Hola, aquí les dejo un capítulo extra-largo.

Espero que lo disfruten :)


Capítulo X:


En cuanto, subimos al aerodeslizador, nos encontramos con una cara conocida.

Aquella persona, resultó ser, Pansy Parkinson, quien tan pronto como me vio, vino a mi encuentro. La mujer, tenía el mismo aspecto capitolino de la primera vez que la vi, con el mismo corte de cabello y estilo, sólo que en esta ocasión, llevaba ropa similar a la de nosotros, y había tres personas con ella.

-Rose…-me dijo amablemente.-Quiero presentarte a mi equipo… Ellos son, Pollux y Cástor, los camarógrafos… y este es mi asistente, Messalla…. Nosotros nos encargaremos de grabar, y de seguirte a lo largo de tu visita en el distrito seis.

Por un momento, me sentí confundida.

Ella sonaba tan simpática, que me hacía cuestionar, si todo lo contado por mi familia, era completamente cierto.

¿Cómo demonios, esta mujer pudo haber sido enemiga de ellos, si a simple vista, parecía una buena persona?, pensé.

-¿Ya has hecho esto antes?-le preguntó James sonando algo desconfiado.

-Ella era la mejor directora y periodista que tenía el capitolio, chico.-le contestó Messalla.-Hasta que vinimos, aquí.

-Lo hicimos por ti, Rose.-aseguró Parkinson sonando nuevamente agradable.- Lo hicimos por ti y por la rebelión. Además, estaremos bien… Les parecerá extraño, pero hemos aprendido a usar armas, y tenemos entrenamiento… No perdimos nuestro tiempo en el Capitolio. Allá nos encargábamos de filmar las secuencias más peligrosas…

Pero, no pudo terminar de relatarme su historia, porque cuando estaban por cerrar la puerta del aerodeslizador, Dean Thomas, ingresó a último minuto.

-¿Y, ahora, qué rayos hace él aquí?-inquirió James alzando una ceja.

-Supongo, que Lovegood no quiere perderse de nada. Y que mejor idea, que enviar a su perro guardián…-dijo Louis por lo bajo.

-Intenta no buscarle pelea, James…-agregué.

Él, no me contestó, pero sabía que era algo que no podía prometer.

En ese momento, la nave comenzó a despegar.

Mientras tanto, Parkinson, decidió sentarse a mi lado.

Aprovechando la cercanía, me quité la duda que tenía encima.

-¿Qué te animó a cambiarte de bando?-le pregunté sin darle más vueltas al asunto.-No quiero sonar descortés, pero según tengo entendido, tú nunca apoyaste los ideales de mi tío Harry…

Louis, la miró de reojo.

No quería hacerla sentir incómoda, pero tenía sacarme esa duda.

-Es mi mayor vergüenza…-contestó finalmente.- Era joven y estúpida. No entendía el significado de la vida y solo hacia lo que me ordenaban…-sentenció bastante segura.-Y cuando Voldemort tomó el poder, recién me di cuenta que vivía en un mundo de horror, más aun, cuando instauró esos terribles juegos…

Al parecer, Parkinson, era una de las muchas personas, que habían venido al distrito trece, con el fin de redimirse.

-Y si en algún momento, estuve en contra de tus padres, quiero que me perdones…-sentenció.-Y quiero que sepas, que en cuanto, supimos que la líder de la rebelión, era la hija de ellos dos, decidimos venir hacia aquí… Tampoco, soportábamos ver morir a niños inocentes, ni tanta injusticia… La guerra, cambia a la gente, y a veces, las cambia para bien.

Sus palabras, eran tan certeras.

Muy diferente a Lovegood, que cambió para mal.

-No te preocupes. Sólo quería saberlo. Gracias.-le musité.-Me alegra saber, que seas parte de nosotros.

Ella, respondió de igual manera, y prosiguió a contarme, que aparte de eso, conocía muy bien a los padres de Scorpius, y había sido buena amiga de ellos.


Al cabo de una media hora, la nave comenzó a descender.

Al fin, habíamos llegado al distrito seis.

Unos guardias, bajaron antes que nosotros, como para asegurarse que todo anduviera bien, y no corriéramos peligro.

Dean Thomas, tomó un arma, y les siguió.

-Vamos.-nos ordenó con un ademán.

Rápidamente, comenzamos a bajar del aerodeslizador, y nos encontramos con un distrito destruido.

Casi, o igual de destruido, que el doce.

¿Acaso había sobrevivientes?

-¡Rápido! ¡Por aquí!-gritó una mujer a lo lejos.

De inmediato, todos se dirigieron hacia ella.

No tuve otra opción, que seguirles.

-Ella es la comandante Paylor.-dijo Dean Thomas.-La líder, del distrito seis... –luego se dirigió a ella.-Paylor, que alivio verte a salvo… Esta es…-se apresuró a presentarme, pero la mujer, ya parecía saberlo.

-No necesitas decirme quién es.-le interrumpió de mala gana, mientras me echaba una mirada.-Un gusto conocerte, al fin, Rose Weasley.

Extendí mi mano.

-Ha decidido, venir a ver a los sobrevivientes.-le explicó Dean.

-Claro… Todos están en el hospital…-nos indicó Paylor.-Y creo que les hará bien, verte…

Asentí en silencio y la seguimos.

Mientras avanzábamos, podía ver que su edificio de justicia, estaba hecho añicos, y también las edificaciones que lo rodeaban.

-Es aquí… Síganme…-murmuró la mujer señalando a un terreno vacío.

¿Acaso se había vuelto loca?

Pero, no fue por mucho tiempo, pues haciendo uso de su varita, desveló al escondido hospital.

No sabía, que ella también tenía habilidades mágicas.

-Hemos estado usando varios hechizos protectores…. Pero, no se puede hacer nada con la tecnología del Capitolio, cada día crean armas más resistentes a los encantamientos…. Me da tristeza admitirlo, pero la magia se ha debilitado. De eso estoy segura.-me comentaba, mientras recordaba que Hagrid, nos había dicho algo similar.

Pero, dejé de pensar en ello, en cuanto noté las cantidades de muertos que había a los costados del hospital.

El olor, era insoportable, pero era el único camino hacia los sobrevivientes.

Avanzamos sin demorarnos, y al fin, llegamos a ellos.

-Hay demasiados heridos, Dean…-musitó Paylor, retrocediendo a hablar con él.-Necesitamos que envíen más…

Sin embargo, no seguí escuchando al ver que el lugar, prácticamente, se caía a pedazos y esta pobre gente, tenía que refugiarse aquí.

Había heridos por todas partes, y parecían querer morir, para no sufrir más.

Supuse que lo que Paylor necesitaba, era medicina, y ayuda médica.

Ni siquiera, los hechizos, les habían servido.

-¿Rose Weasley?-preguntó un hombre con vendajes en la cabeza, de hecho, fue el primero de todos los que se darían cuenta que estaba aquí.

-Es Rose Weasley…-dijo otro herido.

Nadie podía creerlo.

¿Rose Weasley, había venido hasta aquí?

No sabía que decir.

-Rápido, Pollux…-indicó Parkinson acercándose hacia mí.

Entendí, que él se encargaría de grabarme, y que este era el momento, en que tenía que decirles algo alentador.

Exhalé lentamente. Nada me había preparado para esto.

Varios niños, se acercaron hasta donde estaba, y me miraron con tristeza, como si estuvieran buscando la esperanza que necesitaban.

-¿Lucharás con nosotros, Rose?-preguntó un muchacho que no debía tener más de trece años. Su aspecto, parecía ser el de un fantasma, pues tenía la mirada perdida, y el semblante de alguien que había perdido todo.

-Sí… Lo haré...-dije dando inicio a mi discurso.

Les dije eso, y agregué otras cosas, que supuse, les animarían a todos a seguir adelante, pero sobretodo, les di la esperanza de que esta guerra llegaría pronto a su fin. Fueron palabras muy optimistas, a pesar, que no habían sido preparadas.

Luego de finalizar, esperé porque Dean Thomas y su equipo, terminaran de arreglar unos asuntos con la comandante Paylor, pero, no podía quedarme ahí, tenía que salir de ese hospital.

Ya había sido suficiente, por hoy.

-Rose Weasley…-me llamó un hombre desgarbado.-Rose Weasley, no puedo creerlo… Mi nombre es Colin Creevey. Fiel seguidor de tus padres y de tu tío… Estoy sin palabras… Nunca pensé que visitarías el distrito seis… Muchas gracias por venir.

Le miré, y asentí levemente a sus palabras.

Y no contento con ello, me dio la mano.

-Gracias…-siguió diciendo.

-De nada…-contesté.

-Es increíble saber que lideras esta guerra… Tus padres estarían tan orgullosos de ti…

-Lo sé… No me cabe ninguna duda.-le musité queriendo sonar interesada en la plática.

Pero, mientras conversábamos, una niña, tan pequeña y rubia, que me hizo recordar a mi sobrina Violet, se nos acercó.

No debía tener más de cuatro años.

-Tu eres el sinsajo…-dijo llamando mi atención con su voz cantarina.

-Hola, pequeña…-le respondí sonriendo y agachándome para estar a su altura.- ¿Cuál es tu nombre?-le pregunté.

-Sophie…-contestó esbozando una sonrisa.- ¿Tú vas a ganar la guerra?

-Eso, espero…-le musité, pero recordé que estaba hablando con una niña. Tenía que sonar más optimista.-Claro que sí. Yo ganaré…

-Weasley… Ya es hora de retirada.-me indicó Dean Thomas mientras avanzaba con los demás.

-Espero verte de nuevo, Sophie.-le musité a la niña, sacándole otra sonrisa.

Esperaba que ninguno de esos niños, volviera a pasar por esto.

Internamente, me prometí que haría todo lo posible por acabar con esta destrucción.

-¿Lo tenías preparado?-me preguntó Louis en el camino.-Tu discurso… Es que sonó tan perfecto…

-Exageras…-le contesté.-Y no, no lo tenía preparado. Ni siquiera, yo estaba preparada…

-Nadie lo estaba…-me respondió.-Yo no hubiera logrado decir ni una sola palabra, Rose…Hicieron bien en elegirte como el sinsajo.

Me sonrió, y entendí lo que quería decirme.

-Por cierto, en la mañana…-agregó metiendo la mano en uno de sus bolsillos.-Dejaste algo olvidado en el suelo…-finalizó entregándome mi varita.

-Estaba tan molesta, que ni siquiera me acordé de ella…-le expliqué sosteniéndola.-Gracias…

-En algún momento, nos servirá…-me animó mientras avanzaba.-Ya verás…

-Mientras tanto…-le dije señalando mi arco.-Usaré esto en caso de emergencia.

Nos sonreímos mutuamente, y dejamos la conversación de lado, al ver que ya estábamos por llegar al aerodeslizador.

Pollux, hizo una última toma al distrito seis, y esperamos porque nos abrieran las puertas.

-¡Se acercan naves del Capitolio!-gritó Paylor viniendo hacia nosotros.-Detectaron la presencia de Rose…

-¡Rápido, no hay tiempo! ¡Ocúltense entre los edificios!-nos ordenó Dean Thomas con desesperación.

De inmediato, James jaló de mi brazo, y corrimos hasta lo que parecía ser un almacén medio destruido.

Los demás, no tardaron en darnos el encuentro, y se posicionaron a nuestro lado.

-Y cuando creíamos que esto no podía ser peor…-murmuró Louis mirando hacia el cielo.-Ocurre esto.

-¿Habrá otro bombardeo?-preguntó James ansioso.

-Típico de Voldemort.-le contestó Parkinson.-Será mejor que encontremos otro sitio… No creo que esto resista…

Pero tan pronto como habló, pudimos escuchar el sonido de las naves. Ya habían llegado.

Y entonces, lo entendí todo.

-Van a bombardear el hospital…-sentencié intentando ponerme de pie.-Tenemos que hacer algo…

-No hay nada que nosotros podamos hacer…-me ordenó James sujetando mi brazo.-Los rebeldes de Paylor, se encargarán…

Sin embargo, esa era una respuesta que no podía aceptar.

Había niños, y heridos, ahí. No podía fallarles.

Me solté con agilidad de mi primo, y me separé del grupo, porque desde donde estábamos, no se podía ver con claridad.

Avancé un par de pasos, sin hacer caso a sus llamados, y llegué hasta una zona despejada.

En ese preciso momento, vi que un enorme misil, era expulsado de una de las naves, en dirección al hospital, sin embargo, falló y fue a dar al edificio contiguo a nuestro almacén, muy cerca, de donde estaba.

James, llegó hasta a mí, e intentó protegerme con sus brazos, mientras los restos de pared comenzaban a caer.

-¡Estás loca!-me gritó alejándome de la destrucción.

Pero, no. No lo estaba.

Yo solo quería ver, de lo que era capaz, el capitolio.

-¡Salgamos de aquí! ¡Rápido, James, Rose!-nos ordenó Louis, mientras el rubio, le daba una mano a Parkinson y a su equipo.

Varios rebeldes del distrito seis, comenzaron a disparar en las calles.

Podía escuchar más estallidos de los misiles que lanzaban, pero hasta el momento, ninguno había dado en el hospital.

No podía quedarme de brazos cruzados.

Más allá, Paylor y otros rebeldes, utilizaban tanto sus varitas como sus armas, para lograr dar en el blanco de alguna nave, pero tampoco parecían tener buena puntería.

-Tenemos que ir con ellos…-musité desesperada.

En esta ocasión, James, no intentó detenerme. De hecho, también me siguió, y creo que, al fin, había entendido el significado de mis palabras, pues cargó su ballesta en el trayecto.

Alcé mi arco, y comencé a dispararle a las naves.

Les di a algunas, pero no era suficiente para hacerlas caer.

-¡Protego!-lanzó Paylor para evitar que nos cayeran unos residuos encima.

-¡Bombarda Maxima!-gritó otro rebelde, haciendo que de su varita saliera un gran estallido, como si se tratase de una bomba, pero el hombre falló en el intento, y ni siquiera, le pudo pegar al misil.

Seguimos disparando, y notamos que algunas naves, ya habían caído, pero aún quedaban dos, y se estaban preparando para lanzar otro ataque.

De repente, mis flechas comenzaron a acabarse, y entendí que si no encontraba más municiones pronto, no podría seguir con ellos.

Lancé mi última flecha, acertando en el blanco de una de las naves, pero no la hizo caer.

-¡Tu varita!-me gritó Paylor al ver que me había quedado sin provisiones.

¿Mi varita?

¿Pero qué demonios podía hacer con mi varita?

La saqué de mi bolsillo, y recordé lo que el rebelde había dicho minutos atrás.

-¡Bombarda Maxima!-grité arriesgándome y apuntando hacia mi objetivo.

Por increíble que la situación pareciera, la varita me hizo caso, y el hechizo le dio de lleno a las dos naves.

Los restos, comenzaron a llover por los cielos, mientras todos, incluidos mis primos, se me quedaron viendo, sin creer que demonios había pasado.

¿Acaso había hecho magia por primera vez?

-Muy bien, Rose…-murmuró Paylor a mi costado.-Bienvenida a la guerra.

Pero, apenas la escuché, pues andaba perdida con lo que había sucedido segundos atrás.

Y agradecí, que después de eso, no llegaran, más naves.

Al parecer, el bombardeo había terminado.

-¡Lo grabamos todo, Rose!-me gritó Parkinson completamente emocionada.-¡Eso era lo que necesitábamos!

Aun, no podía salir de mi letargo.

Me sentía bien por haber hecho magia, pero a la vez, me recriminaba por haberla hecho.

En la mañana, había dicho que esto era basura, y ahora, esta basura, me había servido.

Pero, aún seguía siendo obstinada, y me prometí que sólo la volvería a utilizar cuando fuera necesaria.

No era que odiara la magia, yo sólo quería que los demás me vieran como su igual, no como algo inalcanzable, no como una heroica chica que podía hacer magia y cosas espectaculares.

-Una de las naves, llegó a caer en el hospital…-me avisó Louis segundos más tarde.

-¿Qué?-le pregunté sintiendo una opresión en el pecho.

-No lo destruyó, pero si afectó una sección…-finalizó mirándome con preocupación.-Espera, Rose…

Pero, no le hice caso.

Corrí desesperada por entre los escombros, y llegué hasta donde la gente intentaba escapar.

Ayudé a cuantos pude, e intenté reconocer a la niña con la que había hablado horas antes.

Pero, ninguno de ellos, parecía ser ella.

Sophie, Sophie… ¿Dónde estás?, me pregunté buscando entre las caras de los niños rescatados.

-¿A quién buscas?-me preguntó James parándome en seco, al ver que andaba alterada.

Pero, no le respondí, pues la encontré.

Ahí, estaba Sophie. Encima de una pila de cadáveres.

-No…-murmuré acercándome hasta ella y dándome cuenta que no se movía.- ¡No!

Parecía estar durmiendo.

La pequeña niña a la que le había prometido ganar la guerra, ahora estaba muerta.

-No te pude salvar…-susurré comenzando a sentir que las lágrimas caían por mis mejillas.-Lo siento…

-Rose…-musitó James.

-Pagará por esto…-dije mirando hacia arriba. Como si creyera que estaba nuevamente, en el vasallaje, recordando el momento en que Johanna había gritado con rabia en dirección al cielo.- ¡Pagarás por esto, Voldemort!

James, me abrazó por detrás, y escondí mi rostro en su abrazo.

-Sácame de aquí…-le musité en su oído.-Sácame de aquí…-repetí.


Rose, al fin, hizo magia, y lamento que el capitulo haya terminado así :(

Bueno, espero actualizar pronto, y no olviden dejarme un comentario de regalo.

En el próximo capítulo, se verá algo de Scorpius, cada vez mas cerca a su rescate!

Saludos y Feliz Navidad! :)