Día 5: Miedos
Yuri Plisetsky, campeón dos veces del Grand Prix de Patinaje, conocido como el Tigre de hielo, admirado y temido por sus iguales, respetado patinador de hielo. Parece ser una persona que no le teme a nada, sin embargo hay un miedo secreto que solo el abuelo de él sabe y que es que no soporta las tormentas, ante el más mínimo estruendo proveniente del cielo, cada cabello de su cuerpo se le encrispa como a un gato y siente la imperante necesidad de ocultarse en la cama del abuelo.
Pero esta vez estaba atrapado en Estados Unidos, un país donde las tormentas son apocalípticas ni comparadas con las de Rusia, atrapado en la misma habitación que Otabek Altin, su amigo (o algo más) desde hace unos cuatro años, hace poco el rubio había admitido que el patinador kazajo y actual campeón mundial de patinaje de agradaba como algo más que un amigo pero eso también se lo había estado guardando como un celoso secreto, con la tormenta que atacaba Colorado no sabía cuál de los dos iba a gritar a causa del miedo.
— Yura ¿Estás bien? — El mayor leía un libro recostado en el sofá de la habitación de hotel, habían visto una película antes y después de eso solo se dedicaban a pasar el tiempo juntos, disfrutando de la mutua compañía y por supuesto, Otabek notó el cambio de comportamiento en el menor una vez el silencio inundó el cuarto y se podía escuchar mucho más el fuerte caer de la lluvia y los repentinos truenos— ¿Estás nervioso por la competencia? No creo que la cancelen, estas tormentas son demasiado comunes aquí, no creo que pase nada — Claro, Otabek entrenó un tiempo en dicho país y lo más probable es que haya pasado por más de alguna tormenta.
— Claro… —Respondió, sabiendo que le estaba mintiendo— Me preocupa no poder competir mañana —Se sentó en el sofá a un lado de su amigo y encendió la televisión, esperando que el ruido que emitía dicho artefacto callara un poco el ruido provocado por la maldita tormenta— ¿Estás acostumbrado a este clima? Digo, entrenaste aquí un tiempo.
— El tiempo que estuve entrenando aquí vi como tres tormentas, aunque esta es más fuerte no me asusta ¿Por qué? — Yuri se encogió en el sillón y no dijo nada, solo se quedó estático viendo la televisión. Era la hora en la que en Estados Unidos daban los noticiarios y todos hablaban de la fuerte tormenta. De pronto y completamente en contra de lo que Otabek había dicho, hablaron de que la tormenta solo se haría más fuerte y de la suspensión de la competencia de patinaje del día siguiente hasta que la tormenta pasar, más o menos cuatro días más. — Oh, mierda. — Yuri parece estar viviendo la peor pesadilla de la vida ¿Qué le ha hecho mal al mundo para merecer estar cuatro días aguatando una tormenta? Ha hecho sus deberes de la universidad, ha gritado menos e incluso le compró un regalo al Katsudon para su cumpleaños.
— Me voy a matar —Dijo sin pensar, para cuando se dio cuenta de lo que había dicho Otabek lo miraba con expresión confusa.
— Es solo una tormenta Yura, no creo que afecte tanto presentarnos des… —Sus palabras fueron interrumpidas por un estúpidamente gran trueno que se escuchó tan fuerte como si hubiese caído dentro de la habitación, para cuando el kazajo quiso continuar con lo que iba a decir Yuri ya no estaba a su lado— ¿Yura? —El rubio estaba escondido detrás del sofá, hecho una bolita— Oh, ya entiendo.
— ¡No! —Exclamó el menor poniéndose de pie estrepitosamente sintiéndose descubierto— Mi teléfono se cayó, lo vine a recoger. Sé que no es gran cosa que suspendan la competencia pero si voy a estar más tiempo en este país me gustaría al menos poder salir a alguna parte, y no quedarme aquí encerrado esperando que pase— Admitir que le tenía miedo a las tormentas siempre fue algo que le causaba vergüenza, sobre todo porque ni el mismo lograba entender la razón de este temor. Volvió a tomar lugar al lado del moreno en el sofá y de pronto otro trueno hizo que la luz se fuera de repente, a los pocos segundos l¿e siguió uno más fuerte y para cuando Otabek encendió la linterna de su celular para iluminar un poco el cuarto Yuri ya no estaba allí, revisó atrás del sillón por si estaba allí otra vez pero nada.
— ¿Yura? — Preguntó buscando esta vez detrás de otro mueble, abrió la puerta del baño y allí tampoco había nadie, la habitación de hotel no era muy grande ¿Dónde se habrá metido? El balcón definitivamente no era una opción, afuera caía una versión del siglo XXI del diluvio— Yuri, no es gracioso ¿Dónde te metiste? — La escena parecía de película de terror, tormenta, corte de luz y un desaparecido, menos mal él no creía en esas cosas y sabía que su amigo seguía en el cuarto escondido en alguna parte — Si querías jugar a las escondidas debiste al menos haber avisado ¿Dónde te escondiste? — El último lugar que faltaba por revisar era debajo de la cama, pero ¿Sería Yuri tan rápido para ir a la cama esconderse debajo? La respuesta llegó cuando vio un par de piernas asomarse por allí — Déjame adivinar ¿Tu celular se volvió a caer y rebotó hasta estar debajo de la cama? Vamos, sal de allí— El rostro de Yuri mostraba claro que estaba asustado y él lo sabía, pero si no pedía su ayuda claramente la iba a rechazar si se la daba sin saber.
— ¡No! Es solo que… Ehm… Yo estaba…
— Yura, sabes bien que me molesta cuando me mientes — El bajó la mirada y Otabek dejó el teléfono sobre la mesita de noche, sentándose en la cama luego, pronto Yuri se le unió luciendo arrepentido y hasta un poco avergonzado— Algo pasa, puedes contarme— Llevaban años siendo amigos y la verdad es que son pocas las cosas que se ocultaban, por eso cuando vio que al parecer lo que Yuri quería contar lo tenía bastante afectado pensó en que en serio era algo serio, llegó a pensar lo peor del asunto— Si alguien te hizo algo juro que…
— Nadie me hizo nada, Beka— Respondió el menos aferrándose a la manta de la cama— Es solo que… Tengo fobia a las tormentas — Murmuró el menor, la tenue luz que emitía la linterna del celular de Otabek iluminaba muy poco, pero a pesar de ello él podía jurar que el menor estaba rojo hasta las orejas— Y me refiero a, muy grande, no sé por qué diablos pero me asustan como un demonio. — El kazajo había visto muchas cosas en los ojos de soldado del menor, determinación, energía, confusión y tristeza pero nunca miedo, y no le gustaba verlo. Sentía deseos de quitar el miedo de los ojos del contrario.
— ¿Hay algo que pueda hacer? — Yuri lo miró un poco desconcertado, claro que no se imaginaba que ofreciera su ayuda, pero su mismo subconsciente fue el que le dijo "Es Beka, tal vez la persona más agradable que conoces, claro que iba a hacer algo así" Y sonrió por primera vez desde que empezó la tormenta, la persona que le gusta (que también es su mejor amigo) ofrecía su ayuda y no dudaría en tomarla. Otro estruendo regalo del cielo se escuchó y Yuri se aferró al contrario.
— Solo… Quédate aquí ¿Vale?
— De todos modos no planeaba irme —Él rió, Yuri se aferró un poco más a él — Tengo una idea — El mayor estiró su brazo hasta la mesa de noche, donde estaba su teléfono y auriculares, cuando tuvo ambos en su mano conectó estos al dispositivo y puso uno de ellos en los oídos del rubio, abrió Spotify y puso una lista de reproducción— ¿Mejor? —Yuri se volvió a aferrar del cuerpo del kazajo y asintió en silencio — Puedes ponerte ambos si quieres, yo me quedaré aquí.
— No, también quiero escucharte — Nunca antes se había comportado de esa forma delante del mayor, siempre intentó mostrarse admirable frente a todos y ahora le mostraba su lado más vulnerable y en realidad no le molestaba ser reconfortado por el héroe de Kazajistán, sentía que tal vez eso era lo más cerca que podría llegar— ¿Puedo dormir aquí hoy?
— Sabes que sí.
Pasó un rato en que Yuri estuvo en los brazos del moreno siendo reconfortado cada vez que un escandaloso trueno se hacía sonar. Otabek buscaba distraerlo con música y hablando de cualquier otra cosa y cuando avanzó la noche terminaron ambos recostados en la cama y el acariciando las largas hebras de cabello del contrario. Yuri parecía estar más calmado pero cada vez que escuchaba un trueno se encogía sobre sí mismo y se acurrucaba un poco más.
— Lo siento, si pudiera hacer más lo haría— Al parecer Yuri se había quedado dormido pero el kazajo aún acariciaba su cabello. Tenía una expresión tranquila en el rostro completamente contraria a la que tenía antes, su mano acarició ahora su mejilla "Tan suave" Pensó mientras su mano se deslizaba por esa zona, dejó un besó en su frente, sabía perfectamente que estaba aprovechándose un poco de la situación pero no sabía que otra oportunidad tendría para estar tan cerca del rubio— Es una pena que solo pueda hacer esto cuando estás dormido — Murmuró, besando esta vez la misma mejilla que estaba acariciando anteriormente — Seguramente me matarías si te enteras que hice esto— Estaba al borde de comenzar a temblar, pues no estaba seguro de lo que estaba a punto de hacer, sin embargo su rostro ya estaba a escasos centímetros del ajeno, no había vuelta atrás. Sus labios apenas rozaron los contrarios, no fueron más allá pero para él se sintió como si fuera una de las mejores cosas del mundo entero.
Cuando se alejó apenas y vio que Yuri tenía los ojos abiertos, supo que su vida acababa ahí mismo.
— Beka…—El rubio estaba asombrado, sus grandes ojos clavados en los del kazajo. Otabek entró en pánico y se alejó más "Mierda, la he cagado" Pensaba, pensando sinceramente en lanzarse por la ventana 10 pisos hacia abajo.
— Lo siento Yuri, yo enserio no…
— Hazlo otra vez. —Tomó el brazo del mayor para impedir que siguiera alejándose, y en un ataque de valor se acercó para quedar tan cerca como antes— ¿Pensaste que me iba a enojar? — Otabek asintió— Sí seremos un par de idiotas… Me gustas Beka, y mucho. Ahora ¿Puedes dejar de mirarme así y darme un beso de verdad?
— Siempre eres tan tú — Murmuró antes de unir sus labios nuevamente, un beso tranquilo al principio, pero este se hizo un poco más intenso cuando Yuri se abrazó a su cuello. La tormenta afuera seguía e incluso con más fuerza sin embargo su miedo se le olvidó por completo en el momento. Se separaron al poco rato y cual gato el rubio se acurrucó contra el cuerpo del mayor— Creo que encontramos la forma de que olvidaras la tormenta.
—Idiota —Lo besó otra vez— Tal vez me den un poco menos de miedo acojonante si estás aquí.
— Creo que deberíamos llamar a Victor para que le diga a Yakov que no volverás a tu cuarto hoy.
— Ni mañana, ni durante los cuatro días que quedan de tormenta.
— Sí serás atrevido, invítame al menos una copa de vino —Ambos rieron, sin embargo otro trueno hizo que el rubio se separara rápidamente, casi pudo escuchar de su parte algo como "Hissss" parecido al sonido que hacen los gatos cuando están molestos— No te asustes, tus fans dicen que soy tu caballero ¿Debería salvarte de esta tormenta?—Abrazó su cintura y dejó un beso en su mejilla.
— Serás cursi… — No iba a decir que la faceta un poco coqueta que Otabek solo mostraba con él le gustaba más de lo sano, pero en vez de alejarse se acercó más, acurrucándose mucho más a su cuerpo— Pero gracias, si no estuvieras aquí ya me hubiese lanzado por la ventana de mi cuarto.
— No pensé que existiera algo que te asustara tanto… ¿Quieres saber algo? Yo también tengo un miedo vergonzoso, en realidad le tengo miedo a las arañas, no soy capaz de mirarlas ni siquiera en fotografías.
— Beka, eres como 800 veces una araña — Él se alzó de hombros, Yuri lo besó— No importa, yo también voy a protegerte de las malvadas arañas que traten de atacarte.
Una tormenta nivel americano de más de cuatro días tal vez fue una pesadilla en vida para Yuri, sin embargo ahí estuvo el héroe de Kazajistán su héroe para ayudarlo lo más posible a olvidar que fuera del hotel el clima se ensañaba con todo contra la ciudad. Compartir sus miedos siempre fue algo que se negó a hacer, pero con Otabek, sinceramente quería compartirlo todo.
Notas de la autora.
Le di a Otabek mi miedo irracional, sí, no puedo ver fotos o imágenes de arañas, incluso escribir la palabra me provoca escalofríos, sí, mal, lo sé.
Yuri siempre es Yuri, Otabek es siempre Otabek y el Beka protector es mi pastor nada me faltará. Día 5 gente, quedan solo dos días para terminar la semana ¿La están disfrutando? Yo sí, sobre todo después de ver ese precioso Official art, es mi nuevo mantra, cada vez que tenga un mal día lo veré para limpiar mi alma, bai Pedro Engel, el Otayuri es mi nuevo guía espiritual.
Mañana es el día de "Patinaje en parejas" y "Rivalidad" y se me ocurrió algo bastante bueno, o sea, yo creo que es bueno, no sé ustedes (¿) Espero que cuando lo lean lo disfruten ¡También espero les haya gustado este día!
Como siempre, muchos cariños a todas las personas que me leen, nos leemos mañana por más.
