Solo decirles, que me disculpen por la demora, y agradecerles por los comentarios y leídas del capítulo anterior.
Capítulo III:
La sala de mando, era una mezcla de sala de reuniones y sala de guerra, donde abundaba la gran tecnología que creí que sólo encontraría en el Capitolio y que con uso de la magia recreaban enormes mapas que estaban colocados alrededor de las paredes y marcaban los lugares importantes o de ataque. También había una mesa rectangular que indicaba todos los movimientos de las tropas rebeldes en los diferentes distritos y botones de control.
Este lugar, hacía que me sintiera de vuelta en el Capitolio, pero en cuanto volteaba y veía a mis primos a mis costados, recordaba que estaba en el distrito trece y que por el momento, estaba a salvo.
Dejé mis ideas de lado, y en cuanto ingresamos, me di cuenta que todos los dirigentes estaban ahí, incluido Hatymich, a quien no veía desde nuestro incidente en el aerodeslizador. Pero nadie nos prestó atención, como normalmente lo hacían, pues en esta ocasión, todos miraban hacia la gran pantalla que siempre retransmitía la programación del Capitolio las veinticuatro horas del día.
¿Ahora, qué pasaba? ¿Qué me iban a decir o mostrar? ¿Acaso me harían ver alguna propaganda de las que ya estaba acostumbrada o la repetición del bombardeo en mi distrito?
O, probablemente, Voldemort ha enviado un mensaje, pensé intentando atar cabos.
Pero, si me iban a decir más de lo mismo, me iría de aquí cuanto antes.
De hecho, estaba por hacerlo, pero en ese preciso momento, Neville Longbottom, que se encontraba adelante, sabiendo que me escaparía como las otras veces, me pidió que me quedara, haciéndome un ademán desesperado.
Ni siquiera, porque me encontraba al fondo, y una gran multitud me tapaba, pude escapar de él. Me quedé al lado de mis primos y me apoyé en la pared mientras esperábamos a ver qué ocurría.
Rápidamente, y al mismo tiempo que planeaba decirle algo a James, la enorme pantalla frente a nosotros se prendió y comenzó a surgir un símbolo del Capitolio en el medio.
Al parecer, nos mostrarían otra propaganda enviada por Voldemort.
Una vez, el mensaje hubo empezado, sonó el típico himno del Capitolio, y para mi gran sorpresa, el que apareció en la pantalla, fue el entrevistador Caesar Flickerman.
Ahí estaba él, con su típico porte gracioso y su cabello pintado de azul, pero en esta ocasión, no sonreía como cuando entrevistaba a los tributos y hacia sus bromas, en esta ocasión, Flickerman estaba serio y miraba nerviosamente a las cámaras.
Caesar, empezó a dar un breve discurso sobre lo triste que se encontraba todo el Capitolio con lo que estaba ocurriendo entre la nación y los distritos, e hizo una mueca de falso sufrimiento, mientras se escucharon aplausos de su público.
-Bueno, y ahora, dejemos eso de lado, y démosle nuevamente la bienvenida a nuestro invitado.-dijo mientras la pantalla se expandía y a su lado, aparecía… Scorpius.
Por primera vez en mi vida, maldecí mi baja estatura, y empujé a cualquiera que se interpusiera en mi delante, y me dejara verlo, me dejara ver que, efectivamente, Scorpius estaba ahí.
-Estás vivo…-musité completamente fuera de sí.
Mi afirmación, era correcta, él estaba vivo, y no tenía rastros de haber sido torturado o haber pasado cualquier maltrato. Por el contrario, se le veía sano. Sus mejillas tenían un color saludable, y su postura, era la de un chico que se había alimentado todos los días.
Su mirada era seria y algo apagada, es ahí, donde pude notar algo. Sus ojos grises, siempre brillaban y tenían ese aire encantador, ahora, sólo miraba como si no tuviera control de el mismo.
-No sé cómo empezar, Scorpius.-le dijo Caesar queriendo sonar natural.-Esto es….
-Confuso.-contestó, haciendo que mi corazón diera un vuelco por escuchar su voz por primera vez en bastante tiempo.-Esto es muy confuso para todos.
-Lo sé. Pero, para serte sincero, no creí que volvería a verte…-le respondió.
-Ni yo, Caesar….
-Supongo que empezaremos con lo que ocurrió la última noche en la arena. ¿Qué nos puedes decir, Scorpius?
El rubio hizo un gesto con sus manos, e hizo como si recordara esos días.
-Todo era un verdadero infierno. Estábamos desesperados. No sabíamos que otra criatura o desastre nos podían enviar. Estábamos nerviosos, porque presentíamos que esto se iba a acabar….
Aquello, fue sólo la introducción a un largo discurso, que Scorpius comenzó a dar, sobre lo que significa vivir y sobrevivir los juegos del hambre. Lo difícil que es esto, y las consecuencias que te trae si resultas el ganador, luego se explayó comentando lo enfrascado que estaba porque el plan de Beetee funcionara esa noche y lo que eso desencadenaría.
-Sólo sé, que no debí dejarla sola.-continuó exasperado.-No debimos separarnos.
-Lo entendemos, Scorpius, pero ella se fue junto a Johanna Mason jalando el rollo de alambre…
-Ella no quería separarse de mí. Siempre estuvo desconfiando de todos.-le contestó de vuelta.
-Trasladémonos a los acontecimientos que siguieron después, cuando empezó la locura y Johanna la golpeó.
- A pesar, del peligro que corría, Rose me buscó. Ella me llamó y trató de encontrarme.-dijo tan rápido como pudo.
-¿Pero qué hay acerca de lo que le dijo Finnick Odair, Scorpius? Y ni que decir, del momento en que Rose lanzó la flecha que causó este caos. Todos lo hemos visto en las grabaciones.
-Estaba confundida. Finnick intentó persuadirla. Rose, sólo estaba nerviosa y asustada, no sabía lo que hacía.
-De todas formas, es muy sospechoso, Scorpius. Parecía que Rose, sabía acerca de estos planes rebeldes. No debemos olvidar, que además de todo eso, ella es la hija de dos traidores que conocemos muy bien.
-Rose no sabía absolutamente nada, y que sea la hija de traidores, no significa que sea una. Ella, estaba en contra de cualquier levantamiento o reprensión.-protestó defendiéndome de una forma que nunca antes había visto.
-¿Y qué me dices de su mentor? De Haytmich.-insistió haciendo un énfasis en el nombre.
-Nunca nos dijo nada, ni mencionó algo que despertara nuestras sospechas.
-¿Y qué te dice tu cabeza? ¿Crees que él era parte de ellos?-continuó.
-Sólo sé que no debimos confiar en nadie.-dijo como si quisiera que la entrevista terminara.
-¿Y qué piensas acerca de la actual guerra que se viene desatando?... Porque, seamos realistas, estos ya no son simples levantamientos. Esto es una nueva guerra.
-No pienso, ni puedo hablar de eso.-contestó sonando seguro de ello.- Pero, si de algo sirve… Sólo le pido a los distritos, que terminen con esto. Que dejen de mandar ataques y que se detengan. Ya no sigan formando parte de este grupo rebelde o terminaremos por hacernos daño a ambos bandos.
-Bueno, Scorpius. Creo que doy por terminada la entrevista. No tienes ánimos de seguir y respeto eso…-sugirió haciendo una pausa.-Gracias a todo el público, por su atención.
De inmediato, comenzó a sonar el himno del Capitolio y la pantalla se apagó.
Y con ello, escuché los distintos insultos que fueron directos hacia Scorpius por parte de la gran mayoría.
Traidor, enemigo, falso, entre otras ofensas.
Pero, no les hice caso. En estos momentos, me encontraba tan aturdida por lo que había visto, y a la vez tan feliz de que estuviera vivo, que poco me importaba lo que ocurría a mí alrededor.
De hecho, tenía que salir de aquí, y buscar un sitio donde pudiera pensar a solas.
Me di media vuelta, y avancé en dirección a la salida con bastante prisa.
-No se te ha dado permiso para retirarte, Rose Weasley.-bramó Luna Lovegood mientras yo continuaba mi camino.
Alguien intentó detenerme, pero aparté su brazo de un golpe y me escapé de todos ellos.
Quería reflexionar y darme un tiempo para mí.
Ellos, no podían controlarlo todo. Ni mucho menos, ahora, que me sentía tan confundida.
¿Acaso Scorpius era un verdadero traidor?, fue una de las primeras cosas que pensé.
Pero, poco me importaba si lo era.
-Estas vivo…-volví a repetir casi al borde de las lágrimas, mientras me escondía en algún salón vació del centro educativo. A estas horas, no había nadie, y todo estaba prácticamente apagado, por lo que ninguno de los guardias notó mi presencia.
Luego, de eso, y de estar casi una hora encerrada en ese salón, sentí que ya lo había asimilado en parte.
Me dije a mi misma, que era el momento de tomar una decisión.
Y antes que eso ocurriera, volvería a mi compartimiento y dejaría todo esto para mañana, además, estaba cansada, y deseaba dormir. Hoy habían ocurrido muchas cosas y no podía seguir despierta.
Sin embargo, alguien se escabulló cuando planeaba salir.
-Haytmich….-dije algo pasmada.- ¿Ha sucedido algo?
-Además, de tu llamativa salida. No, no ha ocurrido nada.-contestó con la voz algo ronca.
-Bueno… ¿Qué esperaban? ¿Qué me ponga a llorar delante de todos ellos?-dije sarcástica.
-Mira, Rose… Las cosas están bastante complicadas, y porque ellos hayan sido aliados de tus padres, no significa que serán condescendientes contigo, y esa actitud rebelde e indiferente que has tomado, sólo hace que las cosas se compliquen aún más… Si de por sí, ya lo son.
-Eso ya lo sé.-le respondí impacientemente.-Eso lo sé desde el primer día que llegué.
-Este distrito es hostil, y si nos han aceptado a todos, es por ti.-comentó firmemente.- Ellos creen que tú los llevarás a la gloria… Y si no lo haces, todos estaremos en peligro… Me da hasta pena decirlo, pero la guerra cambia a las personas, y esas personas que están al mando, no son más que aprovechadores, interesados únicamente en lo que les conviene… Probablemente, fueron amigos de tu familia en algún momento, pero ahora, ya no lo son. Y estoy seguro, que si tú no fueras el Sinsajo, a nadie le hubiera interesado rescatarnos durante el bombardeo. Por lo tanto, te pido que les des lo que te piden. Al menos, hazlo por tu familia, Rose.
Lo miré fijamente.
Yo también creía lo mismo. Y Haytmich había encontrado las palabras exactas para describirlo.
Él, no me miraba, pero parecía que mi silencio, había sido una respuesta afirmativa para él, y lo había entendido.
Me salí del salón, y atravesé el desierto comedor, hasta llegar a las escaleras que llevaban a la sección familiar.
Desde lejos, pude notar que James estaba esperándome en la puerta 394.
Pero, había algo raro con él, tenía un pañuelo en la mano y se lo llevaba a la nariz.
-¿Qué demonios te ha ocurrido?-le grité trotando hasta él.
-¿Dónde demonios estabas tú?-me contestó secándose la sangre de un golpe que había recibido en la cara.
-¿Qué pasó?
-Tuve un pequeño encuentro con Dean Thomas…-murmuró mientras intentaba ayudarle y cogía el pañuelo para limpiarle.-Dijo que los juegos te habían quitado la razón, que te habían destruido… Auch, sé más delicada...-me pidió quejándose.-Y que no tenías las agallas para hacer esto.
-Lo siento.-murmuré.-Bueno, no es la primera vez que escucho algo así, James. Lovegood dijo algo parecido la vez pasada, cuando desaparecí de la misma forma. Y creo que tienen razón, pero ahora no pienso darles el gusto de que crean eso… Después de hoy, todo ha cambiado…
-Lo sé. No es tu culpa. Nadie pensaba ver a Scorpius a salvo. Y créeme que me alegro por eso. Me alegra saber que está vivo.-contestó sorprendiéndome.
-Gracias…-dije acercándome a él.
Hacía tiempo que no hablamos de esta manera.
Y me lamentaba por eso.
Pero, aun no era tarde, sabía que nuestra relación había comenzado a mejorar desde mi llegada a este distrito.
Y ahora, todo volvía a ser como era antes. Sentía que si él no se encontraba a mi lado, no podría hacer esto.
Yo lo veía como a un hermano, pero había momentos en los que aún dudaba sobre eso. Podía que muy en el fondo, aún había algo que no me dejaba creerlo del todo y eso había estado bastante presente en estas últimas semanas que me encontraba sola.
A veces, me ponía a pensar, cómo hubiesen sido las cosas si en verdad yo no me hubiese enamorado de Scorpius, y mi romance con él, hubiese sido ficticio; tal y como, lo habían sugerido al principio.
¿Acaso habría elegido a James?
¿De verdad, hubiera llegado a amarlo de la misma forma que hoy en día amaba a Scorpius?
¿Qué hubiera pensado la familia? ¿Qué hubiera dicho tía Ginny sobre esto? ¿Lo habrían aceptado? ¿Y los abuelos?
Sé que si lo habrían aceptado. A pesar, de que hubiera sido una decepción, todos ellos hubieran llegado a aceptar mi incestuosa relación con James, y lo sabía, porque en mi familia sólo queríamos que cada uno fuera feliz a su manera.
Puede que en otro universo paralelo, en el que no existiera Scorpius, eso hubiese ocurrido. Pero, estábamos en este universo, un universo donde se acercaba una gran guerra, y en el que debía aprender a mover mis fichas si quería que todo esto hubiese valido la pena.
-Sabes que este es el momento decisivo.-me dijo mientras intentaba guardar algo en su bolsillo.-Es en este preciso momento que tienes que tomar una decisión. Ellos, no pueden retroceder, ni hacer un alto al fuego. Es ahora, Rose.
-Lo sé. Pero, me da rabia, que ellos crean que esto deba ser una obligación para mí.
-Ellos lo ven así, porque eres hija de aquellos que murieron por la causa.
-Sí, y detesto que crean que esto no me interesa, o que soy muy insensible, o que no me importa saber que mis padres hayan muerto por esta maldita guerra. Se equivocan.-hice una pausa, mientras intentaba calmarme.- Todos los días, sueño con matar a Voldemort.
-Yo te creo, Rose. Toda la familia te cree, con eso basta. Y no eres la única que sueña con eso.
-Hay veces en las que pienso que Lovegood ve esto de una forma más personal. Siento, como si a ella sólo le interesa acabar con Voldemort, pero no le importa la condición de los distritos, ni de la gente. Siempre pone obstáculos cuando alguien viene de afuera y planea quedarse, es egoísta y saca provecho de esos que se quedan. Y yo no soy la única que piensa así, Haytmich también piensa que sólo aceptó a los sobrevivientes del distrito doce, por mí, si yo no fuera quien soy, es muy probable que no hubiesen enviado ayuda.
-Lo he pensado también, pero no podemos sacar conclusiones antes de tiempo. No sabemos que nos oculta.
-Espero averiguarlo, pronto. Pero, planeo jugar de la misma forma que ella y sacar provecho de la situación.
-¿Entonces, te has decidido?
-Sí, ya me he decidido.-le contesté.- No estamos a salvo aquí, y tenemos muchos problemas. Así que si voy a ser el Sinsajo, ellos tendrán que aceptar mis condiciones primero.
-Y veo que van a ser muchas…-musitó James.
-Lo pensaremos mañana. Pero, espera…-le dije poniendo mi mano en la manija de la puerta.- Tenemos que contarles… Creo que toda la familia tiene derecho a saber. Al menos, Louis debe haberle adelantado algo a tía Fleur y a sus hermanas.
-Espera, buscaré a Albus y Hugo. Deben estar en mi compartimiento. -me comentó.
-Ve… Intentaremos decirles lo que suene más conveniente. No quiero asustar a nadie.-dije mientras ingresaba al apretado lugar donde vivamos.
Estos compartimientos eran tan pequeños, que sólo permitían a tres personas por cada uno.
En el mío, sólo estábamos, tía Ginny, Lily, Crookshanks, y yo. Un piso más arriba, estaba el de Albus, Hugo y James. Y en nuestra misma hilera, pero casi al final, se ubicaban los compartimientos de los demás.
Sin embargo, no podía quejarme. Al menos, teníamos un techo bajo el que vivir, y ahora, había cosas más importantes en las que pensar.
Fin del tercer capítulo.
Espero que les haya gustado. Saludos.
