein. Cuando vio aparecer a su hermano,- quien se veía idéntico a él con la escamas- y a su camarada ambos parecían estropajos rojos. Sonrió adelantándose para alcanzarlos.

—¿Les dieron mis saludos al Wyvern?—. Nadie respondió, vio los tajos en la carne de su gemelo—. Si que se ensañó, esperó que al menos haya votado un poco de veneno, con lo bastardo que es, lo dudo.

—Para—. Le ordenó Julián, quien venía un poco rezagado. Los dos heridos se sentaron en el frio mármol de la mansión Helstein, que no era la primera vez que veía correr sangre. Buscando un lugar donde poder recuperar su Cosmo, su poder y su orgullo. Los cuatro se miraron a los ojos. Todos tenían diferentes emociones. Desde la intriga a la ira absoluta.

—Toma—. Saga quería quitarse ya, una protección que no era de él, como si ya no las hubiera usado antes. Y se dio cuenta que también las escamas lo habían aceptado ¡Maldita sea. Al parecer somos intercambiables! ¡Lleva uno y pague dos!

Pero Kanon negó con las manos—. No hermanito queda telas por un rato. En tiempo de caza es mejor no vestirse de conejo.

—¡Me quieren explicar que demonios sucedió!—. Ladro el dios, ante lo estúpido de la conversación.

—Mi señor yo...—. Intentó hablar Sorrento. Pero fue callado por su dios.

—No quiero oír una palabra de ti por ahora ¡Kanon habla! ¡Ah!, y por favor ¡Que sea verdad!.

Este miró de reojo a su gemelo—. Saga sabe la historia completa.

—Tú eres mi general ¡obedece!

A pesar que Kanon sabía que su hermano mentía. Le dijo la misma historia que le contó. Por su puesto que le agregó cosas para hacerla más congruente y no un " Me los encontré caminando y me contaron sus planes de irrumpir en territorio enemigo" así, sólo por que si.

Esta vez el dios se dirigió al General de Sirena— ¿Y el resto de tus " amigos"?

—Deberían ya estar por salir... —. Vaciló Sorrento en realidad no estaba para nada seguro.

El dios del mar no sabía muy bien que pensar, o era una mentira muy mala o una realidad muy absurda—. No le diré de esto a nadie. Pero si atrapan, a Orfeo o Mime será Atena e Hilda quienes tendrán que intervenir ¿De acuerdo?

Los tres a sintieron. Poseidón apuntó al gemelo menor, para que ayudara a los otros dos levantarse y caminar. Pero en cuanto intento tocar Saga este lo apartó—. No me toques yo me quedo.

—Ja. Me debes una Saga, que no se te olvide—. Le recordó Kanon mientras guardaba las escamas en su caja.

Saga sentía el dolor en sus manos, pero le dio una ligera palmada en el hombro a Kanon—. Te pagaré tu peso en oro ¿Contento?.— Miró al general de Sirena que era sostenido por su hermano—. Y eso también va para ti ¿Feliz, Sorrento?

El joven de dieciséis años le mostró una sonrisa ensangrentada, aunque tan cálida como la de sagitario—. Claro que sí, Saga. Y gracias—. Y lo decía de corazón.

Saga tachó su nombre en su mente, cuando tuviera fuerza lo haría en el papel—. Ahora váyanse.

Kanon rio— ¿Pero si apenas te puedes parar?

—Pues me quedare aquí un tiempo a observar el paisaje.

es cap, quedó aun mas largo que el anterior. si llegaste hasta aqui. gracias por leer ;) 3 y perdón por las faltas de ortografía y redaccion