Primer capítulo del año, espero que lo disfruten!
Capítulo XVI:
Había pasado más de una semana, y solo me limitaba a salir para la cena o el almuerzo, luego, la mayor parte del tiempo, estaba a solas en mi habitación.
Ni Lily, ni Hugo, o Albus, lograron hacerme cambiar de parecer, y prefería no hablar del tema.
Dominique, había logrado mejorar, ligeramente, mi ánimo, cuando conocí a sus pequeños bebés, que resultaron ser gemelos. Un hermoso niño al que llamó Jacob, como su fallecido novio, y a una preciosa niña, que nombró Rose, en mi honor.
Luego de eso, las cosas siguieron igual de monótonas y los días parecían ser más largos que de costumbre.
-Sigues, aquí…-murmuró James, desde la entrada de mi habitación.
No tenía ánimos de soportar su sarcasmo.
Quería que se largara.
No habíamos conversado desde el rescate, pero podía adivinar sus pensamientos.
-Debes estar feliz…-sentencié mirando hacia otro lado.
Se quedó en silencio, mientras pensaba en su respuesta.
-¿Cómo puedes decir eso?-inquirió.
No dije nada.
-¿Crees qué me hace feliz verte así?-sentenció acercándose hasta mí.
-¿Entonces, qué haces aquí, James…?-pregunté alzando la cabeza.
-Sólo venía a verte…-me explicó.-Todos están preguntando por ti, sólo te vemos en las cenas… Lily, dijo que no piensas salir… Ni siquiera, mi madre sabe qué hacer…
Recordé, la charla que había tenido con tía Ginny. Ella, era muy comprensiva, pero como James lo había dicho, ni siquiera ella, había sabido que decirme en esta oportunidad.
-… Pierdes tu tiempo, si planeas convencerme de lo contrario…-le dije.
-No lo haré…-murmuró sentándose a mi lado.-Las noticias se esparcen demasiado rápido… Hoy, Lovegood, les dio una visita a los rescatados… Parecía, bastante satisfecha con la situación…
-Esa maldita loca…
James, sonrió de lado.
-¿Te han dicho por qué no recuerda nada?-preguntó más serio.
Miré, hacía abajo.
-Dicen que es por un hechizo…-murmuré.
-¿Qué clase de hechizo?
-No lo recuerdo muy bien… Dijeron algo sobre un Obliviate.-murmuré sin ganas de seguir hablando.
-Deberíamos preguntárselo a Lucy…
-¿Para qué…?-inquirí molesta.-Eso, no ayudara en nada…
-Tal vez, exista una forma de revertirlo…
-Ya lo habrían hecho…-contesté desesperada.
-No lo creo.-sentenció.-Puede que…
Pero, nada de lo que me dijera sería un consuelo suficiente para mí.
Nadie, en la familia, me convencería de lo contrario.
-Odio la magia…-espeté hastiada de todo.-Odio los malditos hechizos, los encantamientos... Es por ellos, que Scorpius está así… Es por ellos, que hay una guerra… Si todos fuéramos iguales, Voldemort jamás se habría hecho dueño de todo…
-Te equivocas, Rose…
-Sí. Acéptalo. Si no fuera por eso, todo sería diferente…
-La magia, está en nuestras venas… Ya has hecho uso de ella. No puedes negarla…
-Pues, yo no la quiero, James… Yo, no volveré a hacer magia… Si tienes mi varita, puedes quedártela, no la necesito… Toda mi vida, he sobrevivido sin ella, podré seguir haciéndolo el resto de mi vida…
-No aceptaré esa respuesta.-me dijo con firmeza.-Volverás a hacer magia, aunque no quieras… Tal vez, no aún, pero lo harás…
Le miré, fijamente, mi cabeza estaba hecha un lío, no podía seguir con eso o acabaría por volverme loca.
-Dejemos esta conversación para después…-le dije al notar lo cerca que estábamos.-Quiero estar sola…
Pero esa era una respuesta, que James, no pensaba aceptar.
Tan pronto como pudo, se puso de pie, y jaló de mi muñeca.
-¿Qué haces?
-Iremos al centro médico…-me exigió.
-No quiero verlo.-refuté.-No quiero ver a Scorpius…
-No vas a verlo… Iremos con Lucy o con alguna otra enfermera que te pueda explicar sobre el hechizo…
-No…-le interrumpí.- No quiero…
-Sólo inténtalo… Ya ha pasado una semana, no puedes seguir así.-me ordenó sin soltar mi mano.
Aunque, odiaba tener que aceptar eso, James tenía razón.
Si seguía encerrada, no ganaría nada, aquello sólo me llevaría a una depresión peor.
Asentí, en silencio.
Cuando, cruzamos por el comedor, recibí un par de miradas curiosas, y recibí otras más, cuando llegamos al centro médico.
-Ahí, estás otra vez…-sentenció Johanna a mis espaldas.
Estaba de pie, y mucho mejor a cómo la había visto días atrás.
-¿Has visto a Lucy…?-le pregunté.
-Oh, sí, tu prima, la otra pelirroja…-dijo sonriendo.-Hace unos minutos, estaba por aquí…
-Necesito hablar con ella…-le dije en voz baja, y Johanna, comprendió a lo que me refería.
-Lo sé…-respondió.- Eh, Rose… Lo siento tanto… No creí que esos bastardos le harían algo así a Scorpius… Él, y yo estuvimos en celdas contiguas… y hasta el último día, estuvo bien… Recordaba todo, te recordaba perfectamente, y nunca dejó de hablar sobre ti…
Mis ojos, se empañaron una vez más.
-Todo estará bien…-me dijo.- Sé que encontrarán una forma de devolverle la memoria… Lo sé.
Nos dimos un breve abrazo, y al cabo de unos segundos, James, apareció tras de mí.
De inmediato, le presenté a Johanna y luego de eso, encontramos a Lucy.
La pelirroja, estaba muy ocupada, pero encontró tiempo para nosotros.
No se sorprendió, cuando le dije porque estábamos ahí.
-Vamos con la enfermera Hannah.-sugirió.-Ella, sabe mucho más sobre el encantamiento que yo.
Le hicimos caso, y la seguimos, hasta que llegamos a lo que parecía ser una pequeña oficina oculta, al final del corredor del hospital.
-Enfermera Hannah, Rose, y mi primo James, están aquí… Desean hablar con usted, es importante.-anunció.
-Pueden pasar.-respondió la mujer dejando el papeleo de lado.
Rápidamente, ingresamos, y sin darle vueltas al asunto, le pregunté sobre el maldito Obliviate.
Ella, tampoco estaba sorprendida.
-Se usa para borrar parcial o totalmente, la memoria de una persona…-me explicó otra vez.-Se pueden conservar un par de recuerdos, pero en el caso de Scorpius, el encantamiento fue total… Ni siquiera, recuerda a sus padres, ni su nombre…
-¿Los señores Malfoy vieron a su hijo?-le interrumpí.
-Sí, y el resultado fue el mismo que el tuyo… No los recuerda.-contestó.-Astoria, se puso bastante mal…
Me lo imaginaba, si para mí, había sido terrible, para su madre, debió haber sido mucho peor.
-Existe alguna forma de revertirlo…-comenzó a decir James.
-Por ahora, podríamos intentar con el encantamiento creador de falsos recuerdos…-sugirió.
Una interrogante, se formó en mi rostro.
Pero, el nombre lo decía todo.
-¿Crearle falsos recuerdos para hacerle creer que nos conoce?-le pregunté, entendiendo lo que eso significaba.-De ningún modo… Yo quiero, que él me recuerde de verdad, no porque le implanten una memoria falsa…
-Rose, es lo único que podríamos hacer…
Me quedé en silencio.
-¿En verdad, no existe otra forma? ¿Algún otro hechizo?-insistí.
La enfermera, me miró de reojo, y como si no quisiera, que nadie la escuchara, se puso de pie, y salió de oficina, asegurándose de que no hubiera alguien tras la puerta.
James, y yo, intercambiamos miradas.
De inmediato, la mujer, volvió a su sitio, y sacó un viejo libro de sus cajones.
-Sí, hay otra forma… Y no es un encantamiento, es una poción.-nos dijo enseñándonos el libro.-Una poción de la memoria….
-¿Y por qué no la han utilizado…?-protesté.
-Baja la voz, Rose.-me pidió.-Se me prohibió hablarte sobre esto.
-¿Quién? ¿Lovegood?
No fue necesario que me respondiera.
Claro, que era ella.
-¿Por qué…?
-No lo sé…-me respondió.-Además, no quiero que te hagas ilusiones… Así quisiera preparar la poción, no podría. Nos hace falta el ingrediente más esencial e importante de todos…
-¿Cuál?
-Necesitaría las plumas de un Jobberknoll, una criatura mágica en forma de ave, sólo dos de sus plumas azules, y la poción estaría lista. Sólo eso, y Scorpius recuperaría sus memorias de inmediato.
La esperanza se fue tan rápido como llegó.
-Demonios…-mascullé llevando una mano a mi frente y sabiendo que jamás encontraríamos una de esas aves.
-Quisiera poder ayudarte, Rose, pero todas las criaturas mágicas fueron erradicadas cuando ocurrió la gran epidemia, hace diez años atrás… Antes, de eso, teníamos muchas de esas aves, y también otros animales…
Epidemia, pensé. Claro, que sabía sobre esa gran epidemia en la que habían muerto los hijos de Lovegood. Hagrid, nos lo había contado.
De pronto, aquél nombre, resonó como un eco en mi cabeza.
Era él, a quien debía acudir. Él, sabía todo sobre las criaturas mágicas.
Tal vez, y aunque, sólo era una remota alternativa, él podía haber conservado alguna de esas aves.
Internamente, comencé a rogar porque así fuera, y porque su alejada cabaña no se hubiera visto afectada por los bombardeos.
Esa era mi única esperanza. La última.
-Gracias, enfermera Longbottom.-dije poniéndome de pie.
Ella, se vio sorprendida por mi repentina actitud.
-Sí, claro… Vuelve cuando quieras. Y por favor, no le comentes a nadie sobre lo que te dije.
-No se preocupe. Esto jamás ocurrió.-respondió James, por mí.
Salimos, en silencio, y nos alejamos hasta una zona apartada del distrito trece.
-Sé lo que estás pensando.-susurró mi primo en voz baja.-Pero, es imposible, lo sabes. Nos han quitado las horas que teníamos para cazar, y no dejan salir a nadie…
James, tenía razón, luego del bombardeo, nuestras horas libres por las tardes, se habían acabado y con la alerta de otro posible ataque, era imposible salir.
-¿Piensan huir del distrito trece?-preguntó una irónica voz a nuestras espaldas.
Me sobresalté, y encontré a Haymitch, mirándonos desde una esquina.
-Es bueno verte otra vez, Rose…-dijo acercándose, pero al ver que ninguno de los dos decía algo, continuó hablando.-Vamos, no se queden ahí… ¿Ahora, qué ha pasado?
Inevitablemente, no pudimos guardar el secreto, ni tampoco quería hacerlo. Haymitch, era un aliado, y siempre había estado cuidando de mí, así que no dudé en comentárselo todo.
-No podrás salir.-fueron sus primeras palabras.-Y Lovegood, está buscando que cometas solo un error para castigarte…
-Lo sé, sé que todo está doblemente vigilado, pero tal vez podríamos hacer algún trato con uno de los vigilantes, con los que custodian las entradas…-sugerí.
-Los vigilantes, le son muy fieles a Lovegood, Rose…-me respondió.
-Debe haber una forma de conseguirlo…-insistí.-De la misma forma en que tu consigues tus bebidas, puedes convencerlos de que nos den un tiempo libre…
Haymitch, frunció el ceño. No era un secreto que él sobornaba a los vigilantes, para conseguir sus botellas de alcohol.
-Lo intentaré…-respondió finalmente.- Pero, tendrás que esperar unos días… Aún, siguen en alerta por el bombardeo, y será extremadamente difícil, convencerlos…
Asentí.
Esperaría el tiempo que fuera necesario.
