Capítulo XXIV:

El ambiente en la sala de mando, era tenso.

Longbottom nos habían mandado a llamar, para comunicarnos que hacía sólo unas cuantas horas, había ocurrido un terrible bombardeado en el distrito dos.

Al parecer, Voldemort, había descargado toda su ira contra ellos, luego de haber visto la última propo que habíamos filmado ahí.

-La situación está incontrolable… Se han suspendido todas las actividades en el Capitolio, y según, tengo entendido, se ha redoblado la seguridad…-nos decía.

Le miré de reojo, y Longbottom, en verdad, parecía bastante preocupado.

De hecho, todos lo estábamos.

-Hemos decidido que la toma del Capitolio, será en aproximadamente un mes… -finalizó causando sorpresa entre todos.

El final de la guerra, pensé.

Hubo algunos murmullos, pero nadie se opuso a la idea. La mayoría, estaba de acuerdo.

De pronto, la presidenta tomó el lugar de Longbottom, y este se hizo a un lado.

-Está será la última misión de todas…-nos empezó a decir con firmeza.-Será sumamente peligrosa, y de seguro, muchos morirán en el intento, pero todos estamos aquí por un mismo objetivo, y si lo logran, créanme que su sacrificio no habrá sido en vano.

Nadie dijo nada.

En verdad, no era necesario que lo hicieran, todos sabíamos que nuestras vidas corrían peligro desde el primer día en que nos habíamos unido a la rebelión.

-En treinta días, se les tomará un riguroso examen en el que evaluaremos todas sus habilidades.-nos comunicó.- Los que califiquen, estarán aptos para ir al Capitolio. Los que fallen, se quedarán aquí, resguardando al distrito trece. Sabemos que Voldemort, no sé quedará de brazos cruzados y necesitaremos ayuda aquí…

Nuevamente, la sala quedó en silencio.

Algunos, no parecían estar de acuerdo con esta decisión, pero yo si entendía lo que Lovegood quería decirnos.

Esta misión, sería la más importante de todas, y no cualquiera podría parte de ella.

-Creo que eso es todo.-murmuró la mujer sin querer demorarnos.-Ya pueden retirarse…

En ese momento, comprendí que sobre mí recaerían más responsabilidades. Al ser el sinsajo, tenía que obtener el puntaje más alto, no podía equivocarme.

Me llevé una mano a la frente, y traté de pensar con claridad.

Ahora, tendría que entrenar por más tiempo.

-No eres la única.-trató de apoyarme Johanna, cuando llegamos al centro de entrenamiento.

-Lo sé.-respondí cogiendo mi arco, y practicando mi puntería.- ¿Quieres intentarlo tú?-le pregunté mientras lanzaba una flecha y le daba al blanco.

-No soy muy buena con el arco… Pero, de todas formas lo intentaré.-me contestó cogiendo el arma.-No quiero fallar en ese maldito examen… Yo también, quiero ir al Capitolio y acabar con todos esos bastardos…

La miré de reojo, había hablado con tanta rabia, que en verdad, sentía curiosidad por saber que había pasado con ella.

¿Qué era lo que Voldemort le había hecho?

-Johanna…-comencé a decir, intentando ser cuidadosa con mis palabras.-Eh… ¿Aun tienes familia en el distrito siete?

Pero, me arrepentí de inmediato.

Durante el vasallaje, ella había dicho que estaba sola y que no le quedaba nadie.

-Lo siento, olvídalo.-murmuré.

-No, está bien.-dijo sonriendo.-No te preocupes…

-En verdad, no tienes que…

Ella, no pareció molesta en lo absoluto, y me interrumpió.

-Tú sabes lo que Voldemort, le obligaba hacer a Finnick… ¿Verdad?-inquirió.

Asentí, en silencio.

Todo el mundo lo sabía.

Si eras un vencedor lo suficientemente atractivo y popular, entonces, te obligaban a vender tu cuerpo, y a ofrecerte como si fueras un objeto que sólo las personas más ricas del Capitolio podían comprar.

-Pues, a mí también me obligó a hacer lo mismo…-respondió.- Me negué, por supuesto, pero Voldemort, no aceptó mi desición, y de inmediato, mandó a asesinar a mi madre y a mi hermana menor… A veces, me arrepiento del camino que tome, tal vez, si hubiera aceptado, ellas aun seguirían vivas… pero ya no hay nada que pueda hacer.

-Lo siento tanto.-dije comprendiendo su historia.

Todos habían perdido a alguien en esta guerra y querían venganza. No sólo yo, sino también, personas como Johanna, que se habían visto envueltas en ese tipo de situaciones.

Ganar los juegos, y perder a toda tu familia. No podía imaginar algo tan espantoso como eso.

Me preguntaba, si Voldemort, también me habría ofrecido a sus mortífagos si yo hubiera sido la única ganadora del distrito doce.

Jamás lo sabría.

-Ey, no pongas esa cara…-me dijo animadamente.-Sólo espero, que él sufra tanto como nos ha hecho sufrir a todos…

Asentí en silencio.

-Por cierto…-murmuró cambiando drásticamente de tema.- ¿Podrías hacer algo con tu primo Louis?

-¿Qué ha hecho, ahora?-pregunté preocupada.-No me digas, que….

Ella, comenzó a reír.

-Nada malo hasta ahora. Sólo, dile que deje de acosarme.

-Se lo diré.-respondí sonriendo, mientras me concentraba en mi puntería.

Continuamos con el entrenamiento por el resto de la tarde, y sólo vi a Scorpius, por breves momentos.

Él, había estado tan ocupado practicando, que apenas, habíamos tenido tiempo de vernos.

Me sonrió de lejos, para luego, volver brevemente a lo suyo.

Ya habían pasado exactamente, dos semanas desde la boda, pero sentía que mi mente aún seguía sumergida en los recuerdos de aquella noche, jamás olvidaría los perfectos e inolvidables momentos que había pasado a su lado.

Desde, ese instante, ninguno de los dos, quería pasar tanto tiempo separado del otro, pero éramos conscientes de que nuestra actual situación era un obstáculo para ambos. Por muy duro que sonara, ni Scorpius, ni yo, éramos simples adolescentes que podían dejarse cegar por el amor. Sobre nuestros hombros, recaían responsabilidades mucho más importantes, que andar tomados de la mano y decirnos te amo todo el día. Vivíamos en un mundo real, y teníamos que pensar con claridad.

-Te veo después...-le dije a Johanna.

Estaba algo cansada, y ya había sido suficiente entrenamiento por hoy.

Antes de irme, Scorpius, me dijo que nos veríamos después de la cena, pues él aún seguía practicando.

Asentí en silencio, y me retiré al comedor.

Cuando llegué, sólo encontré a Lily junto a Roxanne.

Al parecer, aún era temprano.

Conversamos por un largo rato, hasta que sirvieron la cena.

-Luces cansada…-murmuró Lily.

-Estuve entrenando…-respondí.

-Lo sé, pero creo que debes parar por unos días, Rose… No es saludable.-me sugirió.

-Imposible.-le respondí recordando el examen.-La presidenta, dijo que al final del mes, habrá una rigurosa prueba en la que evaluarán todas nuestras habilidades… Los que fallen, no irán al Capitolio…

-Rose…-dijo dejando de comer.-Es obvio que, aunque falles, irás de todas formas… El sinsajo, debe estar ahí…

-Lo sé, pero aun así no puedo equivocarme, Lily…-le confesé.-Será una misión de vida o muerte. Es la última batalla.

Ella asintió con comprensión.

-Siempre, has estado preparada para esto…-me tranquilizó.- Has sobrevivido a dos juegos, Rose. Sabes de estrategias y de armas, e inclusive, sabes hacer uso de la magia. Nadie puede estar mejor preparado que tú.-dijo con seguridad.-Sé que lograrás acabar con Voldemort… Sé que lo harás…

Suspiré.

Había tanto en juego, que temía lo peor.

Si tan solo, tuviera la seguridad de Lily.

La miré con una sonrisa, y acabé la cena.

-No me esperes despierta…-le dije.

-Espera. ¿Adónde vas?-me cuestionó al ver que me ponía de pie.- ¿Qué le diré a mamá?

-Dile que iré a entrenar un poco más. No me demoraré…

Lily, sabía que no era cierto.

Tantos años juntas, habían hecho que mi prima reconociera cuando mentía y cuando no.

-Está bien.-me respondió sin seguir protestando.

Seguí mi camino, y me alejé de allí.


Aparté el libro de mi vista y lo hice a un lado.

Scorpius, alzó una ceja, y me miró.

-¿Aburrida?-preguntó.

Asentí.

-No puedo creer que tengamos que aprendernos todo esto.-exclamé.

Esa misma noche, Longbottom, nos había entregado cientos de textos sobre encantamientos y hechizos de ataque, que debíamos aprendernos de memoria. Al parecer, el riguroso examen, no sólo consistiría en evaluar nuestras habilidades físicas, tal y como yo había pensado que sería, sino que también habría una práctica teórica sobre la magia.

Ahora, entendía porque habíamos tenido esas clases de teoría, al principio.

-Podríamos hacer algo más interesante.-sugirió.

Me sorprendí un poco. Normalmente, era yo quien tomaba la iniciativa, y no el correcto de Scorpius.

Sonreí de lado.

Tal vez, estaba equivocada.

Él, se acercó hacía y me dio un tierno beso en los labios.

-Tengo un regalo para ti…-murmuró de pronto.

-¿Un regalo?

Él, asintió.

Se separó de mí, y sacó un libro de su estante. Lo tomó con delicadeza hasta colocarlo en mis manos.

Miré con cuidado, y noté que eran las leyendas del Sinsajo.

Últimamente, no había tenido tiempo de leerlo.

Había estado tan ocupada con el entrenamiento, que no tenía tiempo de pensar en nada.

-Scorpius…-susurré.-No tienes que dármelo… Fue un obsequio de tu padre.

Él, asintió.

-No tienes que preocuparte, Rose.-me dijo.-Sé, lo mucho que te interesa este libro, y he decidido dártelo a ti…

No dije nada por unos segundos.

A pesar de que vivíamos en tiempos de guerra, Scorpius, siempre encontraba la manera de crear momentos especiales como este.

Sin embargo, no podía seguir mintiéndole, debía ser sincera con él. Yo no me hubiera visto atraída a ese libro, de no haber sido por aquellas iniciales en tinta negra que había encontrado ahí, la primera vez.

-Hay algo que quiero decirte…-murmuré de pronto.

-¿Qué…?-me preguntó.

Busqué la página, donde estaban las iniciales grabadas, y por raro que pareciera, me sentí, extrañamente, familiarizadas con ellas.

Tenía el presentimiento de que esto no era una simple casualidad.

-Scorpius…-comencé a decir.-Mira esto.

Le mostré la página, y él, no me entendió.

-¿H.G.?-preguntó observando la hoja.-No lo había notado…-murmuró despreocupado.

Hice un breve silencio.

-Sé que esto, no es prueba de nada… pero creo que este libro le perteneció a mi madre…-sentencié de una vez por todas.

Él, me miró con sorpresa.

-¿A tu madre?-preguntó sin entender.- ¿Y por qué mi padre, tendría un libro que le perteneció a tu madre?

No supe que decir.

Mi mente estaba hecha un lío.

-Tendríamos que preguntárselo a él.-le dije.

Nos miramos por unos segundos, ninguno entendía muy bien que pasaba.

-Todo esto muy extraño… ¿No crees?-inquirí echándole un vistazo al libro.

Él, negó con su cabeza.

-Ellos, debieron arreglar sus diferencias durante la época en que mi padre apoyó a tu tío Harry. Tal vez, lograron formar una amistad…

Sí, eso podía ser verdad. Pero, Scorpius no había estado conmigo, cuando tuve aquella extraña charla con su padre.

Él, pareció notarlo.

De todas formas, ya no quería seguir hablando del tema.

-No sigamos pensando en eso…-le dije acercándome a su lado.-Ahora, sólo pensemos en nosotros y en lo que estábamos haciendo…

Scorpius, asintió con satisfacción, pero había cierta angustia en su rostro, que no podía ocultar.

-Es muy poco, el tiempo que pasamos juntos. No es justo…-agregó como si se afligiera por ello.

-No siempre será así, Scorpius. Todo esto, acabará pronto, lo prometo.-dije dándole un suave y cálido beso en la mejilla.

Él, se separó de mí, brevemente, y me miró a los ojos.

-No, Rose. Yo, te lo prometo.-me corrigió volviendo a juntar sus labios con los míos.


Eso es todo, espero que les haya gustado!

Saludos :)