Capítulo XXIX:
El aerodeslizador, se tambaleó con violencia, haciendo que me sintiera repentinamente enferma.
Johanna, me miró de reojo.
-Luces más pálida que de costumbre…-sentenció con cierta sospecha.
-Anoche no pude dormir…
-Ni yo…-murmuró llevándose una mano a la cabeza.- Ni creo que lo hagamos en mucho tiempo…
Miré a través de la ventana, y traté de decirme a mí misma, que todo pronto acabaría.
Longbottom, se había encargado de darme las últimas instrucciones antes de subir a la nave, pero apenas había podido oírle.
Estaba más preocupada por lo que fuera a pasar cuando llegáramos al Capitolio, que en lo que me decía.
Lily, había intentado persuadirme de que no fuera, sabía que esto era arriesgado y que ahora, no sólo se trataba únicamente de mí, pero no podía retroceder. Si daba un paso al costado, esta guerra jamás tendría fin y todo por lo habíamos luchado, habría sido en vano.
-¡Hemos llegado!-gritó Boggs, haciéndome volver a la realidad.- ¡Vamos, escuadrón, formen posiciones!
En menos de cinco minutos, la gran nave aterrizó cerca de la ciudad, y bajamos con cautela esperando no encontrar ninguna sorpresa en el camino al Capitolio.
En esta oportunidad, nos acompañaba un escuadrón entrenado especialmente para la misión, unos cinco soldados, los cuales parecían estar alertas ante cualquier amenaza.
Cuando llegamos, noté que los grandes edificios y calles, lucían completamente abandonados. No había ni una sola persona, y de haberlo, debían estar escondidos en algún refugio del Capitolio.
-No se separen…-continuó Boggs leyendo mi expresión.-La misión, ha empezado… Debemos estar atentos ante cualquier peligro. Ellos, saben que estamos aquí…
Asentí en silencio, y le seguí. Por ahora, debía estar concentrada y dejar los malos pensamientos de lado.
-¿Escucharon eso?-preguntó Scorpius mientras giramos a verle.
-¿Qué?-exclamé.
-También lo oigo.-susurró Finnick.
Paramos de inmediato, y escuchamos que el motor de un aerodelizador enemigo se acercaba.
-No es nuestro.-aseguró Boggs, mirando su tableta; un pequeño aparato que contenía un mapa, y le indicaba por donde debíamos ir.
Corrimos a camuflarnos en una de las calles abandonadas, y por suerte, la nave pasó sin notar nuestra presencia.
-Se dirige a los distritos…-murmuró Fred trazando su camino.
-Será mejor que continuemos…-sugirió Leeg, una soldado del escuadrón que nos acompañaba.
A la orden de Boggs, continuamos avanzando por las desoladas pistas, hasta que desembocamos cerca de un parque.
-Esperen…-murmuró sacando la tableta y después, señaló una esquina.-Por aquí parece haber una trampa…
Sin más demora, Fred, lanzó un hechizo aturdidor al lugar señalado y casi de inmediato, un par de bombas se activaron.
-Eso estuvo cerca…-susurró Louis a mi lado.
Boggs, asintió y miró el panorama.
-Todo el lugar esta minado. Será mejor que miren bien por donde pisan… Aún, no los quiero muertos.-sugirió observando el aparato.-Esto me indicará si estamos en peligro…
Asentí en silencio, y continuamos el recorrido.
Por medio del radio, desde el distrito trece, le informaron a Boggs, que todo parecía ir en orden, y que si continuábamos por el camino indicado, llegaríamos a la mansión de Voldemort, antes de lo esperado.
Eso no me dio buena espina. Todo parecía demasiado tranquilo.
Demasiado fácil, como para ser la misión de la que dependían cientos de vidas.
-Esto no está bien…-pensé mirando hacia el cielo y notando el rastro de humo que había dejado el deslizador enemigo.
Sabía que lo peor estaba por venir.
Repentinamente, me sentí mareada, no sabía si por el hecho de estar caminando bajo un inclemente sol, o por la presión de estar en medio de una misión de vida o muerte.
No por favor, no, pensé llevándome una mano a la boca. No ahora.
Fue demasiado tarde.
Sin poder evitarlo, corrí lejos del escuadrón y llegué hasta una esquina.
Las nauseas, me produjeron un par de arcadas, pero no logré expulsar nada.
-¡Rose!-gritaron todos, e intenté recuperarme antes de que llegaran a mí.
Scorpius, fue el primero en llegar, y trató de ayudarme.
-Rose...
-¿Weasley, estás bien?-preguntó Boggs interrumpiéndolo.
-Estoy perfectamente bien.-mentí volviendo a unirme a los demás y fingiendo que nada había pasado.
-Si sientes que no puedes seguir con esto, te entenderemos.-sugirió.-Podríamos...
-He dicho que estoy bien.-respondí severamente.-No volverá a suceder.
Él, asintió rápidamente, y regresó a su posición.
-¿Rose, estás segura?-preguntó Scorpius en voz baja.
-Estoy bien. Sólo algo nerviosa. ¿Tú, no lo estás?-murmuré cambiando de tema.
Él, sólo movió la cabeza afirmativamente.
Luego de eso, Louis tomó la delantera, y se aproximó hasta el final de la calle, en busca de posibles peligros.
-¡Boggs!-exclamó corriendo hacia nosotros.-¡Hay agentes de la paz cerca del edificio de entrenamiento! No podemos pasar…
-Bien, prepárense para disparar…-nos dijo dividiéndonos en grupos de tres.
-No intentes arriesgarte.-murmuró James a mi lado.
-Tú, tampoco lo hagas.-contesté.
Esperamos la orden de Boggs, y al cabo de unos segundos, se desató la lucha que habíamos estado esperando desde nuestra llegada.
Balas, el sonido de metralletas, hechizos, maldiciones asesinas, y toda clase de proyectiles que jamás creí imaginar volaban por el campo.
Logré dispararle a algunos agentes, y aturdí a otros con mi varita, pero parecían ser demasiados.
-¡Scorpius!-grité cuando vi que una de las balas le había rozado el brazo izquierdo.
-¡Sigue disparando!-me dijo.
Hice caso a lo ordenado, y continué con los disparos, hasta que Boggs, nos ordenó entrar a uno de los edificios abandonados.
-¡Rápido, no hay tiempo!-le gritó a Finnick, quien intentaba ayudar a uno de los nuestros.
Era duro decirlo, pero los heridos ya no tenían oportunidad de sobrevivir. Sabíamos que habrían muchos caídos, pero nosotros, teníamos que continuar con la misión.
Corrimos al enorme edificio, y subimos por las escaleras a gran velocidad, sabiendo que estábamos en peligro.
Fred, trancó la entrada con un hechizo, y Boggs, nos ordenó seguir hasta el piso más alto.
-¡Tenemos que salir de aquí!-exclamó Johanna mirando por las ventanas.- ¡Matarán a los soldados caídos, y luego derrumbarán el lugar!
-¡Podríamos cruzar hacia el otro edificio!-sugerí midiendo la distancia.
-¡Eso no los detendrá!-me respondió Boggs.
Miré con desesperación a Scorpius, luego miré a James, y él me miró de vuelta.
-¡No los detendrá, pero es nuestra única opción!-concluyó el azabache cogiendo una ballesta y disparando al edificio de enfrente.
Un cable salió disparado, y creó una especie de conexión entre ambas estructuras.
Nos quitamos las casacas y las usamos para deslizarnos hacia el otro edificio.
Louis, tensó la cuerda, y decidió ir primero.
Vi un gesto de preocupación en el rostro de Johanna, pero de inmediato, lo disimuló, y decidió ir después de Fred.
James, me asintió en silencio, y fue el siguiente.
-Ten cuidado…-susurró Scorpius tomándome del brazo.
-Te estaré esperando del otro lado…-respondí sin agregar nada más.
Él, me miró con seguridad, y me deslicé a través de la cuerda, cruzando el precipicio que sólo los más temerarios se atreverían a pasar.
Louis y James, me recibieron, y de inmediato, corrí a una posición segura.
Scorpius, no tardó en llegar, y me sentí aliviada, cuando vi a Finnick tras él.
-¡Están a punto de derrumbarlo!-exclamó Fred, al ver que faltaba la soldado Leeg y otro más.
Demonios, no van a lograrlo, pensé acercándome.
Cruzaron con dificultad, y gracias a un hechizo, logramos rescatar a Leeg, pero el edificio se vino abajo con el otro soldado.
Estábamos perdiendo a la mayor parte de nuestro escuadrón, y eso sólo, complicaba la misión.
-Ellos sabían a lo que venían.-sentenció Boggs mientras buscábamos escapar de los agentes restantes.
Salimos del edificio con precaución. Casi habíamos escapado, pero inesperadamente, un agente de la paz, tomó a Leeg por la espalda, y cuando estuvo apunto de asesinarla, le disparé sin hesitar.
-Vamos por el centro, rodeemos las calles, y busquemos un refugio…-sugirió uno de los soldados.
Todos asentimos en silencio, y dejamos que nos guiara junto al resto del escuadrón.
-Estás herido…-le dije a Scorpius, al ver que su brazo sangraba.
-No es nada.-sentenció haciéndose un torniquete con un pedazo de su camiseta.- ¿Tú, estás bien?
-Perfectamente…-fue mí única respuesta.
Boggs, frenó de inmediato, y me pareció ver que tenía problemas con su radio.
-¿Qué sucede?-preguntó James llegando hacia él.
-He perdido contacto con el distrito trece...-sentenció inesperadamente.
-¿Qué?-exclamé preocupada.-¿Estás seguro?
Me adelanté hacia ellos. ¿Qué demonios significaba eso?
-No dan respuesta… Estoy intentando comunicarme con ellos, pero he perdido la señal…
-Tal vez, haya sido por el derrumbe.-sugerí, calmándome a mí misma.
-No, esto es diferente…-concluyó.-Volveré a intentarlo en una hora… Vuelvan a sus posiciones.-nos ordenó.
*.*.*.*.*.*.*.*.*
La noche, había caído.
No volvimos a encontrarnos con agentes de la paz, pero si con unas diez trampas, que logramos desactivar sin salir heridos.
Estaba haciendo algo de frío, y nos habíamos camuflado en uno de los tantos edificios abandonados del Capitolio.
Subimos, y nos acomodamos en lo que parecía ser un apartamento de lujo.
-La luz se ha ido…-murmuró Louis, haciendo una pequeña fogata en medio de la sala.-Incendio.-exclamó lanzando una llama.
-Ustedes los magos, tienen hechizos para todo.-concluyó Johanna desde una esquina.
Louis, sonrió de lado, y se acercó a ella.
-Sí. Hasta podemos obligar a que una persona te ame con locura.-le insinuó.
Ella, rodó los ojos.
-Ni en tus mejores sueños, Weasley.-sentenció alejándose de él.-Eso jamás sucederá.
-¿Por qué no?-insistió yendo tras ella.
Sonreí, y entendí que estaban hechos el uno para el otro.
-Recuerdo, cuando éramos niños y hacíamos estas fogatas en el distrito doce…-susurró Fred calentándose las manos.-El abuelo, solía contarnos historias sobre Hogwarts y nuestros padres…
Me concentré en las llamas, y traté de recordar lo que había mencionado.
-¿Estás mejor?-le pregunté a Scorpius sentándome a su lado.
-Estoy bien.-murmuró poniendo un brazo alrededor de mis hombros.
No estaba acostumbrada a estas muestras de amor en público. No éramos de los que iban tomados de la mano o aquellos que se daban un beso al despedirse. Scorpius, sabía que a mí no me gustaban esas cosas, pero entendí porque lo hacía. Podíamos morir en cualquier minuto, y era mejor disfrutar de estos momentos, mientras aún podíamos.
De igual forma, no pude evitar sentirme sentí un poco extraña. En especial, cuando James me miró de reojo.
-Debemos buscar una manera de reestablecer el contacto…-decía Boggs a lo lejos.
Debería decirle, pensé mirando la fogata, y luego a Scorpius. Debería decirle, que vamos a tener un bebé.
Eso sonaba tan extraño.
¿Tener un bebé?
Jamás, lo habría imaginado.
Pero, aquí estaba, en medio de la guerra, y embarazada.
Lo siento, pensé dirigiéndome por primera vez al bebé, Lamento ser tan irresponsable.
-Scorpius… ¿Tienes un minuto?-dije poniéndome de pie.
Él asintió en silencio, y nos alejamos a una habitación del apartamento.
-Lumos.-murmuré mientras la punta de mi varita se encendía.
-Si todo sale bien, habremos llegado a la mansión de Voldemort mañana…
-Eso espero…-contesté cruzada de brazos.-Aunque, hemos perdido a la mitad del escuadrón…
-Es una guerra, Rose… No se puede salir ileso y sin víctimas.
-Sólo, espero que no seamos parte de esas víctimas.-dije sentándome al filo de la cama.
Él, me miró con cierta sospecha y acabó sentado a mi lado.
-¿De qué querías hablar?-preguntó finalmente.
Tragué espeso.
-Hemos estado juntos por casi dos años…
Él, asintió.
-Pero, siento como si fuera mucho más…-dije acercándome para rozar sus labios.-Perdóname…
-¿Perdonarte?-preguntó confundido.
Me quedé en silencio. No sabía cómo continuar.
-¿Rose?
-Sólo… Sólo quiero que me perdones.-sentencié.-¿Crees qué puedes hacerlo?
Él, estaba completamente sorprendido, me miraba sin entender. No sabía a que me refería, ni tampoco quería que lo hiciera.
-¿Rose, qué ha sucedido?-preguntó preocupado.
Miré fijamente a sus ojos grises.
El rubio, quiso decir algo. Pensé que tal vez, tenía una idea, pero enmudeció de inmediato.
Sin embargo, al ver que seguía en silencio, decidió hablar.
-¿Rose, es por… es por James?-inquirió en voz baja.
-¿Qué?-exclamé sorprendida.-No, no es por él… ¿Por qué dices algo así?
-Lo siento, es sólo que… sé lo que él siente por ti y…
Lo callé, y le pedí que me mirará a los ojos.
-Rose…-murmuró él.
Entreabrí mis labios, decidida. Era ahora o nunca.
-Scorpius, estoy…-respiré con dificultad.-Estoy…
De pronto, las luces se encendieron a nuestro alrededor, y escuchamos un alboroto en la sala.
-¡Todos vengan aquí! ¡Rápido!-gritó Fred.
Salimos de la habitación, tan pronto como pudimos, y llegamos hacia ellos pensando que estábamos ante un ataque.
Me relajé, cuando vi que no se trataba de eso.
Al parecer, la luz había activado todas las propiedades del apartamento, y entre ellas, estaba un lujoso televisor.
De inmediato, lo prendieron y observamos lo que Caesar tenía que decir.
Al parecer, habían hecho creer a todos los ciudadanos, que el sinsajo y los rebeldes, habíamos muerto en el derrumbe del edificio, tal y como lo mostraban las imágenes.
Idiotas, pensé escuchando las mentiras que decía.
-En otras noticias… El bombardeo de la base rebelde en el distrito trece, fue completamente exitoso.-dijo el hombre, haciendo que inmenso silencio se extendiera por toda la sala.
-¿Bombardeo?-preguntó Finnick desesperado.
Ceasar continuó hablando, y anunció que sólo sería cuestión de horas para darle fin a esta innecesaria guerra.
-Ahora lo entiendo.-murmuró Boggs con la radio en las manos.
¿Qué significaba eso?, pensé desesperada. ¿Habían bombardeado el distrito trece, otra vez?
Corrí lejos de ellos, mientras las lágrimas caían por los ojos, y pensé seriamente en acabar con todo esto.
-¡Rose, no!-gritó James, tomándome de un brazo y trayéndome de vuelta a la sala.
Todo había terminado. Habíamos luchado en vano.
-¡Están muertos, James!-le dije alterada.-Los han matado…
-¡Tranquilízate!-me pidió mirándome fijamente.-Eso no puede haber pasado...
Él también quería llorar, podía verlo en sus ojos, pero mantenía la calma por mí.
Finnick, Louis y Fred, lucían igual que él, pero se mantuvieron en sus cabales.
-El distrito trece tiene un enorme refugio bajo tierra, lo sabes…-me explicó.-Deben haberse escondido ahí...
-Es verdad, Rose…-agregó Scorpius, poniendo un brazo alrededor de mi cintura.-No hay lugar más seguro que ese…
-Pero…
-Enviaré un patronus a Longbottom.-murmuró Fred tomando su varita.
-Esos hechizos están prohibidos aquí, chico.-le indicó Boggs.-Intentalo, si quieres… Pero, no funcionará. Sólo esperemos que hayan llegado a los refugios antes del ataque… Logré enviarles un mensaje, cuando vi los aerodeslizadores enemigos, tal vez eso les haya dado tiempo…
Asentí en silencio mientras me secaba las lágrimas, y esperé porque así fuera.
No podía desesperarme. No podía dejar que Voldemort se saliera con la suya. Tal vez, eso era lo que él quería.
Dejarnos vulnerables, y tomar ventaja de ello.
-No lo lograrás.-susurré sentándome en un rincón del apartamento, y poco a poco, conseguí calmarme.
Boggs, se puso de pie y cargó su arma.
-Nos turnaremos por rondas…-nos anunció.-Yo, empezaré…
-Yo iré después.-murmuró Louis igual de abatido que los demás.
Scorpius, se acercó a mi lado, y apoyé mi cabeza en su hombro.
-Descansa, Rose... Mañana nos espera un largo día.-concluyó.
Sólo asentí, y cerré los ojos, esperando que la noche pasara rápida, no quería seguir pensando en eso. Pero, cómo era de esperarse, el sueño no llegó a mí, y a mitad de la noche, me desperté.
Me separé de Scorpius, sutilmente; y sin que despertara, me dirigí a las cocinas. Tenía la garganta seca, y esperaba encontrar algo que beber.
Abrí el moderno refrigerador, y encontré lo que deseaba. Una botella de agua.
-¿Estás mejor?-preguntó alguien a mis espaldas.
Me sobresalté por su voz, y la botella de agua casi se me cae de las manos.
-Por dios, Johanna.-exclamé asustada.-Casi me matas del susto…
-Uh. Lo siento…-dijo sacando otra botella.
Rodé los ojos, y me apoyé en la mesa de la cocina.
-¿Entonces, estás mejor?-repitió con suspicacia.
Asentí en silencio.
-¿No has tenido más nauseas?-continuó preguntando mientras se acercaba a mi lado.-¿Más apetito, tal vez? ¿Cambios de humor repentinos?
Cerré los ojos.
Maldita sea, ya lo sabía.
-Sólo dilo.-concluí sobándome las sienes.
-Estás embarazada.-murmuró con algo de sorpresa.- ¿Lo estás?
-Sí, lo estoy…
Ella, entreabrió los labios, pero logró contenerse.
-¿Scorpius, lo sabe?-me dijo con preocupación.
-No, no lo sabe.-sentencié con monotonía.-Nadie lo sabe. Sólo tú... Espero, que lo mantengas en secreto.
-Puedes confiar en mí…-susurró mirando el vacío.-En verdad, estás loca… ¿Cómo demonios aceptas venir en ese estado?
-¿En serio lo preguntas?-respondí con sarcasmo.
-Sí, lo sé. Sé que hay una guerra, y tú eres la única esperanza.-murmuró con algo de dramatismo.-Pero, esto no es un juego…
-Lo sé, Johanna… Quisiera que esto no estuviera pasando, quisiera creer que sólo es una pesadilla, pero… no puedo dar un paso al costado.
-Te admiro por eso.-concluyó echándome una mirada.-No te preocupes, no se lo diré a nadie.
-Gracias…
-En serio, estás loca… Valiente, pero loca.-sentenció sonriendo.
Sonreí también.
-Supongo que tienes razón.-concluí cruzándome de brazos.
¿Qué más daba? Estábamos en medio del fin del mundo, y sabía que podía confiar en ella.
Hola! Sólo unos cuatro o tres capítulos y llegamos al final! Merezco miles de crucios por haber tardado tanto, pero aquí me tienen. Gracias a los que aún siguen pendientes de esta historia.
Besos! :)
