Capítulo XXV:
Estiré mis brazos, y me levanté, automáticamente.
Aún, era muy temprano, ni siquiera era de día, pero aquello me daría tiempo de volver a mi compartimiento sin que nadie lo notara.
-Scorpius…-susurré tratando de despertarlo.
Pero, él no me oía. Su rostro denotaba la dulzura y tranquilidad, de alguien que aún estaba perdido en sus sueños.
Deseaba tanto quedarme a su lado y olvidarme de todo por un momento, pero no podía.
-Scorpius… Tengo que irme.-repetí.
Él, descansaba su cabeza a mi lado, rodeando mi cintura con sus brazos.
-No…-protestó sin abrir los ojos.-No te vayas, Rose…
-Sí, tengo que hacerlo…-le dije acariciando su rubio cabello.-No quiero que tía Ginny, sospeche que pasé la noche fuera…
En mi familia, solían ser muy tradicionales respecto a eso, en especial los abuelos.
De todas formas, sabía que al final, acabarían por comprenderlo, pero por ahora, quería ahorrarme las explicaciones.
-¿Vas a luchar contra Voldemort, y temes a lo que tu tía vaya a decir?-preguntó riendo.
-Claro que no.
-Está bien…-dijo sin seguir insistiendo.- Sólo te dejaré ir, si me das un beso.-exigió mirándome a los ojos.
Sonreí de lado, e hice lo que me ordenó.
Un breve beso de despedida para ambos.
Luego de eso, me liberó.
Scorpius, habría querido acompañarme, pero le pedí que no lo hiciera. Mi compartimiento estaba a solo dos pisos, no era necesario.
Cuando salí, los corredores estaban en completa soledad, no se oía nada y todo el mundo, parecía estar durmiendo.
Rápidamente, ingresé a mi habitación y me escabullí en mi cama.
Tía Ginny y Lily, aún seguían descansando.
Traté de hacer lo mismo, y recuperar algo de energía. Últimamente, sentía que este ritmo de vida me dejaba más agotada de lo normal y los entrenamientos empezaban muy temprano. No me quedaba mucho tiempo.
Cerré mis ojos, y me olvidé de todo.
No sé por cuanto tiempo dormí, lo único que sabía era que no había sido suficiente descanso para mí.
-Rose…-susurró una conocida voz a mi lado.
Entreabrí los ojos, y me encontré con el pecoso rostro de mi prima.
-¿Estás bien?-me preguntó Lily.
La miré sin entender. ¿Por qué me preguntaba eso?
-Sí.-respondí.- ¿Qué hora es?
-Son casi las once…
Me llevé una mano a la frente.
Esto no podía ser verdad.
-El entrenamiento empezaba a las ocho… ¿Por qué no me has despertado?-le dije poniéndome de pie.
-Estuve a punto de hacerlo, pero mamá insistió en que te dejara dormir… Rose, no pasará nada si no vas.
Negué con mi cabeza.
-No faltaré…-le respondí.
-¿Estás segura?
-Sí…
Ella, asintió en silencio, y dejó que me cambiara. Sabía que sería en vano seguir insistiendo.
Rápidamente, salí de ahí, y me dirigí al centro de entrenamiento.
¿Cómo demonios me había podido quedar dormida por tanto tiempo?
Llegué a las puertas del centro, y encontré a James en una esquina.
-¿Qué haces aquí?-le pregunté.
-Me cayó un maldito confundus…
¿Confundus?, pensé recordando el hechizo.
-¿Ya estás mejor?
Él, me miró de lado, y asintió.
-Sí, los efectos ya casi han desaparecido.-respondió.
-Iré a practicar con las armas de fuego. ¿Quieres venir?-le sugerí.
No dijo nada, simplemente, se paró y me siguió.
-¿Por qué has venido tan tarde?-me preguntó.
-Me quedé dormida.-le confesé.-Últimamente, el entrenamiento me tiene agotada.
-No eres la única…
Cogí una especie de ametralladora que estaba en mí delante, y empecé a practicar con ella.
Era de fácil manejo, pero no tan liviana como mi arco.
Le eché una mirada a Scorpius, pero decidí no interrumpirlo, parecía estar bastante concentrado en lo que hacía.
Algunos de mis primos, estaban practicando su puntería con las flechas, y más allá, Hugo trataba de no fallar en una prueba de agilidad.
¿Por qué me haces esto?, pensé con preocupación, mientras miraba a mi hermano.
Si Hugo iba con nosotros al Capitolio, lo más probable era que no duraría ni un minuto en el campo de batalla. Le hacía falta más práctica y experiencia. Cosas, que sólo yo y unos pocos en esta habitación, teníamos.
Sonaba egoísta, pero deseaba que reprobara el examen.
De ningún modo dejaría que le ocurriera algo. Ni a él, ni a ninguno de los míos.
-Luces distraída…-murmuró James, sacándome de mi nube.
-Sí…-respondí sin más.
Continué disparando por unos momentos, hasta que bajé mi arma.
-James…-susurré.
-¿Qué?
-¿En verdad crees que ganemos la guerra?
Inmediatamente, giro a verme sorprendido.
-Sí, lo haremos.-respondió muy seguro de sí.
Pero, sentía, que estaba mintiendo.
-Respóndeme con sinceridad.-le pedí.- ¿En verdad crees que ganemos la guerra?
Él, era una de las pocas personas en la que podía confiar, y que me hablaba con franqueza.
James, me miró en silencio, por unos segundos, hasta que se dignó a responderme.
-… La situación es complicada, y como Lovegood dijo, esta misión es de vida o muerte… Muchos morirán.-empezó a decir.- Pero, creo que ganaremos, Rose… A nuestro lado, estarán los mejores soldados del distrito trece, incluidos nosotros. Además, Voldemort ha perdido el apoyo de todos los distritos…
-Puede que tengas razón, pero…
-No te rindas aún…-me exigió.
-No, aún no lo he hecho… Es sólo que, no sé qué clase de trampas y sorpresas nos esperan en ese lugar…
-Longbottom, me comentó que la gente ha empezado a emigrar del Capitolio… Saben que se avecina una guerra…
-¿Pero hacía dónde planean ir?-pregunté con curiosidad.- No pueden ir a ningún distrito. Los tenemos rodeados.
-Tienen refugios subterráneos, similares a los de aquí.-me respondió.
¿Refugios subterráneos?
Una repentina idea golpeó mi cabeza.
-¿Acaso Lovegood tiene planeado bombardear el Capitolio?-le pregunté.
James, tampoco había pensado en eso, pero ahora que lo sugería, no parecía nada descabellado.
-Tal vez, es su segunda opción.-dijo como si fuera obvio.- Por si fallamos la misión…
Vaya, que astuta, pensé.
Tenía un as bajo la manga. Si por alguna razón nos equivocábamos o nos mataban antes de poder llegar a Voldemort, entonces, ella bombardearía todo el Capitolio.
Al parecer, nuestra presidenta quería ganar esta guerra a como de lugar.
Y podía hacerlo, de eso estaba segura. Aquí, tenían armamento para destruir a la nación entera si querían.
-Es mejor no seguir hablando de eso, Rose.-me sugirió James.-Hay vigilantes por todos lados.
Asentí en silencio, y continuamos con el entrenamiento.
Como ambos teníamos buena puntería, no fallamos ni una sola marca. Sabía que no tendríamos problemas con la evaluación de habilidades físicas, la aprobaríamos de inmediato.
-Lo han hecho muy bien…-murmuró Boggs mirándonos con satisfacción.-Le han dado a todas las marcas. Serán buenos tiradores en el escuadrón.
Nos sonreímos mutuamente. Me hacía sentir bien, que uno de los soldados más expertos, nos felicitara, aunque no estaba del todo convencida.
James continuó conversando con él, mientras yo me iba a descansar un rato.
-Nada mal, chica en llamas…-murmuró una voz a mi lado.
Giré mi rostro, y me encontré con Finnick.
-¿En serio?-le pregunté.
-Sí, lo hiciste bastante bien…
Asentí en silencio.
-¿Y tú, Finnick? ¿Qué tal la vida de casado?-pregunté con cierta diversión.
-Nada mal.-respondió sonriendo.-Ni una sola discusión hasta ahora, sólo disfrutar de los pocos momentos que tenemos juntos. Me imagino que es un buen paso para iniciar cualquier matrimonio.
-Me alegro por ti…-murmuré recordando que mi situación era similar.- ¿Cómo esta Annie? No la he visto en estos días…
-Se siente algo enferma…-confesó.- Ha ido al centro médico, para despejar sus dudas…
-¡Oigan, ustedes!-nos gritó Johanna.- ¿Acaso piensan quedarse ahí todo el día?
Nos reunimos con ella, casi al mismo tiempo que Scorpius llegaba hasta mí.
-¿Estás bien?-me preguntó el rubio.-Fui a buscarte por la mañana, pero Lily me dijo que estabas durmiendo…
-Sí, es verdad… El entrenamiento me tiene cansada, sólo es eso.-le murmuré a mi preocupado novio.
-Estaba a punto de ir por ti, pero vi lo concentrada que estabas con James y no quise interrumpir tu entrenamiento.
-Lo mismo pensé, cuando llegué aquí.-murmuré.
Johanna, cogió una daga, y la lanzó dándole directo al blanco.
-Como en los viejos tiempos.-nos dijo sonriendo.-Los cuatro, otra vez.
Por supuesto, pensé.
Era como estar de vuelta en el Capitolio, entrenando antes del vasallaje.
-Veamos quien puede acertarle a más…-sugirió Finnick.
Tomé una de las dagas, y me preparé para lanzarla.
Sabía que esta sería una tarde entretenida.
Gracias por leer. Prometo, que el próximo capítulo, será más largo.
Saludos!
Rosalie :)
