Capítulo XXXI: Nuestra última oportunidad...
Mi respiración estaba acelerada, no sabía por cuanto más podría aguantar esto.
Fred, estaba muerto. Y yo no había podido salvarlo.
Esto no puede estar pasando..., pensé en medio del shock.
-¡Tenemos que salir de aquí!-exclamó Boggs, llegando hacia nosotros.
Otra persona en mi lugar, se habría rendido hacia mucho tiempo, pero yo no podía permitirme ese lujo. No podía tomar un descanso y reflexionar sobre lo que había pasado, ni siquiera, podía llorar.
-¡Por la derecha!-señaló el último soldado del escuadrón de Boggs.-¡Tenemos que llegar a la estación del subterráneo!
Hicimos caso a lo ordenado, y corrimos cargando nuestras armas. James, había perdido su metralleta durante el ataque, y lo único que le quedaba era su varita. Scorpius, quiso darle una pistola, pero él no la aceptó y dijo que estaría bien.
No tardamos en llegar a la estación, y el rubio, tomó de mi mano jalándome hacía la salida, sin embargo, tan pronto como pusimos un pie en el lugar, un grupo de agentes de la paz nos dio la bienvenida con cientos de disparos y maldiciones.
-¡Posiciones!-nos gritó Boggs, evadiendo las balas.
Nos resguardamos detrás de unas columnas, pero sus armas eran más letales y lograron que la pequeña estación del subterráneo se convirtiera en un verdadero campo de batalla.
-¡Cuidado, están de ese lado!-me avisó Finnick, al ver que un crucio casi me caía encima.
Logré evadir la maldición, y le lancé un Avada Kedavra al agente.
Traté de buscar una salida, pero el único camino que nos llevaba a la superficie, estaba siendo ocupado por fuerzas enemigas.
-¡Avada kedavra!-grité otra vez, pero en esta ocasión, fallé.
-¡Muévanse!-ordenó James al entender que teníamos que salir de ahí a como diera lugar.
Caí de rodillas, pero Johanna logró ayudarme, mientras me miraba con preocupación. Ella, era la única que sabía mi secreto.
-¡Tenemos que seguir, Rose!-exclamó comenzando a disparar desesperadamente.
Corrí detrás de ella, mientras evitábamos los cientos de obstáculos que habían empezado a aparecer en nuestro camino. No sólo estaban los agentes de la paz, también habían aparecido unos chorros de fuego ardiente que salían por los techos.
El último soldado del escuadrón de Boggs, fue alcanzado por uno de ellos, y murió calcinado, instantáneamente.
-¡Scorpius!-llamé al ver que se quedaba atrás.-¡Protego!-me defendí para evitar que me cayera una maldición.
-¡Sigue!-me gritó desesperado. Estábamos en diferente extremos y comenzaba a temer lo peor. Él continuaba lanzando maleficios y hacía todo lo posible para regresar a mi lado.
Le imité, y traté de acabar con cuantos enemigos pude.
James, asesinó a los agentes que iban tras Scorpius, y eso permitió que el rubio volviera a mi lado, sin embargo, Finnick activó una de las trampas, y de pronto, el piso del subterráneo empezó a venirse hacia abajo.
Habían más agentes de la paz cubriendo la salida. Sabíamos que debíamos pasarlos, o de lo contrario quedaríamos atrapados.
Lancé una granada hacia el grupo que nos impedía avanzar, y el efecto de explosión fue aún mayor que el encantamiento bombarda.
Varios, cayeron muertos a los lados, y los pocos que quedaron con vida, fueron acabados por todos nosotros.
-¡Salten ahora!-grité desesperada, mientras tomaba impulso y caía de espaldas, lejos de la destrucción.
Si estando embarazada lo había logrado, esperaba que los demás también lo hubieran hecho.
-Ahh, demonios…-dije parándome con dificultad. Mi espalda había quedado hecha trizas, de eso estaba segura; pero recuperé el semblante tan pronto como Scorpius, vino hacía mí.
-¡Boggs, está herido!-me dijo echándome una mirada sospechosa.- ¿Estás bien?
-Sí, lo estoy…-sentencié algo confundida, y volviendo a la realidad.
Boggs, apoyó un brazo en Louis y el otro en James. Subimos por las escaleras, y presté atención ante cualquier otra amenaza que pudiera haber en la superficie.
Al fin, habíamos llegado al centro del Capitolio, y lucía completamente solitario. No había ni una sola persona, y todos los autos estaban abandonados.
-¡Está libre!-les anuncié para que pudieran subir a Boggs.
El hombre, apenas podía mantenerse en pie. Sabía que esto era grave.
-Tenemos que encontrar un lugar…-me dijo James, dándose cuenta de lo evidente.
Asentí en silencio.
-¡Sigamos!-les indiqué tomando el mando, y empezamos a recorrer las desoladas calles del centro.
En el camino, noté que habían carteles de "Se Busca" con nuestras fotografías. Había cientos de ellos, y nadie había sido la excepción, ni uno solo. Todos estábamos ahí.
Desde Finnick hasta Johanna, desde Scorpius hasta James. Absolutamente, todos. Inclusive, habían carteles de Haytmich y Effie.
Se nos acusaba de alta traición y nos pedían vivos o muertos.
Intenté no distraerme, y me pareció ver que una persona ingresaba a una de los edificios abandonados.
-¡Ahí!-señalé tan pronto como pude. Si había alguien en esa casa, eso significaba que había comida y cualquier suplemento, que necesitaríamos para continuar con la misión.
Louis, corrió junto a Johanna y tocaron desesperadamente, pero nadie respondió.
-¡Alohomora!-gritó mi primo, y la puerta se abrió automáticamente.
Todos llegamos hacía ellos, y en cuanto ingresamos, encontramos a una mujer de cabello rubio, visiblemente mayor, con gafas y un atuendo ridículamente extravagante.
Típica ciudadana del Capitolio.
Sin embargo, me sorprendió ver que tenía una varita en sus manos, y nos amenazó con ella. Nadie le hizo caso y mis primos se apresuraron en dejar a Boggs sobre uno de los sofás de la sala.
El hombre, estaba desangrándose. Una bala, lo había alcanzado, y no había forma de parar la hemorragia.
Sin tan sólo Lily estuviera aquí, pensé abatida, pero deseché esos pensamientos. No podía imaginarla en un lugar tan peligroso como este.
-¡Llamaré a la guardia protectora!-gritó la mujer temblando.-¡Llamaré a los agentes de la paz!
Miré la herida de Boggs, y noté que la sangre provenía de su abdomen.
-¡Los agentes vendrán por ustedes y los matarán, traidores!-siguió diciendo.-¡Los llamaré ahora mismo!
-¡Que alguien calle a esa mujer, o juró que la mataré!-grité intentando cubrir la hemorragia con un pedazo de tela.
Johanna se acercó a ella, le arrebató la varita de las manos y la quebró por la mitad en su delante.
-¡Cierra el pico o te disparo!-le advirtió cargando su pistola y presionándola contra su pecho.-Sólo una palabra más y acabo con tu acomodada vida en este maldito Capitolio.
-Rose…-balbució Boggs botando sangre por la boca.-Debes seguir… Debes seguir con la misión… Ya casi hemos terminado…
Sacó la tableta de su cinturón, y me la entregó.
-Envía la señal…-me pidió mostrándome donde debía presionar.-Ellos vendrán y mandarán ayuda…
Sabía lo que eso significaba. Todos los soldados del distrito trece, serían enviados a luchar aquí y entre ellos, estarían Albus y Hugo.
-Es nuestra última oportunidad… nuestra última oportunidad…-repitió mirándome a los ojos.-Tú eres el sinsajo, ve a la mansión de Voldemort y… lucha por tu libertad.
Su cabeza cayó a un lado, e inesperadamente, falleció.
Asentí en silencio, y supe que debíamos crear una estrategia. Estábamos en la cuenta regresiva.
-Todos los ciudadanos, están siendo llevados a la mansión de Voldemort… Es ahí, donde les darán refugios.-me dijo Louis.-Están pasando un anuncio por la televisión.
-Es un cobarde…-sentencié adivinando sus planes.-Quiere que la gente vaya ahí, para evitar que ataquemos su mansión…
-Debemos ir camuflados.-sentenció Louis.
-No podemos ir todos…-agregué de inmediato.-Sólo iré yo.
James rió con sarcasmo, y como siempre, se adelantó a Scorpius.
-No pienso dejar que vayas sola.-exclamó cargando sus armas.-Irás conmigo.
No fue necesario que Scorpius dijera algo. Su mirada lo decía todo.
También, iría.
-Sólo los tres.-sentencié dirigiéndome a Louis.-Tú te quedarás con Johanna y Finnick… Esperarán a que vengan los refuerzos del distrito trece… Por favor, quédense aquí… No quiero perder a nadie más…
Inevitablemente, mi vista se empañó cuando recordé a Fred, pero logré contener mis lágrimas una vez más. Louis, me miró comprensivamente y asintió en silencio.
Nadie protestó. Todos sabían, que esta era mi misión desde el principio. Llegar a la mansión de Voldemort, y acabar con él.
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James, intentó trazar un plan, mientras yo me rehidrataba con algo de agua y descansaba sobre la mesa.
La mujer que teníamos de rehén, me miraba con desconfianza y cuando le eché un vistazo a su identificación, su nombre me asaltó por sorpresa.
-Rita Skeeter.-sentencié, recordándola como una de las antiguas comentaristas de los juegos del hambre. Pero no sólo había sido eso, esta mujer también había resultado ser un verdadero dolor de cabeza para mi tío Harry, y fue por culpa de ella, que los mortífagos habían encontrado el escondite de mi familia antes del nuevo orden.-¿Con qué eres Rita Skeeter?-pregunté acercándome a ella.
-¿Rita Skeeter?-preguntó Louis a mi lado, probablemente, pensando lo mismo que yo.
James, alzó una ceja, y luego de unos segundos, también pareció recordar el nombre.
-Acabemos con ella.-sentenció mi primo cogiendo su varita.
-Es una excelente idea.-exclamó Johanna esbozando una sonrisa y caminando en dirección a la mujer.-¿Cómo prefieres morir, rápido o lento?
La mujer, tragó espeso, y empezó a pedirnos perdón desesperadamente. Juró por su vida, y prometió que jamás volvería a ser la de antes.
-Pero, si tu vida no vale nada...-le espeté molesta mientras clavaba una daga en la mesa. En verdad, quería matar a esa mujer, pero me contuve por mi propio bien. De todas formas, ya habían sido demasiadas muertes por hoy. En estos momentos, tenía cosas más importantes en que pensar.-Échenle un desmaius, y aléjenla de mi vista.
Si ganábamos la guerra, me encargaría de hacerle pagar su error.
Espero que les haya gustado! :) Ya falta muy poco para el final!
Rosalie!
