Capítulo XXX: Cruel Destino...

Mis ojos se abrieron como dos resortes, cuando escuché los gritos desesperados de uno de los soldados.

Cogí mis flechas, y palpé mi varita en el bolsillo.

Scorpius estaba a mi lado, y lucía igual de confundido que yo. No entendíamos que estaba sucediendo. Al parecer la trasnochada, me había traído consecuencias, pues aún estaba algo desorientada.

-¡Tenemos que salir de aquí!-anunció Finnick corriendo hacia nosotros.-Nos tienen rodeados.

Nos asomamos por la ventana, y ahí estaban los cientos de soldados que Voldemort había enviado para asesinarnos de una vez por todas.

Miré hacia arriba, y varios aerodeslizadores, cubrían la luz del cielo.

-No podemos salir ni por arriba, ni por las calles…-escuché que decía Boggs, cuando llegamos a la sala.

El hombre, miraba su tableta desesperadamente, y luego se oyeron unas voces por la radio de su bolsillo.

-Hicieron contacto con el distrito trece hace unas horas.-me comunicó Louis cogiéndome del brazo, y llevándome hacia atrás.

-¿Están a salvo?-pregunté de inmediato.

Me miró fijamente a los ojos, y tragó espeso, antes de poder responder.

-Sí, están bien…-respondió con un tono de voz que conocía bastante bien.

Joder, pensé mordiendo mi labio inferior. Algo había pasado, podía verlo en su mirada, en su forma de hablar. Lo conocía desde que tenía uso de razón, y sabía que sólo lo decía para calmarme.

-Louis…-insistí, ignorando la presión del escuadrón por buscar una solución y poder escapar de ahí.

-Están bien, Rose…-continuó afligido.-Tía Ginny y los demás, están bien…

-Dímelo, Louis…-murmuré con un nudo en la garganta.

Él, tragó espeso nuevamente, y asintió en silencio.

-El abuelo…-concluyó.

Cerré los ojos, y sentí que una parte de mí rogaba por tirarse al piso y empezar a llorar desesperadamente, pero por otra parte, sentía que no podía botar ni una sola lágrima en ese momento.

Me di media vuelta, y volví con Scorpius.

-¡Las alcantarillas!-gritó un soldado mientras Boogs, lo miraba en silencio.

El hombre, parecía desorientado.

-¡Por dios, Boggs!-le gritó Johanna haciéndolo reaccionar.- ¡Es la única opción!

Pareció dudar por unos segundos, hasta que los demás le dijeron lo mismo que Johanna, y tan pronto como pudimos, bajamos por el ascensor del enorme edificio. Esperábamos no encontrar a ningún agente, o de lo contrario, dispararíamos a matar.

-¡Preparen sus armas!-nos indicó.-No sabemos que podemos encontrar ahí abajo…

Llegamos al sótano, y por medio de una bombarda, hicieron un hoyo en el piso, creando una especie de conducto que nos unía al subterráneo.

Estaba completamente oscuro, y los soldados del escuadrón fueron los primeros en bajar.

-No puedo ver nada, maldita sea…-escuché que dijo Johanna a mi costado.

-¡Lumos!-exclamó Louis, y de inmediato, todos los que poseíamos una varita, le imitamos.

-¿Por dónde?-pregunté al ver que habían dos caminos.

-Derecha.-murmuró el mismo soldado que había sugerido este plan.-Trabajé haciendo reparaciones en casi todas las tuberías del Capitolio…

-¿Estás seguro?-preguntó Fred alzando su varita y examinando el camino.

-Es la única opción de llegar al centro del Capitolio...

-Confiaremos en ti, Mitchell.-sentenció Boggs dándole permiso de guiarnos.

Por aproximadamente dos horas, avanzamos con cautela por las interminables alcantarillas del Capitolio. Eran oscuras, los Lumos no eran de mucha ayuda, las ratas se colaban entre mis pies, y había cualquier otra clase de alimañas en las destartaladas paredes.

-¿Adónde se supone que nos lleva este camino?-preguntó Scorpius al soldado guía.

-Hacia la estación del subterráneo…-respondió Mitchell cargando una pistola.-Estamos cerca…

El rubio asintió en silencio, y volvió a mi lado.

-Scorpius…-susurré en voz baja.

Él, volteó a verme, y me echó una mirada comprensiva. Podía adivinar lo que pensaba.

-Lo sé…-dijo cogiendo una de mis manos.-Fred, me lo dijo. Lamento lo de tu abuelo…

Sólo asentí, y me pregunté a mi misma, si había perdido mis emociones.

Tal vez, no podía llorar porque en esos momentos, aún no podía asimilar que el abuelo Arthur, había muerto en verdad. Aquello parecía tan irreal, que era difícil creerlo.

¿En verdad estaba muerto? ¿A lo mejor, Louis escuchó mal?

No, Rose, me dije aceptando la verdad, Sólo estás poniendo excusas. Tu abuelo, murió.

-Estaré contigo, no lo olvides…-murmuró Scorpius a mi lado.

Me concentré en su mirada, sabía que este sería un trago amargo por superar, pero no podía pensar en eso ahora. Había muchas cosas en mi cabeza.

-¡Silencio!-ordenó James, haciéndonos frenar en seco.

-Puedo escucharlo…-sentenció Finnick alzando su metralleta.

Sabía que algo estaba por suceder. Voldemort, debía tener preparada alguna maldita sorpresa.

Mitchell, se aseguró en regresar unos cuantos bloques para asegurarse de que nadie nos estuviera siguiendo, pero fue demasiado tarde.

-¡Corran!-fue lo último que exclamó el soldado, antes de que algo se abalanzara sobre él.

De inmediato, cogí una de mis flechas y disparé hacia el fondo, logrando crear una explosión que iluminó parcialmente el túnel.

Caí hacia atrás por la onda de expansión pero Scorpius se aseguró en levantarme.

-¡Se dirigen hacía aquí!-gritó Finnick disparando sin control hacia las cosas que nos perseguían.

No sabía cómo describirlas, pero por el aspecto que tenían, debían ser algunas mutaciones creadas en los laboratorios del Capitolio. Eran cientos, y venían hacia nosotros.

-¡Disparen!-ordenó Boggs, imitando a Finnick.

-¡Ustedes salgan de aquí!-me gritó un soldado, dispuesto a sacrificarse por el grupo.

Corrí desesperadamente, mientras intentaba lanzar algun hechizo en el camino, pero no conseguía ver nada.

Podía escuchar los gritos que hacían las mutaciones, indicando que se acercaban, y aunque el sacrificio del soldado, nos dio tiempo de correr varios bloques hacía adelante, eso no les detuvo de alcanzarnos.

-¡Ahhh!-grité cuando sentí que una de esas cosas se abalanzaba sobre mí.

Cogí la pistola, y le disparé en la cabeza, pero al ponerme de pie, otra mutación me atacó, haciendo que el arma cayera lejos de mí.

-¡Avada Kedavra!-grité utilizando mi varita, pero el hechizo no funcionó. Estas criaturas, eran vulnerables a cualquier encantamiento.

La mutación, intentó morderme, pero en lugar de ello y gracias a un ágil movimiento, mi varita se incrustó en su cuello como si se tratara de una daga, y la criatura cayó muerta a mi lado.

Era irónico que de todas formas, me hubiera servido para algo.

-¡Rose!-gritó Scorpius.

Recogí mi pistola, y corrí hacía él desesperada; no había tiempo que perder, y continuamos matando a todos los monstruos que podíamos, hasta que fueron disminuyendo en número.

Johanna ayudó a Louis, y logramos salir de ahí, tomando una ligera ventaja.

-¡A la derecha!-exclamó Boggs con seguridad.

Todos corrimos hacía donde indicó, y desembocamos en un callejón sin salida.

-¡Suban por esas escaleras!-me dijo el hombre, pero antes de poder hacerlo, aparecieron más mutaciones. Era un número más grande que el anterior, y sabía que no saldríamos de ahí, sin que varios perecieran antes.

Disparé a cuantos pude, y una vez más, una de las horrendas criaturas se abalanzó sobre mí. Estaba rabiosa, y no parecía quererse dar por vencida, fácilmente.

-¡Maldita sea, muérete!-grité en medio del enfrentamiento.

Sus filudos dientes rozaron mis manos, y eso me dio ventaja de clavar una verdadera daga en su boca. Cuando me vi liberada de la criatura, cogí mis flechas y empecé a disparar a todas las que aparecían.

-¡Rose, debemos seguir!-me gritó Johanna, subiendo por las escaleras de escape. El lugar era un desastre. No había modo de salir, que no fuera por ese pequeño agujero.- ¡Rose, maldición!

Empecé a retroceder negativamente, tenía que seguir disparando, pero Scorpius me cogió del brazo y me arrastró de vuelta hacia Johanna.

-¡No podemos dejarlos!-le grité desesperada.

-¡Yo los ayudaré!-me dijo impaciente y volviendo a disparar. -¡Ve, ahora!

No le hice caso, y continué lanzando mis flechas. No podía dejarlos. Me quedaría con ellos hasta el final.

James, llegó hacia nosotros junto a Louis, el rubio estaba visiblemente herido, y me ordenaron subir las escaleras, pero tampoco les escuché.

-¡Suban!-exclamó Boggs en medio de la pesadilla mientras luchaba junto a sus demás soldados.- ¡Suban, ahora!

Esto jamás terminaría. Fred cayó a los pies de James, y lograron ponerlo en pie.

Finnick, también logró acercarse, pero otra criatura se abalanzó sobre su espalda y le impidió seguir.

-¡Finnick!-gritó Johanna queriendo ir tras él, pero Louis la detuvo y la obligó a subir.

No lo dudé, y aunque Scorpius, me tenía sujetada de un brazo, logré liberarme de él con una fuerza que sólo esos momentos de adrenalina te otorgaban. Me acerqué lo suficiente para darle a la criatura en la cabeza, y Finnick corrió hacia nosotros.

Unas manos me tomaron por la cintura, y me llevaron de vuelta a las escaleras.

-¡Maldita sea, sube ahora!-me ordenó James liberándome y después continuó disparando.- ¡Fred! ¡Fred, por mi derecha! ¡Vete!-volvió a decirme.

En esta ocasión, no objeté nada, y tan pronto como pude, subí por el pequeño agujero que me llevaba a la superficie.

Scorpius, me ayudó, y caí sobre su pecho.

-¡Tenemos que seguir!-gritó Louis cargando su arma.

Boggs, subió de inmediato, y detrás de él subió Finnick. Una de las criaturas, lo había mordido, pero había logrado hacerse un torniquete en la pierna.

-¡James, Fred!-grité acercándome al agujero.

No los veía por ningún lado, y empezaba a sentir que los latidos de mi corazón aumentaban. Podía sentir una opresión en mi pecho. Algo estaba por suceder.

-¡Rose!-me llamó Scorpius.-¡Rose, tenemos que salir de aquí!

-¡Ve con Louis! ¡Yo esperaré! ¡Ven con él, no me pueden atacar desde aquí!-le grité desesperada.

Varios soldados, también habían quedado atrapados, y podía escuchar sus gritos. Finnick, corrió a mi lado, y estuvo a punto de bajar para ayudarlos, pero lo detuve.

-¡No!-exclamé extendiendo una mano.-¡James, Fred!-grité llamándolos por milésima vez.-¡James!

Por favor, pensé sin saber a quién le estaba rogando. Por favor…

-¡Rose! ¡Retrocede!-exclamó el azabache apareciendo por las escaleras. Fred, iba detrás de él, y retrocedí bruscamente, esperando que lograran subir lo más rápido posible.

James, se asomó, y cuando estaba por tomar mi mano, algo intentó jalarlo hacía abajo.

-¡Me tienen!-gritó luchando.

Finnick, lo cogió de un brazo y yo del otro.

Jalamos con fuerza, y lo hicimos regresar, pero tan pronto como me asomé de nuevo, una de mis peores pesadillas se hizo realidad.

-¡Fred!-grité horrorizada al ver que no lo había logrado y cientos de mutaciones se abalanzaban sobre él.-¡Fred!

Finnick, me sostuvo para evitar que cometiera una locura, y James sólo se limitó a mirar con impotencia como Fred llamaba nuestros nombres en medio de su brutal agonía.

No había nada que pudiéramos hacer. En esos momentos, las criaturas habían invadido las alcantarillas por completo, y pronto llegarían a nosotros.

James, estaba desesperado, intentaba dispararle a cuantos podía, pero no era suficiente.

Y me odié por lo que iba a decir. Me odié como nunca antes lo había hecho, y supe que jamás lo olvidaría, supe que esto me perseguiría por el resto de mi vida.

-Hazlo, James.-le dije sintiendo que mi corazón se hacía trizas, y que el destino había sido demasiado cruel.-¡Hazlo!

James, apretó los labios, y le lanzó un Avada Kedavra, que acabó con el suplicio de nuestro primo.

-Tenemos que seguir.-nos dijo Finnick haciéndonos volver a la realidad.-Tenemos que ir con los demás.

Los gritos de Fred, aún hacían eco en mi cabeza, y comprendí que una parte de mí, también había muerto.