XXIII:
Suspiré profundo.
-Escucha, y concéntrate… No importa lo que haya a tu alrededor, sólo hazlo.-me aconsejó Longbottom.
-Es que no puedo hacerlo con uno de ellos…-comencé a decir, mientras le daba un vistazo a los demás.
-Si lo que quieres es aprender a usar las maldiciones, tendrás que practicarlo de esta manera…-me dijo.-No existe otra forma. Además, Tom, se ha ofrecido como voluntario… él, ya está preparado.
Asentí, en silencio. Sabía que esto sería difícil.
-Inténtalo, una vez más…-sugirió a mi lado, mientras el profesor y los demás alumnos, me observaban con atención.
Sería la primera que realizaría el hechizo, y todos estaban ansiosos por verlo.
-Lo siento…-le dije al chico voluntario, y este, sólo asintió en respuesta. Aspiré profundamente, y me concentré en mi objetivo.-¡Crucio!-exclamé.
Un rayo rojo escapó de mi varita y le dio directo a Tom, e inmediatamente, comenzó a retorcerse en el suelo haciendo gestos de dolor.
Me imaginaba, que así debían haber torturado a Scorpius.
-Es suficiente, Rose…-me murmuró Longbottom.
Bajé mi varita, y ayudé al chico.
-Los demás, continuarán mañana…-empezó a decir el profesor.-El entrenamiento, ha terminado. Pueden retirarse…
-Espero no haberte hecho sufrir mucho…-le dije a Tom.
-No te preocupes… Estamos entrenados para esto. Igual, tú.-me respondió mientras se iba.
El profesor se me acercó, y me miró con comprensión.
-Deberíamos capturar a un par de agentes…-sugerí con malicia.-Sería más fácil practicar con ellos…
-Lo has logrado, niña. Eso es lo que importa.-me dijo.-Sí, lo haces una vez, podrás hacerlo toda tu vida…
Asentí en silencio, y me retiré con Scorpius.
Llegamos hasta unos pasillos vacíos y nos quedamos ahí.
-¿Estás bien…?-le pregunté refiriéndome a los crucios.
-Perfectamente.-respondió sonriendo.-No temas por mí, Rose…
-Lo sé…-le dije.
-Además, pronto seré yo, quien aprenda esa maldición…-contestó.-Por más terrible que sea, debo aprenderla… Así es la magia.
Sonreí de lado, y preferí cambiar de tema.
-Iré con las chicas, deben estar preparando a Annie…
Él, no dijo nada. Parecía, pensativo.
-Nos vemos más tarde. ¿Sí?-le sugerí con intenciones de irme, pero él capturó una de mis manos y me impidió continuar.
-¿Qué?-le pregunté.
Clavó su mirada en mí.
-Rose, creo que nosotros también deberíamos habernos casado.-sentenció de pronto.
Oh, no, pensé recordando lo que le había prometido en el vasallaje.
-¿Una boda doble?-exclamé sonriendo.-… Creo que Finnick y Annie, merecen tener su propio momento… El nuestro, ya llegará.
-Sí, supongo…
-Te prometo que será pronto…-dije acercándome y besando su mejilla.-Muy pronto.
Él, asintió en silencio, y finalmente, nos separamos.
En verdad, no quería robarles la atención. Como le había dicho a Scorpius, ya llegaría nuestro momento.
Me llevé una mano a la cabeza, luego pensaría en eso.
Llegué a los compartimientos, y cuando abrí la puerta, me encontré con un verdadero alboroto.
Annie, estaba siendo maquillada por Roxanne, mientras Lucy, se encargaba del vestido, y las demás le ayudaban.
-¿De dónde sacaste el maquillaje?-le pregunté a mi prima.
-Effie.-respondió como si fuera obvio.
Por supuesto, que tenía que ser de ella.
-¿Ya acabaron de entrenar?-me preguntó Lily igual de emocionada que las otras.
-Sí. Ya terminamos.-le respondí comprendiendo su entusiasmo.
Hacía mucho que no estábamos en una boda, de hecho, sólo habíamos estado en una, y esa había sido la de Victorie y Teddy, cinco años atrás.
La ceremonia había sido muy sencilla, donde los únicos invitados, éramos la familia.
Aquel esperado día, un representante del alcalde, arribó a la Veta, y les casó en menos de diez minutos. Ambos, unieron sus manos, se besaron, comimos pastel en casa de tía Fleur, y se terminó.
No conocía ningún estilo de boda diferente. Era raro admitirlo, pero deseaba ver lo que tenían preparado para Annie y Finnick. Era un milagro, que Lovegood, les hubiera permitido celebrar una boda en plena época de guerra.
Miré a Lily. Aún llevaba su traje de enfermera, y parecía muy ocupada en lo que hacía.
Todas estaban haciendo algo, y comenzaba a sentirme algo fuera de lugar, todas haciendo algo, menos yo.
Me vi agobiada, al recordar los momentos en que me preparaban para las entrevistas en el Capitolio, y no demoré en salir del compartimiento para tomar aire.
No podía evitar que esos recuerdos se me vinieran a la mente. Siempre estarían ahí, sólo tenía que aprender a manejarlos.
-¿Tu tampoco lo soportas, no es así?-preguntó una conocida voz a mi costado.
Era Johanna.
La única chica, que podía comprender o saber cómo me sentía al respecto.
-No.-le contesté con sinceridad.-Se los dejo todo a ellas.
-Sí, a mí tampoco me gusta… Me hace recordar a los juegos.-contestó.-Pero, no pensemos en esas cosas… Es un día especial para esos dos.
-Lo es.-le contesté.
Continuamos conversando durante casi dos horas, y antes de que sean las seis, nos dirigirnos al enorme auditorio donde se celebraría la boda.
Habían escogido un lugar muy amplio, pues todo el distrito estaba invitado.
-Pensé que Finnick había dicho que sería algo sencillo.-susurró Johanna a mi lado.
-Yo también lo creí.-respondí observando la decoración.
-Al fin, llegaron.-exclamó Haytmich.
-¿Dónde están los demás?-le preguntó Johanna.
-No deben tardar.
Asentí en silencio.
Poco a poco, el auditorio se fue llenando, hasta que Lily, y la mayor parte de mi familia, llegó.
Dirigí mi vista hacía el altar, y Finnick, ya se encontraba ahí.
-Oh, Rose… Annie, ha quedado preciosa.-me dijo Lily emocionada.-Ya quiero que la veas….
No tuve que esperar mucho para que eso sucediera. Al cabo de unos minutos, la novia apareció ante todos, y se unió a Finnick.
Lily, no había mentido, cuando me dijo que lucía preciosa. En verdad, lo estaba.
Llevaba el cabello suelto, y le acompañaba un pequeño velo, que iba en conjunto con el vestido.
La ceremonia, no duró demasiado. Los novios, dijeron sus votos con brevedad, y al finalizar, se dieron un tierno beso, sellando su amor.
Todo el auditorio, estalló en aplausos, y los más sentimentales, como Effie, se secaron las lágrimas.
-¡Felicidades!-gritaba la gente emocionada.
Luego de los saludos y las felicitaciones, procedieron a partir la gran torta que habían preparado, y casi de inmediato, la música empezó a sonar.
Me quedé al lado de Johanna, observando como los demás disfrutaban de la fiesta.
Todos lucían tan felices, que por un momento, nadie pensaba en la guerra.
Dirigí mi vista a Scorpius, y él se acercó en compañía de Louis.
-¿Dónde estabas?-le pregunté sonriendo.
-Había demasiada gente. Era imposible, llegar hasta ti…
Asentí con comprensión, mientras le echaba una mirada a Louis, él me envió una sonrisa divertida.
¿Qué planeaba hacer?
-Rose… ¿Quieres bailar?-preguntó Scorpius, tomando mi mano.
-Sí, claro…-le dije.
Inesperadamente, Louis se acercó a Johanna y le preguntó lo mismo.
Ella, frunció el ceño, no parecía estar acostumbrada a esa clase de peticiones.
-Eh, no. No bailo.-sentenció suavizando su expresión.
Louis, no quiso aceptar esa respuesta e insistió una vez más.
-Sólo un baile.-le dijo.
Johanna, rodó los ojos.
-Está bien, Weasley.-contestó.- Pero, sólo eso.
Contuve las ganas de reírme.
¿Louis y Johanna?
Nunca lo hubiera imaginado.
-No digas nada, Scorpius, o empezaré a reír…-le dije mientras nos alejábamos.
Él, sonrió de lado. Tal vez, conteniendo la risa como yo.
Puse mi mejor sonrisa, y traté de seguirle el ritmo a la alegre melodía.
No era buena para los bailes, pero intentaba dar lo mejor de mí.
Hubo un breve cambio de parejas, y me tocó con Lily, ella lucía tan animada como los demás.
-¿Te estás divirtiendo?-le pregunté sonriendo.
-Mucho…-me dijo.-Tu boda tiene que ser la próxima…
-¿Y ser el centro de atención?-inquirí fingiendo fastidio.
-Por supuesto….-respondió.- Será la mejor de todas… Lo prometo.
Sólo, le sonreí en respuesta, y retornamos con nuestras parejas.
-Lily, insiste en que nuestra boda debe ser la próxima.-le dije a Scorpius.
-Me parece una excelente idea.-respondió.
Él, siempre estaría de acuerdo con eso.
-Pero…
-¿Qué?-me preguntó.
-No quiero que sea aquí…-comencé a decir.-Si nos vamos a casar, me gustaría que sea en el distrito doce…Es ahí donde hemos crecido, y adonde quiero ir, cuando termine la guerra…
-Sí, suena bien… Nada mejor, que casarnos en casa.-respondió sonriendo.
Pegué mi cabeza a su pecho, y bailamos muy juntos. La alegre melodía, había cambiado a una bastante suave, y lenta.
Estaba dirigida, especialmente, a los novios y a todas las parejas enamoradas.
No quería pensar en la guerra, pero temía que todo esto, nunca más se volviera a repetir.
Me junté aún más a Scorpius, y sujeté su mano con fuerza.
Al cabo, de una hora, y luego de haber bailado con casi todos mis primos, empecé a sentirme aburrida.
Ellos, no parecían estarlo, seguían disfrutando de la celebración y no planeaban parar.
-¿Te quieres ir?-me preguntó Scorpius al leer mi rostro.
-Sí…-insistí.- Vámonos de aquí….
Él, asintió en silencio y me siguió.
Continuamos nuestro camino por los solitarios y vacíos pasillos, hasta que llegamos a su compartimiento.
-Longbottom, me pidió que mañana vaya a la sala de mando…-me comentó de pronto.
-¿Para qué?-le pregunté.
-Quieren que les de más detalles sobre el tiempo que pasé en el Capitolio…
Fruncí el ceño.
-Eso debe ser idea de Lovegood…-le dije.- Ya obtuvo el testimonio de Annie y Johanna…. ¿Por qué insiste en seguir con eso?
-No te preocupes… Nada de eso importa. Ya lo he superado.-me aseguró.
-¿En serio?-le pregunté acercándome a él.- ¿En serio, lo has superado?
Asintió.
-Sí, lo he hecho…
Lancé un suspiró.
-Yo, aún no he superado los juegos…-le confesé.- Ni creo que jamás lo haga…-dije aceptando la realidad.-Si hay algo que envidio de ti, es lo bueno que eres para afrontar los problemas…
Él, me miró en silencio.
-Rose…Lo superarás.-me dijo.- Yo estaré contigo…
¿Lo haría? ¿Podría olvidarme de todo este infierno?
Tal vez…
Pero, no pude seguir pensando en eso.
De un momento a otro, Scorpius unió sus labios a los míos, y me besó tiernamente, como para reconfortarme.
Por un segundo, nada importaba. Sólo él y yo, en nuestro mundo perfecto, sin guerras, ni tragedias.
Lentamente, sentí que las caricias aumentaron, y comencé a sentir algo que nunca antes había experimentado.
Scorpius, me rodeó por la cintura, y profundizó el beso.
Lo necesitaba tanto como él me necesitaba a mí. Todas esas noches, sin saber si seguía con vida o si estaba muerto, se habían convertido en la peor de las torturas.
Ahora, sólo quería compensar ese tiempo perdido.
-Rose…-empezó a decir, mientras nos separábamos brevemente, tal vez, confundido por mi repentino entusiasmo.
-Está bien…-dije dándole la confianza que necesitaba.
Nuevamente, acorté nuestra distancia.
Podía sentir la frecuencia de su respiración y lo rápido que iban sus latidos, casi tan rápidos como los míos. Él, empezaba a explorarme con delicadeza, como si tuviera miedo de hacerme daño o equivocarse.
Sonreí mentalmente.
-¿Estás segura…?-preguntó acariciando mi mejilla con el dorso de su mano.
-Jamás había estado tan segura de algo.-le respondí perdiéndome en sus perfectos ojos grises.
Scorpius, me rodeó con sus brazos y aceptó mi respuesta con otro beso.
-Eres hermosa…-dijo lentamente en mi oído, mientras deslizaba sus labios por mi cuello, generando una sensación placentera.
Nada podía ser mejor que esto. Ahora, sólo quería dejarme llevar y olvidarme de todo.
Disfrutar de sus caricias y de cada momento a su lado.
Sabía que esa noche, sería perfecta.
¡Hola!
Lamento, haberme demorado en publicar este capítulo. Estuve ocupada toda la semana.
Gracias por sus lecturas, y espero, que les haya gustado.
Saludos!
