Capítulo XXXII: Infierno...
James, manipuló el radio por unos segundos, y recibió una respuesta afirmativa desde el distrito trece.
Las naves con los refuerzos ya estaban en camino, y pronto, se desataría la terrible guerra. Esperaba que para ese momento, ya hubiera conseguido llegar a la mansión de Voldemort.
Rápidamente, nos colocamos unos abrigos grises que nos permitirían camuflarnos entre los ciudadanos del Capitolio sin ser reconocidos.
-Suerte, Rose…-murmuró Johanna, dándome un abrazo.-No intentes hacerte la valiente…-concluyó como si estuviera diciéndome que no intentara hacer algo estúpido por el bien del bebé.
Asentí en silencio, y entendí que ya lo estaba haciendo. El simple hecho de estar aquí, ya me convertía en la peor persona del mundo.
Por un minuto, agradecí que mis padres no estuvieran vivos o de lo contrario, verían el desastre en que me había convertido.
Sí, soy un desastre, pensé con resignación.
Finnick, se acercó e hizo lo mismo.
-Sé que todo saldrá bien.-murmuró en mi oído, y luego, agregó algo más.-Lamento lo de Fred…
Tragué espeso.
-No podíamos hacer nada…-le dije siendo realista.-Está bien, sólo… sólo espero acabar con esto y hacer justicia.
Él, asintió en silencio y se hizo a un lado.
-Si las cosas no salen como esperas, huirás de ahí…-dijo Louis alzando mi rostro con una de sus manos.- Sólo regresa a nosotros. ¿Sí?-me pidió.
Le di un largo abrazo y me separé de ellos esperando que todo saliera de acuerdo al plan.
El día estaba gris, y probablemente, llovería, o tal vez, presagiaba todo lo que estaba por venir.
No pueden ocurrirme más cosas, pensé mirando al cielo. No más...
-No olviden el plan...-nos murmuró James.
Asentí en silencio, y luego de caminar por varios minutos, encontramos nuestro objetivo.
-Por favor, diríjanse hacía la derecha, y únanse al resto.-nos indicó un agente de la paz sin prestarnos atención.
Al fin habíamos llegado.
Podía ver la enorme mansión de Voldemort a varias calles lejos de nosotros.
Por ahora, sólo teníamos que simular ser parte de estas personas, y evitar que la capucha de los abrigos se nos caiga o de lo contrario, nuestros rostros quedarían al descubierto y se activaría la señal de alarma.
Debía ser cuidadosa, había cientos de agentes de la paz; tenían varitas y pistolas, dispuestos a disparar si encontraban alguna sospecha. Ellos, ya habían sido advertidos. Sabían que el Sinsajo y los rebeldes estaban cerca.
-¡Sigan avanzando!-exclamó uno de los guardias con rudeza.- ¡Continúen!
Inesperadamente, sentí la mano de James sobre mi hombro.
-Nos separaremos…-me anunció en voz baja. No era una sugerencia, era una orden.-Quédate con Scorpius…
-¿Qué? No… Es demasiado pronto...-le dije desesperada.
-Pronto llegaremos... Debo ir ahora…-fue lo último que dijo antes de tomar una ruta alternativa y dispersarse entre la enorme multitud.
-Tranquilízate, Rose…-murmuró Scorpius.-Sólo intentemos apresurarnos un poco… Tenemos que llegar antes que estás personas.
Asentí en silencio, y él avanzó primero, evadiendo a cuantos ciudadanos se le cruzaban en el camino.
Tenía razón. No podíamos demorarnos o todo el plan, se vendría abajo.
Le imité tan pronto como pude, pero repentinamente, sentí que alguien me observaba.
Alcé la vista, y una pequeña niña de cabello castaño, me miraba con curiosidad. Llevaba dos coletas y no debía tener más de dos años.
Sonrió como si hubiera hecho un gran descubrimiento, y aunque así lo fuera, no me quedé para averiguarlo. En cuanto tuve la oportunidad de alejarme, avancé a gran velocidad e intenté alcanzar a Scorpius.
El camino se había hecho más largo de lo que esperaba, y por un segundo, pensé que nunca íbamos a llegar.
Miré por el rabillo de mi ojo, y me pareció ver que un agente de la paz se acercaba hacia a mí. Continué con la mirada gacha y esperé, porque no me hubiera visto.
-Disculpe, venga con nosotros…-le dijo a una mujer que estaba a mi lado.
La mujer se negó, pero luego de un breve intercambio de palabras, acabaron llevándosela en contra de su voluntad.
Mi corazón latía a toda prisa, los nervios eran algo que aún no había logrado controlar. Durante los entrenamientos en el distrito trece, creía haber superado todas las pruebas, pero ahora, sabía que no era así.
Tranquila, Rose, me dije a mí misma. Por tu bien, y por el de…
Apreté los labios con fuerza, ni siquiera podía pensar en él o ella. Me sentía tan culpable porque estuviera aquí conmigo.
-Estamos cerca…-murmuró Scorpius haciéndome volver a la realidad.
Alcé mi rostro, y vi lo que teníamos en frente.
La enorme mansión de Voldemort; custodiada por cientos de agentes de la paz y dementores; nos esperaba al final del camino.
No me sorprendió. Por supuesto, que el señor oscuro, debía resguardarse y que mejor manera, que poner a esas horribles criaturas para su cuidado.
Agradecí que sólo hubiéramos venido los tres, o de lo contrario Finnick y Johanna, no habrían podido defenderse contra esas cosas.
Ya casi estábamos ahí, pero una vez más, todo pareció complicarse.
Para poder pasar al otro lado, los agentes de la paz estaban revisando el rostro de cada persona que cruzaba.
Miré a Scorpius, pero él no estaba desesperado. Sostuve la varita que tenía escondida bajo el abrigo, y me preparé para usarla.
De inmediato, llegó nuestro turno y cuando el agente de la paz me quitó la capucha para mirarme de cerca, pronuncié un Confundus, que le hizo parpadear dos veces.
El hombre, me miró completamente desorientado, y luego, me permitió pasar.
Suspiré aliviada, mientras Scorpius hacía lo mismo y pasaba desapercibido.
-¡Pronto se abrirán las rejas!-anunció otro de los agentes.
La gente había comenzado a rogar por entrar, pero nadie parecía hacerles caso, sólo les decían más de lo mismo, que esperaran y que pronto entrarían.
Como parte del plan, teníamos que empezar un motín que distrajera a los agentes, pero no fue necesario que yo lo hiciera.
Un par de metros más allá, un grupo de personas había comenzado a protestar con violencia, empujando a todos los agentes que intentaban detenerlos.
Intenté buscar a James con la mirada, y lo vi ahí.
Todo había sucedido tan rápido, que entendí que era ahora o nunca.
Él asintió en silencio, y esa fue la señal.
De inmediato, y sin que nadie pudiera presagiarlo, lanzamos tres bombardas en sitios estratégicos, que acabaron destruyendo parcialmente el enrejado que rodeaba a la mansión. Los agentes de la paz que custodiaban esa zona, salieron volando por los aires y esa fue nuestra oportunidad.
-¡Incendio!-exclamé creando descomunales llamas, que rodearon todo el cercado y terminaron por matar al resto de agentes sobrevivientes.
La gente gritaba desesperada, e intentaban salir de ahí empujándose unos a otros. El caos, había empezado a reinar.
-¡Tenemos que entrar!-le grité a Scorpius, mientras intentábamos traspasar el incendio y parte de mi abrigo se quemaba con las llamas.
De inmediato, me lo quité y mi rostro quedó rebelado.
-¡Es Rose Weasley!-gritaron los pocos ciudadanos que estaban cerca de nosotros.
Tan pronto como lo dijeron, unas sirenas de alerta se encendieron por todo el Capitolio y se desató la guerra. Sabían que estába aquí.
Sin perder el tiempo, corrimos en dirección a la enorme mansión, pero como era de esperarse, más agentes de la paz aparecieron.
Lanzamos cientos de hechizos contra todo aquel que se acercaba. Desde Avadas hasta Crucios, Bombardas y toda clase de maleficios que se me venían a la mente.
-¡Expecto Patronum!-gritó James, cuando una decena de dementores intentó atacarnos.
En pocos minutos, el lugar se había transformado en un verdadero Infierno.
-¡Scorpius!-exclamé al ver que una bala lo había alcanzado.
-¡Sólo es mi hombro!-dijo tomando su varita.-¡Sigue disparando!
Asentí en silencio, y repetí el hechizo, cuando otro dementor intentó acercarse. La criatura, se alejó, pero en su lugar dos agentes nos lanzaron un maleficio que nos hizo volar lejos de ellos.
Debía tener alguna herida en la frente, porque empecé a sentir que un líquido caliente se resbaló por mi mejilla, y por un momento, no pude pensar con claridad.
-¿¡Estás bien!?-me preguntó Scorpius.
-¡Sí! ¡No te detengas!-grité al ver que los agentes se acercaban.
Les lancé la maldición asesina, pero más soldados continuaron apareciendo en su lugar.
-¡A tu derecha!-nos advirtió James llegando hacia nosotros. Su pierna sangraba, y aunque estábamos, relativamente, cerca a la mansión, aún no podíamos ingresar por la resistencia que ponían.
Lancé un protego, mientras sentía que la suerte no estaba de nuestro lado.
No quería sonar pesimista, pero eran demasiados agentes y dementores. Las posibilidades de salir de esta, empezaban a ser desalentadoras.
James estaba herido, al igual que Scorpius. Pronto, yo también lo estaría, y esta misión estaría condenada al fracaso.
-¡Los rebeldes!-gritaron los agentes de la paz desesperados. Por un segundo, pensé que se referían a nosotros, pero no fue así.
En medio de ese infierno, logré recuperar la esperanza cuando giré mi rostro y noté que los refuerzos del distrito trece, al fin, habían llegado.
-¡Ahora, Rose!-me indicó James aprovechando la retirada de algunos soldados enemigos. Rodeamos la mansión, y mientras el enfrentamiento se había concentrado adelante, la parte trasera había quedado libre.
Scorpius, no estaba con nosotros, pero James me sacó de mis pensamientos, cuando lanzó una bombarda que hizo que parte de la pared se viniera abajo.
Entendí que no teníamos tiempo. Debíamos ingresar y acabar con esto, mientras aún podíamos.
-¡Traidores, serán encarcelados!-escuché que gritaban a mis espaldas.
-¡Entra y encuentra a Voldemort!-me ordenó James empujándome a la mansión.
-¡No puedo dejarte!-le advertí.
-¡Intentaré ir detrás de ti!-exclamó lanzando otro maleficio.-¡Es nuestra única oportunidad, Rose! ¡Yo te cubro! ¡Ve!
Corrí como él me dijo, esperando que lograra evadirlos, pero en medio del duelo, un crucio lo alcanzó y cayó al suelo, retorciéndose de dolor.
-¡James!-grité desesperada e intenté volver por él, sin embargo, los soldados del distrito trece fueron más rápidos y se lo llevaron de ahí, sin notar mi presencia.
Tragué espeso y supe que debía continuar por mi cuenta. No podíamos a arriesgarnos a fallar.
Di media vuelta de regresó a la mansión, y caminé en silencio, mientras escuchaba todo el caos que se desataba allá afuera.
Era una verdaderas batalla y no quería ni imaginar, cuantos muertos habrían.
Me reproché por pensar en eso, e inesperadamente, una enorme explosión, me hizo asomar por las ventanas y noté que unas grandes llamaradas de humo provenían de donde, minutos antes, habíamos estado con la gente del Capitolio.
Lovegood, ha mandado sus aerodeslizadores, pensé desesperada. Están bombardeando toda la ciudad.
Tal vez, la estaban destruyendo, pero yo no podía seguir pensando en eso. En estos momentos, no había nada que pudiera hacer.
Mi misión, era hallar a Voldemort.
