Espero que lo disfruten! Saludos! :)


Capítulo XXXIII: Nunca serás libre...

Había subido por unas enormes escaleras forradas en un fino terciopelo rojo, que sólo demostraba la grandeza del lugar. La última vez, que había estado aquí, había sido durante la gira de la Victoria y muchas cosas habían cambiado desde entonces.

Muchas.

Nada me había hecho adivinar que regresaría en diferentes circunstancias. Ahora como rebelde, y ya no como vencedora del distrito doce.

Por instinto, me llevé una mano a la cara, y toqué el corte que tenía en la frente.

Maldita sea, pensé mordiéndome el labio, la herida estaba sensible y el contacto me generó un dolor insoportable. Reprimí un gemido y decidí continuar con el recorrido.

Sabía que Voldemort estaba cerca, podía sentirlo.

Estaba rodeado, no tenía escapatoria. Ni siquiera, podía desaparecerse; porque su alma estaba tan desquebrajada, que era incapaz de hacerlo.

¿Dónde están sus mortífagos?, pensé mirando a todos lados. ¿Dónde están sus fieles aliados?

A lo mejor estaban en sus refugios subterráneos, o tal vez, habían aceptado rendirse, creyendo que así les otorgaríamos algún perdón.

-Hola, Rosie…-murmuró una repentina voz, cuando llegué a la segunda planta.

De inmediato, alcé la mirada y fue como si los antiguos recuerdos de mi vida regresaban a mí.

Mi corazón latió a gran velocidad y por un segundo, no pude articular ni una sola palabra. Era imposible.

El mismo hombre que me había atormentado durante años en el distrito doce. Aquel psicópata, que nos había hecho la vida imposible a mí y a mis primos.

Nott…

-¡Avada Kedavra!-grité tan pronto como pude, pero él esquivó el hechizo sorprendido.

¿Cómo demonios podía estar aquí?

Alzó una ceja, y me apuntó con su varita. Tenía el mismo aspecto desde la última vez que lo había visto, y además del uniforme blanco, llevaba una banda azul que cruzaba su pecho, indicando que pertenecía a algún alto cargo dentro de los agentes de la paz.

-¿Así es cómo saludas a un viejo amigo?-inquirió sarcásticamente.

-Maldito bastardo...-le espeté con furia.-No des un paso más o acabaré con tu patética vida...

Él rió, incapaz de creer en mis palabras. Tal vez, aún pensaba que era esa chica indefensa del distrito doce.

-Habrás asesinado a muchos, Rose, pero francamente, nunca has podido conmigo... ¿Lo recuerdas? Todas las veces que jugué contigo...-sonrió retándome y disfrutando cada palabra.-Debí haberte castigado, asesinar a todos tus malditos primos, dejar morir de hambre a toda tu familia y a ti, te hubiera tomado como la perra que eres...

Oh, dios..., pensé sintiendo que la rabia corría a través de mis venas.

Definitivamente, tenía que matarlo y hacerle pagar por lo que acababa de decir.

Todo esto tenía que ser idea de Voldemort. Colocar a este hombre como su guardia personal, tenía que ser una maldita broma.

-Pero no lo hiciste, imbécil.-exclamé fingiendo que lanzaría un hechizo, pero en lugar de ello, usé la pistola que llevaba escondida en mi bolsillo y logré darle en el hombro.

-¡Maldita perra, lo lamentarás!-gritó llevándose una mano a la zona afectada, y tan pronto como pudo, intentó atacarme lanzándome miles de maleficios, que logré esquivar con rapidez.

Había matado a agentes de la paz mejores que él. Sabía que Nott, sería un blanco fácil.

-¡Sectumsempra!-grité dándole de lleno en el pecho.

Automáticamente, el hombre cayó al piso y empezó a retorcerse de dolor.

Cientos de cortes aparecieron por todo su cuerpo y comenzaron a rasgar su piel sin compasión.

Sonreí de lado.

-¿Te gusta eso, Nott...?-le dije arrodillándome a su costado.-¿Te gusta herir a los demás...? ¿Te gusta cómo juego contigo?-continué diciendo mientras miraba fijamente a sus ojos.-No puedo oírte...

Él, incapaz de hablar, continuaba retorciéndose desesperadamente por la gran cantidad de sangre que su cuerpo derramaba.

No sé, si ya había perdido la cordura, pero en esos momentos, sentí una enorme satisfacción al ver que agonizaba.

-Prueba un poco de tu propia medicina, maldito idiota... Morirás desangrado como el bastardo que eres y no te preocupes, me encargaré de que nunca encuentren tu cuerpo...

Dicho eso, me puse de pie y echándole una última mirada, desaparecí y continué ascendiendo por la mansión. No podía seguir perdiendo el tiempo.

En pocos minutos, dejé de escuchar los gritos de Nott, y supuse que al fin había muerto.

-Sólo faltas tú, Voldemort...-dije mirando a mis dos lados.-Sólo tú...

Presté atención a la última puerta de un largo pasadizo. Era más grande que las otras, las manijas parecían estar hechas de oro y en medio, había la figura de una serpiente.

Sin embargo, antes de poder continuar, una sirena empezó a sonar por todos lados.

Debí haber activado una trampa, porque de pronto, dos bombas explotaron intempestivamente en las esquinas, y me hicieron volar lejos de ahí.

Caí sobre una pila de vidrios, pero no fui tan ágil como para usar mi varita, y evitar que uno de los filudos pedazos se me incrustaran en el antebrazo izquierdo. Mordí mis labios por el dolor, e intenté quitármelo, pero resultó imposible.

-¡Maldita sea!-gemí al ponerme de pie, no sólo mi brazo sangraba, sino también mi tobillo.

Pero, mi suplicio no acabó tan pronto. Inesperadamente, apareció un dementor de entre las sombras, y me atacó por la espalda. Caí al suelo nuevamente, mientras sentía que intentaba absorber mi alma.

Recuerdos poderosos, pensé intentando ponerme de pie.

Tenía más recuerdos tristes que felices. Tal vez por eso, no podía con esta criatura.

¡Piensa en algo poderoso, maldita sea!, me dije a mí misma, mientras cerraba los ojos.

-¡Expecto Patronus!-grité alejándolo, pero se resistía a dejarme.

¿Qué podía hacer?

Continué diciendo el encantamiento todas las veces que me fueron posibles, y finalmente, después de un largo batallar, la criatura desapareció.

Traté de recuperar el aliento, y cuando abrí las enormes puertas de esa habitación, me encontré con él.

Voldemort, pensé sin poder creerlo. Él, estaba ahí y ni siquiera, se molestó en voltearse para observarme. Él, sólo veía la destrucción del Capitolio, desde su ventana.

-¿¡Piensas enviarme otra criatura!?-le espeté apuntándole con mi varita.- ¿¡Tal vez a otro agente de la paz!? ¿¡Tal vez a otros malditos juegos?!

Luego de lo que pareció una eternidad, giró a verme.

Lucía más enfermo, que la última vez que lo había visto. Tal vez, por ello se resistía a seguir luchando y aceptaba su destino con resignación.

-No creí que llegarías hasta aquí, Rose Weasley…-admitió con una varita entre sus manos.-No creí que una chica del distrito doce lograría agitar a toda una nación... Sin importar de quien seas hija... Lograste llegar más allá de mis expectativas.

Le miré en silencio. Lista para lanzar el maleficio asesino en cualquier momento.

Esto debía ser parte de sus planes. Mantenerme distraída y luego, atacarme cuando menos lo esperara.

-Mi error fue subestimarte.-continuó con su horrible voz.-Debí haberte asesinado cuando eras una niña, al igual que lo hice con tus padres... A ti y a toda tu familia... No dejar descendencia ni de Potter, ni de Weasley...

Dejó escapar una tos y me pareció ver sangre en el pañuelo con el que se limpiaba.

-Sí.-le respondí firmemente.-Es una lástima que no lo hicieras... Ahora, ya es muy tarde.

Él, negó de inmediato.

-Tal vez ya sea tarde, pero sé que aún puedo convencerte de no lanzar ese avada.-dijo sonriendo maquiavélicamente.-Te conozco, y sé que eres diferente... Algo te diferencia del resto... No posees la piedad de tu madre, ni tampoco eres como tu padre, es por eso que has logrado llegar tan lejos o de lo contrario, habrías muerto en tus primeros juegos...

-¡Tú, no me conoces, maldito anciano!... Es tu fin.-sentencié saboreando el odio en mis palabras.-No hay nada que puedas hacer… Estás perdido, Voldemort. La magia negra, te ha consumido. Tu tiranía, se ha terminado. Los rebeldes han tomado la ciudad… Morirás y tu nombre, será olvidado.

El hombre, sacó algo de su túnica, y luego lo extendió hacía mí.

Era una piedra oscura, y tenía la forma de un pequeño diamante irregular, con la figura de un triángulo en el centro.

-Tal vez, aún exista una forma de hacer traer a tus padres de vuelta…-admitió con seriedad.-Ríndete, acaba con esta destrucción, y tú podrás ver a tu familia otra vez... Únete a mí, y todo será diferente...

Eso me llenó de rabia. ¿En verdad pensaba que iba a creer en sus mentiras?

-¡Eres un malito mentiroso!-grité apuntándole con la varita.-No te mataré con un avada, eso sería demasiado piadoso... Tú, debes morir sufriendo...

Él, empezó a reír por mi altanería.

-¿En serio, crees que con mi muerte acabará todo?-inquirió con sarcasmo.

No entendía a lo que se refería, pero me encargaría de que se tragara sus palabras.

-Con tu muerte, todos seremos libres…-le espeté apuntándole con la varita.

-¿Y qué hay de ti, Rose Weasley? ¿Llegarás a ser libre...?

No dije nada. Por primera vez, sus palabras, me habían dejado en silencio.

-¿Crees que matarme es la solución para acabar con todos tus problemas, con tu sufrimiento…?-inquirió con crueldad.-Tal vez, obtengas la venganza que tanto anhelas… Pero jamás olvidarás, que fui yo quien te quitó lo que más amabas, fui yo quien te envió a los juegos y al vasallaje... Fui yo quien mató a cuantos pude para llegar a ti y gracias a mi tienes pesadillas todas las noches. ¿La muerte de tu primo? Jamás podrás olvidarla. ¿La muerte de la niña? Tampoco. ¿Las personas a las que has matado? Estarán ahí, junto a ti... Serán tus fantasmas, y nunca podrás ser libre, Rose Weasley… Tal vez, sea el fin para mí, pero para ti, el verdadero calvario, recién esta por comenzar…

-¡Tú, no sabes nada!-le grité con desesperación, esperando que sus palabras no se hicieran realidad.

-Te equivocas…-sentenció lanzando más veneno.-Sé más de lo que crees… Y sé que nunca podrás ser feliz completamente. Tal vez, creas serlo por momentos, pero las muertes y todos los traumas que viviste para llegar hasta aquí, siempre te acompañarán… Siempre. Y eso, es peor que la muerte.

Observé al hombre, y entendí que siempre estaría condenada a esto.

No sé de donde saqué la valentía para hablar, pero conseguí hacerlo, y me aseguré de que me mirara a los ojos.

-Si, tal vez tengas razón… Siempre recordaré todo eso, pero nunca voy a olvidar la satisfacción que sentiré cuando te vea morir… Todas las muertes, todos los sacrificios, todo los traumas habrán valido la pena... Y tu fin, será pronto. Me encargaré de que sufras.-le hice saber.-Sufrirás mucho... ¡Crucio!

El hombre, se retorció en el suelo, mientras su varita volaba lejos de él. No sé cuántos crucios, le lancé, pero sé que ninguno fue suficiente para aplacar mi rabia. Nada podía llenar este vacío, y por mucho que lo odiara, no podía evitar pensar en que Voldemort tenía razón.

-¡Incarcerous!-murmuré al mismo tiempo que unas gruesas cuerdas, inmovilizaban y ataban el cuerpo del hombre.

-¡Nunca... serás libre!-me gritó con las pocas fuerzas que le quedaban.-¡Nunca...!

Cogí la estúpida piedra que había intentado ofrecerme, mientras continuaba gritando y lanzándome miles de insultos.

Estaba a punto de examinar el peculiar objeto, pero ya sea por instinto o casualidad, acabé dirigiendo mi mirada hacia la ventana. Me asomé sólo un poco, y fue suficiente, para saber que un aerodeslizador se había posado sobre la mansión. De inmediato, abrieron las compuertas de la nave y un objeto esférico de color negro, cayó sobre el jardín.

Lo último que presencié, fue que toda la mansión, era violentamente destruida y yo salía volando por los aires.

La oscuridad, no tardó en aparecer, y luego de lo que pareció una eternidad, escuché una suave voz a mi alrededor.

-No eres un desastre...