Hola, otra vez!
Bueno, cómo verán, en este capítulo, Rose seguirá explicando su vida en el 13! Y espero que les guste tanto como el anterior capi, y ya verán que este es más largo :)
Capítulo II:
Aún no entendía cómo era posible que el distrito trece existiera, y sobre todo, que estuviera tan avanzado y en buenas condiciones.
Cuando Neville Longbottom me dijo que veníamos directo hacia aquí, pensé que bromeaba al respecto.
Ya más calmado, me explicó que este distrito sólo había sobrevivido seis meses como parte del Capitolio, antes que su población se rebelara y Voldemort, no pudiera someterlos.
La gente de aquí, se había dedicado a la industria nuclear, y en esos pocos meses, habían logrado construir una clase de bombas nucleares que podían haber destruido a la nación entera, y Voldemort, al verlo como una gran amenaza, decidió llegar a una tregua.
La cual, era simple; la gente del distrito trece viviría bajo tierra, bajo sus propios medios. Como si no existieran.
Seguro, Voldemort, pensó que morirían, pero no fue así.
Según, Longbottom, la mayor parte de rebeldes, fue a parar a este distrito, y entre ese grupo estaban Luna Lovegood y su esposo Rolf Scamander. Ambos, y con ayuda de otros, se encargaron de que el pequeño distrito subterráneo siguiera creciendo día a día, racionando los alimentos, aprendiendo a vivir con limitaciones y reglas, logrando sobrevivir.
De un modo u otro, ella era una de las mayores responsables de que el distrito trece hubiera conseguido progresar. Tal vez, por eso, la habían vuelto su líder, y por eso la gente estaba tan agradecida con ella, pero debía haber más historia detrás de todo eso.
Además, toda la población había tenido ayuda de la magia y las varitas. Aquí, la gente, sí hacía magia. La gente que podía, claro.
La mitad de la población era mágica y la otra mitad era muggle. Y cada día, llegaban más rebeldes de todos lados, inclusive del mismo Capitolio.
-Ya llegamos…-dije mientras el aerodeslizador aterrizaba.
Sin perder ni un minuto más, nos dirigimos a los ascensores que nos llevarían a los compartimientos subterráneos en donde vivíamos, ahora.
Aún no me acostumbraba a pasar tanto tiempo bajo tierra, y esto me hacía recordar al ascensor que me llevaba a la arena.
Caminamos en dirección a los sectores familiares, y rápidamente, ingresamos a la habitación 934.
-Oh, Rose…-murmuró tía Ginny mientras me abrazaba con fuerza.-No puedo creer que la consiguieras… Gracias, cariño…
Entre sus manos, tenía la fotografía del día de su boda con mi tío Harry.
Se le veía feliz, como si el rostro se le hubiera iluminado con tan sólo observar la foto que le había entregado.
Posiblemente, sintió lo mismo que yo sentí cuando vi las de Scorpius.
Lily también sonreía al ver a su madre feliz, mientras su gato quisquilloso se le escabullía entre los brazos.
Era un milagro que la hubieran dejado quedarse con el animal.
Cualquier cosa de afuera, tenía que pasar por un previo proceso de descontaminación. Como si temieran que ocurriera una epidemia fatal.
Y aunque el distrito trece nos había dado refugio a todos los sobrevivientes del distrito doce, aún no conseguíamos aclimatarnos a sus estrictas reglas. Ni yo, ni mi familia.
Demasiada disciplina y control. Como si cada uno de los ciudadanos estuviera destinado a ser un soldado, y así parecía ser, porque me comentaron que desde adolescentes, a los ciudadanos con mejores habilidades físicas, se les entrenaba para formar parte de las filas en los escuadrones rebeldes.
En nuestro caso, como éramos recién llegados, nos entregaron el horario que cada uno tenía que cumplir.
Y cada hora, era algo diferente a la anterior.
La mayor parte de mi familia teníamos el mismo horario. Levantarnos a tal hora, desayunar a las siete, trabajo en las cocinas a las ocho, y cosas así. Exceptuando a los abuelos y a Dominique, los primeros, por ser mayores, y a mi prima por estar embarazada, les permitían quedarse en sus compartimientos o hacer otra clase de actividad que no demandara esfuerzo físico.
Y para los más jóvenes, teníamos lo que era el centro educativo, algo parecido a una escuela.
Un lugar donde en determinadas horas nos enseñaban historia, más que todo, historia sobre la rebelión y la situación en la que se encontraba el país. También nos daban clases teóricas sobre la magia y sobre cómo nos enseñarían a hacerla algún día, a los que podían, claro. Pero, todo aquello vendría más adelante, cuando consiguieran los implementos necesarios para crear las famosas "varitas", pero de eso hacía semanas. Al parecer, no contaban con que gran parte del distrito doce, tenía destrezas mágicas.
Mis tías y abuelos, estaban en lo mismo. Ansiosos por recuperar sus varitas y hacer magia.
A mí, las varitas, no me interesaban en lo absoluto. Toda mi vida, había sobrevivido sin magia y lo seguiría haciendo. Razones por las cuales, me saltaba esas clases y me dedicaba a pasear por el distrito durante horas.
Y era en esas horas que me encontraba con gente que decía haber conocido a mis padres y que servía en el trece, tras haber huido de sus diferentes distritos.
Entre ellos, estaban, Padma Patil y Seamus Finnigan, una pareja de esposos, que trabajaban como profesores en el centro educativo y a los que tía Ginny conocía muy bien. Había otros cuantos, que también decían haber conocido a mis padres, pero que no trabajaban, o tenían funciones menores.
Luego, estaban, quienes tenían cargos más importantes, aquello lo supe, porque esas personas siempre estaban presentes, cuando me hablaban sobre los planes de la rebelión y el sinsajo.
La primera de ellos, era Cho Chang, una mujer de aspecto serio y que servía como asistente de N. Longbottom. Normalmente, se dedicaba a hablarme y a proponerme nuevas ideas, creyendo que así me convencería.
También conocí a Dean Thomas, otro consejero que formaba parte del grupo más cercano a Luna Lovegood, y quien parecía ser la marioneta de esta, porque le hacía caso en todo lo que ella le ordenaba.
Además, durante mi primera semana, mis abuelos, me presentaron a Kingsley Shacklebolt, un viejo amigo de ellos, y quien según me contaron había sido un símbolo de autoridad en las buenas épocas, pero que ahora, estaba prohibido de escuchar o formar parte de los planes rebeldes, por sus constantes enfrentamientos con la líder del distrito trece, siendo tratado como uno más del montón.
Y la verdadera revelación, para mis tías, pero no para mí, pues yo ni siquiera sabía quién era. Fue, una tal, Pansy Parkinson.
Una recién llegada del Capitolio, de la que según me contaron, solía trabajar como periodista en ese lugar, pero al parecer, se hartó de ver tanta injusticia, y decidió huir con todo su equipo de asistentes al distrito trece, llegando hacia relativamente poco.
Y por extraño que la situación pareciera, según tía Ginny; Parkinson había sido una verdadera opositora de los ideales de mi tío Harry en las épocas de escuela. Había sido una verdadera perra con todos ellos, pero al parecer, tampoco soportó ver morir a gente en televisión, y renunció a su vida en el Capitolio dispuesta a unirse a la rebelión.
Y más extraño, resultó que ella fuera la única persona que me agradó de todas las que conocí.
-Es casi la hora de cenar… Mejor vayamos yendo…-anunció mi tía mientras dejaba la fotografía de su esposo en una repisa de la habitación.
Le hicimos caso, y casi a mitad de camino, me encontré con el resto de la familia, entre ellos, a Dominique, que ni bien me vio, me abrazó.
-Lo sé…-dije susurrándole.
El hecho, de que hubiera regresado al distrito doce el día de hoy, sólo hacía que los demás estuvieran con los sentimientos a flor de piel. Sobre todo, Dominique.
Jacob, su novio y padre de su futuro bebé, había muerto en el bombardeo, y eso la había destrozado totalmente.
Obviamente, tenía a toda una familia que la apoyaría, pero eso, no le quitaba el dolor que sentía por la pérdida de él.
Y en eso me identificaba con ella. Yo también había perdido a Scorpius.
-Vamos, Dom…-le murmuré mientras unos guardias pasaban por nuestro lado.-Hablaremos de todo eso, más tarde…
Asintió en silencio, y nos dirigimos al enorme comedor, donde la mayor parte de mis primos ya estaban sentados alrededor de las mesas que tenían nuestros apellidos grabados: "Familias Weasley y Potter".
Luego de eso, y mientras esperaban que todos estuvieran en sus asientos, mediante algún hechizo o magia, nuestros alimentos aparecieron en nuestra mesa, y como siempre se encontraban rigurosamente medidos, de acuerdo a las necesidades de cada persona.
Aquí, estaba prohibido repetir la comida o compartirla, pero a mí no me importaba, y terminaba dándole la mitad de mis alimentos a la pequeña Violet o a cualquiera de mi familia que tuviera hambre. Además, los alimentos eran insípidos y poco agradables, y yo no era de las que comían bastante.
-¿Y qué tal el hospital?-le pregunté a Lily intentando no mirar mi comida.
-Estuvo bastante entretenido para ser lunes…-me contestó sonando complaciente.
Lily y Lucy, no tenían el mismo horario que nosotros, ellas en su condición de sanadoras, ayudaban en el hospital del distrito trece como enfermeras y les enseñaban a mejorar sus conocimientos con el uso de utensilios mágicos.
-¿Sabes que hay una poción que te sana los huesos con solo beberla…?-me comentó algo entusiasmada.
-¿Eso existe?-le pregunté alzando una ceja.
-Sí… -contestó sonriendo.- No sé si conoces a la enfermera Hanna Abbott, la esposa de Neville Longbottom.-agregó.- Bueno, ella nos ha enseñado bastante sobre pociones curativas….-contestó haciendo una pausa para continuar.- Si tan solo las hubiésemos tenido en el distrito doce, hubiese sido más sencillo sanar a James y a Fred….
-No sabía que estuviera casado…-murmuré prestando más atención a lo de Longbottom.
-Y en cuanto tengamos las varitas, podremos hacer más cosas….-relató algo emocionada sin haberme oído.
Pero, la emoción se le fue, pues me preguntó por el distrito doce otra vez.
-Ya te lo dije, Lily…-respondí sonriéndole.-Nuestra casa está intacta… Te prometo que volveremos ahí…
Lily tenía cierto apego por nuestra enorme casa en la aldea de los vencedores. Puede, porque en verdad, le resultaba un bello lugar para vivir o porque tampoco se acostumbraba a la vida en el distrito trece y esperaba con ansias regresar a su distrito natal.
No era la única.
Luego de eso, todos continuaron hablando sobre otras cosas a las que no presté atención.
Seguí removiendo mi comida con el tenedor por varios minutos, y antes que acabara la cena, observé que los Malfoy recién llegaban al comedor y se sentaban en una de las mesas más apartadas del salón. Al parecer, a ellos les tocaba el segundo turno y por eso no los veía tan seguido.
-Ahora, vuelvo…-le dije a Lily.
-¿Adónde vas?-me preguntó dejando de comer.
-No voy a demorar…-contesté.
Rápidamente, me puse de pie y me dirigí hasta su mesa. Debía entregarles algo que de seguro me lo agradecerían.
Y es que luego de la destrucción de nuestro distrito, James me comentó que los había ayudado a huir del bombardeo como a los demás. Él sabía que era algo que yo hubiera querido, y así lo hizo.
Fue por eso, que no me sorprendió verlos vivos aquí.
Sin embargo, supe que habían tenido bastantes problemas para ser aceptados en el distrito trece por sus antecedentes, pero de todas formas, ya estaban aquí, y yo no iba a permitir que los expulsaran.
-Señor Malfoy…-susurré llamando su atención.
Él, estaba de espaldas, por lo que volteó.
-Rose.-exclamó sorprendido.- Vaya…. Me alegra ver que ya estés mejor… Quise visitarte en el hospital, pero me prohibieron la entrada…-comentó animado.
-Sí, lo sé. No dejaban que entre nadie. Sólo permitían visitas de la familia directa…-le expliqué.
Un extraño silencio se hizo entre nosotros, mientras observaba que la señora Malfoy miraba hacia otro lado.
-Yo…-dije sintiendo que hablar sobre Scorpius se me hacía demasiado complicado.-Quisiera tanto haber estado con él a la hora del rescate…
Se me hizo un nudo en la garganta.
-Lo sabemos…-me murmuró sintiéndose igual.-Tenemos la esperanza de que Scorpius aún sigue con…-el señor Malfoy dejó la frase a medio camino, pero yo sabía muy bien lo que quería decir.
Sigue con vida, pensé firmemente.
Él tenía que seguir con vida.
Con cuidado, extraje de mis bolsillos, una de las dos fotografías de Scorpius, que había conseguido en el distrito doce.
-Sé que no pudieron sacar muchas de sus pertenencias el día del bombardeo…-les expliqué.-No sé si les habrán comentado, pero hoy regresé al distrito doce…
-¿Te dejaron volver?-me preguntó incrédulo.
-Sí. Tras una larga solicitud, me permitieron regresar…-contesté entregándole la foto.-Y conseguí una fotografía de Scorpius…
Rápidamente, Astoria Malfoy, la recibió, y ni bien vio el rostro de su hijo, no pudo evitar llorar.
-Gracias…-dijo abrazándome por primera vez en todo este tiempo que nos conocíamos.
Siempre, había pensado que ella era una mujer fría y que jamás se había preocupado lo suficiente por Scorpius, pero me di cuenta, que a pesar de todo, ella era su madre y sí le importaba.
-No se preocupe…-musité sintiendo que si empezaba a llorar como ella, no podría parar y eso sería peor.
-Aún no sabemos cómo agradecerle a tu primo, lo que hizo por nosotros…-me respondió el señor Malfoy refiriéndose a James.-Él, nos salvó…
-No es necesario… Qué estemos todos aquí, ya es suficiente…-dije notando que Louis se me acercaba.
-Buenas noches, señores Malfoy…-intervino saludándoles, para luego voltear a verme.-Rose, nos necesitan en la sala de mando.
-Vayan…-insistió Draco Malfoy.-Debe ser importante.
Nos despedimos de ellos, y James se nos unió en el camino.
-¿Qué ha pasado?-pregunté algo intranquila.
-No lo sabemos, pero debe ser importante…-murmuró James.
-No dejaban de mandarnos mensajes… Longbottom quiere vernos cuanto antes.-continuó Louis por él.
-Sólo espero que no sea una nueva charla sobre el Sinsajo...-suspiré caminando nerviosa.
-O ten por seguro que me quedaré dormido a tu lado.-me contestó intentando calmarme.
-No me sorprendería, Louis. La última vez lo hiciste de verdad….-dije riendo e ingresando a los ascensores que nos llevarían a dicho lugar.
A mis dos primos, se les había autorizado asistir a las reuniones y escuchar sobre los planes de la rebelión, puesto que habían recibido un grado honorífico por haber ayudado a rescatar a los sobrevivientes del distrito doce. Aunque, la mayor parte de mi familia también había ayudado en ese desastre, solo se les concedió ese privilegio especial, a ellos dos.
Espero que les haya gustado. Y no olviden dejar un comentario si les gustó el capítulo o lo odiaron, o si no entienden algo xD.
Gracias a los nuevos favoritos y a los comentarios. Y la próxima semana, no habrá actualización :(, porque estaré de viaje :) Pero, sí, la que sigue. Así que quédense en alerta! :D
