Hola, espero no haberles hecho esperar demasiado!

Y gracias por las leídas, y comentarios del capítulo anterior.


Capítulo VII:

¿Hagrid?, pensé recordando los relatos de tía Ginny.

El nombre me resultaba algo vago, pero sabía que lo había oído cuando nos contaban sobre los aliados de la antigua resistencia.

-Vengan.-nos dijo de forma acogedora.

James y yo, nos miramos como si no nos decidiéramos si seguirlo o no.

Al diablo, pensé avanzando.

-¿Adónde vamos?-le pregunté echando el arco tras mi espalda.

-Ya casi llegamos.-me contestó.

Pero, mientras más caminábamos, más nos alejábamos de los límites que nos habían puesto.

-Espera, Rose-me advirtió James, frenando mi paso.

Alcé la vista y frente a nosotros, había una especie de pared transparente que rodeaba todo el borde.

-No tengan miedo.-nos dijo Hagrid atravesándola.- Aquí es donde termina el encantamiento protego totalum, que rodea a todo el distrito…

¿Protego… qué?, pensé con desconfianza, pero al ver que él pasaba y no le ocurría nada, hicimos lo mismo.

Con lentitud, atravesamos la transparencia de la misma manera que él lo había dicho, y sentimos que habíamos salido como de una enorme burbuja.

-Lo usan para proteger los límites y evitar que se infiltre gente sin que ellos no lo sepan… Aunque, bueno, ellos ya saben de mí…-nos explicó mientras llegábamos a una pequeña cabaña, escondida en medio de toda la vegetación.

-¿Por qué no vives en el distrito trece?-le preguntó James.

-Me expulsaron.-nos contestó abriendo la puerta.-No es mucho, pero aquí es donde vivo.

-¿Por qué te expulsaron?-indagué observando las raras cosas que había en su cabaña.

-No nos adelantemos.-murmuró pidiéndonos que tomemos asiento en una de las sillas improvisadas que tenía.

Por un momento, creí que el hombre estaba loco, pero no debía precipitarme.

-Sinceramente, siempre prensé que quien nos llevaría a la rebelión, sería uno de los hijos de Harry…-comentó de pronto-Pero, veo que el destino da unos giros bastante interesantes.

James, y yo, volvimos a mirarnos.

-¿Eras parte de la antigua resistencia, no es así?-le pregunté queriendo llegar al punto.

Él, asintió en silencio.

-Conozco a sus padres desde que eran niños…-comenzó a decirnos.

Y antes que pudiera preguntarle algo más, Hagrid, procedió a relatarnos de una forma bastante meticulosa sobre todo lo que había vivido junto a ellos.

Nos contó todas las formas en las que Voldemort había querido acabar con Harry Potter.

Aunque, en parte, ya lo sabíamos de memoria, porque nuestra familia nos lo había contado innumerables veces, sentí que siempre era bueno escuchar la historia desde una perspectiva diferente.

-Gracias, por relatarnos eso…-agradeció James dudando si aun así, el hombre no estaba loco en verdad.

-Algún día tenía que hacerlo, y finalmente, lo hice.-le contestó.

-¿Y que hay con Luna Lovegood?-inquirí sin esperar y algo cortante.

Yo también, me sentía agradecida con él, pero estaba más interesada en el presente que en el pasado.

El pasado, nunca regresaría, así que no podíamos perder el tiempo hablando más sobre eso.

-¿Qué saben de ella?-nos preguntó.

-Todos dicen que cambió radicalmente, pero nadie nos dice por qué, bueno, no sólo ella, sino también otros que pertenecieron a la resistencia…-le explicó James.-Nuestra familia, es la más afectada con eso, pues ellos sí los conocieron…

El hombre, hizo una breve pausa, mientras nos ofrecía algo de beber.

Ambos negamos con la cabeza, y volvió a su sitio para continuar con el relato.

-Hace unos once años… Sí, ya casi once años… el distrito trece, no era tan radical como lo es ahora… Vivíamos con limitaciones, pero no éramos tan extremistas. Yo también era parte de ellos y me encargaba de proteger a las pocas criaturas mágicas que quedaban de nuestro mundo…-me explicó.-No sé cómo, de hecho, aún es un misterio… pero Voldemort, como ya les habrán contado, ha intentado destruir este distrito de todas las formas posibles, y hace once años, logró esparcir una epidemia silenciosa y bastante letal….

Hagrid, hizo una breve pausa, como si recordara aquellos días.

-Poco, a poco, la gente comenzó a morir… familias enteras… Muchos rebeldes, muchos niños… Y llegó el momento, en que los hijos y el esposo de Luna Lovegood, también terminaron contagiados por la epidemia, y…. fallecieron.

-¿Tenía hijos?-pregunté sin creerlo.

-Así, es. Tenía gemelos… Unos pequeños muy encantadores… Sí, hubieran sobrevivido, tendrían casi la misma edad de ustedes…-me contestó con la voz apagada.-… La muerte de ellos, la mató, literalmente. Y eso fue lo que la convirtió en la persona que conoces ahora….

Nos quedamos en silencio.

Me imaginé lo terrible que debió haber sido para ella, pero, aun así, eso no justificaba su aversión hacia mí.

-Muy pocas personas, sobrevivieron… Esa epidemia, dejó débil al distrito, pero… lograron salir adelante…-continuó.

-¿Y por qué te expulsaron?-le preguntó James.

-Se enteraron que Voldemort había esparcido la epidemia por medio de los animales que teníamos en el distrito trece y… aquí me tienes…. Creyeron, que debí darme cuenta…

Le miré con algo de pena.

Él, no tenía la culpa, sólo era un protector.

-¿Pero, por qué nos tiene tanto odio?-volví a preguntar.-Se supone que era compañera de nuestros padres, aliada de nuestra familia… Mejor amiga de mi tía… Y ahora, ni siquiera les dirige la palabra y nos trata de forma tan indiferente…

-¿Aún no lo ves?-me inquirió alzando una ceja.

Eso me dio una idea, y entonces, lo entendí.

Era una idea loca, aunque no tanto, y podía ser que de ahí provenía su repentino odio.

-Ella no soporta creer, que unos chicos que crecieron en peores condiciones que sus hijos, lograran sobrevivir, y ahora estén liderando esta guerra.-sentencié finalmente.- ¿Es eso, verdad?

Hagrid, asintió.

-Nosotros no tenemos la culpa.-intervino James.-No tenemos la culpa de que sus hijos hayan muerto.

Le miré de reojo.

-James, entiéndelo…-dije de pronto.- Ella no tolera pensar, que nosotros que crecimos en el distrito más pobre del Capitolio, y que teníamos gran cantidad de teselas como para salir cosechados, hubiéramos sobrevivido a sus hijos, que vivieron lejos de todo esa miseria.-le expliqué.-Y eso es lo que envidia de nosotros….

-Perdió todo, Rose… Y creo que eso vuelve despótico a cualquiera.-intervino Hagrid.

-Pero, aun así…-comencé a decirle.- Eso no justifica su comportamiento… Todos perdimos algo en esta guerra. Ella perdió a sus hijos, yo perdí a mis padres.

Vaya, me dije a mi misma por cómo había hablado.

Pero, enterarme que su odio hacia mí, era por eso.

Por haber sobrevivido.

Hacía que tenga aún más rabia hacia ella.

Hubiera querido decir algo más, enterarme de más cosas, pero noté que comenzaba a anochecer.

-Se vienen tiempos más oscuros de los que alguna vez imaginé.-nos comentó Hagrid.-Debes luchar esta guerra, y ganarla…. Tienes mi ayuda asegurada.

-Gracias. Eso haré.-le musité poniéndome de pie.-Debemos volver…

Salimos de la pequeña cabaña, y nos acompañó hasta donde comenzaban los límites de protección.

Pero antes de irnos, apareció otra de las extrañas criaturas que habíamos visto hacia un par de horas atrás.

-Thestrals…-recitó Hagrid otra vez.-Criaturas muy raras, y que se han reproducido exitosamente en estos bosques…

-Hace algunos meses, vi uno de estos animales en mi distrito…-le murmuré.-Mi primo James, no podía verlo, pero ahora, sí lo ve… ¿Por qué?-pregunté por simple curiosidad.

Hagrid, me sonrió comprensivamente.

-Solo los ven, las personas que han visto la muerte de cerca.-me explicó.-Además, se cree que son de mal augurio. Supongo, que deben estar vaticinando la guerra que se viene.

Asentí en silencio.

Ahora, entendía porque James recién los veía.

Él, había presenciado el bombardeo del distrito doce y había visto más muertes de las que pudiera imaginar.


Al día siguiente, el mismo pensamiento me acosaba, y nunca pensé que este distrito nos traería tantas sorpresas, siendo la mayoría de ellas, malas.

Pero, eso no me echaría para atrás.

-¿Rose…?-me llamó Longbottom, quien al parecer, lo llevaba haciendo desde hacía varios segundos.

-¿Qué?-le dije sin haberle oído.

-¿Acaso no has dormido bien anoche? Ayer, te dije que hoy sería un día bastante agitado.-me reprendió.-Además, sabes que lo que sea que te haya dicho Rubeus Hagrid, sólo ha de haberte confundido, más.

Ayer, cuando habíamos regresado de cazar, todos se nos fueron encima, al notar que habíamos charlado con un expulsado del distrito trece, y se nos prohibió volverle a dirigir la palabra o nunca más nos dejarían salir.

-Olvídalo.-murmuré.- Andaba pensando en otra cosa.-le comenté mientras Effie y los demás venían a mi encuentro.

Me sorprendí por un momento, al ver que ninguno de ellos, llevaba el maquillaje ni las pelucas recargadas que solían tener puestas. Ahora, solo tenían una vestimenta gris, e iban como personas normales.

Cómo estarán sufriendo, pensé.

-¿Todo bien, Effie?-le pregunté, por si había tenido algún problema. No sabía nada de ellos, desde que los había dejado en el hospital junto a Lily.- ¿Te han dado un compartimiento?

-Sí…-contestó de inmediato.-No es lo mejor que podría pedir, pero estamos bien… Creo que podremos sobrevivir… Y todo, gracias a ti.-me dijo agradecidamente.

Le sonreí más tranquila, pero supe que así sería en un principio para ella y los demás, puesto que estaban habituados a una vida fastuosa en el Capitolio.

-Bien…-musitó Longbottom, sacando un portafolio.-Quería enseñarte algo, Rose… Algo que Cinna, dejó para ti.

¿Cinna?

Dios mío, no había escuchado ese nombre desde que el vasallaje había empezado.

-¿Él esta…?-pregunté sin poder terminar, mientras, Louis y James, recién llegaban.

-Sí, lo está….-me contestó.-Y antes que se lo llevaran, él sabía que tú ibas a aceptar en ser el sinsajo, y dejó preparado todo un diseño para tus apariciones…

Eso no me lo esperaba. Cinna, se había adelantado a los hechos, sabiendo que yo, sí aceptaría ser el sinsajo. Él, sí confiaba en mí.

Longbottom, me entregó un cuaderno con varios bocetos de vestidos y trajes, pero había uno en especial que llamó mi atención.

Uno que decía, "Para el sinsajo".

Era precioso, y de color negro. Era el traje perfecto para llevar en esta guerra. Solo alguien como Cinna, podía haber logrado crear algo tan hermoso como lo que veía.

Sentí que un nudo se me hizo en la garganta, y quise retroceder el tiempo, para verlo una última vez.

Estaba de piedra, y sentí que Effie me abrazó por un lado.

Agradecí su gesto.

-La confección del traje, y todo lo que eso confiere, quedará a cargo de tu equipo, Rose.-me comentó Longbottom.

-Haremos lo mejor para no defraudar a Cinna.-se adelantó a decirme Effie con una sonrisa.

Le respondí de la misma manera, e intenté calmarme. No podía ponerme emocional en estos momentos.

-Bueno, ahora, tenemos que repasar otro punto importante…-continuó Longbottom, mientras mis estilistas se iban, y solo quedábamos los cuatro.-Como ahora, son parte de la rebelión, se les ha otorgado el título de soldado. No se sorprendan, si alguien les llama así…

Asentimos, sin agregar nada, y esperamos a que siguiera.

-He sabido, que la mayor parte de sus primos, se ha inscrito para formar parte de los escuadrones rebeldes... ¿Es eso, cierto?-nos preguntó con cierta curiosidad.

-Sí, así es… ¿Hay algún problema?-le inquirió Louis.

-No, no hay ninguno en lo absoluto.-decretó sonando amable.- A lo que quiero llegar, es que antes de empezar con los entrenamientos y todo eso…. Deben saber, que no sólo se les enseñará a manejar armas… Ustedes también necesitarán aprender a luchar con magia.-sentenció.

-¿Es obligatorio que luchemos con magia?-le repuse inmediatamente.

-No es obligatorio. Pero, créeme que la necesitarás, y verás lo bien que te servirá.-me dijo como si eso fuera a animarme.

Sí, claro, pensé sarcásticamente.

-Y como todos ustedes son hijos de magos… estoy seguro, que podrán hacer magia cómo sus padres…-agregó.

-Pero, para eso vamos a necesitar varitas, y tengo entendido que por el momento no las hay…-agregó James en tono pesimista.-Dijeron que había escases de los materiales con los que las hacían…

-Bueno, eso es cierto, James. Hace mucho, que se dejaron de hacer varitas, pero aun conservamos un buen arsenal de ellas…

Todos nos miramos.

¿Qué demonios?

-¿Arsenal de varitas?... ¿Y entonces, por qué no les han dado una a nuestros padres…?-dijo Louis, igual de confundido que yo.

-¿De verdad, crees que la presidenta Lovegood, dejaría que todos los ciudadanos del distrito trece estuvieran lanzando hechizos a diestra y siniestra?...-inquirió Longbottom mirándonos como si fuera obvio.- Las varitas, sólo están reservadas para la gente de los escuadrones rebeldes, y para la gente de altos mandos como la presidenta, los funcionarios y yo… No quiero sonar pedante, pero es la verdad. No le dije nada a tus tíos, porque no quería quitarles las esperanzas…

No dijimos nada. Intentábamos asimilarlo. Ahora, comprendía porque no veía a gente haciendo magia.

-Bueno… Ahora, tenemos que reunirnos con sus primos e ir por las varitas…-dijo algo apresurado.-… La elección, no demorará mucho, pero cuanto antes sea, mejor…

Y con eso entendí que Luna Lovegood era la versión femenina de Voldemort.

Ella había creado un pequeño capitolio en el distrito trece, solo que omitiendo los juegos del hambre.


Y se acabó.

En el próximo capitulo, veremos como les va con la magia.

Gracias por leer, y dejen un review, si desean una pronta actualización. Saludos! :)