Capítulo XV:
El centro médico del distrito trece, estaba hecho un lío, enfermeras y sanadores, corrían de un lado a otro, buscando morfina y cualquier tipo de medicinas que les sean necesarias para los pacientes.
Decidí recostarme contra una pared.
Estaba muy débil y cansada, sentía que aún no me recuperaba del horrible ataque que habíamos sufrido en el Capitolio. Aquella, espectral criatura, era uno de los seres mágicos más horribles, que había visto en mi vida.
-¡Ey, tú!-gritó alguien queriendo llamar mi atención.- ¡Rose!
Giré mi rostro.
Su voz, me era conocida.
-¡Rose, aquí!-volvió a gritar.
En esta oportunidad, pude ubicarla.
-¡Johanna!-exclamé llegando hasta ella.
La chica, se alegró de verme y esbozó una sonrisa.
No era necesario preguntarle cómo estaba, también había sido torturada, y por su aspecto, podía decirse que había sufrido tanto como Scorpius.
-Vamos, no pongas esa cara.-me dijo animadamente.-Sé que luzco terrible, pero no es para tanto…
Le sonreí de vuelta.
Había olvidado el sarcasmo que la caracterizaba.
-Me alegra verte otra vez…-comenté, pero cuando trató de abrazarme, lanzó un quejido de dolor.
De pronto, una de las enfermeras, se acercó a revisarla, y Johanna, no pudo evitar demostrar su molestia.
Ninguna de las dos dijo nada, hasta que la mujer se fue.
-No pudieron conmigo, Rose…-comenzó a decirme en voz baja.- Soporté cada una de sus torturas… Y aunque fueron muchas, no lograron destruirme… Aquí, me tienes.
-Lo sé…-le alenté.- Sé que lo hiciste, pero ya no pienses en eso… Ahora, sólo debes intentar recuperarte…
-¿Y quedarme de brazos cruzados?-inquirió sorprendida.- Yo también, deseo ser parte de la resistencia, como tú y los otros…
-Y lo serás…-le prometí.
Ella, asintió en silencio, sabía que no le mentía.
-Gracias…-respondió, mientras miraba por detrás de mí.- ¿Finnick?-inquirió.
Volteé tan pronto como pude, y noté que efectivamente, era él.
El desorientado chico, ingresó desesperado al centro médico.
-¡Finn!-le gritó Johanna.-¡Finnick!
Él, se sorprendió de verla, y no tardó en llegar hacía nosotras.
-Gracias a Dios, estás bien.-comenzó a decir, sin dejar de sonreír y dándole un breve abrazo.- ¿Annie? ¿Dónde está ella…? ¿Dónde…?
-Ella, está bien…-le calmé de inmediato.-Supe que aún sigue inconsciente… La tienen en otra habitación como a Scorpius…
Finnick, asintió brevemente, pero podía ver que estaba igual de preocupado que yo.
De pronto, y sin que lo esperara, Lucy apareció frente a mí.
Llevaba su uniforme de enfermera, y lucía agitada.
-¿Qué ha sucedido…?-traté de decir.
-Scorpius acaba de despertar…-sentenció.
Me quedé, relativamente, sin palabras.
-¿Recién?-pregunté después de largos segundos.
-No, hace ya varios minutos.… Espera…-me pidió la pelirroja, al ver que tenía intenciones de ir a la habitación en la que lo tenían.-Lo verás en unos momentos… Está algo confundido y desorientado, lo están examinando…
-Pero…-protesté.
-Puedes verlo tras la ventanilla, mientras acaban con él…-me sugirió.
Asentí, resignada.
Me sentía igual que Finnick.
-Bien, te seguiré.-respondí obedientemente.
No quería crear problemas, sólo deseaba verlo de una vez por todas.
Se acabó la espera, pensé mientras nos acercamos a la habitación.
Finalmente, llegamos, y lo vi.
Había un sanador con él.
Le estaba haciendo varias preguntas, podía oírlas, pero Scorpius, no parecía entenderlas, sólo se limitaba a responder con un sí, un no, o un no sé.
-Estoy confundido…-murmuró al fin.
Escuchar sus palabras, aliviaron mi desesperación.
-Estamos en el distrito trece…-le explicó el sanador.
-¿Distrito trece?-inquirió sin entender.
-Tu distrito… el distrito doce, fue destruido…
-Distrito doce…-sentenció como si recordara algo.-Sé que fue destruido… Pero…
-¿Pero, qué…?
-No recuerdo con quiénes vivía ahí… Ni siquiera, sé cuál es mi nombre…-dijo llevándose una mano a la cabeza.
-Tu nombre es Scorpius Malfoy…-le dijo el hombre.-Tus padres, son Draco Malfoy y Astoria Malfoy… Participaste en los catorceavos juegos del hambre y en el vasallaje…
-Eso es imposible...-exclamó sorprendido.- Yo nunca he participado en esos juegos… Y no se de quienes me está hablando…
Hubo un minuto de silencio.
-¿Recuerdas a Rose Weasley?-inquirió finalmente, el sanador.
-¿Rose Weasley?-contestó sin entender absolutamente, nada.
Listo, eso fue todo.
Mi corazón se hizo pedazos, mientras sentía que todo por lo que había luchado, desaparecía.
Di dos pasos hacia atrás, y choqué contra alguien.
Alcé el rostro, y me encontré con Haytmich.
-No me recuerda.-dije entre lágrimas.-Él no me recuerda, Haytmich…
-No… Aún, es muy pronto para llegar a esa conclusión… Tranquilízate.-me sugirió, pero sólo lo dijo para calmarme.
Estaba mintiendo, lo sabía. Podía verlo en su cara.
Aguanté las demás lágrimas, pero no por mucho.
-… ¿Qué le han hecho?-pregunté sintiéndome miserable.- ¿Qué le hicieron?
-Te prometo, que lo averiguaremos, Rose, pero debes calmarte…-continuó diciéndome.
-No puedo…-le dije.-No lo haré… No lo haré, hasta que él me vea…
Pasaron, varios minutos más, en los que creía que el mundo entero se ponía en mi contra.
El destino, nunca estaba en mi favor, me dije.
Siempre había un obstáculo.
¿Acaso estaba condenada a ser infeliz?, pensé notando que ya eran demasiadas, las desdichas, que ocurrían en tan poco tiempo.
La puerta de la habitación, se abrió lentamente, llamando mi atención y dirigí la mirada hacia el sanador.
El hombre había estado media hora con Scorpius, y por la expresión en su rostro, podía sentir que no nos diría nada alentador.
-¿Qué ocurre con él…? ¿Cuál es el problema?-preguntó Haytmich por mí.
El sanador, enarcó una ceja. Parecía que no quería hablar con nosotros.
-Su situación, es difícil…-sentenció el hombre.-Pero, el muchacho no tiene memoria de nada, ni siquiera de sus padres o de su nombre… Sólo vagos recuerdos del distrito doce…
-¿Por qué…? ¿Por qué, no recuerda nada?-repetí.
-Aún, no lo sé…-me respondió nerviosamente.- No puedo confirmar nada, sin una segunda opinión… Llamaré a un par de colegas y la presidenta, debe saberlo, antes que...
-¿Qué es lo que sospecha?-volví a preguntar.
-Aún, no puedo decirlo. Debo llamar a…
Mi paciencia, se acabó en aquel momento, y me acerqué peligrosamente a él.
Era irónico, pues él era mucho más alto que yo, pero todos habían visto los juegos, y sabían de lo que era capaz.
-Rose…-soltó Haytmich, poniendo una mano en mi hombro.
-Le hice una pregunta, sanador… Ahora, responda.-le advertí.
El hombre, asintió brevemente. Quería evitarse problemas.
-Creo que le han hecho un encantamiento…-respondió, mientras nos veíamos interrumpidos por la presencia de otra persona.
Giré mi rostro, y me encontré con la enfermera Hanna, la esposa de Longbottom.
-¿Qué clase de encantamiento?-dijo la mujer.
-Enfermera Hanna…-exclamó el hombre.-Parece que lo han hechizado con un Obliviate…
¿Qué demonios…?, pensé.
-¿Obliviate?-pregunté sin entender.- ¿Qué es eso?
-Un hechizo poderoso, que se encarga de borrar la memoria...-sentenció la enfermera.
¿Todo esto era por culpa de la magia? ¿De un maldito encantamiento?
-Quiero verlo.-exigí.
-Es mejor que no.-sugirió el sanador.-… Podrías causarle aún más confusión.
La enfermera, me miró compasivamente.
-Opino lo contrario, sanador. Aún, no podemos confirmar que sea un obliviate, sino hacemos un último intento.-comentó.- Primero, Scorpius necesita ver un rostro familiar… Sólo, así, sacaremos conclusiones…
Todos parecieron estar de acuerdo, y al cabo de unos minutos, me dejaron entrar.
La enfermera, fue conmigo e ingresamos, en completo silencio a la habitación.
-Scorpius…-llamó la mujer suavemente, pero él no le hizo caso.
Estaba mirando el vacío.
Con un gesto, le hice entender a la enfermera, que yo podía hacerlo sola. No era necesario, que ella estuviera, ahí.
Lentamente, y sintiendo que mi respiración estallaría, me acerqué a él.
-Scorpius…-murmuré sutilmente.
No pretendía abrazarlo, sólo quería que sus profundos ojos grises me observaran y me reconocieran.
Sólo eso…
-Scorpius, soy yo…-le dije.- Soy Rose…
Finalmente, el rubio alzó su rostro hacía mí.
Sus ojos, me miraban fijamente, al igual que los míos a él.
Me dolía ver los terribles moretones que tenía en sus mejillas, pero más me dolía ver que no había ninguna señal de reconocimiento en su mirada.
-¿Rose Weasley?-inquirió.
Por un momento, creí que me reconocería, pero, me equivoqué.
-No, no sé quién eres.-sentenció finalmente.
-¿No me recuerdas…?-protesté sin perder las esperanzas.
-Nunca te he conocido…-repitió.
Pasaron, unos segundos, en los que ninguno de los dos dijo nada, y que parecieron una verdadera eternidad.
-Scorpius….-traté de decirle.- Tú, sí me conoces… Tú, sabes quién soy…
Estaba confundido.
-En el Capitolio…-comenzó a decir.-Decían que Rose Weasley… Decían que tú…-se corrigió.-…habías sido la culpable de todo… Que el distrito doce, había sido destruido por tu culpa…
-Eso es mentira.-exclamé en mi defensa.- Tú, sabes que eso es mentira…
-Yo jamás te he conocido. Nunca hemos hablado.-contestó sorprendido.-Esta es la primera vez que lo hacemos…
Nuevamente, me miró detenidamente. Tenía una mirada, bastante profunda, como si su mente estuviera batallando por lograr recordarme, si quiera un poco, pero bajó el rostro avergonzado.
-No tengo memoria de ti…-finalizó.
Eso fue suficiente.
Sin decirle, absolutamente nada más, me di media vuelta, y salí de ahí.
-Rose…-llamó Haytmich, pero no le hice caso.
Tenía que irme de ahí.
No podía seguir con esto.
Quería estar sola. Quería reflexionar, y pensar en cómo superaría esto.
Al menos, había cumplido con lo que me propuse desde un principio.
Traerlo de vuelta a casa.
Hola! Creo que todos sabían que esto iba a pasar, pero no se preocupen, Scorpius no estará desmemoriado por mucho tiempo, ni tampoco actuará como un psicópata, a diferencia de Peeta.
Esta es la parte que menos me gustó de sinsajo, así que como les dije, voy a cambiar varias cosas, empezando por eso! ;)
Bueno, espero que nadie se moleste, jejeje, me lo dicen en un review!
Saludos,
Rosalie!
