Capítulo Final XXXVI: Mi Vida…
La tarde, ya estaba cayendo. Los últimos rayos del sol, iluminaban los enormes rascacielos del Capitolio y en el centro de la ciudad, la gente continuaba festejando el final de la dictadura. Muchos magos reprimidos por tantos años, al fin hacían uso de las varitas que largo tiempo habían estado escondidas, e iluminaban el cielo con fuegos artificiales en señal de triunfo.
-En un par de días, enviaremos la ayuda necesaria para reconstruir el distrito doce… Te prometo, que haré todo lo que esté al alcance mis manos para que tengas el distrito que siempre soñaste.-me aseguró Longbottom a las afueras del edificio de justicia.-Es lo menos que podemos hacer. Tú, y Scorpius… Sin ustedes, nada de esto habría sido posible y nunca podré olvidar lo valiente que fuiste. Nadie, podrá olvidarlo.
Esa era una de las cosas que más temía. Y aunque sonara estúpido o fuera el problema más irrelevante en mi larga lista, sabía que siempre sería una persona a la que todo el mundo reconocería al ver pasar.
-Gracias, Neville.-murmuré diciendo su nombre por primera vez desde que lo conocía.
En verdad, estaba agradecida por todas las cosas que Neville Longbottom, había hecho por mí.
Sin él, probablemente, mi tiempo en el distrito trece habría sido una completa pesadilla, nadie me habría escuchado, y muchas de mis decisiones no habrían sido tomadas en cuenta.
Longbottom, pareció sorprendido por unos segundos, pero luego asintió con comprensión.
-Sé que todo esto será difícil de superar, pero no olvides que siempre podrás contar con nosotros... -me aconsejó, y luego se acercó un poco más, para que sólo yo pudiera oírlo.-Si necesitas ayuda, enviaremos a alguien al distrito doce…
Sabía a lo que se refería.
¿Terapias, psicólogos, psiquiatras?
No. No los necesitaba.
-Estaré bien.-le respondí con ánimo.-No tienes que preocuparte por mí… Tengo a mi familia… Tengo a Scorpius. En verdad, estoy bien...
-Eso espero, Rose.-continuó como si no me creyera del todo.
-Si en algún momento necesito ayuda, serás el primero en saberlo.-agregué sin darle más vueltas al asunto.
Él, relajó su mirada, y antes de poder despedirse, sacó algo de sus bolsillos.
-Esto es para ti…-dijo dándome un pequeña cajita de terciopelo azul.-No lo abras hasta que te sientas preparada...
Sus palabras, me confundieron por unos segundos, pero decidí no decir nada más, y simplemente, asentí en respuesta.
-Bien, Rose… Ya tengo que irme.-me anunció echándome una última mirada.-El verdadero trabajo, recién ha empezado…
Sentí cierta desazón en sus palabras, como si lo que estuviera por venir fuera demasiado para él.
-Lo sé.-admití guardando la pequeña caja en mis bolsillos.-…Suerte, Neville.
Lo entendía. Había cientos de leyes que decretar, modificar y otras miles por abolir. Elegir un presidente o presidenta. Batallar con el legado de Voldemort.
Neville Longbottom, y toda su comitiva, no tendrían descanso en mucho tiempo.
-¡Hey, Rose!-exclamó Lily corriendo hacía a mí. Llevaba un bolso gris y tenía a su gato en un pequeño transportín.- ¿Dónde estabas? Te estábamos buscando... Todos están en la celebración.
Sonreí de lado.
-Sólo dejaba un par de asuntos en orden.-le respondí mientras caminábamos por el círculo del Capitolio.
-¿Crees que todo siga ahí cuando lleguemos a casa?-me preguntó de pronto.
-Sí… Todo seguirá ahí.-le respondí pensativa, e imaginando como serían las cosas cuando regresáramos.
Conversamos por unos minutos, y antes de reunirnos con los demás, nos detuvimos para observar el festejo desde lejos.
-Oh, Rose…-casi lloró Effie, mientras me daba un fuerte abrazo. La mujer, tenía puesto un vestido colorido y ese maquillaje extravagante que caracterizaba a los capitolinos.-Me habría gustado que te quedaras a vivir en el Capitolio…
-Rose vendrá a visitarte, Effie.-le aseguró Lily.
Me separé de ella, mientras me preguntaba a mí misma, si podría cumplir con aquella promesa; de todas formas, esperaba volver a verla.
Effie, al igual que Haytmich, se había convertido en una gran amiga. Ella, había estado conmigo desde el principio, y jamás podría olvidarme de lo mucho que me había apoyado.
-Lo sé, pero igual te extrañaré.-me dijo sacando un pañuelo rosa de su bolsillo.
-Effie… No te preocupes.-le respondí poniendo una mano en su hombro.-Nos mantendremos en contacto, y no olvides, que siempre serás bienvenida en el distrito doce… Puedes visitarme todas las veces que quieras…
-Oh, Rose… Gracias, querida.-exclamó recuperando el buen ánimo.-Lo haré, no lo dudes… Es una promesa.-continuó y luego me miró con una sonrisa triste.-Sé feliz, Rose.
Asentí en silencio, y nuevamente, Effie me abrazó. Esbocé una sonrisa, y mientras nos separábamos, alcé el rostro y mi mirada se cruzó inesperadamente con la de alguien más.
James, estaba varios metros más allá del círculo del Capitolio. Al parecer, se dirigía a la estación de trenes y llevaba su equipaje con él.
Los recuerdos de anoche, regresaron a mi mente, y por unos segundos, quise correr hacia él y despedirme como en verdad lo hubiera deseado, pero me dije a mi misma, que eso sería imposible.
Ya habíamos hablado sobre eso, ayer. Presionarlo, sólo sería un mal comienzo.
-Pensé que ya se había ido…-le susurré a Lily.
-Se irá en unas horas…-me respondió algo desanimada. Aunque, lo intentaba ocultar, sabía que Lily, estaba igual de triste que yo por la partida de James, pero no dejaríamos que eso arruinara nuestro retorno a casa y preferimos cambiar de tema.
Luego de ese breve encuentro, las horas transcurrieron más rápido de lo que pensé, y mi tiempo en el Capitolio, llegó a su fin.
Muchas personas se acercaron a despedirse de mí en el andén, entre ellos, Finnick y Annie.
Ambos, regresaban al distrito cuatro, y al igual que yo, intentarían rehacer sus vidas, mientras se preparaban para la llegada de su pequeño hijo.
Annie me dio un largo abrazo, expresándome sus buenos deseos y Finnick, me dijo que jamás olvidaría todo lo que había sucedido aquí.
También, vi a Pansy Parkinson y a su equipo de periodistas. Se despidieron de mí, y casi al final, Parkinson volvió a pedirme disculpas por todo lo que había ocurrido en el pasado. No tenía nada que lamentar, todo eso había quedado atrás, y al igual que Effie, le dije que también era bienvenida en el distrito doce. Jamás olvidaría lo mucho que me había apoyado durante el tiempo en que grabamos las propos.
-Esto es más triste que la ceremonia de ayer.-exclamó una divertida voz a mis espaldas.
De inmediato, volteé y me encontré con Johanna, ella también llevaba un morral de color azul y parecía lista para dejar el Capitolio en cualquier momento.
-¿No pensabas irte sin despedirte, verdad?-me preguntó alzando una ceja.
-Por supuesto que no…-murmuré echándole un vistazo.-Te estuve buscando… ¿Dónde estabas? ¿Con Louis?-inquirí en broma, pero ambas sabíamos que era cierto.
Ella, empezó a reír.
-¿Qué estás insinuando, Rose?-preguntó divertida y luego esbozó una sonrisa.-Estaba coordinando un tren hacia el distrito siete…
-Pensé que querrías venir con nosotros.-le sugerí sin perder el ánimo.
La castaña, me miró un tanto pensativa.
-Gracias, Rose... Pero, aún tengo que arreglar un par de asuntos en mi distrito…-me respondió.- No es nada importante, pero aún hay mucho que hacer y sé que el distrito siete necesitará mi ayuda...
Asentí con comprensión y esperé que lo que fuera que tenía en mente, se concretara.
-De todas formas, si no lo haces pronto, Louis irá por ti…-bromeé.
Ella, frunció el ceño y luego dejó salir una risotada.
-Más le vale que no.-respondió sonriendo y continuamos conversando por un par de minutos más.
La hora de dejar este lugar, ya casi llegaba a su fin, y ella al igual que yo, esperaba no volver a poner un pie en el Capitolio otra vez.
-Espero que nunca olviden el sacrificio que nos costó ganar esta guerra, Rose…-murmuró mirando el horizonte.
-No lo harán.-reconocí mientras recordaba lo que me había dicho Longbottom.
-Gracias a nuestro esfuerzo, todos son libres ahora... y a nosotros, sólo nos queda superar todo lo malo que haya sucedido aquí.-me respondió con optimismo.
Pero, yo no veía el futuro con tanto entusiasmo. Sabía que esto, me traería problemas más adelante.
-Sé que con la muerte de Voldemort, muchos fueron vengados…-le respondí mientras el cielo se nublaba y el sol desaparecía.-Pero, creo que nunca será suficiente, como para poder olvidar todo lo que él me hizo a mí…
Ella, me miró en silencio por unos segundos; tal vez, buscando las palabras correctas para continuar.
-Ni yo…-admitió dejando salir un suspiro.-Eso jamás podrá olvidarse. Él nos quitó a las personas que más amábamos, pero… debemos dejarlo atrás.-continuó con comprensión.- Rose, sé que te sientes culpable por muchas cosas, pero tú sólo hiciste lo correcto y al igual que yo, debemos superar estas experiencias… Aún tienes una gran familia, que quiere apoyarte. No olvides eso…
De pronto, escuchamos el silbato del tren, y entendimos que era momento de partir.
Le di un abrazo.
-Por favor, no lo olvides…-me repitió.
-No lo haré.-asentí mientras nos separábamos.-Espero que puedas visitarnos pronto.
-Por supuesto.-me respondió sonriendo y sin perder esa chispa que la caracterizaba.- Además, tú misma lo has dicho… Si no lo hago pronto, entonces tu obstinado primo, irá por mí… Y ya he tenido suficiente.
Volvimos a reír, y finalmente nos despedimos.
-¿Estás bien?-me preguntó Scorpius al verme llegar.
-Sí…-le respondí al mismo tiempo que gruesas gotas de lluvia comenzaban a caer del oscurecido cielo.
Me gustaba sentir el agua sobre mi rostro, y antes de subir al tren, decidí darle una última mirada al Capitolio.
Aquí se terminaba una etapa, y empezaba una nueva. Por el bien de Scorpius, y de mi familia, intentaría seguir adelante.
-Es tiempo de irnos, Rose…
-Lo sé.-murmuré entrelazando su mano con la mía.-Sólo estaba diciendo adiós…
El viento sopló en mi cara y en medio de una melancólica lluvia, nos embarcamos en un viaje de regreso a casa.
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Metí mis manos en la tierra, y eché un par de semillas adentro.
Últimamente, sembrar, cultivar y dedicarme a construir un pequeño jardín en la parte trasera de la casa, se había convertido en una de mis actividades preferidas.
El simple hecho, de estar en contacto con la naturaleza, me hacía pensar en que, tal vez, aún había esperanza para mí y todas mis heridas podrían ser sanadas de una vez por todas.
Suspiré.
Sólo habían pasado tres meses desde que habíamos dejado el Capitolio, pero habían sucedido tantas cosas desde entonces.
Recuerdo que lo primero que había hecho al llegar, había sido regresar a los bosques. La enorme valla de seguridad, me había dado la bienvenida, y al igual que siempre, la electricidad, seguía sin funcionar.
El arco estropeado, que escondía entre los gigantescos árboles, había continuado ahí todo este tiempo, y por las tardes, desde ese día, Scorpius me acompañaba a cazar un poco.
En casa, las cosas eran ligeramente diferentes. Mi familia, se las arregló para continuar con sus rutinas anteriores, pero desde que les habían entregado sus varitas, en especial a mis tías, los hechizos y encantamientos, habían inundado nuestro hogar.
No es que estuviera en contra de ello, pero para mí, tener una varita en mano, significaba estar de vuelta en la guerra, y por mi propio bien, la tenía guardada en un cajón de mi habitación.
Estaba agradecida con ella; la magia me había salvado en cientos de ocasiones; pero por ahora, intentaría regresar a mi vida anterior.
Sin embargo, no todo podía ser evadido tan fácilmente.
La ausencia de Fred, del abuelo Arthur, y de James, se podía sentir en toda la casa.
Había días en los que, simplemente, no conseguía deshacerme de la tristeza, recordaba todo, y me dirigía a la laguna en las profundidades del bosque, donde pasaba tiempo reflexionando sobre lo ocurrido.
Cada quien, tenía una forma de lidiar con sus problemas, y entendí que así sería conmigo por algún tiempo.
En especial por las noches, cuando no conseguía dormirme y tenía pesadillas que prefería no contarle a nadie, ni siquiera a Scorpius. Él, no quería preocuparme, pero habían noches, en las que yo no era la única que revivía esos recuerdos.
-Ahora, les echamos un poco de agua…-le expliqué a Violet, quien me miraba atentamente y entreabría los labios sorprendida.- ¿Quieres intentarlo tú?
La pequeña niña, asintió con entusiasmo y le entregué la regadera de metal. Con algo de dificultad, pero segura de sí misma, Violet empezó a regar casi todas las semillas que recién habíamos plantado.
-Lo has hecho muy bien.-le dije esbozando una sonrisa.
-Aún son muy pequeñas, tía…-me respondió con su suave voz infantil.
-Pero, algún día crecerán…-murmuré acariciando su mejilla.- Sólo tenemos que regarlas y en pocas semanas serán lo suficientemente grandes como para que podamos verlas florecer…
La niña, se quedó pensativa por unos segundos, hasta que con algo de timidez, dio una sugerencia.
-Tal vez, podríamos usar magia…-me dijo con una tierna sonrisa.
-Podríamos.-sentencié.-Pero es mejor que la naturaleza, haga su propio trabajo… Así, nuestros esfuerzos, no habrán sido en vano… ¿No crees?
Ella asintió en silencio, y continuó regando las demás semillas a lo largo del jardín.
Tenía que acostumbrarme a ser una persona más emocional y maternal. Pronto, yo estaría en el lugar de Dominique y Victorie, y aunque ambas, me habían prometido su ayuda incondicional, quería demostrarles a todos que en verdad, podía hacer esto por mí misma.
-Rose…-llamó Scorpius saliendo de la casa.
Me quité un mechón pelirrojo que caía por mi frente, y alcé mi vista hacía él.
-¿Ya es hora?-le pregunté sin mucha importancia, mientras el viento soplaba con fuerza.-Pensé que dijiste que los veríamos en una hora...
-Es Haytmich. Ha traído correo del Capitolio, pensé que querrías echarle una mirada antes de irnos…-me indicó mientras me ayudaba a ponerme de pie.-Longbottom y otros más, te han escrito…
Asentí en silencio, y luego de dejar a Violet en manos de Lily, me dirigí a la cocina donde tía Ginny preparaba la comida y Haymitch me estaba esperando.
-Aquí tienes, Rose... Pase temprano por la oficina postal y creo que deberías leer la de Neville…-me explicó entregándome varias cartas.
No respondí nada a cambio, y de inmediato, abrí el sobre de Longbottom.
En estos meses, él se había encargado de mantenerme al tanto sobre todo lo que ocurría en el Capitolio. Nuevos cambios, nuevas reglas. Desde hacía un par de semanas atrás, la ciudad había sido abierta para todos los habitantes de los distritos. La gente, podía vivir ahí, e inclusive trabajar.
-Es Paylor…-murmuré sorprendida y llamando la atención de todos.-Ha sido elegida como nuestra nueva presidenta... La ceremonia será transmitida hoy por la noche…
Sabia decisión, pensé mientras me imaginaba que Lovegood, continuaría siendo la líder del distrito trece o tendría un cargo importante al lado de la nueva presidenta. No es que la odiara, pero ella tenía ideas un poco radicales, y temía que el Capitolio, se convirtiera en lo que era antes. Sin embargo, eso no significaba que no estuviera en contra de que se realizaran esos últimos juegos con los hijos de los mortífagos, en eso ambas estábamos de acuerdo, y esperaba que Paylor no renunciara a la propuesta.
No seguí pensando en eso, y continué registrando mis cartas, entre las cuales, había una de Effie y dos de Johanna.
Sonreí, pues supuse que una era para mí, y la otra era para primo.
-Está es para Louis.-les dije divertida y la hice a un lado.
No vi más cartas, pero antes de que pudiera irme, Haytmich, me extendió un último sobre.
-Esta es especialmente para ti, Rose.-me dijo el hombre con una mirada seria.
Cuando sostuve la carta entre mis manos, mi corazón dio un vuelco.
No había remitente, pero provenía del distrito dos, y como Haytmich me lo había dicho, esta carta era sólo para mí.
No fue necesario seguir adivinando de quien podría tratarse. Con sólo ver la caligrafía, ya lo sabía.
-Es de James…-susurré débilmente, llamando la atención de tía Ginny y de Albus.
Al principio, mi tía insistió en que no era necesario que la leyera, pues estaba dirigida únicamente hacía a mí, pero podía ver el titubeo en sus ojos, y las ganas por saber cómo estaba su hijo.
Eso acabó por convencerme, y sin darle más vueltas al asunto, abrí el sobre que tenía entre mis manos.
Lo primero que mi primo decía, era que estaba bien. Al parecer, había conseguido unirse a las filas de los escuadrones militares del distrito dos y al haber aprendido destrezas mágicas avanzadas en el distrito trece, servía como educador para aquellos que recién estaban empezando.
No entró en detalles, pero agregó que por las tardes continuaba cazando como pasatiempo en las praderas del distrito dos, la cual, podía sonar raro, pero era muy similar a los bosques del doce. Era en esos momentos, cuando él se detenía a reflexionar sobre la guerra, sobre las decisiones que había tomado, sobre nosotros y por muy duro que pareciera, se sentía bien con el nuevo giro que su vida había dado.
No teníamos que preocuparnos por él, por el momento estaba bien, y aunque, aún no tuviera planeado visitar el distrito doce, eso no significaba que jamás vendría.
Tragué espeso, y sentí que estábamos en situaciones similares.
De pronto, tía Ginny, empezó a llorar.
Me sentí culpable, porque sabía que yo era la causa por la que James se había ido, pero saber que mi primo estaba bien, había aliviado aquella angustia que todos teníamos desde el momento en que él nos había dejado.
-Está bien…-me dijo la mujer secándose las lágrimas.-James está bien, y eso es lo único que importa.
Le di un fuerte abrazo y luego de una breve conversación, Scorpius y yo, dejamos la casa.
El día aún no había terminado, y teníamos que dirigirnos a la estación de trenes cuanto antes.
-Me alegra saber que James, esta bien…-me comentó Scorpius en el camino.
Suspiré y decidí no dejarme embargar por las penas.
-Lo sé… Al menos, parece feliz…-respondí sin darle más importancia.
Sin embargo, Scorpius no tenía planeado dejarlo ir.
-Rose, no quiero importunarte, pero… ¿Eso no era todo lo que decía en la carta, verdad?-me preguntó de pronto.
En efecto, aquello no era todo. Había un párrafo más, en el que James me decía que no debía sentirme culpable por las decisiones que él había tomado. Por ahora, llevaba una vida en la que únicamente su entrenamiento como soldado era lo que más le importaba. No tenía tiempo de pensar en nada más que no fuera eso, pero esperaba que algún día pudiéramos volver a ser como antes. Recuperar aquella amistad y confianza, que se había distorsionado con el tiempo.
-No, tienes razón, había más…-respondí finalmente.-Y tú, nunca vas a importunarme, Scorpius… Siempre, puedes preguntarme lo que quieras.
Él, tomó mi mano y esbozó una leve sonrisa.
Sonreí también, continuando el resto del camino sin agregar nada más sobre James.
Alcé la mirada, y como Neville me lo había prometido; a pocos días de nuestra llegada, se había empezado a reconstruir gran parte del distrito doce.
Ahora, la veta y la zona comercial se habían unificado y ambos lugares, estaban prácticamente terminados. Las escuelas, el edificio de justicia, y muchas otras locaciones de importancia, lucían en perfecto estado; e inclusive, habían instalado un pequeño hospital en el que trabajaban sanadores traídos especialmente desde el Capitolio para atender a cualquier habitante de nuestro distrito que lo necesitara, y tanto Lily como Lucy, no habían dudado en unirse al grupo de doctores, y por las mañanas, trabajaban ahí.
Finalmente, nos acercamos al andén del distrito doce, completamente renovado y en donde nos esperaban los padres de Scorpius.
-Rose, Scorpius…-dijo el señor Malfoy saludándonos con ese buen ánimo que lo caracterizaba.
-Lamento la demora, papá.-murmuró el rubio echándole un vistazo a su madre, quien estaba un par de metros más allá.- ¿Todo en orden? ¿Mamá tiene todo lo que necesita?
-Todo en orden, Scorpius.-le respondió.
Desde que se habían anulado las fronteras entre los distritos; Astoria Malfoy, había logrado contactar a su hermana, Daphne Greengrass, a quien creía perdida, desde que la dictadura de Voldemort había empezado, y luego de muchos años, ambas mujeres volverían a reunirse.
Me acerqué a la señora Malfoy, mientras Scorpius continuaba conversando con su padre, y ella alzó la mirada con una amable sonrisa al verme llegar.
-Espero que pase un maravilloso tiempo con su hermana, señora Malfoy.-le dije mientras la mujer me daba un inesperado abrazo. Al menos, ella había tenido suerte de encontrar a un familiar perdido. Ninguna de mis tías, había logrado entrar en contacto con alguno de sus parientes, en especial, tía Fleur, quien continuaba buscando e indagando sobre el paradero de su hermana Gabrielle.
-Rose, eres muy amable.-me respondió un tanto entusiasmada.-Sé que no hemos tenido tiempo de conversar sobre esto, de hecho, jamás pensé que lo haríamos… Pero, quiero pedirte disculpas…
No dije nada por unos segundos, y traté de comprender a lo que se refería.
¿Pedirme disculpas? ¿Por qué?
-Sé que al principio, fue indiferente contigo...-admitió.- Mi comportamiento no fue el adecuado y quiero que me disculpes por eso…-murmuró con una voz que indicaba que estaba realmente arrepentida.
Me demoré en responderle.
-No tiene que lamentarlo…-le dije con comprensión.-La entiendo…
Ella, esbozó una triste sonrisa y luego algo dudosa se dignó a continuar.
-Culpaba a mi esposo, por todo esto.-me confesó deteniéndose para hacer una breve pausa. Al parecer, le estaba costando seguir.- Pensaba que si él, no se hubiera unido a la causa de tus padres, si él no hubiera mantenido una amistad con tu tío... entonces nosotros habríamos podido vivir en el Capitolio y tener una vida llena de privilegios… Pero, con el tiempo, me di cuenta que estaba equivocada, Rose…-sentenció con seguridad.- Y sé que no habría soportado vivir en un lugar donde mataban a niños y jóvenes inocentes por diversión…
La mujer, pareció sacarse un enorme peso de encima, y por unos segundos, me hizo recordar a lo que Pansy Parkinson, me había dicho en la estación del Capitolio.
-Está bien, todo eso ha quedado en el pasado. No tiene que lamentarlo, señora Malfoy.-le dije esperando que en verdad me creyera.-La entiendo… Debe haber sido muy difícil para usted…
-Gracias, Rose. Espero que algún día podamos continuar esta charla... Aún tenemos mucho de que hablar.-dijo dándome otro abrazo, que duró más segundos que el anterior.-Prométeme que cuidarás de ti y del bebé…
Sonreí.
-Por supuesto, que lo haré.-respondí tratando de animarla.-Espero verla pronto, señora Malfoy…
-Te prometo, que así será… Tengo planeado venir antes del nacimiento del bebé.-concluyó separándose de mí.-Adiós, Rose… y por favor, escríbeme…
Asentí en silencio y luego, la mujer procedió a hacer lo mismo con su esposo, le dijo un par de palabras de despedida a su hijo, y finalmente, abordó al tren que la llevaría al distrito uno, lugar donde su hermana había estado viviendo todo este tiempo.
Volvimos a casa y esa noche, vimos la esperada juramentación de Paylor en directo desde el Capitolio.
-Será una gran presidenta…-murmuró Louis, reconociendo sus logros.
Le dediqué una mirada, y supuse que estaba en lo cierto. Aunque, ahora, empezaba a dudar si debía ser ella nuestra nueva presidenta.
Internamente, habría esperado que Neville Longbottom, tomara ese lugar. Él, había hecho tanto por la gente, y al igual que todos nosotros, su vida había corrido riesgo al haberse hecho pasar como ciudadano del Capitolio durante todos estos años.
Merecía tantos méritos como Paylor, pero sabía que de haber sido así, el hombre habría declinado la idea y habría preferido llevar una vida más reservada junto a su esposa Hannah, conformándose con formar parte del consejo principal como lo hacía ahora.
Eso no me preocupaba, pues sabía que siempre tendría gente en la que podría confiar en aquel círculo de personas y Neville sería una de ellas.
El resto de mi familia se unió a la conversación, Louis hizo unas cuantas bromas, Hugo también, la abuela les reprendió, Lily charló conmigo, mis tías hablaron sobre otras cosas sin importancia, Violet jugó con los bebés de Dominique, y yo, sonreí para mis adentros, recordando que así solía ser nuestra vida antes de la guerra, así solía ser mucho antes de mis primeros juegos.
James me había dicho que nada volvería a ser lo mismo, y yo también había estado segura de eso, pero poco a poco, empezaba a sentir que, tal vez... ambos nos habíamos equivocado.
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Mi corazón latía a toda prisa, mientras intentaba escapar de aquel infierno.
Podía sentir las manos de mis enemigos alrededor de mi cuello, escuchaba sus gritos de venganza y las ansias por querer acabar conmigo.
La ilusión era tan real, que por unos momentos, pensé que esto no se trataba de un sueño.
De inmediato, mis ojos se abrieron como dos resortes y me llevé una mano a la frente, transpiraba e intentaba regular mis respiración. Miré a mí alrededor, y Scorpius aún dormía pacíficamente a mi costado. Era de madrugada, pero no faltaba mucho para que amaneciera.
Esta era la cuarta vez que me sucedía esta semana. Las pesadillas y esos malditos sueños, que parecían que jamás desaparecerían.
Ni siquiera las hierbas de Lily o las píldoras para dormir, funcionaban.
A veces, eran sobre los juegos o el vasallaje; en otras ocasiones, eran sobre la guerra y la muerte de Fred, pero últimamente, soñaba con el episodio ocurrido en la mansión de Voldemort.
Me puse de pie y miré a través de la ventana.
Prefería soñar con mis padres o con cualquier otra cosa, que no fueran esos malos recuerdos.
¿Por cuánto tiempo continuarían atormentándome?, esa era la pregunta que me hacía diariamente, y nunca conseguía obtener una respuesta que pudiera darme paz. En ocasiones, pensaba que Voldemort había tenido razón, cuando me dijo que sólo sería feliz por breves momentos, pues el oscuro pasado de la guerra, siempre estaba ahí y eso podía convertir hasta el mejor de mis días en un verdadero infierno.
No volvería a dormir. Si regresaba a la cama, sería peor.
Cogí el abrigo azul que pendía de la puerta y me coloqué algo de ropa abrigadora. Tenía planeado caminar un poco y despejar mi mente.
Di un largo suspiro, y cuando estaba dispuesta a salir, Crookshanks, saltó inesperadamente hacía mis pies y dejó caer algunas cosas por el suelo.
Al parecer, el animal se había colado en mi habitación y había estado durmiendo sobre mis cajones.
-Ve con Lily…-susurré sin darle mucha importancia.
Me agaché para recoger los objetos, y el pequeño broche de sinsajo, que me había acompañado en mis momentos más difíciles, había rodado hasta quedar atascado debajo del último cajón.
Estiré una mano, y cuando al fin pude sacarlo, le eché una mirada a la gaveta que tenía frente a mí. De pronto, el súbito recuerdo de lo que había dejado guardado ahí por bastante tiempo, regresó a mi mente.
Sabía que además de mi varita; también se encontraba el obsequio que Neville Longbotton me había dado.
En todo este tiempo, no había pensado en eso, y ni siquiera, Neville me lo había comentado en sus cartas. Era como si el asunto del obsequio hubiera quedado olvidado. Sin embargo, sí, recordaba sus palabras.
Ábrelo cuando te sientas preparada…
¿A qué se refería con eso? ¿Se refería a cuando estuviera completamente sana de mis heridas internas?
Negué con mi cabeza, y sentí que ese argumento empezaba a sonar como si sintiera lástima de mí misma, como si fuera muy cobarde para afrontar mis problemas. No volvería a pensar así.
Tomé la caja entre mis manos y salí de la habitación, estaba dispuesta a abrir el regalo en el único lugar que a veces, me hacía olvidar de mis problemas.
El bosque.
No era la primera vez que lo hacía. Me gustaba ver el amanecer en el lago, y en varias ocasiones, pasaba largas horas ahí, reflexionando.
Hacía algo de frío, pero con la chaqueta que llevaba puesta, podía soportarlo.
Crucé la valla sin mucho esfuerzo, y aunque sólo había caminado por unos breves minutos, empecé a sentirme agotada.
Me llevé una mano a la frente y luego, pasé la otra por mi abdomen, que ahora, lucía un poco más abultado.
Antes podía recorrer largas distancias sin cansarme, podía cazar sin gran esfuerzo, e inclusive había estado en medio de una guerra, pero ahora, mi situación era ligeramente diferente.
-No te preocupes… Pronto llegaremos.-le dije sintiéndome algo extraña por hablarle directamente al bebé.
Antes, lo hacía más seguido, pero últimamente, había dejado de hacerlo.
-Tú no tienes la culpa…-susurré.
Estaba molesta conmigo misma, por continuar teniendo aquellas pesadillas. En comparación a las otras, la de hoy, había sido prácticamente, un mal sueño, porque ni siquiera, había despertado a Scorpius, pero en otras ocasiones, la pesadilla se había salido de control y eso era lo que más temía.
Cuando el bebé estuviera con nosotros, no quería empezar a gritar en medio de la noche y perturbar su inocente sueño.
Continué pensando en eso, hasta que en pocos minutos, llegué al lago.
Me senté al borde de la orilla, y solté un largo suspiro mientras miraba la pequeña caja entre mis manos.
¿Qué cosa podría encontrar aquí dentro?, me pregunté esperando poder despejar mis dudas.
Jalé del lazo que ataba el obsequio, y este se abrió dejando que una pequeña piedra negra cayera en la palma de mi mano.
Tragué espeso y miré fijamente el objeto. Lo examiné varias veces, mientras mi pulso se aceleraba, y recordé que esos eran los mismos signos que tenía la piedra que Voldemort me había ofrecido. La misma piedra que me había permitido ver a mis padres otra vez.
-Fue real…-solté sin poder creerlo.
No había sido parte de mi imaginación. La conversación con mis padres, había sido real.
Y Neville, lo sabía.
Ahora, entendía porque me había dicho que abriera la caja, cuando estuviera preparada.
Preparada para volver a hablar con ellos.
¿En verdad volvería a hablar con ellos? ¿Volvería a verlos?
Dejé salir un largo suspiro mientras sentía que una satisfacción interna me invadía, y finalmente, luego de reflexionar por varios minutos, guardé la piedra en mis bolsillos. Tal vez, algún día o en algún momento, sería lo suficientemente valiente como para volver a usarla, pero por ahora, quería sanar un poco más, antes de volver a conversar con ellos.
-Sólo un poco más...-dejé salir, prometiéndome que cumpliría con mi palabra.
Me quedé mirando el paisaje por casi una hora, contemplando la salida del sol y sus primeros rayos, disfrutando de la brisa matutina sobre mi rostro y pensando en que esta piedra había estado escondida durante tres meses en el último de mis cajones.
-Ahí estás…-soltó una voz que reconocí de inmediato.
No volteé; sólo esperé a que se acercara y se sentara cerca de mí.
-Buenos días, Scorpius…-murmuré echando mi cabeza en su hombro.
-Tal vez, podrías dejar una nota la próxima vez…-me sugirió.
Sonreí de lado.
-Tú sabes que siempre estoy aquí.
-Es lo que imaginé.-continuó mientras entrelazaba mi mano con la suya.-Pero, ahora las cosas son un poco diferentes…
Entendí su preocupación.
-Está bien… La próxima vez, te avisaré.-murmuré poniéndome de pie.- ¿Quieres qué volvamos ahora?-sugerí mientras escuchábamos el trinar de las aves. Ya había pasado un largo rato aquí y sinceramente, me sentía exhausta.
-No…-sentenció de pronto y jaló de mi mano para que volvería a su lado.
De inmediato, me giré para verlo y noté algo sospechoso en su mirada.
-¿Qué sucede?-le pregunté.
El guardó silencio por unos segundos.
-Necesito hablar contigo…-sentenció.
No esperaba que dijera algo así, pero había sonado tan serio y sensato, que por unos momentos, me preocupé.
¿Qué más nos podía pasar? ¿Acaso la guerra no había sido suficiente?
-Bien… Aquí me tienes.-le respondí sin entender la razón por la que había sonado así, esperando que no fuera nada grave.-¿De que quieres hablar…?
Se aclaró la garganta y ahora, parecía algo ¿nervioso?
-Está bien… Sólo dímelo.-insistí esbozando una pequeña sonrisa.
Aquello, pareció llenarlo de confianza, pues pude ver un brillo especial en sus ojos y supuse que esto no era tan grave como pensaba.
-Ya he hecho esto antes, pero ahora, deseo hacerlo de verdad...-murmuró dejándome más que confundida.
-¿Podrías ser más específico, Scorp?-pregunté alzando una ceja.
Él, sonrió de lado y con seguridad, prosiguió.
-Se suponía que no tenía que ser así, tenía planeado hacerlo más clásico… Con tu familia como cómplices, y más tradicional, pero… Sé que lo hubieras odiado…-sentenció sacando algo de sus bolsillos y de pronto, su mirada gris se clavó en la mía.-Hemos pasado por tanto, y me has hecho muy feliz. Nos unen muchos recuerdos, experiencias, y pronto algo más nos unirá… Quiero hacer lo correcto, Rose…
Oh, por Dios…, pensé entendiendo a lo que se refería.
Hizo una pausa, y luego de varios segundos, extendió un anillo dorado hacía mí.
-… ¿Rose, quieres casarte conmigo?-preguntó sin darle más vueltas al asunto.
Scorpius, me conocía. Sabía que este era el momento indicado.
-Sí, Scorp…-murmuré sonriendo. Sabía que nunca antes, había estado tan segura de algo.-Por supuesto que sí…
Sus brazos me rodearon con sutileza y me besó tiernamente en los labios, mientras sentía que deslizaba el anillo de compromiso en mi dedo anular.
Nada podía ser más perfecto que esto.
-¿Sabes algo, Scorpius?… No necesito casarme contigo, para demostrarte lo mucho que te amo…-sentencié antes de seguir.-Pero, lo haré… Porque es una promesa que nos hicimos en el vasallaje… Espero que no lo hayas olvidado.
Él, negó de inmediato mientras su mirada se perdía con la mía.
-No lo he olvidado. Es la promesa, que me ha mantenido vivo todo este tiempo…-me confesó acariciando mi mejilla con su pulgar.-Durante la guerra, cuando sentía que podía perder la vida en cualquier momento, me decía a mí mismo, que no podía morir… Porque habíamos hecho la promesa de casarnos… y de estar juntos.
No era de las que lloraban, pero sus palabras me habían conmovido hasta el punto de hacer que mis ojos se empañaran y las lágrimas amenazaran con salir.
-Gracias, Scorpius…-susurré débilmente.
-¿Por qué?-preguntó ignorando la verdadera razón detrás de mis palabras.
-Por estar conmigo…-concluí sintiendo que se me hacía un nudo en la garganta.
Scorpius, enroscó sus brazos en mi cintura y me acercó hacía él.
-Rose, si tuviera que volver a repetir todo esto, sólo para conocerte otra vez, ten por seguro que lo haría…-sentenció mirándome fijamente a los ojos.
Lo abracé con fuerza, mientras mi corazón latía a toda, y sentía que sólo éramos él y yo. Acercamos nuestros labios y nos fundimos en un largo beso de esperanza.
-Te prometo que todo estará bien, Scorpius…-sentencié segura de mí misma.
Por primera vez en mi vida, sabía que ya no estaba equivocada. Por primera vez, aquella frase; ya no significaba una mentira.
-No necesitas prometérmelo, Rose…-murmuró tomando mi mano entre la suya.-Sé que te costará superarlo…
Sería difícil. Mi madre me lo había dicho, pero sabía que el tiempo curaba todas las heridas, y no podía seguir llorando por el pasado. Tenía que dejarlo ir.
-No, Scorpius... Lo digo en serio…-le respondí entusiasmada.-...Sé que todo estará bien, porque tengo todo lo que quiero, aquí y ahora… Y nadie, ni nada, me lo arrebatará…
Él me respondió con una sonrisa, y nuevamente, juntamos nuestros labios en un beso que sellaba nuestro amor. En esos momentos, me prometí a mí misma que me levantaría como el ave fénix, dejaría que aquellos sueños rotos se quedaran atrás, y firmemente, empezaría otra vez.
Scorpius, tomó mi mano y juntos, nos dirigimos de vuelta a la villa de los vencedores. Sabía que el anillo en mi dedo, no pasaría desapercibido, y más de uno se emocionaría hasta las lágrimas.
Esbocé una sonrisa y supuse que sería una larga mañana.
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-.-
Aún falta el epílogo. Lo subiré en los próximos días.
Gracias por leer y aunque, no fue el mejor de los finales, estoy feliz de que al fin, haya podido terminar con esta trilogía, jejeje, no muchos pueden decir algo así :)
Besos!
Rosalie...
