Capítulo 3: Injusticias y deudas que pagar
Tenía que correr a toda velocidad, maldecía haber demorado tanto en desayunar, o mejor dicho, que su primo le hubiera obligado a terminar esa cantidad impresionante de comida, últimamente se preocupaba demasiado por su alimentación. Sentía que el estómago le rebotaba con cada paso apresurado, si no se apuraba iba a llegar tarde a la universidad y para colmo, también tenía que preocuparse de que sus gafas y su jockey no se cayeran en el camino, ya que si eso llegaba a suceder, estaba más que definido que llegaría tarde a clases, estando en un lugar público un descuido como ese, siempre daba como resultado una manada de fans a su alrededor, como odiaba que pasase eso.
Miró al cielo taciturno y despejado, un hermoso color azul se reflejaba en sus ojos cubiertos por los lentes, ese azul tan acogedor, tan tranquilo, tan vivo, le hacía recordar algo, ¿pero qué?
...
Colocó la pequeña mochila en su regazo, después miró al nervioso Naruto.
-Tienes que pensar que es muy probable que en un futuro cercano, o no, encuentres a esa mujer o lo que represente en verdad-
Se le movió el suelo, cuando Ino le dio la respuesta, un escalofrió le recorrió de pies a cabeza, estancándose en la boca de su estómago, sus pupilas se dilataron. ¿Qué era lo que le acababan de decir?...no… definitivamente tenía que ser un error, no quería vivir tal grado de desesperación sin tener consuelo, saber que no era de verdad, que solo fue una jugarreta de su cabeza, no quería, no lo soportaría.
- Q… ¿qué?-
- ¡NO!, no tienes que preocuparte tanto- trató de arreglar la rubia negando con sus manos, Sakura y Sasuke estaban igualmente impresionados. Ellos conocían mejor al rubio que Ino, imaginar que verían a Naruto en tal estado como el anterior era algo difícil.
Sakura, después del inconsciente error que cometió Ino, le dio un disimulado codazo, la rubia por suerte captó de inmediato la idea.
- No soy adivina Naruto, me gustan estas cosas, pero, los sueños son impredecibles, podría ser desde un mensaje de tu subconsciente hasta algo que te haya caído mal la noche anterior...pensándolo bien conociéndote eso es muy probable- Sakura le dió otro codazo mal disimulado y Naruto enarcó una ceja.
Todas estas explicaciones lo habían dejado más desconcertado que antes, es que finalmente ¿no iba a obtener ninguna respuesta exacta?, ¿qué es lo que estaba pasando en su mente?, ¿qué es lo que le iba a pasar?, ¿qué era todo esto?, ¿¡por qué rayos tuvo que ser tan real?!... ¿quién era esa mujer?...
Se paró bruscamente de su asiento hablando entrecortadamente.
- P…pero y la máscara, la cascada, el…el bosque, que se supone que crea, ¡¿qué quieren que piense?!
-¡No lo sé!, y te repito el único que puede saber que significan los detalles eres tú mismo, yo ya te dije lo que puedo decir, con lo que me has dado.-
Levantó la voz, sabía que el rubio no la estaba pasando bien, lo podía ver en sus gestos, estaba alterado, confundido, sus ojos habían perdido su singular brillo, se estaba saliendo de su carriles, y debía encaminarlo, no quería decirle lo que pensaba, por que estaba segura de que al pobre le daría un ataque, y con lo que había dicho bastaba.
Se inclinó sobre la mesa, lo tomó de los hombros y le obligó a sentarse.
-Escúchame, este tipo de juegos solo son el reflejo de lo que pasa en tu cabeza, de las cosas que te pasaron, como la chica de la cascada, que debe tener algún simbolismo para ti. Tienes que relacionar lo que te ocurra de aquí en adelante con lo que viviste en ese sueño, si nada llega encajar entonces no tendrás de que preocuparte. No te desvivas por ello ¿vale? -
Dudó por un segundo, esperaba algo más asertivo. Asintió levemente, solo en señal de resignación.
- Esta bien...supongo lo dejaré fluir- Ino sonrió, su "paciente" al fin había entendido y se había calmado un poco, estaba agarrando práctica con este tipo de conversaciones.
Sasuke estaba más que atento a la conversación entre los dos rubios, para que mencionar a Sakura que tenía planeado una inevitable interrogatoria para hacerle olvidar a su amigo su cansancio y malestar, una sonrisa maliciosa apareció en su rostro.
En la mente de Naruto solo rondaba una frase, que le seguía atormentando "No puedo darle… la mano a alguien que no deja ver su rostro" Apretó la mandíbula haciendo crujir sus dientes.
Se estaba estresando más de lo normal, por más que tratara de encontrar una respuesta en lo más recóndito de su cabeza no lo podía relacionar con nada, como saberlo.
-Hey,… Naruto-
Aterrizó de nuevo en la Tierra cuando escuchó su nombre, de inmediato un escalofrío le recorrió toda la espalda al ver la cara maniática de sus amigos, una sonrisa altanera se posaba en los labios del pelinegro, mientras las dos mujeres reían por lo bajo, sin duda no tenían nada bueno en mente.
- Q… que pasa Sa… Sakura-chan-
Apoyó la espalda fuertemente en el respaldo y preparó sus piernas para salir corriendo de allí en cualquier momento si se precisaba.
- Sakura-frontuda me acaba de plantear algo, que no habíamos considerado, cuando estabas metido en tu mundo… y podría influir- Continuó Ino abriendo su mochila.
- ¿Qué es?- preguntó nervioso y a la vez emocionado - ¿No habías dicho en el campamento de verano, que la chica de la cascada estaba desnuda?¿Mmm?-
Ino tenía una sonrisa pícara en su rostro, a la par de Sakura y Sasuke, a diferencia que este último, se mantenía cómodo en su asiento con los brazos cruzados y los ojos cerrados.
Ya estaba captando para dónde iba el asunto, a medida que pasaban los segundos sus mejillas se iban tiñendo de un rojo cada vez más notorio.
-¿Qué tiene… que ver eso?-
Preguntó tratando de fingir ingenuidad antes las provocaciones de la rubia.
-Dime ¿qué tan pronunciadas eran las medidas de la chica de las gafas negras, o mejor dicho que tanto placer te provocó ver esa mujer tan atractiva, eh?-
Se paró nuevamente de su asiento, con la cara como un tomate, una venita latía en su frente, haciendo resaltar su expresión de enojo y fastidio, además apuntaba con su dedo índice a sus amigos.
- ¡No es lo que estas insinuando, si hubiera tenido uno de esos sueños no les hubiera dicho nada!-
Para mayor humillación de Naruto, las chicas empezaron a contener las risas.
- ¡¿Y ustedes de qué rayos se ríen?!-
- Dobe te está sangrando la nariz- Comentó Sasuke con una mezcla de satisfacción y soberbia en la cara, ante esto las locas dieron rienda suelta a sus carcajadas. Disimuladamente sacó un pañuelo de su bolsillo y dio la espalda para limpiarse y no mostrar su sonrojo aún más intenso.
Entre gemidos Ino siguió perturbando al rubio, escribiendo frases en su cuaderno y dictándolas en voz alta.
- Corrijo las notas anteriores, Uzumaqui Naruto sólo experimentó un reclamo subconsciente por la falta de sexo en su vida- y estalló en risas. Hasta Sasuke no pudo evitar soltar una pequeña risotada.
Naruto suspiró profundamente, si a eso le llamaban amigos esperaba en el futuro no tener enemigos. Se sentó nuevamente, aún un poco colorado apoyando su cabeza en la palma de su mano, aguantando incluso él mismo una torcida sonrisa para no confirmar las bromas del resto.
- Esta bien Naruto, solo tienes que recordar que esto es solo un sueño, no tienes que preocuparte tanto, sigue con tu vida tal cual como las has seguido hasta ahora, nada puede ser tan terrible- Aseguró Sakura después de que las risas se apaciguaron.
-Sakura-frontuda tiene razón Naruto-baka, ni yo misma lo hubiera dicho mejor- Continuó Ino.
Naruto pareció meditarlo un momento, aún no aceptaba del todo tal situación, pero finalmente terminó convencido. -Sí… supongo que tienen razón- Miró el reloj de pared del local, faltaba un poco para las 8 de la mañana, y un poco más para que el empezara su entrenamiento matutino.
-Bueno será mejor que me vaya, no quiero estar atrofiado para el gran día-Decía mientras se paraba y tomaba sus cosas, dirigiéndose hacia la puerta del local, con una sonrisa de complicidad en la cara.
- Bueno espero que mi presencia te haya servido de algo- dijo Ino, poniéndose su mochila en el hombro
- Sí, muchas gracias por tu ayuda ahora, estoy mucho más tranquilo, ¡bueno nos vemos mañana en tu casa Sasuke!- Se dieron la acostumbrada despedida quedando en la mesa sólo 3 integrantes. Permanecieron sentados y en silencio, como si con la ida de Naruto se hubieran acabado los temas.
- No le dijiste, lo que pensabas en realidad ¿verdad?- Dijo Sakura, con un gesto preocupado a Ino, una vez que Naruto estuvo lejos, para escuchar.
Sasuke, estaba atento a la conversación de las dos, sin duda Sakura conocía de pies a cabeza a Ino, no se imaginó nunca que la antigua charla en respuesta al sueño de Naruto fuera arreglada, ella había sabido disimular muy bien.
-No, si le hubiera dicho la verdad, su raza se extingue-dijo robándole el último sorbo de su taza de té a Sakura, cosa que no dejó muy contenta a la chica.
- ¿Es tan grave?- Preguntó Sasuke.
Ino una vez más cerró los ojos y se colocó en su posición pensativa.
- Ya lo dije, en los sueños nada se puede saber con exactitud, solo él puede estar seguro… pero sí tengo una teoría Sasuke-kun- Ino sonrió de lado y susurró -Conocerá un amor puro-
- Ah?, espera qué dijis…- Sasuke no pudo completar la pregunta, el celular de Ino empezó a sonar, arrancándole la sonrisa de los labios y su actitud misteriosa.
- ¿Sí?... bien ya voy, nos vemos allá-
-¿Era Sai?- dijo Sakura, cuando la rubia colgó la llamada de su actual pareja y metió el celular en su bolsillo. - Sí, dice que Tsunade-sama nos está esperando-. Respondió parándose del asiento junto con la pelirrosa- Bien, vamos… Adiós Sasuke-kun-
- Sayo Sakura- Correspondió, levantando la mano meciéndola suavemente, junto con la cálida sonrisa de su novia.
El silencio se hizo presente en la mesa, solo hasta que salieron del local, el solitario pelinegro, reaccionó y se dio cuenta de que él era el único en la mesa, una gotita resbaló por su frente, una vez más le habían engañado.
"¡OTRA VEZ VOY A TENER QUE PAGAR LA CUENTA!"
...
Por suerte había conseguido llegar a tiempo a la universidad, Kurenai-sensei era la profesora que hacía clases ese día, por eso no tuvo muchos inconvenientes al entrar.
Kurenai, era algo así como una tía para Hinata, una de las personas que mejor la conocía, le había dado todo el apoyo necesario para salir adelante con su carrera, ella había sido la que había impulsado a la peliazul a la fama, exponiendo sus cuadros, claro que con su debido consentimiento, que no era fácil de obtener.
Pero últimamente se hacía cada vez más difícil para su sensei acceder a la mente de Hinata, sabía que sufría de una horrible depresión y a veces temía que esta le llevara a hacer algo impropio con su vida. Kiba y Shino le confirmaban sus presentimientos, la autoestima de su alumna parecía estar por el suelo.
Las clases habían terminado a eso de las 4 de la tarde una jornada aún más larga para ella, ya que tenía que quedarse a limpiar el salón de arte, requisito que debía cumplir para poder obtener el pase libre y ocupar cuando quisiese dicho salón. Ese día limpiaba más arduamente que de costumbre.
Cuando llegó en la mañana, se le había anunciado por medio de un correo electrónico de la facultad que debía resolver a la brevedad sus deudas pendientes con la institución, de no ser así y muy contrario a los deseos de todos empezaría a figurar como morosa, no para la Universidad de Konoha, si no para el banco encargado de mediar sus deudas, lo cual le crearía varios inconvenientes a futuro. Siendo la suya una situación especial, sin la posibilidad de acceder a becas y negando recibir beneficios debido a su reciente reconocimiento, había optado por aquella alternativa, pero en ese preciso instante estaba segura de que iba a ganar sus primeras canas.
No era su culpa, su jefe era un maldito desgraciado, por él hace más de dos meses que estaba buscando un segundo trabajo que se ajustara a su horario y poder suplir con ello los meses que llevaba sin pagarle, pero su necesidad de escapar como fuese de la cesantía para mantenerse y la ausencia de un contrato que la protegiese le hacía cada vez más difícil llevar la situación.
Siempre la amenazaba con despedirla con tal de que trabajara unas horas extra, el dinero nunca llegaba ni en el momento ni en la cantidad adecuada, apenas alcanzaba a pagar el arriendo y eso era preocupante para su condición económica, por lo que apenas podía tenía tiempo de encontrar un trabajo decente.
-Hinata, ¿te sientes bien?- Preguntó inocente su maestra al verla tan distraída. Se quedaba a acompañarla después de la clase para que no se sintiera sola, y aprovechar de conversar un poco con ella. En ese año ella había notado que la Hyuga estaba incluso más retraída de lo normal.
Desvió la vista de los pinceles que limpiaba, para dirigirle la palabra a su sensei, regalándole una fingida sonrisa.- Si estoy bien, ¿por qué lo pregunta sensei?-
-Últimamente has estado bastante pensativa, Hinata, en esta clase me dio la sensación de que estabas en cualquier otro lugar menos en el salón.- Le dijo con tono preocupado, acercándose para mantener a flote el tema.
-¿Usted cree?, deber ser que estoy cansada por la semana, nada grave-.
No hubo otra palabra, Hinata terminó con los pinceles y se dirigió a limpiar las mesas del salón.
- Te mandaron el aviso para los pagos, ¿cierto?- Se estremeció un poco dejando de limpiar, se encontraba de espaldas a Kurenai, sin duda esa mujer le leía el pensamiento o practicaba alguna otra magia, suspiró y siguió limpiando. -Sí, me llegó esta mañana- Kurenai asintió para sí misma, dándose la razón en silencio.
Después de otra pausa, en que la mujer de ojos rojos meditó angustiada la situación de su alumna predilecta, salió de su posición y sacó un paño de los que estaban al lado de la ojiperla. Al darse cuenta ella de lo que había hecho su profesora, paró de limpiar y contempló estática como empezaba a refregar las mesas que aún faltaban.
-Si quieres te puedo prestar dinero- le dijo mirándola a los ojos, de forma penetrante. No fue capaz de sostenerle la mirada, de alguna forma sabía que si establecía contacto visual con ella se metería tan profundo dentro de sus pensamientos que acabaría por convencerla -No, ya me las arreglaré, además usted sabe que hice una promesa, debo ser totalmente independiente en estos asuntos, o si no todo se arruinará, me tienen vigilada -. Terminaron con las mesas y siguieron acomodando las sillas -Perdona que te lo diga, pero con el jefe que tienes dudo que puedas sobrepasar este obstáculo.- Negó con la cabeza, sonriendo cálidamente tratando de tranquilizar a Kurenai.- No te preocupes tanto, puedo resolver esto sola, lo sé-.
-Entonces déjame hacerte un favor, yo me encargo de dejar el salón reluciente como un espejo-
Las dos pararon de trabajar, Hinata se quedó clavada al suelo cuando escuchó la propuesta de su maestra - pero Kurenai-sensei, usted está…-
- Yo nunca dije que yo lo haría ¡¿Estás loca?! con este embarazo no planeo hacer esfuerzo- sonrió de forma burlona.
Parpadeó un par de veces sin entender a que se refería su maestra, pero lo captó pronto, soltando una breve risita.
- Gracias Kurenai-sensei, nos vemos- Se despidió con un delicado abrazo.
"Nos veremos mañana Hina no creo que desaproveches la oportunidad con él" pensó Kurenai, viendo a su alumna salir por la puerta del salón, con el bolso al hombro.
"Asuma-sensei tendrá mucho trabajo por culpa de su futuro hijo, no me gusta la idea de hacerlo trabajar, pero Kurenai-sensei, estaba muy decidida, nunca puedo hacer nada para contradecirla, es muy testaruda".
Sus pasos resonaban en el pasillo por el cual caminaba, no sería extraño decir que era la única alumna de la facultad que estaba en el edificio a esa hora de la tarde, más o menos las 6 y media, solo le quedaban dos obstáculos para terminar ese día, que le había parecido eterno. Uno era el trabajo y el otro sería enfrentar a su jefe para pedirle la parte del dinero que se merecía, no sabía como terminaría esto último, pero lo único que pensaba era que no quería abandonar su mayor pasión, no quería dejar en blanco sus lienzos.
...
Ya estaba atardeciendo y se acercaba la hora en que podría salir del trabajo, con una gustosa cena en el estómago, como ansiaba aquel momento.
Trabajar en Ichiraku, era una bendición para el rubio, la paga era buena, el quehacer no era agotador, y al final del día el "viejo" siempre le tenía preparado un tazón de ramen de la mejor calidad.
- ¡Hey, Naruto yo también pienso que el atardecer es muy bonito, pero tu turno aún no ha acabado-
- ¡Si viejo!-
Afirmó volviéndose a las mesas para seguir limpiándolas.
El restaurante del viejo Teuchi no era un lujo de cinco estrellas, pero más le valía reconocer a Naruto que no era una pocilga y la comida era deliciosa.
Sin embargo, aunque estuviera en su lugar favorito de todo Konoha, no podía olvidarse de una frase. Por más que intentara de convencerse así mismo con la respuesta que le había dado Ino en la mañana, no podía sacársela de la cabeza. No podía evitarlo aún se sentía afligido y sin fuerzas, su entrenamiento matutino le había parecido más duro que de costumbre. Su pasión no le había servido de mucho.
Desvió su vista nuevamente a la ventana, los segundos ese día le parecían horas, no tenía ni idea, pero tenía un presentimiento raro en el pecho, algo le decía que tenía que salir en ese mismo instante a la calle.
-...Hi...- murmuró por lo bajo, centrando su mirada azulada en el cielo "creo que ese era el kanji de su nombre".
...
Se miró en el espejo una vez más, asegurándose de que su cabello estaba bien recogido dentro del jockey y que los lentes estaban bien puestos, por suerte cuando aceptó el trabajo, la habían dejado usar sus lentes, con la excusa de que sus ojos eran sensibles a la luz.
Ni siquiera en su trabajo podía permitirse ser ella misma, sabía que siendo ella una Hyuga tan reconocida, no podría trabajar en paz con el flujo de personas que asistían allí.
Salió del baño público que estaba al lado de su trabajo con su uniforme puesto, lista para enfrentarse al agobiante de Takeshi-sama.
Respiró profundo y entró en el lugar, estaba llegando justo a la hora en que empezaba su turno.
Un suave susurro se escuchó a su espalda, tan suave como una brisa, le había parecido muy cálido y reconfortante e incluso por un momento se olvidó que debía dirigirse a su puesto, se dio vuelta, hubiera jurado que alguien había dicho su nombre, pero no, al parecer las horas extras le estaban afectando, lo único que veía era el colorido atardecer despejado.
Sonrió de verdad por primera vez en mucho tiempo, como le hubiera gustado en ese momento tener un pincel en su mano izquierda.
-¡Tú muévete de una vez te necesito en mi oficina ahora!-
Su ilusión acabó en un dos por tres, al escuchar esa voz chillona llamándole. A veces deseaba con toda el alma darle una paliza a esa enana pelota escandalosa y arrogante. Se inclinó dando una reverencia mandando lejos sus pensamientos.- ¡Hai, Takeshi-sama!
Vio como el anciano le miraba de arriba abajo, sintió un ligero calor en sus mejillas, que obviamente no era de vergüenza si no de rabia. –Deja las formalidades para después y sígueme-
Hinata caminó detrás de él hacia su despacho, la chica pensaba que por fin el viejo se dignaría a pagarle lo que le debía, pero la noticia que le daría sería lo más deprimente para terminar su día.
Una vez su jefe estuvo sentado en el sillón que estaba detrás de su escritorio, le señaló con la mano una pequeña silla enfrente, ella sin dudarlo se sentó algo incómoda, ya que el olor de la habitación era insoportable, una mezcla de tabaco barato y sudor y polvo, parecía como si nunca se hubiera levantado un trapo limpio.
Se hizo un silencio profundo, el viejo, se había puesto a chequear unos papeles que estaban en el escritorio, ignorando su presencia.
Parecía la oportunidad perfecta para la nerviosa Hinata, tragó saliva y después de unos segundos se atrevió a abrir la boca.
- Dis…disculpe…Takeshi-sama…yo-
- ¡Calla! No seas ingrata, no te he dado permiso para hablar- Dictaminó arrastrando las palabras, haciendo que la chica se encogiera un poco en su posición- Gomenasai Takeshi-sama- El anciano dio un sonoro bufido, y ordenó los papeles que antes estaba revisando para dejarlos a un costado. - Ya he tenido suficientes problemas por tu culpa. Te he dado el honor de entrar en mi oficina solo por una razón y más te vale que no reclames.-
"¿El honor? ¡Pero si todos los empleados piensan que esto es un infierno!" Pensó la peliazul
El viejo se inclinó por encima de la mesa apoyando sus manos en el escritorio, de manera que su nauseabundo rostro grasiento quedó a escasos centímetros del de Hinata, una sonrisa soberbia y demasiado amplia se dibujó en su torcida boca – Hemos decidido recortar los gastos y por ello estamos realizando reducciones en el personal, por ello ya no eres necesaria aquí. Estás despedida-
Sintió como su corazón paraba de latir y el mundo se congelaba a su alrededor, sus piernas se derretían y sus pulmones se contraían, su mente lo único que le decía era que le diera su merecido a ese hombre de una vez por todas, pero su cuerpo no reaccionaba y tampoco quería rebajarse a tal nivel.- Q… ¿Qué ha dicho?-.
Sus ojos se humedecían mientras el cruel ex jefe mantenía su sonrisa altanera, disfrutando verla sufrir y volvía a sentarse en su maltratado sillón.- Como lo has escuchado, lárgate ya.-
-P…, pero us…usted… ¡usted no puede hacerlo!- dijo parándose alterada del asiento, con la voz temblando.- ¡Claro que puedo mocosa!- gritó nuevamente haciendo temblar a la afligida Hinata, que aunque estaba molesta y desesperada no perdió los estribos- ¿Y qué va a pasar con el dinero de este mes? ¿Y todas las horas extras que trabajé obligada?-
- ¡Eso es tu problema! Desde un inicio nunca estuve obligado a contribuir contigo, que te sirva de lección para no ofrecerte a trabajo sin contrato- dijo eufóricamente.
Extrañamente las facciones del viejo cambiaron repentinamente a una expresión maliciosa, que a Hinata le produjo escalofríos.
-Pero hay algo en que me podrías ayudar, donde sin duda te pagaría una buena suma-
- ¡¿De verdad?! ¿Y qué es?- dijo esperanzada…
Apoyó su cabeza poniendo sus manos bajo su inexistente mentón, su asquerosa sonrisa se hizo aún más amplia.- Eres una mujer agraciada Hinata, no soy un hombre ciego…nos podríamos divertir mucho en mis días libres, ¿no lo crees? Tú solo tienes que decirme el precio y…
Dejó de escucharle cuando entendió completamente el sentido de la primera oración, agachó la cabeza, y apretó fuertemente los puños.
Sin duda esto sobrepasaba mucho más el límite de lo que podía aguantar.
Podía soportar sus gritos, sus amenazas, su presencia, pero no podría dejar pasar tal ofensa contra su persona, ni a ninguna otra mujer. Quería soportar, pero le era imposible. Sabía que en ese cuarto, había una cámara de vigilancia con micrófono incluido, se lo había dejado claro cuando aceptó el trabajo ¡La tenía al frente suyo en ese momento!
¿Cómo tenía el atrevimiento de hablar tan descaradamente?, ¿tan sumisa se veía? ¿Tan lejos quería ir? ¿De verdad aparentaba estar así de desesperada? ¿Tan manejable? ¿Tan vulnerable?
Agachó más la cabeza, para evitar estallar, cosa que no se pudo cumplir, su furia explotó como un volcán- Hey, niña mírame a la cara cuando te hablo-
-¡ESTOY HARTA!- dijo golpeando la mesa, alzando la voz haciendo que el anciano se sobresaltara un poco, no se imaginó que la joven reaccionaría de tal manera.
-¡Traté de pensar todo este tiempo que debajo de esa personalidad tan fría e injusta, había una persona que se merecía respeto al igual que todos los demás, pero ahora dudo mucho si desde un principio no debí lanzarle una patada a esa inmunda cara!- Al decir lo último, volvió a golpear la mesa con el puño, pero más fuerte que la vez anterior, el hombre con cada palabra iba retorciéndose cada vez más, dentro de su sillón, lo que provocó que la ira de Hinata creciera más todavía dejándose llevar por sus sentimientos reprimidos, dejando fluir todo su rencor.
Se sacó rápidamente los lentes y el jockey dejando al descubierto su identidad, impresionando al viejo- ¡Usted no tiene respeto por ninguna persona que trabaje aquí!, ¡me ha dicho todas esas barbaridades sin ni siquiera desconectar la cámara! ¡A cometido un grave error!, ¡no dudo que usted sepa que gran parte del personal no le tiene cariño, ni afecto!¡Fácilmente podría conseguir la grabación de esta charla y denunciarlo por acoso y violación al código del trabajo!¡TENDRÍA SU MERECIDO!- Lo último lo dijo con un tono tan alto, que lo podrían haberlo escuchado incluso las personas que pasaban fuera del local en ese momento. Su respiración era agitada y mantenía el ceño fruncido, se había descargado bastante, pero aún tenía ganas de seguir gritando, pero algo se removió en lo profundo de su ser cuando escuchó la miedosa súplica del viejo.
-Espere por favor señorita Hyuga, no lo haga-
Paró en seco, es como si todas esas palabras las hubiera dicho otra persona, se percató de que se había sacado sus lentes y el jockey, los tomó de inmediato metiéndolos a su mochila ya de nada servía ponérselos otra vez, había sido descubierta.
Miró apenada a su antiguo jefe, prácticamente, el hombre se lanzaba a llorar en ese sillón, su aspecto era deplorable, y su horrible cara por más difícil que fuese creerlo le hizo recordar a ella misma de pequeña. Ese hombre tenía las mismas facciones que ella cuando su padre la regañaba sin sentido alguno…
Una niña pequeña de cabello corto y ojos perlas de no más 8 años sentada en el suelo de su habitación dibujaba un maravilloso retrato para su padre, se acercaba su cumpleaños y ella ya tenía en sus manos su primer retrato, el de su majestuoso oto-san.
-¡He terminado!- Expresó jubilosa contemplando a su padre en el papel -Espero que le guste- En su casa no se le permitía manejar dinero, ni mucho menos salir sola si no fuera con uno de los sirvientes de la casa, por esa razón no podía comprarle nada a su padre, pero recordaba perfectamente que su madre le había dicho una vez que el mejor regalo, era el que era hecho con amor y eso era lo mejor que ella podía hacer, se sentía feliz por poder regalarle algo a su padre que había hecho con sus propias manos, de seguro después de verlo cambiaría su opinión con respecto a ese hobby.
-¡HINATA!- La niña se estremeció al escuchar la fría y dura voz de su padre a su espalda.- ¡DAME ESO!- Gritó fuertemente arrebatándole de un tirón la hoja de sus manos, sin dejarle tiempo a la pequeña de esconder el regalo de su padre.-Oto-san, por favor…no…no te lo lleves-.
-Yo ya te había dicho que iba a suceder la próxima vez que te encontrara haciendo estas tonterías-.
Empezó a romper la hoja en mil pedazos, haciendo caso omiso a las súplicas y las cristalinas lágrimas de su hija- Espera, por favor oto-san no lo hagas…no lo hagas.-
Los diminutos trozos cayeron al suelo, junto con la mirada de la niña-No me queda otra opción, ¡no permitiré que esto vuelva a ocurrir! De verdad te has vuelto una inútil irreverente ¡Tendrás tu merecido!- decía eufórico el hombre acercándose asiendo con una fuerza innecesaria la pequeña mano derecha de Hinata dejando su palma extendida, ella aún lloraba por lo que acababa de ocurrir, y por lo que ocurriría en un momento… un severo castigo por su "mala conducta".
"Que estoy haciendo" se dijo a sí misma, aterrada por la forma en que se había comportado, no podía soportar la idea de que estaba actuando igual que su padre, sintió como la humedad de sus ojos se hacía más intensa y gruesas lágrimas escapaban de sus perlados ojos.
-Yo… yo… lo siento-
Fue lo único que dijo antes de salir de esa oficina tan rápido como pudieron sus piernas.
Cuando estuvo fuera de establecimiento, corrió a toda velocidad, su cabello azulado se mecía con brutalidad.
Estaba dolida, decepcionada y sobretodo asqueada de su actitud, una parte de sí muy en lo profundo se reía a carcajada abierta, burlándose con amargura y ella ya no tenía la fuerza para seguir aguantado aquella voz maléfica y burlona " Te vas hundir, no vas a poder seguir " . Quería alejarse de todo, era lo que más anhelaba, correr y llorar, dejar a flor de piel todas sus emociones, hasta no dar más.
En su imparable carrera tropezó con alguien que daba vuelta en una esquina, inevitablemente cayó al suelo. –Oye tú fíjate por donde…-
No completó la frase, al levantar la vista se dio cuenta con quien había tropezado y se levantó de un salto mientras lo gritaba a los cuatro vientos.- ¡pero si es Hyuga Hinata!-"No puede ser" pensó ella.
El sonido de una multitud se escuchó a lo lejos, la pobre chica ya conocía bien ese sonido, se paró bruscamente abriendo su mochila, pero ya era demasiado tarde.
-¡Es verdad allí está vamos!-
Trató de escapar por el lado contrario, pero pronto se vio envuelta por la multitud de hombres y mujeres, que gritaba alocadamente, aprisionándola, y empujándola, pidiendo a gritos su atención, pidiéndole ser alguien que no era, exigiéndole sonreír aunque no quisiera, robarle su propia esencia, acorralándola y enterrándole en lo más profundo sus miradas maravilladas y esperanzadas, anhelos que ella no podía cumplir. No pudo contenerse más, hoy no los dejaría meterse en su vida, en su horrorosa vida -¡YA BASTA!- las personas a su alrededor se quedaron quietos tal estatuas impresionados por su arrebato. Se sintió todavía más acorralada y decepcionada. Empujó con sus brazos fuertemente a las personas que estaban a su alrededor, se abrió una brecha por la que pudo agazaparse y salir de la multitud sin ser vista, se colocó su atuendo sacándolo de su mochila abierta, no quería toparse con otra manada de fans, lágrimas gruesas cayeron de sus ojos, ahora hinchados y sin ninguna pizca de vitalidad.
Siguió corriendo sin rumbo atravesando la multitud antes de que esta se diera cuenta de su ausencia, en ese caluroso día de verano, en que sin motivo el cielo antes despejado se empezaba a nublar ocultando el colorido atardecer.
...
En este capítulo se empieza a vislumbrar un poco por lo que está pasando Hinata…no me gusta para nada hacerla sufrir de esta manera…quizás si un poquito, pero lo compensaré luego haciendo sufrir a Naruto, no sé por qué, pero me da un placer sádico hacerlo sufrir a él, quizás sea por lo idiota que fue para demorar 15 años en darse cuenta de lo maravillosa que es Hinata 3 o algo contagiado por Sakura…quién sabe. En fin en el próximo capítulo si no me equivoco llega el encuentro de los protagonistas.
Hasta el prox cap!
